miércoles, 16 de septiembre de 2009

LA DISCUSIÓN SOBRE EL ORIGEN ÉTNICO DE LA CUECA CHILENA (PARTE I)

Este interesante mural del bar-restaurante "Las Tejas", de San Diego, pareciera resumir todo el proceso histórico de la cueca chilena, y su fusión entre el elemento rural y el elemento urbano.
Estamos en septiembre, el mes que se acuerda de las cuecas con las Fiestas Patrias que se aproximan este fin de semana. Por primera vez en muchos años, comerciales y reportajes de esta temporada suenan al ritmo de cuecas bravas, no de los clásicos más pastiches de salón como le llaman algunos de sus detractores, al estilo de "Chicha de Curacaví" o "El guatón Loyola". Aunque no comparto opiniones tan radicales, admito que algo se está afinando en nuestra comprensión de la cueca, por fin.
Hay un problema conceptual profundo en Chile sobre la cueca. A muchos historiadores y académicos nacionales les acomoda notoriamente la idea de aferrarse a explicaciones o aseveraciones dadas por anteriores colegas de oficio, en materias como ésta y toda aquella donde su disciplina los haga sólo parcialmente diestros y en donde la voluntad de indagación documental no sea lo suficiente para alcanzar a sondear las profundidades del tema, atrincherándose así en la seguridad que proporciona la afirmación no discutida y la referencia con buen apellido, pese a que, en muchos casos, no es exactamente lo real. Aunque este vicio se repite con frecuencia en las interpretaciones políticas de la historia, veremos que también aparecerá en un rasgo muy doméstico y cultural de la investigación.
La lejanía de muchos intelectuales con el oído, la sensibilidad entrenada y el sentido del músico, en este caso, ha permitido que varios se aferren a creencias fundacionales en torno al folklore chileno, limitándose a rumiar lo dicho por la mayoría de sus consultados. De ahí que, por décadas, se haya repetido con propiedad que la cueca chilena es, estrictamente, un ritmo nacido de la zamacueca peruana, que su vertiente originaria habrá de hallarse allá y que estaría intrínsecamente ligada en nuestro país a la cultura huasa, a la vida rural, que la adoptó dándole la forma y el sello que hoy la distingue. A este respecto, se hace claro lo contradictorio y lo opuesto de las opiniones entre los historiadores tradicionales contra la de los cultores de la cueca, como Nano Núñez o Fernando González Marabolí, cuya línea de fundamentos es distinta pero directa con el tema en cuestión.
Hace unos tres o cuatro años, puse a disposición de una corporación dedicada al estudio del patrimonio territorial y la soberanía chilena, un extenso artículo sobre la interferencia de esta clase de dogmas fáciles en el estudio del origen de la cueca chilena, nuestra "chilena". Allí, rescatando las teorías que son de mayor raigambre entre los estudiosos dedicados y cultores de la cueca urbana, defendimos la idea de que la cueca es una manifestación de cultura popular más asociada a la vida citadina, al roto y al choro, que a la vida rural, desde donde provienen en realidad los ritmos que fueron matrices en su definición como ritmo musical y baile, pero no exactamente en su concepción del canto de la "chilena", que conocemos en nuestros días como cueca.
También pusimos en tela de juicio las afirmaciones corrientes de la mayoría de los historiadores sobre el origen de la cueca chilena, paseando entre las vertientes étnicas blanca (conquistadores españoles), negra (esclavos africanos) e indígena (araucanos-mapuches), pero sin considerar un cuarto elemento que, a nuestro juicio, nos parece fundamental para explicar muchos de los vacíos que perduran sobre la naturaleza de esta música y de este baile nacional: la influencia árabe, que aquí citaremos con alguna prisa, aunque con el compromiso de intentar desarrollar el tema a futuro con más dedicación y amplitud. Creemos, por lo tanto, que debate por precisar una sola corriente como la única y exclusiva productora del movimiento cultural que desembocó en la aparición de la cueca chilena, es un debate anodino y poco respetuoso de las condiciones en que las artes populares suelen exponer su real gestación.
