viernes, 31 de julio de 2009

"CLUB COMERCIO ATLÉTICO": EL REFUGIO DE LAS CUECAS DEL BARRIO MATADERO

Coordenadas: 33°27'36.72"S 70°38'56.32"W
Hay todo un mundo detrás de esa vieja puerta y por el estrecho pasillo de calle San Diego 1130, casi en la esquina de Avenida Matta. Un mundo antiguo, con ese infaltable aroma de lo fantasmal y nostálgico. Es un universo de color sepia, como de hombres usando ese fino bigotito de las fotografías antiguas y sobrero de hallulla.
Hubo una época en que este sector de los barrios céntricos estuvo lleno de cotizados restaurantes, cafés y bares, famosos en todo Santiago. Por aquí hacia la entrada de San Diego existió el "Miss Chile", frecuentado por escritores de la elogiada Generación del '38, como Miguel Serrano, Eduardo Anguita y Teófilo Cid, además del prematuramente fallecido Jaime Rayo. Y más próximo aún al club de Matta que nos interesa se encontraba el "Volga", donde se desencadenaron los hechos sangrientos que costaron la vida al joven escritor Héctor Barreto, miembro de esa misma generación literaria. En la esquina de San Diego con Matta estaba el "Chantecler", viejo antro frecuentado por rufianes como El Nimbo, del barrio Los Callejones, además de otros boliches igual de poco luminosos mencionados por Armando Méndez Carrasco en su "Chicago Chico".
El Club Social y Deportivo Comercio Atlético es, por lo tanto, una reminiscencia de aquellos años perdidos de Santiago; años desaparecidos como la primera punta de un lápiz grafito, que llega al final de su efímera vida útil pero deja un millón de palabras escritas.
La sala principal del local sirve de pista de baile. En el muro tiene grabada orgullosamente la insignia del Club Social y Deportivo Comercio Atlético. Sobre la crujiente tarima de madera, con un improvisado fondo de telas, periódicamente encuentran refugio las cuecas de choros y rotos. Esta fría noche de viernes es el turno de "La Gallera" y las chiquillas de "Las Peñascazo", casi artistas de la casa a estas alturas. Equivaldría a una fonda o una chingana moderna: alguien colocó la enorme bandera chilena vertical al revés, pero bueno, se perdona: la intención es lo que vale. Los pescados fritos, las cazuelas, el pollo a la cerveza o las colaciones de tallarines cesan por hoy para abrirle paso a los "terremotos", los borgoñas y el pipeño, que será lo más solicitado esta noche de invierno.
Las ofertas del Club...
Vista del mesón hacia las cocinas.
Vista del salón y el escenario desde la barra.
Salón de presentaciones (interior).
Vista de la barra. Se alcanza a ver parte del segundo piso.
Otra sala con más aspecto de comedor se extiende por el costado trasero, de todos modos con vista al frente hacia los artistas cuequeros. La barra del bar es amplia y también espaciosa, con sus propias mesas. Sobre ella, subiendo por una pequeña escala, se abre un segundo piso sin aislamiento, donde algunos de los últimos rotos auténticos que quedan en Chile pasean con vasos de vino blanco y juegan cacho o dominó. Es una casona tan antigua como todo el barrio y adaptada para los servicios de bar y restaurante. Mirando con detención, se puede adivinar cuál era su aspecto, antes de las remodelaciones. Debe haber tenido aspecto de solar, según imagino, y sus habitaciones eran enormes.
Pido mi respectivo "terremoto" en el mesón. Mientras me lo sirven muy frío y apetitoso en un vaso tipo "potrillo", una coqueta chiquilla con una peluca rosada y una manta del mismo color pasa por mi lado, me pide permiso y hace su pedido en la barra que no descansa un sólo segundo. "Hola Pinky", le digo, y contesta tímidamente mi saludo. En la espera, conozco a otro de los clientes habituales del local: don Elías. No pasa mucho y me cuenta de sus tragedias personales, como ex-torturado político, además de sus profundas decepciones con el partidismo, la izquierda y la política en general... "¡Todo se acabó con la Gladys Marín! -dice meneando la cabeza y apretando sus clarísimos ojos- Con ella se fue lo que quedaba". Cuando la administradora de la barra está provisoriamente libre otra vez, aprovecho para preguntar por la historia del local y me recomienda dirigirme donde un caballero, sentado un poco más allá en una de las mesas. Está con otros miembros del club, compartiendo unos tragos. Es don Luis Gálvez, miembro de la directiva del Club Social y Deportivo Comercio Atlético.
Entre "aros" de la cueca de los avezados músicos de "La Gallera", aprovecho de preguntarle todo lo que preciso saber a dos Luis. Parece contento de que alguien se interese en esas historias que él guarda dentro de su propia vida. Tiene una memoria extraordinaria, tanta como su buena disposición. Sabe toda la epopeya del barrio Matadero y parece conocer al detalle todo lo que pasó durante el siglo XX en este viejo territorio de la ciudad. Me cuenta que el Club nació en 1932, cuando varios de los locatarios del sector se organizaron con la intención de tener su propio centro de reunión y comidas. Su fundador fue el dueño de la otrora famosa comercial conocida como la "Casa Val", cuya sede estaba justamente en la esquina, a la vuelta de donde estamos ahora.
Dos "patriarcas" del Club. A la derecha, don Luis Gálvez.
Pizarra con el directorio del Club. Nótese que algún bromista la "saboteó", al final.
El Club, por alguna razón de ajuste con la legislación, asumió el carácter de centro deportivo. De ahí su nombre, que ha sido siempre el mismo: "Comercio Atlético". Agrupaba principalmente a los comerciantes de todo el sector comprendido entre las avenidas Ñuble y 10 de Julio, pero principalmente a los del sector de San Diego.
La casona ya era antigua cuando se habilitó por el propio señor Val para que fuera la sede de Club, devenido ya en restaurante de comida típica y capilla de cuecas. Al fallecer, la Sucesión Val se encargó de la administración de las propiedades y del centro. Algunos dicen aquí adentro que han existido ciertos problemas de parte de algunas corredoras y descendientes, pues parece que en algún momento existió el interés por vender estas propiedades, lo que habría significado privar al Club de su histórica casa. Sin embargo, ha prevalecido el entendimiento y, según don Luis, todavía queda "Comercio Atlético para rato". Ojalá que así sea.
El frío de la noche no es suficiente para alcanzar el colorido calor de las cuecas que suenan dentro de estas salas, desde las potentes voces de "Las Peñascazo". La música se expande como un abrigo, entre humos de cigarrillos, aromas de empanaditas fritas y vinos tintos. A golpes de panderos y azotes de cuerdas, la casona del Club sigue acumulando años y épocas, sazonadas con tragos típicos y comida tradicional chilena.
Es la historia del Club Social y Deportivo Comercio Atlético, que se sigue tejiendo en el presente con el cordón dorado del hilo del tiempo.
Integrantes de "La Gallera" y "Las Peñascazo" compartiendo escenario.
"Las Peñascazo", con la pista llena.
Bailarines y músicos.

