viernes, 15 de septiembre de 2017

¡BUENAS NOCHES, RAKATÁN!... LAS AVENTURAS DE UN PALADÍN DEL PERIODISMO DE BOHEMIA Y ESPECTÁCULOS

Osvaldo Muñoz Romero, Rakatán, en caricatura de Pepo (René Ríos Boettiger) para el libro "¡Buenas noches, Santiago!".
He invocado varias veces acá el nombre de Osvaldo Muñoz Romero, conocido en sus buenos años de actividad por su apodo de Rakatán, para describir ese Santiago festivo y noctámbulo que difiere mucho -muchísimo- de lo que hoy identificaríamos como la bohemia capitalina, acaso ni la sombra de aquella que que describiremos y que ya parece irremediablemente perdida.
Rakatán es una fuente casi inagotable de información útil al respecto, especialmente por su pequeño pero contundente libro producido hacia el final de su entretenida vida: "Buenas noches, Santiago! medio siglo del espectáculo nocturno capitalino", verdadera pieza de culto entre los estudiosos de la clásica vida nocturna y ventana en el tiempo para los revisores de las carteleras chilenas, publicado en 1986. La portada de esta joyita fue ilustrada también por su amigo René Ríos Boettiger, más conocido como Pepo, el creador de "Condorito". De hecho, aparecen en ella el personaje de la misma tira cómica llamado Garganta de Lata y una sexi bailarina emplumada muy parecida a Yayita y a otras figuras femeninas en las que trabajó el ilustrador antes de concentrarse en su famoso pajarraco.
Osvaldo Alfredo Muñoz Romero nació en 1916 y comenzó su carrera como periodista en 1939, firmando inicialmente con el pseudónimo de Osmur, antes de adoptar el alias Rakatán que sintetizaba bastante mejor la alegría e intensidad de su pluma editorial. Aunque su formación académica era la de ingeniero comercial egresado ese mismo año desde la Escuela de Economía de la Universidad de Chile, la tentación por la crónica fue tan fuerte que no alcanzó a ejercer, quedando seducido para siempre en este oficio que tanto amó y por el que tanto de sí dio.
En estas aguas de vigilia nocturna y de candilejas, entonces, el periodista autodidacta se inició en la Editorial Zig-Zag, donde fue cofundador de la popular revista "VEA", una de las más famosas en Chile, en la que se permite hacer varias notas de carácter cultural hacia lo años cuarenta. También escribió para revistas como "Zig-Zag", "Margarita", "Sucesos", "Familia", "Ecran", "El Rincón Juvenil", "El Pingüino", "Flash" y "Novedades". Tuvo algo de crítico literario en este quehacer y fue creador y primer redactor de una fotonovela pionera en Chile, en revista "Mi Vida" publicada a partir de 1960 y dirigida por Guido Vallejos. La primera historia se titulaba "Desesperanza", fotografiada por Hernán Morales, fotógrafo de la revista "Estadio", con los actores Humberto Onetto, Doris Landi y Sara Astica.
En los diarios y periódicos, en tanto, Muñoz Romero firmó artículos para "El Imparcial", "El Mundo", "La Tercera", "Las Últimas Noticias" y, ya acercándonos al final de su prolífica existencia, en "La Estrella" de Valparaíso.
La trayectoria de Rakatán en el periodismo fue extraordinaria, y no se detiene en los citados ejemplos. A todo su currículo se sumaba también su participación en las radios "Minería", "Corporación", "Nuevo Mundo", "Yungay" y "Radio del Pacífico", donde creó y dirigió un programa llamado "Semáforo" de corte periodístico y que estuvo al aire por diez años, desde 1953. Después trabajó en radio "Carrera" con el programa de espectáculos "Fauna Show", que realizó con su colega Toño Freire, mismo que lo trajo de vuelta en forma póstuma en su novela "Rakatán en La Sirena", dedicada a la última época de auténtica bohemia santiaguina, en los días de la Unidad Popular. Muñoz Romero también fue el primer presidente de la Asociación de Periodistas de Espectáculos (APES), en 1967.
Teatro Balmaceda hacia 1960. Imagen del archivo fotográfico del Museo Histórico Nacional, A la izquierda, alcanza a verse parte del aspecto que tenía el antiguo edificio del Hotel Luna Park.
