martes, 4 de octubre de 2016

EMBALSE PUCLARO DEL RÍO ELQUI: DONDE SE JUNTARON LA INGENIERÍA, LOS DEPORTES NÁUTICOS Y UNA PROLONGADA SEQUÍA

Coordenadas: 29°59'40.30"S 70°51'39.35"W
Avanzando hacia el interior del Valle de Elqui, pasado el sector de El Molle por la Ruta 41, se llega a la gran obra de ingeniería de la Región de Coquimbo: el Embalse Puclaro "Intendente Renán Fuentealba Moena", ubicado unos 50 kilómetros al oriente de la ciudad de La Serena y a unos 10 al poniente de Vicuña, a cuya comuna pertenece.
Recién este año subí al paseo que existe sobre la corona de su cortina y represa, visitada por muchos curiosos y turistas diariamente. A pesar de este retraso en acercarme a su enorme obra, vi nacer este embalse durante mis viajes al Valle de Elqui en los años noventa, desde que comenzaron las obras en agosto de 1996. Recuerdo cuando se estaba construyendo el actual tramo más alto de la Ruta 41, por el borde del camino del sector conocido como La Polvada o la Polvadera, pues el tramo de la carretera original quedaría bajo las aguas. Por entonces, a los viajeros nos obligaban a detener los vehículos y esperar en cada descarga de explosivos, las que iban abriéndole paso al nuevo trazado de la ruta.
El Embalse Puclaro nació de la necesidad de represar aguas potables para regadío de los vastos campos elquinos de viñedos, fundamentales para la rica industria pisquera y vitivinícola de la zona. Cerca de 20 mil hectáreas sería regadas con esas aguas, abasteciendo a más de 2.500 predios del valle. Curiosamente, sin embargo, ya existía un estudio de septiembre de 1972 para la Dirección de Riego, presentado por la firma Salzguitter, como antecedente de la construcción del Embalse Puclaro en el valle y que sirvió también al nuevo plan
Vista de la feria de productos de la zona, en el acceso al paseo.
Vendedora de copaos y de productos derivados del mismo fruto, en el sector de la feria de productos típicos del Embalse Puclaro.
El anteproyecto de la Dirección de Riego del Ministerio de Obras Públicas, quedó encargado al Consorcio Ingendesa y a la firma EDIC Ingenieros Ltda., con experiencia en trabajos para hidroeléctricas y embalsados, comenzado a proyectar la represa para el canal Puclaro en el Río Elqui en 1991 y hasta 1993, cuando ya se habían iniciado los estudios correspondientes por parte del ministerio. Al plan original, de embalse para aguas de riego y basado en parte en el Informe Salzguitter, también se adicionó una propuesta de central hidroeléctrica de 10 MW, como proyecto de detalle.
Empero, tuvo un esperable aspecto polémico este plan, como todas las grandes obras que intervienen radicalmente el paisaje: desde antes que se iniciaran los trabajos, hubo gran resistencia de los habitantes de la región, especialmente de parte de aquellos que vivían en los sectores inundados y que debieron ser reubicados dentro del valle. Los principales pueblos que desaparecieron bajo las aguas fueron Gualliguaica cerca de El Tambo, que recuerdo aún con sus viñedos y antiguas casas de campo. También desaparecieron los caseríos de La Polvada y Punta Azul. Incluso en nuestra época hay habitantes de la zona que reclaman porque la masa de aguas "refrescó" el clima del valle por todo ese sector adyacente a la represa, revelando cierto resquemor persistente.
Otro problema que enfrentó el proyecto, fue la resistencia natural: inesperadas tormentas sucedidas en agosto de 1997 a consecuencia del paso de El Niño, que arrojaron turbiones y aguaceros por el Norte Chico de Chile, aunque seguidos del fenómeno del Desierto Florido, que visitamos durante septiembre de ese mismo año. Esto complicó las faenas que llevaba adelante la Constructora Puclaro, sociedad encargada de las obras.
Terminada la construcción de la represa e iniciada la evacuación de los pueblos que acabarían sumergidos, el 15 de octubre de 1999 comenzó la inundación del embalse con capacidad de 200 hectómetros cúbicos (200 millones de metros cúbicos). La superficie de sus aguas quedaron a 508 metros sobre el nivel del mar.
Vista del murallón en pendiente de la cara poniente de la cortina del embalse, desde el sendero peatonal con pircas y pretiles de roca.
Escultura "Imágenes Eólicas del Elqui", de Mario Arenas Navarrete, en camino de subida a la pasarela superior del embalse. Obra de 2006, tiene la particularidad de producir un curioso sonido de cuerdas gracias al viento.
El Valle de Elqui, visto hacia el poniente desde la vía de coronación de la presa. Hilo de agua del río Elqui, mirado desde la vía peatonal superior. Horas cercanas al atardecer.
