jueves, 31 de agosto de 2017

COMENTARIOS PARA UN LIBRO EXCEPCIONAL: "LA GENERACIÓN FUSILADA. HISTORIA DEL NACISMO CHILENO (1932-1938)", DE EMILIANO VALENZUELA

Debo partir comentado que comparto ciertas impresiones de que el siglo XX fue extraordinariamente corto, quizás uno de los más breves de nuestra Época Contemporánea. Si cronológica y matemáticamente duró los mismos 100 años de toda centuria, en lo referido a su identidad en la historia humana, al clásico acervo eurocéntrico  y a su propia determinación sobre los calendarios del tiempo, fue asombrosamente corto.
Si acaso podemos ajustarlo a las efemérides, el siglo XX como tal, parte de alguna manera con la Primera Guerra Mundial en 1914, la Gran Guerra principio del fin de los viejos imperios, y culmina con la Caída del Muro de Berlín en 1989, seguido de la disolución del bloque soviético en 1990-1991 y el final de la Guerra Fría, al menos como la habíamos conocido hasta entonces. Todo aquello que ocurrió antes de aquel período dentro del mismo siglo, parece ser más bien un tránsito desde el mundo decimonónico al nuevo; y todo lo que sucedió después, en cambio, no se ofrece más allá que sólo como su consecuencia, ya diluyéndose sobre el aspecto que configurará al mundo del siglo siguiente... Nuestro siglo XXI.
Fue el siglo XX, por lo tanto, un paso vertiginoso, veloz, muy concentrado y enérgico, en el que el vértigo del progreso nos llevó varias a veces a creer posible establecer arbitrariamente y en presente, el inicio de una nueva época o era en la humanidad, pero que no tardaba en ser desplazada por otra aún más novedosa y audaz, y que demarcamos en su momento con hitos como explosión industrial del plástico, la el auge computacional, la energía atómica, la llegada del hombre a la Luna o la creación de las redes digitales mundiales. La humanidad no sabía, pues, que era el período completo del aquel siglo el que acabaría impulsando a esta nueva época, esta en la que actualmente vivimos, disfrutando y/o padeciendo del legado de la pasada centuria en todos sus aspectos y alcances.
La historia del Movimiento Nacional Socialista de Chile (MNS Chile) estuvo en esta misma curiosa sintonía del siglo XX, como rotunda fracción del mismo: intenso, dinámico, intrépido, a veces violento y muchas veces trágico. Tuvo la característica de ocupar, además, un segmento de nuestra historia que era aún transicional, precisamente desde el siglo anterior al XX, con un Chile dependiendo aún de ciertos órdenes sociales y económicos que estaban en caída y dejando atrás otros. Sólo como ejemplo, cabe recordar la otrora próspera industria salitrera, ya en retirada en esos días.
Si bien es cierto que, para entonces, había quedado atrás la República Parlamentaria y teníamos desde 1925 una nueva Constitución Política, las estructuras político-partidistas y los moldes de representación ciudadana vigentes en aquellos años, todavía estaban relacionados con ciertos esquemas heredados desde el siglo XIX, totalmente superados por las urgencias y motivaciones de una sociedad que ya no era la misma, y que ahora respondía a lo que hubiésemos esperado de este nuevo siglo, justamente.
La breve pero intensa historia del MNS Chile desde 1932 a 1938, parecía haber pasado inadvertida en los anuarios de la política nacional, entonces, reducida sólo a su propia brevedad y por la cicatriz de su dramático y sangriento final, con la atroz Masacre del Seguro Obrero. Todo se simplificaba, de esta manera, a la matanza y, cuanto mucho, a un preámbulo emotivo sobre los infaustos hechos del 5 de septiembre de 1938. El pasado de aquel misterioso movimiento, que la creencia infundada suponía sólo una mala copia del modelo político nazi-fascista europeo, había quedado disperso y inconexo en una serie de textos, documentos, testimonios, recuerdos y la propia memoria de los sobrevivientes de aquella generación ya desaparecida.
