lunes, 12 de septiembre de 2016

LA AZOGUERÍA DE TILIVILCA: UN TESTIMONIO DEL GRAN PASADO MINERO DE LA PLATA EN TARAPACÁ

Coordenadas: 19°56'21.53"S 69°31'44.74"W
En la Quebrada de Tarapacá, en la Provincia del Tamarugal, regresando unos dos o tres kilómetros por el camino desde la entrada al pueblo de San Lorenzo de Tarapacá hacia Huarasiña, más al poniente, se llega a un ancestral sector de la ladera con algunas ruinas y restos de viejas plantaciones en eras de regadío: Tilivilca, a veces llamado y escrito también Tilibilca.
Justo allí, en el costado de la quebrada y junto a la carretera A-565 que se interna por ella, se encuentran varios murallones y estructuras que, en una falsa impresión, podrían semejar los restos de grandes casonas destruidas. Son, en realidad, vestigios de algo mayor y de toda una época: existió allí un centro colonial conocido como la Azoguería de Tilivilca.
Consistía esta instalación en un recinto donde se procesaba plata proveniente de Huantajaya, fastuosa mina ubicada al interior de Alto Hospicio que llenó de riqueza a algunas familias de la zona, fundado algunos copetudos linajes.
La extracción argentífera de la región había comenzado en tiempos prehispánicos, como podrá adivinarse, pero la industria tarapaqueña relacionada con el rubro se remonta a los años del encomendero Lucas Martínez Vegazo, fundador del poblado de Tarapacá sobre una antigua aldea indígena en el siglo XVI, y que es recordado con una gran cruz colonial en la misma localidad. El sistema de la mita o trabajo forzado de poblaciones tributarias del Imperio Inca, se había mantenido en tiempos de conquista y colonización española de los territorios de las minas. Y si bien Huantajaya estaba a cierta distancia de la Quebrada de Tarapacá, su descubrimiento permitió una larga epopeya de riqueza y trabajo.
Una de las familias que hicieron fama y fortuna en la actividad, sería la del General José Basilio de la Fuente, que ya amasaba dinero con otros yacimientos de la zona. Don Basilio recibió derechos de mita y explotación de Huantajaya hacia 1760, por parte del Virrey de Perú, luego de algunas disputas con las autoridades por las condiciones en que trabajaría la servidumbre indígena. Ya entonces, entre las peticiones y protestas de los mitayos al Corregidor de Tarapacá, se menciona a la Azoguería de Tilivilca como parte de la propiedad del General y de esta industria minera zonal, así como la preferencia de estos indios para trabajar en dicho complejo antes que en las duras condiciones de las minas, más distantes de sus hogares, familias y pueblos. Esto motivó una reasignación de funciones entre los sirvientes de Sibaya, en la mita de 1766 para Tilivilca. Y el propio De la Fuente escribía, informando a las autoridades:
"Siendo mi genio propensísimo a todo lo que es mirar con piedad a los pobres indios, como lo tengo bien entendido en mis operaciones, ya que aunque me sería de más utilidad su trabajo en las minas, convengo en que se establezca dicha mita de cincuenta indios para el trabajo de mi azoguería de Tilivilca".
Algo más sobre este complejo industrial de Tilivilca, lo encontramos en  la obra "Patrimonio cultural de la Provincia de Iquique, Región de Tarapacá" de Lautaro Núñez A. y Cecilia García Huidobro, de 2002. Dicen allí los autores que, según documentos del siglo XVIII, la plata que llegaba a estos talleres era sometida un procedimiento de amalgamación del metal precioso valiéndose de azogue, nombre antiguo dado al metal líquido mercurio. Estudios arqueológicos realizados en la zona, también han revelado el empleo de otros métodos de purificación de plata en pequeña escala usando plomo, por lo que el mineral daba una gran cantidad de trabajo a todos los poblados de la zona, en diferentes grados y tecnologías.
La historia de la industria minera sigue cuando el Coronel Bartolomé de Loayza funda una compañía explotadora del mismo yacimiento. Así las cosas, vecinos ilustres aparecerán en este período de Tarapacá y su quebrada homónima, provenientes de acomodadas familias vinculadas a la explotación del mineral: los Flores, los Vilca y los Castilla, muchos con residencias también en Pica, La Tirana y otras localidades de la Pampa del Tamarugal. Llegan también los industriales salitreros y agricultores como los Vernal, los Tinajas, los Lamas, los Quiroga, los Arias y los Vicentelos.
Esta próspera época durará hasta el año 1792, cuando la mayor riqueza del mencionado yacimiento de plata se agotó, esta vez en forma definitiva, por lo que la actividad de extracción quedó reducida desde ahí en adelante, ocupando sólo a sus residentes del poblado de Huantajaya incluso hasta inicios del siglo XX.
