lunes, 13 de febrero de 2012

ÁYAX: UN HEROICO PERRO MÁRTIR QUE CONMOVIÓ A LOS SANTIAGUINOS

Ayax, el perro héroe y mártir, posando junto a su adiestrador el carabinero Luis Carrasco, en el preciso momento de haber terminado y aprobado el curso de adiestramiento, a fines de 1959 (fotografía del diario "La Tercera" de 1962).
Desde los tiempos de la Conquista hasta nuestros días, la vida en Chile está llena de registros de canes que fueron capaces de hacer historia propia y generar sus respectivas leyendas, parte de lo cual hemos estudiado en otro artículo de este blog, dedicado a la relación estrecha y culturalmente exitosa entre rotos chilenos y perros. Famosos son, por ejemplo, los casos del quiltro llamado Lautaro, que fuera una estrella entre los soldados de la Guerra del Pacífico; y después las aventuras de Cuatro Remos, un mítico can de Valparaíso inmortalizado en la literatura infantil.
Un destacado de esta tradición de perros profundamente enraizados con el cariño popular y la propia identificación -no admitida oficialmente- del chileno con el ser perruno, fue un magnífico can policial llamado Áyax, cuya vida y tragedia conmovieron a la sociedad chilena a principios de los años sesentas, superando incluso las historias melosas de Lassie con un muy real y dramático capítulo del que, por supuesto, hoy nadie recuerda algo.

