martes, 3 de marzo de 2009

APOLOGÍA SANTIAGUINA DE LA PALMA CHILENA

Paisaje de los palmares de Cocalán, por el artista Onofre Jarpa.
La palma chilena, o Jubaea chilensis de los científicos, tiene varias particularidades estéticas y biológicas que observaron Molina y otros estudiosos chilenos, y que la hacen única en varios sentidos. Alguna vez fue llamada Jubaea spectabilis, aunque para suerte nuestra, ahora tiene nacionalidad.
La especie es endémica de la Zona Central de Chile, entre los 32° S y 35° S, particularmente del sector mediterráneo, hacia el interior. Los indígenas le llamaban Kan-Kan y le dieron varios usos. Hallazgos de polen fosilizado confirman su aparición en el territorio, cuanto menos, en el período Terciario. Es decir, ya era "chilena" en el Cenozoico, unos 65 millones antes de nacer Chile.
Quizás lo más característico de ella sea su tronco grueso, más bien liso y con aspecto de columna gris de estilo dórico, pues tiene la tendencia a estrecharse en la base y aún más notoriamente hacia el extremo superior, careciendo del "capitel" de ramas romas que es típico de la mayoría de las demás palmas. Es el esfuerzo que la planta realiza al producir sus frutos lo que marca tan notorio estrechamiento del tronco, desde un punto de su altura hacia arriba. Sólo florece después de unos 50 años de vida. También es una de las palmáceas más longevas, pues se tienen registros de palmas chilenas con más de mil años. Sus raíces son un tanto dispersas y carentes de un ápice principal, pero pueden extenderse hasta 15 metros.
Se la puede hallar naturalmente desde la zona Sur de Coquimbo hasta el río Maule, pero es en la Región de Valparaíso donde con más abundancia se concentra, especialmente en el Parque Nacional del Cerro la Campana, en la Hacienda del Cocalán, en los Palmares de El Salto y en Ocoa, siendo algunas de ellas las principales reservas por siglos ya. Se la reconoce también como la especie más sureña de todas las palmáceas después de la nikán (Rhopalostylis sapida, de Nueva Zelandia), llegando a tolerar fríos de -15º. La más austral de la que se tiene registro estaría en la ciudad de Frutillar, y fue plantada allí, junto al Llanquihue, con propósitos ornamentales.
En términos estrictos, las palmas no son árboles propiamente tales, sino plantas más relacionadas con las hierbas, pero que evolucionaron a tamaños descomunales. Con sus casi 25 metros de enorme altura, la palma chilena puede no ser la más alta, pero sí la más corpulenta de todas.Curiosamente, el fruto de esta gigante es pequeñísimo comparado, por ejemplo, con los cocoteros: el "coquito", de unos 5 cms. de diámetro, que crece dentro de grandes vainas llamadas espatas y que se emplea con frecuencia en la repostería y producción de confites.
Estos coquitos confitados son una de las golosinas más antiguas y tradicionales de los mercados populares santiaguinos, típicos de los antiguos carritos maniseros con formas de barcos, además de ser utilizados hasta hoy en la pastelería y chocolatería fina.
El cronista Antonio de Herrera aseguraba hacia inicios del siglo XVII, sin embargo, que este coquito era consumido también de forma medicinal, para contrarrestar envenenamientos. Veremos que también se la usó como medicamento para malestares aún más íntimos.
Otro producto se extrae de su tronco: su dulce savia, conocida comercialmente como "miel de palma". La nobleza de estos productos de la palma ha sido su condena al peligro de extinción, sin embargo: existe la malvada costumbre, por ejemplo, de quemar el tronco de la palma para acelerar su producción y concentración de "coquitos", que los recolectores venden a relativo buen precio. La planta reacciona a las lesiones de fuego intentando salvar su descendencia y proliferando sus frutos. En las inmediaciones de Valparaíso, por ejemplo, este nefasto hábito tiene a un gran porcentaje de los ejemplares con visibles quemaduras o simplemente muertos, amparados en la impunidad de sus verdugos.