Teatro Ópera y "Bim Bam Bum" en sus buenos días. Fuente: Flickr  SantiagoNostálgico.
Isabel Ubilla, presentando a su hermana Elba en 1956, revista "En Viaje".
Alegre y dicharachero, el "incansable periodista del mundo nocturno y frívolo" como lo definió Enrique Lafourcade ("El Mercurio" del domingo 17 de abril de 2005, artículo "Nostalgias, de escuchar su risa loca..."), don Osvaldo era un hombre gordito, de bajo tamaño ya que "medía poco más de un metro sesenta", según comenta el escritor. La tendencia a la calvicie y un bigotillo chistoso complementaban el retrato de hombre de gran simpatía y carisma, ideal para estos ecosistemas de neón y barras.
Rakatán, tanto en estas actividades profesionales como fuera de ellas, paseó así por toda la noche del Santiago en vigilia y diversión, y nos dejó un legado precioso en su libro de memorias y en los innumerables artículos que legó a la historia del periodismo nacional de espectáculos. Definitivamente, su relación fue directa, de primera fila, con músicos, artistas, vedettes, empresarios, rufianes y toda la fauna existente en las selvas del bailable, la orquesta en vivo y la boîte, tan distinto al periodismo farandulero y de micrófonos puertas afuera o por ventanas de vehículos en marcha, al que se ha reducido la crónica de espectáculos en nuestros días.
Se recordará que, junto al desarrollo comercial, hotelero e industrial del barrio alrededor de la Estación Mapocho durante la primera mitad del siglo XX, llegó hasta él la masiva entretención popular, que echó raíces con variadas ofertas, especialmente en las calles Bandera, San Pablo y la primitiva avenida Mapocho y cercanías de Balmaceda, vía surgida a fines de los años veinte. El núcleo de esta zalagarda comercial-recreativa, diurna y nocherniega, sería conocido como el bohemio Barrio Chino de Mapocho, mágico atractivo para innumerables artistas e intelectuales nacionales y extranjeros, tentados con esos platillos suculentos de bajo precio, sazonados con ambientes de espectáculos de música en vivo, escenarios de tablas crujiendo a los pies de bailarinas con pretensiones de sensualidad exótica y en el vértigo de un vecindario con fama oscura, misma que le puso el terno de palo (el del sastre de la muerte) a varios de sus más queridos visitantes.
Era imposible que Rakatán no cayese seducido por aquel ambiente destellante, brotado entre actividad de hoteles y ferrocarriles, en un barrio que tanto ha cambiado en nuestros días. Y así, recuerda en su libro:
"…las fiestas de amanecida, las farras, los romances furtivos y las infaltables 'mochas' de curados, le imprimieron su más fiel fisonomía… A los ritmos de la conga, el cha-cha-chá y el tango pasamos muchas horas de inolvidable bohemia…".
Acota también que, en rigor, la más intensa bohemia de calle Bandera se reducía "exclusivamente a la cuadra del ochocientos situada entre General Mackenna y San Pablo", la cuadra del 800 de la misma vía, y en la que se encontraron célebres boliches como el "Teutonia", el "Hércules", el "Zum Rhein", "La Estrella de Chile" y otros. Allí, en "La Antoñaña", por ejemplo, Rakatán escuchaba el violín del entonces muy joven músico Ernesto Neira; en "La Cabaña" vio los inicios de músicos como Nino Landi y Chito Faró; y en el night club "Las Torpederas" conoció la orquesta del baterista Elizondo y su cuerpo de bailarinas, entre las que destacaba una tal Gata que, según recordaba, "destrozó muchos corazones y seguramente muchos bolsillos".
Del cabaret "Zeppelin" en el mismo barrio, primero de categoría en Santiago según él mismo decía y fundado por el empresario Humberto Negro Tobar, comentará nostálgico:
"Visitar el Zeppelin era llenar el alma de recuerdos y nostalgias. Parece que de repente nos iba a salir al encuentro el rostro sonriente del Negro Tobar con su facha arrogante bueno para el garabato a la chilena y con su habitual gesto amistoso".
