miércoles, 3 de septiembre de 2008

LA CRIPTA DE LOS CARRERA: "LA PATRIA A LOS CARRERA, AGRADECIDA DE SUS SERVICIOS, COMPADECIDA DE SUS DESGRACIAS"

Primera Placa colocada en la Cripta de los Carrera.
Coordenadas: 33°26'15.18"S 70°39'6.71"W
No hay mentira ni parcialidad que dure por siempre. Por más que alguna afirmación se la repita y repita (y "se vuelva a repetir", que en este caso no es redundancia), nunca se convertirá en verdad sólo por el poder de la fe que le tengan sus defensores, al contrario de la filosofía wiki que impera en la red. Siempre rondarán las dudas razonables, los puntos de vista críticos y la incredulidad que genera naturalmente toda afirmación artificiosa, sostenida por mecanismos distintos a la argumentación y la solidez de la evidencia.
El paulatino redescubrimiento de la obra patriótica del General José Miguel Carrera y sus leales hermanos, casi una suerte de revisionismo a estas alturas, nos lo ha demostrado de alguna manera.
Los historiadores, principalmente clásicos de derecha, han vivido más fieles al sentimiento o’higginiano dominante en los cuarteles intelectuales, académicos y grupos más conservadores de la sociedad chilena. Algunos de la izquierda más dura, en cambio, alérgicos al uniforme y atrapados en los dogmas de discurso de clases, no han visto en los Carrera más que una pandilla de caudillos aristócratas ofensivos a las pasiones de integración latinoamericanista o al discurso popular que controla buena parte de las inspiraciones de su pluma.
Pero a veces caen los mitos y se cuestionan las leyendas intocables; se reparan hasta los tabúes.
Comenzamos a aceptar así, con sólo un cambio de enfoque, que quizás nuestro primer Presidente en la incipiente República fue Carrera, y no Manuel Blanco Encalada, como insisten tozudamente los historiadores clásicos, aferrados como náufragos a un mero detalle semántico.
Sabemos también que San Martín y los héroes argentinos sólo vinieron a concretar un proceso iniciado por los Carrera, en algunos casos contraviniendo las exigencias de la Logia Lautarina. Y de paso, estamos enterados ya que esta intervención platense, lejos de haber sido la garantía de libertad para Chile como insisten los admiradores de esta gesta, tuvo también un costo dramático de intervencionismo de la Logia y de crímenes políticos contra los propios patriotas, incluyendo a los Carrera y a Manuel Rodríguez.
En fin: ésta es época en que muchas puertas se abren y muchos libros se cierran.
Partimos esta pequeña síntesis de la vida de los hermanos recordando que don José Miguel Carrera y Verdugo, nacido en 1785, se encontraba en España cuando llegó hasta él la noticia de la asamblea del 18 de septiembre de 1810 y la formación de la Primera Junta Nacional, que estamos próximos a celebrar en nuestras Fiestas Patrias. Su padre, Don Ignacio de la Carrera y Cuevas, participaba de esta Junta.
Como Carrera estaba incorporado al ejército hispano, debió iniciar todo un pleito para lograr la autorización de viajar de regreso a Chile, consiguiendo este permiso recién el 17 de abril del año siguiente. Llegó así a Valparaíso el 25 de junio.
Consciente de que un proceso inevitable de emancipación había comenzado en las colonias americanas y que España las perdería a la larga, fraguó un levantamiento con sus hermanos Juan José (nacido en 1782) y Luis (nacido en 1791), los mismos con los que, según la tradición, visitaba las fondas de la calle La Chimba ganándose desde temprano el cariño de los rotos y la simpatía popular.
Tras alzarse, los Carrera colocaron un nuevo gobierno el 4 de septiembre de 1811. Sin embargo, como había total ausencia de cohesión entre las fuerzas políticas de la naciente República y el fantasma del caos seguía rondando, don José Miguel volvió a dar un golpe el 11 de noviembre y otro el 2 de diciembre, ansioso de concretar lo antes posible un gobierno legítimo, autónomo y estable. Se había instalado, así, una nueva Junta presidida por él mismo y con participación de Gaspar Marín y Juan Martínez de Rozas, luego desplazado tras su ruptura con los hermanos. Carrera se constituiría, así, en el Primer Presidente de la República de Chile, aunque esta afirmación cause escozor entre ciertos tecnicistas de la historiografía.
