miércoles, 18 de marzo de 2009

PLAZA TIRSO DE MOLINA Y MONUMENTO A LOS HISTORIADORES DE LA INDEPENDENCIA

Imagen del elegante conjunto escultórico y conmemorativo de la Plaza Tirso de Molina en 1953 (fuente imagen: álbum Flickr de "Santiago Nostálgico"; gentileza del autor). Las estatuas que se ven alrededor parecen haber correspondido a las que existían antes en el Parque de la Recoleta Franciscana, que se extendía desde el puente hasta la actual explanada del templo.
Coordenadas: 33°25'55.32"S 70°38'57.68"W
En diciembre del año 2007, publicamos nuestra impresión sobre la Plaza del Monumento de los Historiadores de la Independencia, ubicada en la entrada de Avenida Recoleta (ver al final de esta entrada).
Era desastroso el estado en que se encontraba por entonces este sitio bautizado con el nombre del célebre autor de "El Burlador de Sevilla": consumido por el abandono y el deterioro. Tanto así, que lo creímos sinceramente perdido y ni siquiera hicimos una referencia histórica sobre él, convencidos de que su triste destino estaba sellado y que no tendría una segunda oportunidad.
Muchos escribieron dándonos antecedentes sobre esta situación, incluyendo una persona que se identificaba como funcionaria municipal y que, si bien redactó un respetuoso texto, claramente se advertía en él cierta molestia por el contenido de nuestro artículo.
Afortunadamente para la ciudad de Santiago, sin embargo, el entonces Alcalde de Recoleta, don Gonzalo Cornejo, no pensó de la misma manera y dio curso a gestiones municipales para reparar la plaza y el monumento, iniciándose los trabajos en mayo de 2008. Esto permitió su reinauguración de este espacio, otrora olvidado, fétido y peligroso. Nos corresponde, entonces, hacer una pequeña semblanza sobre su historia y celebrar su recuperación.
Imagen de la Iglesia de San Francisco, hacia 1890. Junto a las carretas que transitan por la Alameda de las Delicias, puede verse la que, según creemos, podría ser la columna del antiguo Monumento a los Historiadores de la Independencia, en su primera ubicación.
Apecto del monumento hacia 1900, antes de la destrucción del bandejón central de la Alameda de las Delicias y de sus muchos árboles. Nótese que tiene instalado un busto sobre la columna central.
Fotografía del 12 de abril de 1928, del Archivo Fotográfico de Chilectra, donde se observa la posición del monumento en sus últimos días emplazado en la Alameda, en medio de los trabajos de construcción de tranvías.
Otra imagen de los trabajos de construcción de los tranvías, del 12 de abril de 1928, tomada del Archivo Fotográfico de Chilectra.
Pese a ser conocida más popularmente como Plaza de los Historiadores de la Independencia, este sitio, ubicado junto al Mercado de la Vega y la Pérgola de las Flores, se llama originalmente Plaza Tirso de Molina al igual que su feria vecina, aunque antiguamente era la parte más oriental de cuadra ocupada por la Plaza Artesanos, después absorbida por el mercado veguino y reducida al cuadrante pequeño junto a la Pérgola Santa María que hoy existe frente al ex Teatro Balmaceda, del lado opuesto al que estudiamos. El nombre con que hoy es identificada comúnmente la plaza en la entrada de Recoleta se debe a la presencia del obelisco central, que rinde homenaje a cuatro de los historiadores del período de la Independencia de Chile: Manuel Antonio Tocornal (1817-1867), Antonio García Reyes (1817-1855), Salvador Sanfuentes (1817-1860) y Diego José Benavente (1790-1867).
El monumento fue levantado por orden del entonces Intendente de Santiago, don Benjamín Vicuña Mackenna, en 1873. La columna y las placas con los rostros de los homenajeados fueron creados por el talento del destacado escultor nacional Nicanor Plaza, el mismo autor de las obras "Caupolicán" y "Quimera", que en aquellos años acababa de regresar desde Francia, siendo designado en el cargo de Director de la Escuela de Escultura.
Pero el monumento estuvo ubicado, originalmente, en un lugar distinto al que hoy lo alberga: se lucía en la Alameda de las Delicias, frente a Estado y a la entrada la Iglesia de San Francisco, sobre un terreno que antes había sido una especie de ciénaga o laguna pantanosa en La Cañada, que según don José Zapiola, era usada por la plebe como verdadera piscina pública, sin pudores ni rango de edad para los visitantes.
Así se veía la plaza a fines del año 2007...
Así se ve hoy.
Actual decoración de la plaza.
Su forma tampoco era la del obelisco que es ahora: semejaba más bien un pilar de gran altura terminado en un capitel y montado sobre una base escalonada. Por los cuatro lados de su nivel inferior, se veían los rostros de los historiadores en grandes placas circulares de bronce.

