jueves, 13 de julio de 2017

LA ANTIGUA CALLE DEL CEQUIÓN EN LA CHIMBA DE SANTIAGO, HOY ANTONIA LÓPEZ DE BELLO

Caótico comercio informal en la entonces llamada calle Andrés Bello, hoy Antonia López de Bello, al lado de La Vega Central. El "Fortín Mapocho" denunciaba insistentemente la presencia de esta clase de comercio como un daño al establecido. Imagen publicada en los años 60.
Coordenadas:  33°25'48.42"S 70°39'11.74"W (inicio) / 33°25'49.57"S 70°37'47.40"W (final)
La Calle del Cequión, actual Antonia López de Bello, se remonta a los orígenes de La Chimba de Santiago, el barrio popular y de extramuros crecido en la orilla Norte del Río Mapocho. Corría su vía polvorienta en dirección Este-Oeste, paralela al llamado Camino de la Chimba, correspondiente a la actual Dardignac.
No debe ser confundida con la Calle del Cequión Grande, que correspondía a la actual Diez de Julio Huamachuco, ni con el apodo de Calle del Cequión que se relaciona con la curiosa historia que dio nombre a la calle Galán de la Burra, actual Erasmo Escala.
También denominada Calle del Sauce en algunos planos antiguos (no confundirla con la actual Riquelme, que recibió principalmente aquel nombre), destacaba en ella un canal de acequia hecho en tiempos coloniales y que facilitaba los riegos en parte del territorio chimbero, abasteciendo de agua grandes propiedades como el Monasterio del Carmen Bajo en La Cañadilla, con un curso hídrico tomado desde las faldas del cerro San Cristóbal. La presencia de esta acequia era la razón para recibir la calle tan curioso nombre, como puede adivinarse.
El canal podría tener alguna relación con la que se observa en el plano de las posesiones de La Chimba confeccionado en 1641 por Francisco Luis Besa, donde aparece uno que alimentaba con su agua cuatro molinos ubicados frente al cerro San Cristóbal, según comentó Justo Abel Rosales en "La Chimba antigua: la Cañadilla de Santiago (1541-1887)". La calle servía también como límite de las propiedades de los franciscanos en la Recoleta y, más tarde, la que adquirió en 1764 el Corregidor Luis Manuel de Zañartu para fundar en ella el Convento del Carmen Bajo en La Cañadilla, actual avenida Independencia.
La acequia de marras, apodada De la Merced, descendía naturalmente por la pendiente de los terrenos hacia el Oeste. Sería la que aparece mencionada en un acta del Cabildo de Santiago del 20 de marzo de 1664, referida a la necesidad de limpiar las acequias de la ciudad y nombrándose a los vecinos que quedarían encargados de tales labores:
"Este día propuso el señor general don Alonso de Soto, corregidor y justicia mayor de esta ciudad, de que las calles están llenas de agua, porque las acequias no corren, y se acordó de que cada calle, digo, cada acequia tomen a su cargo dos señores capitulares y entren en las casa y las vean, no estando limpias multen a los dueños de las casa y vecindades más cercanos. El señor maestre de campo don Diego Roco, alcalde ordinario, y don Alonso de Ovalle, la acequia de la plaza; los señores capitanes don Domingo de Erazo y don Alonso de Ovalle, la acequia de la Merced; los señores capitanes Martín de Urquiza y capitán Jerónimo de Quiroga, síndico-mayordomo, la acequia que sale de la casa del tesorero Joseph Zorrilla, y la que entra en casa del dicho capitán Martín de Urquiza; los señores maestre de campo don Andrés Jiménez de Lorca y el alférez don Alonso Antonio Velásquez de Covarrubias, la acequia de la pescadería; la acequia de San Agustín, a los señores capitanes don Matías de Toro y a don Diego Ponce de León; los capitanes don Antonio Martínez y don Martín de Zavala, la acequia de las monjas Claras; los señores capitanes don Alonso de Escobar y don Francisco Canales, la acequia de Santo Domingo".