La extracción de la miel también ha liquidado vastos palmares nativos, pues las palmas son derribadas y su tronco es afilado a cortes de machete o hacha desde las hojas hacia la base. Periódicamente, se extrae la savia desde estos cortes, la "miel" que se vende envasada como jarabe. Para desgracia de la planta, no se ha dado con algún procedimiento de extracción que no incluya, necesariamente, la muerte del árbol.
Palmares de Ocoa, retratadas por Onofre Jarpa.
Más palmares retratados por los pinceles de Onofre Jarpa.
Palmas chilenas de El Salto, en fotografía de Einar Altschwager de 1930 (Museo Histórico Nacional)
Pese a lo mal que la hemos tratado, la palma chilena acompañó los primeros pasos de la urbanización de la Zona Central. Los indígenas la usaban, por ejemplo, para construir chozas y tiendas con sus ramas. Algunas tempranas referencias sobre su importancia y presencia en tiempos coloniales, las aporta el padre Alonso de Ovalle, en su "Relación Histórica Reino de Chile", de 1646, donde escribe:
"Los árboles frutales, que se nace y crían en los montes, son muchos, y de varias fuentes. Demos el primer lugar a los que entre todos se llevan la palma no sólo por convenirles el nombre y el significado, sino porque su altura, hermosura y abundancia, y la de su regalado fruto, les hacen lugar entre los de más estima.
Críanse estas palmas de ordinario en los montes y quebradas, tan espesos que mirándolas de lejos parecen almácigo puesto a mano; son muy gruesas y altas, todo el tronco desnudo hasta el cogollo, porque su naturaleza es tal que, al paso que se va vistiendo de nuevos ramos, se va despojando de los viejos antiguos, con que el tronco subiendo siempre exento y desembarazado de las ramas, que por uno y otro lado suelen nacer en los demás árboles, y ofuscarlos, se ocupa todo en alimentar y vegetar la copa, y el palmito, que hace dentro de ella, sirviendo de pirámide en que se corona con admirada rueda de ramos y hojas que le rodean".
Ilustración "Una Chingana", del Atlas de la Historia Física y Política de Chile, por Claudio Gay hacia 1854. Se observan ramas de palma en la construcción de la fonda y, en el fondo, también se alzan palmas que, por su tamaño y tronco liso, parecen pertenecer a la chilena.
Los entonces flamantes palmares instalados en el Cerro Santa Lucía, en fotografía publicada en 1874. La mayoría de estas palmas chilenas desapareció del paseo, en décadas posteriores.
"Coquitos" de palma chilena (fuente imagen: palmacesaf.uchile.cl).
Otra crónica interesante la entregó Diego de Rosales en su "Historia General del Reino de Chile, Flandes Indiano", escrito hacia 1655, pero publicado recién en 1877, por iniciativa de don Benjamín Vicuña Mackenna, otro gran e ilustre admirador de la palma. Escribe allí, el famoso cronista, refiriéndose especialmente a la presencia de la planta en la primitiva ciudad de Santiago, cuando la ignorancia de la sociedad criolla creía que nunca se extinguirían ante la explotación de la que ya eran objeto, por entonces:
"Palmas hay muchas en la comarca de la ciudad de Santiago: son muy diferentes de las de España, porque no dan dátiles sino unos cocos del tamaño de una nuez, pero la cáscara más gruesa y más dura, y la comida de dentro, blanca y dura, algo sabrosa. De los secos cocos se exprime aceite mantecoso y de muy buen gusto. Úsase poco de él para comer por haber aceite de olivos el necesario, pero es muy medicinal para mitigar el dolor de las almorranas, como lo notó el Doctor Andrés de Laguna. Son buenos estos cocos para confitados, y en cáscara son el entretenimiento de los muchachos, que con ellos juegan a las bolas, por ser duros de cáscara, y a otros muchos juegos. Estas palmas tienen las ramas y las hojas como las palmas de dátiles, fructifican a vista de su consorte y también sin él...
...Tienen estas palmas dentro del corazón un palmito sabrosísimo y delicado al comer, y los pasajeros suelen derribar una palma sólo para sacarle el corazón y por el regalo del palmito, y como hay muchas no se siente el desperdicio de un árbol. Otra cosa tiene mas admirable y provechosa, que es el sumo y licor que de sí despide en grande abundancia en punzándola; es muy dulce y de él hacen chicha para beber, y en dándole punto al fuego se hace una miel excelente, tan buena como la de caña dulce, y tal que apenas se diferencia la una de la otra, de que sacan alguna cantidad para sus granjerías".
