miércoles, 28 de junio de 2017

LA ERMITA DE UNA VIRGEN PROTECTORA EN LA CUESTA EL MELÓN

Coordenadas:  32°36'36.12"S 71°14'17.57"W
La Ruta E-47, correspondiente a la vía de la Cuesta El Melón, por mucho tiempo fue la conexión de la arterial Ruta 5, entre los dos tramos ahora unidos por el túnel del mismo nombre. Son unos siete kilómetros de caminos sinuosos bordeando laderas, acantilados y barrancos que, sin embargo, permiten una maravillosa vista panorámica del paisaje de la Provincia de Quillota y sus distantes deslindes.
Lugar peligroso y trágico, algo siniestro en ocasiones, la cuesta surgida de antiguas rutas coloniales ha sido escenario de varios accidentes mortales de vehículos ligeros o pesados, hasta nuestros días. A veces se habló en la zona también de hechos sobrenaturales, apariciones de ovnis, fantasmas, seres fantásticos y hasta el Diablo, existiendo -de hecho- una localidad llamada Duendes no lejos de allí, junto al Estero Catapilco. Ya hacia 1820, el viajero inglés Peter Schmidtmeyer había descrito estas comarcas como un lugar tan hostil y agreste semejante a las montañas Argyllshire de Escocia. Por su parte, Benjamín Vicuña Mackenna se refirió a la cuesta en su obra "De Valparaíso a Santiago" de 1877, como un teatro de conocidos salteadores y de difícil tránsito en "malos rodados y peores caballos". El mismo escritor la señala, sin embargo, como la "verdadera línea de separación entre el Norte y el Centro de Chile".
Era esperable que la protección divina acabara siendo invocada allí, en el credo popular de los viajeros, camioneros y transportistas en general. Así encontró lugar su propio y humilde sitio, oratorio de fe y de confianza en las manos de la buena voluntad, extendida desde lo alto.
Intentando exorcizar los temores y los riesgos, entonces, justo en donde está el límite de las comunas de Zapallar y Nogales (divisoria provincial, además), punto desde donde sale uno de los senderos de tierra hacia el costado del cerro empalmado al camino principal asfaltado, se encuentra en la cuesta una curiosa y rústica ermita colmada de placas patentes viejas, agradecimientos, ofrendas e imaginería religiosa, conocida como la Virgen de la Cuesta. Se la observa hacia el centro de la Cuesta el Melón aunque no aún en sus partes más altas. Por su presencia, este mismo sector es llamado La Virgen, justamente, aunque muchos la confunden con una animita funeraria corriente que creció más de lo habitual.
Este galpón con toscos altares interiores, es parada obligada de los choferes más devotos. La figura venerada aquí es Nuestra Señora de Andacollo, advocación de la Virgen María bastante popular entre los camioneros y conductores de buses en este lado del país, pero especialmente entre mineros y los trabajadores de la tierra en general. Ha sido objeto de devociones por más de cuatro siglos en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, en la Región de Coquimbo, con dos concurridas fiestas patronales cada año en esta localidad.
La elección de esta Virgen en particular para el resguardo de los viajeros de la cuesta, puede ser un remanente del auge del trabajo minero y extractivo de caliza que existe en esta zona, particularmente en torno al adyacente pueblo de El Melón, que da nombre a la cuesta y a la conocida compañía cementera que opera allí desde inicios del siglo XX, atrayendo en su momento a muchos trabajadores de otras localidades del país. De ahí el nombre de la localidad de La Calera (depósito de cal), además, desde donde salía el llamado "tren calero" de Cemento Melón hacia Santiago.
El entorno de El Melón también cuenta con yacimientos de cobre, extraído primero por la compañía minera Disputada de las Condes y luego por la Subdivisión El Soldado de la compañía Anglo American Chile. Cerca de allí, al pie del cerro Horqueta hacia el lado oriente y casi enfrente de la cuesta, hay una zona de extracción vecina a El Cobre y que ha sido bautizada Andacollo, de hecho, tal como el poblado sede del culto a la Virgen de marras.
No estaría claro el origen de la ermita, sin embargo, pero conozco un par de versiones al respecto. Según una de ellas, este sitio empezó como animita, recordando a algún transportista accidentado, así que algo de mortuoria podría tener en su origen después de todo. Con el tiempo, terminó siendo un hito devocional más amplio y de carácter mariano, debería concluirse en este caso.
Otra descripción que me ha llegado sobre su origen, hace suponer que habría surgido tras el fatídico terremoto de La Ligua del 28 de marzo de 1965, que arrojó sobre El Melón y otros caseríos del camino un trágico aluvión de aguas residuales mineras provenientes del reventado embalse de relaves de El Cobre, matando unas 300 personas y obligando a los escasos sobrevivientes a refugiarse en las alturas de estos cerros. Como la inmensa mayoría de las víctimas desapareció sin poder ser recuperados sus cuerpos, esta Virgen, de alguna manera directa o indirecta, los recordaría en la vecina cuesta.
No estoy seguro de la precisión en las descritas versiones, sin embargo, y me confunde un poco la presencia en el lugar de un gran candelabro de fierro forjado junto a la entrada de la caseta, en cuyas inscripciones con letras metálicas se lee la dedicatoria: "Ind. Venegas y personal de San Felipe a tus pies", que podría remontarse a sus orígenes o primeras décadas de la ermita. ¿Será, acaso, una de esas capillas populares que anticipan a los devotos la presencia y protección de un Santo Patrono, en el mismo camino hacia el poblado respectivo en donde se celebrará su fiesta?
Empero, claramente hay al interior de la ermita etapas muy anteriores a lo que vemos hoy exteriormente, con un altarcillo colmado de antiguas velas y lo que parece haber sido un templete ya en ruinas, además de paneles con ofrendas y patentes antiguas, de esas coloridas que antaño se vencían con la renovación del permiso, volviéndose desechables. El techado y las rejas del perímetro son, presumiblemente, posteriores a su origen, cuando ya se hizo popular entre los viajeros.
Si bien las placas patentes más antiguas que pueden verse acá son de la década del 80, la capilla de carretera se remontaría a los años 60, según opinión de algunos residentes de La Calera y Catapilco. Esto es cuando ya estaba bien terminada la carretera con asfalto que iba de Santiago hasta La Serena, pasando por acá hasta la construcción del túnel. La costumbre de poner patentes en animitas y altares populares a modo de ofrendas o agradecimientos parece ser posterior, lo que explica que las primeras patentes dejadas allí puedan ser de varios años después del origen de la ermita. También se pueden ver coloridos carteles de recorridos de microbuses locales entre las ofrendas.
Muchas banderas chilenas adornan la ermita y marcan la relación chilena indivisible de la fe popular con el patriotismo y el folklore. Además de las placas con agradecimientos por favores concedidos y milagros recibidos (el culto animístico siempre se impone entre nuestro pueblo, según parece), hay un retrato de la Virgen de Andacollo en el frente, "donado" por otra agradecida familia. Lo que me parece era un templito en ruinas, al interior, está lleno de flores, plantas vivas, imágenes religiosas y velas.
Se observan varias estatuillas del Cristo Crucificado, la Virgen del Carmen, San Sebastián, Santa Teresa de Los Andes, ángeles, reyes magos y más placas de agradecimientos empotradas en la estructura. Dentro del mismo conjunto abundan las guirnaldas e incluso un empolvado pino navideño, más las descritas placas patentes y carteles de recorridos de buses, acompañados por innumerables retratos de devotos fallecidos, dentro de marcos y cristal, con estampas religiosas y otros elementos propios de esta clase de tradiciones.
La última vez que estuve allí, además, en un día frío, había un perrito quiltro de color chocolate, malherido y refugiado intentando dormir en su interior, con una pata muy maltratada. Parece ser que vivía allí, porque alguien le dejaba agua y comida en la entrada de la ermita. Lamentablemente, no pudo ser ubicado después que puse en alerta a algunas almas caritativas sobre el estado del animal, aunque tenía collar advirtiendo que tal vez no era una mascota abandonada.
Desgraciadamente también, convocar fuerzas divinas en la Cuesta El Melón no ha librado a este camino montés de sus históricos peligros, incluso tras la construcción del túnel que permite saltárselo. Así lo revelan -más que la revisión de la prensa- algunas de las animitas que existen en las veras de la calzada. De hecho, han ocurrido accidentes graves exactamente en el tramo La Virgen, donde está la propia ermita, como un fatal choque frontal de camiones el 28 de mayo de 2010 y el volcamiento e incendio de otro camión el 1° de junio de 2012, que casi provoca también un desastre forestal a causa de las llamas.
A pesar de todo, la lealtad popular por la Virgen de la Cuesta no se reduce y, por esta razón, se detienen en ella conductores de la zona y los camioneros que deben pasar por el Kilómetro 113 de la Ruta 5, donde está la cuesta. Cuenta con uno de los sencillos espacios que sirven de aparcaderos del camino, relativamente cómodos para detenerse, por lo que no es raro ver vehículos de distintos tamaños estacionados allí mientras sus conductores hacen ofrendas, prenden ceras o se encomiendan a la Virgen dentro de la ermita.
La tradición del viajero acá, sin embargo, es dar un toque de bocina al pasar de subida o de bajada por la cuesta justo enfrente de la ermita, sin detenerse. La mayoría de los que transitan por allí parecen hacerlo, y varios también se persignan, confiándose a la divina providencia para el resto de lo que será su viaje no sólo por estas alturas, sino también hacia su destino, cualquiera sea, a través de esta gran carretera llamada Chile y cercada entre orillas de mar y montañas nevadas. Algunos tocan la bocina de ida en un viaje y regresan a poner velas de vuelta, además, sintiendo confirmada o cumplida ya su petición de seguridad y buen resultado.
El silencio de la Virgen es el que les responde a sus creyentes en tránsito, a través de un letrero con el simple y esperanzador mensaje: "Buen Viaje".

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