Según parece, la acequia chimbera pudo desviarse también hacia Lastra o cerca de esta vía, más abajo de La Cañadilla. Si esto es así, sería acaso lo que llevó al investigador Gonzalo Piwonka a proponer que la Calle del Cequión era Lastra, en nota a pie de página de su obra "Las Aguas de Santiago de Chile, 1541-1999". Empero, en planos de Santiago de la centuria decimonónica, se confirma claramente que la calle de la acequia colonial era la actual Antonia López de Bello.
GALERÍA DE IMÁGENES:
CALLE ANTONIA LÓPEZ DE BELLO, SANTIAGO - CHILE
El mismo autor y experto en historia hídrica de la capital, señala que había una vía llamada Calle de los Aguadores junto a la Del Cequión, coincidente con la actual Río de Janeiro en pleno Barrio Patronato, y cuyo nombre se debía a esos tiempos en que se realizaba allí el aprovisionamiento de aguas.
Podemos presumir que los niños se bañaban a veces en ella, como lo hacían en la otra orilla del Mapocho refrescándose en el canalillo que alimentaba la fuente del Convento de Santo Domingo, lo que obligaba a Fray Roco a salir a corretearlos con un asistente armado de una correctiva varilla, hacia fines de la Colonia.
En 1806, se levantó en la Calle del Cequión el hermoso caserón con pilar esquinero que aún existe allí, correspondiente a la antigua residencia de don Rafael Cicerón frente a la Plaza de la Recoleta, en la esquina con esta misma avenida. Ubicada exactamente en Recoleta 181, destaca en ella, muy especialmente, esa maravillosa columna de piedra de unos dos metros y medio de altura, montada en una gran base o plinto cuadrado.
Dijimos que la calle y su acequia pasaban por enfrente de las propiedades de los monjes franciscanos en la Recoleta y que, hacia el lado de la actual Independencia, en cambio, enfilando desde allí hacia el Monasterio del Carmen Bajo. La calle Salas, aún existente y muy popular, nació hacia entonces y se volvió la simbólica división entre ambos terrenos de las órdenes religiosas y los grandes potreros y sitios eriazos que había en la misma gran manzana, entre Recoleta e Independencia.
En 1870, faltando aún para la creación de los mercados situados en esta misma arteria por el sector del mencionado callejón de Salas, la Calle del Cequión abarcaba todavía un tramo más bien corto: avanzando desde abajo hacia arriba (Oeste-Este), iba entre La Cañadilla, al borde del viejo y desaparecido Barrio El Arenal, hacia la avenida Recoleta en donde está la comentada casa pilar colonial, subiendo hacia el Oriente unas dos cuadras más, hasta lo que es la actual calle Patronato.
Para aquella época, sin embargo, la acequia ya no corría totalmente abierta y lamayor parte de ella había sido cubierta y abovedada. Así, ese mismo año, el 1° de mayo, la Memoria de la Intendencia de Santiago informaba luego de comentar las nivelaciones de acequias del sector de la ribera Sur del río Mapocho:
"Esta misma nivelación radical se ha efectuado en la acequia de la Merced que surte de agua a los barrios de la Recoleta y corría antes descubierta por la plazuela de este nombre y calle del Cequión. Contando con el auxilio de los vecinos, pudo construirse de cal y piedra cubriéndose con una bóveda que deja perfectamente expedita y libre aquella calle".
Durante la Intendencia don Benjamín Vicuña Mackenna, la numeración de la Calle del Cequión -todavía entre La Cañadilla y Recoleta- iba del 1 al 57. Perteneciendo a la Subdelegación XXIX, era una de las calles chimberas en donde se habían instalado también las cañerías de la Compañía de Gas, junto a Dávila, Olivos, Camino de la Chimba y Artesanos.
Los cambios nominales suceden en este mismo siglo: la Calle del Cequión pasó a ser llamada Andrés Bello un tiempo después de la muerte del insigne intelectual venezolano nacionalizado chileno, ya situándonos hacia inicios del Gobierno de José Manuel Balmaceda, más o menos cuando comenzaron también los preparativos para construirse las viviendas sociales de la Población León XIII al final de la misma, como veremos.
Vista de la casona de pilar de la esquina de Antonia López de Bello con Recoleta, en imagen del Archivo Fotográfico Sala Medina, cuando el estado de la casa-pilar de Recoleta aún era considerado como "bueno".