Saco o botija de cuero de cabra usada en antaño para el traslado de la savia de la palma chilena para la obtención de la cotizada miel. La vieja actividad de extracción de este producto ha sido el mayor peligro para la especie, por efectos de sobreexplotación del recurso (Museo Nacional de Historia Natural).
Viejo tronco de Palma Chilena en el Museo Nacional de Historia Natural.
Tarro clásico de la miel de palma de la Hacienda de Cocalán, una de las más tradicionales y antiguas en el mercado chileno.
Cabe recordar que muchas de las primeras ramadas y chinganas levantadas en los alrededores de Santiago por los criollos, estaban confeccionadas con sus largas plumas verdes, de modo que no sólo la condición nativa y exclusiva de esta palma con nuestro terruño la acerca a la chilenidad y al folklore. En el famoso dibujo "Una Chingana" de Claudio Gay, por ejemplo, se observa un toldo de festejos patrióticos armado con ramas secas de palma, hacia mediados del siglo XIX, además de unas altas y elegantes palmas entre los árboles que se encuentran en el entorno. Así, siempre estuvo presente en la construcción de plazas y parques, desde la Colonia hasta nuestros días. Vicuña Mackenna cuenta también cómo eran exportadas y producidas de a miles, en su época.
Pero fue el Abate Juan Ignacio Molina quien había hecho una de las primeras y más precisas descripciones científicas sobre la hermosa palma, en su "Compendio de la Historia Geográfica, Natural y Civil del Reino de Chile", hacia 1787:
"La Palmera o palma de coco, Palma Chilensis, de la cual se encuentran bosques inmensos en las provincias de Quillota, Maule y Colchagua, se diferencia de las demás especies de su propio género en la respectiva pequeñez de sus cocos o frutos que no son mayores que una nuez común. Su tronco, que crece y engruesa tanto como el de la gran palma de dátiles, es derecho, cilíndrico y carece de ramas; bien que en los primeros años de su crecer aparece cubierto de los extremos de las palmas que arroja, y que se caen a medida que el árbol se eleva, lo cual hace con gran lentitud. Las hojas son parecida a las de las palmas comunes, e igualmente sus flores las cuales son monoicos como que las demás palmas de cocos, esto es machos y hembras en todo los árboles. Estas flores están pegadas a cuatro racimos, llamados cajas, pendientes de los cuatro lados de la palma y que nacen encerrados dentro de un cortezón, o envoltura leñosa, cóncava y convexa. Luego que empiezan a abrirse las flores, se hiende de caja por la parte anterior; y cuando las frutas engruesan, se abre enteramente en dos semiesferoidales de tres pies de largo y uno de ancho. Cada racimo lleva más de mil cocos, siendo a la verdad la cosa digna de ver una palma cargada de sus frutos en esta manera, y a los cuales hacen sombra las ramas de encima, que se encorvan hacia el horizonte, a manera de arcos".
Los conocimientos sobre estas palmas llegarán a Europa no sólo con las lecturas de estos escritos coloniales, sino también por el arribo de pequeñas especies e inclusos coquitos para usarlos como semillas e introducidas allá, como en España, Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, generalmente terminando en la decoración de algún palacio o algún jardín botánico, donde todavía se encuentran. Las vastas cantidades de palmas chilenas que crecían entonces en todos los cerros y valles de Valparaíso, como se observa en la opinión de estos cronistas, fueron una actividad de alimentó el emprendimiento de quienes se la llevaron de viaje a sus tierras. Ya existían entonces, además, los admiradores ilustres de las palmas chilenas: el pintor Onofre Jarpa (1849-1940) fue uno de ellos, y le dedicó varios óleos a su apasionada simpatía por el vegetal, cuadros todos ellos de inmenso valor y de extraordinaria belleza. Hemos reproducido algunos de ellos de esta entrada, precisamente para resaltar el valor cultural y artístico que inspirara esta palmácea nuestra.
