lunes, 21 de diciembre de 2009

OTRA VÍCTIMA DEL PROGRESO: LA CASONA ALEMANA DE AVENIDA VICUÑA MACKENNA

La casona en sus últimos días. (fuente imagen: elparadiario14.cl)
Coordenadas: 33°32'10.66"S 70°35'31.91"W
El sábado 28 de noviembre pasado, la Municipalidad de La Florida realizó una ruidosa celebración de los 110 años de la comuna, con caravanas de murgas, bailarines, chiquillas emplumadas y carros alegóricos que durante horas, pasearon por las calles Colombia y Enrique Olivares hasta el Estadio Bicentenario, al son multicultural de zambas, cumbias afros, reggaetones, batucadas, salsas y... casi nada chileno o localista; ni siquiera alusivo al rico pasado huaso y agrícola de la comuna apenas aludido por algunos cuantos chiquillos disfrazados; ni a su intensa historia republicana remontada a la Hacienda Lo Cañas, a las chacras en donde hoy se levantan los malls y a la época dorada del ferrocarril a Pirque.
Podemos comprender que están de moda las celebraciones cargadas al tropicalismo sabrosón, sin duda. Las últimas campañas políticas estuvieron recargadas de estos colorinches visuales y sonoros; es parte de la oferta. Pero es una ironía que, a pocas cuadras de estos lugares de festejo, uno de los símbolos más importantes de toda la comuna sucumbía bajo el equipo de demoliciones: la Casona Alemana, conocida también como el Palacio Rojas Magallanes.
Ubicada en el paradero 18 de Avenida Vicuña Mackenna nº 8840, la casona estaba en la verda Oriente, casi exactamente afuera de la Estación del Metro y de la calle llamadas Rojas Magallanes, precisamente, en homenaje a una de las figuras ilustres de este ex poblado suburbano de Santiago ya asimilado por la ciudad.
La situación es sencillamente increíble e insólita por su paradoja casi delirante, y en cierta forma pone de manifiesto tanto la indolencia de las autoridades chilenas como la ignorancia del público en general, que permanece apático a esta clase de atrocidades prefiriendo siempre hacer vista gorda concentrados en el festejo y la celebración pasajera, víctimas del "peso de la noche", para usar palabras de don Diego Portales.
También pone en relieve la inutilidad de las declaraciones eufemísticas como la de Inmueble de Conservación Histórica, estatus que tenía la casona pero que, en la práctica, no asegura nada y sólo depende de la voluntad y la preocupación de la autoridad de turno, sin garantías ni obligaciones reales de cumplir restricciones o requerimientos, a diferencia de la declaratoria de Monumento Histórico Nacional.
Vista desde el Sur (fuente imagen: solucionesinmobiliarias.cl.
ORIGEN DEL EDIFICIO
La Casona Alemana equivalía en Santiago Sur a lo que era el Palacio Mujica en Ñuñoa, curiosamente también destruido en oscuras circunstancias. Era la residencia central de la antiguamente llamada Chacra de Santa Julia, que se extendía en el camino entre Santiago y el entonces pueblito de Puente Alto, donde irían a parar después los trenes que salían del sector que ahora ocupa el Parque Bustamante, junto a la Plaza Baquedano.
De esta chacra, la parte principal y la casa quedaría por herencia en manos de don Victorino Rojas Magallanes, con el nombre de Quinta La Florida, según se ha dicho. De ahí también que algunos la hayan llamado Palacio Rojas Magallanes, evocando a uno de los residentes pioneros en este lugar de la Región Metropolitana, además de estar su nombre entre los primeros regidores de la comuna y segundo alcalde de Puente Alto. Él realizó varias donaciones de terrenos de este sector para la urbanización de la comuna, creándose así el primer foco de crecimiento residencial dentro de ella.
Es probable que el edificio se remonte a la segunda mitad o a fines del siglo XIX, pero no existen datos precisos sobre su fecha de construcción ni sobre quién fue su arquitecto. Como es corriente en las viejas casonas, mucho se desconoce sobre ella hay cosas que sólo se pueden conjeturar con relación a su historia.
Lo que sí se sabe con seguridad es que la urbanización de La Florida registró un explosivo aumento tras la venta de los viejos fundos como San José, Bellavista o Las Mercedes, hacia mediados del siglo XX, por lo que la ciudad creció a velocidad impresionante en unos pocos años por este lugar, al punto de que pasó por encima y rápidamente de los terrenos de La Florida y Puente Alto tras la instalación del ferrocarril en 1891. Entre 1927 y 1935, la comuna fue incorporada al municipio de Ñuñoa, pero no tardó mucho en recuperar su autonomía municipal.
La apertura de la Avenida Vicuña Mackenna casi hasta los deslindes de Pirque marcó el fin de la época del ferrocarril y aumentó más aún la explosión demográfica, al punto de que La Florida no tardó en convertirse en una de las comunas chilenas con más habitantes, hasta hoy, pese a ser una ciudad dormitorio. Miles y miles de personas pasaban diariamente frente a la imponente fachada de la casona, de ida y de vuelta desde sus lugares de trabajo.
Fachada de la casa, ya en venta (fuente imagen: el paradiario14.cl)
CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS
Cuando fui a residir a La Florida, en 1987, la Casona Alemana era la construcción más importante de toda la comuna, seguida de cerca sólo por los edificios de aspecto hispano-colonial de la Municipalidad, la Casa Colorada de la Cultura y el que actualmente ocupa la Biblioteca Municipal. Era frecuente que apareciera en portadas de revistas escolares o en pinturas de artistas aficionados. También fue retratada en exposiciones fotográficas.
Correspondía a un palacete de líneas tipo alemanas, de adobe y madera, con un primer piso de aspecto patronal y atractivos aleros solariegos, más un segundo nivel con alguna ecléctica pero sutil evocación al estilo Tudor, clásico y algo de victoriano según nuestra impresión, dominado por las maderas de la fachada y la decoración geométrica minuciosa con que fueron labradas, especialmente en su frontón central y en sus dos torreones laterales. El área construida de la casona era de gran tamaño, alcanzando los 740 metros cuadrados.
Tampoco se sabe la naturaleza de su base de estilo germánico, infrecuente en este lado de Santiago y en sus terrenos rurales, que era el paisaje de entonces. Por lo general, las casas patronales tenían un aspecto solariego, como es el que se observa en otras construcciones históricas de La Florida. Esto significa que, además de su valor propio, tenía una importancia contextual única, al ser una excepción en su época y en su ubicación geográfica.
A nuestro parecer, la Casona Alemana perfectamente podría haber merecido el título de Monumento Histórico Nacional, de haber alcanzado a ser declarada como tal. Méritos le sobraban. Quizás esto explique la violencia y ensañamiento con que fue hecha desaparecer, según veremos luego.
Por cierto, su apodo popular de Casona Alemana no proviene sólo del estilo arquitectónico, como podría creerse, sino del hecho de haber sido por más de diez años el cuartel del Centro Médico Alemán, por lo que su fachada estuvo decorada con águilas imperiales y colores de la bandera germánica durante todo ese tiempo.
Aunque sus patios eran grandes y espaciosos, ciertamente subutilizados, la verdad es que eran sólo recuerdos vagos de los enormes terrenos que antes había tenido en su entorno, dentro de los fundos. Con bellas palmeras y arbustos, la superficie total de la propiedad era, hacia el final de sus días, de 4.000 metros cuadrados, con 80 metros de frente por 40 de fondo.
ENTRE EL RECONOCIMIENTO Y LA AMENAZA
Cuando se levantó el carril del Metro pasando casi encima de la casa, hacia 1997, ésta quedó parcialmente tapada por la estructura y sólo podía vérsela entera desde el medio de la calzada en Avenida Vicuña Mackenna, por el bandejón central. Pese a todo, la casa estaba entonces en muy buen estado según los registros, y fue así como se ganó la categoría de Inmueble de Conservación Histórica el año 2001, tras ser postulada por la propia Municipalidad de La Florida.
Justo ese año, sin embargo, se retiró de ella el Centro Médico Alemán, que estaba funcionando en el edificio, bajo régimen de arriendo desde fines de los años ochentas. A la postre, esto fue lo que condenó el destino de la casona. Al ser arrendada, a continuación, a un restaurante chino, los nuevos locatarios cometieron el irresponsable crimen de derribar sin autorización muros interiores que servían a la suspensión, para dejar una sala libre en el primer piso, afectando con ello las resistencias y causando peligrosos desniveles en la casona.
Dicen por el vecindario que, ante el evidente estado de progresivo deterioro, la Municipalidad de La Florida, durante la administración de Pablo Zalaquett, ordenó detener las remodelaciones improvisadas que se estaban realizando a espaldas de propietarios y autoridades, y que involucraron imprudentes alteraciones en los ventanales del segundo piso y los techos. Pero como la categoría de Inmueble de Conservación Histórica no involucra aportes fiscales de recursos para la mantención, el desmantelamiento y el deterioro siguieron avanzando.
Empero, ello no consiguió revertir su fatal destino al año siguiente.
Rejas exteriores (fuente imagen: elparadiario14.cl)
DECADENCIA Y DETERIORO
Como si el castigo fuera poco, un arrendatario subarrendó la casona de manera irregular a una discoteca "alternativa", que actuaba sin patente y sin permisos, debiendo ser desalojados de la casona el año 2006, por la fuerza pública. Y no sucedió algo mejor con los nuevos arrendatarios: una sociedad comercial ocupó el recinto comprometiéndose a hacer las reparaciones que estaban pendientes, mas nada ocurrió. También comenzaron a funcionar de manera informal como centro de recreación y debieron ser expulsados en septiembre de 2008.