En las actas publicadas en la página web del Consejo de Monumentos Nacionales se comenta la ubicación de un segundo monumento de Plaza, muy parecido, esta vez para cuatro Escritores (ojo: no los historiadores) de la Independencia: Camilo Henríquez, José Miguel Infante, Manuel José Gandarillas y Manuel de Salas. Estaba en Alameda con Avenida Brasil, en la "Plaza de los Monos", así llamada porque al conjunto lo acompañaban cuatro estatuas de los pioneros de la imprenta, ya desaparecidas: Gutenberg, Shöffer, Fust y Coster. Este obelisco sería el que actualmente se encuentra recostruido en Parque Forestal, por lo que nos comprometemos a hablar a futuro de él. Mencionamos este conjunto porque creemos que en alguna ocasión ha sido confundido con el de los Historiadores.
La mala mantención y el vandalismo fueron destruyendo paulatinamente al monumento. Sobre su altura colocaron un busto, por razones desconocidas, al parecer de Cristóbal Colón (que aparece en las fotografías de 1900), perdiendo en parte su sentido de homenaje a los historiadores. Es nuestra costumbre, nada más, de estar alterando y cambiando permanentemente a los monumentos de la ciudad, como si extrañáramos a los terremotos que naturalmente los alteran o los echan abajo. Hacia los preparativos del Primer Centenario, además, la Alcaldía instaló una fea y desproporcionada estatua de yeso simbolizando la República sobre la misma columna, después pintándola de horrible color verde, pero debió ser retirada por las protestas de la ciudadanía contra semejante abominación estética, según comentara una vez Luis Orrego Molina.
En imagen publicada por el diario "La Tercera" en 1997.
Imagen del monumento en la Plaza Tirso de Molina, antes de que los medallones de bronce con los rostros de los homenajeados fueran sustraídos (Fuente: Monumentos.cl).
Coloridas flores de los hasta hace poco tristes y secos jardines de la plaza.
Se ha creído que el conjunto debió ser retirado y guardado por los franciscanos hacia inicios del siglo XX, precisamente por esta progresiva destrucción, quizás confundiéndolo con el de los Escritores de la Independencia, que ya hemos mencionado. Pero esto no es ha así: las imágenes del Archivo Fotográfico de Chilectra, tomadas el día 12 de abril de 1928, demuestran que el monumento estaba aún colocado allí mientras se construían los rieles del tranvía que recorrió por varios años la Alameda de las Delicias. Ésa habría sido, entonces, la aparente razón por la que el monumento acabó desmontado de su lugar y guardado en las dependencias del Convento de San Francisco, atrás de la iglesia.
En 1935, se encargó su traslado hasta la Plaza Tirso de Molina, en la entrada del ex Barrio la Chimba, junto al río Mapocho y cerca de donde antes había funcionado otro de los varios recintos de abastos del sector. Se halla en la cuadra de Recoleta con Avenida Santa María, Gandarillas y Artesanos, y no en el lado poniente de Parque Forestal, como asevera la ficha del Consejo de Monumentos Nacionales por un lamentable lapsus que sólo podemos suponer, nuevamente, asociado a la confusión de este monumento a los Historiadores de la Independencia con el de los Escritores.

