jueves, 14 de abril de 2016

EL ARCO BRITÁNICO DE VALPARAÍSO Y SU LEÓN VIGILANTE DEL PUERTO

Arco Británico y avenida Brasil, postal coloreada de 1915
Coordenadas: 33° 2'40.66"S 71°37'13.96"W
El Arco Británico, también llamado inexactamente Arco Inglés y Arco del Triunfo, está entre los monumentos más distintivos del puerto de Valparaíso y de todo los que hay en Chile procedentes del Primer Centenario. Su blanca elegancia neoclásica y victoriana parece dominar la postal de la avenida Brasil llegando a Eleuterio Ramírez, en uno de los sectores de mayor acumulación de atractivos turísticos, culturales y comerciales en la ciudad, mismo donde estuvo por mucho tiempo el célebre Club Español.
El origen de este enorme monumento está en un obsequio que la colonia de británicos residentes en Valparaíso donó al puerto para los festejos del Centenario de la Independencia en 1910. Como se recordará, ciudadanos provenientes de las islas británicas han sido de histórica relevancia en la ciudad, especialmente en el siglo XIX, participando intensamente de la actividad social, de fundación de casas comerciales y hasta la creación de compañías de bomberos. La arquitectura del puerto deja a la vista parte de esta influencia, y se especula incluso que la costumbre de tomar "once" en Chile, precisamente, provendría de la introducción de la hora del té por parte de los ingleses llegados a Valparaíso.
El arco está construido en albañilería de hormigón con funda de mármol italiano y pilastras como columnas (cuatro en cada cara frontal), hecho con los diseños del arquitecto franco-portugués Alfredo Azancot Levi, autor de otras conocidas obras de la región como el Castillo Brunet y el Palacio Carrasco, hallándose por entonces residiendo en la vecina Viña del Mar. Con sus cerca de 12,5 metros de altura, pudo ser inaugurado al año siguiente de los festejos centenarios, sin embargo, en noviembre de 1911 con acto oficial del Presidente Ramón Barros Luco.
El arco en "El esfuerzo británico en Valparaíso", de 1925.
Arco Británico en fotografía de Einar Altschwager, 1930.
Sus inscripciones, los escudos de armas de Chile y del Reino Unido, más cuatro medallones decorativos de bronce fueron hechos por el artista Javier Guerra Brunet. Estos últimos llevan en sus platos los retratos de relieve de cuatro héroes de la Independencia de Chile de origen británico: Thomas Cochrane, Bernardo O'Higgins, Robert Simpson y Jorge O'Brien. Todos estos elementos de bronce del conjunto fueron producidos en la Fundición Artística Roberto Negri de Santiago, casa con gran participación en muchos otros ejemplos de la ornamentación pública de la época.
Sobre la línea del arco, en el arquitrabe de ambas caras principales, está la siguiente inscripción: "1810 - A LA CIUDAD DE VALPARAÍSO LA COLONIA BRITÁNICA - 1910". Van acompañados de fascios con flechas cruzadas, reforzando el carácter románico inspirador de esta clase de monumentos. En las caras menores laterales que dan hacia las calzadas de la avenida Brasil, en cambio, hoy están empotradas unas placas de bronce adicionales de épocas posteriores, con el siguiente par de mensajes (uno a cada lado):
"LA COLONIA BRITÁNICA A LA CIUDAD DE VALPARAÍSO CON MOTIVO DEL 150° ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA DE CHILE Y DE LOS 425 AÑOS DEL DESCUBRIMIENTO DE VALPARAÍSO".
"A LA CIUDAD DE VALPARAÍSO UN SALUDO DE LA COMUNIDAD BRITÁNICA EN LOS 450 AÑOS DE SU DESCUBRIMIENTO".
En lo más alto del arcos, se encuentra la figura zoomórfica quizás más conocida de la ornamentación pública porteña: un gran león heráldico imperial de bronce, echado pero en actitud vigilante mirando hacia el mar, como símbolo de la la lealtad y del compromiso de los ciudadanos británicos con el destino de la ciudad que les ha dado esta patria adoptiva. Curiosamente, algunas historietas y supercherías lo han señalado como trofeo militar de la Guerra del Pacífico o intentan asociarlo a símbolos del imperialismo inglés, pero basta entender el contexto de inauguración del monumento para comprender que su origen es diferente.