Abandonada y cada vez más cerca de ser un puñado de ruinas, fue saqueada por extraños quedando sin puertas, marcos ni ventanas. Grupos de pandillas punks y supuestos "okupas" intentaron apoderarse de ella, destruyendo más aún las estructuras según confiesan los vecinos. Para peor, los periódicos informaron que en una violenta riña con un grupo de skinheads, cayó herido de muerte uno de los punks que estaban celebrando fiestas en la casa, en agosto de 2009.
Según información que hemos obtenido de ex funcionarios comunales, al tomar la alcaldía Jorge Gajardo, la Dirección de Obras Municipales de La Florida -ante la presión de algunos vecinos- amenazó con multar a su dueño, José Reveco Pardo, por el pésimo estado de la casa y por nuevas intervenciones que se realizaron sobre ella, especialmente en el segundo piso. Así, en lugar de colaborar con el mantenimiento, la municipalidad prefirió castigar a la única persona en que recaía el destino del inmueble. Esto sólo aceleró la decisión de echarlo abajo, pues los afligidos propietarios reclamaron no tener recursos para mantención y la pusieron en venta a través de una corredora.
Evidentemente, la conservación de la casona no podía estar en manos exclusivamente de sus dueños, dados los desembolsos que iba a involucrar su rescate. Se propuso por allí reutilizarla como edificio de servicios municipales con orientación cultural, como había sucedido con la Biblioteca Municipal, pero no hubo ningún proyecto concreto anunciado al respecto. Por el contrario, la propiedad salió a la venta ofrecida a 12 UF por metro cuadrado. Por varios días colgó el cartel "se vende" en su fachada y el mensaje fue pintado también en sus muros exteriores.
Para peor, la destrucción interior y el ataque de las termitas y las polillas había consumido con la velocidad del rayo lo poco que quedaba de la casa. La hija del dueño y administradora, la abogada Claudia Reveco Iglesias, presentó entonces un informe firmado por arquitectos, donde se declaraba imposible darle salvación al edificio, en contraste con el excelente estado que se le declaraba alegremente hacía sólo ocho años antes.
Destrucción de la casona: vista desde el lado Sur.
Su entrada, ahora en ruinas.
Vista del patio, con la casa ya parcialmente demolida.
EL TRISTE FINAL
En medio de la discusión sobre el destino y mientras algunos aún exigían la conservación del inmueble, los últimos dueños debieron decidir rápidamente la destrucción del mismo, durante el pasado mes de noviembre, quizás anticipándose a quienes aún insistían en preservarla o elevar su categoría patrimonial.
Ocurrió con tanta celeridad esta destrucción, que la sociedad floridana apenas alcanzó a advertir cuando los torreones y frontis de la casa habían desaparecido. Y como no podían faltar, aparecieron los adalides rezagados del patrimonialismo, culpando exclusivamente al dueño de lo sucedido e ignorantes de la historia de desinterés y desdén de las propias autoridades hacia la conservación de la casona.
Fue en esta situación hilarante que la comuna celebró sus 110 años, como hemos dicho, a las puertas del mentado Bicentenario. Prácticamente, amaneció destruida, un día a mediados de ese mes, dejando atónitos a quienes confiaban cándidamente en su recuperación.
En los últimos meses de este año que se va, parece haber una guerra no declarada contra la historicidad de la comuna de La Florida, por lo que aquello que sucedió ahora con la Casona Alemana no resultó tan sorprendente, después de todo. Por ejemplo: pocos meses antes, se había realizado la tala de los últimos árboles que quedaban de la antigua e histórica alameda de la ex avenida rural Enrique Olivares (que se remontaban al pasado de campo de la comuna), con la excusa de despejar el frontis del Estadio Bicentenario. Irónicamente, en el lugar de los viejos árboles derribados se instalaron pequeños arbustillos. También son conocidos los hostigamientos municipales contra las tradicionales ferias libres que se instalan en esta comuna, como si hubiese una intención no reconocida de erradicarlas de los barrios floridanos.
Como sea que las circunstancias reales de esta crueldad hayan sucedido, ya es tarde para cualquier intento por salvar la hermosa Casona Alemana, que se inscribe como otra joya menos en el patrimonio urbano de Santiago, perdido bajo el peso aplastante del progreso vacuo a las puertas del tan celebrado y proclamado Bicentenario Nacional.
Vista frontal, ya irreconocible.
Vista de costado, en plena demolición.
Vista desde el costado Norte.