Sobreponiéndose a las infinitas dificultades que enfrentó su gobierno de la Patria Vieja, el General Carrera hizo hazañas formidables en este período, dándole a Chile su primera carta constitucional, los primeros símbolos patrios, la creación de sus instituciones fundamentales y la estructura republicana base que después sería conservada por O’Higgins y otros sucesores. Además, habría propuesto perfeccionamientos a una de las legislaciones pioneras en el mundo de abolición de la esclavitud: la entonces flamante Ley de Libertad de Vientres, que reconocía como hombres libres a todos los nacidos en Chile. Gran parte de la institucionalidad con sede en Santiago, como la Biblioteca Nacional y el Instituto Nacional, se deben también a su genialidad.
La motivación de los Carrera muchos la creen encarnada en la mayor de los hermanos, doña Javiera Carrera (nacida en 1781), hermosa mujer cuya participación en la Independencia de Chile también fue vital, pese a que prefería mantenerse fuera de la exposición y de la bulla pública. La primera bandera chilena (bandas azul, blanca y amarrilla) habría sido bordada por ella misma, según la tradición.
Pero actuar por cuenta propia en tierras ajenas, fue una provocación que sus adversarios jamás le perdonarían a los hermanos, a lo que se sumaban otras controversias y antecedentes como cierto rechazo al carácter indomable de Juan José. Y, en una disputa con el General Juan Mackenna -que ofendió a la familia con declaraciones altisonantes-, Luis le había desafiado a duelo de armas de fuego quedando fijado para el 21 de noviembre de 1814. Allí había muerto Mackenna, un protegido de la Logia, alcanzado por la bala carrerina en las riberas del Plata.
Tras el quiebre y distanciamiento cada vez mayor de los Carrera con los que serían miembros de la Logia Lautarina, además del apoderamiento total de ella sobre la causa Independentista que siguió al Desastre de Rancagua de 1814, don José Miguel hizo esfuerzos sobrehumanos para recuperar la libertad de su patria, aun hallándose marginado de la Expedición Libertadora y virtualmente perseguido por los lautarinos argentinos. Incluso, le sería retenida y luego arrebatada después la flota de guerra que consiguió en los Estados Unidos, casi apenas tocó puerto en Buenos Aires, siendo apresado por el Director Supremo Pueyrredón para impedir que llegase con esta fuerza a Chile justo en los días en que tenía lugar la victoria de los patriotas en Chacabuco.
El plan de los Carrera había sido, según parece, reponer a José Miguel en el mando de Chile y apartar a los lautarinos de la Independencia chilena, cuya intervención estaba adquiriendo más características ajenas a la causa auténticamente libertadora.
El Gobierno de Buenos Aires los consideró enemigos a muerte, ordenando apresar en Mendoza a Juan José y a Luis por sus intentos de conatos, detención que se realizó raudamente en 1817. Exiliados por la prepotente intervención platense y por sus propios enemigos suscritos entre la causa patriota, los Carrera habían continuado la lucha emancipadora en las provincias argentinas que guerreaban contra el despotismo centralista de la capital y a favor del sistema federal. Su "prontuario" se disparó al acosar a los unionistas de Buenos Aires luchando del lado del federalismo.
El 8 de abril del 1818, tras ser sometidos a un grotesco "proceso", fueron ejecutados vilmente por un pelotón de fusilamiento cuyano, a las 18:00 horas. La orden la dio el Gobernador de Mendoza, Luzurriaga, azuzado por el siniestro Bernardo de Monteagudo, quien acababa de llegar escapando a galope largo desde Chile tras el Desastre de Cancha Rayada y creyendo que los destinos fatales de la liberación chilena ya habían sido echados. Los cuerpos de los hermanos fueron sepultados en el Cementerio de la Caridad.
Don José Miguel Carrera, en grabado reproducido por Vicuña Mackenna.
Don Juan José Carrera, en grabado reproducido por Vicuña Mackenna.
Don Luis Carrera, en grabado reproducido por Vicuña Mackenna.
Doña Javiera Carrera, en grabado reproducido por Vicuña Mackenna.
Doña Javiera, en tanto, había estado residiendo en Mendoza y luego en Buenos Aires. En aquellas tierras se hallaba cuando se enteró de la dura noticia del asesinato de sus dos hermanos. Ella vivía bajo la relativa protección del capitán estadounidense David Jewett, atribuyéndoseles una relación sentimental, según sospechas. De todos modos, durante las revueltas carrerinas en las provincias, fue relegada por el Gobierno del Plata hasta Luján y luego a San José de Flores, logrando refugiarse en Montevideo.