Como la propuesta defendida por nosotros pasaba por cuestionar que la cueca chilena, efectivamente, fuera apenas una simple adaptación de la zamacueca peruana y que, muy por el contrario, creemos que ha sido una versión de nuestra cueca la que se adoptó y estilizó en países vecinos, volviendo a fundirla con elementos de su zamacueca en el caso del Perú, algunos lectores peruanos de la web tomaron pésimamente el tema y adoptaron una posición totalmente defensiva y nacionalista con respecto al origen del baile, haciéndonos llegar cantidades de mails criticando nuestro artículo y poniendo en duda las fuentes, aferrados a sus propios mitos históricos de mayor difusión popular que, no obstante, siguen siendo sólo eso: mitos, muy abundantes en lo que se refiere al folklore americano. Por algún tiempo, de hecho, algunos foros de la red estuvieron plagados de referencias hacia nuestro modesto estudio que, claramente, no fue entendido ni comprendido del todo. Lamentablemente, parece que el duende de la patriotería, del falso nacionalismo brotando de la herida, se metió entre medio y por ambos lados.
Finalmente, se determinó que el tema de la cueca se alejaba demasiado de sus temáticas sobre soberanía y límites territoriales, por lo que el texto fue bajado y olvidado. El tema terminó así, tan abruptamente como comenzó. Pero, como aún conservo los escritos originales de esta investigación, quisiera compartirlos aquí insistiendo en que los historiadores y académicos chilenos no han tenido, a nuestro juicio, ni la pulcritud ni el compromiso de fundar un examen acabado sobre el verdadero origen de la cueca chilena, limitando su debate fundamentalmente, a precisar grado de influencia blanca o negra que hubo sobre su gestación. En cambio, creemos justo insistir en los aspectos que no se han considerado en su proporción de validez sobre la naturaleza de la cueca o la "chilena", como procederemos a demostrar reiterando el compromiso de abundar en este tema a futuro.

Aprovecho de desenterrar estos texto ahora que se aproxima una nueva celebración de nuestras Fiestas Patrias, en las que la cueca, la verdadera "chilena", a pesar de todo, sigue siendo la gran desconocida siempre presente.
BASES TEÓRICAS DEL ORIGEN FORÁNEO DE LA CUECA CHILENA
Es curioso que un país ofrezca tantas dificultades y teorías de poca compatibilidad para explicarse a sí mismo el origen de su canto nacional y baile típico, como sucede con Chile y la cueca. Las versiones oficiales, muchas veces, están rondadas por creencias y por afirmaciones también de raigambre folklórica pero no necesariamente histórica, como hemos dicho. Lo único que se cree medianamente cierto, hasta ahora, es que la cueca chilena tendría su origen o inspiración entre la familia de bailes denominados zamacuecas, que proliferaron por toda la región continental manteniéndose hasta nuestros días con algunas variaciones y notorias adaptaciones locales. Sin embargo, incluso este punto está en discusión, pues nadie ha logrado establecer con seguridad qué grado de relación o influencia habría entre estos estilos y también se hacen notorias algunas diferencias esenciales al compararlos.
La pretendida relación entre la cueca y las demás zamacuecas es defendida por uno de los más grandes estudiosos de las tradiciones americanas, el investigador chileno Oreste Plath, en su trabajo "Folklore Chileno":
"El origen de la Cueca, según investigadores, puede ser español, africano, peruano y chileno.
A la vez, se delibera en torno de su nombre y variantes ortográficas: Zambacueca, Bambuca, Zamacueca, Sambacueca.
Siguiendo un proceso inductivo, Lima era centro de producción y dispersión de Sambacuecas, y pudo haber ocurrido que la Sambacueca peruana se partiera en Samba en la Argentina y en Cueca en Chile.
Para su trasladación hay que considerar la permanencia de la marinería chilena que integra la Expedición Libertadora del Perú (1820) que pudo haber traído esta danza popular en el Perú".
Según esta extendidísima teoría, la fundamental participación de los chilenos en la liberación del Perú pudo haber cruzado influencias con la zamacueca que ya entonces se bailaba allá, trayéndolas a Chile. Al respecto, se hace notar majaderamente que don José Zapiola, el famoso autor del "Himno de Yungay", confiesa en su obra "Recuerdos de Treinta Años":
"Al salir yo en mi segundo viaje a la República Argentina, marzo de 1824, no se conocía ese baile. A mi vuelta, mayo de 1825, ya me encontré con esta novedad".
Él mismo agregará después:
"Lima nos proveía de sus innumerables zamacuecas, notables o ingeniosas por su música, que inútilmente tratan de imitarse entre nosotros".
Generalmente, los estudiosos de la cueca toman esta cita del autor hasta aquí para sostener que la cueca chilena fue importada desde la zamacueca peruana, como si no hubiese antecedentes de ella antes de las últimas Guerras de Independencia del continente. Sin embargo, hay un detalle: Zapiola se refiere más tarde a los bailes conocidos como zamba y abuelito -que sí serían peruanos- como aquellos que se bailaban en Santiago traídos desde la capital del Perú... ¿Se refería entonces a estos estilos como la "zamacueca" oriunda de Lima y no a lo que conocemos hoy como "cueca chilena" propiamente tal? De ser así, se vuelve al punto de partida sobre el origen y, en consecuencia, se caería un gran castillo de naipes levantado por generaciones de investigadores y académicos.
Se advierte además que, en este período de 1824 a 1825, había llegado a Chile desde Perú el compositor Bernardo Alcedo, autor del himno nacional del Perú, contratado ahora para trabajar en el Ejército de Chile. Alcedo arribó en 1824 con la banda de guerra del Batallón Nº 4, por lo que Plath sugiere su posible influencia en la introducción del canto-baile. Otros le entregan los créditos más bien a Matías Sarmiento, mulato llegado al país unos años antes con el Ejército Libertador y al mando de San Martín.
ALGUNAS APRECIACIONES REVISIONISTAS
Por su parte, el investigador musical argentino Carlos Vega, coloca una fecha más precisa al arribo de la zamacueca en Chile: principios de 1825, anota. Sin embargo, agrega este curioso comentario:
"En 1824 cobra rápida notoriedad en Lima un nuevo baile llamado Zamacueca"
Esto hace suponer que aquello en específico que denomina zamacueca, habría nacido casi al mismo tiempo en ambos países. ¿Se podrá presumir, entonces, de un baile surgido simultáneamente en dos pueblos firmemente unidos por las circunstancias del momento? Si el baile era "nuevo" en la Lima de 1824, entonces es difícil sostener a ciencia cierta su origen peruano y su introducción casi instantánea en Chile por el mismo período, según veremos más abajo. Pablo Garrido, por ejemplo, declara arribada la cueca en México en 1821, donde se le conoció como "chilena", tal como en Perú, algo en conflicto con las fechas que se han ido generalizando como las "oficiales" de la historia de la cueca.
Otra fuente argentina, el libro "Música Tradicional Argentina" de L. de Pérgamo, Goyena, J. de Brusa, S. de Kiguel y Rey, establece la siguiente cadena de desarrollo de los bailes de zamacueca en el continente:
  1. Hacia el siglo XVIII aparece en España una danza nueva: el Fandango que en América se denomina Zamacueca.
  2. Es en Lima donde se reciben las danzas europeas, se las remodela y se las lanza a los aristocráticos salones sudamericanos.
  3. Carlos Vega nombra una zamba antigua adoptada en Perú hacia 1810 que luego se difunde a Chile y Argentina.
  4. La zamba antigua es desplazada por una nueva: la Zamacueca, hacia 1824.
  5. Desde Lima pasa hacia Chile allá por 1824-1825.
  6. En Chile varía la Zamacueca haciéndose más larga.
  7. Hacia 1870 el nombre Zamacueca deriva en Cueca.
  8. Lima adopta los cambios chilenos y la difunde con el nombre de zamacueca chilena, cueca chilena o cueca. Es la que conocemos como cueca norteña.
  9. Con la guerra Chile-Perú, hacia 1879, el escritor peruano Abelardo Gamarra, propone el cambio de nombre a Marinera: "Marinera le pusimos y marinera se quedó"...
  10. Carlos Vega difunde que la zamacueca entró por dos vías a la Argentina: por Mendoza a través de Chile (Cueca Argentina). Y luego por Perú-Bolivia.