7 comentarios:

  1. Fue culpa de la pura municipalidad, que nunca se metió las manos en el bolsillo y sólo se dedicó a exigir.

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  2. El "Palacio Rojas Magallanes" había sido la casa patronal del Fundo Florida cuyos propietarios fueron Francisco Rojas Salamanca y Carolina Magallanes Vargas. (Esta última, hermana del padre de mi abuelo, el poeta Manuel Magallanes Moure.)
    Su hijo Victorino Rojas Magallanes fué alcalde de La Florida en los inicios de la comuna.
    Una lamentable destrucción.
    Amalia Redondo Magallanes

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  3. Infinitos agradecimientos por la información, doña Amalia.

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  4. Lamentablemente no sabes lo que tenemos en nuestras manos, los avences de la tecnologia no van de la mano con la cultura y el arte solo importa la comodidad y la tecnologia, una gran perdida el palacio era uno de los pocos lugares don traidicon e historia en la florida

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  5. Me hace mucho sentido aquello del carnaval. La ignorancia es omnipresente. Para la mayoría de los ilustres floridanos esta casa era "algo viejo" y listo. Nadie tiene idea de historia y menos de La Florida ¿como pones en valor algo como esta casa entonces? Obvio se dijo que la casa estaba "embrujada" repitiendo historias de películas norteamericanas de las casonas de New Orleans. Nadie entiende el valor de estas casas y el porque habría que conservarlas, si ahí se podría hacer un supermercado o un strip center.

    LEs adjunto articulo de mi blog sobre el tema:
    http://llanosdelmaipo.blogspot.com/2010/01/un-hito-menos-para-una-comuna-gris.html

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  6. Eduardo Reyes Jofré29 de octubre de 2013, 23:54

    Hola, Quisiera, saber cómo puedo contactar a la distinguida.
    Amalia Redondo Magallanes.


    Eduardo Reyes Jofré.

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  7. Una lástima lo ocurrido. Increíble encontrarme con un post sobre el tema ya en el 2017. Durante la semana anduve por las cercanías del metro Rojas Magallanes, específicamente en una peluquería de la calle Argentina cuando ya a las 18 hrs algo nos tapaba el sol. Un Edificio inapropiado para un sector residencial, de más de 5 pisos tapaba los rayos de sol de la Primavera naciente. La peluquera me miró con lástima como asintiendo que los vecinos si se plantaron en contra del monstruo, pero cayeron vencidos. Terminamos recordando la casona Alemana. Yo la recordaba desde cuando asistía al colegio en la 357 por Vicuña Mackenna antes de que existiera el metro L4. Mis sensaciones en ese entonces era el de una casa embrujada pues en esa época ya estaba a medio caerse. Una pena lo que le pasó pero si o si las autoridades como siempre son los responsables, aunque no le quito culpa a los mismos Floridanos. Ahora mismo hay que luchar contra el progreso.. el Bosque Panul es la nueva Casa Alemana que pide ayuda. Saludos

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