Aunque ya participaban parcialmente desde antes en la institución, los perros policiales comenzaron a ser empleados formal y organizadamente por Carabineros de Chile hacia 1947, convirtiéndose en un enorme aporte a sus funciones. El servicio de los canes alcanzó tal relevancia que, durante el año 1954, se fundó en la Escuela de Carabineros de Chile la Sección de Perros Policiales. Tres años más tarde, este departamento se convirtió en el Curso de Adiestramiento de Perros Policiales, permaneciendo por dos años más al mando del Capitán Mario Fuentes García. La formación educativa de los perros contó con la asesoría del experto alemán Carlos Fisher Voight, quien era, además, juez internacional de razas. Coincide su presencia con una época de progresos en instrucción y veterinaria, por cierto.
El buen entrenamiento de estos astutos perros al mando de Carabineros de Chile, permitía que los niños se acercaran a acariciarlos en las calles o en los desfiles. Los animales respondían mansamente, ofreciéndole alguna de sus anchas patas como saludo, aunque sólo bastaba una instrucción de sus amos para que reaccionaran con ferocidad y determinación contra los malhechores. Muchos de ellos, por lo tanto, tenían popularidad, especialmente en localidades que entonces se hallaban algo retiradas del radio central de la ciudad de Santiago, allá donde la vida aún seguía siendo más vecinal y comunitaria.
De estas primeras generaciones de perros adiestrados por y para el servicio policial, destacó un extraordinario can pastor alemán llamado Áyax, que era toda una celebridad entre los carabineros de Santiago y un orgullo en la dotación de la 6ª Comisaría de San Bernardo, donde se encontraba destinado, además de ser un regalón de los muchachos y de los demás residentes de aquellos barrios.
Nacido en Reñaca el día de Navidad de 1956, Áyax fue un hermoso perro ovejero de color negro con manchas amarillentas. De los seis cachorros nacidos en esa camada, él era el más juguetón e inteligente al criterio de su amo, don Daniel Troncoso Ovalle, quien se lo quedó y comenzó a enseñarle trucos tras bautizarlo con el nombre del legendario héroe griego. El can creció manteniendo una recia estampa y mostrando gran ferocidad ante los extraños. Llegó a Carabineros de Chile el 18 de marzo de 1959, cuando Troncoso decidió donarlo a la institución en Santiago, pasando a la Sección de Adiestramiento el 20 de ese mismo mes y quedando bajo la guía del carabinero Humberto Díaz Sepúlveda. El 24 de diciembre fue evaluado y logró las pruebas de rastreo y ataque de manera brillante. El can fue avaluado en dos millones de pesos y se lo tenía por uno de los más eficaces y bien amaestrados del servicio.
Sólo seis días después de aprobar el curso, Áyax fue separado de su querido amo, al ser destinado Díaz Sepúlveda a la dotación de Arica. El perro pasó, entonces, a la Comisaría de San Bernardo, donde quedó encargado al carabinero Luis Carrasco Pinto, de 25 años, quien estaba destinado a ser su último instructor. La estima surgió de inmediato entre ambos y Áyax lo seguía por todo San Bernardo, ganándose el cariño y la admiración de los ciudadanos por su imponente estampa. Su hoja de vida del perro era impecable, habiendo participado en varias operaciones policiales donde siempre destacó por su valor y lealtad, tanto así que, por sus talentos, muchos lo apodaban Cuatro Remos y Rin Tin Tin.
Varias fueron las hazañas del perro pastor. El 4 de diciembre de 1960, por ejemplo, había sido asesinado en la Población José María Caro el joven Julio César Santibáñez, de 24 años, y se requirió de un buen rastreador para buscar a los asesinos, encargándose esta tarea en Áyax, quien partió acompañado por los cabos Sergio Farías, Luis Carrasco y otros dos carabineros. En sólo 90 minutos, el olfato infalible del can dio con un responsable: Horacio Nelson Ortiz González, de 19 años, alias El Chito. Poco después, acorraló al segundo criminal: Guillermo Briceño Espinosa, de 16 años, alias El Nariz de Camello. Otro hecho destacado en la vida del perro ocurrió en 1961, cuando en altas horas de la madrugada pasó por la calle un hombre llevando un voluminoso paquete, por el paradero 37 de Gran Avenida José Miguel Carrera. Áyax comenzó a gruñirle y se le acercó olfateándolo y aprisionándole una de sus piernas. Nervioso y sintiéndose capturado, el tipo comenzó a confesar de inmediato a los carabineros que acababa de robar una gran cantidad de ropa en una casa de Gran Avenida y la traía en el bulto. Incluso unos días antes de su triste muerte, el perro había hecho otro acto notable, al capturar un cogotero que acababa de asaltar a un suboficial de la FACH.
Los funerales de Ayax, siendo despedido por un niño y por otro de los perros de la unidad (fotografía del diario "La Tercera" de 1962).
Otro conocido can policial, llamado Sultán, despidiendo a Ayax en su funeral. El perro mártir aparece parcialmente tapado y con flores encima (fotografía del banco de la Editorial Zig Zag, hoy perteneciente al Museo Histórico Nacional).
Pero la tragedia de Áyax sobrevino el jueves 11 de enero de 1962, en horas de la madrugada. El perro había entrado en servicio aquella jornada a las 22 horas del día anterior. Según informó entonces el diario "La Tercera", un delincuente de nutrido prontuario llamado Manuel Jesús Chávez Guerrero, alias El Conejo Grande, había sido detenido y llevado a la citada Comisaría. Lo interceptó el radiopatrulla 129 a cargo del Vicesargento 1° Pedro Vargas Santis, al sorprenderlo viajando en un taxi cerca de las 1:30 de la mañana, con nueve sacos que contenían más de 100 gallinas robadas. Fue subido al furgón policial y llevado al cuartel, pero mientras descendía, escapó raudamente en un descuido, aprovechando la oscuridad de la noche y el que los uniformados estaban distraídos contando las aves robadas.
