sábado, 15 de abril de 2017

UN MISTERIO MUNDIAL TRAS LA DESAPARECIDA PLACA TOYNBEE DE SANTIAGO DE CHILE

Una típica Placa Toynbee de la ciudad de Philadelphia, consideradas de la generación primera y más auténtica. Fuente imagen: Blog Expedientes XXL.
Coordenadas: 33°26'26.37"S 70°38'57.30"W (ex ubicación, aproximada)
Las llamadas Placas, Baldosas o Azulejos de Toynbee fueron uno de los enigmas populares y leyendas urbanas más curiosos e intrigantes del mundo, entre los años 90 y la primera década del actual siglo. Ríos de rumores sobre su naturaleza y sus supuestos mensajes de fondo hicieron caudales propios, desde explicaciones serias sobre el posible origen hasta otras teorías realmente delirantes y carentes de mínimos fundamentos.
Como se estaba masificando internet justo en ese período, lamentablemente, el tema acabaría vulgarizado rápidamente, atrapado en las especulaciones más creativas y sensacionales, salvo por algunos pocos artículos y un notable documental que arrojó nueva información sobre ellas. Muchas de las placas que han seguido apareciendo desde el año 2000 en adelante, además, sólo han sido pastiches de las originales. A su vez, muchas de las que fueron verdaderas iniciadoras del fenómeno, han desaparecido para siempre, destruidas o borradas por el progreso.
La historia, que en principio parece insignificante o sin más valor que el de su extrañeza, se convierte en una red de nudos a medida que se avanza por la misma buscando una explicación plausible, pues una información va llevando a otra y así algunos autores e investigadores independientes han ido acercándose al origen.
Curiosamente, en Santiago de Chile tuvimos una de esas placas originales, también desaparecida ya por los cambios y mejoras urbanísticas de la ciudad, para infelicidad de quienes no alcanzaron a conocerla o, simplemente, no le pusieron atención a tiempo al mundo que también se despliega a nivel de sus pies.
Sector donde se encontraba la placa, en Estado con Agustinas.
La desaparecida Placa Toynbee de calle Estado, en fotografía del año 2000 mostrada por el documental "Resurrect dead: the mystery of the Toynbee tiles".
EL MISTERIO DE LAS PLACAS
Para contextualizar, las Placas Toynbee fueron un fenómeno internacional que comenzó hacia el año 1990, aproximadamente, aunque se ha reportado el caso confirmado más temprano en 1983, en Philadelphia, ciudad que ha tenido mucho que ver con  la historia de estas piezas, como veremos. Las primeras fotografías de ellas son de fines de esa década, pero hay propuestas que hablan de placas remontadas hacia el año 1975, aunque no demostradas. Sí hay consenso en que la primera mención que se hace  de ellas en algún diario, tiene lugar en el periódico "The Baltimore Sun", en 1994.
Consistían en la curiosa aparición de cuadros con inscripciones sobre el pavimento de las calles en grandes y pequeñas ciudades, primero en los Estados Unidos y partiendo por Philadelphia. Después, le tocó a New York, Pittsburgh, Baltimore, Washington DC, Kansas City, Detroit, Saint Louis y Chicago, entre otras. Al principio no llamaban mucho la atención de los observadores, pero al comenzar a ser detectadas en otras calles y ciudades por los mismos curiosos, fue inevitable que cundiera el interés por ellas. Pasado un tiempo, además, comenzaron a internacionalizarse, apareciendo en Sudamérica y, más tarde, en Europa.
El mensaje, con algunos elementos adicionales para cada caso, era de manera prácticamente invariable en todas estas primeras Placas Toynbee:
"TOYNBEE IDEA
IN MOVIE '2001
RESURRECT DEAD
ON PLANET JUPITER"
("IDEA DE TOYNBEE
EN LA PELÍCULA '2001
RESUCITAR LOS MUERTOS
EN EL PLANETA JÚPITER")
La escritura solían mezclar mayúsculas con minúsculas y, a veces, incluía denuncias de conspiraciones de ciertos grupos de poder, de judíos, del Centro Rockefeller, del FBI y de gremios periodísticos, dirigidos por un John Knight que parece corresponder al magnate y editor John S. Knight (1894-1981), además de una "K.Y.W" que podría ser la KYW-TV de Philadelphia. La más célebre con esta clase de contenidos quizás corresponda a las cuatro placas aparecidas juntas en calle 16th con Chestnut Streets de Philadelphia, en donde el artista fabricante hace una curiosa denuncia en "carillas", conocidas como la Placa del Manifiesto, con declaraciones paranoicas sobre conspiraciones y persecuciones en contra de la humanidad y de su propia persona.