A todo esto, la furia contra los políticos argentinos y la ira popular no tardaron en explotar en Santiago, al conocerse la noticia del repugnante crimen. Iracundo y desafiante, el 17 de abril siguiente, el guerrillero Manuel Rodríguez entró con caballo y todo al palacio de gobierno seguido de una muchedumbre, interpelando directamente a O'Higgins por su indiferencia con los asesinatos y deslizando la acusación de complicidad.
Cabe recordar que Rodríguez estaba en franca disputa con la Logia desde el exilio de los Carrera y del asesinato de su ex colaborador Neira, además del intento de la virtual disolución de los "Húsares de la Muerte" tras la reciente victoria patriota de Maipú, batalla de la que también fueron parcialmente marginados, permitiéndosele sólo una reducida participación. A su vez, San Martín, Alvarado y Monteagudo lo visualizaron desde temprano como un peligro para la permanencia de un gobierno comprometido con sus intereses, al haber resultado imposible reclutarlo entre los suyos.
En consecuencia, la osadía de Rodríguez le significaría su condena de muerte: el 25 de mayo de 1818, tras ser detenido, fue ejecutado por la espalda en Tiltil por un pelotón dirigido por el Teniente Antonio Navarro, español residente en Mendoza. Se dice que ningún soldado chileno aceptó participar de este crimen.
José Miguel Carrera entró en un frenesí de furia por los asesinatos de sus hermanos y de Rodríguez. Redobló su guerrilla federalista en las provincias argentinas y su interés por volver a Chile para consumar lo que estimaba como la verdadera libertad, derrocando a los lautarinos. Alcanzó características de leyenda humana en esas tierras, y no dejó pasar un día sin maldecir a O'Higgins y a San Martín por los sucesos que tenían lugar en Santiago, cuando se preparaba ya la expedición hacia el Perú.
Impulsado por el optimismo de sus últimos triunfos, en 1821 pretendió dar el golpe final ayudado por el Coronel Benavente, buscando atravesar la cordillera de los Andes. Las noticias decían que Córdoba y Cuyo habían pactado entregarlo a Buenos Aires, disponiendo de más de mil hombres para atacar y darle captura. Sin lograr salir de San Luis, el 21 de agosto partió con 500 hombres hasta Punta del Médano, cerca de San Juan, con el propósito de reunir una caballería acorde al interés de atravesar la cordillera. Desgraciadamente, en esta tarea fue emboscado y rodeado por 800 efectivos del Ejército de Mendoza, al mando del Coronel José Albino Gutiérrez.
Mientras se batían en retirada, Carrera, Benavente y Álvarez fueron traicionados por los jefes argentinos José María Moya, José Manuel Arias y un tal Inchauste. Fueron apresados, amarrados de pies y manos, y conducidos a Mendoza durante la noche del 1º de septiembre. Los tres fueron encerrados en el mismo calabozo y, al día siguiente, Gutiérrez exigió su ejecución, otra vez previo "proceso" totalmente viciado, tan absurdo que los acusados no tuvieron derecho a defensa contra la imputación criminal de "alucinar con el sistema de la Federación".
El 4 de septiembre de 1821, a las 11:00 de la mañana, Carrera, Álvarez y un soldado leal de apellido Monroy fueron sacados a la Plaza Mayor de Mendoza para ser ejecutados uno a uno. Al enfrentarse a las chusmas pidiendo su cabeza, Carrera exclamó desafiante: "¡Qué pueblo tan incivil".
A continuación, fue fusilado con la vista descubierta pues, al igual que sus hermanos, se negó a que le vendaran los ojos.
Ceremonia de recuerdo de los hermanos Carrera en su cripta de la Catedral de Santiago, realizada cada 4 de septiembre en el aniversario del asesinato de don José Miguel. En la imagen, colocan ofrendas don Benjamín González Carrera y doña Ana María Ried, ambos miembros del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera y descendientes del prócer.
Tras su vil ejecución en Mendoza del 4 de septiembre de 1821, el cadáver del General José Miguel Carrera fue desmembrado: le cortaron la cabeza y los brazos, aunque según un documento extendido por el fiscal Cavero el día del fusilamiento y citado por Benjamín Vicuña Mackenna, al cuerpo le separaron también las manos.
La cabeza se colgó en el Cabildo de Mendoza; el brazo derecho fue suspendido como advertencia en la Plaza de San Luis, y el izquierdo fue regalado como trofeo para el pueblo de San Juan. El resto de su cuerpo y el de Álvarez fueron entregados al Claustro de la Caridad, donde se les dio sepultura en el mismo cementerio en que ya descasaban los hermanos Juan José y Luis Carrera.
Tras la macabra entretención con las partes del cuerpo, cuyanos partidarios de Carrera y algunos chilenos residentes en Mendoza se robaron su cabeza y la mandaron clandestinamente a Chile. Este cráneo habría llegado hasta El Paico, a la capilla de la hacienda de un amigo de la familia Carrera, donde se convirtió en un objeto de culto y resguardo para sus admiradores por un tiempo.
Doña Javiera Carrera se enteró del nuevo crimen estando ahora en Montevideo. Se negaba a regresar a Chile mientras gobernara O’Higgins y la Logia, a quienes responsabilizaba de todo lo sucedido. Una vez que aquél abdica en 1824, la heroína retorna a su patria tras diez años ausente e inicia, entonces, las dolorosas gestiones para recuperar los cuerpos de sus tres queridos hermanos asesinados, desde su lugar en la hacienda en El Monte, además de propiedades de su difunto padre que habían sido secuestradas puestas en otras manos simpatizantes del régimen.
Tras fatigantes insistencias, el 24 de marzo de 1828, por una iniciativa del diputado Manuel Magallanes, la comisión constituyente aprobó un decreto para repatriar los restos de los héroes. El 29 de marzo se creó una comisión especial para exhumar los cuerpos en Mendoza, compuesta por tres de los deudos: el Coronel José Antonio Cotapos, el Edecán de Gobierno don José Paciente de la Sota, y el hijo de doña Javiera don Pío Valdez Carrera, a los que se les sumó allá don Domingo Godoy, a la sazón Cónsul de Chile en Mendoza.
Tras llegar a la ciudad el día 16 de abril, el sepulturero del Cementerio de la Caridad, llamado cariñosamente Tomasito, dijo conocer el lugar dónde habían sido enterrados los cuerpos de Juan José y Luis Carrera. Los restos de José Miguel, en cambio, estaban revueltos con los de sus amigos también ejecutados en esa negra mañana. El mismo día de la inhumación, 19 de abril, las osamentas fueron objeto de una ceremonia de expiación en la Iglesia de San Francisco.
Sin embargo, un cráneo que acompañaba también al cuerpo de don José Miguel fue recibido por doña Javiera cuando le llegaron los cuerpos exhumados, durante el Gobierno de Francisco Antonio Pinto. Este cráneo tenía una particular tapadura de oro, con un procedimiento casi desconocido en Chile en esos años y se presumió en el día de la exhumación, que se lo habría hecho el héroe en su paso por los Estados Unidos en 1816. Los comisionados también habían actuado con esta celeridad e impaciencia ante la urgencia de volver luego por la cordillera, antes de iniciadas las nevazones.
Fusilamiento de los hermanos Carrera según semanario "El Peneca", en 1909.
Homenaje mortuorio a los Hermanos Carrera, atribuido a Rafaela de la Lastra, hacia 1828. Correspondiente a cabellos humanos pegados sobre vidrio, se encuentra en el Museo Histórico Nacional y llega la siguiente inscripción en dorados: "Dedicado por Rafaela Lastra a su mamita Doña Javiera Carrera".
El 13 de junio, se recibieron los cuerpos de los Carrera en la desaparecida Iglesia de San Miguel Arcángel de la Compañía de Jesús, donde tuvieron lugar las exequias oficiales, al día siguiente. La ceremonia tuvo una enorme concurrencia, que llenó las cuadras de todo el entorno del templo trágicamente quemado en 1863. Los hermanos fueron colocados bajo una estructura piramidal de cortinajes, donde se escribió lo siguiente:
"LA PATRIA A LOS CARRERA
AGRADECIDA DE SUS SERVICIOS
COMPADECIDA DE SUS DESGRACIAS"
Los cuerpos fueron sepultados en una fosa del Cementerio General, siendo trasladados luego hasta el sector aledaño a la capilla del camposanto. A los pocos años, se produjeron importantes remodelaciones del recinto que obligaron a cambiar de lugar otra vez sus reposos, hasta las dependencias de la Iglesia de la Recoleta Dominicana.
