martes, 5 de julio de 2016

COLISEO DE ROMA: LOS DOS MIL AÑOS DEL ANFITEATRO DE LA HUMANIDAD

Coliseo en fotografía de 1870, aproximadamente, de la casa Fratelli Alinari. El doble refuerzo diagonal que se observa en el muro de arcadas exteriores, corresponde al contrafuerte hecho por Valadier en 1823.
Coordenadas: 41°53'24.65"N 12°29'32.33"E
Esta semana concluyó un largo trabajo de restauración del Coliseo de Roma, que se extendió desde el año 2013 hasta el pasado viernes 1° de julio de 2016, cuando se anunció el final de las obras. Cerca de 13.000 metros cuadrados de la piedra de su fachada y pasajes fueron limpiados puntillosamente, retirándosele el oscurecimiento y también unas antiguas manos de estuco que perjudicaban la visibilidad del material, además de taparse grietas con masilla de caliza y repararse parte de los arcos.
Fue justo en la etapa final de estos trabajos que estuvimos en el célebre edificio romano, en octubre y noviembre de 2015, cuando aún quedaban andamios en parte de su exterior y con algunas dependencias interiores cerradas al público por los mismos trabajos, especialmente en los niveles más altos. Las obras fueron bien distribuidas durante todo este período, de manera tal que no perturbaron las visitas permanentes a este centro planetario de atracción turística, que atrae a unos seis millones y medio de personas al año, siendo el segundo destino favorito del mundo después de la Gran Muralla China.
Sin embargo, estos trabajos concluidos no son el final de las obras proyectadas en el Coliseo: ahora vienen nuevas intervenciones en parte de sus kilómetros de pasillos con bóvedas, pasadizos y óvalo central, para convertirlo en un centro de actividades culturales y espectáculos masivos, razón por la que se extendió una plataforma al oriente sobre el hipogeo, actualmente al descubierto.
Dejo acá un resumen con los dos mil años de historia de este monumento a lo bueno y lo malo de la humanidad.

Coliseo de Roma - Colosseo di Roma 

ORIGEN DEL ANFITEATRO
El Coliseo fue llamado originalmente Anfiteatro Flavio de Roma, en latín Amphitheatrum Flavium Romae, por haber correspondido a la dinastía Flavia su construcción en el siglo I después de Cristo.
Fue levantado justo al centro de la ciudad de Roma en un sector entre los montes Celio, Esquilino y Palatino, bien abastecido de agua canalizada. El lugar escogido era la Vía Sacra y en el borde oriental de los Foros Imperiales vecino al Gran Pórtico, a diferencia de los otros edificios como éste que quedaban en las afueras de las urbes, como el Amphiteatrum Castrense del  siglo III. Comparado con otros recintos romanos similares de su época, como el Amphiteatrum Tauern y el Amphiteatrum Caligulae, el Amphitheatrum Flavium era un gigante sin parangón, por sus proporciones y aforo.
La idea del Emperador Vespasiano era crear este formidable centro de reunión y recreación para el pueblo integrado al Foro Romano, para que reemplazara un más modesto anfiteatro del Campo de Marte (Campo Marzio) que el Cónsul Estatilio Tauro había hecho construir en el año 29 antes de Cristo, pero que desapareció por las llamas del infausto Gran Incendio de Roma del año 64, que duro 5 fatídicos días.
Las obras del edificio comenzaron en el año 72, en terrenos que el Emperador Nerón había tomado para sí (cerca de 80 hectáreas) en una parte de la ciudad arrasada por el incendio para construir su fastuoso palacio Domus Áurea, allí donde estarán después las Termas de Trajano a partir del año 104. De ahí el infame mito creado por sus enemigos, atribuyéndole a Nerón la autoría del siniestro. Y como éste se había apropiado de tales espacios en forma un tanto truculenta, existe también la teoría de que Vespasiano los escogió para su anfiteatro con el propósito específico de devolverlos simbólicamente al pueblo romano y aportar, de paso, al anatema sobre la memoria del "tirano" y último representante de la dinastía de Augusto. Gran parte del palacio neroniano y sus parques fueron destruidos para abrirle espacio a las obras, entonces.
Por paradoja, sin embargo, a Nerón se debe también que el Anfiteatro Flavio fuese llamado Coliseo a partir de la Edad Media, nombre que provendría del italiano Colosseo (como se le conoce allá) y del latín Colosseum, pues se cree que fue relacionado nominalmente con la presencia del Coloso de Nerón: una enorme y desaparecida estatua de bronce de más de 30 metros que se ubicaba en el camino de entrada al Domus Áurea, erigida para el ego de su dueño. Posteriormente, en el año 126, fue trasladada para despejar el terreno del Templo de Venus y Roma por orden del Emperador Adriano, quedando aproximadamente donde hoy está el acceso a la estación de ferrocarril subterráneo Colosseo, junto al anfiteatro. La estatua duró varios años allí a pesar de los cambios que se le hicieron al aspecto y la cabeza para reconvertirlo en el Sol Invictus, pero quedando asociado de esta manera al anfiteatro, especialmente a partir del siglo XI. Sin embargo, otras versiones suponen que sólo fue llamado Coliseo por su tamaño colosal, explicación comentada -entre otros- por V. Joaquín Bastús i Carrera en su "Diccionario histórico enciclopédico" de 1829.
Por inscripciones que se han encontrado allí, es altamente probable que Vespasiano haya ordenado utilizar parte de los botines de guerra que logró al aplastar la Gran Rebelión Judía (años 66 a 73 después de Cristo) y someter a Jerusalén gracias a las fuerzas de Tito, su hijo y sucesor en el trono. Su arco triunfal recuerda esta conquista en el Foro Romano. En 1813, de hecho, se encontró un bloque de mármol que originalmente estaba sobre una entrada pero que, en tiempos posteriores, fue reutilizado en otra ubicación. Este trozo de roca tenía aún los huecos donde iban las letras de bronce, y se alcanzaba a leer lo siguiente:
"Imp Caes Vespasianus Aug
amphitheatrum novum
ex manubis fieri iussit"
Este mensaje puede traducirse e interpretarse de la siguiente mantera:
"Emperador César Vespasiano Augusto
(erigió) nuevo anfiteatro
producto de los botines"
Lo anterior permite suponer que el Coliseo también tenía, en sus orígenes, algo de conmemoración triunfal y de monumento bélico, pues además de ser financiada su construcción con impuestos provinciales, debió haberse usado en él una buena parte de aquel botín.
