martes, 28 de febrero de 2012

LA PLAZUELA DE LA MERCED Y SU ESCULTURA DEDICADA A LA CARIDAD ETERNA

El monumento en 1997, cuando la plaza aún era área verde, aunque las ligustrinas tapaban la base del conjunto haciendo invisible la inscripción del homenaje a doña Antonia Salas de Errázuriz (Imagen del diario "La Tercera").
Coordenadas: 33°26'17.75"S 70°38'49.83"W
El monumento de bronce "A la Caridad" se ubica exactamente frente a la Basílica de la Merced, en el cruce de las calles Mac Iver (ex Las Claras) y Merced, a poca distancia de la Plaza de Armas y en el barrio comercial del Centro de Santiago. Estamos tan acostumbrados a verlo siempre que, probablemente, los santiaguinos ni siquiera podamos decir de memoria cuántos personajes tiene en su composición, sin una previa inspección rápida.
Pues resulta que en este sitio, hoy acosado por el concreto y donde la flora se reduce a sólo unos cuántos arbustillos instalados en tiempos recientes (antes tenía césped y matorrales), hubo antes una placilla heredada desde los tiempos de existencia de jardines coloniales de la iglesia, en la actual esquina suroeste del cruce de ambas calles. Las palmeras que se enfilan en esta vereda son quizás un recuerdo reminiscente de aquella época. Es por esa razón que este espacio abierto del barrio se conoce como Plazoleta de la Merced, aunque nos quede poco de ella en los cerca de 585 metros cuadrados que ocupa, especialmente después de su última remodelación que la dejó como plaza dura.
La plazoleta y su entorno han sido parte de un rincón histórico desde el nacimiento de la ciudad, no sólo por la presencia de la orden mercedaria. Por estos lados tuvo su casa el comerciante español Juan García Salguero y también el Corregidor Zañartu. Poco más abajo, don Manuel Montt ubicó también la suya. Exactamente en el cruce de ambas avenidas, además, encontró la muerte en servicio, en 1933, un valioso voluntario del Cuerpo de Bomberos de Santiago: don Víctor Hendrych, caído en un accidente con un tranvía. En la esquina vecina funcionó por varios años una de las sedes del famoso restaurante "Nuria". El conejo escabechado era parte de la carta menú más famosa que se ofertaba por los mesones, creo que también allí en el "Bar Parrillón", que tenía su cuartel en la ex casona Montt, y donde aparecía de vez en cuando el escritor Enrique Lafourcade.
Por sí misma, la plazuela fue relevante en la historia capitalina antigua. Sady Zañartu comenta en "Santiago calles viejas" que en torno a este sector, también tuvo su casa-solar el Maestre de Campo don Bernardo de la Cuadra Echeverría, por ahí por los años de la Independencia. Y cada día domingo y festivo, al terminar la misa del alba, los vecinos se reunían en la Plazuela de la Merced a observar las llamadas "carreras" y exhibiciones a caballo que don Bernardo organizaba con sus mejores animales. Para realizar estos juegos, se cerraba la calle de Las Claras con barreras de madera, entre Merced y Huérfanos.

