sábado, 20 de mayo de 2017

UNA CRÓNICA PARA EL 21 DE MAYO: ALGUNOS DATOS ACLARATORIOS SOBRE EL FAMOSO SALTO DEL CAPITÁN PRAT AL "HUÁSCAR"

Primer diseño presentado para el Monumento a Arturo Prat de la Plaza Sotomayor de Valparaíso, por el escultor francés Denys Pierre Puech. El héroe aparece acompañado del Ángel de la Gloria, que lo corona. La imagen está en el Museo Naval de la ex Aduana de Iquique. Un diseño muy parecido fue usado por el artista en otras obras suyas, como el Monumento de Leconte de Lisle del Jardín de Luxembourgo, en París.
Frecuentemente en nuestra época, ésta en donde el determinismo online ha dejado de lado los esfuerzos de la fundamentación a nivel de divulgaciones populares, podemos verificar cómo los hechos pasan a ser relativizados con procesos culturales que -en apariencia- podrían ser tomados por espontáneos y connaturales, so pretexto de adoptar visiones nuevas, revisoras o anticonservadoras.
No cabe duda de que hay instancias de estas últimas categorías, que sí han sido aporte a la historiografía y la programación cultural chilena; a las ciencias sociales en general. Pero en la proximidad de las celebraciones de este 21 de mayo, quiero enfocarme acá en aquellas que, pretendiendo ser tales, no lograrían pasar la prueba de blancura, pues sólo pertenecen a exhibiciones comunicacionales o intelectuales inspiradas en meras inclinaciones viciosas, a veces incluso en la herofobia, en el ajuste a un discurso y en los infaltables sesgos del mal relato histórico.
Aun aceptando que la objetividad sólo se cumple en las matemáticas, muchas veces el heroísmo del Capitán Arturo Prat ha tratado de ser pasado por esta misma licuadora, generalmente acogiendo mitología y folklore nacido desde el nacionalismo ajeno y herido por la misma Guerra de 1879 en que se diera la epopeya de la "Esmeralda" en Iquique. Pasean estos juicios por infantilismos tales como llamar peyorativamente "el marino" a Prat, suponer que murió golpeado con un sartén en la cabeza por un cocinero peruano del "Huáscar", o por la metralla que se hacía desde la propia "Esmeralda"; pero muy especialmente, en la fábula de que no saltó a la cubierta del monitor enemigo, sino que "se cayó" accidentalmente en su cubierta, entre otras racionalizaciones y alivios a las quemaduras de la pasión patriota.
No me corresponde proponer alguna clase de tesis al respecto, por supuesto, pero sí me permitiré comentar algunas observaciones sobre la muerte del Capitán Prat y su famoso abordaje del monitor "Huáscar", ya que la totalidad de las mismas visiones pretendidamente críticas están basada en grandes desconocimientos o directamente en fantasías, más relacionadas con la fe en el discurso que con los hechos, especialmente entre los que han caído posesos del sentimiento entreguista tan propio de la posmodernidad.
Combate Naval de Iquique, en el cuadro de Thomas Somerscales.
EL SALTO Y LA CARICATURA DE LA CAÍDA "ACCIDENTAL"
Partamos con la situación concreta del cuestionamiento del heroísmo de Prat en su famoso y épico "salto" al buque enemigo, que en realidad fue un abordaje, en términos más técnicos; o digamos -más bien- los caminos que se han tomado entre los iconoclastas de diario mural para intentar relativizar y minimizar el poder de esta escena histórica.
La primera es asegurar (con las únicas pruebas de la imaginación fecunda) que Prat "se cayó" en la cubierta del monitor durante un espolonazo del "Huáscar". Es decir, su abordaje al mismo habría sido totalmente accidental y no planificado. La segunda es tratar de sentar la burla de que se arrojó solo, sin nadie que lo secundara, "observación" que ha dado más argumento a chistes escolares que a trabajos realmente interesados en demostrar el burdo punto.
A estas creencias y otras parecidas -si es que se las puede llamar tales- han adherido como rémoras desde historietas gráficas de un conocido humorista financiadas por el Fondart (ojo: sólo un año antes de una polémica por cierta obra de teatro que ponía en entredicho la gallardía del mismo héroe, también financiada por este fondo), hasta el ladino deslizamiento de posibilidades por parte algunos profesionales de las letras pero no buenos conocedores de la historia militar ni, particularmente, de la historia naval. Por estos últimos, me refiero a algunos autores que han llegado al disparate de confundir los tiros de tarro de metralla o carga de fragmentación para evitar abordajes de naves, con armas de fuego contínuo como ametralladoras (interpretando mal el significado de metralla y ametrallar) en sus textos. No me haré cargo de corregirlos, por supuesto, pero confieso que también he sido testigo personal de cómo fue propagada una idea de estas por una rabiosa profesora de historia de militancia bastante definida, hace pocos años, siempre respondiendo con el anatema de "derechista" y "conservador" cuando alguien refuta.
Vamos a esas versiones conservadoras de lo ocurrido el 21 de mayo de 18979 en Iquique, y que se ponen en duda: de acuerdo a los testimonios de observadores, sobrevivientes y testigos de la época, formalizados y quizás idealizados también en la versión oficial chilena, con el primer espolonazo del "Huáscar", al costado de babor de la "Esmeralda" y disparando su batería sobre cubierta, Prat saltó sable y revólver en mano, gritando en medio del ruido y el caos: "¡Al abordaje muchachos!". Otras versiones dicen que lo hizo con un arma de fuego y un hacha, lo que reforzaría más aún la idea de un abordaje de combate, aunque es raro que esta herramienta aparezca usada por un oficial. La escena es el símbolo trascendente y más repetido de toda la epopeya, siendo su pasaje más conocido: el salto de Prat.
Aquí ya encontramos una muy rumiada niñería, sin embargo: que Prat acabó saltando solo, como dijimos, pues nadie lo escuchó. El hecho es, sin embargo, que lo seguía adolescente corneta Cabrales Cabrales, el Sargento Juan de Dios Aldea y el marino Arsenio Canave. El rápido retroceso y los disparos permitieron que sólo Aldea quedara acompañando a Prat en cubierta, pero técnicamente formaba parte de una orden de abordaje que queda confirmada en los hechos que siguieron durante el siguiente espolonazo.