Por alguna razón, pues, el interés en reunir todos estos fragmentos y escombros se fue postergando, eclipsado también quizás por el legítimo afán conmemorativo de sus miembros sobrevivientes, por encima del interés ilustrativo o divulgador.
Sin embargo, el formidable trabajo de recuperación y rescate de todas estas piezas repartidas por las bodegas del olvido, ha sido realizado por fin, gracias al investigador, periodista y fotógrafo Mauricio Emiliano Valenzuela, en un esfuerzo que no podrá pasar inadvertido a los estudiosos de la historia política chilena, por ningún motivo.
El resultado de estos años de desvelos y sacrificios no puede tener un título más apropiado: "La Generación Fusilada", publicado este año con sello de la Editorial Universitaria, tras un largo peregrinar de Valenzuela buscando casa editora, debemos decirlo. Y es que, lamentablemente, las dificultades que enfrentó este proyecto confirman que el desdén y el prejuicio por ignorancia siguen latiendo como predisposición en ciertos círculos intelectuales o aspirantes a  tales, en contra de este incomprendido y muchas veces tergiversado movimiento político al que ni siquiera se alude con inspiraciones apologistas o solidarias con lo que fuera su cuerpo ideológico. Hemos vivido en carne propia esta ojeriza, de hecho, desde gente que ha abusado de su tribuna en contra de quienes no teníamos sus accesos ni coberturas para darles la correspondiente respuesta.
El lanzamiento oficial del libro será este próximo martes 5 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Sala Eloísa Díaz de la Casa Central de la Universidad de Chile. Como autor del prólogo de este trabajo que creo sin comparación en la literatura histórica chilena y por petición de mi propio amigo Valenzuela, he sido invitado como presentador a este encuentro, en el que estarán también la historiadora Isabel Torres Dujisin, el escritor y periodista Leonardo Sanhueza y la poetisa Gloria Dunkler.
Confieso que cuando el autor me ofreció prologarle su obra, se me hizo imposible no titubear: cuestionarme si me correspondía juzgar su trabajo y el recuerdo del propio MNS Chile, a cuyo conocimiento llegué rezagado por pertenecer a otra generación y a otra época muy diferente a la de sus miembros, viviendo yo más bien en las consecuencias de la época que fue la suya. No sentía, pues, ni la confianza ni las facultades para cumplir con esta propuesta, que Valenzuela me sugería sentar sobre mi experiencia en esos días participando -quizás más tardía y tibiamente de lo que hubiese querido- en el Comité por el Recuerdo de los Mártires del 5 de Septiembre, que agrupaba a sobrevivientes, familiares y amigos de la misma Generación Fusilada. Con ellos celebramos los 60 años de la masacre, por ejemplo, que sería el último encuentro de varios de sus integrantes aún vivos.
Sin embargo, meditando mejor la generosa invitación, decidí dejar a un lado la modestia y las aprensiones de mi condición de sencillo bloguero e investigador independiente de historia urbana, y retomar así ese desafío que asumimos todos los que fuimos parte del Comité por el Recuerdo de los Mártires en algún momento y en la medida que fue nuestra participación allí. Sea en la placa conmemorativa del Edificio del Seguro Obrero o bien en el Monolito de los Mártires del Cementerio General, el juramento implícito e irrenunciable era uno: no permitir el olvido, no darle campo, no dejar pasar la memoria de aquellos 59 muchachos asesinados ni la de sus camaradas vivos, que el avance inexorable del tiempo se encargaría de ir reuniéndolos a todos... No tenía alternativa, entonces; no podía elegir, ni siquiera en el retiro de aquellas actividades.
Y así pues, accedí a este desafío... Hoy, agradezco a Valenzuela semejante deferencia, y me agradezco a mí mismo haber tomado esta propuesta, poniendo mi pequeño aporte al prologar esta obra que, estoy seguro, dignificará los anaqueles bibliotecarios y los estantes de librerías, completando un espacio que había permanecido tanto tiempo vacío y árido.
