sábado, 4 de junio de 2016

LA CORTA VIDA DE UN GRAN OBELISCO EN LA ALAMEDA DE LAS DELICIAS DE SANTIAGO

El obelisco, decorado con banderas y listones, en el día de su inauguración el 18 de septiembre de 1859 (lleva una anotación a mano con esta fecha). Vista hacia el poniente, con el campanario de la Iglesia de San Diego a la izquierda, donde ahora está la Universidad de Chile. Fuente de la imagen: Memoriachilena.cl.
Coordenadas:  33°26'36.90"S 70°38'56.30"W (ex ubicación)
En algunas fotografías históricas de Santiago, probablemente las que estén entre las más antiguas de la Alameda de las Delicias, se puede apreciar un enorme obelisco o "pirámide" oscura, ubicada cerca del Convento de San Francisco, estructura cuyo origen y época han sido prácticamente olvidados en nuestro tiempo. Aunque tuvo corta vida o acaso fue solo temporal, para las fiestas de ese año, su valor para la memoria urbana está en haber sido una de las primeras experiencias conmemorativas de la República de Chile, sin embargo.
La aparición de este obelisco coincide con un período de mejoramiento de la Alameda de las Delicias y de su ornamentación, hacia la proximidad del aniversario número 50 de la Declaración de Independencia de 1810. La idea de levantar una obra así parece haber sido propuesta por el arquitecto francés contratado por el Gobierno de Chile, Claudio F. Brunet Desbaines, quien en carta al Ministerio de Instrucción Pública de 1849 ya sugería la necesidad de hermosear la Alameda con algo que conmemorara la Independencia de Chile. A partir de esta proposición se pudo haber llegado al obelisco, cuyo objeto de homenaje era precisamente el sugerido.