  11. A través del norte conserva el nombre de zamba difundiéndose por las distintas provincias adquiriendo en cada región una característica particular.
Avanzando después en este tema, veremos la discusión relativa a las influencias étnicas que predominaron en el origen de la cueca, y que están esbozadas medianamente en la fuente citada. Nano Acevedo, en tanto, agregará al debate una nota de cuestionamiento a otra de las principales teorías sobre la influencia étnica, particularmente la negra (africana), de la que también haremos caudal en este texto:
"Se creó en Lima una Zamacueca, 'blanca, culta' en oposición a la 'Samba Clueca' negra o 'Moza Mala' del barrio Malambo y la Zamacueca blanca y culta fue la que pasó a Chile".
Otro grupo menor de autores, haciendo un poco de vista gorda a los registros cronológicos, suponía hasta hace algunas décadas que la cueca chilena resultaría de la supuesta introducción de la zamba argentina en el territorio por el Ejército Libertador, tras su arribo desde Mendoza. Sin embargo, los propios autores argentinos aportan abundante información que pone total entredicho esta teoría. Lázaro Flury, por ejemplo, escribe:
“En tierras del norte argentino, la zamba tomó varios nombres de acuerdo a las variantes en su coreografía; en Salta y Jujuy era llamada La Chilena, por haber entrado a Jujuy desde Chile.”
Por su parte, su compatriota Rafael Cano escribe en “El Folklor Argentino” que “la zamba argentina es hija de la zamacueca”. Además, hacia 1880, el autor bonaerense Ventura Robustiano Lynch escribió una monografía en la que menciona sólo de paso la presencia de la zamacueca en ese territorio gaucho, pues su popularidad era escasa a la sazón.
Entre los creyentes del origen foráneo de la cueca, sin embargo, queda el problema de resolver qué clase de baile era el que alcanzaron a conocer personajes como los hermanos Carrera y Manuel Rodríguez en las famosas fondas santiaguinas del sector chimbero que hoy es Independencia y alrededores, y de las que se dice que eran asiduos visitantes. En aquella época, que ronda el período de 1812, ya se registra la presencia de un estilo musical que no puede corresponder, por cronología, al mismo que se reporta llegado desde el Perú en 1824 ó 1825. Serían los mismos que le alegrarían la vida a Diego Portales en ese barrio de La Chimba y en su "Filarmónica" de la Calle de las Ramadas (hoy Esmeralda) años después.
Chinganas de las Fiestas Patrias hacia 1860, en publicación de Paul Treutler en Leipzig. Ubicadas en la propia "Cañada" de la Alameda de las Delicias.
Danza de "rotos", bailada en un ambiente más urbano, en la chingana "Tres Puntas" hacia 1852, en una publicación de Paul Treutler. Nótese cierta semejanza del baile de los danzarines con la "jota" española.
BASES TEÓRICAS SOBRE EL ORIGEN NATIVO DE LA CUECA CHILENA
Es evidente que presunta la variación de la zamacueca desarrollada en Chile y finalmente llamada cueca (según algunos, a principios de la república; según otros, ya en tiempos de la Revolución de 1891) presenta notorias diferencias con las demás zamacuecas bailadas en otros países y que han adquirido también denominaciones locales. Además, de alguna manera la cueca chilena, especialmente la centrina, carece de los elementos de seducción sexual más explícitos de la danza y los movimientos más exagerados, o bien se estilizó hasta convertirse en una versión que desarrolló una identidad muy propia y característica centrada en la voz de los intérpretes y, en el baile, que algunos creen identificar con la mezcla expresiones de cortejo de aves y las posturas de un jinete a caballo en "rodeo", acusando alguna influencia rural sobre la misma. Estas características abrieron paso a las propuestas según las cuales la cueca, fundamentalmente, no tendría nada que ver con la zamba o zamacueca peruana y que se habría desarrollado como una línea musical y de danza paralela.