Imagen de reunión del Círculo Social y de Ayuda Mutua Mauricio Mena, con banderas del grupo y de la Vanguardia Popular Socialista. Junto con otros grupos como el Círculo Patriótico 5 de Septiembre y el Comité Pro-Homenaje a los Caídos, fue una de las instancias de agrupación y conmemoración entre los antiguos miembros, cuando ya había desaparecido el MNS Chile como tal. Imagen gentilmente proporcionada por Mauricio Emiliano Valenzuela.
Para concluir estos autorreferentes comentarios de entrada y pasar de lleno al contenido del libro, entonces, debo confesar que, desde el borrador que recibí entonces para elaborar el prólogo, supe que tenía ante mí un trabajo asombroso, diría que incomparable y necesario hasta lo fundamental para quien navegue por estos temas... Es una avalancha de información ordenada y racionalizada en donde antes no había más que fragmentos, escombros, restos flotantes de un naufragio y errores. Es como una lluvia de vitalidad sobre territorios intelectuales yermos y que habían permanecido estériles por tantos años, ya sea por la desidia o por la ignorancia que hemos mencionado.
"La Generación Fusilada" es, según nuestro entendimiento, la obra más importante que se haya producido hasta hoy sobre el MNS Chile, sobre sus orígenes, sus integrantes, sus épicas, sus hazañas y sus desdichas. Confirma lo que ya sabíamos a medias o sospechábamos de alguna manera, pero esta vez con más de 500 páginas de abundante información documental, fotográfica y testimonial: que esos cortos seis años del siglo XX, fueron toda una historia y una epopeya para el nacismo chileno, tan enfático en recalcar su "c" para diferenciarse del nazismo alemán, cuyo anatema se ha hecho caer por tanto tiempo también sobre la versión criolla de nuestra atención.
El libro verifica que la aventura del nacismo chileno es, acaso, más grande y asombrosa aún de lo que pensábamos muchos que creíamos conocer mejor su historia. También es aclaratorio e iluminador, despajando dudas o creencias erradas que han rondado sobre el movimiento o varios de sus personajes, y que se habían ido perpetuando por repetición. Se nos ofrece, por ejemplo, un retrato muy real y equilibrado del Jefe Jorge González von Marées, el controvertido líder del movimiento, contrapuesto y paradojal, del que se han tejido mitos tanto por idealización como por descrédito, varios aquí abordados, rectificados y hasta corregidos por el autor.
Como toda vida corta e intensa, entonces, las huellas del MNS Chile y sus marcas han quedado repartidas, incluso donde ya parecen no ser advertidas. Si bien fueron sólo tres los escaños parlamentarios que llegó a conquistar el movimiento (Fernando Guarello, Gustavo Vargas Molinare y Jorge González von Marées), persisten hasta nuestra época señales de lo que fuera su influencia y que llegan incluso a la nomenclatura partidista, como el concepto de la Avanzada Nacional (apropiado después por un partido de derecha) o el motejar como “La Jota” a las bases de juventudes (adoptado hasta hoy por el comunismo). Ambas expresiones provienen, precisamente, de esa traza nacionalsocialista criolla de la pre-guerra, como podría ser también la popularización de la costumbre llamar “concentraciones políticas” a los que antes eran definidos más corrientemente sólo como mítines políticos.
Nos enteramos aquí también, de la presencia de un altar casi sacro para el recuerdo de los caídos del movimiento al interior en su sede, en pleno Centro de Santiago, en el que se iban agregando nombres de mártires ya antes de la tragedia del Seguro Obrero. El primero de aquella nómina de nacistas caídos había sido Pablo Acuña Carrasco, asesinado en un ataque de militantes socialistas durante las Fiestas Patrias de 1935.
Memorias que parecían ya ahogadas en las aguas negras del pasado-pisado pasan frente a los ojos del lector de esta obra: la orientación social con que el MNS Chile creó un banco de sangre del movimiento, pionero en su género por este lado del mundo; la existencia de una completa biblioteca nacista en la sede de Santiago; o la implementación de una sección de teatro, con presentaciones de obras itinerantes y elencos estables de actores.