El interior de la ciudad de Santiago también tuvo hermosos ejemplares que la acompañaron toda su vida colonial y republicana. Una de estas palmas estaba en el nacimiento oriental de la calle de Santo Domingo, y es descrita por Vicuña Mackenna calculando que debía ser anterior a la época de invasiones incásicas.
Vitrinas y paneles dedicados especialmente a la Palma Chilena en el segundo piso del Museo Nacional de Historia Natural de la Quinta Normal.
Dos etapas del proceso de extracción de savia de la palma chilena para la obtención de miel: a la izquierda, tronco ya cortado y estilando; a la derecha, hervido de la miel (fuente imagen: Museo Nacional de Historia Natural).
Palmas de Avenida Brasil, exactamente frente a la Plaza.
Los principales lugares del cuadrante central y de zonas más conocidas de la ciudad de Santiago donde actualmente se encuentran ejemplares de palma chilena y en número más o menos importante, son los siguientes:
  • Alameda Bernardo O'Higgins, entre Plaza Baquedano y la proximidad de calle Namur y del Monumento de los Mártires de Carabineros. Son varios ejemplares nuevos, de bajo tamaño, que se encuentran en el bandejón central desde 1998. Fueron donadas por los propietarios de la la Hacienda las Palmas de Cocalán, histórica productora de la especie, como hemos visto. Se trata de palmas jóvenes, por lo que no lucen con su aspecto más característico, pero de aquí a algunos buenos años serán un ornamento hermoso para la ciudad, mientras a ninguna autoridad se le ocurra sacarlas para alguna nueva "remodelación" en el sector, por supuesto.
  • Plaza de Armas de Santiago. Para nuestro gusto, uno de los escasos méritos de la gran renovación-transformación de esta plaza realizada entre 1998 y 2000, fue la instalación ordenada de varios ejemplares de palmas chilenas adultas. Es, quizás, el mejor lugar de Santiago Centro para observarlas tan de cerca y admirarlas o retratarlas en su plenitud y en su aspecto adulto más propiamente característico.
  • Cerro Santa Lucía, especialmente por el lado de la entrada Norte. Son ejemplares adultos de gran belleza y algunos están señalados con carteles en el jardín botánico principal. El ejemplar más elegante, probablemente sea el que se encuentra en el camino central al lado del árbol llamado palo borracho. Aunque hoy quedan sólo algunas, originalmente eran parte de un palmar de veinte ejemplares que había en este sector llamado Camino al Restaurante, y que se creó con palmas que Vicuña Mackenna hizo traer desde Cocalán, hacia 1874. transplantadas en una pomposa ceremonia. "Es de esperarse que cuando esos árboles majestuosos adquieran un mediano desarrollo, serán ése el atractivo más poderoso del paseo, especialmente para los extranjeros", escribiría Vicuña Mackenna, dos años más tarde. No está del todo claro por qué desaparecieron tantas de estas palmas desde el aludido sector del cerro.
  • Parque Metropolitano del Cerro San Cristóbal, en el Jardín Mapulemu, alrededores del Torreón y la Piscina Tupahue y otros casos transplantadas en tiempos más bien recientes. Quizás deslucen por el entorno de árboles más espesos y abundantes, pero hay algunos ejemplares de gran belleza y antigüedad.
  • Parque Forestal, por el sector de los museos y del Castillito.
  • Barrio Mapocho, jardines del edificio de la Policía de Investigaciones de Chile (ex Instituto de Higiene).
  • Parque los Reyes, dispersas cerca de la Estación Mapocho, por el sector de los silos y del skatepark construido hace pocos años.
  • Plaza Balmaceda, con dos ejemplares en la conjunción de las calles Balmaceda, Carrascal y Maipú cerca del barrio Yungay.
  • Interior del Santuario Padre Hurtado en el Hogar de Cristo, patio trasero sector del Museo, con cerca de 10 ejemplares.
  • Ex Avenida Norte-Sur Jorge Alessandri Rodríguez, actual Autopista Central, en algunos de los tramos de los bandejones cercanos al Centro de Justicia y al Parque O'Higgins. Se trata de ejemplares jóvenes, aunque fueron plantadas allí en 1981. Dado su lento crecimiento, lucen aún pequeñas.
