martes, 12 de mayo de 2009

BRAULIO ARENAS: EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS

Braulio Arenas (1913-1988)
Artículo publicado por Alejandro Véjar en "El Mercurio" del domingo 18 de mayo de 2008, en la Revista de Libros, tras el aniversario de la muerte del poeta surrealista oriundo de La Serena, fundador del grupo "Mandrágora" y ganador del Premio Nacional de Literatura de 1984.
El lunes 12 se cumplieron dos décadas de la muerte de uno de los fundadores -junto a Enrique Gómez-Correa y Teófilo Cid- del grupo literario Mandrágora, Braulio Arenas. Sus mejores páginas recogen parte de la producción de este poeta surrealista que se desplazó también hacia el mundo lárico.
Braulio Arenas escribió en todos los géneros literarios, incluyendo el collage. Tal fue su entusiasmo por esta técnica pictórica, que publicó una novela hecha con fragmentos de la narrativa chilena decimonónica, Los esclavos de sus pasiones. Un año antes, en 1974, editó sus Actas surrealistas. Allí tradujo a Leonora Carrington, Paul Eluard, Tristán Tzara, Louis Aragon o Robert Desnos. El volumen es un homenaje al Primer Manifiesto Surrealista, creado por André Breton.
UN CAMBIO POLÍTICO CONTROVERSIAL EN BRAULIO ARENAS:
“Era el reinado de la Jap con largas colas por doquier, banderas rojas por doquier, mercado negro por doquier, era el despojo sin impunidad, era el canalla, como rey, era la orgía más bestial, y por la calle, a plena luz, se paseaba el criminal. Y de improviso terminó, la pesadilla tuvo fin: Chile se alzó con gran poder y disipó la oscuridad” (Braulio Arenas, 1976)
Como era de esperar, la difusión y el reconocimiento del poeta Braulio Arenas han sido contaminados por la lamentable politización selectiva que reina en la intelectualidad chilena. Pero también por la politización de la que él mismo alcanzó a participar.
Muchos no le perdonaron jamás el haberse retractado de las ideas que sostuvo sobre la Unidad Popular, ni su detracción al izquierdismo. Otros, sólo lo conocen por sus declaraciones que lo hicieron objeto de simpatía entre ellos, mas no les acercaron a su vasta obra.
Hemos agregado una cita suya arriba, para sugerir por dónde va la cosa del sectarismo que lesiona la lectura que se ha dado a la imagen de Arenas, cuyo currículo literario había cobrado peso y trascendencia muchísimo tiempo antes de esos años de controversias y divisiones que siguen opacando su memoria en las artes escritas. Aunque Arenas hizo gran parte de su vida fuera de la capital, siempre destacó entre los jóvenes literatos que lo descubrieron e impulsaron acá en Santiago, como Eduardo Anguita, además de haber realizado en esta ciudad sus estudios en Derecho y Literatura.
Fue en Santiago, también, donde tuvo lugar su famoso encontrón con Pablo Neruda, durante un acto de 1940 en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, en el que se cuenta que hasta puñetes hubo después entre los presentes.
A veinte años de la muerte de Arenas (La Serena, 4 de abril de 1913 - Santiago, 12 de mayo de 1988), Ril Editores anuncia para los próximos meses la publicación del libro Braulio Arenas. Sus mejores páginas, cuya selección y prólogo pertenecen a Ernesto Pfeiffer. La obra contempla textos inéditos y otros que yacían dispersos en revistas de la época. Son escritos fugaces algunos, traducciones privadas otros, de un autor que, al decir de Enrique Lihn, "vestía sin glamour, como un actor secundario del cine de los años 40, esto es, como cualquier funcionario chileno de cuello y corbata".