También tuvo una pileta de agua esta placilla, mencionada por Recaredo Santos Tornero en 1872. Según su descripción, era para entonces muy sencilla "una taza o fuente de losa canteada de ochenta a noventa centímetros de profundidad" en cuyo centro "se levanta un cañón de fierro por donde es expelida el agua" destinada al consumo de la población más que a servir de ornamento urbano.
Por su parte, Juan Luis Espejo comenta que, antaño, esta placilla era llamada Plazuela de los Vientos, pues era costumbre que las mujeres fueran hasta ella a refrescarse con la brisa después de haber pasado por un parto y habiendo cumplido el período de los 40 días de cama.
El monumento en la actualidad.
Vista frontal con algo de entorno de la plazuela.
Vista desde atrás, con la iglesia al frente.
Uno de los datos más importantes y que quizás ayudar a explicar en parte la presencia del monumento, es que frente a la iglesia y a la propia plazoleta, existió una casona colonial que alguna vez sirvió de albergue para niñas huérfanas. Espejo la describe como una residencia de reja conventual y cuatro patios, "en donde podían vivir hijos, nietos, larga servidumbre y hasta con pesebreras para los caballos del coche".
Lo que más destaca hoy, sin embargo, es el conjunto artístico al centro de la plazoleta, que representa a una dama dando asistencia a tres sufrientes desposeídos, alegorizados en la desnudez de una mujer, un niño y un anciano. Está montado sobre una base rectangular de roca, de cara a la fachada de la actual iglesia mercedaria.
La escultura tiene una firma de buena cotización en la historia universal del arte: "DRIVIER". Corresponde al escultor francés León Ernest Drivier (1878-1951), discípulo de Rodin, cuyo estilo artístico es de inspiración clásica y de gran dramatismo expresivo. En su base está inscrito el nombre de doña Antonia Salas de Errázuriz, sobre la frase "Charitatum Dilexit", algo así como "Amó la Caridad" en latín.
Vamos de a poco... Doña Antonia Salas Palazuelos de Errázuriz era la hija del ilustre Manuel de Salas, nacida en 1788. Fue matrona, ofició como enfermera y contrajo matrimonio con don Isidoro Errázuriz Aldunate, uno de los patriotas precursores de la Independencia de Chile, que incluso estuvo confinado en Juan Fernández por involucrarse con los revolucionarios, durante la Reconquista. Doña Antonia, dama de una filantropía sin límites y considerada casi una santa viviente en su tiempo, también ayudó a la causa disponiendo de su propia casa como improvisado hospital para los patriotas tras las batallas emancipadoras y después para los enfermos de la epidemia de cólera. Pasada las guerras, semanalmente iba a ayudar en la atención de enfermos del antiguo Hospital San Borja, con un grupo de voluntarias que fundarían después la primera generación de la Sociedad de Beneficencia de Santiago y la Hermandad de los Dolores.
La formidable generosidad y abnegación  de doña Antonia, aliada a la del Arzobispo de Santiago Manuel Vicuña Larraín, condujeron a la decisión del ministro Diego Portales de solicitar la venida a Chile desde Francia de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón, materializada en 1838, las que eran conocidas por sus acciones de servicio social y hospitalario. Las monjas de San Vicente de Paul que trajo doña Antonia, ayudarían al cuidado de los hospitales; y las de La Providencia, harían lo propio con los niños. Sus esfuerzos también permitieron la fundación de la Casa del Buen Pastor, en 1855, y las monjas de esta orden ayudaron a atender las casas correccionales.
Pareciera que doña Antonia Salas no habría tenido ningún reconocimiento importante a su obra después de su muerte ocurrida en 1867, así que, según la información publicada por el Consejo de Monumentos Nacionales, una pariente suya tuvo la iniciativa de erigirle un monumento a tan notable mujer de nuestra historia, hacia la proximidad del Primer Centenario de la Independencia. Esta familiar residía en Buenos Aires, Argentina, en donde existía ya una hermosa obra de Drivier titulada "La Primavera", que había sido elogiada en esas tierras platenses y que estaba originalmente en la Pérgola del Lago de Palermo, pero después fue trasladada hasta el Parque Justo José de Urquiza.
La persona referida tuvo la idea, entonces, de solicitar al artista francés la creación de una obra que homenajeara la memoria de doña Antonia. Los documentos publicados por el Consejo de Monumentos Nacionales y la Universidad Miguel de Cervantes sugieren que la inspiración para solicitar la escultura a Drivier fue la misma obra que el escultor francés había colocado en la Argentina, aunque parece que de todos modos el autor se tomó plenas libertades creativas, pues mientras "La Primavera" mostraba a tres figuras femeninas de pie, en la dedicada a la caritativa chilena los personajes están arrodillados o sentados y sólo dos de ellos son femeninos, aunque en el mismo estilo figurativo neoclásico. Además, en la estatua de Argentina aparecen esculpidos y adosados a la roca, mientras que en esta nueva obra las imágenes se ven desprendidas y casi en unidades.
Titulándola "A la Caridad", o "Ángel de la Caridad" según otras fuentes, hacia 1910 Drivier habría tenido terminado el encargo y envió la obra hasta las manos de la solicitante. Ella la puso en barco de camino a Chile. Pero otros textos señalan que esto sucedió más de 15 años después, pues todo el trámite que se realizó tanto para solicitarla, pagarla y transportarla es casi desconocido en nuestros días, al haber correspondido a una gestión privada, quedando en misterio la mayor parte de ella.
Vista de la mujer que abriga a los desposeídos.
La firma del autor.
Inscripciones en la base de piedra, al frente.
Tras desembarcar, además, los enredos administrativos hicieron que el monumento permaneciera guardado en las bodegas de la Aduana de Valparaíso sin ser enviado a Santiago, al contrario de lo que se había dispuesto. Por esta razón, la solicitante debió viajar desde el Plata hasta Santiago, para arreglar por su propia cuenta estas vicisitudes y convencer a las autoridades de montar esta obra en algún lugar de Santiago. Su insistencia rindió frutos el 27 de mayo de 1927, cuando la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de instalación de "A la Caridad", según señalan las actas del Consejo de Monumentos Nacionales. Sólo un parlamentario votó caprichosamente en contra de la iniciativa.
Sin embargo, tuvieron que pasar otros cuatro años para decidir dónde colocar la obra dentro de la ciudad, algo ocurrido hacia 1932. Se supone que había sido escogida la Plazuela de la Merced, simbólicamente situada ante la basílica de la congregación religiosa relacionada precisamente con la caridad. Empero, el monumento estuvo primero en el hall del Palacio de Bellas Artes, sobre un espejo de agua y con una fuente detrás de sí, siendo trasladado más tarde a la Alameda de las Delicias frente a calle Santa Rosa. El conjunto quedó instalado en la Plazoleta de la Merced, por entonces llamada Plaza del Arzobispo, sólo después de este peregrinar por Santiago Centro, pero se cuenta que jamás pudo ser inaugurado: la anarquía política que se vivía en esos días y la seguidilla de gobiernos provisorios impidió que un acto oficial de descubrimiento la presentara formalmente.
Pese a todo, la obra de bronce marcó aquella esquina hasta nuestros días. Como hemos dicho, reúne a cuatro personajes, pero destaca el de la mujer con una especie de vestido ligero y más alta en el conjunto, a diferencia de la desnudez de los otros tres a quienes parece abrazar, como si les diera abrigo. Es la representación que Drivier hizo de doña Antonia Salas de Errázuriz, en actitud de ofrecer acogida a los desvalidos.
Posteriormente, Drivier realizó otra obra con el mismo dramatismo que la de Chile y hasta cierto grado de semejanza, que algunos le consideran como la mejor y más conocida, siendo llamada "A nuestros muertos". Está en la Plaza de Estrasburgo, y muestra a una madre que abraza con dolor a sus dos hijos caídos en la guerra, mientras estos han perecido con sus manos tomadas, como aferrándose entre sí a la vida. Alegoriza la tragedia de Alsacia, con uno de los hijos simbólicamente muerto por los franceses y el otro por los alemanes. Aunque Drivier la concibió originalmente para los caídos en la Primera Guerra Mundial, colocándose en su base la inscripción "1914-1918", irónicamente, la maldad cíclica de la historia ha obligado a los franceses a seguir anotándole nuevas fechas, incluso después de la muerte del autor: "1939-1945", "1945-1954" y "1952-1962", aludiendo a las posteriores guerras que volvieron a comprometer vidas francesas.
Y así como la estatua de Estrasburgo ha seguido en triste vigencia después de haber sido creada sobre una época específica de la historia y sus dramas, la nuestra emplazada en la Plazoleta de la Merced o de la Caridad aún sigue recordándonos no sólo los sacrificios de doña Antonia Salas de Errázuriz, sino la importancia y la necesidad aún cierta de la caridad humana, requerida hasta nuestros días en un país que presume tanto de sus logros y de su aparente desarrollo, pero de espaldas a la resistida realidad tercermundista que arrastra y seguirá arrastrando probablemente por mucho tiempo más.