Que el corneta intentara saltar con Prat, pone en entredicho la "accidentalidad" del abordaje y confirma más bien que había intenciones reales de llevar el combate en la cubierta enemiga, pues el chico debía dar las instrucciones a la tripulación con su instrumento. Cabrales ocupaba el rol de "tambor", para referir instrucciones a través de códigos de ejecución instrumental, lo que significaba que en situación de zafarrancho de combate, debía permanecer al lado del comandante, explicándose por sí sola la situación, entonces. Lamentablemente, Cabrales murió casi al instante mismo de intentar el salto, fulminado por la metralla (la de ametralladora, que sí había en el "Huáscar"), sin alcanzar el buque acorazado ni completar la orden de abordaje con el toque de corneta.
Canave, por su parte, tiene rasgos de misterio no bien aclarados. Soldado de guarnición, saltó al final del grupo y quedó colgando de un cable o cabo del monitor, antes de caer al agua por el retroceso del "Huáscar", pero muchos no lo reportaron en los primeros informes o lo tomaron como héroe anónimo. Aunque en algún momento hasta se le dio por muerto, parece haber sido el único sobreviviente de los cuatro que respondieron a la orden, pues Prat y Aldea encontrarían su heroica muerte sobre el navío. No obstante, otros estudios se inclinan a creer que sí murió en la cubierta del "Huáscar", como el artículo "¿Hugo un segundo tripulante que acompañó a Arturo Prat en el primer abordaje el 21 de mayo de 1879?", del Ingeniero Naval don Germán Bravo Valdivieso, publicado en 2009 por la "Revista de Marina". Ciertas versiones que lo dieron por vivo, dicen que incluso formó parte después de la dotación del "Huáscar" ya con bandera chilena, por curiosa ironía.
Volviendo al combate de 1879, al acercarse el segundo espolonazo del "Huáscar", alentados y conducidos por el Teniente Ignacio Serrano, saltarán con él, ahora, los marinos Benjamín Reyes, Agustín Oyarzún, Santiago Romero, Luis Ugarte y Agustín Coloma; el fogonero Francisco Ugarte; el Capitán de Altos José María Rodríguez; los timoneles Elías Aránguez y y Eduardo Cornelio; el soldado José Domingo Díaz; y los grumetes Santiago Salinas y Luciano Bolados. Aunque todos ellos perecieron fulminados en la cubierta, la intencionalidad del abordaje es evidente, a diferencia de los imaginativos que prefieren suponer a los chilenos de la "Esmeralda" como un montón de palitroques cayendo hacia el monitor en cada golpe del mismo contra la corbeta.
El tercer y último espolón ya será a la corbeta inclinada y moribunda, dando trágico fin a más de sus hombres con las mortales descargas. Los últimos segundos del buque, tras cuatro horas de lucha sin arriar bandera clavada en el palo de mesana, son con la banda tocando el himno nacional y el Guardiamarina Ernesto Riquelme tirando el último cañonazo, ya casi a nivel del agua.
Hasta aquí la versión conocida del Combate Naval de Iquique... Pero veremos que la caricaturización de la muerte de Prat es algo que comenzó casi al instante mismo en que el episodio llegó a la capital peruana y al ardor de las pasiones de la guerra. Se puede entender, sin embargo, que los periodistas peruanos cargaban con la urgencia tanto de minimizar el heroísmo del enemigo chileno como diluir ante la opinión pública la gravedad de haber perdido el buque "Independencia" persiguiendo a la "Covadonga" en los bajos de Punta Gruesa, gracias a la astucia de Carlos Condell.
Esta tensión, pues, se traspasó a las imprentas... Y desde ahí al relato.
"Prat guiado al sacrificio guiado por el genio de la Patria", cuadro de Cosme San Martín. Obra al óleo de 1883.
LA PRENSA, LOS TESTIMONIOS Y LOS PARTES OFICIALES
Aunque la prensa centralista de Perú hizo eco de las descritas versiones que intentaron opacar el heroísmo de los chilenos de la "Esmeralda", las palabras del periodista peruano del diario "La Patria", Benito Nieto, publicadas a las pocas horas de los hechos, eran las siguientes:
"Lo último que desaparece en las aguas es el pabellón chileno. No se oye el más leve grito, ni clamor alguno. Todo permanece mudo, tétrico, pavoroso. Nos tiene anonadados el horror de la tremenda escena".
Otro cronista peruano, el periodista Modesto Molina, testigo de los hechos y redactor de una extensa descripción de lo sucedido en el diario "El Comercio" de Iquique, al día siguiente del combate, no se guarda admiración por el desempeño de los chilenos, aunque expresando algunas imprecisiones que son propias de la ansiedad de toda noticia fresca:
"...el comandante Prat de la Esmeralda, saltó, revólver en mano, sobre la cubierta del Huáscar, gritando: al abordaje, muchachos! Lo siguieron un oficial Serrano, que llegó hasta el castillo, en donde murió, un sargento de artillería y un soldado. Todos estos quedaron en la cubierta muertos".
La presa chilena, por supuesto, exaltó con grandilocuencia el sacrificio de Prat y los otros héroes, como "El Independiente" del 31 de mayo, en artículo del cronista Zorobabel Rodríguez titulado "El combate legendario":
"Vanamente repasamos los anales de las guerras antiguas y modernas buscando comparaciones: iguales encontraremos algunos, ninguno superior. El comandante Prat, al saltar sobre la cubierta del Huáscar, subió de un paso a las inaccesibles alturas en que brillan los héroes, mostrando a cuantos aquí a abajo arrastramos el fardo de la existencia, entre la esperanza y el desaliento, cayendo y levantando como se lucha y se muere y se ganan los lauros inmortales".
En tanto, el parte preparado por el comandante de la "Esmeralda" (en reemplazo del fallecido Prat), el Teniente Luis Uribe, con fecha de ese mismo 21 de mayo y dirigido a la Comandancia General de Marina de Chile, decía en uno de sus párrafos:
"El capitán Prat, que se encontraba sobre la toldilla desde el principio del combate, saltó a la proa del Huáscar, dando al mismo tiempo la voz de abordaje".
El mismo Uribe comentará después, el 15 de junio, en carta a su tío:
"Como Ud. sabrá, el capitán Prat saltó a la cubierta del enemigo, y murió allí como un héroe. Yo me encontraba en el castillo de proa, desde donde vi caer muerto a nuestro valiente comandante. Inmediatamente me fui al puente y tomé el mando del buque".
