domingo, 3 de enero de 2016

HACIA EL SIGLO DE TRISTEZAS, ESPERANZAS Y ALEGRÍAS DEL EX SANATORIO SAN JOSÉ DE MAIPO

Fachada de la Casa de Salud, imagen antigua en exposición del mismo edificio.
Coordenadas: 33°38'52.15"S 70°21'0.62"W (Entrada)
Hoy tengo tiempo y ánimo para concluir este texto dedicado al Complejo Hospitalario San José de Maipo, en el que he estado de visita tantas veces sólo por el gusto de seguir conociéndolo. La deuda de publicar esto es otra deuda contraida más conmigo que con el hospital, por lo tanto, pero será útil para reunir la información que he ido recolectando de la historia del ex sanatorio.
Tantos episodios bellos y tristes se han conocido en este sitio, levantado sobre la localidad de San José de Maipo y casi colgando del borde de los cerros, unos 50 ó 60 metros sobre el poblado, con sus ventanales a 1100 metros sobre el nivel del mar relucientes en verano y tocados por la nieve en invierno. Casi un siglo de historias de recuperaciones y vidas salvadas hay acá, pero también historias de muerte y sufrimiento conmovedoras. La mayoría se ha ido perdiendo, arrastrada por la ventisca cordillerana o las aguas del río Maipo, y hasta la propia historia del complejo aparece a veces mal contada, imprecisa e incompleta.

Nuestra primer Premio Nobel de Literatura, la gran Gabriela Mistral, pudo observar estas casonas sanitarias en su paso por San José de Maipo. Fue en una de ellas, además, donde el poeta Miguel Serrano conoció a Irene Klatt, su amada Allouine, cuando era atendida por la misma enfermedad que llevaría a la muchacha alemana a la muerte, poco después, en una hermosa pero trágica historia de amor que revelara con detalles en sus memorias. También sería en sus jardines, salas y pabellones en donde el literato peruano Ciro Alegría escribió algunos cuentos como "Desmonte" en los años treinta, mientras se recuperaba de la tuberculosis y cuando casi muere por las complicaciones de un neumotórax. Cuentan que los párrocos de la iglesia en este pueblo montañés, como el  Padre Luis Farré Ortego, a veces subían por el camino empedrado y empinado que lleva al complejo, para atender las angustias de los pacientes y, cuando no, dar la triste extrema unción. Y aquí mismo escribió parte de su dramático diario Lucía Manterola, hija del Dr. Benjamín Manterola de la Fuente, mientras residió entre 1921 y 1923, extraordinario documento que fue guardado por su sobrina Soledad Manterola y publicado recién a fines de 2011 por la Unidad de Patrimonio Cultural de la Salud con colaboración del equipo de divulgación "Dedal de Oro", con el título "Diario de Lucía Manterola 1903-1927. Una joven tuberculosa", obra que concluye con la propia muerte de la muchacha a los 24 años, al perder la lucha contra este mal el 12 de mayo de 1927.
Se mezclan aquí ciencia médica, tragedias y esperanzas, patrimonio cultural, apariciones de fantasmas y arquitectura ecléctica, en la precordillera del Cajón del Río Maipo. Un sitio dotado de senderos que bordean montañas rocosas, caminos entre un pequeño bosque propio de coníferas, eucaliptos y restos de monumentos vetustos que ya han desaparecido o se volvieron irreconocibles. El complejo es visible desde todo San José de Maipo y sus calles. Sólo un talud contorneado por senderos menores lo separan de los faldeos del cerro y de sus amenazadas de rodados, aparentando volcarse encima del complejo con toda su enormidad geológica.
La ubicación de este lugar entre paisajes de cerros y valles no es antojadiza ni aleatoria: fue elegida precisamente por el limpio y seco aire que domina aquellos parajes de la cadena andina pasando por la Región Metropolitana, todavía abundantes en saludable vegetación y eucaliptos que impregnan el viento del hospital con olores mentolados. Fue por esta característica que se escogió tal lugar, en un panorámico predio sobre el camino al Volcán San José, para instalar el primer edificio que daría origen al complejo hospitalario existente, cuando la aristocrática dama Carolina Doursther decidió convertir la propiedad en el sanatorio.
Es una verdadera clase histórica de la salud en Chile la que se encuentra pasando la vieja caseta del control en el acceso, muy bien reflejada en las tres etapas-edificios principales del complejo: la Casa de Salud, el Pabellón Roosevelt y el Pabellón Central, unidos por el sendero interior de calle Dr. Octavio Gay Pasche. Los iremos viendo uno a uno, a continuación, aunque apartaré -por ahora- los casos de otras dos etapas del sanatorio correspondientes al Hospital de Agudos y Sanatorio Laennec, por ser sectores bastante aislados del núcleo principal hospitalario a pesar de hallarse en el mismo San José de Maipo.
Vista de la Casa de Salud en sus primeros años. Fuente: Dedal de Oro.
Camas del sector popular del pensionado. Fuente: lugaresdeciencia.cl.
Vista del complejo desde sus viejos patios. Imagen en exposición del mismo edificio.
Bosque de pino dentro del complejo, junto al primer edificio.
PABELLÓN CASA DE SALUD
Coordenadas: 33°38'37.78"S 70°21'0.66"W
El nacimiento del hospital está en el edificio más antiguo e imponente del complejo, su primera etapa como sanatorio, que puede verse al Norte del mismo e imponiéndose perfectamente en el paisaje si se lo mira desde el nivel del poblado. En sus primeros años fue conocido como la Casa de Salud "Carolina Doursther de Toconal", homenajeando a su fundadora y benefactora. Sin embargo, no es cierta una creencia que lo apunta como el primer sanatorio de tipo respiratorio en Chile, pues ya habían existido otras experiencias incluso en esta misma zona, como la del cercano Hotel Sanatorium del Alfalfar, que a 1.460 metros de altitud funcionó entre 1886 y 1889; y también está el caso del Gran Hotel de Francia, fundado en 1894 en el mismo poblado de San José de Maipo, pasando en los años treinta a manos del Seguro Obrero Obligatorio que lo convirtió en el mencionado Sanatorio Laennec. Más información al respecto puede encontrarse en el artículo "Sanatorios para tuberculosos en Chile: primeros establecimiento (1886-1920)" de Ignacio Duarte y Marcelo López, publicado en los "Anales chilenos de la historia de la medicina" (Volumen 16 Nº 2, noviembre 2006).
La propiedad del sanatorio de nuestra atención, data del siglo XIX: era del comerciante y joyero de perlas belga-holandés Juan José Doursther, pasando después a manos de su hija Carolina Doursther Villavicencio, casada con don Manuel Tocornal Grez, del célebre clan de los Tocornal. Al verse afectada por la mortal enfermedad muy temida en la época, la tuberculosis, doña Carolina adaptó y remodeló la residencia de descanso familiar para ser su morada de convalecencia, esperando recuperarse allí ante la escasez de recintos hospitalarios disponibles para enfermedades respiratorias y a pesar de que el Consejo Superior de Higiene venía presentado propuestas al Ministerio de Interior para crear un buen centro de este tipo, desde 1897. Su inspiración parece hallarse en los "sanatorios de altura" que habían ido implementando en Europa visionarios como el médico alemán  Hermann Brehmer, y la idea ya rondaba desde el I Congreso Médico Latinoamericano realizado en Santiago, en enero de 1901, cuando el Dr. Ernesto Soza propuso la creación de la Liga Contra la Tuberculosis y la promoción de albergues para enfermos tísicos.
Interpretando que el clima benigno de la zona y las características de su aire habían ayudado en su mejoría, doña Carolina dispuso hacia 1900 en su testamento, que el terreno de diez hectáreas fuera entregado para el tratamiento de personas enfermas. Ya en años de la Guerra del Pacífico, además, el Dr. Sandalio Letelier y la Revista Médica de Chile habían hablado de las potencialidades de este sector de la cuenca del Maipo para pacientes pulmonares, por lo que sus propiedades eran bien conocidas. La voluntad de la fallecida fue cumplida por su hijo mayor don Juan Enrique Tocornal, renombrado abogado y político de la época, al traspasar el terreno a la Honorable Junta de Beneficencia de Santiago el 25 de agosto de 1911. Así pues, no fue la mansión hasta hoy visible allí la que traspasaría doña Carolina a la Junta, como aseguran erróneamente varios textos en internet, sino el suelo de su propiedad en el que ésta sería construida y sus fondos.
Las obras de construcción que del edificio se ejecutaron hacia 1917 y pertenecen al arquitecto Ricardo Larraín Bravo, aunque no tengo plena seguridad de si se levantó reemplazando al edificio anterior (de 1870 aproximadaente, según la mayoría de las fuentes) o si este mismo fue sometido a una remodelación total. Como sea, resultó de esto una suerte de mansión palaciega con aires neoclásicos aunque no puristas. Sobre su sólido y alto sillar de piedra -hecho en tales proporciones para nivelar la pendiente del terreno- se levantan terrazas, balcones abundantes en madera, arcadas de medio punto, torreones laterales (originalmente de tres pisos, hoy de sólo dos) y escaleras dobles de gran elegancia, de cara al poniente y hacia el poblado con y el río a sus pies. Lucía detallismos decorativos de evocación afrancesada, con hermosos jardines; patios y paseos hoy casi desaparecidos la rodeaban antes. También se levantarían bloqueos y forestaciones para el viento Sur, haciendo mejores las condiciones interiores del sanatorio.
El 28 de septiembre de 1919, se funda el flamante edificio como centro terapéutico y se declara creada allí la Casa de Salud de Mujeres "Carolina Doursther de Toconal". En la ocasión, el administrador del sanatorio don Alberto Mackenna Subercaseaux, dijo en el solemne discurso inaugural, según lo que transcriben Duarte y López:
"Abre sus puertas hoy el primer pabellón de una obra de vasto desarrollo futuro que ha de contribuir a robustecer los medios de defensa contra los avances de la mas terrible enfermedad. El deseo de la Junta de Beneficencia era ofrecer un amplio refugio en este sitio, a todos los que necesitaren el clima reparador de la montaña: pero la escasez de recursos y la dificultad permanente para obtenerlos, le ha impedido, por el momento, realizar su anhelo. Mas tarde se han de levantar en esta pintoresca región muchos otros pabellones, en los cuales han de encontrar caloroso (sic) albergue los que carecen de recursos, y son, por lo tanto, las víctimas fatales del terrible mal. De esta suerte quedará cumplida en todas sus partes la intención del generoso donatario de este terreno… Mientras se realizan los propósitos futuros, damos hoy el primer paso en un terreno nuevo: la experiencia que resulte de este ensayo servirá para proseguir la obra iniciada, mejorándola y perfeccionándola".
Con el prestigioso Dr. Antonio Vega Macher como su primer Director General y llamado también Sanatorio de Beneficencia, el edificio tenía 35 habitaciones disponibles, laboratorios, oficinas administrativas, salas de reposo y de maquinarias médicas. En el reglamento se establecía que la estadía en cada cuarto del sanatorio tenía un valor sólo $15 diarios; todos los alimentos e insumos que estuviesen fuera del programa diario eran cobrados por la Junta de Beneficencia sin utilidades ni intereses, a precio de costo. Importante en los tratamientos y métodos de recuperación dispuestos allí fue el trabajo del Dr. José Grossi, de brillante servicio médico tras el terremoto de Valparaíso de 1906 y contra plagas o pestes. Un pequeño tramo al centro del corredor principal del edificio fue convertido, hasta nuestros días, en un verdadero altar de conmemoración y agradecimiento para doña Carolina Doursther, con su retrato observando a los visitantes.