Hay quienes creen que la tradición cuequera de La Chimba puede remontarse fácilmente a 1790, de modo que la cueca que conocemos hoy, por tal, puede ser anterior a lo que comúnmente se afirma con la intención de poder estrechar sus vínculos con la zamacueca peruana. Se la conoció, con el tiempo, también en los barrios capitalinos de calle Duarte, Vivaceta, Matadero, Maipú, Yungay. En Valparaíso sucedió un fenómeno parecido, desarrollándose la cueca del puerto desde muy temprano. La cueca centrina, en otras palabras, necesariamente ligada a la vida urbana más que a la campesina, adoptando variaciones en las ciudades que aún pueden distinguirse, como la velocidad que parece ser mayor en las cuecas santiaguinas con respecto a las que se tocan en el puerto de Valparaíso, por ejemplo.
Tampoco obra en favor de la teoría del origen foráneo la revelación proveniente del viajero francés Julián Mellet, que plasmara sus impresiones en "Viajes al Interior de la América Meridional", de 1824. Dice el autor que había observado en el país, hacia 1822 ó 1823, algo que presenta similitudes generales con la cueca pero también semejanza a ciertos bailes españoles que ya veremos, tanto en la descripción de su música, baile, canto y estética:
"Esta danza..., se ejecuta al son de la guitarra y el canto. Los hombres se colocan frente a frente de las mujeres, y los espectadores forman un círculo a su derredor, los cuales cantan y palmotean las manos mientras los bailarines, los brazos un poco levantados, saltan, se dan vuelta, hacen movimiento atrás y adelante, se acercan los unos a los otros y retroceden en cadencia hasta que el sonido del instrumento o el tono de la voz les indica que vuelvan a juntarse".
Veremos también que, unos años más tarde, Vicuña Mackenna tomó esta cita y otras informaciones parecidas para proponer que la zamacueca habría pasado por Chile rumbo al Perú en el pobre equipaje de los esclavos negros llevados hacia el ex virreinato.
Ya comentamos que la supuesta cueca traída del Perú a Chile y que Zapiola cree advertir acá puede corresponder más bien a otro tipo de baile emparentado con la zamacueca limeña, pero distinto de la cueca chilena. Es preciso recordar, además, que ya por entonces la cueca chilena, de haber existido como tal, comenzaba a experimentar sus primeras restricciones al ser prácticamente proscritas la mayoría de las chinganas y las fondas por un Decreto de la Policía de Buen Orden, fechado en Santiago el 21 de mayo de 1823 con la siguiente instrucción:
"Quedan prohibidas las chinganas, ramadas, juegos de bolos, ruedas de fortuna, loterías privadas, rifas y carreras de caballo, sin previa licencia de la intendencia y se limita el horario nocturno de fondas, cafés, pulperías y bodegones".
Bien pudo ser que estas duras restricciones hayan convertido a la cueca en algo invisible y fuera del alcance de los intelectuales y de las autoridades no comprometidas en el íntimo mundo de la marginalidad y la rotada, donde se siguió cultivando en secreto y desarrollando rápidamente su identidad propia. En este ambiente, habría adquirido muchas de las características basales que hoy el son distintivas, al quedar relegada a un grupo social y a un medio específico que la preservó sagradamente.
Así, en lugar de desaparecer, las restricciones contra las chinganas y las fondas pudo haber terminado dispersando e institucionalizando más aún la cueca entre las clases populares de la época, al ser obligada a desplazarse desde los centros de recreación criolla hasta las casas de adobe, los salones modestos, las botillerías, las cantinas de barrio, las fiestas domésticas y las casitas de remolienda. Por esta razón, José Zapiola y el argentino Carlos Vega la señalarían erradamente como un "nuevo" baile surgido hacia 1825, ajenos al circuito que ya la conocía y la cultivaba. Otros han sugerido, incluso, que la invención de la cueca pudo haber sido del prócer Bernardo O'Higgins, pero tampoco hay pruebas concretas de ello.
Recordemos, por cierto, que mucho de lo que hoy conoce la intelectualidad sobre la cueca chilena ha sido incorporado a la historiografía en tiempos más bien recientes, gracias a la creación de la Sociedad Folklórica de Chile en 1909, no existiendo organismos previos dedicados formalmente a la investigación del folklore chileno. Por ello hay, quizás, tantas nebulosas contaminando la claridad de los estudios.