Al día siguiente, el sobreviviente de origen chilote, Teniente Francisco Sánchez Alvaradejo, escribe lo siguiente, reafirmando la intención de Prat y los hombres de la "Esmeralda" de abordar el "Huáscar":
"El valiente comandante Prat abordó al enemigo en el primer espolonazo, que tuvo lugar más o menos, a las once y media A.M., y nuestro buque desapareció de la superficie, a la una y media P.M. con poca diferencia. Se deduce de aquí que nos hemos batido sin nuestro comandante, con poca diferencia, dos horas.
Cuando recibimos el primer choque, habíamos perdido poca gente, y el Huáscar se retiró con tanta precipitación, que a pesar que lo recibimos en la aleta de la guardia de bandera, que está formada en la toldilla, precisamente en el lugar del espolonazo, solo uno que fue el sargento alcanzó a saltar. Muchos dirán ¿cómo es que no se tomó alguna providencia para asegurar el abordaje? En la guerra marítima el combate con espolón era casi desconocida..."
Es preciso corregir en parte al autor, sin embargo. Aunque el espolón había sido olvidado en el combate, lo cierto es que Heródoto ya menciona su uso en batallas navales de los siglos V y VI antes del Cristo. Fue recuperado en lides del siglo XIX como la Batalla de Hampton Roads, en el que el CSS "Virginia" usó y hundió con su espolón al USS "Cumberland", en marzo de 1862. Fue precisamente por las noticias de este combate naval que Perú solicitó las características específicas del "Huáscar" a los astilleros británicos de Laird Brothers, tres años después.
Veamos cómo prosigue su carta Sánchez:
"En medio de ese inmenso eco del combate, de los gritos de los heridos, etc., nuestro comandante tuvo la inspiración de abordarlo, y acto continuo dio la voz de 'al abordaje', voz que no fue oída sino por los que estaban muy cercanos. Abordar al Huáscar en esas circunstancias era una empresa imposible. La sangre fría que hasta en esos momentos manifestó el comandante Prat, le hizo concebir la sublime idea de morir como hay pocos ejemplos de tanto heroísmo, en la cubierta del enemigo, y acto continuo saltó, viéndolo un momento después caer con su espada en mano al pie de la torre".
Y, a pesar de las pasiones solidarias pro-aliadas con las que -en un primer momento- se tomó en Argentina la noticia del hundimiento de la "Esmeralda", el editor Héctor F. Valera publicó en el periódico "La República" del 17 de junio, en Buenos Aires, la elogiosa nota "Heroísmo Americano", donde leemos:
"En presencia de la conducta sublime, en el heroísmo, en la resolución y su valor, del comandante Prat de la corbeta Esmeralda, tenemos también una palabra entusiasta de admiración, en favor de un hombre que ha sabido ser héroe y mártir, glorificando su patria con subliminalidad de su martirio.
No son los chilenos quienes lo dicen: son por el contrario, los mismos peruanos, a cuyas manos ha muerto el intrépido Prat, quienes ponen la corona sobre su frente, con una hidalguía que mucho realza el carácter de la nación peruana.
Viéndose perdido el joven marino, antes de sumergirse con su buque, que ya se iba a pique, salta sobre la cubierta del Huáscar revólver en mano, dispuesto a matar al primer enemigo de su patria que en el camino encuentre".
Varios observadores independientes de los hechos, como el Vicecónsul de Gran Bretaña en Iquique, Maurice Jewell, también dejaron una versión bastante clara sobre lo sucedido aquella jornada en el puerto. Así se expresa en carta a su hermano Ralph, fechada sólo dos días después del Combate Naval:
"El capitán, en el último momento, trató de abordar al Huáscar y consiguió saltar sobre cubierta, matando a un teniente y siendo ultimado él mismo.
Su nombre era Prat, uno de los hombres más simpáticos que he conocido.
Si algún hombre ha merecido una estatua por su valor, Prat la merece".
Ese mismo día 23, autorizado por sus captores, el sobreviviente de la "Esmeralda" el Guardiamarina Vicente Zégers, escribía a su padre:
"Entre las víctimas tenemos que lamentar a nuestro valiente comandante Prat, que fue el primero en saltar al abordaje".
Poco después, en una segunda y más extensa carta del día 28, Zégers informaba ahora con mayor detalle:
"Pocos instantes después, y a pesar de habernos movido lo que la máquina nos permitía, sentimos un choque horrible que el Huáscar daba a la Esmeralda en la parte de popa a babor; al mismo tiempo el comandante gritó: 'al abordaje, muchachos!' precipitándose él, el primero sobre la cubierta del enemigo; mas, desgraciadamente, la voz no fue bien oída, y el Huáscar mandó atrás inmediatamente, y nadie más que él se desprendió, no alcanzando a pasar nadie más que él y el sargento de la guarnición que era el que estaba más inmediato".
Lo mismo informa a su propio padre, el también sobreviviente Arturo Fernández Vial, futuro fundador de la Asociación Atlética Nacional y cuyo nombre ostenta un importante Club Deportivo:
"Entre los muertos está nuestro valiente capitán Prat; murió al pie de la torre del Huáscar, y fue el primero en el abordaje".
Y también Juan Cabrera Gacitúa, por carta del 29 de mayo, estando aún prisionero:
"El bravo capitá Prat, tomando una resolución heroica, gritaba: 'al abordaje muchachos', y saltaba sobre la cubierta del Huáscar acompañado por los soldados de la guarnición que fueron los únicos que pudieron hacerlo por la rapidez con que se separaron los buques".
Lo mismo reportaría Antonio Wilson el 14 de junio, en carta que escribe estando todavía en Iquique:
"Este primer espolonazo no nos hizo gran cosa; sólo fue notable por haber saltado a la cubierta del Huáscar nuestro bravo comandante Prat con dos más, dando antes la voz de ¡al abordaje! la que no se oyó a tiempo por disparar en esos momentos nuestra artillería, y haberse retirado el Huáscar inmediatamente después. Después de algunos pasos que dio el comandante, tuvimos el dolor de verlo caer junto a la torre".