Curiosamente, algunas placas hablaban también de un supuesto complot político organizado entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, todavía después de que la Rusia bolchevique se había derrumbado estrepitosamente en 1991. Incluso, el anónimo autor llegaba a proclamar su odio a los medios de comunicación rogando "asesinar a cada periodista" en algunas de ellas, por algún resentimiento que provendría del poco apoyo editorial que encontró a su causa, como veremos después.
Debo comentar, antes de seguir, que algunas de las afirmaciones en estas placas me recuerdan mucho a los "desvaríos-cuerdos" del famoso indigente del Barrio Santa Lucía y Bellas Artes en Santiago, autodenominado El Divino Anticristo (José Pizarro), y que publica algunos folletos de su autoría con mensajes bastante parecidos. Creo, modestamente, que puede haber un lenguaje común entre ciertos estados alterados de la razón, y que estaríamos en un caso parecido al que pongo de ejemplo.
El enigma es enorme, sin embargo, y a ratos parece inexpugnable. Cuesta imaginar a un bromista solitario dándose el oneroso trabajo de pegar por las calles y aceras del mundo estas placas, que en principio eran de tamaño pequeño y medio, aunque con el tiempo fueron creciendo. Se habían propuesto teorías desde el excéntrico millonario hasta un colectivo artístico formando una red internacional de miembros o viajeros, a pesar de que en sus placas dijo el autor alguna vez: "Yo soy sólo un hombre". Las interpretaciones más reduccionistas no se complican buscando explicaciones a esto y la consideran nada más que una forma vandálica de graffiti, dándoles esa categoría y tratamiento al removerlas.
Hacia los años 90, las Placas Toynbee comenzaron a aparecer ya en países sudamericanos, viéndoselas en Río de Janeiro, Buenos Aires y la que más nos interesa, en Santiago de Chile, en tiempos en que aún no existían los fenómenos virales o de imitación exponencial por internet. Más tarde, algunos casos llegaron a Europa, incluso a Rusia.
Otra vista del cruce de calles de Santiago, donde estaba la placa. Se observa toda la esquina formada por la Iglesia de San Agustín.
LA PLACA DE SANTIAGO DE CHILE
Santiago de Chile fue, como vimos, una de las ciudades sudamericanas donde aparecieron tempranamente estas misteriosas placas, en este caso cerca del cruce de calle Estado con Agustinas, según recuerdan algunos santiaguinos, aunque en lo personal creo haberla visto un poco más al Oriente, como si se subiese hacia el Teatro Municipal (o quizás eran dos, separadas por pocos metros), hacia 1995 o un poco después. Se recordará que, recién en 1999, la calle Estado fue convertida en paseo peatonal, ya sin tráfico de vehículos, mientras que Agustinas ha permanecido hasta ahora en esa función.
Tuve ocasión de verla varias veces sin comprender su secreto; de otro modo, contaría con buenas fotografías de ella, ahora. Era de letras grotescas, típicas de estas piezas, y no de gran tamaño, ubicada hacia el borde de la calzada y tomando la forma irregular de su superficie. Como todas las Placas Toynbee, tenía cierto parecido gráfico a los antiguos carteles de las "micros" de la locomoción colectiva, esos que continuaron haciendo maestros gráficos como Zenén Vargas y Juan Cadena. Empero, como las demás placas aparecidas en al menos cuatro ciudades sudamericanas, tenía menos colorido que las de Estados Unidos, resultando más sencilla en su aspecto.
Pero esta placa ofrecía algo excepcional y que la hacía única, siendo sumamente interesante para los curiosos y los estudiosos del caso, ya que su mensaje era una dirección real: "2624 S. 7th Phila, PA, USA" (Philadelphia, Pennsylvania, Estados Unidos), más el apartado postal, recomendando en el inicio al lector "Escriva: Toynbee A" (sic) dicho destino.
