martes, 27 de diciembre de 2011

TULIO ENRIQUE LEÓN: UN MARABINO QUE ALEGRA AL CORAZÓN CHILENO

En la proximidad del Año Nuevo 2012 y ante la posibilidad de que algunos puedan pensar que todas las conjeturas fatalistas sobre el calendario maya se cumplirán, he querido hacer justicia con el recuerdo de un insigne y prolífico músico venezolano, que ha llenado de dicha y alegría a nuestra sociedad chilena desde hace muchísimos años y parece que aún lo hace, especialmente en jornadas de fiestas como la que ahora se aproxima vertiginosamente por la colilla que queda del calendario.
Me consta que muchos de mis compatriotas están convencidos que esa alegre música de órgano eléctrico que ha sonado en tantas fiestas, carnavales, kermesses y cumpleaños del pueblo, pertenece al repertorio de algún chileno más... De otro "más chileno que los porotos" (concepto bastante impreciso, también). Incluso los inventores del "porotazo", esa suerte de nueva tradición nacional para el Año Nuevo consistente en meter porotos dentro de un tarro y usarlos como cascabeles (en lugar de adoptar otras tradiciones o "cábalas" foráneas como paseos de maletas, usar ropa interior amarilla, comer lentejas, etc.), se valen desde hace algunos años, de fragmentos de la música del maestro Tulio Enrique León, particularmente de "La pollera amarilla" de Diego Soto Espinoza, para ponerla en su comercial con pretensiones de ser estrictamente chileno.
Recuerdo que cuando trabajé haciendo clases en un instituto del tercer piso del edificio ubicado sobre la Galería España, frente al Oberpaur donde funcionó alguna vez el célebre "Goyescas", una ruidosa tienda de calle Huérfanos, abajo en el primer piso, interrumpía cada sesión con una pasada a alto volumen de esa inolvidable pieza del genio de los teclados: "Cumbia algarrobera". Era casi un rito, a la misma hora, hasta que la Municipalidad corrió a todos los ruidosos de ese sitio (incluyendo artistas callejeros que llevaban sus propios parlantes), en la conjunción de las calles Estado con Huérfanos. Lo curioso es que todos creían allí, en esa clase, que la alegre música era de algún viejo autor nacional y no de un eximio músico venezolano. De alguna manera, pues, esa música de don Tulio está metida ya en nuestra batería cultural y social, al punto de que inconcientemente y engañados por nuestro aislamiento connatural en el continente, tendemos a suponer que puede ser nuestra.
¿De dónde puede venir esta suposición de que Tulio Enrique León o sus piezas musicales son chilenos? Algunos ni siquiera lo identifican por su nombre pero, al oír su música, dan por sentado que sería un músico de cumbias de estas latitudes. Craso error, sin embargo, explicable sólo en la popularidad que León llegó a tener en Chile y en toda América Latina, especialmente entre los sectores populares donde no faltaron los viejos cassettes con temas como "Yolanda" del colombiano Santiago A. Gámez, hacia los años setentas y ochentas. No hay que sentirse culpable, en todo caso: en el Norte de Argentina y en Perú también hay algunos que han creído propios muchos de los temas salidos de su órgano eléctrico, y hasta al propio autor... Es una consecuencia de la trascendencia que alcanzara este músico de culto.
Ritmos como el de "Allí va la cumbia" eran infaltables entre los asados, los bingos y las celebraciones de la gente pobre, en las poblaciones y en las ferias libres; incluso entre algunos artistas callejeros que tocaban y bailaban por algunas monedas. También sonaba en las viejas cantinas de Santiago y del puerto, a veces en sitios menos decorosos, de esos para el secreto de caballeros, según recuerdan algunos. Creo haberla oído también en las presentaciones de algún circo, y aún lo recuerdo sonando en la vieja radio a tubos de mi abuelo materno, mi tata René, en su carnicería de calle Uruguay en el barrio Gran Avenida, creo que desde la popular emisora "Colo Colo". No podía haber algo más encantadoramente rasca pero feliz que los característicos y particularísimos temas musicales sin letra del maestro León, mismos que horrorizaban a los pretenciosos y a los señoritos más refinados presentes en el bautizo o el matrimonio.
