miércoles, 7 de marzo de 2012

EL PUENTE LOS CARROS: POR TRES SIGLOS YA CONECTANDO LOS DOS MERCADOS DEL MAPOCHO

Vista del Puente de los Carros en fotografía tomada en agosto de 1927, desde la avenida Santa María hacia el Poniente. Atrás se ven el Puente del Obelisco (La Paz) y el contorno de la Estación Mapocho.
Coordenadas: 33°25'57.15"S 70°39'1.36"W
La ex Plaza de Abastos, hoy nuestro Mercado Central, tiene un punto de intercambio y conexión con el Mercado Tirso de Molina y la Vega Central, ubicados cada uno en una ribera del río Mapocho y casi al frente. Este enlace es el Puente Los Carros, antes llamado "De los Carros", y que vino a ser una suerte de recuerdo o eco del majestuoso Puente de Cal y Canto del Mapocho, que estuvo ubicado sólo un poco más abajo, en el sector después ocupado por el Puente del Obelisco, hoy Puente de La Paz.
El aspecto actual del Puente Los Carros es muy distinto al antiguo, que era mucho menos sólido y espacioso. Siempre conservó, sin embargo, un carácter popular, por su nexo con el sector de La Chimba y el Mercado, hacia el sector de extramuros que por muchos años (o siglos, mejor dicho) constituyó la marginalidad periférica de la ciudad de Santiago.