Tobar, símbolo de su época y su medio vital, murió recluido en el Hogar de la Unión Árabe de Beneficencia, ubicada por el Callejón Lo Ovalle de San Miguel. Rakatán le visitó allí varias veces, siendo su cómplice y su amigo de confidencias, como lo era ya en los tiempos de sus pasadas al "Tap Room", otro club del empresario pero situado entre la gran bohemia de calle Estado cerca del inolvidable "Goyescas" y la Plaza de Armas. Recientemente, además, una gran demolición en esa misma cuadra de calle Bandera que hemos señalado, se ha llevado un grupo de locales en donde estuvieron varios de los establecimientos a los que se refería con tanta melancolía el periodista, incluyendo el "Zeppelin".
Cruzando el río Mapocho y vecino al "Luna Park", estaba el Teatro Balmaceda de don Enrique Cóndor Venturino (el mismo creador del "Circo de las Águilas Humanas" y las clásicas luchas libres del "Chachacascán"), allí en el barrio de los mercados veguinos. El periodista tenía una gran evaluación de este célebre empresario de espectáculos iquiqueño, por cierto:
"Alto, macizo, campechano, francote, sabía decir las cosas por su nombre. Era un trabajador infatigable. Él mismo se encargaba de la publicidad de su teatro el 'Caupolicán'. Tuvo dos hijos que siguieron sus aguas: Sergio, que trabajó en Venezuela, y Hugo, que se encargó de los Circos que recorrieron todo el territorio y también a algunos países de América".
Buddy Day (fundador del Teatro Casanova y luego Teatro Ópera) y su orquesta, en 1942. Fuente imagen: MemoriaChilena.
"Catch" ("Cachacascán), anunciado en las marquesinas del Caupolicán, en 1961. Imagen de los archivos fotográficos del Teatro Caupolicán.
Don Enrique Venturino Soto, célebre dueño del Circo de las Águilas Humanas y del Teatro Caupolicán, creador de los espectáculos del "Cachacascán" chileno. Imagen de los archivos de la Biblioteca Nacional.
Situada en donde estuvo antes el memorable coliseo pugilístico del "Hippodrome Circo", la sala del Teatro Balmaceda fue una sede histórica para el género revisteril y el teatro popular humorístico, con su mejor época entre mediados de los años treinta e inicios de los cuarenta. Y, por supuesto, hasta allá llegó también Rakatán, que visitaba acompañado por su colega Tito Mundt al artista y director Eugenio Retes, en su propio camarín. Así recordaba esta época, casi medio siglo después:
"A la vieja sala de la calle Artesanos ya desaparecida, llegaban, recordaba, las más encopetadas familias chilenas como los Alessandri, los Ross, los Edwards, etc., que gozaban con las tallas de los cómicos.
Por esta sala pasaron grandes figuras como Pedro Vargas, Tito Guizar, Agustín Lara, Lucio De Mare, Hugo del Carril, etc. El gran actor Alejandro Flores representó allí su obra 'Y Paz en la Tierra'. Doroteo Marti se hizo famoso con sus dramas llorones. Don Romilio estrenó su Revista: 'Los Payasos también tienen corazón'. Carlos Cariola, estrenó allí una graciosa revista titulada: 'Tarzán Reumático'. Allí llegó una noche el Embajador de México Alfonso Reyes Espíndola, para hacerse presente en la entrega de un 'Cóndor de Oro' al cómico Mario Moreno (Cantinflas), etc.".
En San Diego, en cambio, paseará su pequeña enormidad por las salas históricas, como el Teatro Cariola de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile (SATCH), sacando del olvido en sus recuerdos algunas de las primeras jornadas de esta importante sala nacional aún activa y en funciones, vecina al ya cesado Teatro Roma, cuyas dependencias hoy son usadas por el célebre bar "Las Tejas".
Además de Rakatán, una variopinta fauna llegó en un largo tramo de tiempo hasta estos rincones de la capital que no dormía: desde el dirigente político Luis Emilio Recabarren o el vate Pablo Neruda, hasta el incomparable periodista Raúl Morales Álvarez y el caricaturista Jorge Délano (Coke); lo propio hacían escritores, poetas, directores de arte, músicos, dramaturgos y todo lo que hubiésemos esperado que quedara más bien como residuos de oro en el cedazo de esa entretención nocturna popular que pudo testimoniar Rakatán. Sin embargo, estaban allí, y venían muy seguido según parece… Toda una guía de celebridades.