Pero el conjunto artístico había quedado en tan mal estado que prácticamente tuvo que ser rehecho completamente por la casa constructora de N. Perona, ese año, quedando convertido ahora en un obelisco, que se levantó al medio de la plaza. De ahí que se la conozca erróneamente como la Plaza de los Historiadores de la Independencia, por este homenaje. Se le extendió a sus pies una fuente de agua y se la rodeó de cuatro figuras de hierro francesas, muy parecidas a las que han existido en el Cerro Santa Lucía y sobre la Municipalidad de Santiago.
Cabe indicar que las floristas de la famosa Pérgola de la Alameda también fueron trasladadas hasta este sector, algunos años después. Ellas se encontraban también desde la proximidad de la Iglesia de San Francisco, muy cerca del monumento original. Pero el vandalismo y el olvido volvieron a asechar a la obra. La plaza pasó a convertirse en un basural estéril y eriazo. El verdor se perdió, las aguas de la fuente se secaron y los rostros de los homenajeados fueron robados. Comenzó a ser habitada por mendigos y, para los años noventas, se convirtió en refugio de delincuentes y drogadictos. Fue en estas condiciones que la encontramos al publicar nuestro anterior posteo sobre esta plaza.
 
 
La Municipalidad de Recoleta, a través de su Departamento de Ornato, decidió echar manos en el asunto en el marco del intenso programa de recuperación y restauración urbana de los barrios Mapocho, Independencia y Recoleta, iniciado hace pocos años. La plaza fue remodelada y el monumento reconstruido. Se volvió a colocar color vegetal en sus jardines áridos y se decoró el conjunto con esferas ornamentales. Los árboles, ayer moribundos, ahora vuelven a mostrarse vivos y frescos, como probablemente no lo estaban desde hacía algunas décadas. Una placa luce orgullosa la responsabilidad municipal y alcaldicia en la recuperación de esta plaza.
Fue reinaugurada con este nuevo y positivo aspecto el año 2008. Es, por lo tanto, nuestra Plaza de los Historiadores de la Independencia o Plaza Tirso de Molina en versión 2.0, actualizada y corregida. A esta recuperación del espacio se agrega el descubrimiento de murallones de los tajamares coloniales del Mapocho durante la construcción de la Costanera Norte, a un costado de la plaza por calle Artesanos, aunque están tras reja y siguen sirviendo de albergue a alcohólicos, además acumular gran cantidad de basura, cosa que la Municipalidad tendrá que resolver pronto por la dignidad de estas reliquias históricas.
Nuestra única crítica, por ahora, es quizás la dudosa calidad de las reproducciones de los nuevos rostros de los historiadores, que se hicieron en un material más ligero para sustituir los que fueron robados. Nos parece que el artista que hizo los actuales medallones de homenaje se enfrentó a una dificultad superior a sus talentos, pues los historiadores le quedaron con aspecto un poco impreciso, caricaturesco, como si los cuatro estuviesen afectados por microcefalia. Sin duda, nada reemplazará las originales de Plaza, pero, al menos, se habría esperado una sustitución más esforzada en la aproximación del esplendor que tenían las primeras. Sin embargo, a estas alturas es una solución digna y esperable tras un siglo o más de ignominia de parte de las autoridades de Santiago, que maltrataron por acción u omisión la importancia de este monumento.
Bien por Recoleta, entonces, que devolvió un espacio que parecía, hasta hace poco, completa e irremediablemente perdido. Veremos ahora si la mantención y protección del lugar permite que no experimente alguna recaída en la penosa decadencia anterior.
Así lucía el obelisco-monumento hace dos años...
Así se observa ahora, tras ser restaurado.
TIERRA DE NADIE EN RECOLETA: TRISTE REALIDAD DE LA PLAZA DEL MONUMENTO A LOS HISTORIADORES DE LA INDEPENDENCIA
(Nuestro primer artículo sobre esta plaza y su monumento, 5 de diciembre de 2007)
Hace un par de años, cuando bullía la escandalera peruana contra Chile y contra de los videos turísticos hechos por unos gringos mostrando la ciudad de Lima sin omitir las peores partes y que eran exhibidos en aerolíneas Lan Perú de capitales chilenos, una periodista de una conocida cadena de televisión del país incásico vino a Santiago con un asistente y, picada como ella sola, intentó hacer una descripción sumamente peyorativa y agresiva contra nuestra capital.
Patéticamente infantil, y mal aconsejada por la ira, al no poder encontrar acá empate con lo que el aventurero inglés veía en la ciudad limeña (por razones obvias, no podía ir a buscarlas en la “Pequeña Lima” al lado de la Catedral), terminaba metiéndole la cámara en la cara a los peatones del centro para provocar reacciones odiosas; luego, partió a los carros del metro para reclamar que “nadie le sonrió” mientras la hacía ojitos a los pasajeros y, finalmente, terminó parada en una casa en ruinas y llena de basura pretendiendo que ésa era la imagen que Santiago de Chile le esconde al mundo. Fue lo peor que pudo encontrar.
