martes, 20 de junio de 2017

EL ÚLTIMO CHISTE DE CHICHO AZÚA

Chicho Azúa (1938-2009). Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
Chicho Azúa no resistía las ganas de bromear y convertir situaciones de todo tipo en chistes. No por nada, entre sus pares del humor y la comedia, fue identificado como uno de los mejores improvisadores del gremio de los cómicos nacionales. Prueba de ello es que casi no existen fotografías de él en la que no aparezca poseso de alguna de sus características muecas o haciendo alguna payasada, de esas que llenaban de risa cada ambiente en donde se hallaba.
Increíblemente, hasta sus últimos días de vida, hallándose en el que sería su lecho de muerte, el comediante no resistía esas ganas de cometer bufonadas y chacotear, a veces desafiando las sensibilidades y raspando lo macabro.
Nacido en Antofagasta el 16 de abril de 1938, Carlos Edmundo Azúa Torres se inició muy joven en clubes bohemios de la edad dorada del género revisteril y de los show humorísticos en Chile, dando los primeros pasos de los que serían casi 50 años de actividad en el rubro. La mujer de su vida fue Flor María Arriagada, su esposa, con la que contrajo matrimonio el 9 de enero de 1965 y con la que tuvo tres hijos: dos niñas y un niño.
Hombre de pequeño tamaño pero muy hiperquinético, Chicho debutó en actividades de caricato y al parecer algo de fonomínica, habiendo mucho de payaso y gesticulación exagerada en su muy característico estilo. Fue especialmente diestro, entonces, en la representación de personajes inquietos, colmados de muecas y tics nerviosos casi neuróticos.
Chicho era casi un remolino de risas en todas sus presentaciones. Su habilidad para improvisar e interactuar con el público era, probablemente, de las mejores entre los últimos maestros con este manejo actoral. Curiosamente, esta forma de humor no es muy propia de las preferencias chilenas, donde se prioriza lo que es gracioso subjetivamente más que en la forma y la actuación bufa, pero el comediante era tan talentoso en esta modalidad de las exageraciones y los gestos absurdos -respaldados por buenos contenidos-, que realmente funcionaban.
En vivo, se mostraba particularmente ingenioso también alargando un mismo chiste con varios finales consecutivos o "encadenándolos", en lugar de contarlos por separado. En uno donde se refería a un supuesto examen a la próstata, por ejemplo, decía que el médico le había metido dos dedos en vez de uno, y desde allí salía la historia:
- Pero Doctor, ¿por qué dos dedos y no uno?
- Perdóneme, es que quiero una segunda opinión.
(Risas)
- Pero Doctor, ahora me molesta su anillo.
- Disculpe, pero no es mi anillo... Es la correa del reloj.
(Más risas)
Parece haber sido su reclutamiento en las compañías de Mino Valdés y de Daniel Vilches lo que le lleva a tocar la fama, pasando por el género en famosos clubes como el del Teatro Ópera y su mítico "Bim Bam Bum", y más tarde a la televisión, acompañando el elenco de ambos comediantes en programas como "El Festival de la Una" de Televisión Nacional y "Sábados Gigantes" de la Estación de la Universidad Católica. Como su colega Guillermo Bruce, además, destacaba en vivo por su destreza en el rol de "bandejero" de las rutinas, donde el remate de cada chiste quedaba en el principal del guión.
En su juventud. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
En el escenario, como caricato. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
Presentándose con Mino Valdés en una rutina conocida como "El Padrino", parodia del filme homónimo. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
Hombre puntual, muy profesional y estudioso de sus libretos, también era muy querido en el gremio artístico por su solidaridad y generosidad, participando entusiasta en todos los actos y espectáculos a beneficio de algún compañero de tablas.
En sus actividades televisivas de los 80, hace popular a un odioso personaje infantil: un insufrible "cabro chico" llamado Chichito, con una peluca desparramada, pantalón de tirantes y una insoportable insolencia. Aparece con esta caracterización en sketches famosos como "La Escuelita" y también en "El Restaurante" de Valdés en "Sábados Gigantes", cuando la época de prosperidad de la revista y del clásico teatro humorístico ya habían terminado.
Sus presentaciones con compañías itinerantes, siempre elegantemente y de humita, tenían la misma energía que en sus mejores tiempos. Nunca perdió su capacidad de improvisar y de interactuar con el público, de manera asombrosamente ágil, mezclando libretos con lo que se le viniese a la cabeza en el momento si la oportunidad se daba. Cuando alguien entre la audiencia de los teatros lo molestaba o le gritaba algo, por ejemplo, Chicho comenzaba a lanzarle su artillería más o menos así:
- ...Miren, les cotaré algo... Una vez me metí con una guatona fea, horrible, hedionda y terminé con ella casi apenas empezamos. La muy malvada me dijo que, por haberla dejado, iba a tratar de tener un hijo al que iba educar para que siempre, en todas partes, me siguiera, me molestara y me jodiera las presentaciones... Bueno, ahí está; ése es el huevón.
También era reconocido en sus apariciones en vivo por sus talentos como presentador, intermediario (amenizar entre bloques) y como contador de chistes, pero siempre mezclando libretos con adaptaciones que hacía en el momento de sus rutinas si la ocasión se lo permitía, dosificando también lo picante de muchos de sus contenidos.
Comediante innato y particularmente histriónico, exploró también áreas diversas, no sólo las tablas de los antiguos teatros del vodevil chileno, sino también por programas radiales y cine: fue el encargado de encarnar al famoso personaje de Percy en el filme humorístico en formato video "Pepe Antártico" y después actuar en la parodia humorística "El sapo canta hasta morir", en los años 90.
Con esos mismos personajes llega después  al programa del canal Mega "Morandé con Compañía", centro de reencuentro de grandes estrellas de los años luminosos de las candilejas humorísticas. Ya convertido en un hombre maduro, pero aún peinado tapando su creciente calvicie y tiñendo sus canas, Chicho parecía no perder la infatigable energía que siempre lo acompañó en sus actuaciones.
Sus participaciones en "La Escuelita" del mismo programa de Kike Morandé incluían representar a Chichito pero en una modalidad aún más insoportable: un mocoso colmado de muecas y tics, parecidas a las del Síndrome de Tourette, pero con connotaciones exageradamente burlonas y, en algunos casos, pícaramente sexuales, con gestos de sugerencia picante. "Tí señorita, tí" era su frase característica en estas rutinas.
A la izquierda, con el humorista argentino Tristán (Díaz Ocampo).  A la derecha, con el trovador Juan Luis Guerra, fingiendo tener menos altura al lado del cantante. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
En los años 90, con promocionales del video humorístico "El sapo canta hasta morir", atrás suyo. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
Con su amada esposa, Flor María. Compañera de toda su vida. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
Allí compartió escenario con viejos estandartes de su época revisteril y de su generación, como Paty Cofré, Eduardo Thompson, Daniel Vilches y Jorge Franco. Cuando este último enfermó gravemente del malvado cáncer hepático que lo llevaría a la tumba, Chicho se hizo presente prácticamente a diario en el hospital donde se hallaba internado, llegando un día de Navidad disfrazado de Viejo Pascuero, inclusive.
Los chistes subidos de tono siempre acompañaron las rutinas de Chicho fuera de la televisión, por cierto. Uno de sus más famosos hablaba de dos malabaristas, Manolo y Coco, a los que les había afectado mucho la mala situación económica. Una vez, estando en Arica, Coco le dice a Manolo (parental advisory: lenguaje altamente soez, para que se arrepientan a tiempo de continuar la lectura):
- Amigo, hagamos algo, tengo una idea. Empecemos a ofrecer un show de trapecio en el que tú te das dos vueltas, caes sobre mí y me chupas las corneta colgando.
- ¿Cómo se te ocurre? -Contesta Manolo, enojado y ofendido- ¿Piensas acaso que me gustaría eso? Olvídalo.
- ¡Pero hombre!, déjame comprar una corneta de goma, la maquillamos y a esa altura nadie del público notará que es falsa.
El cuento sigue con que Manolo medita un tiempo la propuesta y acepta. Comienzan así una gira hacia el Sur del país y resulta sumamente exitosa, con lleno total en cada evento. Pero, cuando iban llegando a Puerto Montt, Manolo le pide un favor a su colega:
- Mira, Coco, seguiré haciendo este show pero, por favor, échale una lavadita a la corneta de goma...
- ¿Corneta de goma? -pregunta Coco- ¿De cuál hablas? ¡Si esa huevada ya se me perdió en Antofagasta!
Todo este período fue un segundo aire de enorme popularidad para Chicho, etapa de su vida en la que, además, fue nombrado con el título de Hijo Ilustre de Antofagasta, en reconocimiento a su carrera nacional e internacional, existiendo hasta hoy una imagen suya en las exposiciones del museo de esta ciudad, junto a otros antofagastinos destacados. Su dilatado medio siglo de carrera le había llevado ya no sólo a recorrer Chile en numerosas ocasiones, sino también a realizar presentaciones en Argentina, Perú, Ecuador, Colombia y varias ciudades de los Estados Unidos y de Europa.
Sin embargo, nadie sabía que la muerte estaba creciendo vorazmente dentro del pequeño gran hombre. Su súbita desaparición de la televisión en diciembre de 2008, hizo correr algunas especulaciones y sospechas que él mismo se encargó de aclarar a mediados de ese mes, en un programa de Chilevisión: el día 1° había sido diagnosticado de un agresivo cáncer al colon, en estado terminal y sin posibilidades médicas de recuperación.
En un duro mes, el convaleciente humorista había perdido ya 20 kilos y quedó postrado en una cama. Sin embargo, su único y dramático mensaje era: "Quisiera que la gente se acordara de mis personajes" ("El Mercurio" online, 17 de diciembre de 2008).
En el recientemente desaparecido casino Trump Taj Mahal del Atlantic City, en New Jersey, en 1994. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
El personaje Chichito. Fuente imagen: Página Facebook de Chicho Azúa.
En la carpa de Daniel Vilches. Fuente imagen: Fotech.cl.
La sonrisa inextinguible de Chicho Azúa. Fuente imagen: Chilecomparte.cl.
En esta penosa situación, fue un día a visitarlo su colega de tantas batallas de la revista y la historia del humor chileno, la querida Paty Cofré, sin saber que iba a ser víctima de una de sus últimas pero incontenibles bromas, que hicieron identidad y característica en Chicho Azúa. Ella contaría los detalles de esta experiencia en televisión en un par de ocasiones, poco después. Sucedió que la pobre Paty, muy acongojada, se acercó a la cama con su delgado y agonizante amigo allí tendido, desahuciado y sólo a la espera de su irreversible hora.
- Paty, querida... Estoy en las últimas, amiga... En las últimas -le dijo Chicho.
Paty Cofré, que ya había visto partir a tantos compañeros de trabajo y grandes de la comedia y la revista chilenas, como Mino Valdés, Jorge Franco, Eduardo Aránguiz, Helvecia Viera y Eduardo Thompson, trató de mantener la compostura y el falso optimismo frente al pésimo pronóstico médico:
- ¡Pero Chicho! -confesó haberle dicho- ¡Debes mantener las fuerzas y la fe en los milagros, Dios te puede conceder uno...