Sus copucheos sobre este ambiente, por otro lado, eran sabrosos y casi antológicos; sin embargo, también eran tan distintos a los menudeos de cremalleras y pantaletas de la prensa rosa actual.
Oreste Plath repasa, por ejemplo, algunas entretenidas anécdotas publicadas por Muñoz Romero en "Las Últimas Noticias" en 1983, alrededor del célebre local de "Il Bosco" de la Alameda de las Delicias 867, casi enfrente de la Universidad de Chile. En este mismo local,  inaugurado en 1947, el paladín de la fiesta vio cómo los miembros de un funeral se metieron con cajón y todo dentro del local para hacer una parada en sus mesas y barras, brindando con velas encendidas por un muerto fallecido hacía un año y simbolizado en ese ataúd, asombrando a los presentes. De pronto, un hombre salió del cajón colocado sobre las mesas, representando al homenajeado pero provocando pánico en el público, hasta que uno de los clientes llamó a carabineros, quienes llegaron pidiendo la salida del singular cortejo fúnebre.
También desde "Il Bosco", Rakatán trajo al recuerdo la ocasión en que la hermosa vedette del Teatro Ópera llegada a Chile con el Follies Bergére de París, la espectacular Xenia Monty, tuvo que ser recogida por el personal del restaurante en suelo del baño de mujeres: la francesa se había pasado holgadamente de copas y estaba totalmente borracha, mostrando con generosidad su voluminoso busto desnudo a los dos empleados, ese mismo que llamaba tanto la atención no confesa de los asistentes del espectáculo del "Bim Bam Bum", en los años cincuenta y parte de los sesenta.
En otra ocasión, presenció en el restaurante de "La Posada del Corregidor", en la plaza del mismo nombre de calle Esmeralda y frecuente nido o refugio de amores oscuros, la terrible escena de una escandalera provocada cuando una dama que había asistido con su secreto amante al lugar, descubrió a su propio marido allí sentado a pocos metros y con una muchacha joven acurrucada en otra mesa, luego de que el mozo los alumbrara de refilón con las linternas que usaban para atender dentro del intencionalmente oscuro sitio, allí en los salones de esta suntuosa casona colonial.
Y es que Rakatán tenía el trabajo perfecto para vivir esta clase de experiencias aventureras, al parecer: el privilegio de ser remunerado por pasarlo tan bien como la misma noche ilimitada se lo permita. Su grito de guerra institucionalizado para las buenas críticas era "¡Hay ambiente!"... Pocos hombres han disfrutado tanto de su trabajo, según parece.
Con tal eslogan, sin embargo, fue testigo directo del auge y caída de la bohemia santiaguina, a la que dedicó tantas líneas y textos casi conmemorativos. Algunos le atribuyen, además, haberle dado a la famosa vedette de los años cincuenta, Elba Ubilla, su famoso apodo de Pitica, mote surgido de un parecido que algunos le veían a la bella bailarina con el bolerista Lucho Gatica, por entonces apodado Pitico. El humorista Manolo González se encargó de expandir el apodo hasta dejarlo convertido en el nombre propio de la célebre vedette del "Bim Bam Bum".
Y fue así como por las páginas escritas y no escritas de Rakatán, asomaron tantos legendarios locales y nombres del espectáculo de esos años. También estuvieron allí todos aquellos arquitectos del ambiente: el Negro Tobar, los hermanos Retes, el Cóndor Venturino, el patrón Cariola…
Casado con la profesora Ana Madariaga Letelier, los hijos de Muñoz Romero heredaron la pasión por el periodismo. Y fue entre los suyos que el gran cronista de espectáculos de toda una época ya extinta en los sacros escenarios de la clásica noche nacional, falleció a principios de 1988, a la edad de 71 años. Sus amigos y colegas se esforzaron -durante largo tiempo- por mantener la memoria por el insigne redactor en un Chile que olvida tan fácil, a través de la Corporación de Amigos de Osvaldo Muñoz Romero, organizando homenajes y romerías en su tumba en el Cementerio General de Recoleta.
Rakatán, de esta manera, se fue con la época de luces doradas a la que pertenecía: esa edad de coloridos resplandores bajo la noche plata de ese Santiago, de la que fuera testigo, protagonista, notario, juez y sepulturero.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook