martes, 13 de agosto de 2013

HERMANOS HOSPITALARIOS DE SAN JUAN DE DIOS: LAS RUINAS DE UN CONVENTO COLONIAL EN ARICA

Reconstrucción del posible aspecto que pudo haber tenido el edificio, con base en una imagen publicada en un artículo de don Ricardo Castro Ramírez.
Coordenadas: 18°28'47.80"S 70°19'4.99"W
Fue en los tempranos tiempos del Virreinato del Perú que se construye -en la entonces joven ciudad de Arica- un macizo edificio de piedra con amplio sillar de roca canteada, a escasas cuadras del centro comercial y de la plaza. Hoy se lo puede encontrar casi escondido, injustamente oculto dentro de un espacio destinado al estacionamiento de vehículos, como una vergüenza y no como el orgullo que corresponde.
Como se sabe, en San Marcos de Arica existieron tres órdenes sacerdotales principales desde el mismo período colonial: la de San Francisco de Asís, la de La Merced y la de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios. Estos últimos estaban encargados de la atención de los enfermos y tenían su hospital-capilla situado cerca del centro urbano, en la cuadra que actualmente se forma por las calles Lynch, Sotomayor, 21 de Mayo y Baquedano, muy cerca del Mercado Antiguo y del Teatro Municipal. Este antiguo sector habría sido conocido en aquellos años como La Chimba de Arica.
Un primer edificio asociado al Convento de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, llamado en un principio de San Antonio de Padua, habría sido levantado hacia el año 1577 con el supuesto arribo de estos religiosos recientemente fundados, según información proporcionada por Vicente Dagnino. Empero, las referencias al mismo aparecen recién a inicios del siglo siguiente. Esto es confuso, por supuesto.
Leo lo mismo recién expuesto en un trabajo publicado por la arquitecto Mabel Peña, relativo a este convento y su albergue. Y en alguna oportunidad el experto investigador histórico Ricardo Castro Ramírez señaló que esto podría remontarse a la señalada fecha a mediados del siglo XVI. Como sea, la aprobación de la construcción del edificio aparece documentada recién en 1619, en una ordenanza del Virrey Marqués de Montes Claros que posteriormente figura visada y aprobada por el Rey Felipe IV. Quizá se trate de una reconstrucción, tras el gran terremoto ocurrido cuatro años antes.
Planta de las ruinas que quedan del hospital, y reconstrucción del mismo. Publicados por Mabel Peña en su presentación "Las Ruinas del Convento San Juan de Dios".
El servicio a favor de los convalecientes y de los minusválidos, especialmente de los jóvenes, indios y menesterosos, era extendido por los religiosos hospitalarios asistidos por benefactores de la propia ciudad y administrado por un régimen que involucraba también a la autoridad colonial con la Iglesia. Aunque Dagnino declaró no encontrar mucha información sobre los facultativos de salud, comenta que esto no era problema, pues por esos años se los asignaba casi arbitrariamente en funciones de medicina. Buena parte del financiamiento de la congregación y su actividad hospitalaria era cubierta con impuestos como los cobrados a los barcos que tocaban puerto en la ciudad.
Posteriormente, el edificio del Hospital de San Juan de Dios habría pasado a ser el Convento de los Hermanos Hospitalarios, si las reseñas son correctas. Si bien la primera construcción podría datar de inicios del siglo XVII, como hemos visto, su fábrica definitiva fue en roca con muros y asientos de mucha solidez, con estilo general parece acorde a la arquitectura de la primera época colonial peruana.
Aunque no se tiene una noción exacta de cuál era su aspecto, se puede advertir que el hospital destacaba en su tiempo por detalles como los vanos con arco de medio punto que aún se conservan. Se sabe también que tenía contrafuertes y que contaba con una capilla más bien sencilla al costado. El conjunto general lucía varias ventanas en su gran dimensión y volumen. Habría una predominancia de cierto estilo románico en su diseño, además, y en el muro más interior del recinto se observan remates parecidos a almenas.
El templo-hospital contaba con tres naves, de acuerdo a una reconstrucción realizada por el investigador Eduardo Hoyos: una central de 11 metros de ancho y las laterales de 7 metros, posiblemente separadas en columnatas. El fondo estaba rematado por un ábside de base semicircular y con un techo abovedado del que nada queda ya. En total, tenía 25 metros de frente y unos 54 de ancho.
Hoy se agrega a su historia que este punto preciso del Hospital San Juan de Dios habría sido parte de la extraña y misteriosa red de túneles subterráneos que, en el pasado, habrían conectado bajo tierra el Convento de San Francisco (actual mercado) también con la Iglesia vieja de San Marcos, el Convento de la Merced y la Tesorería de Guarnición. Esto habría sido demostrado por trabajos realizados en nuestra época por Castro Ramírez, tras la llamada "Operación San Francisco" de la que también pretendo publicar algo a futuro, aunque hay voces críticas de las conclusiones de estas exploraciones, es preciso comentar.
Si bien hubo tentativas por trasladar el servicio a la ciudad de Tacna, de acuerdo a lo que asegura Dagnino en su célebre "El Corregimiento de Arica", este cambio jamás se concretó. Hacia mediados del siglo XVIII, además, el Procurador del Convento y del Hospital, Fray Pedro Méndez, solicitó la regulación del cobro de tributos para el financiamiento del servicio, denominado "tomín del hospital".
Los religiosos seguían activos allí en tiempos de la República. Sin embargo, como sucedió también a la mayoría de las grandes construcciones de Arica, el gran terremoto del 13 de agosto 1868 echó por tierra la antigua edificación, poniendo fin los tres siglos de servicio de la orden, viéndose forzados a establecerse en otros pueblos y ciudades, junto a los hermanos franciscanos y mercedarios.
Información reproducida por Manuel Fernández en su libro sobre esta catástrofe, señala que los enfermos del hospital perecieron aplastados y que sólo tres pacientes se habrían salvado el fatídico día del terremoto. Desde entonces, este edificio quedó en ruinas y abandonado allí en Arica, aunque hay razones para creer que desde el siglo anterior ya estaba en muy mal estado, recibiendo el remate con el gran sismo.
Así las cosas, cuando el territorio pasó a manos de Chile durante la Guerra del Pacífico, ya se encontraba totalmente destruido, aunque de mucho mejor aspecto que en la actualidad, ya que sus ruinas también han ido desapareciendo por desidia y olvido.
Durante algún tiempo se estableció en este mismo lugar el Cuartel de Policía de la ciudad, con un patio propio. El terreno figura como propiedad municipal a principios del pasado siglo, posteriormente traspasado al fisco para la construcción de la Escuela Modelo en los años veinte. Cuentan en Arica que, poco antes, en lo que había sido el establecimiento policial vecino a este espacio escolar y tras ser hallada mientras se realizaban unas excavaciones para el alcantarillado, se encomendó a la guardia azul la custodia de la famosa e histórica Campana de Belarde del siglo XVIII, otro símbolo de Arica que hoy se puede encontrar en la Catedral de San Marcos y de la que hablaremos más, en alguna futura entrada de texto.
Durante este período de administración municipal, parecen haberse realizado intervenciones con hormigón sellando algunos de sus vanos inferiores, como se observa en el murallón del costado poniente del conjunto ya en ruinas y lo que fueron sus antiguos arcos de ventanas. Poco después, el mismo territorio quedaba definitivamente sometido a la soberanía chilena, por el Tratado de 1929.
Del viejo edificio de piedra tallada, bolón y albañilería, ahora se encuentra en pie la parte relacionada con los agrietados muros interiores y el presunto altar de la iglesia capilla que formó parte del convento y hospital, que cierran el perímetro del recinto hacia el lado de Lynch. Alcanzan más de 6 metros de altura.
Empero, la base de gran parte de la misma manzana estaría formada por los sillares del emplazamiento colonial, pudiendo verse parte de estas bases desnudas del hospital hacia el lado de Baquedano, por ejemplo, donde está la entrada de uno de los dos estacionamientos que actualmente lo ocupan y donde se aparcan los vehículos precisamente sobre estos cimientos. También se extienden las plataformas basales hacia el lado de los jardines del edificio del Palacio Consistorial, ex establecimiento de la Escuela Modelo, aunque intervenidos por albañilería moderna.
El terreno se encuentra en manos privadas por razones que no me corresponde abordar acá, aunque la planta original de los hospitalarios se ha ido perdiendo por subdivisiones y ventas en la cuadra. Según la información recopilada por Mabel Peña, después de la transferencia al fisco y la enajenación de una parte para la construcción del establecimiento escolar, la propiedad siguió siendo modificada en los años 30, cuando se traspasó otra parte al predio de don Manuel Yanulaque en calle 21 de Mayo 542, y años después, en los ochenta, el resto pasó a manos del señor Liendo, donde están los actuales estacionamientos.
Cuesta creer que hoy los restos de esta extraordinaria estructura colonial se encuentren a la intemperie y casi como residuos molestos, sin la calidad de Monumento Histórico Nacional que merecen sobradamente.

2 comentarios:

  1. Mensajes rescatados del blog anterior (donde estaba originalmente esta entrada):

    dgormaz10 de septiembre de 2013, 15:42
    Me llamaba la atención este tipo de construcción semi demolida especialmente por el grosor de las paredes, nunca me imaginé rasgos de una construcción antigua. Gracias por compartirlo

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    Anónimo23 de enero de 2014, 20:49
    .....soy ariqueño....en la década de los 80, este edificio histórico tenía una buena parte de su construcción intacta, como los portales en los altos....lástima de la desidia de la época que no supo defender estos bienes de los inescrupulosos...

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  2. .....que terrible. Dios mío..... como se pierden nuestras reliquias historicas....en nuestro vecino Peru ....salen diariamente dos micros completas de turistas, para ver un un puente colgate retaurado a muchos kilometros de la ciudad..... lo nuestro está en pleno centro y lo tenemos perdido....hay que restaurarlo y darle valor turístico...... el turismo paga...

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