martes, 12 de marzo de 2013

LA VERDADERA TRAGEDIA DEL "HUEVÓN"

Jari, mi cuñado finés, ya está al día acá con la jerga chilena… Aunque su seriedad y el acento nórdico lo delatan (además de su reconocido aspecto de elfo de Tolkien), aprendió a usar perfectamente los apelativos “hueón” y “hueá”… De hecho, cada vez se lo escucho más bien integrado a sus frases como adjetivo, sustantivo, verbo, indicación objetiva o subjetiva, calificativo o descalificativo, marcación final y muletilla.
¿Cómo nace esta manía nacional por abusar del “hueón”, “esa hueá”, “no hueí”, etc.? Años atrás, se usaba el “huevón” para señalar a personas de pocas capacidades intelectuales, culturales o de talentos: de ahí también el “ahuevonado” y “saco de huevas” (escroto). Algo parecido al “gilipolla” español y más aún al "boludo" argentino.
Se supone, en teoría, que los hombres con los testículos o “huevas” (comparación con la forma y tamaño de los huevos) demasiado grandes, no podían pensar bien a causa del peso de sus propias gónadas, y de ahí proviene también el insulto que subyace al preguntarle a alguien: “¿Acaso te pesan las huevas?” cuando no puede completar una tarea, resolver un problema o consumar un esfuerzo físico.

“Huevear”, a su vez, es hacer tonterías que provocan molestia o incomodan a otros. El curioso concepto habría surgido de observaciones de la vida rural: se creía que ciertos machos del ganado campesino eran torpes proporcionalmente al tamaño de sus “criadillas”, y que los animales de corral que no eran castrados de pequeños -como toros, burros o chanchos padrones-, solían ser flojos, perezodos, brutos, poco astutos e inútiles a ciertos trabajos o requerimientos, en ciertos casos en que acababan sirviendo sólo como reproductores.
Con el tiempo, sin embargo, y por influencia cultural de otros países de habla hispana, según parece, “tener huevas grande” se ha resignigicado e ido convirtiendo en un sinónimo de entereza, temeridad, masculinidad o determinación, perdiéndose un poco esa vieja comparación con un objeto de insulto.
“Huevón”, a su vez, se convirtió en una forma cariñosa de referirse a amigos y a gente de confianza, equivalente al “güey” de los mexicanos (entre los cuales “huevón” se usa para señalar más bien a los flojos), el “pana” venezolano o el más reputado “che” argentino, diluyéndose así gran parte de sus connotaciones peyorativas, hasta que alguien recuerda su esencia original para arrojarla en alguna discusión, pelea o necesidad de interpelación descalificadora hacia el prójimo.

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