Sin embargo, si el par de reporteros peruanos enviados a esta elogiosa y alta "misión" chilenófoba hubiesen tenido algo de talento y capacidad investigativa para denostar a la misma ciudad en la que viven cerca de 100 mil o más paisanos suyos (pasemos de largo eso de que lo hacen en calidad de inmigrantes legales e ilegales), les habría bastado con visitar el apocalíptico escenario ofrecido por la Plaza Tirso de Molina, llamada también Plaza de los Historiadores de la Independencia, a un costado del barrio de la Vega Chica y Vega Central y en el cruce de las avenidas Recoleta y Santa María, en la entrada de la Comuna de Recoleta cruzando el Río Mapocho.
Allí habrían encontrado un panorama digno de los últimos días de Berlín cayendo ante la invasión aliada o bien del peor momento de Sarajevo o de cualquier lugar “donde las calles no tienen nombre”, como dice la conocida canción de "U2".
Pasé por allí después –no antes, por suerte- de una panzada de pescado frito en el local donde atiende un simpático compadre de la Vega Chica que trabaja con su novia dueña del local y bastante buenaza, debo reconocer. A la hora que paso antes, seguramente pierdo el apetito y me paso de largo el almuerzo.
La “plaza” es una pesadilla al lado de la Feria Tirso de Molina. Luce arrasada, devastada por la atrocidad, como lo haría un bombardeo, seguido de un incendio y finiquitado con una plaga devastadora. Salvo por uno que otro arbusto sobreviviendo a la sequedad, casi nada verde se ve hacia su interior. Sólo hay algo verde y con aspecto moribundo más bien en los árboles de sus contornos… Mejor dicho, no se ve nada verde que esté vivo. Casi atemoriza. No puedo creer que exista este enclave del infierno en medio de la civilización. Es una fosa; o peor, una cloaca. Unos días después la miré desde la altura, desde la extendida y cómoda terraza de mi amigo y ex jefe Manolete, que tiene su residencia por allí cerca. Confirmé todo: este lugar es horrible por donde se le mire, arriba, abajo, de costado y diagonal.
El obelisco que otrora se alzara como orgulloso monumento “A los Historiadores de la Independencia”, según reza en su estructura, ahora se ofrece pobre, miserable, ruinoso, tan gris y abandonado que sólo algunos malditos grafiteros le han dedicado algo de atención. Está cubierto de algo negro y espeso que sospecho también alojado en mis pulmones tras algunos buenos años viviendo acá cerca.
Casi da pena leer los nombres de los historiadores indignamente grabados bajo el espacio vacío que hay en donde otrora se encontraban las efigies de sus respectivos rostros: Antonio García Reyes, Salvador Sanfuentes, Diego José Benavente y Manuel Antonio Tocornal.
A sus pies, sobre el pasto reseco, yace tirado un anciano supongo que totalmente borracho, bajo un sol incandescente de más de 30 y tantos grados. El olor agrio y nauseabundo de todo el entorno me impide descubrir si el calor sólo lo está chambreando o si definitivamente le está acelerando su descomposición. No se mueve y parece no respirar, pero al menos no tiene moscas, aunque su posición en el suelo es típica del borrado derrumbado. Un fragmento del tajamar colonial encontrado en los trabajos de la Costanera Norte y ubicado al lado de la plaza por calle Artesanos, también se encuentra en este deplorable estado: convertido en basurero.
Un tipo joven que se lava los pies en un gran tarro plástico con agua por el lado que da hacia la Vega, se ríe mientras miro curioso al viejo desparramado en el suelo. Le acompañan un niño y otro hombre que se ve un poco mayor que él. A veces estas personas terminan siendo la mejor fuente de documentación cuando uno quiere investigar sobre esta clase de lugares.
- Se robaron todas las caras, una por una –me comenta con sorna antes de que alcance a preguntar nada, mientras apunta al lugar donde debían estar los retratos de los historiadores, soltando una risotada-. Lleva no sé cuánto tiempo ya así. ¡Ahora sí que llama la atención!
El otro tipo que le acompaña también me mira con curiosidad mientras saco las fotografías que aquí acompaño. Se ríe con una expresión burlesca. Presiento que algo va a decirme de forma sarcástica.
- ¡Mire la fuente tan linda del señor Cornejo! –Me grita aludiendo al Alcalde de Recoleta y señalándome la parte trasera del monumento- ¡Esas fotos sí que se van a ver bonitas!
Le hago caso y descubro de inmediato un espectáculo aún más denigrante y decadente. ¡Ya ni la guerra sería suficiente para explicar esto! Es un basural, o algo peor, infrahumano.
Mientras veo atónito este paisaje, una mujer de pelo corto vestida con restos de vestidos sacados de la basura camina cerca de mí, con total indiferencia levanta sus faldas descubriendo sus nalgas y comienza a orinar sin pudor alguno por mi presencia o por mi cámara. La vería algunos días después nuevamente, pero por el lado de Alameda Bernardo O’Higgins, con esa misma vista perdida y sus mismas prendas armadas con harapos.
Noto también que varios indigentes han convertido la plaza en su refugio, levantando casuchas de cartón y restos de madera. Me miran con hostilidad. Uno de ellos, de bigotes y rostro agresivo me observa muy, muy desconfiadamente, y no responde a mi saludo. Evito tanto como puedo darle la espalda. Veo otro lavando ropa hacia el lado de la Avenida Recoleta, en un grueso tubo roto del que cae un hilo de agua que seguramente alimentaba antes la fuente que me han invitado a observar.
 