Al morir Vespasiano, en el año 79, el Coliseo ya iba terminado por el segundo nivel de sus arcadas y gradas, iniciándose ya el tercero. Los trabajos se completaron hacia el año 80 después de Cristo, bajo la mano gobernante del Emperador Tito. Era el más grande de los edificios romanos de este tipo y se cuenta que su inauguración duró 100 días.
Imagen con esquema de distribución los espacios, estructuras, pasadizos y cobertura de velas del Coliseo. Fuente imagen: National Geographic.
Maqueta con reconstrucción del Coliseo (Lucangeli-Dalbono, fines del siglo XVIII a principios del siglo XIX), en el Palacio Altemps. Imagen fotográfica de las exposiciones interiores del propio lugar.
ARQUITECTURA Y ESTILOS
El diseño visible en la arquitectura del Anfiteatro Flavio fue novedoso y audaz en algunos aspectos, como por ejemplo al combinar varios órdenes estilísticos en una misma unidad, mientras que sus procedimientos de construcción e ingeniería tendieron a ser conservadores, según algunas opiniones expertas. Sin embargo, por la enorme magnitud de la obra, ambas áreas experimentaron un gran desarrollo con esta experiencia, que sirvió para construcciones posteriores romanas.
El Coliseo está montado en sólidos sillares y basales de hormigón romano (opus caementicium) con alternaciones de argamasa de cal y de piedra. Sólo se lo empleó en cimientos y muros, y si bien no era del todo novedoso, fue un gran avance en las técnicas de construcción con dicho material. Cabe recordar que, a diferencia del hormigón moderno que se bate y vierte, el romano era una mezcla de mortero (con caliza y arena volcánica) y conglomerado (caementa) distribuido en capas.
Estos cimientos llegan a casi 13 metros, y para fijarlos se rellenó el terreno donde Nerón había hecho construir una laguna artificial con grandes jardines (el Stagnum Neronis) que fuera mencionada por el poeta Marcial y que era alimentado con aguas provenientes de las fuentes del Templo de Divo Claudio Celio. Estaba en el lugar que iba a ocupar el óvalo del nuevo edificio, por lo que más de 14 metros de sedimentos y fango de la antigua laguna debieron ser excavados y removidos en estos trabajos, rellenándose después la hondonada. La plataforma se hizo de travertino, al igual que los bloques de los pilares, y los basamentos de toba.
El óvalo general del anfiteatro mide 187,5 metros en su parte mas larga y 156,5 en la más estrecha. Su elíptica es de unos 530 metros de perímetro. Los muros alcanzaban la altura de 52 metros (hoy llegan a 48,5 metros) y las estructuras estaban armadas con diseños de arcos y pilastras de piezas ensambladas sin recurrir a argamasa, en algunos casos valiéndose de grapas y abrazaderas de bronce. Se utilizó toba para las estructuras inferiores y los bloques de refuerzos de los dos deambulatorios; y travertino para las áreas superiores. En las bóvedas de concreto en las galerías entre pasillos, se empleó un armazón cimbrado de madera que aligeró el peso de las estructuras. Estas bóvedas y cañones están ubicados cronológicamente entre los más antiguos de la Roma Imperial con del Aula Regis del Palacio de los Flavio, aunque superadas magníficamente por la del Panteón, el Templo de Venus y Roma, las Termas de Caracalla, las Termas de Diocleciano y la Basílica de Majencio (Massenzio).
Exteriormente, la fachada muestra arcadas y muros de cuatro órdenes-niveles: los tres primeros toscano, jónico y corintio, con 80 arcos, mientras que el último sin arcos se considera de orden compuesto. El nivel más alto tiene huecos de lo que fueron 250 mástiles allí colocados para sostener un toldo o cubierta de tela de velamen y más tarde de lino, conocido como el velarium, que proporcionaba sombra y que se accionaba con un sistema de roldanas y cuerdas, manipulado por miembros de la marina de guerra de Roma. No hay total consenso sobre cómo eran estos mecanismos y la posición exacta en que quedaban las cubiertas de tela y los mástiles, según parce. También se ha propuesto que los mástiles estaban anclados con cuerdas a un anillo de cipos que rodeaba al Coliseo a 18 metros de distancia.
Interiormente, no se aplicaron los ordenes de arcos. Los cuatro niveles están interconectados por escaleras y pasillos de pendientes. Los muros con aplicaciones de hormigón en el interior, además, llevaban revestimientos de teselas de piedra o mosaicos en un inicio, y más tarde ladrillos.
El óvalo central, en tanto, correspondiente a la arena de juegos, mide 86 por 54 metros y contaba con una plataforma de madera cubierta de arena, la que ya no existe. Tenía 3.357 metros cuadrados y estaban al descubierto bajo el cielo romano. Debajo de ese antiguo piso tablado, estaban las galerías y mazmorras del hipogeo hoy a la vista e intemperie. A estos pasadizos y celdas subterráneas, el Emperador Domiciano -tercero y último de la era flaviana, después de su hermano Tito- las hizo comunicar con la superficie a través de algunos montacargas por los que subían o bajaban algunos de los animales y participantes humanos de cada presentación, como ascensores con mecanismos de elevación. Domiciano también realizó trabajos de clipeus ornamentales (escudos en bronce, se cree) por el edificio y añadió el más alto de los niveles de graderías para acoger en él a la plebe.