Y Azúa, a continuación, sacó de su cama un ejemplar del periódico "Las Últimas Noticias" donde aparecía una nota sobre su estado de salud, mostrándoselo a Paty y diciéndole:
- ¡No, tonta!... Mira: estoy en "Las Últimas Noticias".
Por su parte, Patricia Maldonado comentó que fue visitarlo un día, cuando ya se encontraba hospitalizado en sus últimas semanas de agonía. En aquella  ocasión, unas palomas se pararon en la ventana de su habitación, pero Chicho le dijo desde su cama a la cantante y conductora, que en realidad eran "buitres" que llegaban todos los días a preguntarle mirándolo a los ojos: "¿Yyyy...? ¿Cuándo?".
Chicho, conservando ese humor hasta el último momento, falleció rodeado de su bella familia a las 8:30 horas del viernes 16 de enero de 2009, a los 70 años de edad y poco después de un mes tras habérsele diagnosticado el cáncer.
Justo se le había preparado un acto-homenaje para el domingo siguiente en el Teatro Teletón, por varios otros comediantes y artistas entre los que estaban José Alfredo "Pollo" Fuentes, la Sonora Palacios, Germán Casas, Wildo, Peter Rock, Cristóbal, Willy Sabor, Adriano Castillo, Pacho del Sur, Fernando Alarcón y Ricardo Meruane. "Quiero un homenaje en vida para morir en paz", había alcanzado a confesarle a los reporteros del diario "La Cuarta" (7 de enero de 2008). El humorista Palta Meléndez, que era parte del mismo espectáculo, contó a los reporteros en las exequias que, sólo unos días antes de morir, Azúa le había dicho que se haría presente en su homenaje valiéndose de asistencia médica, pero que si se caía fallecido en el teatro, le hicieran un "malteo" al muerto allí mismo, sobre el escenario.
Fue despedido en la Iglesia de la Asunción de avenida Vicuña Mackenna con Marcoleta, la misma donde dos años antes había recibido su último adiós su colega humorista Carlos Helo. A su velorio y sus funerales, dirigidos por el capellán de los artistas Juan de la Cruz Suárez, asistieron aquel día sábado varios compañeros de trabajo y amigos del mismo rubro, como los humoristas Oscar Gangas, Dino Gordillo, Daniel Vilches, Paty Cofré, Charola Pizarro, Jajá Calderón, los Atletas de la Risa y la vedette y actriz Tatiana Merino, entre muchos otros. En el camino hacia el Parque del Recuerdo, el cortejo recibió una lluvia de pétalos de flores, como homenaje de las pergoleras. Andrea, hija del humorista, le dedicó estas palabras de despedida:
"Papito, yo sé que estás aquí, quiero darte las gracias por todo lo que nos entregaste y sé que lo vas a seguir entregando, porque vas a estar a nuestro lado siempre".
El homenaje en el Teatro Teletón se hizo de todos modos aquel 18 de enero, pero ya sin la presencia y las risas de Chicho Azúa, contemplando el cariño del público y de sus compañeros artistas desde algún lugar, al otro lado del umbral.

4 comentarios:

JP dijo...

Te pasaste, que pedazo de crónica y cuantos recuerdos!! Cómo cuando lo vi en una Yein Fonda, y desde la apertura era una cagadero de risa increíble. Cracks del siglo pasado.

Gracias por la crónica Cris!

azuax dijo...

Estimado, muy agradecido y emocionado por la nota. Completa, exacta y llena de detalles como es tu estilo. Sólo una observación, la hija se llama Andrea, no Paula.
Gracias!!!

Andrea Azua dijo...

Estimado, quiero agradecer a nombre de mi familia el artículo que has publicado, el gran sueño de mi padre es que nunca lo olvidaran por lo cual tu gesto se suma al de muchos que lo mantienen en sus recuerdos con cariño y admiración.
Mil gracias por mantenerlo siempre vivo entre nosotros.
Andrea Azúa
(hija de Chicho)

Criss Salazar dijo...

Muchad gracias a Ud, Andrea. Y gracias tambien por la observacion del nombre. Ya esta corregido.

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