Y para despejar dudas, veamos qué decía el propio Almirante Miguel Grau, en el parte que había enviado a la Comandancia General de la Primera División Naval, el 23 de mayo, donde nos encontramos con el siguiente párrafo escrito de su puño y letra:
"Finalmente, emprendí la tercera embestida con un velocidad de diez millas y logré tomarla por el centro. A este golpe se encabuzó y desapareció completamente la Esmeralda, sumergiéndose y dejando a flote pequeños pedazos de su casco y algunos de sus tripulantes. Eran las 12:10 P.M. El comandante de ese buque nos abordó, a la vez que uno de sus oficiales y algunos de sus tripulantes; por el castillo y en la defensa de este abordaje, perecieron víctimas de su temerario arrojo".
Luego, en sus célebres cartas a la viuda de Prat, doña Carmela Carvajal, fechadas el 2 de junio de 1879 en Pisagua, Grau le comenta muy sentidamente:
"...su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue, como Ud. no lo ignorará ya, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria".
Como podemos concluir luego de leer todas estas referencias a la muerte del héroe chileno, entonces, la versión de que Prat cayó "accidentalmente" y no como el inicio de un intento de abordaje, además de desajustada a los testimonios de los protagonistas, es posterior a las descripciones expuestas y perteneciente a personajes que no fueron testigos directos del gran suceso de Iquique en 1879.
Veremos, a continuación, de dónde procederían tales creencias.
Busto de Prat en Plaza Juan XXIII de Providencia, Santiago.
SPILA Y CAIVANO: VERSIONES OPUESTAS DE DOS ITALIANOS
En 1883, el sacerdote franciscano italiano Fray Benedicto Spila de Subiaco, agregado del colegio de misioneros de Chillán y residente en Chile desde 1871, se refería con desprecio y rudeza a las descripciones tendenciosas de los hechos que circulaban ya en Perú. Todos sus descargos lo hace en una obra titulada "Chile en la Guerra del Pacífico", publicada en Chillán por su propia iniciativa. Esta obra de una sola edición, estaba prácticamente olvidada hasta que fue republicada en versión facsimilar en nuestra época, por Ediciones Patria Nuestra.
Veamos qué dice Spila sobre las comentadas versiones de la propaganda aliada de entonces:
"Los escritores peruanos de Lima hicieron prodigios de habilidad para quitar a los denodados de la 'Esmeralda' el mérito de su admirable valor, asegurando que Prat, así como los que siguieron al audaz abordaje, habían caído involuntariamente sobre el puente del 'Huáscar' cuando éste se lanzó con el espolón contra la gloriosa corbeta.
Podemos disculparlos: el combate de Iquique referido en toda su verdad, habría sido de funestas trascendencias en el ejército peruano; de modo que era prudente desvirtuarlo para evitar los efectos que habría naturalmente producido".
A mayor abundamiento, se sabe que incluso hubo festejos en Perú por lo ocurrido en Iquique, algo incomprensible para una mirada más estratégica y realista sobre las consecuencias que iba a tener lo sucedido, especialmente por la pérdida de la "Independencia". Ya me he referido en otra entrada de este blog, también, cómo la noticia tuvo efectos diplomáticos en Argentina en lo que, a la larga, sería la salida de la nación platense del pacto de alianza con Perú y Bolivia contra Chile, que en ese momento sólo esperaba su aprobación del Senado en Buenos Aires.
Si bien Spila disculpa a los publicistas peruanos por estas acciones de propaganda de guerra (que historiadores posteriores y entreguistas chilenos han tratado de acoger como hechos), Spila fustiga enérgicamente en contra de su compatriota el historiador Tomás Caivano, quien había escrito -en lo que, en principio, habría sido un encargo del propio Gobierno de Perú- un famoso libro doble de 1882, titulado "Historia de la Guerra de América", en pleno conflicto. Esta obra, con cerca de 20 reediciones, ha sido almohada y cabecera de muchos historiadores posteriores del nacionalismo peruano, aunque es frecuente que intenten decorar o retocar su lenguaje cargado en desprecios del autor hacia Chile, contrastado con su exagerada adulación a las fuerzas peruanas.
Dice allí Caivano, acogiendo la versión al paladar de las circunstancias en el vecino país y con una notable inyección de charlatanería de su parte, que la muerte de Prat se habría dado en la siguiente situación casi teatral:
"Habiendo sucedido en la segunda embestida dada por el Huáscar a la Esmeralda, que el Comandante y un sargento de ésta cayesen de resultas del choque sobre el puente de aquel, (donde fueron muertos por los marineros cerca de los cuales cayeran, antes que el Comandante del Huáscar pudiera impedirlo) los chilenos pretendieron que no habían caído, sino saltado al abordaje. Y no contentos con esto, añadieron además, que en el momento en que la Esmeralda se fue a pique, al recibir la tercera embestida del Huáscar, su tripulación se hallaba toda preparada para correr también ella al abordaje, siguiendo el ejemplo de su difunto Comandante, y que solamente la celeridad con que se sumergiera su propio buque les impidió cumplir semejante propósito".
Hay tanta fantasía en estas afirmaciones, que hasta cuesta escoger por dónde empezar a refutarla. Incluso Caivano manifiesta creer que había marinos peruanos en la cubierta del "Huáscar" al momento de "caer" Prat y Aldea sobre ella, los que le dieron muerte, cuando en realidad ésta estaba desierta en operaciones de combate siendo casi imposible permanecer allí sin accidentarse o salir volando en una acción de golpe de espolonazo, salvo que llevaran botas con suelas de ventosas. Demás estaría extenderse, por cierto, en que ese archirrepetido comentario de algunos historiadores, incluso losde renombre, respecto de que el "Huáscar" estaba vacío y sin marinos peruanos en su cubierta casi como una casualidad, peca del desconocimiento de que la característica de los monitores en combate era precisamente esa: la tripulación no necesitaba estar en cubierta durante el enfrentamiento, operando armas desde la seguridad tras las rendijas y ventanillas de sus estructuras.
Pero ahorremos palabras y usemos las que ya ofreció Spila para responder a Caivano observando el "detalle" de que la distribución de los espacios en un buque hacen absurda la idea de que el espolonazo pudo enviar al comandante no sólo hasta la cubierta del "Huáscar", sino varios metros más adentro de la misma y no caer por el borde de la nave al agua:
"Podríamos demostrar de un modo irrefutable cuanto sea absurda la información de Caivano que Prat desde el puente de mando, que como todos saben ocupa el centro del buque, fuese caído involuntariamente sobre la nave enemiga; pero preferimos sentar una declaración que no puede ser sospechosa, la palabra autorizada del propio almirante Grau".