El actual Puente Los Carros es una estructura mecano montada hacia fines de los tiempos la presidencia de Balmaceda, sobre pretiles de concreto del borde recién canalizado del Mapocho. Corresponde a un modelo de vía férrea de evidente influencia europea del siglo XIX, con estilo de arquitectura en hierro a lo Pritchard o Eiffel, que tiene bastante presencia en el barrio, como la ferretería del Mercado Central o las estructuras interiores de la Estación Mapocho. Su mayor característica son los arcos altos (13 en total), pues fue concebido principalmente para el paso de los tranvías, según veremos.
El antiguo Puente de los Carros, hacia 1880.
Dibujo del reportero gráfico Melton Prior, publicado en "The Illustrated London News" del 5 de octubre de 1889, registrando el paisaje del Mapocho en plenas obras de canalización. Se observa el magnífico Puente de los Carros y alcanza a verse, a la izquierda, parte del Puente de Palo, que corría paralelo más arriba. Los trabajos de canalización del río estaban en pleno proceso.
El Puente de Palo, ubicado frente a la Calle del Salto, hoy Recoleta.
EN EL SIGLO XIX
Por mucho tiempo, el único paso amplio e importante que existió entre las riberas del Mapocho fue el Puente de Cal y Canto, ya que los otros eran menores. La calle del Puente que sale de la Plaza de Armas, es llamada así precisamente porque desembocaba frente al Cal y Canto. Otro paso era el llamado Puente de Palo, que se encontraba casi al frente de la ex Avenida del Salto, hoy Recoleta, y que recibía su nombre por el aspecto que le daba su estructura de madera con techo. Era exclusivamente peatonal y desde una caseta de vigilancia se cuidaba que el puente no se convirtiera en lugar de amoríos prohibidos o de delincuencia.
Por entonces, Mapocho era un barrio sucio, lleno de basura y olores putrefactos que se mezclaban con la oferta de mercaderías y productos agrícolas. Al no existir bordes definidos en la ribera del río, las orillas se confundían con el área habitada. Incluso la actual calle General Mackenna pasaba por debajo de un ojo sin agua del Cal y Canto, razón por la que era llamada calle del Ojo Seco. Cuando el caudal del río estaba en período bajo, además, las bases del Cal y Canto eran convertidas en fétidos baños públicos, en refugio de la vagancia y en teatro de peleas a pedradas entre los chiquillos pelusas de inicios de la República.
Luego de introducido el transporte en los primeros tranvías tirados a caballo o "carros de sangre", hacia la década del 1870, la Compañía del Ferrocarril Urbano habilitó un área de guardería y reparaciones para los carros, situada cruzando el río Mapocho por el sector que actualmente ocupa la llamada Vega Chica, pudiedo distinguirse hasta nuestros días el par de galpones paralelos que daban forma al recinto. Los ingenieros construyeron un puente adicional, de madera y tensores de acero, que servían para atravesar los tranvías hasta ese sitio, sirviendo también como pasada peatonal sobre el río. De ahí entonces su nombre: Puente de los Carros, aunque su nombre oficial era Puente del Ferrocarril Urbano.
En 1888, el Presidente José Manuel Balmaceda inicia la canalización del río Mapocho, para evitar sus crecidas e inundaciones, siguiendo un proyecto anteriormente presentado por el entonces Intendente Benjamín Vicuña Mackenna, pero que por falta de presupuesto había quedado suspendido. Lamentablemente, en este período la empresa contratada, coludida con las autoridades, realizó oscuras acciones lindantes en el sabotaje y que terminaron derrumbando al Cal y Canto, obligando a su demolición total luego de una inorportuna riada que sorprendó al puente con sus bases debilitadas. En esta misma crecida que mató al puente, en 1888, también se perdió el Puente de Palo, aunque facilitándole trabajo a los ingenieros ya que, de todos modos, iban a removerlo. El puente que se levantó poco después en su lugar, frente a calle San Antonio, fue derribado a los pocos días por el río, motivando la decisión de optar por estructuras más firmes como eran las metálicas.
Las labores de canalizado del río concluyeron en 1891, junto con la construcción de los ocho puentes metálicos que hoy se encuentran en este tramo del Mapocho, incluyendo al entonces flamante Puente de los Carros versión metálica, precisamente donde estaba el anterior. Unos metros más al Poniente, también se instalaron los dos obeliscos o "pirámides" de roca, precisamente en los extremos que antes ocupaba en Cal y Canto, celebrando la conclusión de los trabajos. El carácter funcional y poco artístico del puente causó algún grado de controversia en aquel entonces, pero, como lo hace notar Carlos Lavín en "La Chimba", respondían a la necesidad y a la improvisación ingenieril del momento,
La construcción de los puentes de tipo mecano, realizada en 1889, quedó encargada a la firma de origen inglesa Lever, Murphy & Cía, de Caleta Abarca, Valparaíso, quedando registrado su sello de fabricación a ambos lados de los accesos del Puente de los Carros, en una placa también metálica con forma de blasón. La sociedad estaba constituida más o menos desde 1883, y había sido la encargada de otros trabajos similares de fabricación de puentes, como los del Maule y el Pitrufquén. El puente fue instalado en su lugar en trabajos realizados entre los años 1890 y 1891.
Después se instaló también el llamado Puente del Obelisco, paralelo al De los Carros y frente a lo que sería la avenida La Paz, que sería abierta durante el siglo siguiente para establecer la vía directa hacia el acceso principal del Cementerio General.
Creo que la versión metálica tenía durmientes en su plataforma, originalmente. Se tiraron sobre ellos las líneas de los tranvías, que conectaban la Garita del Mapocho de los tranvías (frente a la estación, en Plaza Venezuela) y el Mercado Central con la avenida Santa María, por lo que el puente quedó incorporado a los recorridos, más allá de los carros que sólo iban los talleres del otro lado del río.
Puente de los Carros, hacia 1880, en imagen tomada hacia el Sur. Atrás se observa el Mercado Central, las torres de la Iglesia de Santo Domingo y parte del Cerro Santa Lucía.
Otra imagen con acercamiento a las estructuras, por la misma época.
Vista del siglo XIX de los puentes del Mapocho, tomada desde el Puente de Cal y Canto: se observa más cerca al antiguo Puente de los Carros, y más atrás al Puente de Palo.
Vista del Mapocho desde la Estación, hacia el cambio de siglo. El más cerca de la cámara, abajo a la izquierda, es el Puente Independencia (hoy reemplazado por el Padre Hurtado), seguido más atrás del Puente del Obelisco (La Paz) y del Puente de los Carros, con la línea del tranvía pasando sobre el mismo.
EN EL SIGLO XX
Además del cambio del puente y su material, el paso del sistema de "carros de sangre" al de tranvías eléctricos no alteró dramáticamente los recorridos que ya existían por esos días en Santiago, hacia el 1900, pero sí contribuyó mucho a expandirlos y ampliarlos hacia otros lados de la capital, como en los territorios chimberos. Algunas líneas de tranvías que pasaban por este Puente de los Carros, como parte de sus circuitos, fueron la Nº 7 Recoleta-Cementerios y la Nº 8 Cementerio General.
Por ahí por 1916, concluyó la ampliación y la construcción de galpones de la Vega Central, reforzando un foco de intercambio muy intenso entre la actividad comercial de ambos lados del río. En 1948, además, se destinaron los ya desocupados y tristes ex galpones de la compañía de tranvías a los comerciantes minoristas que fundaron allí La Vega Chica. Desde entonces y hasta hoy, es común y habitual ver por este sector a personajes con grandes bolsas con hortalizas al hombro o empujando carretones de mano, cargados hasta el borde de zapallos, frutas o papas. Van para uno y otro lado del río, desde muy temprano hasta las horas de cierre de los mercados, pasando precisamente por encima del puente de nuestro interés.
La proximidad de otros puentes habilitados al tránsito y el uso masivo que le daban los transeúntes a pie pasando peligrosamente cerca de los vehículos en movimiento, llevó a la decisión de declarar el Puente Los Carros como exclusivamente peatonal, cuando la época de los tranvías había caído al ocaso del tiempo. Por eso se suprimieron los pasos de peatones a los dos costados. El alcalde Santos Salas ordenó desocupar la Plaza de los Artesanos y los galpones destinados a La Vega Chica, muchos indigentes emigraron con sus chozas y casuchas hasta el puente, estableciéndose allí mismo en precarias e insalubres condiciones. Aunque fueron erradicados posteriormente, la decisión de hacerlo sólo peatonal atrajo en masa al comercio ambulante, como no se veía sobre un puente del Mapocho quizás desde los tiempos del Cal y Canto, al punto de que, entre los años setenta y ochenta, realmente parecía una feria libre suspendida sobre el río, y a cuya retirada quedaba una gran cantidad de desperdicios malolientes. Sus cerca de cuatro metros de ancho se hacían pocos para el tránsito en esta abundancia humana. Una intensa vida popular, colorida e iluminada, se daba sobre él diariamente todavía en los años de rigor militar, casi como un brazo asimilador entre ambos mercados en los dos lados del río. Vendedores de empanadas, pescado frito, fruteros y ofertones de baratijas eran lo más común. También había algún grado de prostitución por este sitio, especialmente en la complicidad nocturna.
En lo personal, recuerdo haber pasado varias veces por su congestionada pasarela durante las noches y a veces un poco tarde, en 1987, en mi adolescencia visitando la Piscina Escolar de la Universidad de Chile, en Santa María con Independencia, con aguas temperadas en pleno invierno. Aún así, encontraban en él algún rinconcito varios actores y artistas populares, que lo elegían como su escenario para cantar canciones contra el régimen o uno que otro pastiche de Silvio Rodríguez o Violeta Parra. Ya era, por entonces, un lugar bravo y con cierta fama que advertía de la necesidad de andar con cuidado. A pesar de todo, estoy seguro de que la criminalidad y la delincuencia del barrio eran, entonces, mucho menores de lo que puede verse con vergüenza en nuestros días.
Hacia fines de la centuria y del milenio, el Puente Los Carros comenzó a ser escenario de actividades culturales, con presentaciones de músicos y algunos grupos de teatro chilenos y extranjeros, tendencia que se ha mantenido con relativa regularidad hasta ahora. Por Decreto Nº 824 del 12 de agosto de 1997, del Ministerio de Educación, se dio la categoría de Monumento Histórico Nacional a todos estos puentes del Mapocho, además de confirmarse que se encontraban aún en estado bastante bueno de conservación, para fortuna del patrimonio nacional. El Puente Los Carros es uno de los pocos de estos homenajeados, que aún se conserva en su lugar original, ya que muchos han sido desplazados y reemplazados.
Vista actual del río desde el puente, hacia el Poniente.
Vista actual del río desde el puente, hacia el Oriente.
Placa metálica de fabricación del Puente de los Carros en los talleres de Lever, Murphy & Cía, de Valparaíso, en 1889.
Vista actual de la entrada Sur del puente.
Detalle de uno de los imbornales del sistema de desagüe del puente, que vierte el agua al río. Se observa tras las rejas del pretil a la viga metálica que sostenía el estrecho paso lateral, doble (uno a cada lado del puente) para los peatones, cuando pasaban por él los carros.
EN EL SIGLO XXI
El Puente Los Carros sigue siendo un paso importante del Mapocho, pues ni el Puente Padre Hurtado, ni el Puente La Paz al poniente, ni el Puente Recoleta al oriente y que da a la venida homónima, tienen tanta proximidad con los dos mercados y el barrio comercial popular de este sector de Santiago. También sigue generando noticias históricas: durante los trabajos de construcción de la Costanera Norte el año 2002, por ejemplo, se encontró una estructura transversal de piedra situada justamente bajo el Puente de los Carros, correspondiendo a un antiguo muro de refuerzo del pindongo. También se encontraron restos del tajamar en la orilla de la Plaza Tirso de Molina, un poco más al Oriente.
Por razones de seguridad para los transeúntes y para facilitar el combate a la delincuencia, además de evitar que se convierta en alojo de vagabundos, el puente debió ser cerrado con rejas durante las noches, que abren en la mañana temprano y cierran dos horas antes de la medianoche, no obstante que el programa se permite algunas libertades en estas restricciones, de vez en cuando. De alguna manera, además, algunos indigentes se las han arreglado para entrar y dormir sobre colchas inmundas que colocaron en los costados del puente, sobre vigas que emplean como verdaderas literas en las noches.
Durante el año 2009, se realizaron en este puente y en los de Loreto y Purísima algunos trabajos de mantención y mejoramiento de la iluminación, en el marco de un proyecto del Ministerio de Obras Públicas para perfeccionar el aspecto del barrio, la mencionada Plaza Tirso de Molina, La Vega Central y la Pérgola de las Flores. El semptierno proyecto para hacer navegable el Mapocho también contempla, en su primera etapa, la limpieza del río precisamente hasta este punto, señalado por el puente. Por ahora sólo quedará en la imaginación y el optimismo iluso la visión de una postal con minicruceros turísticos pasando en aguas azules bajo este puente.
Comerciantes chilenos y peruanos comparten el puente, cuando pueden. Algunos de ellos han sido veteranos y casi iconos locales, como don Lalo Aróstica, un viejito que vendía en su carrito en la entrada Sur, lamentablemente fallecido en abril del año pasado. Se ha propuesto formalizar este caótico comercio ilegal en el puente a través de carritos, kioscos o locales establecidos. Otros han sugerido convertirlo en restaurante o centro de eventos dependiente de la Municipalidad, reduciendo la pasarela peatonal a pasillos por los costados. No sabemos qué conveniencia podría tener habilitarlo como local de espectáculos si ya existe un puente convertido en esta clase de establecimiento: el Teatro El Puente, allí entre Purísima y Pío Nono, junto al Parque Forestal. También se ha solicitado la posibilidad de instalar publicidad en los costados del puente, idea que fue rechazada de plano por el Consejo de Monumentos Nacionales.
La municipalidad ha hecho instalar un inofensivo cartel en sus accesos, pretendiendo hacer una advertencia a los comerciantes:
PUENTE PEATONAL LOS CARROS
HORARIO DE 6.00 A 22.00 HORAS
PROHIBIDO COMERCIO AMBULANTE
MULTA Y DECOMISO
Obviamente, se hace caso omiso a estas restricciones, y el comercio ambulante sucede igual. Sólo por breves períodos los esfuerzos han logrado empujarlos, pero la lucha permanente ha resultado en una quimera, como espantar los cuervos del maizal. Hay días en que los vendedores incluso se apretujan dentro de sus espacios, junto a los bordes de la estructura, colmando sus capacidades.
Deben ser complicadas las relaciones aquí, por las cuestiones territoriales. Han solicitado algunos de ellos, a la Municipalidad de Santiago, una ubicación propia para dejar el puente, pero esta petición ha sido satisfecha sólo parcialmente. A pesar de esto, igual recomiendo -por higiene, calidad y precio- a las grandes empanadas fritas de La Rucia, comerciante que se instala a hervir sus aceites y masas sabrosas frente al acceso Sur del puente, como lo hacían las antiguas comerciantes del barrio desde los tiempos de la Colonia.
Vista interior, hacia el Sur.