6 comentarios:

Alejandro "Bigote" Díaz dijo...

Por fin se encuentra algo de historia de nuestro querido club.
Justamente ayer, 27 de agosto de 2011, participando en la actividad de la Ruta del Terremoto,pudimos conocer algunos elementos de esta historia, de parte del actual Tesorero del club, don Guillermo Cortés.
Agradezco a todos quienes están haciendo posible esta difusión.
Preparémonos para celebrar en nuestro Club el próximo 18 de Septiembre.

Criss dijo...

Buena idea... Allí estaremos y nos conoceremos en persona, estimado "Bigote" (si es que no nos hemos visto ya). Muchos saludos.

Arturo Martinez Carrizo dijo...

Donde puedo ver la parrilla de cantantes y valor de de la entrada?
Hay acceso para una silla de ruedas?

Criss Salazar dijo...

Don Arturo, le sugiero consultar acá: http://www.comercioatletico.cl/

Unknown dijo...

El Club nació en 1932, alguién dispone de antecedentes que señalen que el club fue de ciclismo también?? y que fueron parte de las actividades del Parque Cousiño en las carreras allí organizadas por la Unión Ciclista de Chile..atento a sus comentarios, gracias!

Andrea Barrera Perez dijo...

Excelente lugar, las clases de Cueca, lo mejor.

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