Los detalles de episodios pintorescos y temerarios, se encuentran también en estas páginas: el disparo de un arma de fuego por parte de González von Marées en el Congreso y la colocación de bombas de ruido al exterior de una sesión plena; la permanente sátira editorial de sus órganos oficiales como el periódico "Trabajo" y el pasquín "Acción chilena". Súmense a eso, insolencias tales como pasear en plenas campañas electorales un camión lleno de cerdos representando a "los politiqueros" con un matarife afilando cuchillos arriba, y "atentados" casi traviesos como las intervenciones radiales dirigidas por el genio de las comunicaciones en el grupo, Pedro del Campo, en donde su camarada Roberto Vega imitaba la voz del presidente Arturo Alessandri Palma en jocosas e irreverentes falsas cadenas nacionales que, según la leyenda, hacían estallar de furia al mandatario.
Permítanme comentar, de paso, que la deriva en que quedaron los nacistas chilenos tras la masacre de 1938 y tras su intento de buscar refugio en la efímera Vanguardia Popular Socialista (partido fundado para suceder al golpeado MNS Chile), contribuyó mucho también al olvido y la corrosión de estas voluminosas memorias del movimiento, casi como un contrasentido al homenaje que quiso perpetuarse hacia sus propios mártires a través de grupos como el Círculo 5 de Septiembre, el Círculo Social Mauricio Mena o el Comité Pro-Homenaje de los Mártires, integrados por los viejos miembros del disuelto movimiento. Y fue así como vimos en pie, ya en el invierno de sus existencias, a los últimos representantes de aquella pléyade en el Comité por el Recuerdo, marchándose uno a uno; apagándose como las llamas en las velas en una devota ofrenda de ceras, mientras se esforzaban por explicar su pasado, su "verdadera" inspiración política, sus objetivos profundos y las razones de aquella delirante asonada sofocada a sable y bala un día 5 de septiembre, muchas veces con más excusas autocomplacientes que con realismo o con plena honestidad.
Sin embargo, sabemos que su sacrificio no fue en vano, y la transición de ordenes políticos chilenos de las caducas estructuras del siglo XIX al que nos hemos referido, por fin halló su válvula de salida a partir de la sangre derramada en aquel singular edificio y sus escaleras teñidas de rojo, a tan pocos metros del Palacio de la Moneda. La muerte de los 59 nacistas chilenos, sin saberlo, de alguna forma y mucho más allá del símbolo emocional, fue nuestro inicio en una nueva y auténtica historia política del siglo XX.
Es conocida esta historia, pues es la realidad innegable que da volumen a lo poco que se ha querido recordar del MNS Chile, aunque sea forma timorata y asustadiza: con una ciudadanía conmocionada por los hechos de sangre, con un gobierno abusando de la censura y atropellando los principios de la libertad de expresión e información, y con la sombra fresca de la matanza proyectándose sobre toda sociedad chilena en plenas refriegas electorales, la unidad del indignado pueblo chileno logró lo que a algunos les parecía ya imposible en ese momento: derrotar la continuidad del alessandrismo representado en su ex ministro Gustavo Ross Santa María y aunar todas las fuerzas opositoras, tras la bajada de la candidatura de Carlos Ibáñez del Campo a favor de Pedro Aguirre Cerda.
Los cuatro sobrevivientes de la Masacre del Seguro Obrero, reunidos en una concentración frente al Cementerio General de Recoleta, en la Plaza de las Columnatas de La Paz. Imagen gentilmente proporcionada por Mauricio Emiliano Valenzuela.
Fieles a su sentimiento y compromiso con los principios, haciendo honores a la proclama de los mártires "Nuestra sangre salvará a Chile", el movimiento nacista se hace literalmente un harakiri político tras su fallida aventura revolucionaria: el llamado hecho por el Jefe González von Marées y los cabecillas, exhortando a sus camaradas a votar ahora por el candidato Aguirre Cerda, fue lo que permitió el triunfo del Frente Popular. Por primera vez en la historia de Chile, fuerzas políticas populares llegaban en bloque a gobierno, por la legítima vía del voto. Todo el teatro político chileno cambió a partir de este terremoto, como era esperable, pues el giro estratégico logró lo que habría sido imposible en el escenario electoral de entonces, con las fuerzas populares divididas en dos candidaturas frente a la maquinaria electoral del gobierno.
