lunes, 3 de julio de 2017

LAS CASAS CON MOJINETE EN LA ARQUITECTURA POPULAR E HISTÓRICA DEL SUR PERUANO

Abundantes techos de mojinete en la ciudad de Tacna, hacia el 1880. Al fondo, se ven las torres de la catedral. Hoy sólo quedan algunos casos exponentes de esta característica arquitectónica y constructiva, y menos todavía en Arica. Fuente imagen: Chiledel1900.blogspot.cl.
Hace unos años, escribí acá algo sobre la casona con mojinete que sobrevive en el sector céntrico de Arica, en calle Bolognesi. Vimos allí que es una de las pocas exponentes de esta característica arquitectónica y constructiva en esta ciudad, con algunos pocos ejemplos más que sobreviven en ella (probablemente no más de siete), aunque también los hay hacia el valle de Azapa y parte de la Región de Tarapacá, remontadas a la época peruana de dichos territorios.
Quiero ampliar ahora un poco el tema de las casas de mojinete, ya que he reunido algunos datos más desde entonces y que me confirman algunas de las impresiones que expresé con algo de timidez en ese momento, además de haber obtenido mejores ejemplos fotográficos de este estilo.
Como se sabe, el mojinete es una forma techo romo con una línea plana o bien biselada, llamada por algunos caballete o albardilla, que se sitúa entre las dos aguas principales, donde iría el vértice. Vista desde su frente más estrecho, los niveles altos de las viviendas con techo de mojinete tienen forma de trapecio, por lo mismo.
Según pareciera, por estos lados de la América hispanizada, tal mojinete se convirtió en un elemento muy característico de la arquitectura asociada al barroco y al colonial tardío, especialmente en el período entre los siglos XVII y XIX. Las últimas casas de este rasgo se hicieron en el siglo XX, sin embargo, casi conviviendo con el mismo tiempo en que había comenzado la retirada y destrucción de los antiguos inmuebles exponentes de la misma identidad.
Ilustración de Mauricio Rugendas del mercado de Tacna, hacia 1842.
Mojinetes tacneños en el tercer piso de las suntuosas residencias. Fotografía fechada hacia 1903. Fuente imagen: Chiledel1900.blogspot.cl.
Pintura al óleo de un autor apellidado Morales, en restaurante típico peruano enfrente del Mercado de Tacna. Aparecen techos de mojinete en un contexto más rural.
Existen en el Sur de Perú y en el Norte de Chile, ciertos casos de aparente restitución del mojinete como solución arquitectónica, como se observa en algunas falsas mansardas en casas de residenciales o villas nuevas. Sin embargo, parece ser también que ha existido cierto interés por reponerlos -patrimonialmente hablando- más allá de la funcionalidad, la estética o el falso histórico: un posible "redescubrimiento" del mojinete como elemento cultural e identificador de estos territorios, aunque todavía desconozco en qué se ha materializado este tibio entusiasmo, más concretamente.
Sobre lo anterior, sé que en relación a Tacna, por ejemplo, se han realizado seminarios y ciertos estudios alrededor de esta forma de arquitectura, pero tampoco estoy al tanto de si esto ha tenido resultados concretos en la conservación o reaparición de tales casos dentro de la construcción popular de viviendas. En Chile, menos he visto algún interés semejante con los casos ariqueños, como lo revela el mencionado inmueble histórico de calle Bolognesi, cada vez más vetusto e intervenido.
La tradición oral, por otro lado, reporta algunos antecedentes interesantes sobre las propiedades de estos techos de caballete y su posible utilidad. En el anterior artículo de este blog, referido a los bosques perdidos de Tarapacá, mencionamos ya la creencia local en una frase que repetían, por ejemplo, los abuelos de las localidades de Pica y Matilla, describiendo un clima de ciertas lluvias bastante diferente al actual: "Enero poco, febrero loco, marzo y abril aguas mil", creemos que aludiendo al fenómeno de llamado invierno altiplánico.
Fotografía de una de las más antiguas casonas de mojinete de Tacna, en la avenida Bolognesi, remontada al siglo XVIII. Imagen en exhibición en el Museo Casa Zela.
Obra pictórica de la misma casona tacneña, también en el Museo Casa Zela.
Vista actual de la misma antigua casona de Bolognesi.