Tulio Enrique León nació en Maracaibo, en el Estado de Zulia, el 11 de octubre de 1938. Dicen sus biografías que desde niño manifestó interés en la música y la fonografía, haciendo aparatos artesanales para tocar discos valiéndose de agujas de coser y cornos de cartón. Quiso ser cantante, pero la capacidad vocal nunca lo acompañó y desistió, concentrándose después en los instrumentos. Sin embargo, por una cruel enfermedad degenerativa, estaba condenado congénitamente a perder la visión. Su biografía publicada en el portal "Venezuela en Ritmo" dice que, tras visitar al famoso oftalmólogo de origen español Ramón Castroviejo en Estados Unidos, en 1947, fue diagnosticado por éste de una ceguera irreversible por atrofia del nervio óptico. Sin embargo, el gran médico que revolucionó los transplantes de córneas, recomendó al niño aprender a tocar piano y construir alrededor de la música su vocación y futuro.
Tulio aprendió a tocar el piano siguiendo el consejo del Doctor Castroviejo; empero, como solía escuchar música popular en la estación Radio Caracas, comenzó a interesarse en el teclado eléctrico. Así, optó por vender su piano y comprar un completo órgano Hammond de pedales y con mueble propio, que en aquella época era todo un lujo que equivalía casi a tener una orquesta completa al alcance de un solo músico. Este instrumento ya había sido utilizado antes por jazzistas, desde donde pasó al mundo del rock antes de ser desplazado definitivamente por la tecnología de los sintetizadores. También lo usaban otros ilustres personajes del oficio, como Ernesto Hill Olvera y Alfonso Morquecho.
En su estudio "Ritmo afrohispano antillano. 1865-1965", el ensayista y diplomático venezolano Alberto Pérez Perazzo dice que un músico de nombre homónimo al de León pasó también por el arpa, hallándose a la altura de maestros como Hugo Blanco y dejando en registros sonoros famosas piezas en ritmo orquídea, como "Cortando Caña" de Chelique Saravia, "Morena de espanto y brinco" de Zavarce y Segura, y "Chaucoune" de Idoff Keith y Bergman. Lamentablemente, me ha sido imposible verificar este dato, que tiendo a creer improbable en el León de nuestro interés.
Por alguna razón quizás ligada a su invidencia, se volvió un hombre muy silencioso, de escaso hablar y algo huraño. Sólo se agitaba al momento de tocar con entusiasmo y versatilidad su teclado, usando manos y pies. Tras largo tiempo tocando en pequeños clubes y salas, los años sesentas fueron los mejores del músico con lo que se llamó su "nuevo estilo de cumbias". Siendo prácticamente desconocido aún en Caracas, sus escasas biografías en internet repiten que viajó hasta la ciudad en 1961 y se presentó en una audiencia para el canal Venevisión, aunque este dato parece un poco improbable. Sí parecer ser cierto que los productores quedaron sorprendidos con su talento y lo contrataron de inmediato para debutar en programas como "El Show de Show", tocando en vivo "Río Manzanares". Convertido en revelación musical, fue invitado después a programas como "El Show de Renny", "La Feria de la Alegría" y "Sábado Sensacional", que lo convirtieron en celebridad nacional. Además de su clásico Hammond, comenzó a tocar también sofisticados órganos de otros modelos, como un Yamaha.
Casado y con hijos, trabajó también con su hermano Francisco Alberto, quien fue su asistente, lazarillo y colaborador durante el resto de su vida tras la súbita muerte del padre de ambos, don Radomiro León, de un infarto en 1951. Las biografías disponibles aseguran que Francisco tocó el güiro tan propio de algunas de las canciones de Tulio, participando en los arreglos de discos como "Rosa María" y "Sabrosona!". Sus grabaciones las hizo con algunos músicos de apoyo, principalmente para las percusiones, en selectas disqueras como Discomoda de Venezuela y la internacional EMI-Odeón, que lo ayudaría a expandir su carrera en otros países, especialmente después de haberlo llevado a la Argentina.
Así las cosas, su carrera se internacionalizó y hubo temas inolvidables como "La pollera amarilla" que se consolidaron en países como Chile, Perú y Argentina, adquiriendo una enorme popularidad. Al mismo tiempo, Tulio seguía apareciendo invitado en programas de la televisión venezolana, lo que hace sospechar que pudo haber sido uno de los principales y primeros fomentores de la cumbia moderna por el resto de América Latina. Dice su biografía en el mencionado portal "Venezuela en Ritmo" que, teniendo la exclusividad con Discomoda, Tulio Enrique León llegó a posicionarse en el número 61° de entre los 100 mejores artistas del mundo de la famosa lista Billboard.
