miércoles, 24 de abril de 2013

DON ANDRÉS BELLO: EL "EXPANSIONISTA CHILENO" Y SU ROL EN LA LEY DE 1842

"La ley de 31 de octubre de 1842, en cuya redacción y estudio de los antecedentes participó activamente el ilustre sabio Andrés Bello que desempeñaba el cargo de Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores, declaraba propiedad del Estado las guaneras del litoral del desierto de Atacama y de las islas e islotes adyacentes y autorizaba al Gobierno para imponer derechos de importación al guano y para vender o contratar este artículo". (Guillermo Lagos Carmona, en "Historia de las Fronteras de Chile", 1966, página 28)
El 31 de octubre de 1842, en pleno Gobierno de don Manuel Bulnes y cuando despertaba ya la fiebre por la explotación del guano en las covaderas de la costa pacífica, la República de Chile promulgó la ley que consideraba suyo el territorio que va desde la península de Mejillones hacia el Sur, incluyendo todo el Desierto de Atacama, en lo que sería la simiente de la controversia territorial Chile-Bolivia por dicho territorio, que ahora sumará un capítulo nuevo a su larga, larga historia, con la llegada de la demanda altiplánica a la Corte Internacional de La Haya.
Para quienes dudan de que esta ley -que Bolivia estima como una agresión contra sus pretendidos derechos en esos mismas regiones- se elaboró y se promulgó en el convencimiento de que ese territorio efectivamente le pertenecía a la República de Chile como herencia colonial (principio del Uti Possidetis Juris de 1810), cabe señalar que uno de los principales redactores de esta ley fue nada menos que don Andrés Bello López, el ilustre venezolano nacionalizado chileno primero por gracia y, tras un retraso en la promulgación, por su propia petición a la autoridad nacional.
Decía la famosa y a veces vilipendiada ley de marras, sobre las firmas del Presidente Bulnes y del ministro Manuel Rengifo:
"Art. 1°. Se declaran de propiedad nacional las guaneras que existen en las costas de la provincia de Coquimbo, en el litoral del desierto de Atacama, y en las islas e islotes adyacentes.
2°. Todo buque nacional o extranjero que sin permiso del Gobierno de Chile, sacase guano de cualquiera de los puntos comprendidos en la demarcación que designa el artículo anterior, caerá en comiso con la carga que se hallare a su bordo.
3°. El Presidente de la República queda autorizado por el término de cinco años para gravar el guano con un derecho de salida, o para remitirlo a países extranjeros de cuenta de la Nación, o para ponerlo en remate público por un período que no pase de cinco años.
4°. También tendrá facultad para invertir por una vez, si fuere necesario, hasta la cantidad de seis mil pesos en un resguardo marítimo que impida la extracción clandestina del guano.
5°.- Los individuos que antes del 1° de abril del presente año hubiesen de buena fe preparado cargamentos de guano en las costas de la República haciendo para ello gastos efectivos, podrán embarcar hasta el 1° de enero de 1843 con permiso especial del Gobierno dichos cargamentos, si pagan de contado a la Aduana el derecho que el Gobierno señalare por cada quintal que se extrajese.
Y por cuanto, oído el Consejo de Estado, he tenido a bien aprobarlo y sancionarlo; por tanto, dispongo se promulgue y lleve a efecto en todas sus partes como ley de la República".
Vista del Edificio de la Aduana de Antofagasta en 1888.
Sucede pues que, a la sazón, Bello era asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y Senador por Santiago, cargo en el que se mantuvo hasta 1864 poco antes de morir, además de ser justo el período en que redactaba el Código Civil. Historiadores chilenos como Oscar Espinosa Moraga y Guillermo Lagos Carmona fueron categóricos en establecer la relevancia e influencia que Bello tuvo desde estos importantes cargos, en la concepción y elaboración del proyecto de ley promulgado en 1842.
Es más: muy probablemente resultaría ser que Bello haya sido el más importante de los redactores finales de la señalada ley y de varias más de la época, considerando la cantidad de documentos públicos, borradores, discursos y textos oficiales que pasaron por su mano formal e informalmente en aquellos años, desde toda la estructura estatal, en prueba de su enorme influencia intelectual sobre la sociedad chilena y sus gobernantes.
Si alguien sostiene, entonces, que Chile declaró arbitrariamente ese territorio en 1842 como suyo producto de meras ambiciones y desconociendo los supuestos derechos bolivianos en el mismo lugar, se debe entender que le imputa el mismo severo cargo al propio Andrés Bello, gurú y símbolo del americanismo, icono bolivariano continental, además de uno de los hombres más ilustrados en materias históricas y jurídicas que haya pasado por nuestro país y que haya logrado producir nuestra América Hispánica… ¿O queda aún alguna duda de ello?

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