No faltaron los que quisieron descubrir el secreto de la dirección de Philadelphia indicada en Santiago. Los moradores de esta casa, en un sencillo barrio de la ciudad, debieron soportar por años la imprudencia de intrusos y llamados telefónicos impertinentes, insistiendo en tratar de obtener mayor información sobre las placas. Ellos aseguraban no tener la menor idea de por qué su casa estaba señalada en la placa chilena, aunque un documental del que ya hablaremos, identificó la residencia como la que había pertenecido al autor (o uno de los autores) de las famosas inscripciones. Ante la necesidad de buscar paz y tranquilidad, los residentes tomaron la decisión de no hablar nada más sobre las famosas piezas y no volver a atender consultas; ni siquiera abrir la puerta, según parece.
El paso de la desaparecida placa por este cruce de calles Estado y Agustinas, en tanto, ya parece sumarse al amplio legendario urbano de este mismo sitio exacto en la ciudad, que incluyó la antigua casa colonial de doña Catalina de los Ríos Lisperguer justo en donde hoy está el Edificio La Quintrala, las historias de fantasmas y aparecidos que se cuentan de los subterráneos de este lugar, existencia de pasadizos secretos por el subsuelo de este punto preciso junto a la Iglesia de San Agustín, los criptosímbolos que pueden observarse en el mismo templo y su leyenda del Señor de Mayo con la corona de espinas caída en el cuello, que motiva una procesión de todos los años, recordando el terremoto del 13 de mayo de 1647.
Otra típica y clásica placa, esta vez en el centro de Washington DC.
Placa de New York. Fuente imagen: Blog Expedientes XXL.
SOBRE LA CONFECCIÓN DE LAS PIEZAS
El material de estas placas también fue tema de discusión, en su momento. Según el documental, podrían ser una combinación de linóleo y papel alquitranado para relleno de grietas de asfalto, además de una resina o pegamento no determinado. Las letras y formas están cortadas a mano, creando con ello un estilo bastante propio para todas las piezas y que dio energía, en algún momento, a la teoría del provocador solitario. Esto hace que las placas tengan entre sí un aspecto de caracteres y mosaicos muy semejantes, al menos las originales de los años 80 y 90.
Para pegarlas al suelo y darles la resistencia necesaria sobre cemento y asfalto, las piezas serían colocadas como un "parche" sobre la superficie, mientras que el calor del Sol y el paso de los neumáticos de vehículos con su peso, van adhiriendo el material hasta quedar legible sobre el suelo. El desgaste del paso constante de las mismas ruedas va rompiendo la costra de alquitrán, hasta que queda a la vista sólo la inscripción con el mensaje.
Al menos en una ocasión, ha sido descubierto accidentalmente el procedimiento, por el artista y escritor Justin Duerr, de quien hablaremos más abajo. Su hallazgo aumentó su obsesión con el misterio de las Placas Toynbee. En efecto, encontró una pieza pleno proceso de adhesión al asfalto, en horas de la madrugada de una noche invernal de 2000, pero sin alcanzar a descubrir quién la había dejado allí.
Llama la atención, sin embargo, que los materiales no son tan fáciles de conseguir, por lo que se ha conjeturado también en que habría alguna relación profesional del autor con esta clase de sustancias.
El descrito procedimiento está parcialmente confirmado en una de las mismas placas, curiosamente: una ya desaparecida, que se encontraba cerca del Hotel Hilton de Pittsburgh, y que incluía en sus inscripciones ciertas instrucciones  breves para hacerlas con linóleo, pegamento de asfalto y papel. Otras ya invitaban desde antes ya al observador, a hacer sus propias placas, o iban dando pistas de que estaban fabricadas con materiales como pegamento.
Una de las Placas Toynbee de Buenos Aires, Argentina, ya muy deteriorada e ilegible. Esta se encontraba en Av. de Mayo con Saenz Peña. Fuente imagen: Blog Calle a la Vista.
Famosa placa del cruce de calles  13th y Chestnut Sts. en Philadelphia.
LA "IDEA DE TOYNBEE"
Por el apellido que daba inicio al mensaje de marras en las placas, Toynbee, se les ha llamado así desde que comenzaron a hacerse conocidas. Se relaciona con el famoso historiador británico Arnold J. Toynbee (1885-1975), autor que hizo mucho por comprender el ciclo de desarrollo y caída de las civilizaciones frente a los medios adversos de la evolución de las sociedades humanas, además de tocar algo sobre las contradicciones culturales del mundo moderno.