De aquella época es la siguiente presentación que un usuario de Youtube ha tenido la generosidad de subir, y que corresponde a la interpretación del tema "Río Manzanares" por don Tulio, en vivo en el programa venezolano "Renny Presenta", hacia 1964:
León fue conocido en su rubro como "El Artista del Teclado", nombre de uno de sus más famosos discos. Como no era un tipo particularmente atractivo ni carismático y rara vez aparecía en fotografías, las portadas de sus discos no dejaban lugar a dudas con la orientación popular de su estilo: solían aparece bellas muchachas en típicos bikinis sesenteros, como esos calendarios viejos de de verano que venían de regalo en las páginas centrales de los diarios antiguos.
Curiosamente, sus primeras cumbias sonaban bastante experimentales; pero a partir del segundo disco del autor, la definición por esos sonidos que caracterizaron su música se hizo palmaria. Ese riesgoso cariz de su música nunca lo abandonó, permitiéndose incluso experimentos tales como sacar en su estilo una versión del clásico "Love is blue" de Paul Mauriat, con un interesante y logrado fruto que no pierde ni atenta contra la belleza de esta romántica pieza musical, en una prueba del dominio que tenía León como arreglista y adaptador de música superando las limitaciones de su antiguo órgano eléctrico.
Es extraño escuchar la música de don Tulio desde otras generaciones que no le fueron contemporáneas... Parece un adelantado que sólo encuentra obstáculos en las capacidades que ofrecía a la época su instrumento: su cumbia bailable y melódica es una producción de arreglos casi tecno en teclado electrónico clásico (el sintetizador se masificó después de sus primeros trabajos), sazonado con el ineludible sabor caribeño y con acompañamientos tradicionales o redobles de batería tropical, cencerros y timbales, al tiempo que la base de percusión general es sencilla, basada en el raspado constante del güiro, pero que suena muy parecida a la que persiste en ritmos populares actuales como la cumbia villera argentina, por ejemplo.
Dejo aquí algunos de los títulos más conocidos grabados por Tulio Enrique León (ideales para alegrar este ambiente de Año Nuevo, por supuesto), como registros de aquella época suya al servicio de la difusión de la cumbia por toda América:
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Su música es, a la par de inconfundible, una especie de boleto de recuerdos hacia la época de la romántica bohemia latina, con clubes de bailables y salones perdidos de orquestas en vivo, donde los "dancings" ofrecían jornadas interminables de reunión, entre humos de cigarrillos y copas. Su música es el registro de una época en la vida nocturna de los pueblos de este lado del mundo, de hecho, por lo que sorprende mucho encontrar tanta vigencia de aquellos ritmos como "Ron y tabaco" o "El cable submarino" todavía en nuestra época, aunque muchos no identifiquen al autor ni su nacionalidad venezolana. Es que don Tulio vive ya a través de su propia obra, sin duda, como sucede a todos los grandes maestros.
Tulio Enrique León, ya totalmente ciego y obeso, comenzó a sufrir complicaciones de salud en sus últimos años, además hallarse en un momento de alejamiento de los escenarios. Falleció en la localidad Anzoátegui, de un derrame cerebral, el 18 de marzo de 1982. Su muerte, demasiado prematura para un hombre con su talento y productividad, fue un gran duelo para toda Venezuela.
Es recordado en su tierra natal como uno de los músicos más queridos y aclamados por el pueblo venezolano, cuya trascendencia sigue plena en países como Colombia, Ecuador, Perú, Argentina y, por supuesto, en nuestro Chile. Muchos autores han hecho covers de sus temas, incluso acá, como un experimento de un ex de "Los Prisioneros", aunque diría que con un resultado francamente deplorable... Nada como el original, entonces, al alcance de nuevos oídos y nuevas dichas.
Despido así este última y musical entrada del año 2011, con un recuerdo por el maestro León como saludo para todos nuestros lectores y el deseo de un Feliz Año Nuevo.

2 comentarios:

  1. Tulio Enrique León era un TERREMOTO tocando su Órgano, un monstruo de las teclas.. Lo adoro desde Argentina maestro León!! Y que coincidencia que quedó ciejo al igual que Jhoann Sebastian Bach el grán organista Alemán. LOS ÁMO REY DEL ÓRGANO (LEÓN & BACH)

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