Aunque dedicaría un capítulo especial a Gualliguaica y a su desaparición bajo las aguas del embalse, cabe recordar que las calles de este poblado comenzaron a llenarse de agua lentamente en aquella ocasión y ante la entristecida vista de los últimos vecinos residentes, cambiándose completo a un sector más alto donde fue refundado con su Iglesia de San José (de 1757) reconstruida y también una copia de su antigua estación de trenes, con algunos elementos de la original desaparecida. Por esta razón, Gualliguaica es conocido como el primer pueblo fundado en el siglo XXI (al menos en Chile).
Con cerca de 760 hectáreas de inundación, el Embalse Puclaro fue bautizado "Intendente Renán Fuentealba Moena" en homenaje al histórico militante de la Democracia Cristiana y ex Intendente de la Región de Coquimbo desde el regreso de la democracia, tras dejar el cargo en 2000. Posteriormente, ha seguido siendo perfeccionado el servicio de abastecimiento hídrico: en octubre de 2011, por ejemplo, la  Junta de Vigilancia del Río Elqui y sus Afluentes logró que se trajeran desde Australia seis compuertas radiales automatizadas de la firma Rubicom, para misma cantidad de canales de derivación de aguas de riego. La obra de instalación quedó confiada a la Administradora Río Elqui Ltda.
Sus capacidades y magnitudes lo convirtieron en una importante y confirmada atracción regional: por un lado, las postales de su presencia en el valle, tanto por su obra de ingeniería como por la masa de aguas acumuladas a espaldas de su cortina; y por otro lado, por la gran cantidad de actividades deportivas que atrajeron estas mismas aguas.
En cuanto a las visitas y postales fotográficas, se accede al embalse por un paso casi llegando al Túnel Puclaro de la Ruta 41, que también se construyó como parte de las obras relacionadas con la represa. Se paga sólo una cantidad a criterio del visitante, y lo primero que se encuentra tras el paso hacia la ribera Norte es un cómodo estacionamiento de vehículos. El camino peatonal sigue junto a una feria de productos típicos de la región, donde se pueden encontrar las típicas papayas, mermeladas elquinas, licores, frutos de copaos, artesanías, cerámicas de inspiración diaguita, palos de agua y recuerdos varios.
Pasarela superior de la represa, con las torretas y faros de piedra. Vista de los postes de piedra con sus casetas de iluminación nocturna en la parte superior de cada uno.
La arquitectura rústica de las torretas y del paseo en la coronación. Vista de la pasarela superior del embalse, paseo sobre la cortina que recorre el largo de la represa desde un extremo a otro. Vista hacia el Sur.
Vista de la pendiente, hacia el lado de las aguas embalsadas. Murallón cortina de la represa, por el costado oriente, desde el extremo Norte. Arriba se ve el paso superior por donde transitan los visitantes.
Después de pasar por el borde del cerro adyacente al embalse, se llega por fin al inicio del recto paseo por la pasarela superior de la sólida cortina de 83 metros de altura, escoltada por pretiles de rejas y más de 40 torretas de piedra con faros de iluminación, al poniente, y un pretil de concreto y barreras sobre las aguas azules, al oriente. Son 4.900.000 de metros cuadrados los del murallón y una larga vía de coronación de 595 metros de longitud, hasta el borde del otro cerro que prensa el murallón con pendientes, inundando parte del sector de Marchihue y rematando este último tramo con la bocatoma de desagüe hacia el poniente, cerca de El Romero.
La descrita disposición natural de los cerros y contornos del cajón del río es lo que permitió que este tramo del Valle del Elqui fuera escogido para la construcción del embalse y su inundación, precisamente. Tal situación geográfica produce un fenómeno eólico singular, conocido como el Efecto Venturi, con una concentración de fuerzas y velocidad del viento por un segmento específico estrecho, expandiéndose nuevamente al recuperar espacio en su desplazamiento.
La anterior condición del paisaje y del viento local es homenajeada con un monumento ubicado al inicio del paseo en la coronación del embalse, quizás el único en Chile que es, además, un instrumento musical: "Imágenes Eólicas del Elqui", del artista Mario Arenas Navarrete. Fue inaugurado allí en enero de 2006, y fabricado con colaboración de la Universidad de La Serena (como parte del período de celebraciones de sus 25 años) y fondos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Participaron en la confección del curioso dispositivo el físico acústico Herbert Massmann Leser, el luthier Reinaldo Ferrera Castillo y el asesor escultórico Arturo Hevia Salazar. Consiste en una estructura metálica con un arco rematado en un dispositivo de cuerdas parecido al tradicional charrango de cuatro cuerdas del folklore chileno, pero que produce un hipnótico sonido parecido a un silbido vibrante, en todo el artilugio, cuando es tocado por las ventoleras del valle.
Este mismo viento da pie a la otra gran actividad de atracción y de naturaleza deportiva, derivada de la prohibición de usar vehículos motorizados sobre la masa de agua potable del embalse, pero estando autorizadas aquellas como el windsurf o velerismo individual, y el kitesurf y el kiteboarding, o surfeo con propulsión de parapente. Esto atrae a una enormidad de deportistas de dicha comunidad devota y también aprendices, pues se han instalado escuelas de estas disciplinas en el sector riberano del embalse. Esto explica que se hayan realizado aquí campeonatos sudamericanos de kitesurf y de Open Bic. Alternativamente, se practica también canotaje, natación y parapente.
