viernes, 5 de enero de 2018

HÚNGAROS EN LA CAPITAL CHILENA: LA PLAZA SAN ESTEBAN Y UN MONUMENTO AL LEVANTAMIENTO DE 1956

Coordenadas:  33°26'46.67"S 70°37'50.34"W
En la prolongación verde del Parque Balmaceda de Santiago, está la Plaza o Parque San Esteban, llamado también Esteban I o Rey Esteban. Ocupa el bandejón de ancha avenida General Bustamante, entre el parque grande del mismo nombre y las cuadras situadas en el sector de calles hacia el Sur, hacia los deslindes entre las comunas de Ñuñoa y Providencia.
En esta área verde con arboledas, palmeras, juegos y senderos, justo enfrente de la calle Santa Victoria y del Liceo Arturo Alessandri Palma -a pocos metros de la Estación Metro Santa Isabel-, existe un singular monumento cuyas líneas estilísticas, si bien resultan sencillas, son extrañas e inusuales a lo que puede hallarse más regularmente en la capital de Chile, ya que evocan a rasgos artísticos y culturales de pueblo muy distante del nuestro, pero que quedó más cercano en este mismo lugar.
El conjunto corresponde al Monumento al denominado Alzamiento de Budapest o Levantamiento del Pueblo Húngaro de 1956, célebre episodio de la historia de la Guerra Fría que, en cierta forma -como sucedió antes con el Octubre Polaco y como sucedería después con las aplastadas reformas de la Primavera de Praga-, anticiparon por muchos años el mal destino que esperaba al bloque soviético de Europa, que acabaría derrumbándose a inicios de los noventa.
El monumento fue levantado allí por la Ilustre Municipalidad de Santiago y la Colectividad Húngara Residente en Chile, con algunos de sus integrantes exiliados de la dictadura de la República Popular de Hungría, en esos años. Esto se hizo en 1976, cuando se cumplían 20 años desde el aludido levantamiento húngaro. Y por supuesto, la conmemoración que involucró este monumento tenía mucho que ver con el clima político que se vivía tanto en Chile y como en el mundo, en el contexto de la división planetaria entre los dos bloques.
La inauguración del Parque San Esteban y del Monumento al Levantamiento de Hungría, publicada al día siguiente en el diario "La Tercera".
Otra escena del día inaugural y corte de cintas en el flamante parque. Imagen publicada al día siguiente por "Las Últimas Noticias".
La epopeya revolucionaria húngara de trágicas consecuencias, celebrada en la obra de marras, comenzó espontáneamente el martes 23 de octubre de 1956, luego de varios meses de incertidumbre y de malestares crecientes que siguieron al  XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. No habían sido respondidas, pues, las demandas de Hungría por mayor autonomía, exigiendo decidir su destino fuera de los dictados de la hegemonía rusa y bolchevique.
A mayor abundamiento, tales afanes reformistas de los húngaros habían sido representados por Imre Nagy, que tomó el mando del gobierno después de dejarlo Mátyás Rákosi, proveniente del ala más pro-soviética. Pero Rákosi y sus seguidores impidieron cualquier clase de reforma propiciada por Nagy y consiguieron, en 1955, su destitución para ser relevado por András Hegedüs. Vino, de esta manera, la suscripción de Hungría al Pacto de Varsovia, que significaba la subordinación casi total al gigante ruso.
El nuevo gobierno había redoblado la represión y apagó con violencia las manifestaciones en su contra. Sin embargo, las noticias del triunfo relativo de las reformas polacas de octubre de 1956 sobre la hegemonía soviética, resultaron una noticia de enorme entusiasmo para los húngaros, que buscaron iniciar su propio proceso autonomista con la esperanza de conseguir también el retiro del Pacto de Varsovia, algo demandado por las marchas estudiantiles e intelectuales iniciadas el día 23 en Budapest.
El ánimo del levantamiento fue contagiando velozmente en el mismo lugar, con adherentes espontáneos, y también en diferentes partes del país en donde comenzaron a ser imitadas las manifestaciones, provocando así los brotes de desobediencia y enfrentamiento con la policía. Un criminal ataque represivo de la Policía Política Húngara contra los estudiantes, además, dejó divididas a las fuerzas uniformadas del país, con soldados que se unieron a los rebeldes, especialmente los más jóvenes.
Los enfrentamientos llegaron a tal grado que Hegedüs debió dejar el cargo al día siguiente, pero solicitando a la Unión Soviética el uso de fuerzas del Ejército Rojo para sofocar los levantamientos y devolver el control político a su ala, luego que el llamado Partido de los Trabajadores Húngaros, que desde 1948 reunía a comunistas y socialistas en el mando supremo.