De esta manera, el triunfo en las urnas de Aguirre Cerda y del Frente Popular, numéricamente estrechísimo, no se debió sólo al castigo electoral y la repulsa contra un gobierno manchado por la masacre, sino también acción directa del voto ciudadano que tenían de respaldo nacistas, nacionalistas, ibañistas y al llamado decisivo del movimiento a cambiar el voto.
Muchos nacistas previeron que esta jugada iba a ser una autoinmolación del MNS Chile, por supuesto. La resistencia fue encabezada por otros miembros, como el cofundador y conspicuo escritor e intelectual Carlos Keller. Pero la suerte estaba echada, y con el doble sacrificio de los nacistas en 1938 (primero el de sus 59 hombres y luego de su propio movimiento), la joven República Presidencial entraría ya de lleno al perfil del nuevo siglo.
¿Y qué fue de los que quedaron? Enrique Zorrilla, Mauricio Mena, Galvarino Sepúlveda, Leandro Espinoza, Martita Vásquez, Juan Salinas ex director del diario "El Trabajo", Ernesto López el poeta autor de himnos y homenajes, Carlos Pizarro el último sobreviviente de la Torre de la Sangre que quedaba vivo de los cuatro, el periodista Renán Valdés von Benewitz, Gonzalo Herreros el hermano del mártir Enrique Herreros... Todos ellos fueron los representantes finales de una especie política definida en una sola camada y de tan corta duración, que se extinguió llevándose también la médula primaria de sus recuerdos, sus testimonios y sus memorias. A varios de ellos los vimos apagándose, uno a uno, hasta dejar en total oscuridad su pequeña galaxia.
Sin embargo, sabemos también que el perdón que se ha extendido por todo el continente a otros movimientos políticos que se inspiraron de una forma u otra en el fenómeno nazi-fascista europeo de esos años, como el falangismo base de la Democracia Cristiana, el nacionalismo revolucionario de Paz Estenssoro o del peronismo argentino, no alcanzó para los nacistas chilenos, aplastados por el peso muerto del juicio ligero y el lastre de la condena inquisitiva. "La Generación Fusilada", sin caer en expiaciones ni defensas, termina de despejar todas las dudas a este respecto y las asociaciones forzadas, con las que algunos trataron alguna vez de castigar el solo acto del recuerdo hasta hace algunos años, según nos consta a todos los que participamos alguna vez de los esfuerzos por mantener aquella memoria.
A mayor abundamiento, en su libro Valenzuela también explora con datos duros y precisos la conflictiva relación originaria del MNS Chile con ese fenómeno nazi-fascista histórico, vínculo a veces negado y a veces manifiesto en la historia del movimiento, dependiendo con frecuencia del énfasis que pone cada autor en los detalles y los contenidos. Nos repasa, con la misma calidad, los aspectos reveladores del impulso fundacional del movimiento, buscando decididamente la tercera posición de deslinde contra lo que llamaron "la derecha plutocrática" y "la izquierda demagógica", trincheras a las que el nacismo criollo definía como "dos corrientes de rapiña".
Finalmente, destacamos que esta publicación aborda y explica también las extremas dualidades casi aristocrático-populares del nacismo chileno de los 30, esas que el mismo movimiento proclamaba conocer aspirando a amalgamar "al hijo del palacio y del taller", en el canto de su principal himno, al tiempo que nos proporciona lo necesario para comprender su comunión difícil y contradictoria con la figura del General Ibáñez del Campo, quizás nunca antes tan bien definida y bien explicada.
El retrato del MNS Chile en "La Generación Fusilada", no puede ser más documentado, fiel y esclarecedor, por lo tanto.