Dicho de otro modo, si la versión del historiador italiano fuera la correcta con relación a Prat cayendo accidentalmente al "Huáscar", tenemos entonces que el propio Almirante Grau se ha hecho cómplice de la "falsa" versión chilena sobre el Combate Naval de Iquique en el que echara a pique a la "Esmeralda", como observa también Spila al recordar las famosas cartas del héroe naval peruano a la viuda de Prat, doña Carmela Carvajal, que citamos más arriba. De nuestra parte, agregamos el aclaratorio parte oficial que envía a sus superiores de la Marina de Guerra de Perú, donde no necesitaba hacer exaltaciones de su enemigo ni retocar con decoro la forma en que había muerto.
A pesar de todo, la interpretación de Caivano ha tratado de ser defendida explícita o tácitamente por algunos autores, en este segundo caso usando lenguajes ambiguos para abrirle paso a la posibilidad. Tal es el caso, por ejemplo, del Capitán de Fragata Manuel I. Vegas en su "Historia de la Marina de Guerra del Perú. 1821-1924" (publicado por el Ministerio de Marina y la Secretaría General de Marina), quien a pesar de sus débiles intentos por mantener la objetividad, no resiste en comentar esta frase para el bronce:
"En uno de los dos primeros intentos de espoloneo cayeron o saltaron a la cubierta del monitor el Comandante Prat y algunos tripulantes de la 'Esmeralda'. Si fue deliberada o no su caída, la juzgan de distinto modo aquellos que presenciaron el combate o han escrito sobre él".
Para dar algo de sustento a sus dudas, entonces, Vegas asegura después que hay referencias de que "un testigo lo vio caer a la cubierta" a Prat, que toma de los comentarios de otro autor. Según esta versión, el capitán chileno después se levantó, se dio vueltas confundido por el "Huáscar" y cayó muerto alcanzado por proyectiles.
Mas, lo único evidente hasta ahora es que Caivano prefirió apartarse de estos hechos y tomar los mitos patriotas que circulaban en el vecino país durante la guerra; su objetivo narrativo es Chile, no los hechos del conflicto que da título a su obra. Y no satisfecho con la denigrante y hasta adolescente descripción que hace de los hechos de Iquique, viene ahora su arremetida sociológica:
"De carácter esencialmente fanfarrón, el pueblo chileno sentía la necesidad de celebrar una clamorosa victoria, que cubriese ante él, y ante el mundo la impericia desplegada por su escuadra en los 45 días trascurridos desde su entrada en campaña, durante los cuales no supo hacer mas que enfurecerse contra pueblecillos indefensos, y llegar tarde, después de 43 días, donde habría podido y debido llegar en menos de una semana al Callao. Ardía del deseo de proclamarse grande, de crearse héroes chilenos; y festejó como victoria chilena una desventura del enemigo, de la cual fue el caso único autor, y cuyos únicos resultados fueron el dejar a medias la derrota sufrida por sus armas".
Esta burda y obsesiva explicación que se centra en la ineficacia de los bloqueos, desconoce -sin embargo- la positiva actuación del Almirante Juan José Latorre en la "Magallanes" durante el Combate de Chipana, del 12 de abril, primero de carácter naval en la Guerra del 79. Empero, parece ser la que motiva otra rotunda respuesta de Spila en su obra al referirse a la captura del "Huáscar" en Angamos, el 8 de octubre de 1879, aunque bastante hiriente para el orgullo peruano:
"Ahora, Grau, peruano como era, y por lo tanto formado con la misma tímida pasta, ¿cómo no se rindió inmediatamente al verse rodeado de enemigos ansiosos de capturarlo, y por el contrario opuso tanta resistencia? Los valientes se forman en la escuela de los valientes, bajo la dirección de maestros que no enseñan sólo frías teorías, sino que infunden el valor con la potente fuerza del ejemplo, en medio de los peligros y los horrores de las batallas. Si Douglas se lanzó contra los sarracenos en lo más rudo del combate y afrentó intrépido la muerte, lo hizo sólo después de haber tirado en medio de los enemigos el corazón del valeroso Bruce, que hasta aquel momento había llevado sobre su pecho, acompañando aquel acto con estas significativas palabras: 'anda tu primero a la lucha, como acostumbras en vida, y Douglas te seguirá o morirá'.
Pues bien, Grau tuvo una sublime escuela en la rada de Iquique; tuvo más célebre maestro en el ilustre Prat; tuvo un ejemplo de extraordinario valor en la tripulación de la Esmeralda; y él, verdadero marino, con aquellos sentimientos de nobleza, de que dio repetidas pruebas, debía necesariamente llevar ineludible en su memoria el ejemplo de su maestro; debía sentir su espíritu, el espíritu de Prat, en su corazón el fuego de los valientes y el deseo de hacerse inmortal como aquél".
Con el tiempo, Caivano ha incomodado incluso a autores peruanos, ya después de pasados los ardores de la guerra. No obstante, su visión malévola y ridiculizante que tanto ha servido para alimentar pequeñas válvulas de escape al sentimiento herido del patriotismo de algunos y a la endofobia de otros, no tiene más sustento que el de la creencia "selectiva" y motivada por la preferencia del simpatizante, entonces, al menos en lo referido al Combate Naval de Iquique.
"La muerte de Prat", cuadro de Thomas Somerscales.
OTRAS IMPRECISIONES DE CAIVANO
Empero, clavando su atención en las minucias para seguir escarbando en injurias, Cavaino no se rindió hasta la última página de su obra. Llegó a torpezas y ojerizas tales como cuestionar la "vida gloriosa" que se le adjudicó en la prensa chilena a la siniestrada "Esmeralda", alegando ahora que sólo registraba en su hoja la captura de la "Covadonga" como "víctima de una traición; y ciertamente, ninguno afirmará que este hecho sea glorioso".