Vista interior, hacia el Norte.
Cartel municipal instalado en el acceso Sur.

5 comentarios:

  1. Hace unos años cuando vi la placa metálica de fabricación, anduve buscando información sobre este puente y su historia, por lo cual agradezco haberme encontrado el día de hoy con estas lineas.

    Punto aparte es el tema del comercio ambulante en el puente, es una pena como las personas que ofrecen sus productos ensucian de una manera aberrante el puente y a su vez botan parcialmente estos desechos al rio y su ribera. Una pena.
    Respecto al dato de las empanadas, un lujo que hay que darse después de comprar las frutas y verduras en tirso de molina, lo cual se potencia más con los jugos naturales que venden al interior del recinto.

    Saludos y muchas gracias nuevamente por tu artículo.

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  2. Hoy en día el puente esta cerrado, pero, literalmente relegado a su suerte,abandonado, lleno de basura en su interior. Se ve que no hay ningún interés por el municipio de Santiago de mantener una reliquia histórica que tiene 126 años. Es increíble como descuidamos nuestro legado patrimonial y cultural.
    Atte.

    Jaime Cuevas A.

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  3. Es lamentable que el puente este cerrado y abandonado a su suerte, esta lleno de basura y resto de puestos de trabajo en su interior, es un triste espectáculo para el turista, considerando que es parte de nuestro patrimonio de más de 100 años de historia. Sin duda el municipio de Santiago no tiene ningún interés en recuperar una obra de este tipo, es una pena.

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  4. Hola y gracias por su blog sobre la conexión entre la canalización del rio Mapocho y la destruction del puente Cal y Canto. Estoy buscando por evidencia de este conexión que el autor dijo que ... oscuras acciones lindantes en el sabotaje y que terminaron derrumbando al Cal y Canto... ?Hay documentos o referencias sobre la relación entre la construction del canal y la intención para remover el puente cal y canto? Obviamente la forma y funciona del puente cal y canto no fue apropiado con los planes por la canalización (su ancho y estructura). Para mi, la canalización fue en Un proyecto de recuperación de tierras tanto como la gestión del agua. En este sentido las oscuras acciones hubiera sido mas oscura. Por favor, me avisa de las referencias usted esta usando. Saludos

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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