OPINIONES DE ALGUNOS INVESTIGADORES
El chileno Ramón Vial había escrito en 1882 esta interesante sentencia que refuta tempranamente las teorías sobre el origen peruano de la cueca chilena:
"Presentar a la zamacueca como baile peruano es un error, porque precisamente en el Perú la llaman la 'chilena'."
Contrariamente a lo que podría creerse, la opinión de Vial ha perdurado con matices, por largo tiempo, entre los cultores de la cueca chilena, incluso algunos que no niegan una matriz de la zamacueca en sus orígenes. El fallecido maestro folclorista chileno Fernando González Marabolí, por ejemplo, aseguraría un siglo más tarde que este baile ya era en tiempos remotos una versión arcaica de la actual cueca chilena, de la "cueca de arte grande", según la llama, lo que podría estar hablando de otra línea de influencia paralela en el origen del baile y de raíz local. El investigador René León Echaiz, por su parte, propone algo parecido al escribir en 1954, pese a creer también en la influencia originaria de la zamacueca sobre la cueca chilena:
"Nació la cueca en lejanos tiempos en nuestro país, como baile de mestizos, y de mestiza ella también, de cadencias extrañas de muchos rincones del mundo".
Algo parecido comenta Joaquín Edwards Bello al anotar en su novela "El Roto" (1920), lo siguiente:
"La cueca es una alegoría sexual y sanguinaria de la fusión guerrera de dos razas. Por eso se siente resonar el tambor de Castilla y el chivateo de Arauco; es la constante persecución del europeo a la india, que en la última figura de la danza se entrega bajando los ojos, simulando hasta el último una resistencia desganada y silvestre".
El experto investigador Eduardo Barrios sostiene con la misma seguridad -aunque en forma visiblemente más radical- la idea de que la cueca es de origen esencialmente chileno, aunque tomando el poco abordado aspecto de la relación con la montura a caballo de la danza al que nos hemos referido y dando crédito al mito del origen "huaso", lamentablemente. De todos modos, comenta de las contundentes diferencias que existen con la zamacueca que había a principios de la república en el Perú, según él, desde la influencia estética ligada al mundo rural:
"No hay que confundirla con vecinas zamacuecas o 'zambas' cluecas. Hemos conseguido nosotros una genuina nuestra, ya libre de sus orígenes remotos. Ni jotas ni zapateos españoles, ni africanerías tórridas del virreinato peruano se deben reconocer en ella. En Lima, los negros crearon algo jocundo, jaranero, erótico y ardiente, con mucha cadera zafada y mucha nalga humedecida por el calor tropical. Allá el bailarín ejecuta la rueda del gallo en torno a la gallina. Hasta las voces cloquean en la música. La cueca chilena, no; la vino componiendo el huaso por estilizado reflejo de su propia realidad campesina. Se ha de bailar, pues, interpretando lo que realiza el jinete cuando asedia y coge la potranca elegida dentro de sus dos pasiones: china y caballo... El brazo viril bornea el pañuelo como si borneara el lazo... Los movimientos del cuerpo masculino traducen los del jinete...; el pañuelo quiere atar los pies de la elegida... Al fin zapatean porque la conquista se ha consumado... Una mujer, una ideal potranca, dos seres unidos, identificados en la pasión campesina".
Sin embargo, con una visión más integracionista y más americana que la de otros autores, el músico chileno Guillermo Rifo declaró sobre el origen de la cueca, entrevistado por el diario "El Mercurio" del 15 de septiembre de 2002:
"No es chilena. Es del cono sur de Sudamérica. Este baile de ombligada fue conocido hacia 1824 en Perú como 'chilena', lo cual quiere decir que antes se bailó acá".
RAIGAMBRE CULTURAL DE LA CUECA CHILENA
Un detalle interesante entre quienes sostienen el origen fundamentalmente chileno de la cueca, está en su dispersión y culto asociado a las chinganas, ramadas ancestros de las actuales fondas dieciocheras, que el naturalista francés Claudio Gay tuvo tiempo de ver y retratar entre las láminas publicadas a mediados del siglo XIX para su "Historia Física y Política de Chile". Recuérdese que estas chinganas "modernas" existen desde 1818 cuanto menos, organizadas desde un principio como festejos patrióticos, inicialmente asociados a la celebración de la Proclamación de Independencia del 12 de febrero de aquel año, pero más tarde desplazadas al aniversario de la Declaración de Independencia del 18 de septiembre de 1810. Esto entra en conflicto con la teoría de la llegada de la cueca desde Perú hacia 1825.
