sábado, 17 de septiembre de 2016

ZARKO, LA MASCOTA DEL BUQUE DE TIERRA EN AVENIDA CUMMING

Coordenadas: 33°26'31.31"S 70°40'5.12"W (entrada del "Ocean Pacific's")
Desde que comencé a publicar acá artículos sobre la historia perruna chilena y el valor cultural del perro quiltro, además de la "cuestión social" de los canes en nuestra semblanza nacional, me he impuesto también la tarea de recordar casos de perros populares que he alcanzado a conocer o de los que tengo registro y que formaron parte de nuestro folklore urbano. Hace poco publiqué algo sobre Spike, por lo mismo, el famoso y mediático perro de las campañas de una compañía de gas, fallecido no tantos meses ya.
Este desafío ha tenido sus premios, como el haber sido ganador de una Mención Obra Inédita en el Concurso Literario "Escrituras de la Memoria" del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, por mi trabajo titulado "Cronicanes: Huellas de perros en el pavimento de la chilenidad" basada precisamente en estos estudios sobre perros históricos chilenos. Sin embargo, también existe una parte ingrata: la de tener que mantener actualizadas reseñas sobre perritos populares que ya partieron, como es el caso del que procederé a relacionar ahora.
Era un can con el color del café con leche el que estaba allí, en la sede Buque Madre del restaurante "Ocean Pacific's" de avenida Ricardo Cumming, número 221, en Santiago, desde que abrían las puertas. Era imposible adivinar los antecedentes raciales de este perrito gordo y patas un poco cortas: algo de labrador, quizás; algo de Cocker spaniel, tal vez; mucho de quiltro, seguro.
El personal de este extraordinario boliche con apariencia de museo náutico, sacaba afuera los banquillos estilo mano de buda, los pendones invitando a pasar a tan prestigiosas mesas y un gran asiento sillón de artístico trabajo en mimbre con apariencia de trono, donde esperaba el recepcionista a los visitantes. Después estos muebles fueron cambiados por tres cómodos asientos de madera y acolchados, donde el perro encontraba un cómodo lugar para dormir. Y entre toda la instalación de cada mañana allí afuera, estaba su casucha, con un papel presentando su nombre a los transeúntes y la clientela: Zarko.
Zarko, echado plácidamente en el sillón del acceso al local "Ocean Pacific's", una noche invernal. Fuente imagen: Sitio Facebook del mismo restaurante.
El quiltro de orejas caídas había llegado al célebre restaurante un día cualquiera, años ya, con apariencia de estar perdido o abandonado desde hacía tiempo. Sediento y hambriento, angustiado por algún refugio, era imposible no compadecerse de semejante criatura inteligente, leal y encantadora. Tras varios días apareciéndose por allí para pedir comida y recibir algunas de las sobras de la cocina, terminó siendo adoptado, quedando a cargo del host Jaimito, recibiendo así tan curioso nombre.
Las puertas que conducen a las salas bautizadas como "El Submarino" y "El Barco" eran las de Zarko, meditabundamente echado en la subida, con su mirada de brillantes ojos oscuros sumida en las reflexiones profundas de su mundo perruno. Solía ser silencioso, aunque ladraba con ronco garganteo cuando se acercaban perros desconocidos a la cuadra, aceptando sólo a sus amigos congéneres del mismo sector de cuadras.
A ciertas horas del día, e incapaz de renunciar a su vida anterior sin dueños ni collares por más que sus tutores humanos lo intentaron, partía a completar andanzas y correrías por el Barrio Brasil, donde era muy conocido. Solía pasear por el bandejón central arbolado de la avenida varias cuadras alrededor, donde recibía más de una caricia, como todo personaje cuadrúpedo querido en el vecindario lo merece.
Aunque era un poco apático con los extraños, Zarko agitaba su corta colita cortada a las caras que reconocía, locales o visitantes, sea en el suelo o echado sobre el mismo sillón. Despertaba de su plácido sueño para hacerle fiesta al dueño Marcos Rulli, a su hijo Vincenzo, a los cocineros, a los garzones, a los empleados en general. Un animal lleno de amigos, incluidos los niños que llegaban al local. Cuando alguien se distraía, a veces entraba sigiloso por esas puertas, escaleras y escotillas del restaurante que le estaban prohibidas, siendo descubierto con rapidez y conminado pacíficamente a retirarse. Sabía que su lugar estaba en el pequeño vestíbulo del recibidor y no más allá.
El guardián... Fuente imagen: Sitio Facebook del mismo restaurante.
Como todo en este restaurante alude a la cultura marítima, el perrito algunas veces aparecía vestido con sencillos atuendos marineros  azules de fantasía, adaptados a su anatomía perruna, especialmente en los días fríos de invierno. Era tan popular allí que incluso aparece mencionado en sitios internacionales de turismo, por los testimonios de los muchos visitantes extranjeros que llegan al "Ocean Pacific's". En el módulo de imágenes de Google Street View, se lo puede ver caminando por la vereda exactamente frente a la fachada azul del restaurante, cuando justo pasaba el vehículo con la multicámara de la compañía.
Regaloneado y hasta mimado, entonces, el perro gozaba de sus lujos: era bañado y enviado a peluquería regularmente, dos veces al mes. Jamás volvió a dormir en la calle, nunca le faltó comida y llegó a ser enormemente querido en el elegante restaurante-museo de las colecciones de historia naval. Jaimito lo llevaba de lunes a sábado, acompañándolo a diario allí en las puertas. Los domingos eran su día libre.
Sin embargo, el simpático quiltro envejecía: de un momento a otro, comenzó a mostrar algunos problemas de salud y el facultativo veterinario concluyó en que el animal tenía complicaciones cardíacas, por lo que debía suministrársele desde entonces, a diario, un medicamento especial para su condición.
Por las tardes, si el quiltro no estaba en otros de sus frecuentes paseos como rondín honorario de aquellas manzanas de viejas casonas republicanas, permanecía acompañando lealmente al "Capitán" Tiago González Navarro, otro ilustre personaje del barrio y guía turístico en el mismo, que caracterizado en su advocación de uniforme marino, con esas largas barbas blancas (que lo han hecho famoso, también, por encarnar al Viejito Pascuero en cada diciembre), recibe a los clientes del "Ocean Pacific's".
El pensador... Fuente imagen: Sitio Facebook del mismo restaurante.
Zarko sabía atravesar las calles. Era un perro bastante temerario, pero astuto. Varias veces apreté los dientes viéndolo cruzar la transitada avenida Cumming o remontando por algunas de las esquinas cercanas. Sin embargo, el perro daba clases a los peatones en su precaución y buen juicio para evitar las ruedas.
Nadie habría pensado que ahí estaba el peligro que iba a quitarle la vida, precisamente, cuando el talento del viejo Zarko no fue suficiente, uno de estos días.
El 22 de agosto, cerca de las 19:30 horas, Jaimito salió a hacer un trámite mientras su querida mascota partió con él, desviándose después hacia la plaza de calle Agustinas, donde tenía otros amigos de su especie abandonados o callejeros que por ahí residen. El perro cruzó quizás como lo haría cualquier humano, pero una conductora de un vehículo tipo Jeep, distraída o poco diestra, no lo advirtió en un aparente cambio de pista y lo atropelló en Moneda con Cumming: primero lo golpeó y después, en una actitud irracional, aceleró sobre la criatura. Adivinando que la responsabilidad era suya pero que sólo se trataba de un animal, entonces, la mujer escapó dejando al perro gravemente herido.
Los varios testigos del accidente corrieron a avisar al restaurante, donde sabían que el perro era acogido. Zarko resultó con fractura de caderas y de costillas que le perforaron un pulmón, debiendo quedar hospitalizado en una clínica veterinaria. El dueño pagó los mejores tratamientos que pudo para la mascota del restaurante, de hecho.
Segmento de imágenes de calle Cumming en Google Street View, justo frente a la fachada del "Ocean Pacific's". A la derecha, se alcanza a ver a Zarko caminando por entre los accesos del restaurante.
Parecía que Zarko iba mejorando en las semanas que siguieron y nunca dejó de mover la cola mocha al recibir visitas de sus amigos humanos. Pero sabemos que al inefable destino le fascina jugar con las falsas esperanzas de los mortales...
Zarko murió el pasado miércoles 14 de septiembre de 2016, a las 7 A.M., cuando su corazón ya no soportó más. El paro cardiorrespiratorio fue, al menos, veloz y puso súbito fin a sus dolores.
Su cuerpo inerte fue velado y luego cremado, y sus cenizas están en posesión del acongojado Jaime, que tanto amó al perro y que tan importante fue en aquel bello capítulo de rescatarlo del abandono y de la indiferencia hacia las mascotas olvidadas de nuestras calles, por irresponsabilidades muy humanas.
Será difícil acostumbrarse a no volver a ver esos pelos rubios echados en el acceso del "Ocean Pacific's", cuya familia de trabajadores y compañeros de labores, sin duda, tendrá que pasar por el doloroso tránsito de aceptar la pérdida de uno de sus más estimados y conocidos tripulantes, su propio perro vigía de este barco de tierra, que tantas alegrías y buena compañía dio a todos en avenida Cumming.

1 comentario:

  1. Interesante historia. Conmovedora.Gracias por el aporte a la memoria

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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