Vista del embalse, hacia el oriente. Paisaje de las aguas del embalse. Se distingue el nivel de las mismas antes de la sequía, en las marcas de los cerros.
Práctica de deportes náuticos, orilla Norte, vista desde el embalse. Deportistas de velerismo y parapente.
Sin embargo, la sequía ha sido tal en los últimos años, que el Embalse Puclaro hoy está a muy pocas de sus capacidades, mermando las cantidades medias de su caudal que, hasta hace poco, se calculaban en 9,5 metros cuadrados por segundo. Desde el año 2013, el descenso de aguas ha sido dramático, y las voces de alerta se han ido acumulando ante la poca expectativa de que haya un cambio radical de situación.
Hoy, en el mínimo histórico, incluso pueden verse las marcas en los bordes de los cerros, señalando el punto donde alcanzaba el agua represada hasta hará menos de cinco años. Hacia el oriente, la extensión de las mismas aguas embalsadas que antes llegaban hasta el sector San Carlos, abarcando unos 7,4 kilómetros de longitud, hoy están llegando sólo hasta el sector frente a La Polvada, superando escasamente los 2,3 kilómetros de largo. Claramente, se está frente a un problema inminente, en caso de no haber modificaciones positivas del escenario.
El recogimiento de las aguas también trajo una consecuencia inesperada, desde hace unos tres años ya: quedaron al descubierto otra vez las ruinas del pueblo fantasma de Gualliguaica, pudiendo distinguirse entre los restos la antigua escuela, las cuadras, las pircas, los trazados de los desaparecidos viñedos y hasta la antigua carretera que pasaba por allí. Esto ya es parte del legendario elquino: se reportan entre los residentes de la zona las apariciones de un supuesto duende en el tranque, la entrada del túnel y las pasarelas, que sería en realidad el alma de uno de los niños que vieron a su pueblo inundado cuando se represó el río, ahora en esta forma, rasguñando y molestando a la gente que ha ido a tomar fotos o admirar la belleza del lugar, desconociendo la tragedia, incluso cuando ya se han marchado y duermen en sus casas.
El fenómeno de la reaparición del pueblo ha convertido este lugar del valle en otro de los muchos atractivos turísticos del Río Elqui, además de frotar la nostalgia de sus exhabitantes que, como vimos, fueron reubicados muy cerca de allí, en terrenos más altos. Sin embargo, por sobre todo, Puclaro es una advertencia sobre el futuro de los riegos de una de las más importantes y productivas zona agrícolas de Chile.
GALERÍA DE IMÁGENES:
Pretiles del camino hacia la represa. Atrás se ve la pasarela superior y la cara poniente del embalse.
Panorámica del camino entre el acceso y la pasarela superior del embalse.
Escultura "Imágenes Eólicas del Elqui", de Mario Arenas Navarrete, en camino de subida a la pasarela superior del embalse. Vista del arco sonoro de esta obra-instrumento.
Escultura "Imágenes Eólicas del Elqui", de Mario Arenas Navarrete, en camino de subida a la pasarela superior del embalse. Detalle de las cuerdas que producen el sonido al contacto con el fuerte viento del valle.
Pasarela superior de la represa, con los postes de piedra del lado poniente y los pretiles dando hacia las aguas embalsadas, al oriente.
Sector de desagües de la represa, en su extremo Norte. Vista del Valle hacia el poniente.
Pretiles de rejas y piedra, con uno de los postes. Por las noches, el embalse es iluminado con lámparas que están dentro de estos mismos torreones de piedra.
Vista del embalse y su pasarela desde el extremo Sur. Se observa, al fondo, la marca del nivel de agua en los cerros antes de la sequía.
Diseño de las rejas de los pretiles del lado poniente, conectando los postes de piedra.
Vista del valle entre las rejas, hacia el poniente. Se observa el verdor del Valle de Elqui.
Cerros del lado poniente de la represa, y parte de los pretiles con rejas metálicas en la vía superior para visitantes.
Escala de descenso por la pendiente del muro cortina de represado, costado poniente del embalse.
Panorámica del costado poniente de la cortina del embalse, el río y los cerros, vistos desde el extremo Norte de la represa.
Panorámica del Valle de Elqui hacia el poniente de la represa, desde la altura de la pasarela.
Panorámica de los cerros y las aguas represadas en el sector oriente del embalse, desde la vía superior.
Vista de las aguas represadas desde el costado del pretil, más algunos de los cerros del lado oriente.
Grupos de vehículos de deportistas que llegan al embalse a practicar kitesurf y velerismo.
Práctica de windsurf sobre las aguas del embalse. Es una gran atracción para deportistas náuticos.
Prácticas de kitesurf en las aguas del embalse. Es uno de los lugares más concurridos del país para este deporte.
Panorámica del sector poniente de la carretera y del embalse, por la ruta del Valle de Elqui.

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