En 1832, don Andrés Bello describía cómo se reestablecía el entusiasmo popular por las chinganas y, en 1835, la actriz chilena Carmen Aguilar interpretó una danza de cueca al final de una obra teatral, lo que ya nos señala que su carácter meramente reducido a los barrios bajos había trascendido hasta lo nacional y comenzaba a impregnar a toda la sociedad chilena, a pesar de los prejuicios existentes. Esto será confirmado al año siguiente, cuando una pieza de cueca fue interpretada por el violinista italiano Carlos Bassini. Sobre esto, Samuel Claro Valdés dice en "Oyendo a Chile" (Editorial Andrés Bello, 1979):
"Las chinganas más antiguas fueron las de Ña Rutal y de Teresa Plaza, a las que se agregaron El Parral de Gómez, Baños de Huidobro y El Nogal, que incluía un escenario. Famosas fueron las hermanas Tránsito, Tadea y Carmen Pinilla Cabrera, que instalaron una fonda en Petorca, a una cuadra de la plaza, y que, trasladadas a Santiago, actuaron en el Parral de Gómez y en el Café de la Baranda, situado en la calle Monjitas, a una cuadra de la Plaza de Armas. 'La Petorquinas', como se las conoció, tuvieron tanto éxito, que la capital se cubrió de chinganas de San Diego hasta San Lázaro. Además, fueron incluidas bailando cueca en la primera temporada de ópera que se organizó en Santiago."
Más explícito aún, Pablo Garrido escribe en 1976:
"La cueca, si no propiamente la zamacueca original, es su hija, desprendimiento o 'variante' (como gustan llamar los folkloristas). En su forja influyen rasgos comunes al cancionero popular colonial (sistema modal occidental, formas estróficas desprendidas de patrones peninsulares), enriquecidos por factores autóctonos amerindios y afroasiáticos, a la manera de innúmeros bienes culturales que son de patrimonio común en el Nuevo Mundo.
Pero su identidad -la de la cueca- es una sola: chilena. No hubo zamacuecas ni cuecas ni en el África ni en España, por consiguiente no nos vino de fuera. es pues, el símbolo más puro de nuestra identidad".
Para confirmar las palabras de Garrido y las diferencias evidentes entre la cueca chilena introducida en Perú y el ritmo original de la zamacueca, citamos a Fodere Pradier en su obra de 1897 "Lima y sus Alrededores":
"La madre, las hermanas, los hermanos, y los que han sido convidados a esta fiesta monstruosa, se entregan a danzas lascivas y hacen oír canciones obscenas, hasta que el exceso de bebida los reduce a silencio. Las danzas ejecutadas en estas circunstancias son la Chilena y, preferentemente, la Zamacueca. La orquesta se compone de uno o dos tocadores de vigüela, y de la voz nasal de los bailarines. Se acompaña el paso de estos últimos batiendo palmas, o bien golpeando con el puño sobre un cajón al cual se le han desclavado las tablas para comunicarle más sonoridad. El indio, como el negro, se destaca en la percusión del cajón, en observar el compás y en entusiasmar a los bailarines".
Aunque no corresponde a un documento técnico, bien vale recordar que el gran pintor alemán de paso en Chile, Mauricio Rugendas, dio a la vida en 1837 su famoso cuadro titulado "Llegada del Presidente Prieto a la Pampilla", en donde muestra un escenario en esencia similar al que podría verse hoy en cualquier celebración de Fiestas Patrias, acusando ya entonces, con claridad, la existencia de los elementos estéticos que identifican a la cueca chilena en el ambiente de las chinganas y las fondas. Cabe recordar que, en su visita a Chile de 1910, coincidiendo con el centenario de la Declaración de Independencia, el Presidente de la Argentina José Figueroa Alcorta solicitó expresamente al gobierno de Chile una presentación especial del baile que había observado durante esas celebraciones de Fiestas Patrias, y que no era otro que la cueca, declarando su admiración por un baile que considera típicamente chileno.