Todo indica que el italiano también desconocía o quería desconocer, entonces, que la tradición de los navíos se sitúa en identidades más que en unidades propiamente, en este caso remontándola a la primera "Esmeralda", fragata capturada por Lord Thomas Cochrane en 1820; por eso su lema "Gloria y Victoria", que era el santo y seña de los captores. Ésta realizó operaciones durante ese año hasta que, en 1821, se le cambió el nombre a "Valdivia", acabando destruida en un temporal. Restos de este navío reaparecieron en la Plaza Sotomayor de Valparaíso por el año 1998.
Por otro lado, Caivano ignoraba que, además de la captura de la "Covadonga" en 1865, la segunda "Esmeralda" sobrevivió a una violenta tormenta en mayo de 1875 en Valparaíso, ocasión en la que fuera salvada del inminente naufragio por el propio Capitán Prat quien, hallándose enfermo y afiebrado, nadó desde un bote hasta ella, se ató a uno de los mástiles realizó las maniobras para evitar el desastre en tan angustiante situación. Cabe recordar que Prat ya había demostrado sangre fría ante el desastre anteriormente, con su actuación siendo muy joven, en el incendio del pontón "Infernal", en octubre de 1861.
El historiador italiano también desconoce que la "Esmeralda" realizó enormes travesías de guardiamarinas hasta Isla de Pascua, uno de los antecedentes de incorporación de la isla a Chile, y además a Haití... Pero parece que para Caivano la gloria sólo se mide en cañonazos.
No dejaré pasar tampoco que, en la época, se describía como "desnudo" al que se quitaba parte de sus prendas del uniforme, en este caso ante una emergencia. Sin embargo, veamos cómo usa este adjetivo Caivano en su mencionada obra, al referirse a las afirmaciones chilenas sobre el glorioso desempeño de los héroes de Iquique:
"Para saber cual dosis de verdad haya en esto, basta recordar que los náufragos de la Esmeralda, si bien recogidos casi instantáneamente por las chalupas del Huáscar, se encontraban en su mayor parte completamente desnudos; lo que prueba que se desnudaron antes de recibir la tercera y última embestida del Huáscar; y no es ciertamente en semejante estado adamítico que se va al abordaje de un buque enemigo. Todos saben por el contrario que en tales casos, eso quiere decir prepararse a salvar la piel, y no a combatir. ¡Ha aquí unos héroes de nuevo cuño!".
No sé si la hipérbole con la que enfatiza Caivano esto de la desnudez surge también de algún otro deseo de ridiculizar el pasaje, pero es algo sabido que los tripulantes de navíos naufragados se "desnudaban" quitándose dormanes, chaquetones, pantalones de tela gruesa y botas en los naufragios, algo que incluso podían hacer segundos antes o ya en agua si no alcanzaron, por una razón bastante conocida: estas prendas dificultaban la flotación e incluso podían ahogar a quien las usara por el peso que adquirían al empaparse.
Así, la sola idea de chilenos desnudos haciendo fila para saltar al agua, como si lo hicieran en una cola de ducha, habla muy bien de las motivaciones íntimas que animaban la pluma de Caivano, desconociendo deliberadamente incluso los reportes de los observadores internacionales que reconocieron la determinación de los marinos chilenos, luchando hasta el final, elogiando a los héroes de Iquique como demostrara Spila.
Lo anteriormente expuesto, lo confirma Sánchez Alvaradejo, en carta redactada dos días después de la epopeya, al señalar que la "Esmeralda" se hundió "con la gente pie de los cañones, y la última presión de nuestros tripulantes, fue la de ¡viva Chile!", informando en el párrafo siguiente que fueron rescatados por botes, hallándose "completamente desnudos una gran parte". Por su lado, la carta que enviara Vicente Zégers a su padre ese mismo día en que Sánchez redactaba la suya, señala por un lado que "La mayor parte de la tripulación pereció al pie de sus cañones; la otra parte se ahogó, y sólo 50 hemos salvado de los 200 que íbamos a bordo", y por otro detalla que "Al hundirse el buque, quedamos flotando los que habíamos salvado de las balas".
La conclusión de Caivano de hombres desnudos en la cubierta y esperando saltar al agua, entonces, sólo puede surgir de la interpretación siempre sesgada y selectiva del autor, que parece haberse propuesto como misión denostar y minimizar el desempeño chileno, sea en triunfo o en derrota. También se aparta como puede del conocido testimonio del periodista peruano Molina, que ya vimos.
Por último, tampoco es verdad que fueron recogidos "inmediatamente" por los botes peruanos, como aseguraba el italiano: los botes no salieron hasta después de sumergida totalmente la "Esmeralda" y desaparecida su bandera entre las aguas. Grau pidió terminar también la metralla sobre los sobrevivientes que flotaban, a pesar de que la ley de guerra facultaba dar muerte a todos los marinos de un buque que no se entregó en rendición. Y, para dar un toque dramático, muchos botes de rescate del "Huáscar" habían quedado dañados en el combate, por lo que el rescate fue dificultoso y lento, y muchos perecieron ahogados en la demora a pesar de la voluntad humanitaria de Grau.
Así pues, hubo abundante información que Caivano ciertamente debió conocer, pero que su necesidad de no ceder pan ni pedazo a la parte chilena, le llevó a apartar concientemente, marginándola de la balanza de sus controvertidos juicios, simientes de algunos de los más enraizados mitos sobre la Guerra del Pacífico.
Otro cuadro de Thomas Sommerscales, del mismo combate naval.
Cabrestante y trozo de cadena de la corbeta "Esmeralda", rescatados desde entre sus restos en la tumba submarina. Actualmente, en vitrinas del Museo Naval de Iquique.
EL ABORDAJE: UN CONCEPTO QUE PRAT YA CONOCÍA
Ahora bien, considerando un hecho que Prat saltó al "Huáscar", ¿por qué lo hizo? Recuerdo que, hace varios años, una columna editorial del diario "Las Últimas Noticias" definía este acto como algo irracional y visceral, sin más sentido que el simbólico... Pero nuevamente es la ignorancia humana operando en la formación de opiniones.