Además del hipogeo, había muchos otros pasillos, celdas y pasajes subterráneos en los que estaban gladiadores, condenados a muerte y jaulas de las bestias, aunque todavía se discute sobre el destino de algunas de estas oscuras galerías pues algunas de ellas parecen salir del perímetro del Coliseo. También existía un ingenioso sistema de acceso y salida de agua en la arena misma a través de cuatro cloacas conectadas a canalizaciones, capaces de inundar el óvalo central y luego vaciarlo con rapidez. Se cree que estos sistemas se hicieron para drenar el agua de lluvia, pero también para concentrar la proveniente de los canales para cierta clase de espectáculos del Coliseo que ya veremos. Como sea, en los días de Domiciano fueron pavimentadas estas cloacas y desagües.
El eficiente modelo de arquitectura e ingeniería para distribuir las ubicaciones del público en la cávea alrededor de la arena, básicamente es el mismo que repetirá a lo largo de la historia en los estadios deportivos y demás anfiteatros. Fuera de espacios especiales reservados para sacerdotes, tribunos o altos militares, su gradería de ocho filas concéntricas estaban distribuidas en los siguientes gradus sociales desde abajo hacia arriba: el podium (lugar de senadores, magistrados y el palco imperial con vigilancia propia de arqueros), el maenianum primum (para aristócratas y personajes influyentes pero sin cargos políticos) el maenianum secundum (subdividido en el sector imum para acomodados y el summum para pobres) y -en lo más alto de la gradería y hecho sólo de madera sin bancas- el maenianum summum in ligneis (para los estratos más bajos y las mujeres pobres, añadido aparentemente por Domiciano).
Estudios contemporáneos demuestran lo fácil que resultaba vaciar la capacidad de 50.000 y hasta 75.000 personas del Coliseo (87.000, según Justo Lipsio) en cerca de cinco minutos, a través de los pasajes vomitorios entre las gradas del público y los pasillos interiores.
El recinto tenía también estatuas en cada uno de los arcos externos del segundo y tercer nivel, y otras en dependencias interiores. Documentos transcritos por Joaquín Bastús se refieren a la presencia de estatuas del Coliseo representando a todas las provincias romanas, con una al centro simbolizando a la ciudad de Roma y mostrando una manzana de oro en su mano. Una fábula decía que si la estatua de Roma se volteaba dando la espalda hacia a alguna otra gracias a un mágico poder, era porque la provincia que dicha figura representaba estaba en preparativos de un levantamiento y debían enviarse soldados hasta ella.
El anfiteatro tenía también dependencias especiales alrededor e interconectadas entre sí, incluso por las comentadas galerías del subsuelo. Hacia el lado del ex Domus Áurea, por ejemplo, se levantaron algunas. Estaban las escuelas de gladiadores del Ludus Magnus y salas de entrenamiento accesorias conocidas como Ludus Gallicus, Ludus Matutinus y Ludus Dacicus. Adjunto, estaba el edificio del cuartel de miembros del Classis Misenensis, destacamento de la flota romana de Miseno que estaba encargada de operar el velarium. También existían dependencias llamadas Summum Choragium y Armamentaria, donde se depositaban las armas y se guardaban los equipos; el Sanatorium para la atención de los heridos, y el Spoliarium donde iban a parar los cadáveres de los gladiadores.
No hay calidad sobre quién o quiénes fueron los arquitectos del Coliseo, sin embargo. Se han propuesto nombres como los de Rabirio, Severo y Gaudencio, mientras que cierta teoría que supone la obra diseñada por Apolodoro de Damasco parece más improbable, por corresponder sus trabajos en Roma a un período muy posterior, a inicios del siglo II. Sí se sabe que algunos trabajos y modificaciones se ejecutan en los tiempos del Emperador Domiciano y que es muy probable que estos arquitectos hayan sido los mismos que los del Anfiteatro Flavio de Pozzuoli, por las semejanzas de sus líneas y estructuras subterráneas.
Reconstrucción artística del Coliseo o Anfiteatro Flavio. A la izquierda, arriba, se observa la estatua del Coloso de Nerón, y abajo el cono de la Fuente de Flavio y el Arco de Constantino. Fuente imagen: sitio ok-roma.com.
Moneda acuñada por Giordano III (años 238-244) con imagen del Coliseo. A la derecha, se observan el Coloso y la Fuente de Flavio; a la izquierda, el Pórtico Oriental de los foros.
LOS ESPECTÁCULOS DE SU ARENA
Los principales espectáculos del anfiteatro romano eran de presentaciones públicas, combates armados, teatro de temáticas mitológicas y actos conmemorativos especiales. Llamados munera especialmente para hablar de los combates, esta clase de encuentros eran sumamente populares entre los sectores más bajos de la sociedad romana, pero solían contar con un patrocinador en cada ocasión, correspondiente a algún acaudalado vecino de la ciudad. Antes de la existencia del Anfiteatro Flavio, además, tales juegos se practicaban en Roma en canchas abiertas de los foros, estadios menores o bien en estructuras temporales.
En la clásica y conocida lucha de gladiadores, los combatientes correspondían principalmente a las categorías de samnitas (los más antiguos, armados con espada corta, escudo oblongo, casco de visera y de cimera emplumada, ócrea en la pierna izquierda y protector de hombro derecho), los tracios (armados con espada corta de hoja curvada, armadura en ambas piernas, túnica corta, escudo pequeño, protectorde hombro y brazo de la espada, cinturón y casco con pluma lateral, visera y cresta alta), los reciarios (armados de tridente y puñal, red de inmovilización, cinturón, manga de cobertura del brazo izquierdo y sin cascos) y los murmillos (armados con espada corta y recta, cascos de bordes amplios y cresta alta, túnica corta, cubierta metálica en pierna izquierda y brazo derecho y el clásico escudo rectangular curvado del legionario), entre otros.
Con el tiempo, fueron apareciendo más tipos de gladiadores que también se han hecho populares gracias a la iconografía histórica y el cine, como los combatientes a caballo o los que, conocidos como "provocadores" abrían con sus presentaciones los juegos de cada jornada, a modo de teloneros. Sus lides a muerte se mantuvieron hasta los días en que el Emperador Honorio (393 a 423) prohibió el juego de gladiadores; según la leyenda, después que un sabio cristiano llamado Almaquino se arrojó a la arena del Coliseo para separar a los gladiadores y evitar que alguno de ellos muriera, siendo castigado allí mismo con la muerte por el Pretor Alipio, pasando a ser santo mártir de la fe.