Más tarde, el albergue pasó a ser llamado Sanatorio de San José de Maipo, atendiendo a los pacientes que se consideraba "curables": los convalecientes de enfermedades del pulmón, pretuberculosos o que experimentaran los primeros síntomas de la tuberculosis. Esta condición la acreditaba un certificado extendido por el Doctor Juan de la Vega en Santiago que era verificado después por su colega el Dr. Vega Macher, según exigía la Junta de Beneficencia a todo paciente para ser internado. Eran rechazados aquellos con complicaciones como cardiopatías, anemias pronunciadas, estados nerviosos de consideración, úlceras de laringe y diagnósticos de tuberculosis de evolución rápida, entre otras, además de los niños menores de 5 años. Había estrictos protocolos de desinfección de los pasajeros y sus equipajes, además del dormitorio, sus muebles y todo lo que ocuparan los pacientes en su estadía.
En 1920, la Junta eligió a don Juan Enrique Tocornal como subadministrador del sanatorio, y en 1922 al Dr. Ernesto Soza, iniciándose también labores de ampliación y mejoramiento del recinto. Importantes eminencias de la historia de la medicina chilena pasarán por aquí, como el Dr. Otto Lenck y el entonces internista Félix Bulnes Cerda, quien realizó en este servicio su memoria de título sobre tratamiento de tísicos ("Ensayo de cura dietético-higiénica en el tratamiento de la tuberculosis pulmonar", 1923) dedicándose después al combate de esta enfermedad de la que él mismo se contagió y sobrevivió años después, en 1952.
Por razones desconocidas, sin embargo, pero en un hecho que aparece perfectamente señalado y descrito en el diario de Lucía Manterola, la casa permaneció cerrada (o en uso muy reducido, no lo sabemos con seguridad) entre 1923 y 1929, por decisión de la Junta de Beneficencia, período en que los alojados serían trasladados hasta el Sanatorio Laennec, abajo en el poblado de San José de Maipo, como comenta el encargado de la Unidad de Patrimonio Cultural del Servicio de Salud Metropolitano Suroriente, don Alejandro Vial Latorre, en el artículo "Diario de Lucía Manterola" publicado en la revista "Dedal de Oro" de enero 2012. Empero, en ese mismo último año el edificio fue reinaugurado como un sanatorio mixto, para hombres y mujeres afectados por tuberculosis de diagnóstico curable, con cerca de medio centenar de camas distribuidos en sus habitaciones. Se le habilitó también un pabellón popular, recuperación del lugar que se debió al esfuerzo del Jefe Nacional de los Servicios para Tuberculosos de la Caja de Seguro Obrero, don Héctor Orrego Puelma, quien asumió como Director por tres años.
El edificio contaría con adiciones e instalaciones de tres pisos laterales, con extensiones atrás rodeando el patio, y una pequeña capilla en el bosque adyacente, aunque el terremoto del 4 de septiembre de 1958 dañó gravemente parte de estas dependencias en los extremos, obligando a demoler y reconstruir. Lamentablemente, su bello segundo piso está prácticamente en desuso desde otro cataclismo: el terremoto de 1985, que dañó parte del corredor en donde antes había un pabellón de camas con vista al valle. Toda su tabiquería, pisos de madera y marcos de ventana son originales, existiendo propuestas como la del arquitecto Humberto Espinosa para recuperar este espacio. Además, el elegante patio que ostentó en el pasado el sanatorio ya no es el mismo que se veía tan esplendoroso como cuando era el parque de los Doursther. Se cuenta también de historias de fantasmas y aparecidos en este sitio, como era esperable en esta clase de inmuebles, aunque las versiones no son claras. Ha sido escenario del rodaje algunas películas y series como "Fuga" de Ricardo Larraín, "Adiós al Séptimo de Línea" de Alex Bowen y un capítulo de "El día menos pensado" de Carlos Pinto.
Cuando la Casa de Salud dejó de funcionar como hospital respiratorio, sus pacientes y sus funciones fueron trasladados hasta dependencias del Sanatorio Laennec, esta vez definitivamente. Desde que quedaron sus espacios dispuestos para el Centro de Responsabilidad de Atención Cerrada, la mayor parte de los pacientes que allí se atienden llegan con convalecencias como el pie diabético. Por Decreto Exento N.º 672 del 24 de agosto de 2004, este edificio hito de la historia de la medicina chilena fue declarado Monumento Histórico Nacional. Desde entonces, su viejo instrumental, las maquinarias, el mobiliario, los archivos y la biblioteca del ex sanatorio están resguardados por la administración del hospital bajo el régimen estricto del programa de la Unidad de Patrimonio Cultural e Histórico del Ministerio de Salud y la exigencias del Consejo de Monumentos Nacionales.
Patios del edificio, en fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
Corredor de la Casa de Salud en fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
Radiografías y pantalla de luz, fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
PABELLÓN ROOSEVELT
Coordenadas: 33°38'45.68"S 70°20'59.72"W
En 1935, el Consejo de la Caja de Empleados Particulares presentó un proyecto de construcción de nuevos recintos hospitalarios respiratorios en San José de Maipo y Villa Alemana. Encargando la tarea al arquitecto Carlos Vera Mandujano, el pabellón propuesto para el sanatorio iba a agregar capacidad para unos 80 residentes más en el complejo. Tres años después, el hospital pasaba a ser formalmente el Sanatorio de San José de Maipo, en el mismo año en que era propuesta en el Congreso Nacional la ampliación de las dependencias, para abrir un pabellón para obreros en el mismo recinto.
La fama del recinto hospitalario como lugar de curación de enfermedades respiratorias ya era internacional, a esas alturas, demandando la ampliación de sus capacidades. Su importancia era tal que una gran cantidad de residentes del poblado serían ocupados en las plazas laborales del sanatorio, además de permitir una buena recaudación para hostales, hoteles y restaurantes a partir de pasajeros que iban a visitar a los enfermos. A diferencia de lo sucedido con intentos anteriores por establecer un buen sanatorio en el Cajón del Maipo, la disponibilidad del ferrocarril Puente Alto y El Volcán, construido entre 1910-1914, había facilitado enormemente el transporte hasta este lugar. Según se cuenta en "Historia de la pediatría chilena: crónica de un alegría" de Nelson A. Vargas Catalán, hacia 1938 el poblado de San José de Maipo tenía cerca de 1.000 habitantes, de los cuales 350 era pacientes tuberculosos que vivían en el sanatorio principal, en sanatorios menores y en casa particulares o residenciales esperando recuperarse. La incidencia de la tuberculosis en Chile rondaba los 600 casos por cada 100.000 personas, en esos años.
En 1944 y considerando el proyecto señalado de adición de pabellones, la Junta de Beneficencia hizo entrega de las instalaciones del sanatorio al Servicio Médico Nacional de Empleados (SERMENA), bajo cuya administración se construirían los otros dos grandes edificios del complejo. Un proyecto de colaboración de los Estados Unidos ya había permitido proyectar entonces el gran pabellón que sería llamado homenajeando el nombre del ex Presidente Franklin Delano Roosevelt, fallecido precisamente durante esta gestión, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial.
El edificio corresponde a un prolongado pabellón techado a dos aguas e interiormente subdividido en habitaciones y oficinas, con cerca de 150 metros de largo. Está situado al medio del gran complejo hospitalario. Su materialidad principal es de albañilería, aunque originalmente se lo había propuesto de madera en el proyecto de Vera. Estudios de factibilidad y conveniencias permitieron mejorar el plan con estas características.
Durante el Gobierno de Gabriel González Videla se concretó la construcción de este singular edificio, en 1947, con grandes agradecimientos al Presidente de los Estados Unidos, Harry S. Truman, que aún permanecen grabados en las placas metálicas inaugurales del edificio, donde se destaca la obra como "símbolo de amistad entre los pueblos de Chile y de Estados Unidos de América". La construcción se realizó bajo la vicepresidencia ejecutiva del Dr. Rolando Castañón S., considerado una eminencia en su época en temas de salud respiratoria. A la inauguración asistieron el Ministro de Salud, representantes del mundo de la medicina y la ilustre visita del Dr. Theodore Gandy, delegado del Departamento Cooperativo Interamericano del Departamento de Salubridad y figura de alta cotización científica en Chile, Premio Nacional de Ciencias que, pocos años después, recibiera el reconocimiento de Ciudadano Honorario de Santiago en honor a varios méritos, como el haber conseguido becas de estudios especialización de profesionales chilenos en Universidades de los Estados Unidos.