En los mismos tiempos coloniales tardíos, la administración provincial de Tarapacá fue separada del Corregimiento de San Marcos de Arica de la Frontera. En 1782, pasó a formar parte de los partidos de la Intendencia de Arequipa del Virreinato del Perú, siendo un lugar de gran relevancia para el comercio entre Lima, Potosí y los territorios de más al Sur. San Lorenzo de Tarapacá era la sede del poder de la provincia, a la sazón, cuando Iquique aún era más bien una caleta y faltando casi un siglo para la Guerra del Pacífico que dejaría todas estas comarcas en posesión chilena.
Ya entonces, las actividades mineras han dejado huellas en casi toda la quebrada, como molinos de chancado, molinos de guimbalete, trapiches, fábricas de pólvora y, por supuesto, las azoguerías. Todavía es posible encontrar vestigios de esta época en la zona. El fuerte acervo de la imagen de San Lorenzo como Santo Patrono de los Mineros, además, parece provenir de esta relación con el rubro y la existencia de la fiesta y patronato suyo en el poblado de San Lorenzo, principal de la quebrada.
El conjunto de la Azoguería de Tilivilca, gruesamente amurallado con unos 200 metros de quincha, adobe y de piedra, fue levantado en algún momento de aquel período justo sobre la vera del camino y subiendo escalonadamente por la ladera, sobre una terraza de sillar de piedras de la propia quebrada.
En nuestros días, es imposible no advertirlo en un viaje por estas rutas. Algunos de sus murallones en ruinas son de bloques de adobe, y otros de piedra con argamasa simple. Se puede recorrer perfectamente a pie por su interior, aunque conviene adoptar las precauciones correspondientes para no afectar la fragilidad del lugar, vulnerabilidad escondida tras su falsa apariencia de añosa solidez. Aún conserva parte de sus viejos techados con vigas y cubiertas de cañas, además de lo que parecen ser escalinatas de piedra y plataformas con distintos niveles de gradería.
El complejo general de Tilivilca mantiene muchos misterios vigentes hasta nuestros días, y también rasgos poco conocidos de su historia y de la asociada a los caseríos que alguna vez existieron en frente de la azoguería, donde hoy pueden observarse trazados de lo que fueron antiguas casas, canales de regadío y los clásicos canchones y eras de la actividad agrícola. Además, al igual que la localidad de Aragón, al interior de Pisagua, Tilivilca se encuentra entre los orígenes de los asentamientos humanos de la zona, por desplazamientos de pueblos costeros.
El recientemente fallecido Cacique de la Fiesta de San Lorenzo de Tarapacá, don Fermín Méndez, dice en un artículo de su autoría ("El pueblo de San Lorenzo de Tarapacá", diario "La Estrella" de Iquique del domingo 7 de agosto de 1988) que, en otras épocas, vivieron en las residencias y haciendas de Tilivilca distinguidas familias que realizaban fiestas y encuentros sociales con trajes de gala y los mejores licores importados, algo que parece haber influido en la tradición local de los parabienes tarapaqueños durante las fiestas y octavas, y el surgimiento del elegante baile cachimbo, posiblemente emparentado con las zamacuecas primitivas y que llamó la atención de estudiosos y folkloristas como doña Margot Loyola, identificando su posible aparición en la llamada danza de Baile y Tierra de la localidad de Pica.
Empero, los caseríos alguna vez aristocráticos de Tilivilca, hoy se encuentran totalmente arruinados, o más bien desaparecidos, tanto por la mala conservación que se arrastró por siglos, como por los efectos de los incontables terremotos a lo largo de la historia de la quebrada… Ya suena a algo de Perogrullo decirlo.
El vetusto complejo de la Azoguería de Tilivilca, con sus murallones y techos de cañas destartaladas, ha sobrevivido a la inclemencia del tiempo y de las placas tectónicas. Lamentablemente, sin embargo, ha habido ocasiones en que parte de sus muros externos han sido ensuciados con la irrespetuosa e infaltable propaganda política, insolencia que –para más desgracia- no se ha visto solamente con estos ejemplos en el territorio de la provincia.

2 comentarios:

  1. necesitamos los antecedentes de donde obtuvo información para sopesar esta información afín de acreditar a el Pueblo de San Lorenzo de Tarapaca como pueblo antiguo ante CONADI.-

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  2. necesitamos los antecedentes de donde obtuvo información para sopesar esta información afín de acreditar a el Pueblo de San Lorenzo de Tarapaca como pueblo antiguo ante CONADI.-

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