Posteriormente, los restos de los tres hermanos fueron sepultados en la cripta de la Catedral de Santiago, trasladados también como la tumba de don Diego Portales. Allí permanecen hasta hoy, aunque no se sabe con total exactitud el lugar preciso donde están los cuerpos en ese sector de la Catedral.
Al descanso de los hermanos Carrera varones se le sumaría doña Javiera, en 1862. Entonces, se instaló una vistosa placa con la siguiente inscripción:
"Sra. Francisca Javiera de Carrera 1862 y sus hermanos Juan José 1818, José Miguel 1821 y Luis 1818".
Por cierto, a la fecha en que escribimos estas líneas, no se ha podido precisar cuál de los dos cráneos atribuidos a don José Miguel corresponde al verdadero. Empero, organismos como el Instituto de Investigaciones Históricas General José Miguel Carrera han observado con atención el debate sobre la supuesta cabeza del prócer. La duda ha sido tan persistente que incluso Joaquín Edwards Bello, ya en 1945, escribía sobre la necesidad de exhumar los restos de la Catedral y analizarlos por manos profesionales.
Cabe advertir que el 8 de junio de 1952, se inauguró en el mismo lugar del templo un gran altar de granito y mármol en memoria de los hermanos carrera, en solemne ceremonia dirigida en la Catedral de Santiago por el excelentísimo Obispo Pío Alberto Fariña. Pero el culto a la mentira y a la castración histórica intentó imponerse otra vez: por razones que nunca quedaron claras y que parecen haber tenido una motivación más bien política, esta hermosa pieza fue destruida en un culturalmente criminal acto de septiembre de 1987, ejecutado por orden del deán encargado de la Conservación de la Iglesia.
Altar de la Cripta de los Hermanos Carrera en la Catedral de Santiago, antes de ser retirado y destruido por manos siniestras.
Placa mayor de la Cripta de los Carrera. Fue confeccionada por el escultor Héctor Román Latorre, por entonces miembro del directorio del Instituto de Investigaciones Históricas General José Miguel Carrera.
El bello altar, desmantelado y partido, fue recuperado lealmente por don Carlos Díaz de Valdés. Actualmente está reconstruido en el jardín del Instituto de Investigaciones Históricas General José Miguel Carrera, aunque hubo partes de la pieza que no pudieron recuperarse ni restaurarse.
Una placa memorial más reciente recuerda en la Catedral el último adiós que recibieron los hermanos al regresar sus restos a Chile:
"A LOS PADRES DE LA REPÚBLICA DE CHILE:
Doña Francisca Javiera Carrera Verdugo 1781-1862
General José Miguel Carrera Verdugo 1785-1821
Brigadier Juan José Carrera Verdugo 1782-1818
Coronel Luis Florentino Carrera Verdugo 1891-1818
LA PATRIA A LOS CARRERA
AGRADECIDA DE SUS SERVICIOS
COMPADECIDA DE SUS DESGRACIAS
"
Anualmente, en el aniversario de don José Miguel y de su martirio, los carrerinos se reúnen en esta cripta para recordar a los hermanos que sembraron la semilla de la Independencia de Chile y lanzaron el primer auténtico grito de libertad.
Chile ha redescubierto, así, el valor de José Miguel Carrera y de sus hermanos, durante estos últimos años. La recuperación de su diario, las controversias sobre su cráneo y la elocuente representación que de él se hizo en la serie televisiva "Héroes: la Gloria tiene su Precio" (aunque con varios errores históricos y especulaciones, hay que admitirlo), han abierto las posibilidades de reconocimiento pleno para esta camada de chilenos que dieron a Chile el impulso decisivo de la Independencia y de sus bases republicanas. La proximidad del Bicentenario Nacional quizás traiga más novedades interesantes al respecto.
Este próximo jueves 4 de septiembre se cumplirá un nuevo aniversario del asesinato, además. Preludio de nuestras propias Fiestas Patrias, en las que una cueca centrina que han cantado por largo tiempo los rotos chilenos y clases populares, titulada "Nuestro Primer Presidente", le recitaba al prócer que descansa en la Catedral de Santiago y desde mucho, mucho antes de la revisión formal de su valor en la historia:
Nuestro primer Presidente
Don José Miguel Carrera
Nos dio una Constitución
Con Patria, Escudo y Bandera
Con el laurel glorioso
sobre la frente
y a redimir la Patria
llegó valiente
Llegó valiente, sí
fue su coraje
que terminó tres siglos
de coloniaje
Carrera fue el primero
y el verdadero
La cripta de hoy, con las ofrendas florales que corresponden a los primeros Padres de la Patria (mañana del 4 de septiembre de 2008).

