viernes, 15 de agosto de 2008

“EL NEGRO BUENO” DE LA ALAMEDA DE LAS DELICIAS

Alameda de las Delicias con Ahumada, hacia el 1900.
Coordenadas: 33°26'37.34"S 70°39'3.49"W (aprox.)
En los tiempos en que aún existía en la Alameda de las Delicias la recordada Pérgola de las Flores, había un salón de té situado casi enfrente de la Casa Central de la Universidad de Chile, hacia el costado Norte de la primera cuadra con Ahumada, y que llegó a ser famoso por la calidad de su pastelería y de sus encuentros. Inaugurado por el año 1940, se llamaba “El Negro Bueno”, y su propietario era Miguel Ramis Clar Mascaró, el mismo dueño del local “La Isleña”.
Ambos establecimientos, junto a otros centros de reunión como “Il Bosco”, enseñorearon por largo tiempo este sector la vereda Norte de la Alameda entre Bandera y Ahumada. Según Oreste Plath, pasaba lleno de día y hasta muy avanzada la noche, ya de amanecida, cuando cerraba sus puertas. Manuel Peña Muñoz lo describe "con hermosos decorados, mesas de hierro con cubierta de mármol y fina pastelería".
El negocio fue reverenciado por el gran periodista deportivo chileno Renato González, más conocido por su pseudónimo Mister Huifa, quien fuera maestro de grandes comentaristas como Julio Martínez, otro de sus cercanos. Plath reproduce algunos recuerdos de González sobre sus jornadas en “El Negro Bueno”:
“En él nos pegábamos unas trasnochadas solemnes de pura conversación. Una noche Juan Emilio Pacull, que era un charlador estupendo, nos contó enterita la novela Servidumbre humana, que acababa de leer. Tenía una memoria de elefante Juan Emilio, y su charla nunca aburría. Pero ya lo sabíamos: encontrarnos con él era para irnos a casa pasadas las seis de la mañana”.
No sólo estos destacados periodistas eran el tipo de clientela de “El Negro Bueno”, pues iban también los personajes ligados a las artes, como los fundadores del Teatro Experimental, entre ellos Rubén Sotoconil, Jorge Lillo y Agustín Siré, este último muy joven que hasta 1941, había trabajado como empleado en el mismo café. Según Agustín Cullell, también asistían músicos, escritores y artistas como Eduardo Maturana, Andrés Sabella, Manolo Segalá, Alejandro Jodorowsky y Jorge Edwards.
"El Negro Bueno" en el diorama del Metro Universidad de Chile.
Además, “El Negro Bueno” recibía visitas bastante exóticas, desde el Más Allá: el supuesto fantasma de don Andrés Bello, que, según se comentaba, salía a penar en el café cuando se aburría de hacerlo en la Universidad del otro lado de la Alameda. "Se bajaba de su asiento de piedra" parra ir al café, decía Plath.
Pero desde mediados de siglo, con los cambios fundamentales que comenzó a experimentar el comercio nacional y el comportamiento de los clientes, “El Negro Bueno” no pudo resistir la transformación del mercado y debió cerrar sus puertas ante el dolor de los artistas, periodistas e intelectuales que lo habían hecho su casa. Hoy día, algunos creen identificar una tienda específica como aquel local que albergó a la recordada pastelería, pero no sé si eso sea posible, pues hubo algunas remodelaciones en los primeros pisos del sector durante el resto del siglo XX.
Al parecer, muchos locales han intentado tomar el hombre de este sitio desaparecido de la Alameda, homenajeándolo en varias regiones de Chile. En la comuna de La Florida, en la esquina de Vicuña Mackenna con Lía Aguirre (paradero 14), existe desde mediados de siglo otro famoso local llamado “Quinta de Recreo El Negro Bueno”, en este caso una cantina-restaurante muy popular por sus sabrosas cazuelas y perniles, donde abundan las garrafas de vino, aunque su nombre deriva del apodo que recibía el gordo y querido dueño.
El original negocio de “El Negro Bueno” también recibe, desde 1987, un pequeño homenaje en forma de alusión en el diorama elaborado por el artista Zerreitug para la Estación del Metro Universidad de Chile, donde el local aparece con nombre y todo en la recreación de principios del siglo XX del sector de la Alameda donde está la Iglesia de San Francisco, aunque con mucha imaginación.

1 comentario:

Pamela Sepulveda dijo...

Que tiempo maravilloso una veedadera República!

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