martes, 2 de mayo de 2017

LA CURIOSA HISTORIA DEL MONUMENTO FUNERARIO DE LOS HERMANOS CARRERA EN LA CATEDRAL METROPOLITANA

La lápida monumental que estuvo entre 1952 y 1987 en la Catedral de Santiago.
Hace varios años (en 2008) publiqué en este blog y en otro ya cerrado, algo sobre la historia póstuma de los Carrera y su cripta de la Catedral de Santiago, recordando a los cuatro hermanos próceres de la Independencia de Chile.
Confieso que, ya entonces, me llamó la atención la agresividad de algunos mensajes dejados por ciertos lectores de ese artículo, especialmente los que estuvieron a la vista en la antigua caja de comentarios que tenía habilitada por entonces. Es como si las pasiones políticas que existieron en los albores del ordenamiento proto-republicano de Chile, siguieran igual de calientes y chispeantes en nuestra época.
El asunto más controversial, sin embargo, parece haber sido mi observación sobre un hecho que confirma el mismo punto del que hablo: la vil destrucción de la primera cripta conmemorativa que los héroes tuvieron dentro de la Catedral de Santiago, infame acontecimiento que algunos negaron fuera real, en aquellos años, y que otros simplemente justificaron, echando mano a argumentos viscerales y al infantilismo de empezar a pesar héroes en la balanza coquera de las simpatías políticas.