5 comentarios:

  1. Sinceramente, habría debatido encantado contigo sobre los puntos que quisieras proponer sobre este artículo, pero hacerlo por esta vía escrita con una persona que, evidentemente, no entiende lo que lee y además insulta, la verdad es que creo que se trataría de una pérdida de tiempo y un desgaste de energía. Saludos

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  2. buen trabajo. una capacidad de sintesis y se entiende muy bien la obra de nuestro heroe patrio y no te preocupes de algunos que no saben leer bien esos siempre existen

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  3. Mensajes rescatados desde la continuación de este artículo, ahora fusionados en uno solo:

    Anónimo12 de enero de 2011 a las 11:01

    Qué pobre ubicación y homenaje, dada la importancia de don José Miguel y sus hermanos. En cualquier otro país tendrían sendas criptas en la Avenida Mayor de la capital o al menos un mausoleo de culto en el cementerio. Pero la verdad es que me deprime pasar por la Catedral y ver esa diminuta placa que más bien parece una "animita" para nuestro George Washington. Aquella estupidez de carrerismo vs. o'higginismo es sólo otra demostración del "karma" bipolar de nuestro pueblo.
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    Anónimo10 de febrero de 2011 a las 12:55

    Recién anoche terminé de leer Húsares Trágicos, de Jorge Inostrosa.Que poco sabía de los Carrera , quemutilación hay en nuestros libros historia, solo las que la viven la conocen, los descendientes conocemos los que se filtra. Creo que hay que retomar nuestro amor a la patria y mejorar nuestra identidad.
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    Anónimo14 de mayo de 2011 a las 18:12

    que mala suerte tenemos los chilenos........nacimos con olvido.....VIVAN LOS CARRERAS Y SUS IDEAS DE REVOLUCIÓN
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    Anónimo14 de mayo de 2011 a las 18:13

    que mala suerte tenemos los chilenos........nacimos con olvido.....VIVAN LOS CARRERAS Y SUS IDEAS DE REVOLUCIÓN
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    Felipe15 de diciembre de 2011 a las 02:27

    Sendo altar tiene San Martín en la Catedral de Buenos Aires y nuestro General Carrera, apenas una mísera lápida. Los altares vecinos fue desmantelado también so pretexto de albergar imágenes y reliquias de los nuevos santos chilenos, proclamados por Juan Pablo II. Propongo algo, si es que el Deán de la Catedral lo autoriza: Podrían exhumarse los restos de los hermanos Carrera, y en el vecino altar de la Transfiguración, bajo la mesa del altar, construir una cripta donde se les dé digna sepultura a los restos de los Hermanos Carrera, conformando ya una "Capilla" en su honor, que incluya bustos de los cuatro próceres, los cuales podrían ser ubicados sobre capiteles en las gradas de este altar. Así podrían recibir un homenaje más digno, conforme a la relevancia histórica que estos tienen para la nación.
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    Carola Carozzi3 de junio de 2012 a las 01:55

    Toda la Razon, llega a dar bronca como durante dos siglos en Chile se ha ignorado de Jose Miguel Carrera , es un verguenza como pais, tener una miserable placa en la catedral de Stgo y San Martin y Ohiggins asesinos tienen sendos mousoleos
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    Jorge Delgado17 de marzo de 2016 a las 20:38

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    Criss Salazar17 de marzo de 2016 a las 21:23