La acequia en detalle de un plano de Santiago de 1854, elaborado por Estevan Castagnola. El número 37 señala la ubicación del Monasterio del Carmen Bajo y el 37 a la del Convento de la Recoleta Franciscana. Se resalta en rojo la calle y la acequia.
Aquél sería también el período en que se canalizó el Río Mapocho (1888-1891), cuyo lecho primitivo llegaba casi hasta la orilla de la paralela Calle de los Artesanos, con un murallón tajamar propio que reapareció hace pocos años, en parte, junto a la Plaza Tirso de Molina. Por esta razón, al concluirse las obras de canalización, calle Andrés Bello ex Del Cequión quedó más alejada ya del borde ribereño de lo que había estado en sus primeros tiempos trazada en la ciudad.
Esta transformación en la ribera chimbera, permitió al antiguo barrio de la vega mapochina una mejor urbanización, la adopción de características de vecindario comercial y la creación del Mercado de Abasto de La Vega Central, sobre lo que habían sido parte de los terrenos de los claustros de la Recoleta de San Francisco ya puestos en venta, y otros adquiridos al vecino don Nicanor Marambio. La creación de este nuevo centro de comercio que vino a sumarse en el barrio al del Mercado Central, sucedió en 1895 y por iniciativa del adinerado productor agrícola y vecino don Agustín Gómez García.
Dice Carlos Lavín en su libro "La Chimba", que parte de la calle estaba dentro de lo que denomina "el distrito de los nacimientos", para referirse a las manzanas chimberas en donde los vecinos intentaban presentar, por esos años, el mejor de los pesebres del Nacimiento de Cristo para deleite de los observadores, en las primeras Navidades del cambio de siglo. Aunque destacaban las hermanas Azola en la Calle del Manzano casi llegando a Lillo, presentando cada año el más hermoso y completo de todos en su enorme propiedad y acompañadas de fiestas, competían con doña María Muñoz en nuestra calle Andrés Bello, que se esforzaba también por armar uno de los más espectaculares retablos con el Nacimiento de Belén. Otros destacados eran los de las Jofré en la Calle de los Hermanos, hoy Santa Filomena, las Marques, la señora Bulgada y la señora Cerón en la calle de Lillo, entre otras.
La Acequia de la Merced existía todavía en el siglo XX, como canal en parte abierto. No obstante, la calle Andrés Bello estuvo largo tiempo interrumpida por cuadras cerradas que existían también hacia el 1900, entre Patronato y Purísima, abiertas unos años más tarde.
El mismo arrabal de la acequia en las cercanías del cerro, parece ser el que Lautaro García menciona a la pasada en su "Novelario del '900", refiriéndose a sus recuerdos infantiles de inicios de aquella centuria en el barrio de Recoleta y cuando él y sus amigos fueron embaucados por un tipo que hacía el rol del tonto local, apodado Chayamoco, aunque algo de listo tenía según parece:
"...nos dio el dato a un grupo de muchachos de que había un baño magnífico en un canal del San Cristóbal. Mientras estábamos en el agua, desapareció con la ropa de todos".
La misma calle y su antigua acequia podrían estar relacionados con los arroyuelos que, según se recuerda, corrían todavía en los años 70 por la esquina de Andrés Bello en su cruce con la calle Pío Nono, en donde se encontraba un almacén del actual Barrio Bellavista que, con el tiempo, acabó volviéndose bar y restaurante, tomando el nombre de "Venezia", mantenido hasta nuestros días. El nombre le cayó dada esta características de estar "entre canales", como la famosa ciudad italiana. Hasta hoy, es uno de los más antiguos bares y clubes del Barrio Bellavista, alguna vez visitado por Pablo Neruda y otros intelectuales de renombre.
La calle Andrés Bello fue ampliándose durante aquella centuria, hacia el Oriente, pasando muchas cuadras más allá de Pío Nono hasta toparse con el Colegio Salesiano en lo que será Melchor de Concha y Toro, quedando integrada así a la patrimonial Población León XIII. Ésta fue construida entre 1891 y 1910 por sucesivos esfuerzos filantrópicos de los señores Melchor Concha y Toro, Manuel Irarrázaval y Eduardo Marin. En este tiempo, además, el tramo oriental de Andrés Bello, era llamado por entonces Paseo Irarrázaval, en honor a uno de los mencionados benefactores, y tenía una plaza propia frente a calle Arzobispo Casanova.