Ahora bien, ¿cuál es la "Idea de Toynbee" a la que se señala en las placas antiguas? No está todo claro al respecto, pero sí hay algunas interpretaciones verosímiles. En supuestas cartas escritas por uno de los señalados como autores de las primeras placas (ver más abajo), por ejemplo, se aludía a cierto fragmento del libro "Experiencias" de Toynbee, donde pone en duda la disociación del alma y del cuerpo: "El cuerpo se disuelve en sus elementos físicos, estos elementos por sí mismos no son aniquilados". Aseguraba allí también el británico que la aceptación de la resurrección resulta imposible en la forma actual que la ciencia ve al Universo, pero sí es posible en aspectos metafísicos: "en los términos cristianos de una resurrección psicosomática en vez de los términos shamanísticos de un espíritu sin cuerpo".
A diferencia de muchos otros autores británicos, además, Toynbee habría comulgado más bien con el catolicismo, aunque postulaba la necesidad de una "religión universal", totalmente sincrética y unificadora de todas las formas de fe. Su visión general, por cierto, proponía que el ocaso de las civilizaciones no era una parte inevitable del desarrollo de las sociedades humanas, como aseguraba la interpretación spengleriana, sino que la capacidad de vencer obstáculos y desafíos permitía a las mismas nuevos ciclos de existencia, clave de la perpetuidad sugerida para la civilización occidental. La civilización puede "renacer" cuando se lo propone y se esfuerza en construir su destino, en otras palabras.
Esto último inspiró al escritor de ciencia ficción Ray Bradbury, a publicar un cuento titulado "The Toynbee Convector" en  revista "Playboy", en 1984. En este relato, plantea la necesidad de la civilización humana por construir su propio futuro para salvarse del ocaso, imponiéndose los máximos y más demandantes desafíos, en este caso la colonización de Júpiter.
Cabe comentar que, durante sus servicios diplomáticos en Oriente, el escritor chileno Miguel Serrano hizo cierta amistad con Toynbee, que se hallaba en Nueva Dehli invitado por el Indian Council for Cultural Relations, dando varias charlas. Años más tarde, sin embargo, confesaría sus sospechas de que Toynbee estuviese relacionado con ciertos organismos de seguridad y conspiración política.
Historiador británico Arnold Toynbee. Imagen de Revista "Life".
LA ODISEA EN EL ESPACIO
El resto del mensaje de las placas continúa aludiendo a lo que, claramente, es la película "2001: A Space Odyssey" de 1968, del director Stanley Kubrick, quien escribió la obra basándose en los cuentos "El Centinela" y "Júpiter V" de Arthur C. Clarke, célebre autor de ciencia ficción que colaboró también directamente en el guión del clásico y premiado filme.
Tan segura es esta relación de las placas con la famosa película, que algunas variantes del mensaje principal estándar en las que hemos reproducido, en lugar de "In Movie '2001" llevan inscrito "In Kubrick's '2001". Ambientada en el espacio profundo, el filme aborda en forma ecléctica, filosófica y a ratos surrealista una serie de planteamientos que van desde la civilización humana hasta la vida alienígena, pasando por la inteligencia artificial, el desarrollo tecnológico, los secretos de la existencia y -tangencialmente- algo de teología.
La posible relación con Bradbury vuelve a manifestarse en esta invocación a "2001:  A Space Odyssey": sucede que hay quienes notan ciertas semejanzas entre "The Toynbee Convector" y la obra de Clarke titulada "Júpiter V", desde la cual también se tomaron varios detalles para la película de Kubrick. En "Júpiter V", de hecho, hay menciones textuales a Toynbee, incluso en el nombre de la nave en la que van los cosmonautas hacia el planeta gigante.
Si se quisiera forzar la imaginación y la credulidad hasta el extremo, podríamos intentar relacionar ciertas situaciones astrológicas que, supuestamente, involucraron al planeta Júpiter justo en el año 2001 del atentado a las Torres Gemelas (existe cierta interpretación, de que las habría profetizado). Sin embargo, tratándose claramente de un mensaje arcano y codificado, la explicación debe ser acaso mucho más filosófica y compleja.
Con relación a lo anterior, cabe recordar que hubo placas en las que se aseguraba que la idea de revivir muertos en Júpiter alude a un entrenamiento secreto de los astronautas del filme, que son revividos al llegar al planeta.
Afiche de la película "2001: Odisea en el Espacio", de Stanley Kubrick.
EL MISTERIO DE LOS ZOMBIES DE JÚPITER
La tercera parte del mensaje es lo más enigmático y difícil de interpretar: "Resucitan los muertos en el planeta Júpiter".