    Eeeeemmm... Jorge, este artículo es sobre los Carrera y su cripta, pero ya que lo mencionas y quieres discutir, no creas que pasa inadvertido el vil falso juicio por complot a San Martín (caricaturas de juicios, más bien dicho, donde ni siquiera hubo derecho a declaración de defensa) que Mendoza levantó contra los hermanos Carrera, a sabiendas de que si volvían a Chile iban a destronar a los rufianes de la logia lautarina, como quedó claro con el envío del miserable personaje Monteagudo a acelerar las ejecuciones con "instrucciones" de sus superiores... Por otro lado, durante la guerra de Islas Falkland o Malvinas, Chile sólo pagó con la misma moneda a una Argentina que -sólo cuatro años antes- había actuado como enemigo inconciliable y truhán, traicionando al vecino cuando rechazó groseramente un laudo arbitral sobre nuestras islas del Canal de Beagle (que se había comprometido a respetar "con su honor" en 1971) porque no había sido de su paladar y, acto seguido, preparó una invasión militar contra el mismo país aprovechándose de un embargo internacional de venta de armas que pesaba sobre él. El haber aportado un grano de arena a la derrota de un enemigo (porque estábamos lejos de ser amigos en esos años) presionó a Buenos Aires a acatar la mediación papal que había dejado en suspenso y aplastar los intentos expansionistas sobre dichas islas, por lo que se trata de uno de los actos diplomáticos más acertados de Chile aunque tú y la egolatría nacionalista lo consideren infantilmente una "traición".
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    Jorge Delgado18 de marzo de 2016 a las 20:11

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  5. Mensajes rescatados desde la continuación de este artículo, ahora fusionados en uno solo:

    Anónimo28 de agosto de 2012 a las 15:02

    ¿Cual sería el destino de nuestro gran prócer y sus hermanos, si no hubiera renunciado a la oscura y famosa "Logia Lautarina".....
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    Anónimo30 de julio de 2013 a las 13:24

    por favor necesito saber desde cuando están los restos de los hermanos carrera en la catedral de santiago
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    Alfredo Belmar1 de octubre de 2014 a las 12:23

    Es sin duda el pago de Chile a seres humanos que lucharon y defendieron este
    pueblo. ¡ que tremenda deuda!
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    Jorge Delgado17 de marzo de 2016 a las 20:33

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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    ignacio andres pardo andrade1 de abril de 2016 a las 01:21

    pues por lo que se lo mismo le hicieron a manuel rodriguez y hasta hoy en dia le buscan sus verdaderos restos
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    heidi castro25 de abril de 2016 a las 23:59

    bueno gente me gusta interesarme en la cultura , y mas enfocarme esta historia que tiene algo de misterio cuando leo que las tumbas de los hermanos carera estan ahi pero no se sabe la precision las placas son solo eso placas . bueno en peru mi pais existe calle que se llama miguel carrera pero yo ni idea de que perteneciera a estos heroes . sorprendida y leyendo mas al respecto. saludos
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    Bastian Paredes23 de septiembre de 2017 a las 05:01

    Soy una persona que admira mucho a los hermanos Carrera y en especial a Jose Miguel,pero sinceramente me da pena saber que es un personaje practicamente olvidado de la historia de Chile,y peor aún,se le da el credito de la independecia de Chile a sus verdugos (O'higgins y San Martín).Es impresionante ver como se venera a O'higgins en la actualidad y a los Carrera solo le dejan una pequeña placa casi insignificante,siendo que Carrera fue el primero que dijo libertad en nuestra patria;además ya que tenia experiencia militar era un buen estratega,no como O'higgins que practicamente regalo Rancagua encerrandose en la plaza.

    Por otra parte siempre he pensado que si Carrera hubiera tomado el mando de Chile,seriamos un país distinto,un país con un sistema federal,sin centralismo,con gente más educada (Carrera queria que los chilenos fueramos un pueblo educado,por algo creo el instituto nacional y dijo que las mujeres tambien debian estudiar),tambien creo que no habria conflictos con el pueblo mapuche,ya que Carrera los respetaba e incluso admiraba y por ultimo seriamos un pais con una mejor economia,supongo esto porque Carrera era progresista y quedo maravillado cuando fue a E.E.U.U,de seguro hubiera querido imitar tratando de industrializar el país dentro de lo posible.Pero solo son especulaciones.
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    Unknown14 de noviembre de 2017 a las 00:15

    Es una indolencia a la patria y sus memorias una familia completa sacrificada a un país honorable e indomable traicionada y ejecutada merece un lugar de verdadero HONOR en nuestra capilla y estado mientras llevamos grabado en el pecho y a hierro sus nombres y Valentía. Viva Chile Viva José Miguel Carrera y su familia y todos aquellos que luchamos por un país justo y digno para los Chilenos
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