Apartémonos de aquella historia sobre Prat asegurando al entonces Comandante de la Escuadra de Chile, el Almirante Juan Williams Rebolledo, que "si viene el 'Huáscar', lo abordo", expresada por él poco antes de que la flota partiera al Callao dejando a las viejas naves "Esmeralda" y "Covadonga" en Iquique. Como se trata de una revelación póstuma (confesada por Williams en su libro "Operaciones de la Escuadra Chilena mientras estuvo a las órdenes del Contraalmirante Williams Rebolledo", de 1882), no faltará quien sospeche que fue sólo un mito de insuflación patriótica abonando a la euforia popular que provocó la valentía y el heroísmo de los hombres de la "Esmeralda". De hecho, me consta que ha sido puesta en duda explícitamente por autores peruanos.
Sin embargo, aún prescindiendo de ese supuesto anuncio de Prat en Iquique, el abordaje del barco enemigo era algo que estaba totalmente vigente en el concepto y la cultura de combate marinera de esos años y particularmente en él, imitando una escuela que había sido bastante bien conocida desde tiempos coloniales: las operaciones de piratas y corsarios por aguas del mundo.
Cabe recordar que la Armada de Chile, casi desde sus orígenes, había adherido a los códigos de la Ordenanza General de la Armada Española de 1793, normativa todavía vigente en los días de la Guerra del Pacífico. Esta ordenanza disponía que los abordajes de navíos en combate podían efectuarse por oleadas o ser ejecutados de manera general con participación de casi toda la tripulación, pudiendo el comandante ir a la cabeza del ataque en el último caso.
Entre el tipo de equipamientos que llevaban los barcos a la sazón, estaban precisamente los necesarios para el abordaje, que incluían cabos con remates de ganchos, hachas de abordaje y otros instrumentos tanto para subir al barco adversario, como para liberar el combate cuerpo a cuerpo con sus tripulantes. La "Esmeralda" no contaba con todos ellos, es cierto, pero no porque hubiese renunciado a la posibilidad del abordaje: habían sido distribuidos en el resto de la flota que había partido al Callao, en esos mismos momentos. A su vez, los tarros de metralla que se disparaban desde las baterías tenían, entre otras funciones, evitar también los abordajes del enemigo. Y si la motivación de los clásicos piratas era no hundir el barco atacado para apoderarse de la valiosa carga, el de los marinos de guerra era tratar de salvar -en la medida de lo posible- el buque completo para agregarlo a sus respectivas flotas.
El investigador del Instituto Histórico Arturo Prat, don Juan Diego Dávila, por ejemplo, ha mencionado en su folleto "El sacrificio de Arturo Prat", de 2005, que esta acción de abordaje fue realizada durante todo el siglo XIX por la Armada de Chile, como sucedió en los siguientes casos de capturas de naves:
  • La fragata española "Reina María Isabel", por el Almirante Blanco Encalada en Talcahuano, en 1818.
  • La fragata "Esmeralda" virreinal (o primera "Esmeralda"), de 40 cañones, por Lord Thomas Cochrane en El Callao, en 1820. Cochrane fue herido y casi murió en esta acción.
  • El buque "Aquiles", tomado por Angulo y otros diez hombres, luego de estar prisionero en Isla de Guam, llegando así a Valparaíso en 1825 y regalándolo para la escuadra chilena.
  • Los navíos de la Confederación Perú-Boliviana "Peruviana", "Arequipeño" y "Santa Cruz", además del destruido bergantín "Congreso", capturados en 1836 por unos 80 hombres del "Aquiles".
  • Agregamos de nuestra parte que, en enero de 1839, en el Combate Naval de Casma, ocurrido durante la misma guerra de Chile contra la Confederación Perú-Boliviana, el bergantín "Arequipeño" al mando del peruano Juan Blanchet, quiso capturar por abordaje la corbeta chilena "Confederación", pero fracasó: Blanchet murió en combate y su fue su bergantín el que acabó abordado y apropiado por los chilenos.
Más aún, durante la Guerra contra la Flota Española de 1865-1866, en la que Chile se involucró precipitada y eufóricamente a favor de Perú y en contra de la ocupación española de las Islas Chincha, Arturo Prat estaba designado en el cargo de jefe del grupo de abordaje de la goleta cañonera española "Virgen de la Covadonga", que iba a ser capturada por la "Esmeralda" en el Combate de Papudo (26 de noviembre de 1865). Prat tenía sólo 17 años a la sazón, y su desempeño fue premiado con el ascenso a Teniente 2°.
Esta acción de abordaje en sus manos se abortó en el último momento, pues la nave española no logró ponerse en fuga y el Comandante Luis Fery prefirió optar por la rendición antes que exponerse a más ataque de baterías de la "Esmeralda", entregando el mando al Capitán Manuel Thomson no sin antes intentar hundirla abriendo las válvulas. Rebautizada "Covadonga", la misma goleta combatiría con su captora la "Esmeralda" en Iquique, en 1879, curiosamente.
En su artículo "¿Por qué Arturo Prat saltó al abordaje del 'Huáscar' en el Combate Naval de Iquique", del Capitán de Navío Patricio Villalobos Lobos, publicado en la "Revista de Marina" de 2009, podemos leer el siguiente aporte para la comprensión del salto de Prat:
"...para aquellos que desconocen el verdadero significado del concepto de abordaje en un combate, de acuerdo a lo establecido en aquella época, constituía la acción de maniobrar la nave propia a una posición en que se atracara, borda con borda, con la nave enemiga y asegurarla con ganchos o rezones de abordaje, de manera que no pudiera separarse. Hecho esto, la tripulación de la nave atacante o la más osada, abordaba (se pasaba) a la nave enemiga y en un combate cuerpo a cuerpo, se apoderaba de ella. El propósito del abordaje era tomar el control de la nave enemiga. Y por lo tanto, lo que intentó hacer Arturo Prat era apoderarse del 'Huáscar', aprovechando sus vulnerabilidades".
Lo notable es que Prat podría haber estado conciente de una debilidad del "Huáscar": que el sistema de baterías demoraba alrededor de 10 minutos en recargar por la boca los cañones de 300 libras, cuando estos eran usados al unísono con cada espolonazo. Esto significa que el "Huáscar" quedaba parcialmente vulnerable por varios minutos después de cada embestida de su ariete contra el enemigo. Era el momento más apropiado para intentar abordarlo, como quiso hacerlo Prat y sus hombres.