(Continúa en la siguiente entrada)

7 comentarios:

  1. Me encanta el articulo. Muy bueno el contenido del blog.

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  2. Aporto el siguiente dato a la Teoría foránea del origen de la cueca (que no necesariamente apoyo):
    El escritor y músico peruano Abelardo Gamarra Rondó (1850-1924) escribió el artículo 'El baile nacional' en su libro "Rasgos de pluma" (1902), donde señala:

    "El baile popular de nuestro tiempo se conoce con diferentes nombres: se le llama Tondero, Mozamala, Resbalosa, Baile de tierra, Zajuriana [*Nota: también llamada Zangureña o Zanguaraña] y hasta el año 79 era más generalizado llamarlo Chilena [*Nota: "En el Perú, como cuentan Gamarra y otros cronistas, se le llamaba chilena, en algunos sectores, a [la] zamacueca. El nombre chilena tiene su origen a inicios de la década de 1840, cuando hubo un período de acercamiento diplomático entre Perú y Chile. Los militares chilenos [que formaban parte del Ejército Unido Restaurador entre 1836-1839] [llevaron]] de regreso a Lima a [la] zamacueca, con ligeras variantes, así que la empezaron a llamar chilena en los ambientes militares"]. Fuimos nosotros quienes, una vez declarada la guerra entre el Perú y Chile, creímos impropio mantener en la boca del pueblo, en sus momentos de expansión, semejante título, y sin acuerdo de ningún consejo de Ministros, y después de meditar en el presente título, resolvimos sustituir el nombre de Chilena por el de Marinera; tanto porque en aquel entonces la marina peruana llamaba la atención del mundo entero, y el pueblo se hallaba vivamente preocupado por las heroicidades del Huáscar, cuanto porque el balance, movimiento de popa, etc. etc., de una nave gallarda, dice mucho con el contoneo y lisura de quien sabe bailar, como se debe, el baile nacional. Marinera le pusimos, y Marinera se quedó: por supuesto que por entonces, y para que la semilla fructificara, lanzamos no pocas letras picarescas a las que ponían música esos maestros incógnitos que no se sabe dónde viven, pero que nos sorprenden con sus deliciosas melodías. (...) Al son de de este canto sucumbió la Chilena y se levantó gallarda, como la bandera del Huáscar, la Marinera, para llegar a ser arriada probablemente con mucha dificultad. El pueblo le ha tomado cariño, y lo que el pueblo quiere, lo consagra con su bendición inmortal."

    Fue el mismo Gamarra Rondó quien rebautizó como "Marinera" a la "Chilena", ex Zamacueca.

    Gran blog y muy buen artículo (¡Felicitaciones!); solo eché de menos más datos de referencias y de bibliografía (nombres de libros o artículos, páginas, etc). Gracias por leer este comentario.

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    1. No comprendo, esto en qué afecta el origen peruano de la cueca?

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Muy buen aporte Alpinu... Yo, personalmente, adhiero a la teoría de la influencia arábiga por vía hispanánica, una vertiente que creo ha sido negada en nuestros pueblos de América. En los artículos más nuevos he ido incoporando referencias y especificaciones de fuentes... Sucede que nunca creí que un blog de un simple desocupado pudiese agarrar tanto vuelo.

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  5. Toda la música que llegó de españa venía ya con la influencia árabe, eso está dado por aceptado.Pero es en Lima en donde a esta música se le dió el estilo musical propio de las clases populares (negra, mestizos, blancos e indígenas y por esta mezcla de culturas es que fue fácilmente asimilado también en toda sudamérica.

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  6. Saludos cordiales al autor y administrador de éste blog. Soy un investigador boliviano y me encantaría contactarme con Ud. directamente para conversar y hacerle algunas preguntas. ¿Es posible que me pueda hacer llegar su dirección?????? Mi nombre es Ariel Villazón y mi correo es: ariel_vill@hotmail.com
    gracias.

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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