3 comentarios:

  1. El hecho que la Basílica de la Merced esté frente a esta estatua no es menor, dado que el origen histórico de la Orden (inspirado por una visión de la Virgen María que tuvo en 1918 el clérigo catalán Pedro Nolasco, hoy santo), fue precisamente relacionado con la caridad: la redención de cautivos, la liberación de esclavos incluso llegando los frailes a canjearse por esclavos negros. En la colonización española en nuestras tierras, abogaron por la abolición de las encomiendas donde se esclavizaba a los indígenas. Actualmente, los mercedarios tienen a su cargo la pastoral carcelaria a nivel nacional, donde asisten espiritualmente a los reos de los distintos penales, como forma de llevar a cabo su misión fundacional.

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  2. LA RELIGIOSA DEL BUEN PASTOR, JOSEFA FERNÁNDEZ CONCHA, EN RELIGIÓN MADRE MARÍA DE SAN AGUSTÍN, QUIEN CONOCÍA PERSONALMENTE A DOÑA ANTONIA SALAS DE ERRÁZURIZ Y ADMIRABA SUS CUALIDADES DE CARIDAD, HIZO REPETIDAS GESTIONES ANTE MATÍAS ERRÁZURIZ PARA QUE SE LA HONRARA CON UNA ESCULTURA Y PARA QUE ÉSTA LLEGARA A SU LUGAR Y QUEDARA INSTALADA CON HONORES. EN SUS CARTAS LEEMOS ESTAS GESTIONES, Y COMO SE LAMENTABA DE QUE ESTE ÁNGEL DE LA CARIDAD NO TUVIESE RECONOCIMIENTO QUE SIRVIERA DE TESTIMONIO A LA POSTERIDAD.

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  3. Ojalá se supiera mas de nuestras mujeres y que si bien su papel en la sociedad era muy disminuido, en lo que ellas se podían dedicar y desarrollar lo lograban con magnificencia

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