Ancianos y gente joven completan esta visión siniestra de un enclave surrealista en medio de la ciudad, en medio de la urbanidad misma. Unos microbuses con los infames colores del Transantiago parecen abandonadas unos metros más allá, por el lado de avenida Santa María, estilando aceite oscuro sobre el suelo yermo y estéril.
Miro finalmente la “fuente”, que alguna vez estuvo antecedida por gallardas cuatro estatuas de hierro que ya no existen. Está tan destruida y contaminada que cuesta reconocer sus formas, como de piscina baja. La basura de años se mezcla con excrementos humanos fermentados y fétidos al sol. El hedor a fecas y a orines se hace insoportable. Apenas puedo caminar entre este campo minado de heces para acercarme a la cara oriental de este monumento. Esto es irracional, inexplicable. Miro sin poder convencerme de que la postal de esta plaza sea real, que en verdad exista en el Santiago del siglo XXI.
Me retiro pensando que he visto una imagen de degradación urbana y de la peor escena de decadencia humana que probablemente me haya tocado observar desde hace muchos años, y que creía inexistentes ya, al menos en este lugar de la capital. La peste me acompañará por todo el resto del día, pero desaparece al avanzar la noche. El recuerdo, en cambio, lo sigue haciendo hasta hoy.
Actualmente, existe un Plan Maestro de Renovación del Barrio Mapocho con plazo de cumplimiento al año 2012, sustentado por las Municipalidades de Recoleta y Santiago, además de los Ministerios de Obras Públicas, de Transportes, de Bienes Nacionales, de Vivienda y Urbanismo, de Salud y el Servicio Nacional de Turismo. La primera etapa visible de este plan son los actuales trabajos en Avenida La Paz, que han provocado más de un reclamo, pero que a la larga serán tremendamente positivos para la ciudad. Aún así, leo en un boletín oficial de la Intendencia de Santiago recientemente publicado, que entre las muchas etapas del proyecto, algunas de las cuales llevan el título de “Remodelación” directamente de los espacios del barrio, la correspondiente a la Plaza de los Historiadores de la Independencia sólo contempla un “Mejoramiento”. No puedo concebir la idea de arreglar este recinto si no es remodelándolo por completo, pues insisto en que sólo la destrucción de un bombardeo o una catástrofe de proporciones podría ser comparable al estado en que hoy se la encuentra.
Como muchos de los casos que he intentado estudiar en estos escritos, también tendrá que quedar en manos del tiempo el destino de este trozo del Pandemonium enclavado directamente en la ciudad de Santiago que, a diferencia de otros casos, recomiendo encarecidamente no visitar, por ahora.