  • Parque O'Higgins, ex Parque Cousiño, en los alrededores del "pueblito". Hay algunos ejemplares en la plaza de Blanco Encalada frente al acceso Norte del Parque. Como en el caso del Parque Metropolitano, quizás deslucen un poco por el espesor y la variedad del entorno verde, pero su presencia de todos modos es interesante en el paisaje.
  • Avenida Brasil, entre Alameda y Compañía. De gran belleza, fueron transplantadas en el bandejón central de la avenida en dos etapas, aproximadamente en los años 1919 y 1934. Es una de las buenas y más interesantes concentraciones de palmas de este tipo en la ciudad, además de encontrarse en uno de los sectores tradicionales e históricos, como es Barrio Brasil.
  • Cementerio General de Recoleta, dispersas por algunas cuadras del camposanto. Carlos Lavín comenta en su trabajo "La Chimba" (Editorial Zig-Zag, 1947), que las más bellas palmas del conjunto estaban entonces hacia la actual entrada frente a Avenida La Paz, "decorando en primer término el telón de fondo que presentan la capilla, los prados de exóticos arbustos y las filas de añosos y adustos cipreses".
  • Jardines de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, en Independencia.
  • Parque de la Quinta Normal, por la proximidad del Museo de Historia Natural y la laguna a pesar de que, paradójicamente, las que están colocadas exactamente frente al museo corresponden a ejemplares exóticos de palmáceas.
  • Acceso de la Ciudad Deportiva de Iván Zamorano en Las Condes, al final de la Avenida Bilbao. Debe tratarse de una de las mayores concentraciones de palmas chilenas que pueden verse en áreas urbanizadas de la ciudad.
  • Jardines y estacionamientos del Mall Plaza Tobalaba en Avenida Camilo Henríquez, en la comuna de Puente Alto.
Bellas y altas palmas chilenas en el Parque Metropolitano del Cerro San Cristóbal (fuente imagen: laspalmeras.cl).
Palmas en edificios educacionales: a la izquierda, antigua palma chilena en los jardines del Liceo Manuel Barros Borgoño, en avanida San Diego, por el alguna vez denominado Barrio Matadero de la capital; a la derecha, palma de los jardines del Liceo 7 de Niñas de Providencia.
Palma chilena del Parque Forestal, frente al Palacio de Museo de Bellas Artes.
Y por el Museo de Arte Contemporáneo, en I. Valdés Vergara con Miraflores.
Otro ejemplar en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile, por las instalaciones que dan hacia el lado del Parque San Borja.  Ésta era famosa por ser residencia de ratas escaladoras.
Palma chilena en los jardines del Palacio Cousiño.
Esta debe ser la palma chilena más extraña en todo el país, ubicada en la plaza frente a la entrada Norte del Parque O'Higgins, en Blanco Encalada, en la Plaza Ercilla. Al parecer, la palma se derrumbó pero sobrevivió y siguió creciendo con el tronco torcido, como se aprecia.
Palmas chilenas de la Plaza de Armas. Al fondo, la Catedral de Santiago.
Palmas del sector Norte-Oriente de la Plaza de Armas.
Palmas del bandejón de Alameda, cerca de Plaza Baquedano.
Palma al final de Avenida Providencia, en Tobalaba.
Palma en el empalme de av. Bilbao con Latadía.
Frente al acceso norte del Parque O'Higgins (Plaza Ercilla).
Palmas del Barrio Mapocho: a la izquierda, situada en los jardines de la Dirección de la Policía de Investigaciones, en Independencia a la entrada del ex barrio de La Chimba; a la derecha, palma de la Avenida Balmaceda frente al Parque Los Reyes, junto a los edificios de Aguas Andinas (antes patios de la desaparecida Cárcel Pública).