Parte de los alzados, en tanto, vengaba las sangrientas tropelías con ejecuciones y con liberaciones de presos políticos, en tanto. Sin embargo, la calma pareció llegar con el anuncio de que el mando volvería a manos de  Imre Nagy y que el partido se reorganizaba ahora en el Partido Socialista Obrero Húngaro, mientras que Hagedüs escapaba a exiliarse a Moscú. Los acontecimientos desatados en Budapest destruyeron su carrera política y, para colmo de sus males, terminó falleciendo en un aniversario del mismo levantamiento.
Imagen actual de la plaza y sus senderos.
Monumento al Levantamiento de Hungría de 1956.
Base del monumento y su cruz. Atrás, edificio del Liceo Alessandri.
Vista desde General Bustamante con Marín. Se ve espalda del monolito del Cardenal Mindszenty. El Monumento al Levantamiento del Pueblo Húngaro está pasando las arboledas que se ven tras la palmera.
Monolito memorial del Cardenal Mindszenty, General Bustamante con Marín.
Empero, la violencia social retornaría cuando soldados rusos comenzaron a atacar a civiles reunidos en el Parlamento, tan a diestra y siniestra que alcanzaron a miembros de la propia Policía Política Húngara, desatando un enfrentamiento armado. Incluso en nuestros días, las versiones sobre este extraño incidente son confusas y contradictorias.
La resistencia duró varios días más, principalmente contra la intervención rusa y contra la represión policial. En algún momento, realmente pareció que los rusos, armados hasta con tanques, se retirarían. Nagy, en tanto, intentaba desesperadamente introducir y afirmar las ansiadas reformas del nuevo gobierno. Hasta se propuso la salida de Hungría del Pacto de Varsovia y la Policía Política Húngara acabó siendo disuelta, no del todo pacíficamente. Pero Nagy sería forzado a abandonar el mando y reemplazado el 4 de noviembre por János Kádár. Dos años después, tras un polémico proceso, fue ejecutado.
La violenta contraofensiva rusa llegó a inicios de ese mismo mes de noviembre, desplegándose también una inmensa campaña de propaganda internacional para explicar la intervención soviética sobre Hungría, o al menos para tratar de mantener cierta apatía general de las potencias hacia lo sucedido. Budapest se convirtió así en una ciudad en guerra hasta el 10 de ese mes: más de 2.500 húngaros fallecieron en las revueltas, enfrentamientos y criminales represiones ocurridas durante las mismas, al igual que no pocos soldados rusos, siguiendo el oscuro período de intervención soviética y de deportaciones masivas a Rusia.
Cientos de nuevas víctimas se sumarán a la cuenta en el oscuro período que seguiría en Hungría, brutalidad política denunciada ante el mundo por otro personaje cuyo recuerdo también tendrá ecos acá, en el mismo lugar de Santiago al que nos referimos: el del Arzobispo de Estrigonia, el Cardenal József Mindszenty, que ya había sido torturado y hecho prisionero por el régimen pro-soviético que se apoderó del país después de la Segunda Guerra Mundial, siendo liberado durante la misma revolución de 1956 y, cuando ésta fracasó, debiendo acogerse a asilo político por casi 15 años en la Embajada de los Estados Unidos, hasta 1971. Después de logrado un acuerdo diplomático entre el Vaticano y Hungría, el cardenal partiría a Austria, en donde murió ya anciano, el 6 de mayo de 1975, pero sin dejar de denunciar al gobierno húngaro y pidiendo libertad para su pueblo.
Hasta aquella época, la migración húngara a Chile solía ser sólo de paso, a lo sumo para establecerse en otros países del continente que eran preferidos, como Argentina, Brasil o Estados Unidos, o bien para emigrar hacia Australia. En sus últimos años, de hecho, Mindszenty visitó a las colonias residentes en Estados Unidos, Canadá y una muy pequeña de Colombia, por ejemplo.
Para ser más precisos, en los años treinta la colonia húngara en Chile era de unas pocas decenas, cuanto mucho. Sin embargo, a partir del período revisado, otros ciudadanos de esa nacionalidad se establecieron en forma permanente en el país, y hasta se firmó un tratado comercial entre ambos países en 1967. Actualmente, los últimos censos verifican la existencia de unos 40.000 chilenos descendientes de húngaros.
En 1976, aproximándose ya el vigésimo aniversario del Levantamiento de Hungría, la Municipalidad de Santiago, desde hacía pocos meses conducida por el muy hacedor alcalde Patricio Mekis Spikin, y la colonia húngara residente en Chile, coordinaron un proyecto para homenajear el histórico alzamiento con un monumento conmemorativo. La inauguración se hizo en el marco de la llamada Semana de la Hungaridad, dedicada enteramente y con varios encuentros a la comunidad húngara, su cultura y su historia.