Hay quienes quieren verlo por separado, la parte de resucitar muertos (al estilo Frankenstein) de la referencia a Júpiter, pero creo que este enfoque sólo busca ajustarse a las cuatro líneas en que se distribuía generalmente el mensaje. Aquí hay algo que creo más profundo y completo; más parecido al concepto de vencer a la muerte y lo efímero de la vida, asociando la maravillosa posibilidad a un planeta como Júpiter. Éste astro, además, remata todo el mensaje, pasando por Toynbee y el filme de Kubrick, no sólo por la sugerencia de la resurrección de los muertos.
Júpiter, ciertamente, es también un regreso al filme "2001: A Space Odyssey", pues el planeta es parte nuclear en el escenario de la obra cinematográfica. Empero, la referencia a la resucitación de muertos no ha encontrado explicación satisfactoria por sí misma entre los investigadores de las Placas Toynbee, a pesar de que el filme sí expresa eso con su personaje principal, que aparece decrépito y muriendo después de su viaje interdimensional y, al final del mismo, renacido en un embrión que flota por el cosmos.
Este elocuente contenido ha sido relacionado con una obra del conocido novelista y dramaturgo David Mamet, que ya se ha convertido en otro misterio dentro del mismo misterio. Titulada "Four A.M." y hecha inspirándose en el conductor Larry King, en 1983, el relato corto fue publicado en la colección "Goldberg Street: Short Plays and Monologues", dos años después. En ella encontramos a un presentador radial llamado Greg y al encargado de la mesa, conversando por teléfono con un auditor que ha llamado en vivo y que se refería la idea de resucitar muertos en Júpiter, propuesta que había interpretado del mismo filme de Kubrick y Clarke. Parece imposible que todo esto se trate de una simple coincidencia.
Uniendo sus frases interrumpidas por Greg y por el otro personaje en la obra de Mamet, tenemos:
"En la película 2001, basada en los escritos de Arnold Toynbee, hablan del plan... toda la vida humana está hecha de moléculas... Todo humano (...) En los escritos de Arnold Toynbee él discute un plan por el cual toda la vida humana podría reconstituirse fácilmente en el planeta Júpiter... Como estamos hechos de moléculas, Greg, y los átomos de toda la vida humana que han vivido todavía están en todos nosotros (...) Nos gustaría dar a conocer nuestra organización, Greg. Somos muy jóvenes. Hemos estado existiendo más de un año y queremos dar a conocer nuestra teoría. Y, Greg, no sabemos cómo".
Todo está allí: la idea de Toynbee, "2001: A Space Odysey" de Kubrick, revivir muertos, el planeta Júpiter. Aunque Mamet explicó que todo este episodio era un invento suyo, una de las declaraciones del ideario de una enigmática organización llamada Minority Association promotora de la extraña idea y de la que volveremos a hablar acá, decía por esa misma época:
"El concepto de la colonización del Espacio Exterior de Arnold Toynbee, como se describe en la película '2001 A Space Odyssey', fue explicada por primera vez en un "call in" en el Show de Larry King, en febrero de 1980".
Más aún, de acuerdo al artículo "David Mamet y 4 AM" del investigador Steve Weinik, publicado en el sitio "What it is...? Toynbee Idea" el 23 de agosto de 2015, estaría demostrado que entre febrero de 1980 y abril de 1983, un auditor del programa radial de Larry King llamó repetidamente a la estación, insistiendo en esta idea precisa expuesta en "Four A.M." y que es la misma de las Placas Toynbee.
La idea plasmada en la obra de Mamet procedería de este hecho real, entonces, a pesar de la versión dada por el escritor.
Placa en Saint Louis, Market Street con 8th. Fuente imagen: Stltoday.com.
La "Placa del Manifiesto" en el cruce de las calles 16th and Chestnut, en Philadelphia. En realidad, son cuatro placas funcionando como "carillas" para la extensa declaración colmada de denuncias y acusaciones. Fuente imagen: Altereddimensions.net.
LA BÚSQUEDA DEL AUTOR
El sujeto que hasta 1983 intentaba contactar a talk shows y periódicos de la ciudad, se presentaba como un tal James Morasco. Tuvo la ocasión de discutir sobre la idea de Toynbee en el periódico "The Philadelphia Inquirer", donde quedó registrado su nombre. Habría descubierto el "mensaje", según él, en la obra del historiador en 1979, un año antes de empezar a divulgarlo por los medios o enviando cartas al diario y, poco después, transmitiendo por onda corta desde su propio automóvil, a partir de 1985 según se cree.