La vida para Arenas no fue fácil. En 1919 falleció su progenitora, Aurora Carvajal Contreras, quien fue amiga de Gabriela Mistral. "Mi madre -escribió Arenas-, de la que conservo un brumoso recuerdo, se me presenta como la madre en sí, como el arquetipo de todas las madres, como una imagen nostálgica que me rodea, me ampara, me fortalece, me conduce y me torna bondadoso".
Su padre, Braulio Arenas Vallejo, también murió prematuramente, en 1925. Hasta entonces, la familia vivía en La Serena.
Su hermano mayor, Alberto -recién egresado como profesor de castellano y filosofía-, tuvo que hacerse cargo del clan. Fue contratado en el Liceo de Quillota, donde permaneció hasta 1929. Después el grupo partió a Santiago, donde inscribieron al futuro poeta en el Liceo de Aplicación. Allí tuvo como compañero de curso a Eduardo Molina Ventura, amigo de sus andanzas literarias. El "chico" Molina le presenta a Rosamel del Valle, que por entonces había publicado su novela País blanco y negro (1929), acusando influencias de la mítica Nadja, de André Breton. Rosamel fue el encargado de presentarle a Vicente Huidobro, el padre del surrealismo chileno.
Arenas partió entonces a Talca, para terminar sus humanidades en el liceo local. Ahí también cursaban sus estudios Teófilo Cid y Enrique Gómez-Correa. Se intercambiaron lecturas de teatro español, de Goethe y el romanticismo alemán, ensayando sus primeros discursos literarios e incluso políticos, como el socialista Teófilo Cid.
Esa sería la génesis del grupo Mandrágora, cuyo acto inaugural se remonta al 12 de julio de 1938, en el Salón de Honor de la Universidad de Chile. Querían cambiar el mundo y hacer de la realidad el más hermoso de los collages. Publicaron una revista con el mismo nombre, de la que sacaron siete números. Eran irreverentes. El 11 de julio de 1940, en el ya mentado salón de la universidad, se celebró la despedida de Pablo Neruda, quien partía a México como cónsul de Chile. Ante un auditorio repleto, Neruda iba a tomar la palabra y fue interrumpido por Braulio Arenas: "Yo protesto, porque Neruda se atreva a usar la palabra sin antes haber dado cuenta del resultado de las colectas que organizaba a favor de los niños españoles", exclamó, desatando la polémica. Luego le arrancó de las manos su discurso y lo rompió en mil pedazos. Todos los asistentes cayeron sobre Arenas.
Progresivamente, vendrían sus poemas surrealistas: El mundo y su doble (1940), La mujer mnemotécnica (1941) y Luz adjunta (1950). Pero el mismo Arenas tomó distancia de esos trabajos, cuando le dijo a Stefan Baciu, en el libro Surrealismo latinoamericano / Preguntas y respuestas (1979): "Cuando comprendí que me repetía en textos automáticos, como un burro dando vueltas en la noria, entonces escribí el Discurso del gran poder y novelas sentimentales como Adiós a la familia".
Sobre esta última novela, Hernán Díaz Arrieta le confidenció a Luis Sánchez Latorre: "Es un verdadero adiós a la vulgaridad. Arenas juega con los contrastes y sabe caminar con soltura por el filo de la navaja, que separa la locura de la razón".
Después imprimiría los cuadernos de poemas: La casa fantasma (1962), Ancud, Castro y Achao (1963) y Pequeña meditación al atardecer en un cementerio junto al mar (1966). Con estos títulos se consolida la poética de Arenas, incursionando en lo metafísico y telúrico y dejando atrás el surrealismo ortodoxo. Esto se hace patente en su influencia sobre Jorge Teillier, a quien le recomendó escribir desde un alter ego y olvidarse de sí mismo.
Busto de Braulio Arenas en la Alameda de los Escritores de La Serena.
Ruptura con los escritores chilenos

El año 1977 fue determinante para el poeta. Arenas publicó entonces su proclama "Chile es así" en un suplemento dominical, donde exaltaba al gobierno militar, en desmedro de la izquierda allendista. Muchos escritores lo enfrentaron, como José Ricardo Morales y Mahfud Massis. Enrique Lihn lo ironizó en su novela El arte de la palabra (1980), haciendo una parodia de su texto, y llamándolo "Áulico Arenales".

No obstante, a raíz de la muerte de Arenas en 1988, Lihn escribió una despedida en la revista Apsi:
"El reinado del capitán general merece la irrealidad, a pesar de su aplastante peso nocturno. Irreal será, también, el himno de Braulio Arenas al generalato y hasta el Premio Nacional de Literatura que la capitanía le otorgó sólo en 1984, segura de que Arenas no dejaría oportunidad -así ocurrió- de escribir horrores contra el 'comunismo' y primores de la dictadura (...). No desapareció, sin embargo, el escritor que debiera sobrevivir, porque es real y hasta de cierta su-realeza".
Como sea, Braulio Arenas es una figura de las letras nacionales. En 1986 dio a conocer su traducción de Nadja, de André Breton, y mucho tiempo antes, en octubre de 1939, se publicó en la revista Multitud -dirigida por Pablo de Rokha-, su versión de Una estada en el infierno, de Jean Arthur Rimbaud. De esta manera, podemos trazar un arco con los aportes, desde su infancia hasta su vejez, del incansable y hasta el presente desconocido poeta Braulio Arenas Carvajal.
La publicación de su proclama "Chile es así", donde exaltaba al gobierno militar, provocó la ruptura de Braulio Arenas con muchos escritores del país.

1 comentario:

  1. Alfredo Pérez Reveco.3 de noviembre de 2010, 13:01

    Quizas. Braulio Arenas fué mas visionario que los mismos Comunistas de la epoca, al retractarse de la Izquierda ya que percibio la muerte de los ideales y en lo que se convertiria la Politica actual: Un gran negocio.

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