Sin embargo, otro aspecto controversial del Coliseo es que habría seguido siendo ocupado por los cristianos para los descritos espectáculos sangrientos todavía después de la caída del Imperio Romano Occidental (476 después de Cristo) y hasta el siglo el siglo VI inclusive, aunque las primeras prohibiciones de sacrificios de vidas humanas y animales comienzan antes. Si bien algunas fuentes indican que la última de las peleas de gladiadores de Roma ocurrió en el 404, otras señalan que el último combate de este tipo del Coliseo ocurrió en el año 435, bajo el mando bizantino del Emperador Teodosio II, aunque la lucha de gladiadores había sido relevada ya por otros espectáculos.
No menos brutales eran las presentaciones con fieras, siendo recordadas en el imaginario popular, muy especialmente, las ejecuciones de prisioneros echándolos a leones. Los actos de sacrificios de condenados con animales carniceros eran llamados noxii, mientras que los combates a muerte y cacerías de animales se denominaban venationes, algunas con bestias muy exóticas traídas desde las campañas de conquista romanas en tierras lejanas, principalmente desde África (leones, jirafas, elefantes, cocodrilos, avestruces, etc.). Restos de esta fauna han reaparecido en excavaciones de las alcantarillas. Y en los actos más espectaculares de cacerías, se ambientaba el lugar con escenografía y árboles reales. La prohibición de Honorio a las luchas de gladiadores iba también en el propósito de sustituir estos juegos con espectáculos de venationes.
El cronista y senador romano Dión Casio, aseguraba que más de 2.000 gladiadores y 9.000 animales salvajes murieron en justas y simulacros de caza como parte del extenso calendario de actividades inaugurales del Anfiteatro Flavio, que duraron un centenar días como dijimos. Sin embargo, éstas habrían sido superadas por las fiestas que organizó el Emperador Trajano en el año 107, tras su victoria en las Guerras Dacias representadas en la famosa crónica escultórica de la Columna Trajana: 123 días de celebraciones y juegos, con 11.000 animales y 10.000 gladiadores entregados a los sangrientos juegos.
Aunque no existen estudios concluyentes, se cree que desde los inicios de las funciones del Coliseo, las presentaciones más violentas y mortales no eran las luchas entre gladiadores o con animales, sino las recreaciones de batallas y especialmente las naumaquias (naumachiae), que correspondían a imitaciones de combates navales con buques, armas reales y hasta agua inundando la arena. Esto último se habría consegudi gracias a ingeniosos y veloces sistemas de cloacas de drenaje, mismas que Domiciano hiciera pavimentar terminando con ello, según parece, con esta clase de onerosos y sanguinarios espectáculos. Empero, existen algunas confusiones y debates sobre el grado de presencia que tuvieron las naumaquias en el Coliseo, discutiéndose si acaso se realizaban en lo que sería después el hipogeo o incluso si hay una confusión entre este escenario y otro de Roma para la realización de tales batallas. Ha sido un punto controversial, también, el asunto del tamaño de los buques y las maniobras que podían hacer en el escaso espacio del óvalo interior.
Está en discusión también qué tan sangrientos fueron todos estos espectáculos, cuya memoria está en parte contaminada con la visión de la industria fílmica de Hollywood. Empero, no cabe duda que hubo en ellos alguna dosis de brutalidad, de morbo y de muerte tanto de hombres como de bestias.
Frescos cristianos sobre uno de los arcos de los pasillos interiores principales de acceso a las graderías, con una reproducción de la ciudad de Jerusalén, hecha hacia el siglo XVII o inicios del XVIII. Algunos detalles muestran el Templo y la escena de la crucifixión.  Imágenes fotográficas de las exposiciones interiores del propio Coliseo.
Acuarela del artista británico Francis Towne hecha en 1781, con imagen del Coliseo visto desde el monte Palatino. Se observa también el Arco de Constantino. Fuente imagen: sitio pompeiinetworks.wordpress.com.
PRIMERAS RESTAURACIONES Y REPARACIONES
Hijo de Vespasiano y hermano menor de Tito, el entonces recientemente nombrado Emperador Domiciano hizo concluir el hipogeo con los subterráneos para desplazamientos y encierros, además de agregar un tercer y cuarto nivel de asientos y la parte más alta del óvalo interior, sobre las arcadas. Retoques y mejoramientos se realizaron con los emperadores Nerva (96 a 98) y Trajano (98 a 117).
Sin embargo, los primeros trabajos de restauración del Anfiteatro Flavio de los que se tienen registros, se ejecutaron durante el mando de Antonino Pío (138 a 161).
El 23 de agosto del año 217, muy posiblemente tras la caída de un rayo, parte del Coliseo acabó consumida por un enorme incendio, especialmente en la parte superior. Como muchos de sus interiores de madera terminaron convertidos en cenizas, la situación obligó a hacer una pausa en su cartelera durante 5 años, desde el 217 al 222, trasladando las presentaciones hasta el Circo Massimo. Estas obras fueron iniciadas por Heliogábalo en su último año en el trono. Quedaron confiadas a Alejandro Severo, quien hizo reconstruir la columnata en el sector conocido como la summa cavea en las graderías del anfiteatro. Ese mismo año, volvió a entrar en actividades y recibiendo público, como se confirma en acuñaciones de monedas conmemorando el evento.
A pesar de estar repuesto en servicios, los trabajos de reparaciones se extendieron hasta el 240, en el período del Emperador Giordano III. Sin embargo, hay razones para pensar que otras obras adicionales continuaron incluso hasta el año 252, aproximadamente, luego de que un nuevo incendio, aparentemente provocado otra vez por un rayo caído en el anfiteatro, consumió parte del mismo aunque con menos violencia que en el siniestro anterior, obligando al Emperador Decio a ordenar trabajos de reparaciones y reconstrucción en el año 250.