Las casas de mojinete, justamente, suelen asociarse a un clima con cierta presencia de lluvia y brumas espesas, y la mencionada tradición agregaba que tal tipo de clima existía estacionalmente en gran parte territorio antes de volverse totalmente seco, tras uno de los terremotos de la segunda mitad del siglo XVIII, según la conjetura. La leyenda dice, adicionalmente, que el aspecto árido y extremo del territorio tarapaqueño y surperuano que le conocemos ahora, se consolidó durante la siguiente centuria, prolongándose hasta nuestros días sin cambios.
¿Tendrán los altos y techos de mojinete, entonces, alguna relación con características climáticas ya perdidas, o relegadas a condiciones asociadas a períodos muy específicos del año pero también retrocedidas?
Las casas de esta característica que figuran entre las más antiguas se hacían con técnicas de adobe y quincha, sobre un armazón de vigas de madera y esteras o tejidos de caña revestidos del barro. Sin embargo, con el tiempo fueron apareciendo otros materiales más ligados a la albañilería moderna e incluso adiciones de piedra canteada, con interesantes resultados.
Si bien el mojinete fue tal característica urbana rotunda de estos territorios sur-peruanos, tanto en las urbes como, las aldeas e incluso en templos más antiguos, por el lado chileno ya no quedan muchos ejemplos, ni siquiera en la ciudad de Arica. La consecuencia de este retiro progresivo es que aquella que sobrevive a duras penas en Bolognesi puede ser una de las últimas de su generación, aunque hace poco encontré lo que parece haber sido otra pintoresca residencia imitando el estilo de su fachada hacia la avenida Montt, justo al lado del conocido boliche de "La Picá del Chino" al que dediqué una entrada ya en este blog.
También hay unos restos ocultos ariqueños tras las fachadas al final de calle Colón, cinco o seis casas antes de llegar al Mirador de la Virgen del Carmen, más modernas según parece. . Más arriba, desde la altura del Morro y observando con detención los techos antiguos, casi se puede adivinar qué casas tuvieron este tipo de remate en el pasado, quedando pocos rastros del mismo o definitivamente ninguno en ellas. Algunas antiguas viviendas aparecen por el camino hacia el Valle de Azapa, y me parece que también en Lluta, pero muy aisladas.
Casona de calle Bolognesi, en Arica, vista desde el edificio de calle Prat.
Iglesia y campanario colonial de San Lorenzo de Tarapacá. Si bien el templo debió ser reconstruido tras el terremoto de 2005, conserva el rasgo de techo de mojinete desde sus orígenes.
Casa con mojinete de Tacna, lamentablemente alcanzada por la destrucción.
Otros inmuebles del estilo, en avenida Bolognesi de Tacna. Nótese que, bajo las coberturas poco afortunadas de estuco, en la casa de la esquina aún se distinguen las siluetas de lo que parecen ser portales barrocos coloniales en los accesos.
Tacna, Moquehua y algunas aldeas intermedias del Sur de Perú, en cambio, todavía tienen buenos casos a la vista, aunque son sólo una pizca de la abundancia de estos techos que alguna vez hubo allí.
En la ciudad tacneña, el artista germano Mauricio Rugendas retrató algunas en una de sus ilustraciones, tras su paso por allí hacia 1842. Sobreviven aún algunas casonas de mojinete en pleno sector céntrico, y otras en avenidas principales, pero también han sido modificadas o definitivamente demolidas la mayoría de ellas.
Hay ejemplos tacneños notables, como ciertos pabellones del museo de la Casa Zela (residencia de don Francisco Antonio de Zela e importante sede del proceso de Independencia de Perú), que tiene ciertas características de mansión, inclusive, demostrando que el estilo no se reducía a la arquitectura más modesta o meramente popular. Investigadores como el profesor cuzqueño residente en la sureña ciudad, don Sergio Loayza, han identificado en pie aún una de las más casas antiguas, del siglo XVIII, correspondiente a un doble inmueble de avenida Bolognesi entre calles Arica y Billinghurst, casi enfrente de la plaza de palmares de la parque central. Otros mojinetes están tan altos que hacen de tercer nivel en algunas de las casas más señoriales, también quedando muy pocos ejemplos en pie, sin embargo.
A pesar de las disposiciones para conservarlas en Tacna, todavía en nuestro tiempo muchas de ellas están desapareciendo, especialmente las de quincha y adobe más antiguas, casi como cayendo al peso de su propia vejez y problemas estructurales que las condenaron. Así sucedió hace dos años, por ejemplo, con un inmueble ubicado cerca del cruce de las calles Blondell con Francisco Lazo, a un costado de la Catedral de Tacna, utilizado por un establecimiento educacional.