Siento que tenía otra deuda que saldar, entonces, exponiendo la información que aquí va y que se relaciona directamente con aquella primera lápida conmemorativa de los Carrera en el templo más importante de la capital chilena.
Como revisamos en aquella ocasión, pues, los restos de los tres hermanos Juan José, Luis y José Miguel, ejecutados en Mendoza, fueron recuperados para ser repatriados y, entre el 13 y 14 de junio de 1828, se realizaron sus exequias oficiales en la Iglesia de San Miguel Arcángel de la Compañía de Jesús. Fue en aquella ceremonia donde se montó una estructura piramidal de cortinajes, y se escribió la siguiente frase en la instalación, misma despedida que actualmente está en la cripta de la Catedral Metropolitana:
"LA PATRIA A LOS CARRERA
AGRADECIDA DE SUS SERVICIOS
COMPADECIDA DE SUS DESGRACIAS"
Los cuerpos fueron llevados desde allí al Cementerio General, primero hasta una cripta y luego hasta un sector vecino a la capilla de la metrópolis. Pocos años después, remodelaciones del camposanto obligaron a cambiar las sepulturas, primero hasta las dependencias de la Iglesia de la Recoleta Dominicana, donde permanecieron un tiempo, y desde ahí hasta la Catedral de Santiago, junto con los restos de don Diego Portales, según comenta Benjamín Vicuña Mackenna en "El ostracismo de los Carreras". Doña Javiera Carrera se habría de unir al descanso eterno de sus hermanos, en 1862.
La antigua placa con los nombres de los hermanos, aún se conserva.
Lápida actual, obras de Héctor Román Latorre, instalada a principios de los 90.
La ubicación exacta de la cripta de los cuatro hermanos ha quedado un poco indefinida, especialmente después de las grandes remodelaciones que afectaron al templo en el cambio de siglo. Sólo una pequeña y modesta placa al borde del piso siguió recordándolos en un sector cercano a la salida lateral del edificio, hacia calle Catedral, con la siguiente inscripción en ella:
"Sra. Francisca Javiera de Carrera 1862
y sus hermanos Juan José 1818,
José Miguel 1821 y Luis 1818".
Durante el siglo XX, esta cripta con su pequeña señal, serían en un lugar de romerías y ceremonias sencillas recordando los aniversarios del nacimiento y las ejecuciones de los héroes. Claramente, entonces, era necesario un monumento conmemorativo interior más digno y a la altura de la solemnidad necesaria para celebrar reuniones formales en memoria de ellos, como sucedía con el Altar de los Héroes de la Concepción, trasladado en 1901 desde la Iglesia de la Gratitud Nacional hasta la Escuela Militar vieja, y desde allí hasta la Catedral, gracias a una campaña de patriotas y veteranos de guerra llevada adelante en 1911.
Fue por esta razón que, en 1952, doña Isabel Carrera se organizó junto a doña Adela Vial de Larraín y otros descendientes de la familia de los héroes, para levantarles allí un monumento propio y conseguir las autorizaciones del Arzobispado.
Sus esfuerzos se vieron recompensados al ser inaugurada el 8 de junio de aquel año y bendecida por Monseñor Ladislao Godoy. El elegante gran altar de granito y mármol fue presentado en ceremonia con misa religiosa, dirigida por el excelentísimo Obispo Auxiliar Pío Alberto Fariña, con gran asistencia de público, muchos de ellos descendientes de los próceres. Se ubicó en el mismo sector donde está la placa pequeña recordando a los héroes, cerca de la salida hacia calle Catedral.
La obra fue presentada con una oración fúnebre de monseñor Luis Arturo Pérez. Tuvo un carácter sumamente emotivo no sólo por el reconocimiento que estaba pendiente para los hermanos allí en su sepultura, sino también porque una de las gestoras de la iniciativa de colocar el monumento, doña Adela Vial, falleció inesperadamente muy poco antes de su inauguración. Las banderas de la Patria Vieja y la Patria Nueva presentes en la ceremonia, de hecho, habían alcanzado a ser fabricadas por ella para esta ceremonia.
Invitación a la inauguración del monumento en la catedral, 1952.
Inauguración del monumento en imagen publicada al día siguiente por el "Diario Ilustrado", con su aspecto original, ancho, alto y con la cruz central negra. Abajo, imagen de los archivos del Instituto Carrera, con la guardia de honor que la Escuela Militar disponía en el mismo monumento funerario, a espaldas de los uniformados.
Asistieron también representantes del Ejército, como los Generales Teófilo Gómez Vera y Carlos Casanova, y el General (R) Bartolomé Blanche; miembros de la Academia Chilena de la Historia representada en el escritor Juan Luis Espejo, además de miembros del Instituto de Conmemoración Histórica y, por supuesto, del Instituto de Investigaciones Históricas "José Miguel Carrera".
Entre los sentidos discursos, destacó el del miembro del Cabildo de Santiago y también descendiente de los próceres, don Luis Arturo Pérez Labra. "Luzca ahora para los Carrera la luz de la justicia de la historia", titulada al día siguiente el "Diario Ilustrado".