Nuevas obras de esta naturaleza se ejecutaron hacia el año 320, poco después de inaugurado el Arco de Constantino a sólo metros del edificio, en la conjunción de la Vía Sacra con la actual Vía di San Gregorio. Se sabe también que después del saqueo de Roma por las fuerzas visigodas de Alarico, en el año 410, había una inscripción de gratitud al Emperador Honorio por lo que habría sido alguna otra intervención restauradora del anfiteatro durante su mando. Esta inscripción estaba a la altura del podio, rodeando la arena, pero fue destruida para hacerle espacio a una inscripción posterior celebrando más trabajos de reconstrucción, luego del terremoto del año 442 que, entre otros daños provocados al azotar Roma, afectó al Pórtico de Octavia y la Basílica de Santos Giovanni y Paolo. Esta vez, las obras estuvieron dirigidas por los prefectos romanos Flavio Sinesio Gennadio Paul y Rufio Cecina feliz Lampadio.
La destrucción provocada en el Coliseo por aquel terremoto, sin embargo, obligó a retomar varios trabajos más de reconstrucción por parte del Emperador Teodosio II (408 a 450), según se observa en otras inscripciones. Para peor, un nuevo terremoto tuvo lugar en el año 470, causando más daños aunque con menos agresividad que el anterior, siendo asumidos los trabajos por el Cónsul Mesio Febo Severo.
Las obras de restauraciones y reconstrucciones se extenderían por etapas hasta inicios del siglo VI, pues una nueva agitación telúrica afectó la ciudad en el 484 o el 508 (no está claro). Dos rocas bases de estatuas, con inscripciones y que aún se conservan en el Coliseo, recuerdan desde terminadas estas obras la reconstrucción que realizó allí Decio Marius Venancio Basilio, financiándolas de su propio peculio según se interpreta:
"Decivs Marivs Ventantivs Basilivs v c et inl Praef vrb Patricivs Consvl Ordinarivs arenam et podivm qvae abominandi tarraemotvs rvina svmtv propio restitvit".
Esto se puede traducir y completar de la siguiente forma:
"Decio Marius Venancio Basilio, senador de rango más clarísimo e ilustre, prefecto de la urbe, patricio, cónsul ordinario, la arena y el podio arruinados por terrible terremoto por su propia cuenta restituyó".
Ilustración del Coliseo, hecha por el artista Giovanni Battista Piranesi y publicada en el "Vedute di Roma" de 1776. Se puede observar perfectamente el aspecto del anfiteatro a la sazón, con el hipogeo bajo tierra y una gran cruz al centro de la arena, antes de las grandes restauraciones iniciadas en el siglo siguiente.
Ilustración en base al grabado de Chapuy (c. 1825-1830), mostrando el aspecto del anfiteatro y de su arena antes de las excavaciones que dejaron al descubierto el hipogeo.
DECADENCIA EN LA ROMA MEDIEVAL
Los espectáculos que cerraron la historia del anfiteatro para sus funciones originales, fueron cazas de animales durante el reinado de Teodorico el Grande. Las últimas de las que se tiene registro se realizaron en 519, organizadas por su hijo el Cónsul Eutarico; y en 523, por el Cónsul Anicio Massimo, poniendo fin a medio milenio de funciones y juegos celebrados en él.
A continuación, se le construyó un pequeño templo o capilla al interior, y su arena comenzó a ser ocupada por criptas, usada como cementerio. Empero, parcialmente abandonado y en ruinas, con gran parte de sus estructuras derrumbadas por la vejez y los terremotos, el Coliseo comenzó a ser desmantelado y su material canteado para ser reutilizado en otras obras. Esto confirma que no había, por entonces, una visión sacra identificando al lugar, a diferencia de otros sitios reconocidos como puntos martiriales del cristianismo y que, por la misma razón, eran muy venerados y respetados figurando en las rutas de peregrinación por Roma.
La Iglesia Católica se interesó en el Coliseo al comenzar a identificarlo como un lugar de martirio de los grupos paleocristianos, que habrían sido ejecutados durante las persecuciones imperiales. Poco a poco, comenzó a cultivarse la visión de un santuario de la fe para el mismo, apareciendo con ello los primeros atisbos de interés por preservar el edificio y detener su destrucción. Así, como durante la Edad Media muchos edificios históricos y monumentos de la Roma Imperial fueron transferidos a la propiedad de la Iglesia en medio de los vaivenes políticos, especialmente durante el papado de Gregorio Magno (590-604), el Coliseo quedó en manos de la institución.
Una frase en versos que parece provenir de los primeros peregrinos romanos, pero que el historiador británico Edward Gibbon adjudica al sacerdote y poeta benedictino del siglo VIII San Beda el Venerable, decía:
"Mientras exista el Coliseo, existirá Roma;
cuando caiga el Coliseo, también caerá Roma;
cuando caiga Roma, también caerá el mundo"
.
A pesar de la profecía con alcances de juramento, las dificultades y la falta de presupuesto frustraron toda posibilidad de dar mantención y recuperar el edificio. Así las cosas, las cámaras y espacios entre arcadas comenzaron a ser utilizados por pequeños talleres y comerciantes a régimen de arriendo, usos que se extenderían todavía hasta el siglo XII. Muchos otros edificios históricos y monumentos imperiales romanos estaban en situaciones parecidas de deterioro y decadencia, además... Pero Roma es la Ciudad Eterna, y así, a pesar de todo, también sería eterno el Coliseo.
El 30 de abril del año 801, un gran terremoto en Spoleto alcanza con sus sacudidas a Roma, echando por tierra los techos y campanarios de varias iglesias y produciendo daños en las paredes del Coliseo. Para peor, en junio del año 847 otro terremoto tiene lugar en Benevento, hiriendo nuevamente a Roma. Así, una parte del Coliseo se vendrá abajo a los pocos meses de la elección del Papa León IV.