Presumimos que pudo haber tenido algo de implícita y no admitida tensión el encuentro, dada la circunstancia histórica en que ocurría a sólo tres años del golpe y en los momentos complicados por los que pasaba la relación entre el poder militar y las autoridades eclesiásticas, ambas de cara ahora ante un monumento que tenía, precisamente, un rasgo fuertemente religioso, por un lado, y de cinismos propios del mundo político, por el otro.
El lugar elegido para el monumento, fue la larga plazoleta crecida en donde estuvieron, antaño, las vías férreas del antiguo ferrocarril que salía de la Estación Pirque, frente a la Plaza Baquedano. Con ocasión de la inauguración del homenaje, además, la remodelada plaza fue bautizada formalmente también como Parque San Esteban Rey de Hungría, aunque muchos la creen todavía sólo una extensión del Parque Forestal, confundiéndolo nominalmente con él.
El acto inaugural, realizado el 30 de octubre de ese mismo año en Bustamante con Santa Isabel, se inició con los himnos patrios de Chile y de Hungría, tocados por el orfeón de Carabineros, y el izamiento de las banderas de ambos países. Estuvieron presentes allí el entonces Ministro de Secretario General de Gobierno, General Hernán Béjares, a quien correspondió cortar las cintas inaugurales del flamante parque. Con él se hallaban el Alcalde Patricio Mekis y el Director de Organizaciones Civiles, Coronel Sergio Badiola; el representante de la colectividad húngara don Julio Lajtonyi Gruer, además de vecinos, representantes de la Iglesia, invitados especiales, residentes del barrio y reporteros de prensa.
Fue inevitable que, en el mencionado contexto político local e internacional, la inauguración se viese empapada del elemento-relato, es decir, de declaraciones con fuerte sentido ideológico ad hoc a aquel momento, partiendo por el propio discurso del Alcalde Mekis (citado al día siguiente en el diario "La Tercera"):
"Esta sencilla ceremonia inaugural es, además, recordatoria de la frustrada rebelión del pueblo húngaro en contra de la tiranía que lo oprime por más de tres décadas y que en un día como hoy, hace 20 años, fuera aplastada a sangre y fuego.
...el ejemplo de calvario del pueblo húngaro, así como del abandono de  que fueron víctimas millones de seres cuyo derecho a la vida en libertad fue transado para siempre, nos hace renovar nuestros propósitos de consagrar todas las energías al fortalecimiento de la libertad que lográramos al desterrar para siempre de nuestro territorio el mal enquistado".
Más  mesuradas y comprensivas del trasfondo de memoria histórica a largo plazo, resultaron las palabras del Doctor Lajtonyi, a quien correspondió la difícil tarea de hablar a nombre de su propia comunidad húngara o magyar ante las autoridades de aquellos primeros años en régimen militar:
"Es emocionante para un húngaro, que hoy vive en un país libre, escuchar expresiones de solidaridad y comprensión que se grabarán en nuestra memoria con agradecimiento".
El conjunto allí presentado para la posteridad, está montado sobre un gran bloque sólido de peldaños y gradas bajas, con una cobertura de roca canteada en forma de piezas ensambladas, y un bloque central, en que se disponen las partes principales del monumento, de relativa altura. Pesados maceteros con plantas rodean la obra sobre la base sólida. Una placa principal de mármol, situada al frente de esta base y entre los escudos de Hungría y Chile, lleva la siguiente inscripción inaugural:
ERIGIDO POR LA ILUSTRE MUNICIPALIDAD DE SANTIAGO SIENDO ALCALDE EL SR. PATRICIO MEKIS SPIKIN Y LA COLECTIVIDAD HÚNGARA RESIDENTE EN MEMORIA DEL HEROICO LEVANTAMIENTO DEL PUEBLO HÚNGARO DEL AÑO 1956. CREEMOS EN LA JUSTICIA DIVINA. CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN DE HUNGRÍA.
30 DE OCTUBRE 1976"
Sobre esta base y su placa, se centra el grupo en una Cruz de San Esteban, conocida también como cruz patriarcal o arzobispal, metálica y originalmente blanca, aunque recientemente se le repasó con un impropio color amarillo ocre. Es el testimonio del mucho carácter religioso que tenía esta obra conmemorativa, opacada por el fuerte énfasis político de la inscripción recordando los trágicos acontecimientos de hacía dos décadas. La cruz está dispuesta allí con un sólido sistema de anclaje sobre el pedestal, y parece de muy resistente factura.
Para dar más detalles de esta pieza en particular y su simbología, corresponde a la cruz con dos verticales y una más larga que otra, rematadas en sus extremos por florituras de metal forjado. Es el símbolo heráldico del Escudo de Hungría, histórico emblema que se hallaba suprimido a la sazón en el país, desde 1949, tras la ocupación soviética al final de la Segunda Guerra Mundial. La cruz aparece en la mitad derecha del blasón, emergiendo de una corona de oro a su pie. Este escudo fue recuperado sólo en 1990, tras el triunfo de los reformistas dos años antes, que permitió avanzar en los deseados cambios que alejaron al país del bloque soviético, a la sazón ya en irreversible crisis.