Esta obra de estilo neoclásico y buenas proporciones cercanas a los 3 metros, tenía una cruz al centro, originalmente en color negro, y tallas de hojas de palma a los costados, con medallones del mismo material de roca para el espacio de los nombres de los recordados. En sus inscripciones se leía:
"A LOS HERMANOS CARRERA
'POST TENEBRAS LUX'
GENERAL
J. MIGUEL CARRERA
*15-X-1785
+ 4-IX-1821
BRIGADIER
J. JOSÉ CARRERA
1782-1818
CORONEL
LUIS CARRERA
1791-1818
FRANCISCA
JAVIERA CARRERA
1781-1862
PRÓCERES DE
LA INDEPENDENCIA
DE CHILE"
Año a año, se rendían ante él los correspondientes homenajes para los Carrera, especialmente en el aniversario del fusilamiento de don José Miguel, cada 4 de septiembre, que está en el contexto de las efemérides del Mes de la Patria, además. Una guardia de honor de la Escuela Militar se hacía presente en la fecha, custodiando ceremoniosamente la enorme lápida.
Su presencia en la Catedral Metropolitana era potente y parecía ser ya tan definitiva como la del Monumento a los Héroes de la Concepción, también con su propio carácter fúnebre por hallarse en él los corazones de los cuatro oficiales caídos en aquella trágica epopeya de las sierras peruanas, incluyendo el del Capitán Ignacio Carrera Pinto que, curiosamente (o quizás no tanto) y como es sabido, era nieto del prócer José Miguel Carrera.
Sin embargo, cuando los descendientes y admiradores de Carrera y los miembros del Instituto que lleva su nombre llegaron a realizar la ceremonia anual de su muerte, el 4 de septiembre de 1987, se encontraron con una increíble y abrumadora escena: el monumento funerario completo había sido arrancado de su lugar, apareciendo destrozado y arrojado como pila de escombros en un patio interior de los claustros, no se sabía desde hacía cuántos días o semanas, por orden dada por el entonces Deán de la Catedral Metropolitana, Monseñor Fidel Araneda Bravo, a un grupo de trabajadores.
La decisión, entonces, la tomó la autoridad religiosa pero sin consultar a nadie, no habiendo dado ningún aviso previo o advertencia sobre la misma. Sólo después de muchas insistencias y emplazamientos, el Deán justificó su decisión de sacar la lápida y arrojarla al patio -según su arrogante explicación- porque se trataba sólo de "piedras hechizas" que molestaban con su ubicación a un supuesto plan de restauración de la Catedral.
Arriba, el lugar donde estaba el monumento funerario, cuando acababa de ser sacado bárbaramente desde allí. Abajo, los restos de la destruida obra, apilados como escombros en el patio interior, antes de lograr ser recuperados por simpatizantes carrerinos. Imágenes publicadas por la revista "Patria Vieja" de diciembre de 1987.
La lápida monumental en su actual ubicación, en los jardines del Instituto de Investigaciones Históricas "José Miguel Carrera". Se perdió parte del plinto del mismo, lo que le quitó algo de altura, y el ala derecha de la estructura, donde estaba tallada una de las ramas de palma. La otra parte lateral con su palma se observa ahora en el suelo.
La situación era incomprensible y hasta perturbadora: además de sacerdote, Fidel Araneda Bravo (1906-1992) fue un hombre de una cultura vastísima, amante de la historia, escritor reconocido, académico de la lengua y profesor de inmenso prestigio. Nadie podría haber esperado semejante reacción de su parte, incluso suponiendo que participara de las rencillas políticas históricas que han acompañado la visión del papel de los Carrera en la Independencia de Chile. Muy por el contrario, era inexplicable que Araneda Bravo pudiera haber llegado a semejante decisión, quizás una de las más extrañas, controvertidas y graves de la historia de los monumentos conmemorativos en Chile.
Aclaro desde ya que tengo plena conciencia de que me meto a pata pelada en las brasas, al hacer estas afirmaciones, pues el aludido es considerado casi una vaca sagrada en algunos círculos intelectuales, especialmente los del sector conservador y teológico. Yo mismo lo he consultado infinidad de veces para los textos de este blog, tomando su sapiencia y conocimientos probadamente grandes en materias culturales, patrimoniales e históricas... Pero los hechos, hechos son.
No había ninguna información formal o versión oficial sobre tan canallesca destrucción, ni de quiénes habían sido los autores materiales o las motivaciones de la tropelía. Todavía en diciembre de ese año, el Instituto realizaba gestiones intentando obtener una explicación razonable de lo ocurrido, sin respuestas satisfactorias.