Existen ejemplares de la palma, también, en otros lugares fuera del rango central de la capital, como la Ciudad Empresarial de Huechuraba, el Palacio Riesco, la Viña Cousiño Macul, el Club Palestino, el Liceo 7 de Niñas de Providencia, la Plaza Ñuñoa, el Parque Juan XXIII en Ñuñoa, el patio y el jardín de la Casa de la Cultura de Ñuñoa, el Parque Canal San Carlos de Tobalaba, el Hospital Sótero del Río en Puente Alto, además de varias otras palmas dispersas por plazas y esquinas de la ciudad. Lamentablemente, sin embargo, los expertos y amantes de la palma advierten un desequilibrio generacional: un visible freno en el entusiasmo por colocar palmas chilenas en los trazados urbanísticos, los que, en general, priorizan criterios de decoración con palmas extranjeras y menos elegantes que la chilena, como ha sucedido en algunos sectores de Avenida Kennedy, las Condes y Tabancura. Como dato curioso, además, cabe señalar que en un parque botánico de palmeras de calle Bolognesi en la ciudad peruana de Tacna, existen unos ejemplares de palma chilena pero rotulados impropiamente como "palma botella", no sabemos si por alguna equivocación o bien por algún resquemor patriota.
Para poder protegerla de esta depredación y de esta ignominia con relación a su valor como símbolo, fue emitido el Decreto Ley Nº 701 del 14 de octubre de 1974, que regula su tala y explotación dejando las autorizaciones y fiscalizaciones en manos de la Corporación Nacional Forestal (CONAF). Sin embargo, no se la ha declarado Monumento Nacional, como sí ocurrió, en cambio, con la Araucaria araucana y el Alerce.
Frente a estas injusticias y a la persistencia de una apatía injustificada contra ellas, en 1997 se creó la Fundación para la Recuperación de la Palma chilena por los propietarios de la Reserva Ecológica Oasis de La Campana, de Ocoa, agrupando hasta hoy a los admiradores de esta planta. El 6 de marzo del año siguiente, se le concedió la personalidad jurídica a la agrupación.
La falta de estímulo y de conocimiento es, para nuestro gusto, la razón del descenso entre la cantidad de palmas que se han colocado en la ciudad. Muchos alcaldes, además, insisten en seguir forestando plazas o bandejones con palmas como la palmera canaria (Phoenix canariensis) o la palmera abanico (Trachycarpus fortunei), entre otras. El asunto de la economía es siempre la excusa, en estos casos.
El fomento de la palma chilena, tanto por sus bellezas, propiedades y valor simbólico, se hace necesario en una urbe donde el verdor orgánico compite permanentemente con la esterilidad del concreto. Recomendamos indagar en trabajos publicados por el Doctor Juan Grau sobre las palmas en Chile, para aprender más sobre ellas y coincidir con nosotros en la vitalidad esencial de su presencia en la ciudad.
Palmas Chilenas en el parque de la Quinta Normal.
Palmas de la Plaza de Armas.
Ejemplares del Cementerio General.
Palmas chilenas en el Cerro Santa Lucía.
En los jardines y patios de la Casa de la Cultura de Ñuñoa.

4 comentarios:

  1. Muy interesante el trabajo sobre la palma chilena, muy merecido también, a veces nos distraemos con los paisajes extranjeros, sin dedicar el mismo tiempo en valorar las riquezas de nuestro propio suelo.
    Quisiera saber la historia de los primeros dueños de la Hacienda las Palmas de Cocalán, pues mi madre decía que sus abuelos, fueron los dueños de esta gran Hacienda alguna vez.

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  2. Me he fijado principalmente en calles como santa rosa la parte de san joaquin o vicuña mackena en la florida o lo espejo cuando hay dos palmas chilenas antes habia una casona, era como signo de estatus al parecer, tanto es así que hasta se puede ver una medida en las dimensiones del terreno en la que estuvo la casa o sus cimientos. Colocaban 2 en la entrada de las casonas o palacetes, es solo que observo mucho, muy bueno tu blog

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  3. COMENTARIOS RESCATADOS DEL ARTICULO ANTERIOR FUSIONADO CON ESTE:

    Anónimo18 de diciembre de 2010, 14:03

    en la municipalidad de pudahuel hay 16 ejemplares adultos de jubaea chilensis, incluido un mounstro de 1,55 mt de diametro de estípite.
    en la entrada de la municipalidad.
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    Criss18 de diciembre de 2010, 14:17

    Gracias... Qué buen dato. Pasé algunas veces por ahí y nunca me fijé. Le agradezco la info.
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    Anónimo4 de septiembre de 2013, 10:54

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