El extenso edificio, situado justo a espadas del acceso al cerro y al camino del actual talud, se caracteriza por su largo corredor seccionado y con tramos de grandes ventanales laterales. Ampliado a cerca de 120 camas, en la actualidad el edificio acoge pacientes de hospitalización, principalmente, más algunas camas para infectología, geriatría, para la Unidad de Bebedores Problema y Tratamiento de Adicciones, y para el Área de Cuidados Especiales.
Parte exterior del complejo, fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
Galería de pabellón, fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
Camas de pacientes, fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
Camas de pacientes, fotografía de Juan César A.C. (Museo Histórico Nacional).
PABELLÓN CENTRAL
Coordenadas: 33°38'50.15"S 70°20'59.34"W
El llamado Pabellón Central en realidad no es "central" por su posición, sino el principal dentro del complejo y ubicado al Sur del mismo, con un edificio nuclear y adiciones o extensiones del mismo. Formaba parte del proyecto trazado y ejecutado en los años cuarenta y que dio origen al Pabellón Roosevelt. Tampoco es un solo edificio, sino varios interconectados y armando una unidad, con una pequeña área verde llamada Plazoleta de la Esperanza, con una cruz blanca erigida en ella..
Este pabellón es un típico hospital de mediados del siglo XX, tanto en su estilo funcionalista como en sus distribuciones adaptadas a la necesidad del servicio. No difiere mucho de algunos elementos arquitectónicos que podemos ver todavía en hospitales santiaguinos como el Barros Luco, el Sótero del Río o el J. J. Aguirre, aunque también tenía bellos jardines que el tiempo se ha encargado de hacer desaparecer, reemplazándolos por matorrales y cactos usados como suplentes más sencillos y menos demandantes de atención.
La fusión de los organismos sanitarios en el Servicio Nacional de Salud sucede hacia 1954, quedando bajo su jerarquía el recinto. En 1979, SERMENA traspasó el complejo hospitalario al Servicio de Salud Metropolitano Sur Oriente, cambiándose así el antiguo servicio del lugar como casa de enfermos respiratorios, con cerca de 200 personas trabajando para este hospital. La época negra de la tuberculosis en Chile comenzaba a quedar cada vez más atrás, por esos años.
En los noventa se hicieron ampliaciones y mejoramientos, siendo reinaugurado el Pabellón Central "Dr. Roberto Koch" el día 24 de marzo de 1997. Actualmente, el Pabellón Central del Complejo Hospitalario San José de Maipo está destinado al alojamiento de los pacientes del Programa de Derivación Nacional de Tisiología. También acoge pacientes VIH positivo. Un plan de recuperación del lugar, iniciado en 2005, le ha ido agregando talleres, buscando mejorar el inmueble y reponeniendo un parque con paseos a su aldededor, conectando los demás edificios que deberían ser restaurados y con sus senderos interiores abiertos al público.
Las visitas a pacientes se pueden hacer entre 12 y 14 horas, y de 16 a 18 horas. Se pueden hacer también visitas de curiosos por el exterior del complejo, aunque se pide discreción a quienes llegan, especialmente con el asunto de las fotografías de los pabellones, el acceso a áreas restringidas en los edificios y la perturbación de la paz en que reposa este histórico sitio, extendido en el descanso de su propia antigüedad y de su relevancia en la historia de la medicina chilena.
EX SANATORIO DE SAN JOSÉ DE MAIPO

1 comentario:

  1. Hola Cristián, te escribo de crónica de Lun. Necesito ubicarte. Me podrías dar un contacto, email o número de teléfono? Saludos

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