Cursado el proyecto, comenzó a ser levantado en albañilería y montaje justo hacia el sector de la Iglesia de San Francisco, más específicamente al centro del bandejón cerca de la esquina de calle Estado, donde estuvo tiempo después la Pérgola de las Flores con su pileta central. Sería llamado Obelisco de la Junta, refiriéndose a la Primera Junta de Gobierno del 18 de septiembre, simiente del proceso de emancipación que culminaría en la Independencia de Chile. El número del histórico año de 1810 destacaba en sus inscripciones, seguido de homenajes a los integrantes de aquella junta y su iniciativa.
Según se desprende de algunas imágenes con referencias que quedaron del obelisco, fue inaugurado el 18 de septiembre de 1859, durante el largo gobierno del Presidente Manuel Montt. Si bien la fecha de Fiestas Patrias de ese año fue cumplida con la entrega de la obra, desconocemos si la Revolución de los Constituyentes de ese año, ocurrida entre enero y mayo, afectó de alguna manera la construcción de este monumento. Esta fecha de inauguración, además, la hemos tomado de Carlos Peña Otaegui en su "Santiago de siglo en siglo" y de una anotación a mano en otra fotografía del obelisco, que actualmente se encuentra en las colecciones del Museo Histórico Nacional.
Sorprende la altura de la esbelta obra para aquella época, que calculamos en 15 a 20 metros por las proporciones que se observan con relación a las personas que fueron retratadas a su alrededor. En esos años, en Estados Unidos ya se construía el muchas veces superior obelisco colosal del Monumento a Washington, pero era algo raro que una excolonia pobre y aún joven como Chile, más encima con una conocida situación sísmica, se aventurara en esta clase de trabajos conmemorativos de envergadura. De todos modos, la inexperiencia y la ansiedad por disponer de él en nuestro principal paseo público cobrarían su cuota, como veremos.
Otra imagen del obelisco, posiblemente en su inauguración, publicada por Peña Otaegui con la anotación "se distingue a la derecha el campanario de la capilla de la Soledad, fundada por la viuda de D. Pedro de Valdivia". Fuente imagen: Archivofranciscanochile.com.
El uso del símbolo del obelisco podría especularse como alguna clase de guiño a las influencias de la francmasonería en el levantamiento americano contra España, pues corresponde a una figura de cierta recurrencia en la Logia. No obstante, el diario capitalino "El Ferrocarril" del miércoles 17 de septiembre de 1862, se refería a la obra hablado de una escultura adicional que identifica como una Estatua de la Libertad, y que nos parece corresponde al Monumento de la República hecho por el escultor Augusto Francois que, de acuerdo a lo que se desprende, habría estado siendo colocada justo en esos días cerca del obelisco, acaso en su reemplazo o formando con él parte de un mismo conjunto. Hay textos que hablan casi indistintamente del obelisco y la estatua de la República, de hecho, como es el caso de "Escultura pública: del monumento conmemorativo a la escultura urbana, Santiago, 1792-2004", de Liisa Flora Voionmaa Tanner, desde donde hemos tomado la referencia relativa al diario "El Ferrocarril".
Fue un gigante efímero, sin embargo; casi un intento de monumento más que uno propiamente dicho, desapareciendo como muchas de las demás piezas de la primera generación de estatuas y homenajes de la Alameda de Santiago, al igual que la Estatua de la República que era de frágil yeso, como así también la erigida para la ilusoria aspiración de una Confederación Americana.
Si acaso no nació para durar sólo en aquella temporada, presumimos que su precaria ingeniería y las limitaciones presupuestarias seguramente conspiraron contra la permanencia del obelisco, que no tardó en desaparecer. Y no cuesta adivinar qué pudo suceder con él, pues las pocas fotografías que existen lo muestran desde su origen con una leve inclinación hacia el costado izquierdo, comparado con la rectitud del campanario franciscano a sus espaldas, si se lo miraba desde su costado poniente. Esta falla de cálculo digna de algún encargado de la plomada padeciendo estrabismo, quizás fue su condena.
El monumento no aparece en las descripciones ni las fotografías que hace la Comisión Científica del Pacífico de 1862-1866, particularmente las del madrileño Rafael Castro y Ordóñez, quien sí ve otras obras de entonces en la Cañada de la Alameda de las Delicias, como la mencionada Estatua de la República, a la que percibe inclinada según sus anotaciones del mes de julio de 1863:
"El paseo de la Cañada, extensa calle de cuatro hileras de álamos, se parece algo a nuestro Prado, si bien es mejor, pues tiene por fondo la grandiosa cordillera de los Andes. Está adornada de varias estatuas de bronce y de yeso. De yeso es la República, y además está desnivelada, que por más que tiene bajada la espada, no puede conservar el equilibro; sus esfuerzos son vanos: jamás estas repúblicas guardarán su equilibrio, porque están formadas con los restos de las monarquías...".
Fotografía de la Alameda hacia el poniente, desde la torre del campanario de la Iglesia de San Francisco, c. 1862. Fuente imagen:  Mav.cl y Cervantesvirtual.com.
Fotografía de Eugene Maunoury de la Alameda hacia 1868-1870, tomada desde el mismo lugar y en la misma dirección. Se puede apreciar que el obelisco ya no existe. Fuente imagen: Bifurcaciones.cl.
Si acaso estaba todavía allí el obelisco y si se refiere a él como la obra que "está desnivelada" allí donde mismo estaba la estatua, no podemos precisarlo, pero da la impresión que describe en realidad a la estatua misma como aquella inclinada. En las fotografías que acompañaron sus observaciones no se observa el obelisco a pesar de hacer una perspectiva de la Alameda, por cierto. Castro y Ordóñez también describe el Monumento del Abate Molina y la entonces recientemente colocada Estatua de la Confederación Americana, pero nada sobre el gran obelisco.
Es el mismo período de tiempo en que ya ha desaparecido de las fotografías de la Alameda de las Delicias, entonces, por lo que puede darse por hecho su demolición y considerar también la posibilidad de que haya sido reemplazado con la mencionada Estatua de la República o de la Libertad, otra obra rápidamente desaparecida y de corta existencia en el paseo de Santiago. En las fotografías de Eugene Maunoury tomadas hacia 1868 y también desde el campanario del templo franciscano, por ejemplo, ya se verifica que no existía el gran obelisco oscuro ni alguna estatua cerca, distinguiéndose sólo una mancha en el lugar donde había estado su plinto y la circunferencia que lo rodeaba en la plaza central de la Alameda, lo que habla de su entonces reciente retiro.
Años después, durante su Intendencia, don Benjamín Vicuña Mackenna escogió el mismo sector aproximado donde estuvo el Obelisco de la Primera Junta para levantar el Monumento de los Historiadores de la Independencia en 1873, aunque más cerca del templo franciscano. Varios otros obeliscos aparecieron por la Alameda y por Santiago en esos mismos años, ninguno tan grande como el de la Junta de 1810, pero aquel monumento a los historiadores fue reubicado más tarde en la Plaza Tirso de Molina. El lugar que pertenecía al obelisco también fue ocupado por la Pérgola de las Flores y una pileta de aguas hoy desplazada al costado, instalaciones de floristas retiradas de allí en los años cuarenta y reubicadas en el barrio de los mercados de Mapocho...
Parece, pues, que nada levantado en este sitio -desde el obelisco en adelante- podrá ser para siempre.

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