Lo carabineros salieron tras el delincuente a darle captura otra vez, en una persecución callejera que era liderada por el Vicesargento Vargas, el cabo Juan Francisco Toledo y por Áyax que también intentaba atrapar al fugado, luego de verlo escapar mientras simulaba dormir frente al acceso del recinto. Haciendo gala de sus capacidades físicas, el perro se adelantó y le dio alcance frente al número 332 de la calle Urmeneta pero, al verse acorralado por el perro que logró darle una mordida en la mano izquierda a la altura de la muñeca, el infame sujeto sacó un arma de su bolsillo, un revólver, y disparó tres veces sobre el animal a sólo 20 centímetros de él, dando uno de los tiros sobre su cabeza, volviendo a escapar y escondiéndose en algún lugar de los barrios del entorno.
Áyax, el perro querido por los niños y los inocentes pero odiado por los hampones, murió al instante. Los carabineros que encontraron su cuerpo, con el corazón destrozado lo llevaron hasta el cuartel poniéndolo sobre una mesa y tapándolo con un escudo de la Sección de Adiestramiento. Su guía Luis Carrasco llegó seis horas después al servicio, enterándose sólo entonces de la terrible noticia. Habían pasado 18 días desde que el pastor alemán había cumplido 5 años de vida, y 19 desde su segundo año en esa Comisaría.
La comunidad de San Bernardo quedó consternada con la noticia, dada la gran popularidad y cariño que existía por el perro, en una época donde aún eran escasos estos animales adiestrados y cuando constituían toda una atracción estos pastores alemanes reclutados para el orden y la seguridad pública. La pena se mezclaba con la indignación de saber que Chávez Guerrero seguía prófugo e impune por este crimen, y la noticia llegó a los diarios y hasta ocupó portadas, expandiendo las sensaciones encontradas por toda la ciudad.
Al día siguiente, los funcionarios de carabineros le organizaron un funeral en el patio de la Comisaría, desde temprano en la mañana. Hacia las 11:15 horas, la cantidad de público que había asistido repletaba el recinto, incluyendo a vecinos de San Bernardo y a autoridades policiales. Hubo un sentido discurso del Capitán Renán Rodríguez R. y de la niña Silvia Corrales C., alumna de uno de los colegios locales que habló en representación de todos los escolares de San Bernardo, entre los que Áyax gozaba de enorme afecto. Varios otros niños se acercaron llorando de emoción cuando iban ante el cuerpo del can y lo reconocían, además de otros perros compañeros de Áyax que pasaron por la fila de despedida. El animal estaba en una angarilla, cubierto por una lona y con su cabeza asomada afuera con la mueca de muerte aún grabada. Una trompeta tocando "Silencio" sonó mientras el cuerpo fue tapado.
Poco después, el cuerpo de Áyax fue entregado al taxidermista profesional Adrián Vergara Castro, quien terminó de embalsamarlo el 24 de enero siguiente. Vergara era el mismo que habría embalsamado al perro Ulk, del Presidente Arturo Alessandri Palma, que se encuentra en el Museo Histórico Nacional.
Hubo otros famosos canes héroes o mártires de esta generación, además de Áyax. Uno de ellos fue Fákar, un astuto perro que la Dirección General de Carabineros destinó a la Primera Comisaría de Puente Alto y que poco antes de la tragedia de Áyax, también había muerto en acto de servicio, aunque en su caso envenenado. Ese perro fue reemplazado en la misma unidad por Dix, otro prodigioso can, muy inquieto, elegante y de hocico aguzado, cuya guía quedó a cargo del carabinero Juan Cortés Salazar, y que, con 1 año y 10 meses de edad, se puso un simbólico uniforme de carabineros en los mismos días en que Áyax era despedido. Otros perros famosos del servicio fueron los que pasaron frente al cadáver de este último, para darle su respectivo adiós. Poco tiempo después de la muerte de Áyax, además, la revista "En Viaje" de mayo de 1962 informaba que 82 perros adiestrados secundaban ya la labor de Carabineros de Chile, continuando una tradición de canes policiales que hoy es una parte importante de la institución. En 1991, la Sección de Adiestramiento pasó a depender de la Escuela de Suboficiales y se constituyó para tales efectos en el 7º Escuadrón de Adiestramiento de Perros Policiales, pasando a ser la actual Escuela de Adiestramiento Canino con la Orden General Nº 1.741 del 30 de enero de 2007.
Fue una lástima que un vulgar hampón callejero y ladrón de gallinas como Chávez Guerrero le quitara la vida al heroico y querido perro de la institución, en tan desafortunadas circunstancias. Por eso hemos querido recordar a Áyax en este artículo, para rendir homenaje a la memoria de este valeroso animal, habiéndose cumplido, hace poco, 50 años exactos de su partida.
Otro de los perros compañeros de Ayax despidiéndolo durante sus funerales en 1962. Imagen de la Editorial Zig Zag hoy perteneciente al Museo Histórico Nacional.
Embalsamamiento del cuerpo por el maestro taxidermista Vergara Castro. No me fue posible averiguar si continúa en la institución de Carabineros de Chile o en algún cuartel de la misma (fotografía del diario "La Tercera" de 1962).

3 comentarios:

  1. Interesante historia. Los perros han sido una ayuda y compañia al hombre desde hace 15 mil años (más menos cuando el hombre iniciaba su colonización global). Que lamentable que el hombre "moderno" se sienta tan desconectado de estos animales que nos han acompañado desde nuestros inicios. Muy buen homenaje a esos perros héroes.
    Saludos

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  2. como siempre bien bueno el blog, estoy vuelto loco leyendo la vida en las riberas muy intersante e ilustrativo. muchas gracias.
    visita mi blog:
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