A los lados de la cruz, se levantan cuatro columnas metálicas abalaustradas en disposición cuadrangular, de cierto estilo neoclásico y casi neobizantino, especularíamos, sosteniendo una especie de baldaquino de estrecho remate cuadrado en la parte superior, que pone la parte más alta al estilizado monumento, justo encima de la cruz, a unos cuatro o cinco metros. Todas estas piezas fueron fundidas en los talleres de la Fundición las Rosas de Santiago (de la que ya hablamos al referirnos a los antiguos desagües urbanos de aguas lluvias de la capital), como se aprecia en inscripciones al pie de las columnas. Esta casa metalúrgica hoy se encuentra en Peñaflor.
Menos de dos años después, en el tercer aniversario del fallecimiento en Viena del Cardenal Mindszenty y respondiendo en parte aún a las cuestiones de la Guerra Fría que seguían reflejándose simbólicamente en este rincón de Santiago, la comunidad magyar decidió rendirle tributo a su memoria con un monolito de piedra en la misma plaza, inaugurado en mayo de 1978 a sólo media cuadra más al Norte del lugar del monumento al levantamiento, específicamente en Bustamante con Marín.
Es una gran roca memorial, montada sobre una base de hormigón con jardincito floral propio, y con un medallón de bronce empotrado sobre su cara principal con un retrato del cardenal, su nombre y sus fechas de nacimiento y de muerte alrededor. Esta pieza metálica tiene una autoría de "M. Pietsch", escultor que no logro identificar. La inscripción de la piedra dice, hasta ahora:
"Cardenal Mindszenty
Mártir en la lucha por la libertad de los oprimidos y por los eternos valores cristianos. La comunidad húngara residente en Chile en el tercer aniversario de su muerte.
Santiago 6 de mayo de 1978
A szabadsagert es az orok kereszten ertekekert kuzdok martirja caileren elo maoyarok kozossege halalanal harmadik eypordu ojan.
Santiago 1978 maohs 6"
Hasta no hace mucho, la textura de granito de la piedra estaba a la vista de los paseantes de la Plaza San Esteban. Sin embargo, en épocas recientes y para tapar los horribles rayados con la pintura rupestre en versión aerosol, se cubrió la obra de una fea capa blanca que ocultó los patrones naturales de la roca, perdonando con escasa precisión de la brocha sólo el medallón con el retrato del cardenal.
Como se puede recordar, el Alcalde Patricio Mekis falleció trágicamente sólo tres años después de inaugurada la plaza, a fines de enero de 1979, cuando se desplomó el balcón de su casa de verano en Vichuquén, cayendo desde la altura y causándole la muerte. No alcanzó a ver realizado en la realidad internacional, por lo tanto, el anhelo con aroma a juramento que quiso acentuarse en el mensaje del monumento, a través de la comunidad húngara en Chile.
Durante la década siguiente, los límites entre las comunas de Santiago y Providencia fueron cambiados, por lo que el Parque Bustamante y la Plaza Esteban I quedaron en esta segunda comuna. La división entre las comunas de Providencia y Ñuñoa quedó justo en calle Santa Isabel, además, a pocos metros del monumento memorial.
En 2004, se agregó al conjunto del levantamiento húngaro, una placa menor de mármol, sobre la base del mismo y también de cara hacia el frente. Dice, esta adición:
"MAGYAR FÖLD CHILÉBE
TIERRA HÚNGARA EN TIERRA CHILENA. RELIQUIA QUE SIMBOLIZA EL DESTINO COMÚN QUE UNE A CHILENOS Y A HÚNGAROS.
CORPORACIÓN CHILENO-HÚNGARA DE CULTURA. 20 DE AGOSTO DE 2004"
Se hizo ese día por ser el de la principal fiesta nacional húngara. Y el mensaje se refería, al parecer, a fragmentos de tierra traída de Hungría y que fueron colocados probablemente en el centro de la cruz, según cierta versión que conozco. Hay un espacio de encastre hoy vacío allí, como para un relicario especial, podemos conjeturar. Como sea, lo que hubo en ese hueco ya no existe, pues fue sustraído.
Desde que existe la plaza y el monumento, miembros de la colonia húngara en Chile realizan un pequeño acto con colocaciones florales en el mismo memorial del levantamiento de 1956, recordando a sus propios mártires caídos en el alzamiento.
También hay acá un encuentro oficial anual de la Embajada de Hungría en Chile, en el señalado día 20 de agosto, celebrando la fundación nacional húngara en el año 1000 y la canonización del Rey Esteban I en 1083, recuperando así la parte más auténticamente histórica y civil del homenaje, contenido que da razón a la plaza y al monumento.

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