El 14 de mayo 1983, y al parecer valiéndose de esta información, Clark DeLeon había publicado una nota titulada "Teorías: ¿me lo podría repetir?", también en "The Philadelphia Inquirer". Allí mencionaba la supuesta campaña de James Morasco y del grupo autodenominado Minority Association en Philadelphia, para resucitar terrícolas muertos en Júpiter... Sí, tan delirante como suena.
Dice también DeLeon, tras hablar telefónicamente con un desconfiado Morasco, que su idea había despertado mientras leía a Toynbee y que pudo reconocerla aplicada en "2001: A Space Odyssey":
"Es por esto que ha estado tratando de salir en programas de televisión y en periódicos para difundir el mensaje. Incluso ha fundado una organización para la colonización de Júpiter, llamada la Minority Association".
El misterioso Morasco habría nacido en 1915 y se desempeñaba como trabajador social, según DeLeón. Las placas aparecieron cuando él tenía cerca de 70 años, sin embargo, después de varios esfuerzos poco fructíferos por difundir su mensaje, tras los cuales habría pasado a las campaña de las placas puestas en las calles, hacia mediados de los 80. Sin embargo, aunque la época original de las placas parece llegar hasta el año 2000 aproximadamente (el resto del tiempo es ya una especie de culto pop), siguieron apareciendo después de la muerte de Morasco, sucedida en 2003.
Ese mismo año, el escritor y periodista Doug Worgul, del "Kansas City Star", descubrió una placa en la esquina de las calles 13th y Grand en el centro de Kansas. Luego de esta experiencia, acabó escribiendo un artículo en el sitio web The Star, que ha servido de base a muchos textos posteriores dedicados  a las Placas Toynbee, logrando contactar por teléfono a la viuda del entonces recientemente fallecido James Morasco. Esto no fue difícil: era el único con ese nombre que figuraba en la guía telefónica de Philadelphia.
Sin embargo, la mujer colaboró poco: le informó que su esposo había muerto en marzo pasado a los 88 años y fue esquiva para aportarle más información, negando conocer cualquier cosa sobre las placas. De todos modos, Worgul continuó su investigación, sirviéndole para su novela "Thin blue smoke", publicada en 2009.
Poco después del contacto de Worgul con la viuda, periodistas de "Action News" dieron con la esposa de un fallecido carpintero llamado James Joseph Morasco, a la sazón recientemente partido de este mundo a la edad de 88 años. Nuevamente, la mujer negó cualquier relación de su finado esposo con las placas y con el tema de Júpiter.
Placa Toynbee ubicada en la ciudad de Pittsburgh.
Placa de la ciudad de Cleveland. Fuente imagen: Blog Expedientes XXL.
UNA POSIBLE IDENTIDAD
El asunto podría haber quedado entrampado ahí, pero apareció más información nueva e interesante en el documental "Resurrect dead: the mystery of the Toynbee tiles", de Jon Foy, de 2011, obra receptora de un premio a la dirección en el Festival de Cine de Sundance, casi al instante mismo de ser concluida.
El joven y aventurero Foy se había enterado en 1999 de la existencia de estas placas, pero no estaba seguro de que fueran reales hasta que pudo encontrar una cerca de Liberty Bell en Philadelphia, muy próxima al cine "Ritz at the Bourse" donde trabajaba. Fue así como se inició el proyecto con grandes sacrificios por parte de sus partícipes. Protagonizaron la investigación documentada en el filme Justin Duerr, sus amigos Colin Smith y el mencionado Steve Weinik, todos residentes de Philadelphia que comenzaron a rastrear el origen de las placas en 2005.
En su búsqueda de largo tiro y que ha sido vital para ir aportando luz al misterio, Duerr llega al nombre de un solitario residente de esta ciudad. La placa de Santiago de Chile con la dirección de Philadelphia fue fundamental para la búsqueda grupo y su arribo a ese nombre específico, como se ve en el mismo trabajo fílmico que es (aunque mantengo pequeñas dudas sobre sus conclusiones) una premiada y magistral clase de cómo investigar a partir de poco y nada, valiéndose de recursos elementales combinados con inteligencia para llegar a hechos concretos, cuando las metodologías tradicionales de investigación simplemente no bastan para arrancarle algo a lo poco que hay disponible.
Después de consultar en el vecindario, Duerr y sus amigos descartan como sospechoso a un ferrocarrilero llamado Julius "Joe" Piroli, que a pesar de haber podido estar relacionado con el trabajo de instalación del gran telescopio de La Silla, en la Región de Coquimbo, Chile, falleció en marzo de 1987, haciendo imposible su participación en las Placas Toynbee aparecidas después de esa época.
El hombre misterioso sería, pues, Severino "Sevy" Verna, principal sospechoso de haber producido las Placas Toynbee. Antes de comenzar a instalarlas, sin embargo, este sujeto había divulgado sus extravagantes ideas por radiotransmisiones de onda corta ("Radio Toynbee"), según averiguan después de consultar afanosamente en festivales  deestos radioaficionados y ser orientados por el propio DeLeon, a través del correo electrónico.
Hijo de dueños de una funeraria, desde niño Verna habría tenido una obsesión con la muerte, al punto de que metía palomas muertas en baldes de cemento, esperando que pudiesen ser revividas a futuro. Según el mismo documental, comenzó a pegar placas al suelo, a veces usando para ello su vehículo con una cavidad especialmente hecha en el piso del mismo. También lograron proveerse de algunos documentos repartidos en nombre de la Minority Association. El nombre James Morasco sería, de acuerdo a esta investigación, el alias que usaba por entonces Verna.
Desgraciadamente, el mentor de la Minority Association ya había fallecido cuando intentaron contactarlo. El anciano pasó sus últimos años prácticamente solo y cuidando sus palomas. La dirección que aparecería en Chile, en la placa de Estado con Agustinas, habría sido su antigua residencia. No queda claro, sin embargo, cómo es que esta y otras placas o mosaicos aparecieron en ciudades de Sudamérica, si acaso Verna realmente trabajaba solo colocándolos y no apoyado por alguna clase de seguidores o contactos dentro y fuera de los Estados Unidos.
Documental completo (en inglés) "Resurrect dead: the mystery of the Toynbee tiles" (Jon Foy, 2011) en Vimeo. Fuente: vimeo.com/139745603.
Y SE ACABÓ SU PRIMERA ÉPOCA
Las placas, ya convertidas en fenómeno de masas, se fueron transformando, aumentando de tamaños y apareciendo con mensajes cada vez más largos y confusos, a veces con contenidos políticos, declaraciones conspiranoicas, dibujos, símbolos, guiños eróticos y proclamas antisemitas. Sin embargo, los conocedores del tema coinciden en que las originales fueron las verdaderas representantes del misterio, mientras que las aparecidas masivamente ya durante el actual siglo, no han sido más que imitación o experimentación casi "barroca".
Muchas placas de aquella primera y auténtica generación a la que también perteneció la de Santiago de Chile, han desaparecido en sucesivos asfaltados de calles y avenidas, incluyendo las de su natal Philadelphia. Otras ciudades, como Chicago, las consideraron simple vandalismo y se empeñaron en eliminarlas. El envejecimiento y desgaste también se ha llevado varias, como las que estaban en Buenos Aires, aunque han aparecido en Argentina otras que consideraríamos más bien de la generación impostora.
Sin embargo, esta claro que las piezas generaron -sin quererlo- un estilo de arte urbano (o pseudo arte, como quiera definírselo) que aún está en práctica y que no extrañaría siguiera creciendo hasta ser "oficializado", de alguna manera.
La Placa Toynbee de calle Estado, en Santiago de Chile, podía ser vista por miles de transeúntes diarios, pero al parece pocos lo hicieron; y menos la fotografiaron alguna vez, existiendo muy poco material gráfico. Los cambios de la carpeta pavimentada de estas céntricas vías se la llevaron para siempre, pasado el cambio de centuria, hacia el año 2002 ó 2003 según recuerdo. Nada queda de ella allí.
Como era de esperarse, la destrucción paulatina de las Placas Toynbee repartidas por el mundo en el último par de décadas del siglo pasado, ha alimentado más interpretaciones fantásticas sobre teorías de conspiración y de secretos guardados a muerte por el Nuevo Orden Mundial, de las que su creador quería advertirnos.

2 comentarios:

  1. ¡Me encantó!
    Gracias por compartir una historia tan buena.

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  2. Llegué por la Casa del Pilar de Recoleta y he descubieto un tesoro en tu blog . Gracias por compartir y gracias por entregar cultura .

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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