Tras la deposición y expulsión del Papa Gregorio VII desde el  Castillo Sant'Angelo, en el año 1084, muchos de los edificios y monumentos en manos de la Iglesia, comenzaron a ser transferidos ahora a propietarios notables y miembros de la aristocracia romana. Valiéndose de este recurso, el poderoso clan Frangipani logró apoderarse del Coliseo y lo convirtió en su fortaleza familiar, hacia el año 1200, construyéndole refuerzos y modificaciones a modo de castillo. Permaneció en su propiedad hasta el año 1312, siendo enajenado a los nobles durante el papado de Clemente V y por injerencia del Emperador Enrique VII del Sacro Imperio Romano Germánico, quien lo devolvió al Senado y lo reabrió al público.
Mas, otro enorme terremoto tendrá lugar en 1349, derrumbando muros y arcadas completas del Coliseo que cayeron por el lado del Celio. La mayor parte del aspecto mutilado que hoy se le observa, sin la banda de su nivel más alto y de su círculo de arcadas exteriores por el Sur, se debió a este cataclismo. Mucho de este material derrumbado fue canteado o reutilizado en otros edificios, especialmente iglesias y palacios, algunos incluso en El Vaticano.
La destrucción en este período fue enorme; un verdadero acto de demolición lenta. Se rompieron los revestimientos de mármol y se removieron poco a poco las losas de roca. Parte del material fue calcinado para la obtención de cal y otros fueron a parar para cantería de palacios y residencias particulares. Prácticamente todo el bronce de las abrazaderas, juntas de mampostería y rebordes que había entre los distintos niveles del edificio, desaparecieron dejando vacíos y junturas abiertas en la estructura de piedra que todavía están visibles. Desapareció todo el revestimiento de mármol que forraba el interior, conservándose sólo una pieza de relativo buen tamaño al interior del Panteón.
Otra ilustración de Chapuy (c. 1825-1830), con el aspecto del anfiteatro y de su arena antes de las excavaciones que dejaron al descubierto el hipogeo. Además de las reuniones religiosas en torno a la cruz, el grabado sugiere que era un lugar de paseo y recreación.
El Coliseo de Roma y la Fuente de Flavio (o Meta Sudans) antes de ser demolida. Imagen fotográfica de las exposiciones interiores del propio Coliseo.
ÚLTIMOS SAQUEOS Y SACRALIZACIÓN DEL LUGAR
El desmantelamiento del edificio fue muy parecido al que experimentó en su momento la Gran Pirámide de Giza, un siglo antes, al ser retirada toda su cubierta blanca de caliza para construir varios edificios en El Cairo. En el caso del Coliseo,  revestimientos de travertino de Tivoli fueron retirado paulatinamente entre los siglos XV, XVI y XVII, para reutilizarlos en la reconstrucción del Puerto de Ripetta, algunos puentes del Tévere y varios otros proyectos, pero muy especialmente en el Palacio Barberini (siglo XVIII), mismo sitio donde el soberano español Carlos IV viviera exiliado sus últimos años de 1814 a 1819.
Fue tanto el travertino y el mármol arrancado al Coliseo por los dueños del palacio, que existió por largo tiempo en Roma un dicho popular diciendo: "Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini" ("Lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini").
En el siglo XIV y definitivamente agobiado por la decadencia, el Coliseo era señalado como un lugar oscuro y siniestro. Según el cronista boloñés Armannino Giudice se había vuelto un refugio de paganismo, donde se reunían adoradores de Satanás y practicantes de magia negra. Aseguraba también que había una suerte de código de presentación entre estos extraños personajes: al recién llegado le preguntaban "Colis Eum?" ("¿Lo adoras?") refiriéndose al Diablo, debiendo responderse "Ego Colo" ("Lo adoro"). Esto ha dado origen a algunas teorías especulativas sobre el origen del nombre del Coliseo, a partir de "Colis Eum".
Vimos que áreas del Coliseo habían sido ocupadas como cementerio y capilla, aunque esto no alcanzó para darle una categoría religiosa a todo el edificio. Sin embargo, hacia ese mismo siglo, parte de sus ruinas fueron dispuestas como morada y habitaciones de órdenes religiosas, más específicamente el sector Norte que mejor se conservaba aún. Parece ser el mismo siglo en que se tomó al Coliseo como uno de los principales lugares históricos de sacrificio y ejecución de primeros cristianos, no habiendo plena seguridad de esto.
Al ver cómo el daño se había extendido y el material para cantería del Coliseo seguía siendo retirado con total desparpajo, la Iglesia buscó la forma de reforzar el respeto por el lugar recordando a sus propios mártires allí sacrificados en las persecuciones. El Papa Pío V (1566 a 1572), por ejemplo, llamó a los feligreses a incorporar este anfiteatro romano a las rutas de las peregrinaciones y la devoción por los mártires cristianos. No obstante, Sixto V (1585 a 1590) trató de destinarlo para talleres de hilatura y fabricación de paños de lana, en un iluso intento por rehabilitar a las prostitutas de Roma sacándolas de la miseria y ocupándolas como operarias de esta singular fábrica, idea que no tardó en fracasar y que provocó la hilaridad de los romanos, motivando un dicho de esos días: "Volvieron los espectáculos la Coliseo".
La mirada sacra del lugar fue prendiendo entre los cristianos, haciendo escalar posiciones en la veneración popular romana y así, en 1653, Fioravante Martinelli coloca al Coliseo como el principal de estos santuarios de la fe, en su obra "Roma ex ethnica sacra Sanctorum Petri et Pauli apostolica praedicatione profuso sanguine exposita". No hay claridad, sin embargo, si el realce que Martinelli hace del Coliseo es consecuencia de la importancia que tenía ya en el imaginario martirial cristiano o bien si su libro fue otro impulso para que se consolidara con tal fama en las peregrinaciones.