La importancia del Arco Británico fue convirtiéndolo en lugar para concertar encuentros y paseos. Alrededor de su ubicación han existido importantes edificios de la ciudad, además, como la sede del diario "La Unión", la Biblioteca Severín, palaciegos hoteles e inmuebles residenciales. Un paradero del tranvía y trolebús quedó establecido justo frente a él, en esos años, pasando después a la ruta de las líneas de los buses de gasolina intercomunales, con una garita propia del servicio a un costado de la plaza. En las fotografías históricas se ve también, cómo ha cambiado dramáticamente la ciudad justo alrededor de este sector donde se encuentra erigido.
El arco ha sido siempre un orgullo de la comunidad británica en el puerto, por tratarse del más simbólico de los obsequios que alguna vez le hayan otorgado a la misma ciudad. Aparecía destacado en algunas memorias impresas sobre su influencia local, como fue el caso de "El esfuerzo británico en Valparaíso y álbum de Chile" de 1925, y hubo celebraciones de la misma comunidad que lo regaló al cumplirse 30 años de su inauguración. Cuando la Reina Isabel II y el Duque de Edimburgo visitaron nuestro país en noviembre de 1968, el programa de actividades incluyó una visita oficial al Arco Británico, ocasión en que las barreras no fueron suficientes para contener a la muchedumbre haciéndole pasar un susto a Su Majestad, aunque sin consecuencias negativas. Su hijo el Príncipe Carlos repetiría el mismo protocolo durante su pasada por el país, en marzo de 2009.
Sin embargo, después del período de la Segunda Guerra Mundial había comenzado a opacarse su presencia por descuido y falta de interés en darle mantención, salvo en los aniversarios u ocasiones de visitas ilustres como las descritas. Joaquín Edwards Bello, que lo comparaba con el Marble Arch del Hyde Park de Londres, escribía en mayo de 1957 que "ha decaído como símbolo de la decadencia de la colonia inglesa", asegurando haber visto alrededor de él una feria y un circo instalados, testimoniando también que era "usado como defecadero de chiquillos con aires de hijos de beduino" y "dormitorio del hampa" por las noches. Ya entonces tenía partes de su mármol destruido y con "letreros obscenos" pegoteados encima, según el autor, sugiriendo como forma de salvarlo el que fuera trasladado hasta el centro de la Plaza O'Higgins y en altura, con césped en su entorno.
A pesar de las ocasionales reparaciones intentando esconder esta decadencia, el arco fue objeto de años de maltratos y varios atentados de pintura aerosol, ya en las últimas décadas; nunca dejó de seguir siendo ocupado como baño, además, llegando a apestar. También era usado todo su perímetro para recargarlo de insolente propaganda electoral, en períodos de campañas políticas, dificultando el tránsito por su plazoleta. Poco romanticismo señorial le quedaba al gran pedestal del gallardo león británico, en consecuencia, librándose éste sólo por su altura de ser alcanzado por la misma corrosión.
Así, tras tiempo acumulando más olvido y daños, volvió a ser sometido a mejoras y restauraciones en 2013, al igual que el mismo sector de la avenida Brasil donde se encuentra, gracias a un programa de $150 millones en el que participaron la Municipalidad de Valparaíso, la colonia británica local, el Gobierno Regional, Duoc-UC y Ultraport. Se recuperó este albor de su mármol y, además, se mejoraron sus senderos, sus jardines y la iluminación nocturna del monumento También se cambio de parte de sus revestimientos y se colocaron mejores pretiles alrededor del bandejón donde se encuentra.
Es de esperar que la dignidad de este hermoso paseo y su monumento tan característico de Valparaíso perdure, y no tengamos que leer otra vez la crueldad de testigos repitiendo lo escrito hace tanto tiempo ya por el porteño Edwards Bello, en un espiral interminable de decadencia atacando con mayor ferocidad en cada vuelta de tiempo.

1 comentario:

  1. Que importante es mantener nuestros monumentos limpios.....ellos forman parte de nuestra cultura,la de un país y sus habitantes......

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