lunes, 14 de marzo de 2011

"LA POSADA" DE LAS NECRÓPOLIS

Vista de Arzobispo Valdivieso hacia el poniente.
Coordenadas: 33°24'57.68"S 70°38'36.88"W (primera casa, aprox.) 33°24'49.50"S 70°38'23.33"W (última, aparentemente)
Actualmente, tenemos asociada la tradición de las cantinas alrededor del barrio de los cementerios principalmente con el sempiterno "Quita Penas", ubicado hoy en la esquina de la avenida Recoleta con Arzobispo Valdivieso, justo al frente de la estación del metro y del acceso al Cementerio General. Sin embargo, hubo una época en que este lado del vecindario recoletano era gobernado por otro famoso bar-restaurante, también cercano a la categoría de ser amo y señor de la misma barriada ahora determinada por el "Quita Penas", "La Carmencita" 1 y 2, "Santa Rosa de Pelequén" o el "Bar las Américas".
Se trataba de "La Posada", un antiguo restaurante que existió en Recoleta justo a la pasada de los cortejos hacia la necrópolis y que era el primero de los varios bares que podían encontrarse frente a la larga cuadra del Cementerio General. Propietada por don Saturnino Vera. Según los testimonios de los vecinos y algunas referencias de la prensa, el reputado boliche popular se ubicó primero de cara hacia la calle Unión y el Cerro Blanco, llegando a colocarse allí "cuando ni los muertos se atrevían a atravesar en espíritu sus cercanías", según palabras del propio Don Satu al periodista Juan Rubén Valenzuela, confesadas en septiembre de 1979 para un reportaje del diario "Las Últimas Noticias".

Era, pues, la época en que según él "la puñalada y la remolienda" dominaban todo el paisaje alrededor del cerro, algo que vino a cambiar recién hacia los años setentas aunque nunca se marchó del todo. Varias animitas de más bien reciente factura y señalando muertes violentas alrededor del cementerio, nos recuerdan que el dedo de la muerte sigue rondando a veces fuera del camposanto, todavía. Sin embargo, en el mismo reportaje el dueño comentaba también: "Mi clientela es hoy muy tranquila y pacífica, y eso que no faltan diversiones".
Y es que la gente que llega a las cantinas del barrio cementerios es bastante particular, como sabemos por experiencia, recordándonos esa antigua Recoleta chimbera anterior a la época de los locales de fiesta, boîtes o teatros; esa del 1900 que describe lúcidamente Lautaro García en su "Novelario"... Algo queda de ello, después de todo.
Por entonces, "La Posada" era concurrida por un heterogéneo público donde no faltaban periodistas e intelectuales, según recuerdos de un comerciante de flores de allí que la conoció, pero holgaba especialmente el público más popular que siempre fue nativo en el sector de La Chimba, desde los tiempos de las chinganas y las fondas aun cuando ya dijimos que la Recoleta nunca se caracterizó por tanta escandalera, como la que sí había por el lado de La Cañadilla (Independencia) y por el otro borde del río Mapocho.
Su nombre se leía en un gran cartel afuera, en la fachada, y otros anunciaban la oferta de sus célebres comidas criollas: "curanto con chapalele", "choros zapato", "parrilladas al chimichurri", entre otras delicias. Ofrecía como entrada sanguchitos de pernil o de arrollado, y vinos "de la casa". Don Satu, como llamaban al patrón, era un locatario muy querido en el barrio, por cierto, y conocía una gran cantidad de historias alrededor del vecindario de los cementerios, de modo que muchos visitaban su lugar atraídos también por el ameno y atento comerciante que atendía en persona dentro de "La Posada".
Sector de Recoleta hacia el frente del Cerro Blanco.
Sector de Arzobispo Valdivieso donde habría terminado sus días "La Posada".
Aunque sabemos de sobra que, a veces, los recuerdos de los vecinos pueden inducir a errores (la memoria es tan frágil como los mismos barrios, con frecuencia), ellos nos aseguran que, posteriormente, el bar-restaurante se habría trasladado hasta una vieja casona de aspecto colonial, casi al frente del nacimiento de calle Puma, cerca de avenida Perú, hacia el interior de Arzobispo Valdivieso. Esto es unas dos cuadras por la vera Norte de la calle, justo en la pasada de los innumerables cortejos que transitaban hacia el Cementerio Católico, situado sólo un poco más al poniente, o bien hacia la entrada por Recoleta del Cementerio General, al final de la calle.
"La Posada" fue, por lo tanto, lugar símbolo del sector y sitio de despedida de muchos finados que entraron al descanso final. Estas procesiones fúnebres se habían hecho especialmente frecuentes en la calle desde que el Cementerio General abriera su puerta de calle Recoleta hacia los cuarentas. Como se recordará, el "Quita Penas" hizo lo mismo muchos años en su antigua ubicación de la calle del Panteón, hoy Profesor Zañartu, pero este restaurante se cambió después hasta la esquina de Recoleta donde hoy está, antes aún del traslado de "La Posada" a las cercanías de allí en Arzobispo Valdivieso. Pese a ello, siguió siendo sumamente popular y concurrido, aunque ya no el restaurante más famoso de todos allí presentes.
Desgraciadamente, "La Posada" tan venerable y respetada, no sobrevivió a aquella década. Dicen por acá que las consecuencias de la crisis económica de los años ochentas (seguidamente escuchamos lo mismo), la obligaron a quedarse en el camino. Muchos la recuerdan con pena, ya que además de perderse el establecimiento, la antiquísima última casa fue demolida sin piedad. Su lugar es ocupado ahora por un desabrido edificio que ha sido sede de empresas de seguridad y talleres de gráfica.
"La Posada", entonces, se fue a dormir también con sus muertos.

2 comentarios:

  1. Solo quiero decir que este es el mejor blog chileno que existe. Se agradece a su autor ;)

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  2. EL “QUITA PENAS" de hoy se inauguro a comienzos de los 60 con el nombre "LA GLORIA" su propietario Emilio Burroni F justificaba el nombre con el argumento de “acá se viene a tomar gloriao “, nombre dado al trago tanto en el velorio como después del funeral. Al pasar los años adquiriría la marca registrada del desaparecido restaurant “Quita Pena” de calle Panteón 1125, lugar en el cuál en abril del año 1925 se dio vida al después famoso COLO-COLO FUTBOL CLUB. Con la adquisición del nombre LA GLORIA desaparecería de los doseles del local para dar vida una vez mas al famoso nombre “QUITA PENAS” hasta el dia de hoy a pesar que el Gringo Emilio, como era llamado por amigos y vecinos, hace años paso a mejor vida. Al poco tiempo su viuda vendio el restaurant, no queria tener tan presente el recuerdo de su esposo lleno de anécdotas y humoradas.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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