Entre 1923 y 1924, una cuadra más arriba de Pío Nono y justo en el cruce de Andrés Bello con calle Constitución, se construyó el palaciego "castillo rojo" de la Casa de don Pedro Lehuedé, por el arquitecto Federico Bieregel. La esplendorosa obra incluyó también el atrio o explanada de la Plaza Camilo Mori que la antecede, también proyectada por Bieregel.
Plano de Santiago de Ernesto Ansart, 1875. Se observa la extensión que tenía entonces la Calle del Cequión, entre Independencia y Recoleta, señalada en color rojo. Este plano está invertido en su relación Norte-Sur.
Plano esquemático de 1897, del sector en el faldeo del Cerro San Cristóbal por la actual Antonia López de Bello. Las calles horizontales con Mallinkrodt y Constitución. En el extremo superior izquierdo se alcanza a observar todavía abierto parte del antiguo Canal de la Merced, que alimentaba la vieja acequia de la calle y otros hilos de agua de estas manzanas. Imagen publicada por Simón Castillo Fernández en "El río Mapocho y sus riberas: Espacio público e intervención urbana en Santiago de Chile (1885-1918)".
Entre 1946 y 1947, los dos galpones abandonados que, más abajo, antes servían de corrales a la compañía del sistema de tranvías eléctricos, ubicados entre Artesanos y Andrés Bello enfrente del Mercado de La Vega, comenzaron a ser destinados a los comerciantes que allí establecieron La Vega Chica, ocupándolos hasta nuestros días. El lado conflictivo de esta transformación fue que, al encontrarse entre los dos grandes mercados, Andrés Bello se convirtió en una caótica calle colmada de comercio irregular, de total desorden y de estacionamiento de vehículos y carretas, cariz que aún conserva también y que enfrentó varias veces al comercio formal de ambos centros comerciales con las autoridades, que se rindieron ante tal congestión e informalidad.
Ese mismo año, el entonces periódico de los veguinos "El Fortín Mapocho", reclamaba en una edición del mes de agosto:
"Últimamente, los peores vagos y delincuentes, han invadido sin ningún escrúpulo, los alrededores de la Vega Municipal, estacionándose durante el día, en las calles Lastra y Andrés Bello y ofreciendo al transeúnte el espectáculo vergonzoso de muchachos, hombres y mujeres tirados en la vereda y entregados al sueño y al sopor que produce la borrachera, mientras otros se dedican al juego de las chapitas y el crap, ocupando calles y veredas, obstaculizando el tránsito de vehículos y peatones. Su presencia física y moral y sus andrajos, repugnan al más sufrido transeúnte y la obscenidad que hacen gala con su vocabulario, resultan intolerables. Sin ningún respeto hacia el numeroso público que concurre a la Vega, estos delincuentes no sólo han logrado hacerse repulsivos, sino que también temidos".
No todo fue tragedia, en todo caso. En la misma época, varios boliches muy pintorescos aparecieron en la calle para preveer y facilitar la actividad de los trabajadores veguinos, como uno llamado "El Patito", ofreciendo desayunos y café desde muy temprano cada mañana (5:00 AM) y funcionando también como pequeña fábrica de helados en la dirección de Andrés Bello 631, esquina Nueva Rengifo.
En 1953, al final del pasaje ubicado casi enfrente de la Plaza Mori y el "castillo rojo", el poeta Neruda compró un terreno donde construyó una de sus tres famosas casas, conocida como "La Chascona", en las faldas del San Cristóbal. Allí vivió hasta su muerte, acompañado por Matilde Urrutia. Hoy es una casa-museo y uno de los puntos más visitados del Barrio Bellavista.
Posteriormente, en 1965, se produce el último cambio nominal de la calle. Era el año del centenario de la muerte de don Andrés Bello y en que se tomaron varias iniciativas en su memoria, además. Entre estas decisiones, se rebautizó su calle ahora como Antonia López de Bello, dado que el nombre del ilustre intelectual se asignó en el mismo decreto a la avenida costanera del Mapocho. Decía el Artículo 10° de la ley de marras, durante el Gobierno de Eduardo Frei Montalva:
"La llamada Avenida Tajamar, en la ribera sur del Río Mapocho, en la ciudad de Santiago y en la Comuna de Providencia y Las Condes, desde la Plaza Baquedano hasta su terminación hacia el Oriente, se denominará Avenida Andrés Bello. Asimismo, la actual calle Andrés Bello, ubicada en la ciudad de Santiago, se denominará Antonia López de Bello".
Las mismas disposiciones exigieron, aquel año, que creara una medalla conmemorativa con el nombre y perfil del personaje, y que se colocaran retratos de don Andrés en todos los establecimientos educacionales de Chile.
El homenaje a doña Antonia, por cierto, no deja de ser un caso muy particular de agradecimiento histórico, dirigido en este caso a la madre del ilustre venezolano y por traer al mundo a tan valioso chileno adoptivo. Se recordará que doña Ana Antonia López de Bello fue hija del famoso pintor venezolano Juan López y Domínguez, y tras contraer matrimonio con don Bartolomé Bello, abogado de la Audiencia de la ciudad de Caracas, vivieron en situación de cierta comodidad en la capital venezolana, naciendo don Andrés al seno de este hogar en 1781.
Tras la creación de la Municipalidad de Recoleta en 1992, la calle Antonia López de Bello quedó repartida entre esta comuna y la de Providencia, no perteneciendo más al territorio de Santiago Centro.
Curiosamente, desde el cambio nominal la calle ha tenido varios errores en las señales que se le han instalado durante las últimas décadas, como cierta oportunidad en que uno de sus carteles la denominaba "Antonio López de Bello", hacia 2007. En algunos centros comerciales y galpones, además, aún aparece erróneamente rotulada la correspondiente dirección como "Antonia Lope de Bello".
Plano de 1911, hecho por Nicanor Boloña. Extensión de calle Andrés Bello, en rojo, desde Independencia hasta el pie del Cerro Santa Lucía, en calle Mallinckrodt, al borde del Colegio Alemán de la Inmaculada Concepción. Sólo estaba interrumpida por la gran manzana entre Patronato y Purísima.
Don Andrés Bello López (1781-1865).
Actualmente, Antonia López de Bello conserva sus rasgos populares en las primeras cuadras, si marchamos de Poniente a Oriente, en donde se funden los rasgos del barrio Independencia con el de la Vega Central.
En aquella primera manzana, costado Norte, está un conjunto residencial llamado Diego Almeyda, con pasaje y plazoleta interior del mismo nombre, tras un enrejado. Justo en la esquina de Antonia López de Bello con este pasaje, encontramos una pintoresca fuente de soda con aires de picada, llamada desde hacía muchos años "Andrés Bello", nombre se debe a la época en que la calle ostentaba el mismo homenajeando al intelectual, y que ha comenzado a ser cambiado en el boliche sólo recientemente, actualizándose con el nombre de la arteria con más de 50 años de retraso.
Justo de frente al mencionado pasaje Diego Almeyda, hay un gran conjunto refaccionado y convertido en el Centro Comercial La Portada, cuya fachada ocupa gran parte de esta cara de la manzana Sur. Además, muchas casas antiguas del tramo están convertidas en establecimientos de venta y distribuidoras, por el mencionado rasgo de comercio, sobreviviendo uno de los más antiguos cités de Antonia López de Bello en el sector cerca de avenida La Paz.
En síntesis estas primeras cuadras entre Independencia, La Paz y Salas son, en general, de casas de fachada directa a la calle y dos pisos, casi todas con sus bajos destinados al uso comercial y algunas también con sus altos, mientras que otras mantienen este segundo nivel como residencia.
Avanzando, la cuadra del mercado de La Vega y las espaldas de los galpones La Vega Chica, entre Salas y Nueva Rengifo, sigue siendo de un caos tremendo, colmado de autos estacionados y de comerciantes informales. En las puertas del mercado veguino principal se encuentran las hermosas rejas de forma metálica de una antigua entrada al mismo recinto, acompañadas por una campana. Hace poco, sin embargo, desaparecieron de esta instalación dos jarrones metálicos fundidos en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago y similares a las piezas ornamentales de este tipo que la misma casa de estudios produjo para el Cerro Santa Lucía durante la Intendencia de Vicuña Mackenna.
A medida que el caminante se acerca hacia Recoleta, comienza a aparecer la influencia modernista y art decó en los edificios, revelando su origen hacia la década del 30. Pasada la Plaza Recoleta, en cambio, si bien el rasgo popular se conserva, el carácter comercial acá será otro: el de Barrio Patronato, célebre por sus ventas prendas, depósitos comerciales importadoras y, desde hace un par de décadas, también con restaurantes exóticos. Incluso el rango de cosmopolitismo del barrio cambia: si para el lado veguino es de peruanos, colombianos y caribeños, hacia Patronato es la clásica presencia árabe, la más novedosa coreana y muchos extranjeros también como clientes.
Son varias cuadras de pasajes, galpones y tiendas, entre las que pueden encontrarse algunos casos de conjuntos residenciales, sin embargo, como el Edificio Carlos Massad Abud casi llegando a calle Manzano y con una placa metálica en su fachada que lo señala inaugurado el 1° de enero de 1970. Una cuadra y media más arriba, pasando la esquina con Patronato, también conservando el pasado residencial, se puede observar un encantador pasaje con aire de cité, en donde se encuentra una imprenta y casa gráfica bastante conocida en el barrio.
Es a partir de la cuadra entre calles Loreto y Purísima, si continuamos subiendo, que Antonia López de Bello comienza a mostrar estilos arquitectónicos más elegantes y asociados al viejo Barrio Bellavista, al que se aproxima el caminante en estas manzanas. Se trata de casonas más suntuosas, que deslizan sus estilos entre el neoclásico, el Tudor, algo de neocolonial y algunas alusiones modernistas de los años 20 y 30. Además, en las aceras de la cuadra entre Purísima y Ernesto Pinto Larraguirre, por ahí en donde estuvo el célebre "Café del Cerro" de la intelectualidad opositora ochentera, la Municipalidad de Recoleta hizo colocar en 2006, ocho artísticos mosaicos de piso. En la Norte están las de los autores Susana Larraín ("La fortuna de encontrar"), Roser Bru ("Frutos del país"), Ximena Mandiola ("Universo numérico") y Benito Rojo ("Rumbo al Norte"). En la Sur, en cambio, están las obras de Andrés Vio ("Sin título"), Andrea Casanova Pérez ("En demolición"), Federico Elton ("Red urbana") y Cristián Abelli ("Reflejos"),
La esquina de Antonia López de Bello con Pío Nono está dominada, como hemos dicho, por el "Venezia", reputado y concurrido centro culinario y bar del barrio. Al continuar hacia el Oriente, sin embargo, reaparecen las casas más suntuosas y con pretensiones de mansiones, aunque la corona del atractivo y las postales se la lleva el mencionado Castillo Lehuedé, ocupado por un conocido restaurante. Son tramos donde el límite entre los restaurantes y centros gastronómicos con el exterior de las calles no siempre es claro y definido, más o menos hasta la calle Mallinkrodt que, como dijimos, por mucho tiempo fue el límite Este de la misma arteria que recorremos.
A partir de este punto, Antonia López de Bello vuelve a un rasgo clásico y más quitado de bulla, ajeno a los clubes bohemios y bares de Bellavista. La transición de un ambiente a otro es mínima.
Es su punto de trazado casi al borde del Cerro San Cristóbal, además, que se levanta por el lado del patio de muchas de estas residencias y departamentos. Nos acercamos así a la altura de los últimos caserones de la calle y hacia la altura de la pintoresca Población León XIII, con una gran variedad de arquitectura y de exposiciones de estilos, cargado de árboles frondosos, algunos frutales, enredaderas escaladoras, antes de llegar al final del barrio, en calle Melchor Concha y Toro. La villa completa fue declarada Zona Típica en 1997, como podrá recordarse.
Nuestro andar por Antonia López de Bello, alguna vez llamada la Calle del Cequión y después Andrés Bello, concluye en este preciso punto de la ciudad, tras abarcar 2 kilómetros de distancia de un extremo a otro, pasando por variopintos paisajes de barrios históricos, comerciales, bohemios o tradicionales.

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