2 comentarios:

  1. Ya ha pasado mucha agua bajo el puente, (literalmente), pero luego de elogiar y reconocer su aporte a la puesta en valor del patrimonio olvidado de nuestro pueblo, lo cual se les agradece profundamente, debo señalarles un punto no menor , y que podría asta parecer pretencioso, pero la verdad no lo es en lo absoluto, las restauraciones en Chile, son en su gran mayoría, y en especial las municipales, hechas a la rapida, sin un soporte profesional y académico serio o mínimamente entendidos en el tema, se busca a un artesano o escultor que se atreva a hacer el restauro, y la curatoría de este se deja en manos del criterio de la administración pública o privada mandante y no de un esteta o académico de arte que pueda realmente hacer un juicio justo de la restauración y velar por una restauración apropiada,no es facil, los costos son el doble o más en comparación de contratar una empresa constructora y que ellos se encarguen de encontrar al supuesto profesional apto para el proyecto, el resultado ya esta a la vista, los modelados de los medallones de el monumento a los historiadores , es , francamente , horrendo, malo, ni un alumno de segundo año de cualquier carrera de arte podria modelar algo tan mal, no responde a ninguna tendencia de modelado de la época en cuestión, ni menos a la maravillosa maestría de don Nicanor Plaza, escultor que modelo originalmente los medallones, en fin , es un problema que debemos superar como sociedad a través de la educación de todos y de todo.existen archivos tanto en el Museo Nacional de Bellas Artes, Universidad de Chile, Archivo Nacional, biblioteca Nacional, ex empresas públicas, Congreso y cámara de diputados, en fin, Restauro no es solo reponer lo faltante, es investigación, puesta en valor real del patrimonio, por medio de gestion e investigacion cultural.

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  2. Mensaje rescatado de la entrada anterior sobre la plaza, adjunta al final de este artículo:

    Anónimo3 de septiembre de 2012 a las 22:54

    Menos mal que recién la vengo a conocer hace algunos meses, nunca me imaginé que pasó por ese estado.
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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.