Hay señales claras de una preparación para la posibilidad de abordajes, reportada por el Mayor de Ejército J. Arturo Olid Araya en sus conocidas "Crónicas de Guerra" de 1888. Dice allí, por ejemplo, que siendo un aprendiz de mecánico de 14 años en la "Covadonga", de camino a Iquique vio cómo Prat entrenaba a sus hombres en maniobras de abordaje, haciendo que la tripulación se armara "con sendas hachas y unos sables descomunales cuya sola vista espantaba". Agrega que los hombres se ejercitaban a diario "en tiro al blanco, faenas de embarques y desembarques, instrucciones de abordaje, incendios, colisiones" y otras exigencias. También hay testimonios de que el  el Teniente Primero Manuel Joaquín Orella, segundo al mando de la "Covadonga", también dirigió ejercicios de abordaje y artillería a su tripulación, previendo una situación como la que correspondió a la "Esmeralda".
Por otro lado, la intencionalidad del abordaje al "Huáscar" y su ejecución como única posibilidad de enfrentar al poderoso monitor desde una corbeta condenada a hundirse, se refuerza por detalles del relato de los hechos que muchos no han sabido interpretar, por desconocer los códigos en participación, como que el muchacho Cabrales intentaba tocar en su corneta "al ataque" durante la embestida del buque peruano; y que al morir éste, fuera reemplazado espontáneamente por el Cabo Crispín Reyes para tocar la misma orden. Todavía más, cuando muere Reyes, corre a tomar el instrumento el Grumete Pantaleón Cortés, tocando "a degüello" hasta que se hundió por completo la "Esmeralda", tal como lo testimoniaron en su momento sobrevivientes como Zégers y Sánchez Alvaradejo.
¿Y qué significan los toques de zafarrancho como "al ataque" o "calacuerda" y "a degüello" en el código de órdenes de corneta? Pues corresponden a instrucciones de lucha cuerpo a cuerpo, algo imposible en el escenario del combate naval si no se da en una acción de abordaje o la expectativa de tal.
No tengo señales en testimonios o literatura sobre qué pudo haber pensado Prat en sus últimos minutos de vida, sobre lo sucedido con la escuadra chilena que había marchado al Callao, al ver encima al "Huáscar" y la "Independencia", con la que en realidad se cruzaron separados por la distancia y la oscuridad. Haya supuesto o no que la flota nacional podía haber sido destruida, no cabe duda de que su salto al "Huáscar" era el punto sin retorno para jugarse el todo por el todo, en tan adversa e irreversible situación de inferioridad en el combate, con los épicos resultados que decidieron el curso de la Guerra del Pacífico, desde ahí en adelante.
Monumento a Prat y los héroes del 21 de mayo, bajo la Torre del Reloj de Iquique.
Medallones de bronce de los héroes en monumento de la Torre del Reloj de Iquique.
UNA OBSERVACIÓN TÉCNICA, PARA CONCLUIR
Una duda razonable que me surge del propio nombre del pasaje, "el salto de Prat", es si correspondió realmente a un "salto" propiamente tal.
Me explico: durante el período en que se estuvo construyendo el Museo Corbeta "Esmeralda" de Iquique, estuve atento a la información que iba apareciendo sobre las características del navío chileno que se reproducía, ya que muchos de aquellos datos eran totalmente novedosos y surgieron de la investigación que se realizó por expertos para ir dándole al proyecto un ajuste fiel a la realidad.
Con relación a lo anterior, ya encuentro un dato curioso que se me dio en el Museo Militar de Iquique, por entonces: que la altura del castillo de proa de la "Esmeralda" era de 4.48 metros, mientras que el del "Huáscar" era de 5.56 metros, a pesar de ser un navío de cubierta más bajo y tamaño general un tanto menor; en situación de flotación serían prácticamente iguales. Este dato en especial, me fue proporcionado en el mismo período por el Profesor Militar Enrique Cáceres Cuadra, especialista en Historia Militar de la Guerra del Pacífico y residente en la misma ciudad.
Si los datos son correctos, entonces, esta diferencia de alturas haría más verosímil la idea de un abordaje por pequeño "escalamiento" o, como mínimo, un descenso casi frontal por jarcias o cuerdas de cabullería; empero, la historiografía oficial ha cristalizado la noción del "salto" como la definitiva, no dando margen a un posible vuelco. Más aún, si sumamos a ello que el golpe del espolón del "Huáscar" fue por el costado de la "Esmeralda", donde la cubierta exterior y la altura de las baterías es bastante menor que el castillo, las preguntas surgen por sí solas, además del descarte de la caricatura de una caída accidental de Prat sobre el monitor.
Tengo entendido que las alturas de los buques como el "Huáscar" variaba según la cantidad de carga y pertrechos que transportaran dentro de su casco, pero ignoro cuánta era la diferencia en su línea de flotación. Quizás algún historiador militar o experto en ingeniería náutica del siglo XIX pueda aportar información más precisa, que esclarezcan si hubo diferencias de alturas como las señaladas entre ambos navíos, y si acaso influyeron estas también en la célebre escena del "salto" de Prat al entonces buque peruano.
Para concluir, creo saber también desde dónde proviene la actual alergia y resquemor hacia la figura del personaje Prat, al menos entre mis compatriotas que las acogen y comparten. Lo sé como ex militante de las aguas políticas donde suelen engendrarse, y que se caracterizan también por una sequía histórica de auténticos héroes, salvo contados casos, debiendo optar por construir muchos a fuerza de literatura y de canonización ideológica, en el imaginario intracultural de sus propios círculos. Las muy deficientes dos representaciones fílmicas que se han hecho de la epopeya del 21 de mayo, una para la televisión y otra para el cine, tampoco han aportado mucho para despejar dudas, especulaciones, creencias maledicientes o falsedades que muchos quieren creer, incluso sabiendo que puede corresponder a tales.
Así pues, sólo a quienes desde su cómodo refugio en la posmodernidad desconocen profundamente los procedimientos utilizados en las guerras de mar, ya sea por su área específica de conocimientos o por falta de interés en indagar sobre los mismos, podría parecerle inexplicable, cuestionable y caricaturizable el salto de Prat al "Huáscar", como efectivamente ha sucedido -de cuando en cuando- entre los efluvios creativos del mundo del periodismo, la literatura, las artes escénicas o la gráfica.
Sólo me queda cerrar con un feliz 21 de mayo a todos los hombres de mar en sus diferentes profesiones y oficios... Y a celebrar se ha dicho.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

Residentes de Blogger:

Residentes de Facebook