viernes, 16 de diciembre de 2011

"Y SI LOS PERROS LADRAN"... NO CABALGA EL QUIJOTE, NI LEÍSTE EL LIBRO

Fuente imagen: bibliontecario.blogspot.com. Clic encima para ampliarla.
Supongo que ya han escuchado varias veces la famosa frase popular con una pretendida cita de Miguel de Cervantes y Saavedra en "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha" que dice, aludiendo a un supuesto diálogo entre Don Quijote y su escudero Sancho Panza, en una de sus principales versiones difundidas:
"Si los perros ladran, Sancho, es señal que cabalgamos".
Otra más decorada y armónica, dice más o menos lo mismo en los siguientes términos:
"Dejad que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando".
Y existe una más dramática o teatral, que la coloca en un diálogo definido, y dice:
"- Mi señor... Los perros están ladrando.
- Tranquilo, Sancho. Es señal de que estamos cabalgando".
Aunque su repetición parece algo inofensivo y casi estéril, resulta pues que tengo ganas de proponer una frase nueva a estas citas populares y a quienes las repiten con semblante docto y frecuente aire arrogante de versada elocuencia:
"Si los perros ladran y te acuerdas de la famosa cita del Quijote, es porque no has leído el libro…"
¿La razón?: allí en "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", jamás ha existido la manoseada frasecita, que en realidad parece haber sido tomada originalmente de un escrito de Johann Wolfgang von Goethe, específicamente un poema titulado "Kläffer" ("Ladrador") de 1808, si acaso éste fue el primero en citarla. Empero, otras versiones se la conceden también a Rubén Darío, Miguel de Unamuno e incluso a Orson Welles, en una obra inconclusa de este último, basada en las desventuras del Quijote. Puede que se trate sólo de un viejo proverbio popular, entonces, que de cuando en cuando salta a la literatura y por alguna razón extraña quedó asociado no solo al Quijote como personaje (lo que le daría algo de legitimidad) sino al libro mismo y a su propio autor.
Poema "Ladrador", de Goethe (1808):
Cabalgamos por el mundo
En busca de fortuna y de placeres
Mas siempre atrás nos ladran,
Ladran con fuerza...
Quisieran los perros del potrero
Por siempre acompañarnos
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos.
Juro que no me habría interesado escribir algo sobre este ligero tema, si no fuera por las discusiones que he tenido con personas que considero cultas y respetables cuando cometo la "imprudencia" señalar que la frase no es de Cervantes, especialmente en mi antiguo blog ya cerrado. Prefiero hacer el link hacia acá, desde ahora y  si acaso lo necesito, como respuesta y síntesis.
Es más: reputados poetas del mundo, políticos de renombre y hasta distinguidos escritores de gran calibre internacional han creído en esta patraña de que corresponde a una cita del Quijote y así la han reproducido en escritos, discursos y entrevistas, ayudando a extender más aún el error. Así, por ejemplo, refiriéndose a un escritor chileno-español, la revista santiaguina "Cosas" de mayo de 2003, decía en su encabezado y para el bochorno académico e intelectual:
"Si los perros ladran, es porque avanzamos, Sancho. Usando la sabiduría del Quijote, el escritor chileno radicado en Londres, y participante de los encuentros de Expansiva en Harvard y Valle Nevado, defiende a su amigo Andrés Velasco...".
Se podrá sugerir que al volverse un adagio popular (independiente del libro), la frase goza de su propia legitimidad, aunque sea apócrifa. Es un buen punto, pero algo anda muy mal cuando un conferencista del mundo educacional la presentó una vez con la referencia: "Y como escribió el gran Cervantes...", en un encuentro en el que fuimos parte del público, hace pocos años.
El hecho consumado e irrefutable es que en la obra de Cervantes, sin embargo, lo más parecido que podría encontrarse a la frase entre todas sus cientos de páginas, son inocuas y fugaces alusiones del autor al ladrido de perros en aldeas, cuanto mucho, mas nada relacionado con el célebre aforismo.
Por cierto: la imagen de cabecera corresponde al famoso grabado del Quijote hecho por el artista Gustave Doré quien, evidentemente, sí leyó el libro de don Miguel de Cervantes y Saavedra.

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