Este mito histórico que supone al Coliseo como un lugar casi de permanente arrojar de cristianos a los leones, también sería fomentado por el cine y la literatura ficción, más cerca de nuestra época. Siendo muy posible que la mayoría de esta clase de ejecuciones se realizaran en realidad en el Circo Massimo y el  Circo Flaminio, quizás hubo en el Coliseo esta clase de espectáculos con sangre derramada de paleocristianos, pero las referencias y fuentes medievales no eran claras en especificar a qué arena o anfiteatro de Roma se referían al hablar, por ejemplo, de las muertes de San Ignacio de Antioquía y de San Telémaco, ambos dados frecuentemente como ejecutados en el ex Anfiteatro Flavio.
Como sea, terminó siendo tan valorado como lugar de martirio y de devoción, que hubo un gran escándalo en el siglo XVII, cuando el Cardenal Paluzzo P. Altieri acogió una propuesta para que el anfiteatro regresara a funciones, ahora como plaza para corridas de toros. La comunidad cristiana no tardó en protestar liderada por Carlo Tomassi, hasta conseguir que el propio Papa Clemente X (1670-1676) se pusiera del lado de los opositores y ordenara reconocerlo formalmente como santuario cristiano, haciendo cerrar los arcos de acceso al recinto y permitiendo celebrar en él los actos del Año Sacro del Jubileo de 1675. Tomassi mencionó también una intervención por el Príncipe Giovani Battista Pamphili en el anfiteatro, asesorado por el artista y arquitecto Gian Lorenzo Bernini.
Por todo lo anterior, 1749 el Papa Benedicto XIV hizo exorcizar el Coliseo y le dio categoría de lugar santo en memoria de los mártires del cristianismo, poniéndose fin con ello al saqueo y desmantelamiento que llevaba practicándose desde hacía unos cuatro siglos ya en el magnífico e histórico anfiteatro. Es por esta razón, además, que el Coliseo cuenta con la categoría de iglesia consagrada, por lo que técnicamente es un templo además de anfiteatro. El mismo pontífice, siguiendo un consejo de San Leonardo de Porto Maurizio, ordenó terminar con el uso de sus ruinas en la cantería e instituyó la tradición de realizar en él un Vía Crucis en recuerdo de los mártires, erigiendo una ruta de cruces-capillas que permaneció hasta en año 1874.
El penoso estado del edificio, sin embargo, se puede interpretar del grabado realizado en el XVIII por el artista Giovanni Battista Piranesi. Una gran cruz cristiana había sido levantada justo al centro de la antes sangrienta arena del anfiteatro, sin embargo, como expiando las culpas y lavando las penas del lugar. Es el mismo sentido martirial con que se realiza allí el tradicional Vía Crucis a cargo del papa, manteniéndose aún esta ceremonia cada Viernes Santo por la actual ruta de paradas y cruces. Y, como lo hacían aún los otros monjes residentes en el Coliseo, el franciscano San Benito José Labre pasó sus últimos años en él según la creencia, viviendo de la caridad de los fieles hasta morir en 1783. Todavía a inicios del siglo XIX, moraban allí algunos de estos sacerdotes.
Imagen del Coliseo visto desde el Foro Romano. Se lo distingue al fondo de la línea de la Vía Sacra, a la derecha y arriba del encuadre. Hacia el centro, al costado de la vía, los tres enormes nichos de la Basílica de Majencio o Massenzio.
Vista del sector poniente de las Arcadas del Coliseo, desde el Foro Romano. Se logran observar los refuerzos y contrafuertes de Valadier, y los andamios de la última restauración del edificio.
EL COLISEO EN NUESTRA ÉPOCA
La primera restauración del Coliseo en el siglo XIX, se ejecuta después del terremoto del 26 de agosto de 1806, durante el papado de Pío VII. Requiriendo una intervención de urgencia en los anillos de arcada exteriores, que habían quedado muy debilitados por la violencia sísmica, se encargaron trabajos al ingeniero local Raffaele Stern, quien apuntaló segmentos de hormigón para usarlos como monturas y construyó el curioso estribo curvo con escuadra de ladrillos que, siguiendo la forma de la elipse exterior y dejando arcos ciegos en el extremo oriente, sirvió de contrafuerte para soportar la estructura todavía en nuestra época. Su obra fue fundamentalmente estructural y de urgencia, por lo que carece un poco de la sutileza patrimonialista y conservadora de trabajos posteriores.
Nuevos trabajos fueron encargados a Giuseppe Valadier, en 1823, esta vez considerando la reconstrucción y la estética, para recuperar los anillos exteriores del edificio y sus vanos. Su contrafuerte se realizó del lado poniente, ajustándose más al estilo de los órdenes y sin cerrar arcos como sí lo había hecho Stern. Empero, algunas limitaciones de materiales y de presupuesto impidieron que parte de la reconstrucción fuera imitando totalmente las líneas originales del edificio, al concluir las obras en 1826 tras fijar el epígrafe.
Hubo intervenciones posteriores, por supuesto. Las principales fueron durante el papado de Pío IX, dirigidas por Gaspare Salvi, en las que se reconstruyeron con ladrillo parte de los arcos del sector Sur, sobre los arranques de travertino. Luego de la muerte de Salvi, continuó los trabajos Luigi Canina, completando también el cerco interior de arcadas del lado poniente, entre 1846 y 1852.
Como resultado de todos estos trabajos, entonces, se agregaron los estribos o contrafuertes y se reconstruyeron también las arquerías del sector Sur, que se ven claramente más modernas. Se sospecha que tales refuerzos ya adiciones fueron fundamentales para que el Coliseo resistiera posteriores movimientos sísmicos y el propio peso de las estructuras antiguas que quedan en pie.
El rescate patrimonial y arqueológico del Coliseo parece comenzar con las excavaciones realizadas por Carlo Fea, Comisario de Antigüedades, entre 1811 y 1812. También representaron grandes avances para el conocimiento las realizadas por Peter Rose entre 1874 y 1875, período en que el hipogeo comienza a quedar al aire libre tras siglos enterrada. Era el inicio de un largo camino, sin embargo, pues mientras más se avanzaba, más nuevas etapas iban quedando pendientes, como exigiendo un compromiso permanente con el Coliseo, el símbolo perenne de la ciudad de Roma. Por esta razón, cuando lo describió Severo Catalina del Amo en su obra póstuma sobre Roma, publicada por esos mismos años, declaró con elocuencia:
"...la luna, que es el sol de las ruinas, ama con especial amor al Coliseo, y el Coliseo le corresponde, pues no parece sino que guarda sus más dulces encantos para las horas calladas de la noche, en que la luna le envía aquella media luz suave y poética, que es la decadencia y como la ruina de otra luz.
