miércoles, 5 de julio de 2017

PUENTE CONDELL O RACAMALAC: ENTRE LA FUNCIONALIDAD PEATONAL Y EL PESO DE LOS CANDADOS DE AMOR

El puente-pasarela curvo, en detalle de una imagen fotográfica del río Mapocho, hacia 1970 según suponemos. Fuente imagen: sitio web Enterreno - Fotos Históricas de Chile.
Coordenadas: 33°26'3.06"S 70°37'45.83"W
Me he referido antes, en forma ligera y rauda, al Puente Racamalac del río Mapocho, en Providencia, cuando propuse un recorrido para el Día de los Enamorados por el sector céntrico de Santiago, hace un par de años. Hoy quiero completar el tema con información más extendida sobre la conocida pasarela peatonal.
Después de la transformación del ex Parque Japonés de Providencia en el efímero Parque Gran Bretaña y, finalmente, el Parque Balmaceda, con la donación de la estatua del ex presidente en la entrada de su paseo, por el escultor Samuel Román Rojas en 1949, el lugar se recuperó como un importante sitio de tránsito y esparcimiento peatonal de los santiaguinos, aunque con un prolongado tramo de un kilómetro entre los puentes Pío Nono y Del Arzobispo, donde no había ningún paso para cruzar hacia la ribera al Norte del Mapocho.
Por lo anterior, se requería de una pasarela exclusivamente peatonal que fuera capaz de unir Providencia con el sector de cuadras en donde está la Clínica Santa María, al otro lado del río, o más específicamente conectando las veras de las avenidas avenidas Santa María y Andrés Bello, en los contornos del Mapocho.
De esta manera, se planteó la necesidad de primer proyecto municipal hacia 1951, según se informa en sitios patrimoniales como Santiago, Ayer y Hoy (en base al Acta de Sesión del Consejo Municipal del 2 de Agosto de 1951), volviendo a discutirse en asunto en diciembre de ese año. El proyecto como tal se propone en mayo de 1953 y, según parece, los trabajos comenzaron hacia 1956, extendiéndose hasta el año 1958 o un poco después, aproximadamente.
El puente en la escena de la "Franja del NO" de 1988.
Puente hacia el año 2000, antes de que comenzaran a colgársele los candados. Fuente imagen: sitio web de Plataforma Urbana.
El puente en la actualidad, visto desde su subida Norte.
Subida Sur, en Parque Balmaceda.
Vista desde la cima del arco hacia el Oriente. Se divisa el Puente del Arzobispo.
Vista desde la cima del puente hacia el Poniente.
Era conocido en principio como Puente Condell, por hallarse frente a la desembocadura de la avenida del mismo nombre en Providencia, a espaldas del Obelisco de los Tajamares y del posteriormente construido centro del Café Literario. Desde entonces, ha sido inconfundible por su elegante arco elíptico y rebajado surgido de las influencias modernistas de la época. Sin embargo, algunas etapas quedaron pendientes hasta la década siguiente. Estas sucesivas fechas han provocado algunas confusiones sobre el año en que se hizo y en que fue concluido e inaugurado, según parece, además de alterar el nombre original de Pasarela o Puente Condell por el que más se usa en nuestros días, como veremos.
Ya en octubre de 1955, el puente apareció en el proyecto municipal siendo llamado Raka-Malac o Rakamalac, al parecer aludiendo al nombre de la empresa que participó de su construcción o que hizo los trabajos de refuerzos durante esa década o la siguiente, según informó el entonces asesor urbanista de la Municipalidad de Providencia, el arquitecto Germán Bannen, en nota del diario "La Tercera" del 4 de enero de 2013. Este nombre derivó en el de Pasarela Racamalac, curiosa denominación que se ha vuelto la más usada hasta ahora y que dejó un poco atrás la oficial e original de Puente Peatonal Condell.
Llámese Condell o Racamalac, sin embargo, el puente no pasó plenamente a manos de la Municipalidad de Providencia sino hasta el reordenamiento comunal de 1982, que acabó dejando todo el Parque Balmaceda en su circunscripción marginándolo de Santiago Centro, según información que obtuve hace unos años de la Corporación Cultural de Providencia. Hasta entonces, había cierto hibridismo en la correspondencia territorial del puente, involucrando intereses de Santiago y Providencia, cuando el límite entre ambas comunas estaba señalado simbólicamente en el muy cercano Obelisco de los Tajamares, reconstruido a inicios de los 50.
Los mejoramientos continuaron todavía hasta 1983, cuando se agregó un eficiente pavimento estriado, que facilitó el tránsito por él en días de lluvias evitando caídas o resbalones, aunque posteriormente fue eliminado este funcional elemento. Así soportó con algunos daños menores el terremoto del 3 de marzo de 1985.
Antes de terminada la década, además, este puente alcanzó fama internacional y se convirtió en prácticamente el icono de un importante período político e histórico chileno, cuando fue incorporado a las escenas del video con el himno de la campaña de la "Franja del NO", para el histórico plebiscito de octubre de 1988.
En 1993, se hicieron las primeras obras de iluminación del puente y se le cambió también parte del pavimento en la pasarela, por uno más liso. El estriado anterior sólo se conservó en las subidas. Hasta entonces, sin embargo, el puente era un poco peligroso por lo empinado de sus bajadas, por lo que se le agregaron escalinatas en los inicios para evitar caídas de los usuarios. Recuerdo haber visto un señor a principios de esa misma década, que casi terminó en el piso y vio saltar lejos sus anteojos en un peligroso resbalón justo al final de la bajada del arco, hacia el lado de Providencia. Los peldaños que se agregaron en ambos puntos de bajada han resuelto este problema, además de facilitar el tránsito para personas con capacidades de movilidad reducida.
Hace pocos años, además, se le incorporó una nueva iluminación nocturna para su arco, durante el año 2000, dándole un especial atractivo en las postales de una ciudad cuando ésta no duerme. A sazón, ya era popular entre universitarios que lo convertían en escenario de pruebas de las llamadas semanas mechonas, además de noctámbulos que lo usaban para llegar desde avenida Providencia hasta algunos de los destinos del barrio bohemio de Bellavista y alrededores. También se convirtió en uno de los puentes más fotografiados y turísticamente difundidos de Santiago.
El Racamalac era reconocido, además, como un sitio romántico. Esta fama se remonta a los tiempos en que funcionaba el "Café Colorín Colorado" en su bajada Sur, entre los años 80 y principios de los 90 según recuerdo, precisamente en donde ahora está la sede del Café Literario de Balmaceda, en Providencia. Aquel café era lugar de citas y recreación de parejas y, a su vez, la vista de la ciudad desde la cima del arco el puente -especialmente hacia los atardeceres o bien la cordillera nevada- era cotizada también por quienes querían ofrecer allí sus propios juramentos de amor, solicitudes de compromiso, tiernos abrazos de universitarios y quizás incluso primeros besos.
Desde hace poco, sin embargo, esta fama adicionó un nuevo elemento de origen foráneo y que parece estar saliéndose de control. Resulta, pues, que el puente muestra un curioso fenómeno asociado al tema romántico que lo precede: innumerables candados con pactos de amor colocados en las rejas del pretil. Incluso ha comenzado a haber malestar entre las autoridades por la sobrecarga, peso y daños que eventualmente pudiesen causar estas piezas.
Con esta nueva característica, además, la pasarela se ha ganado otros nombres más a nivel popular: el Puente de los Enamorados y Puente de los Candados.
Esta extraña pero muy posicionada costumbre saltó al mundo real desde la literatura: por un personaje de la novela romántica  "Ho voglia di te" ("Tengo ganas de ti"), del italiano Federico Moccia, de 2006, que colocaba un candado con juramentos de amor a su amada en el puente Milvio de Roma, al que también me he referido antes acá, arrojando después la llave al río. El mismo puente romano, después, comenzó a llenarse de imitadores que conocían el libro y le ponían candados en la vida real, al igual que comenzó a suceder después en el Pont des Arts de París y otros por toda Europa.
La moda se extendió así por varios otros puentes en el resto del mundo, estallando muy especialmente tras la versión cinematográfica del libro de Moccia, en 2012, y desde hace algunos años ya la tenemos en Chile con el caso del Racamalac, aunque los candados más antiguos de nuestro puente se remontan a año 2010, según se informaba en el diario "Las Últimas Noticias" del miércoles 29 de agosto de 2012.
A la sazón, había en él unas 80 piezas de estas, cerradas sobre sus enfierraduras; para 2014 llegaban a unos 300 y, según se cuenta hoy, podrían estarse midiendo ya en miles, con candados de todos los diseños, tamaños y mecanismos visiblemente aferrados a los barrotes, cada uno de ellos con los nombres de quienes se juraron perpetua compañía y arrojaron las llaves al Mapocho.
Al igual que sucedió con el Milvio, sin embargo, que sufrió el derrumbe de parte de sus pretiles y faros por el peso de los candados, el Racamalac también está viéndose saturado y sobrecargado de estas piezas juramentando una promesa de amor que, por etérea que sea, deja su peso sobre las estructuras del puente. Tan lleno está, que muchos trasladaron la costumbre al puente Pío Nono, aprovechando los espacios que quedan aún en él, para comenzar también a colmarlo de candados.
El Puente Racamalac ya no carga sólo con el paso de los peatones a ambos lados del río, sino también con las quizás toneladas de promesas y compromisos que sólo el amor es capaz de reunir en un espacio como éste.

1 comentario:

Miguel dijo...

no puedo creer el estado en que esta ese puente, es horroroso, hasta cuando el picante.

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook