martes, 27 de junio de 2017

LA IGLESIA DE MONTEGRANDE: EN LA RUTA DE LA RELIGIOSIDAD Y DE GABRIELA MISTRAL POR EL VALLE DE ELQUI

Iglesia de Montealegre en 1957. Archivo del Escritor, N° 153. Imagen perteneciente a los bancos fotográficos de la Biblioteca Nacional. Fuente: Memoria Chilena.
Coordenadas: 30°5'38.85"S 70°29'39.81"W
La Iglesia de Montegrande está a sólo unos metros junto a la carretera D-485, la autopista que se interna por el Valle de Elqui, siendo lo más reconocible del pueblo frente a su pintoresca plaza, además de la tumba de la poetisa Gabriela Mistral, ubicada a sólo pasos  de este mismo sitio, y otros puntos del entorno como el ex cerro Fraile, rebautizado con el nombre de la misma escritora a inicios de los 90.
Montegrande o Monte Grande es conocido como el lugar de residencia de la infancia de nuestra primer Premio Nobel de Literatura. Eduardo Cavieres Figueroa informa en sus trabajos como "La Serena en el s. XVIII. Las dimensiones del poder local en una sociedad regional", que este pueblo típicamente elquino nace sobre lo que, hasta la Colonia tardía, había sido la Hacienda del Valle San Buenaventura de Montegrande, de grandes proporciones y de la que aún quedan algunos terrenos con parronales como vestigios, alrededor del mismo templo y su plaza. El poblado como tal comenzará a aparecer después de las subdivisiones que se hicieron a aquella hacienda, hacia el año 1760.
Llamada más exactamente Capilla de Nuestra Señora del Carmen de Montegrande, la construcción de esta iglesia central se debió a las necesidades del servicio religioso que demandaba esta población del caserío, hasta pocos años antes habitado por los hacendados y los inquilinos de la desaparecida propiedad, principalmente.
Según tengo entendido, aquella hacienda podría haber tenido su propia capilla familiar. Recuerdo haber observado en la zona, además, información del Gobierno Regional de Coquimbo relacionada con el proyecto "Ruta Patrimonial Camino a Gabriela Mistral", relativa a la construcción de un primer templo en donde está éste. De acuerdo a ese dato, la original habría sido entregada y bendecida en 1870, lo que la haría la iglesia más antigua del Valle de Elqui.
Empero, sucede que la imaginería española en el decorado templo, fue adquirida en 1891 para una inauguración ese mismo año, de acuerdo a información divulgada por el Centro Nacional de Conservación y Restauración en nuestro tiempo, por lo que podemos suponer que, a la sazón, se habría concluido alguna obra gruesa de la misma, posiblemente como parte de los preparativos para las celebraciones del IV Centenario del Descubrimiento de América (1492-1892) que también motivó el levantamiento y mejoramiento de otras iglesias del Norte Chico. Habrían tenido especial importancia en estas labores, además, carpinteros especializados británicos y alumnos de la Escuela de Madera de La Serena.
Plaza e Iglesia de Montealegre en 1957. Archivo del Escritor, N° 155. Imagen perteneciente a los bancos fotográficos de la Biblioteca Nacional. Fuente: Memoria Chilena.
La iglesia hacia los años 80, en postal turística impresa. Se observan antiguas tinajas de la industria pisquera local. Fuente imagen: sitio Club República de Chile.
La iglesia y plaza con su aspecto y coloración en febrero de 1997, dos años antes de una restauración del año 1999.
Sin embargo, hay otras fechas a la vista. Su actual aspecto debería ser el resultado de otra gran remodelación y mejoramiento realizados en 1898, si acaso interpretamos la indicación del año que se observa en la inscripción sobre el altar mayor, con la imagen mariana y los listones zigzagueantes en latín.
Como sea, esta iglesia quedó bajo cobertura de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Paihuano, erigida el 24 de septiembre de 1892, y que incluía también las iglesias de Pisco Elqui, Rivadavia, Varillar, Alcohuaz, Muanta y Quebrada de Paihuano.
Su torre campanario al frente ha sido, desde entonces, lo más alto levantado por el hombre en el caserío. Tras esa fachada de estilo neoclásico con toques victorianos, se prolonga una sola nave interior en alineación Norte-Sur con un techo de vigas con un abovedado con cañón de tablas, decorado con un enjambre de estrellas sobre fondo azul, muy parecido al de otros casos como el de la Iglesia de La Tirana, las cúpulas de las naves laterales de la Catedral de Santiago y otros ejemplos del culto a la Virgen del Carmen, Patrona de las Armas de Chile y muy relacionada tradiciones de alusión estelar en sus tradiciones.
Tanto los dos pisos de su coro abalaustrado sobre el acceso, como el diseño del presbiterio, lucen columnas de estupendo trabajo de pintura de simulación pétrea, con vetas y colores de roca que semejan bastante, en este caso, a la tradicional combarbalita de la zona del Limarí, también en la región coquimbana. El piso de toda la nave es tablas, con pocos vanos altos en los muros laterales de albañilería tradicional de la zona, aunque suficientes para conseguir la iluminación interior apropiada junto con la linterna casi al fondo de la nave.
El altar mayor está dominado por la imagen de la Virgen del Carmen en su propio retablo, con las inscripciones en latín a su alrededor, al parecer correspondientes a una cita o plegaria bíblica. Le acompañan en el presbiterio la imagen de San José con el Niño Jesús, que fue encargada a Barcelona para la comentada inauguración de la Iglesia en 1891, y en el otro flanco la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, de autoría desconocida aunque también proviene del siglo XIX. Ambas, sin embargo, han sido definidas como de escuela artística catalana, por los expertos del Centro Nacional de Conservación y Restauración.
Otras imágenes resguardadas en el templo corresponden a la Virgen del Rosario, de posible origen también catalán, que sale en andas desde esta misma iglesia en las procesiones, al igual que una del Arcángel Gabriel y otra del Escudo de Chile frente al altar.
Un estilizado púlpito se puede observar a un lado del presbiterio, con fino trabajo de labrado en estilo con algo de neobizantino y neogótico. La escalera espiral que lleva al coro y al campanario también es una obra es de madera tallada, aunque con sus escalones muy desgastados a estas alturas de su existencia. La torre en lo alto, en tanto, conserva su tosca y vieja campana, con macizo badajo y una inscripción interior con la fecha 1853, que no sabemos si es exacta o formal, pues fue agregada a mano en tiempos posteriores a la factura de la pieza. Otra campana menor y más compacta está descargada en el suelo de este nivel, ya muda.
La historia local montegrandina y la de sus personajes, es indivisible con la de esta vieja iglesia. Fue hasta ella donde Lucila Godoy Alcayaga, nuestra futura Gabriela Mistral, iba todos los domingos a misa tras llegar a vivir a Montegrande en 1892 a los tres años, haciendo después su Primera Comunión en ella, en 1896.
La escritora de la misma región, Marta Elena Samatán, en su libro dedicado a la vida de la poetisa y titulado "Gabriela Mistral. Campesina del Valle de Elqui", decía que la media hermana mayor que Lucila, doña Emelina Molina Alcayaga, solía ayudar a oficiar la misa dominical en esta iglesia, pues no había párroco en el pueblo. En tales ocasiones, la pequeña Lucila y su mejor amiga Cristina Pinto Hevia, "una chiquilla de grandes ojos claros que iluminaban un rostro de finas facciones", se vestían de perfecto blanco pidiendo las limosna para las obras pías, pareciendo dos ángeles, según recordaba Emelina.
Eran los tiernos años escolares de la futura escritora, profesora y diplomática, con su media hermana ocupando el cargo de Directora de la Escuela Primaria local. Vivió allí hasta los 10 años de edad, como se recuerda.
Un terremoto sucedido en 1918, si bien tuvo epicentro en Copiapó, fue suficientemente fuerte en la región de Coquimbo como para echar abajo el muro testero del templo, aplastando gran parte del retablo original.
Los trabajos de reconstrucción del mismo muro y retablo comenzaron inmediatamente y se prolongaron hasta 1927. Empero, los trabajadores no eran expertos en esta clase de obras: no consideraron la posición original de las tablas y piezas repuestas en su sitio, según observó Isabel Costabal en su trabajo de tesis "Propuesta de recuperación para el altar mayor de la iglesia de Montegrande". La información es citada por Paula Valenzuela, Mariela Muñoz, Marcela Castro e Isabel Roubillard en "Puesta en valor de la arquitectura interior de las Iglesias de Montegrande, Barraza y Monte Patria", artículo para "Materia y alma: conservación del patrimonio religioso en los valles de Elqui y Limarí", también del Centro Nacional de Conservación y Restauración, en 2006. Las cuatro autoras agregan allí:
"Durante la reconstrucción del retablo, el segmento más dañado –la parte media de su sección central, donde el motivo es una banda zigzagueante con un texto en latín- no fue reconstruido correctamente. Por razones que no conocemos, en esa oportunidad no les fue posible ubicar en su posición original numerosas tablas con decorados. Si bien este segmento se recuperó, se lo hizo en forma deficiente ya que, por una parte se utilizaron tablas originales con decorados pero en ubicaciones incorrectas –generando el consiguiente desorden del diseño– y por otra, tablas nuevas débilmente integradas al retablo a través de la aplicación de un color rosa plano, similar al usado como base en el mismo".
A pesar de todo, el retablo de esta capilla es uno de los más interesantes y coloridos de las iglesias de la zona, gracias a la recuperación que se realizó de su aspecto original y de la que hablan Valenzuela, Muñoz, Castro y Roubillard con más detalle en su señalado informe.
Volviendo a Gabriela Mistral, ella pasará por última vez frente al templo en 1960... Pero en esta ocasión lo hará dentro de una urna y de camino a la cercana sepultura y monumento que se hizo en su honor junto a la carretera, cumpliendo su último deseo de descanso perpetuo en Montegrande, cumplido tres años después de su muerte en New York.
La actividad de la iglesia hoy es más bien quitada de bulla, permaneciendo más como atractivo turístico, durante la mayor parte de la semana. Es lo esperable en un poblado que registra sólo unos 300 a 400 residentes locales. Todo cambia con celebraciones como la Fiesta de la Virgen del Carmen, pues Montegrande cuenta incluso con un "Baile Danzante Carmelitas", con gran participación en los encuentros religiosos de Coquimbo. Para las ceremonias especiales y pastorales, acude a veces el Obispo Auxiliar de La Serena. Además, hay cierta actividad cruzada en ella con la que corresponde a la Parroquia de Paihuano, comuna a la que sigue perteneciendo administrativamente este caserío.
El sector central de Montegrande fue declarado Zona Típica por Decreto Supremo N° 621 del 31 julio de 1990, por lo que la iglesia está dentro del rango de protección de los monumentos nacionales. Dicha declaratoria incluyó la vieja casa-escuela, la casona del fundo vecino a la plazoleta y la tumba de Gabriela Mistral, todos lugares importantes en la temprana etapa biográfica de la insigne poetisa.
En esa misma época había cambiado el aspecto arrabalero de la placita, además, que se extendía como explanada frente al templo, luciendo los senderos, arboledas y fuente central que hoy se pueden ver en ella, con otras mejores posteriores en el camino. Se le habían eliminado también los cercos que formaban una especie de perímetro y una cancha vacía dentro del área verde, remontados a los tiempos en que esta misma plaza era más bien el jardín del terreno de la iglesia, enfrente de la misma.
Se han hecho otros importantes trabajos de restauración del conjunto, incluyendo la recuperación de las pinturas del presbiterio y las figuras religiosas y ornamentales, tal como ha sucedido en las vecinas localidades de Barraza y Pisco Elqui. El terremoto de Punitaqui de 1997, por ejemplo, dejó sus marcas en las capillas elquinas, obligando a llevar a efectos una restauración y reparación del templo de Montegrande dos años después, en 1999, y la de su imaginería religiosa hacia 2001.
No obstante, con los terremotos de 2003 y de 2015, muchas iglesias del Valle de Elqui volvieron a sentirse afectadas por la inclemencia telúrica, acumulando más daños. Si a eso  sumamos el envejecimiento de los materiales, podemos decir que la Iglesia de Montegrande no está en la mejor situación esperable para su estatus y atractivo. Más allá de lo que podría pasar por pátina, por ejemplo, hay daños evidentes en la fachada, con parte de sus adobes y materiales internos al desnudo entre algunas grietas o caídas del revestimiento exterior. Hay grietas también en los estucos, tantos exteriores como interiores, y en el sector del campanario, muy vetusto interiormente, colmado de fecas de aves y, a pesar de refuerzos con vigas de madera, por aparente acción del viento golpeando la estructura, según nuestra impresión durante la última visita. El interesante balcón exterior del campanario ya es completamente inseguro y, por esta razón, está cerrado a cualquier visitante.
Durante el verano 2017, el Grupo de Amigos de la Parroquia San José de Algarrobito hizo debutar la llamada Ruta Patrimonial Iglesias del Elqui, que une todas las capillas y templos más importantes de la ruta elquina, entre los que ocupa un lugar destacado esta iglesia. Así, ya sea paseando por la fe del Valle de Elqui o por la luminosa huella de Gabriela Mistral en el mismo, la iglesia es un necesario hito de similar relevancia en ambos casos, para la atracción permanente de los turistas.
De esta manera, si a todo el atractivo histórico y patrimonial de la iglesia le consideramos sumado el fantasma lírico de Gabriela Mistral paseando por su identidad y la del poblado donde se halla, qué duda cabe de que la Iglesia de Montegrande es uno de los atractivos de la arquitectura religiosa del Valle de Elqui más interesantes, simbólicos y necesarios de conocer.

1 comentario:

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