Soñar con el Coliseo en una noche clara y serena es soñar dos veces: en aquellas graderías destrozadas y en aquellos arcos rotos, y entre aquellas piedras, que guardan tantos secretos de la vida y de la muerte, ni la triste envidia ni la torpe ambición turban las complacencias del espíritu; antes, por el contrario, parece que allí se ven más anchos y apacibles los caminos de lo porvenir, por donde el pensamiento hace sus viajes fantásticos, que se llaman esperanzas; allí es más viva la impresión de los recuerdos, ósculos silenciosos, que las almas se envían a través del tiempo y del espacio".
En 1924, se inició la construcción de la Vía dei Fori Imperiali, siendo inaugurada en abril de 1932. Sin embargo, el Régimen Fascista de Benito Mussolini continuó despejándola y mejorándola entre 1933 y 1936, período en que acabaron demolidos los restos ruinosos del pedestal de toba de la desaparecida estatua Coloso y la Fuente de Flavio o Meta Sudans, ubicada a un costado del Coliseo. En el lugar donde estuvo el pedestal del Coloso hoy existe una pequeña plazoleta con jardines, frente a la salida de la estación del ferrocarril subterráneo, mientras que excavaciones más cercanas a nuestra época dieron con los cimientos de la desaparecida Meta Sudans. Hasta los albores de la Segunda Guerra Mundial, además, se hizo excavar estructuras subterráneas del Coliseo que habían quedado tapadas por el tiempo y las intervenciones.
La incorporación de luces nocturnas estratégicamente colocadas en el edificio validó las vistas nocturnas como parte de la plenitud de sus presentaciones ante la cámara fotográfica o la mera observación. Su aspecto de noche, así, se vuelve casi tan hermoso e importante como la misma vista de día. Cierta campaña incorporada más recientemente, hacia el último cambio de siglo y con algún grado de presión eclesiástica, mantiene al Coliseo iluminado de esta forma pero por 48 horas seguidas con luces doradas mientras alguien está condenado a muerte en alguna parte del mundo, y en blanco si se conmuta o posterga una ejecución. Puede resultar bastante discutible asociar penas capitales de asesinos o criminales con el supuesto pasado martirial de este sitio, por supuesto, pero Italia tiene abolida la pena de muerte desde 1948.
Excavaciones realizadas en el Coliseo entre los años 1995-1996 y luego en 2008, arrojaron una gran cantidad de nuevos hallazgos arqueológicos y conocimiento sobre el edificio. Algunos de los descubrimientos están en exhibición en el mismo lugar, en sus niveles interiores más altos. También se construyó una pasarela sobre todo el largo del hipogeo en aquellos años, para el tránsito de visitantes sobre la misma, pero fue retirada conservándose sólo la plataforma del extremo oriental del óvalo interior.
La necesaria sobreexposición del Coliseo, sin embargo, le ha traído problemas ante ciertos escenarios internacionales de conflictos. Fue así como, en agosto de 2011, un llamada anónima advirtió de una supuesta bomba que obligó a desalojar el lugar; bomba que resultó ser la imitación falsa de una real, afortunadamente. Y en abril del presente año 2016, comunicados del grupo de terrorismo fundamentalista Daesh autodenominado Estado Islámico (ISIS), amenazaron con destruir el Coliseo, entre otros grandes símbolos europeos (la Torre Eiffel, el Parlamento del Reino Unido) como parte de su guerra declarada contra Occidente.
Hay algunos datos preocupantes surgidos de estudios estructurales, además. De acuerdo a publicaciones del año 2011, se sabe que el Coliseo tenía cerca de 3.000 fisuras en rocas, que podrían complicarse. También hay una inclinación de 40 centímetros en su estructura, que podría deberse al descenso del terreno y la losa de los cimientos.
Pese a todo, el Coliseo es uno de los monumentos mejor conservados de la antigüedad, a pesar de los derrumbes y los maltratos. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980 con todo el Centro Histórico de Roma por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y una de las "Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno" en un concurso internacional de votaciones de 2007, organizado por la empresa New Open World Corporation y con algunos reparos sobre su legitimidad y su aporte real al patrimonio mundial. Los trabajos de restauración ejecutados entre 2013 y 2016 que mencionamos la principio, han sido un enorme y loable esfuerzo, con buenos resultados a la vista.
Además de su valor como símbolo cultural, el Coliseo es un escenario de inmensa recurrencia en la industria cinematográfica, tanto la de carácter histórico como la de ficción. Cuenta con un pequeño museo dedicado al Dios Eros en sus niveles más altos, además de vitrinas con objetos arqueológicos que se han encontrado en el lugar o que formaron parte del propio anfiteatro. Debe ser, sin duda, uno de los edificios del mundo más cubiertos por documentalistas, para obras que hablen directa o indirectamente de él, con una presencia recurrida en incontables novelas, cuentos, poemas y producción literaria en general. Ni habla de la iconografía, las postales turísticas o los recuerdos de la ciudad donde está presente.
Con sus millones de visitantes anuales y el reconocimiento de su imagen como lugar histórico en cualquier lugar del mundo, no cabe duda de que es y continuará siendo, entonces, el gran anfiteatro de toda la humanidad: mientras exista el Coliseo, existirá el mundo.

1 comentario:

GB Gestoría Integral dijo...

Visite ROma hace 20 dias y el coliseo tiene un encanto muy especial y mas sabiendo por las tantas cosas que pasaron en el lugar desde su construccion......por algo le pusieron coliseo....es verdaderamente un coloso ante tanto castigo!!

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