Investigando el asunto, sin embargo, algunos carrerinos de entonces pudieron enterarse del trasfondo: como una persona tan versada en historia y solicitado por muchos medios para publicar sus artículos, el Deán había hecho llegar ese mismo año un texto para la Revista del Instituto Histórico de Chile. Sin embargo, al salir publicado su artículo, se habría omitido por un error su nombre. Y como hasta los servidores de Dios experimentan el ardor de la ira, parece que habría sucedido precisamente esto a consecuencia de tal yerro.
La situación golpeó duramente el alto ego intelectual de Araneda Bravo y precipitó las decisiones irracionales que tomaría después el Deán. Todo indica que, confundiendo a la institución dueña de la revista con la del Instituto José Miguel Carrera, entonces, y siguiendo los malos consejos del duende de la rabia, ordenó que se desmontara a golpes de herramientas el monumento funerario de los Carrera, y luego hasta quiso retirar de la Catedral Metropolitana todos los que tuviesen origen "militar", incluido el del homenaje a los Héroes de la Concepción.
Ceremonia conmemorativa actual, en el aniversario del asesinato de don José Miguel Carrera, junto a la lápida de los cuatro hermanos.
Doña Ana María Ried, Presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas "José Miguel Carrera", dando un discurso junto a la actual lápida de la cripta de los Carrera, en el aniversario del asesinato del prócer.
Enterada del escandaloso asunto y sus alcances, doña Ana María Ried Undurraga, Presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas "José Miguel Carrera" y nieta de doña Isabel Carrera -quien, vimos, había iniciado la campaña para la instalación del destruido monumento-, puso una querella en nombre de los descendientes y en contra de quienes fueran responsables del delito de profanación de tumbas. Esta radical medida impidió que se siguieran destruyendo monumentos dentro de la Catedral Metropolitana, especialmente el de los Héroes de la Concepción, que ya estaba bajo amenaza.
En tanto, el leal carrerino Carlos Díaz de Valdés, logró rescatar las piedras y fragmentos del destruido monumento y llevarlas hasta la sede del Instituto Carrera. Se recuperó la mayor parte del mismo, excepto piezas de la base y una de las laterales con la rama de palma, por lo que pudo ser reconstruido alterando un tanto su diseño original. Actualmente, esta obra escultórica se puede observar en el jardín del Instituto, en avenida Francisco Bilbao 4509, comuna de La Reina. Se ha convertido en un venerado y respetado símbolo de la institución, desde entonces.
Resignados a la pérdida de su importante lugar en la Catedral de Santiago, el organismo conmemorativo inició una nueva cruzada para colocar otra lápida dentro del templo, correspondiente a la que actualmente existe allí. Ésta fue confeccionada y donada en 1990 por el destacado escultor Héctor Román Latorre (1932-2007), siendo inaugurada el 4 de septiembre de 1991. El artista fue el mismo autor del Monumento Ecuestre del General José Miguel Carrera, en la Alameda, y del busto de doña Javiera Carrera, en el Cerro Santa Lucía, y tuve el agrado de poder conversar con él de estas y otras obras suyas en algunas ocasiones, en el mismo Instituto, algunos años antes de su fallecimiento.
Ahora, los nombres de los cuatro hermanos están en esta obra de colores ocres, entre ramas de palma otra vez, símbolo de sacrificio martirial y heroico. Dice esta pieza allí en la Catedral -y esperamos que esta vez sea para siempre- reproduciendo los mismos mensajes funerarios desplegados en sus exequias al volver a Chile, en la desaparecida Iglesia de la Compañía:
"A LOS PADRES DE LA REPÚBLICA
DE CHILE:
Doña
Francisca Javiera
Carrera Verdugo
1781-1862
General
José Miguel
Carrera Verdugo
1785-1821
Brigadier
Juan José
Carrera Verdugo
1782-1818
Coronel
Luis Florentino
Carrera Verdugo
1891-1818
'LA PATRIA A LOS CARRERA'
AGRADECIDA DE SUS SERVICIOS
COMPADECIDA DE SUS DESGRACIAS"
Paradójicamente, para aumentar las confusiones del extraño caso, Araneda Bravo estuvo presente en la inauguración de la obra y quiso participar entre los oradores, haciendo un bello panegírico sobre don José Miguel Carrera y sus hermanos... Las vueltas de la vida ofreciendo sus ironías.
Desde entonces, especialmente en el aniversario del martirio de don José Miguel, los carrerinos y amantes de este período de la historia chilena, se reúnen en esta cripta y la actual lápida, para recordar a los cuatro próceres de la Independencia y dejar las respectivas ofrendas florales en su memoria.

4 comentarios:

  1. Hola Criss. ¿Tienes información sobre el destino de los restos de Diego Portales?

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    Respuestas
    1. Fueron reubicados dentro de la misma y remodelada cripta, estimado.

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  2. ¡Buena! sale mi tío abuelo Mons Luis Arturo Pérez Labra. No alcancé a conocer pero fui a su funeral y testamento https://bradanovic.blogspot.cl/2006/02/el-tio-arturo.html

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