Casa museo Zela y un inmueble de mojinete adyacente.
Interior del techo de mojinete en uno de los pabellones de la Casa Zela.
Una de las pocas casonas de mojinete de Tacna con tres pisos y balcón volado.
Caserón tacneño, sede de una entidad relacionada con niños autistas.
El poblado de Moquehua, por su parte, luce orgulloso sus casas de mojinetes ofreciéndolas como parte importante de su patrimonio turístico e histórico, situación en la que destacan las de su tradicional Barrio Belén.
Hay ciertas versiones sobre el retroceso de las casas de esta característica, aunque sospecho que algunas deben provenir del folklore más que de la historia y las considero un tanto ingenuas o exageradas, a pesar de haber quienes las creen ciegamente, incluso gente que estimo versada en estos temas (me consta). Por ejemplo, hay opiniones populares asegurando que la destrucción progresiva de las casas de mojinete en Arica fueron parte de la radicalización del controvertido proceso conocido como la "chilenización" de esta ciudad y la de Tacna, entre fines de la Guerra del Pacífico y hasta el Tratado de 1929. En este sentido, se arguye que, supuestamente, se quiso eliminar un rasgo urbanístico y arquitectónico de influencia sur-peruana de la urbe, como es el de las clásicas casas con su característico techo.
Más verosímil me parece, sin embargo, la idea de que muchas de estas viviendas habían sido levantadas o reconstruidas con cierta prisa después del maremoto de 1868 y que la resistencia de sus materiales ante posteriores terremotos no demostró ser la adecuada, por lo que fueron progresivamente cambiados sus techos por otros más sólidos o aislantes, y también reemplazadas completas por otras moradas de albañilería en concreto, quedando cada vez menos ejemplares de esta arquitectura.
Con relación a lo anterior, recuérdese que muchas casas "modernas" de Arica, muy en especial las que ofrecen influencia de la escuela del art decó en su estilo, comienzan a levantarse en los años 30, período al que correspondía este movimiento artístico y que coincidía con la seguridad de que Arica permanecería en Chile, por virtud del Tratado de 1929. Varias fachadas llevan el año inscrito, además, precisando que corresponde a esta etapa ya definitiva de la historia local, pasado el proceso de "chilenización" como tal.
Esto pudo suceder como una tendencia a aprovechar mucho mejor los espacios altos que las clásicas residencias de mojinete. Me pregunto, por lo mismo, cuántas de ellas que ahora lucen fechas de fábrica en la década del 30 y hasta unos años después, que se encuentran en distintos sectores de Arica, habrán sido edificadas sobre lo que antes fueron hermosas e históricas casonas de vieja techumbre roma.
Según parece, la construcción de residencias con mojinete en todos estos territorios, tanto al Norte de Chile como el Sur de Perú, duró más o menos hasta ese mismo período de 1930 a 1940. No he podido encontrar noticias de inmuebles importantes con esta característica levantados después de dichas fechas, salvo reconstrucciones de edificios ya destruidos o dañados.
El fenómeno de retroceso no sólo ocurrió en Chile, entonces, lo que ayudaría a demostrar lo impreciso y peregrino de la idea de una especie de "cruzada" de animadversión chilenizadora contra las mismas. Muchas de estas bellas casonas se han perdido también en Tacna, como dijimos, cuando la ciudad ya estaba de regreso a manos del Perú y a pesar de las varias que existen todavía allá, del mismo modo que sucedió en Arequipa y Moquegua. Y, dicho sea de paso, Perú perdió muchas otras de estas bellas viviendas a causa del fatídico terremoto del 23 de junio de 2001.
A la inversa, también se sabe que muchas casas de este tipo sí se conservaron y fueron respetadas al interior del territorio de Tarapacá tras quedar en manos chilenas, sin verse afectadas por los procesos de incorporación cultural del territorio ni cayendo víctimas de alguna clase de imaginaria inquisición urbanística. No obstante, fue reduciéndose su abundancia más cerca de nuestro tiempo, a causa de los grandes terremotos que han azotado también esa región, durante el último medio siglo transcurrido.
Por decisiones particulares, por el inexorable paso del tiempo envejeciendo las ya ancianas estructuras y por la renovación indetenible del tiempo reflejada sobre el urbanismo, entonces, las casonas de mojinete fueron cayendo víctimas de una conspiración urdida entre el afán de progreso y los caprichos naturales, más que de algún oscuro propósito concensuado o alguna desidia contra ellas.

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