Hoy, cuando pareciera que mucho de lo que Chile ha heredado de ese ya exhausto orden político del siglo XX requiere de su propia renovación y reconversión, apropiada a las demandas del siglo XXI y a las necesidades de representación de los individuos cada vez menos intermediadas por cuerpos exclusivamente político-partidistas, este libro aparece llenando -por fin, recalcamos- una enorme grieta informativa y documental, que había permanecido abierta por cerca de 80 años ya en la historia política chilena.
Por todo lo anterior, y sin ser un trabajo de corte apologista o reivindicacionista, este esfuerzo culmina siendo un tributo formidable a la memoria, a las reminiscencias y al legado histórico de esa constelación de hombres y mujeres ya desaparecidos, en la breve pero extraordinaria gesta que, con sus luces y sus sombras, marcó a fuego una época del pasado siglo, buscando su propia redención... Precisamente, la época a la que perteneció "La Generación Fusilada".

2 comentarios:

EL FUNYE dijo...

Muy bonita nota. Grande, para variar, como todo el esfuerzo historiográfico que nos entrega a TODOS LOS CHILENOS la calidad informativa de Urbatorivm. Otra lección de ética-moral, otra lección educativa. Ojalá que el libro ''La Generación Fusilada'' y el escritor
Emiliano Valenzuela no sean acusados de fomentar el nacismo en Chile... porque las mentes hipócritas,
mentecatas y pequeñas que están en los diferentes campos
intelectuales de nuestros país, podrían hacer cualquier cosa... ¿Hasta cuándo vamos a permitir la censura? ¿Hasta cuándo se limitará la libertad de expresión, el conocimiento de la historia no oficial, la contribución de un nuevo enfoque? ¿Somos tan miserables? ¿Cavernarios? ¿Vivimos aun tras los lineamientos de la Santa Inquisición? A veces creo que el escritor de este brillante texto no solamente escogió a Urbatorivm como presentador del libro más allá de sus afinidades intelectuales, sino por la dedicación que ha demostrado con TODOS los aspectos culturales y la MEMORIA de un país, desde hace muchos años, con un trabajo enciclopédico tremendo, abrumador e independiente, que NO se ha encasillado con ningún sector político rojo, azul, amarillo o pardo. Felicitaciones nuevamente. Y esperamos sencillamente muchas notas más...
RUBÉN SANTIAGO

EL FUNYE dijo...

Es verdad que Urbatorivm esta entregando a los chilenos un nuevo concepto de historia chilena, como lo intentan hacer otros, aunque no con la misma calidad investigativa, local. Pero me gustaría agregar algo que no se dijo en las opiniones sobre el lanzamiento de ''La Generación Fusilada'' del señor Valenzuela y la influencia de los románticos y filosóficos nacistas chilenos en los programas gubernativos de esa democracia chilena ejemplar del siglo XX. En definitiva pienso que se ha maltratado aun más hoy en día la figura de don Carlos Ibañez del Campo y su círculo de hierro, a quienes se les ha criminalizado permanentemente en la historia de Chile. Sin embargo, -- como se decía en mi tiempo ''nobleza obliga'' -- hay que recordar que fue su equipo de gobierno nacional --o mejor dicho nacionalista, en las dos presidencias-- quien fomentó: 1.- La creación del Código del Trabajo; 2.- La Firma del Tratado de Paz 1929, con Perú; 3.- La profesionalización de Carabineros de Chile 5.- El diseño la futura chilenización y posterior nacionalización del cobre chileno, tras crear el Ministerio de Minería; 6.- La ejecución del Padrón Electoral Único en Chile, vigente hasta hoy, y la Obligatoriedad del Voto que terminó con el cohecho, medidas resistidas por la derecha; 2.- Y la valentía que tuvo su gobierno en derogar la Ley para la Defensa de la Democracia, que benefició a diferentes partidos de izquierda, como el Partido Comunista; entre otras medidas de sus dos gobiernos que siempre pensaron en el mejor destino para todos los chilenos...sin distinción ideológica o política.

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook