lunes, 7 de julio de 2008

EL LEGENDARIO POLICÍA-ESCRITOR RENÉ VERGARA, CRONISTA DE LOS CRÍMENES

Fuente imagen: "Crímenes Inolvidables".
Ha sido ingrata la memoria cultural chilena con René Manuel Vergara Vergara. Y ha sido ingrata, particularmente, la memoria de Santiago, que le debe a este sagaz policía y escritor el recuerdo detallado de algunos de los más famosos crímenes capitalinos del siglo XX, mismos que hoy en día, algunos se avocan a intentar redescubrir desempolvando precisamente a fuentes como la representada por este autor.
Según el Diccionario Biográfico de Chile (Duodécima Edición, 1962-1964, Empresa Periodística de Chile), nació el 18 de marzo de 1916 cuando el mundo se hallaba sacudido por los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial. Y cuenta el periodista Pablo Marín en la revista "Qué Pasa”, que su padre Manuel se separó de la familia seis años después, por lo que el niño René debió acostumbrarse a su ausencia mientras vivía en barrios antiguos como el de la Vega Central y el Barrio Matadero, acompañado sólo de su madre, doña Rosa. Así, pudo conocer de cerca el hampa callejera y hasta hacerse cierto prestigio entre ellos, pues aprendió a boxear a los diez años y logró derrotar varios adversarios en peleas clandestinas, ganando algunas propinas.
A pesar del ambiente haciendo amistad con delincuentes y codeándose con individuos de mala vida, desde joven mostró inclinación hacia las disciplinas policiales, convirtiéndolas en su carrera. Estudió en el Liceo de Antofagasta y, a los 15 años, tras rendir tempranamente el Bachillerato, salió a hacer su propia odisea por el Sur del país. Debió retornar a Santiago, sin embargo, porque en 1937 entró a la policía civil, desempeñándose como Detective Tercero de la Dirección de Investigaciones, pero al año siguiente se sintió impulsado a la aventura otra vez, desplazándose hasta la Argentina.
En las tierras del Plata, Vergara pasó por varios oficios: boxeador, escritor de tangos y también asistente de edición de la revista “Leoplán”. Allí comenzó a integrarse al área editorial y escribió algunas historias policiales inspiradas en sus experiencias como detective. Su primera narración, a los 22 años, fue “La Bailarina de los Pies Desnudos”, donde retrata ante los lectores argentinos parte de los barrios centrales de la capital chilena:
“La avenida Independencia mantiene aún sus tranvías amarillos: esos bulliciosos y saltarines vehículos que se detienen en todas las esquinas como para cerciorarse de si van o no por buen camino, y mantiene todavía sus tres cines”.
Como gran lector de Agatha Christie, Vergara firmaba sus primeras obras con el seudónimo de Hercules Poirot, uno de los más famosos personajes de la novela de la escritora. Según Sylvia Vergara, que hace las veces de biógrafo en uno de sus libros póstumos, René Vergara era crítico de este ficticio detective belga, no obstante usar su nombre. Opinaba Poirot no sabía criminología y para ello recordaba que en la página 41 de "El crimen del Campo de Golf", él asegura que los métodos de identificación eran tan conocidos que “hasta en Santiago de Chile, saben que existe Bertillón, un francés del siglo XIX”. Por esto, Vergara, escribió una carta doña Agatha advirtiéndole que Alphonse Bertillón sólo fue el creador del llamado "bertillonaje” o antropometría de individualización basada en la medición anatómica de reincidentes. Agregaba que aquello que Poirot le atribuía al francés en la novela, eran en realidad estudios posteriores de Vucetich, Galton, Henry, Fauld, Purkinse y Hershell, entre otros, sobre la identificación propiamente dicha.
Así, pues, mezclando sus vastos conocimientos con su productiva imaginación, la breve experiencia que acumulaba hasta entonces habiendo trabajado de detective en la capital fue suficiente para hacer una fértil producción narrativa durante su primera época de cuentista, dejando atrás el pseudónimo y comenzando a escribir con su nombre.
Al volver a Chile, se reintegra al cuerpo de Investigaciones de Chile, asumiendo en 1944 un puesto de profesor en la recientemente creada Escuela Técnica, pues venía impregnado de conocimientos novedosos de la criminalística en el Plata, como los métodos establecidos por el ciudadano croata-argentino Juan Vucetich, bases del estudio de individualización por las huellas digitales. Ese mismo año hará de Relator del Consejo Panamericano de Policía efectuado en Santiago de Chile. En 1946 es ascendido a Detective Primero.
La investigación realizada por Vergara sobre el espeluznante caso del “Tucho” Caldera de San Felipe, en 1947, le consagraría entre sus pares como uno de los más exitosos sabuesos que se recuerden ente los chilenos. En una ocasión en que el escritor Enrique Lafourcade conoció a Vergara cuando participaban en una feria literaria, uno junto al otro, éste le habría confesado que:
“Tucho era el asesino y no podía avanzar mientras no tuviera la confesión, así que le metía la cabeza en el agua y lo sacaba cuando calculaba que se estaba ahogando. Parece que a la tercera vez, soltó la pepa".
Parte de la formación dura y fría de la infancia de Vergara parecía seguir conviviendo, entonces, en el policía e intelectual en que habíase convertido ahora.
Ese mismo año viajó a Estados Unidos invitado por el Federal Bureau of Investigation. Valiéndose del crédito alcanzado por su investigación en el caso del “Tucho” y de esta nueva experiencia en el extranjero, Vergara inicia con celeridad gestiones para erigir la primera unidad especializada dentro de la policía civil, y así se funda formalmente el 22 de febrero de 1949 la Brigada de Homicidios, en cuya dirección participaría por cerca de 10 años, teniendo asumida la jefatura ya desde el año anterior. También daría clases de criminalística y legislación en las Escuelas de Periodismo y de Derecho de la Universidad de Chile.
Coincidió que, en 1950, el periodista y analista José María Navasal publicó una selección de relatos criminalísticos bajo la casa de Editorial Zig-Zag, titulada “Los mejores cuentos policiales de todos los tiempos”, donde incluyó “La Bailarina de los Pies Desnudos” elogiando a Vergara con las siguientes palabras:
“Los países latinos no han producido grandes escritores del género policial. En Chile, hace años, don Alberto Edwards escribió algunos relatos de este tipo, que aparecieron en El Mercurio. Después, Omer Emeth también tentó el relato policial. Pero ambos lo abandonaron en busca de otros campos de expresión. Actualmente, hay entre nosotros dos escritores policiales. Uno es Camilo Pérez de Arce, que escribe con el seudónimo de James Edhardt, y que, desgraciadamente, no ha publicado nunca un cuento y el otro es René Vergara, que durante mucho tiempo firmó como Hércules Poirot, pero que últimamente se ha decidido a utilizar su propio nombre”.
“Era natural la reticencia de Vergara. Él es un caso extraordinario en la literatura policial: el autor que escribe sobre su propio oficio. René Vergara es Inspector de Investigaciones, profesor de la Escuela Técnica de ese servicio, durante mucho tiempo funcionario del Laboratorio de Criminología y actualmente es Segundo Jefe de la Brigada de Homicidios. En la vida real ha resuelto casos famosos, como los de Tucho Caldera, el chófer Arenas y muchos otros. Gran admirador de Cornell Woolrich, se ha dejado influir algo por él en La Bailarina de los Pies Desnudos, que no representa, en nuestra opinión, una etapa definitiva en su carrera”.
“Vergara debe llegar mucho más allá”.
El libro de Navasal tuvo gran acogida y, antes de terminado el año siguiente, ya completaba exitosamente tres amplias ediciones de la Editorial Zig-Zag.
Al conocer la obra de Vergara, el periodista francés Raymond Cartier, director y propietario del "Paris Match", dijo del chileno: "Debe ser uno de los mejores policías del mundo”. La opinión sigue siendo compartida hasta hoy entre sus compatriotas, y no sólo por su astucia, cientifismo y prolijidad, pues había algo también en su actuar policial y literario que parecía especialmente novedoso: su enfoque modernista, enfrentado a las causas sociales del crimen y no sólo al resultado final consistente en el crimen mismo.
Gozando ya de popularidad en su patria natal, Vergara debe salir a compartir y a ampliar sus talentos al extranjero. Viaja a Inglaterra en 1952, haciéndose alumno del curso de inspectores del destacado de Scotlan Yard de Londres. Al regresar a Santiago, es ascendido en 1953 a Subprefecto de Investigaciones.
Pero, en 1957, abandona el cuerpo de Investigaciones de Chile, declarando habérsele ofrecido participar de un plan de corrupción del Gobierno de Ibáñez del Campo. Ese año, la Universidad Católica de Chile lo nombra profesor en el ramo de criminalística de la Escuela de Periodismo.
En tanto, contraería matrimonio con doña Sara Meersohn, con la que tendría cuatro hijos. Retirado ya, en 1959 la OEA le había solicitado su asistencia para el caso del asesinato del político nacionalista Unzaga de la Vega, ocurrido en Bolivia. Después, en 1960, se establece en Venezuela contratado como asesor del Ministerio de Justicia. Será requerido por el segundo gobierno de Rómulo Betancourt Bello como profesor de criminalística y criminología en el Instituto de Policía Judicial y en la Escuela de Derecho de Caracas. No abandonará las letras, sin embargo, comenzando a escribir ahora como el “Inspector Cortés”, para Marín el alter ego del autor.
A poco de estar allá, sin embargo, Betancourt es objeto de un atentado explosivo contra su vida, el 24 de junio. El Buena parte de la investigación queda confiada a Vergara, quien presenta su informe a los pocos meses demostrándose la participación del tirano Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana, detrás de los hechos. El informe fue elevado a la OEA, desatando la molestia internacional contra Trujillo, producto de lo cual su gobierno entró en crisis y terminó siendo acribillado en marzo del año siguiente. Vergara hizo su parte en la historia de América Latina y el Caribe, entonces.
La investigación de 1960 fue su último acto antes de retirarse de las actividades policiales y volcarse a rememorar sus experiencias como sabueso, viviendo en Av. Francia de Santiago pero alternando con sus últimos trabajos para el Ministerio de Justicia, viajando a Caracas. Hasta 1964 ha publicado obras como “Pesquisa del Pensamiento” y “Territorio del Ensueño”.
Desde ahora, escribirá relatos como "El Pasajero de la Muerte”, publicado por Editorial Teele, Abumohor Impresores, en 1969. Allí describe sus recuerdos como encargado de la investigación del ya citado caso “Tucho” Caldera, correspondiente a un diabólico crimen ocurrido en San Felipe, en 1947, y que causó gran sensación en esos días.
René Vergara en fotografía de la editorial Zig Zag, en 1971, hoy perteneciente a los archivos fotográficos del Museo de Historia Nacional.
En 1970, publica "La Otra cara del Crimen: el caso de Alicia Bon”, por la casa editorial Francisco de Aguirre, en Buenos Aires y en Santiago de Chile. Aquí hace caudal de uno de los casos más famosos y connotados del Santiago de la época, ocurrido en junio de 1944, pero cuya conmoción pública perduró por varios años, o acaso décadas. Así describe Vergara a la capital, allí, sin desprenderse de su visión de policía avezado y casi de sociólogo, sensibilizado por la “cuestión social”:
“El centro antiguo, el centro clásico, obligaba a la gente, que no era mucha, a vivir bajo su dependencia: lugar de trabajo, de compra, de asiento de gobierno, de entretenciones. Los nuevos medios de transporte y de comunicación permitieron el alejamiento progresivo de gran parte de la población, en especial, de los grupos de mayores disponibilidades económicas –los de escasos recursos siempre han vivido, mayoritariamente, en las afueras de los centros poblados, en lo casi rural o rural”.
“Las zonas criminógenas de Santiago son precisamente el centro y sub centros. En ellos ocurre el conflicto social por las notables diferencias económicas existentes, diferencias que se abren en una serie de aspectos básicos: educación, alimentación, familia organizada y desorganizada, vestuario, vivienda, estados de salud, etc… Los grupos, en cierto modo, se diferencian cada día más y hasta aquí, ha sido inútil el esfuerzo de la llamada clase media, que también ha sucumbido como consecuencia de una política fría, indiferente, que no le permite cumplir con su natural función de igualar los grupos opuestos”.
Su saga literaria continúa con trabajos como "¡Qué Sombra más Larga tiene este Gato!”, de 1970. Probablemente una de sus mejores obras, aparece en 1972: "Taxi para el Insomnio”, donde incluye el caso denominado “La momia del cauce”, sobre el siniestro asesinato del pintor Jorge Madge en Valparaíso, ocurrido en 1948; y también incluye el caso de “El Decapitado de Quillota”, ocurrido ese mismo año.
Vendrán trabajos como "Un Soldado para Lucifer”, en 1973, y al año siguiente "La Pluma del Ángel”. Así, inspirado en crímenes reales y no en enigmas rebuscados, las narraciones de Vergara traen a la vista barrios bajos, sitios oscuros y poco refinados de la ciudad, recogidos de su experiencia como detective de la capital. Una frase suya era definir el delito como algo que "sigue y seguirá siendo un desconocido muy peligroso".
En 1976, publica en la Editorial Nascimento de la Santiago, la obra "De las memorias del Inspector Cortés”, donde resucita y documenta los detalles de famosos casos chilenos como el llamado “Crimen de las Cajitas de Agua”, de 1923, que fuera uno de los más espeluznantes de la historia policial de Santiago por muchos años. Pero también vuelve a sus experiencias como detective, al abordar en el mismo libro el caso del asesinato del sastre Schneider, ocurrido en enero de 1953 en un local de calle San Diego, y el caso del “Monstruo de Carrascal”, acontecido el Viernes Santo de 1954 con el crimen del niño Luis Vergara.
En 1978, publica "Más allá del Crimen”, bajo el sello de la Editorial Nascimiento, recuperando del olvido el alevoso asesinato del taxista Juan Arenas Garrido, el llamado “caso del chófer Arenas”, cuyo cuerpo apareciera en 1947 tras ser arrojado al canal Santa Rosa de Huechuraba, en estado de putrefacción y roído por ratas.
Entrevistado por “Que Pasa”, el Premio Nacional de Periodismo Luis Sánchez Latorre declaraba sobre Vergara:
“Fue un escritor interesante, con una formación estilística cercana a la de la generación del '38, a gente como Oscar Castro y Nicomedes Guzmán".
Lafourcade, por su parte, agrega:
"Debe haber sido el primer escritor que se ocupó seriamente del género policial en Chile".
Sobre esta fecunda obra, Sylvia Vergara escribe desde Caracas, años más tarde:
“A René Vergara todas las definiciones existentes le parecieron insuficientes. Para él, delito era una consecuencia, lo intuía ligado a herencia y medio, buceaba en cada suceso delictivo, involucrando individualidades, convivencias y circunstancias de cada sospechoso o acusado, acumulando fenómenos sociales dispares que no encuentran asidero en la ética”.
“El Poirot de Agatha Christie necesitó ríos de sangre y la casi completa aniquilación de la clase media inglesa para poder actuar. René Vergara se conformó con los crímenes corrientes en lo que el policía actuó como investigador, y el escritor rescató a sus personajes de un mundo conductual de laberintos y misterios”.
Vergara alcanzó a ver desde fuera la modernización de su institución de Investigaciones de Chile en 1980, por la que tanto colaboró hasta su lamentable salida, no bien aclarada pese a las denuncias que expresó como razones. Ese año, la policía civil fue ascendida, junto a Carabineros, el rango de “fuerza pública” con el reconocimiento constitucional de las Fuerzas Armadas de Orden y Seguridad Pública, integradas por estas dos ramas.
Por esos meses, el diario “La Tercera” preparaba la serie de reportajes titulados “Testimonio”, que iban a tener por estrella al mítico “Inspector Cortés”, pero debiendo salir publicada en forma póstuma. La serie competía con otra del diario “Las Últimas Noticias”, titulada “Sucesos”, con la misma orientación policial y criminalística, a veces de contenido documental bastante perturbador y sensacionalista para la época. A Vergara el director del diario le había ofrecido realizar una investigación especial sobre el guión de la entonces popular teleserie de Canal 13 “La Madrastra”, para resolver “quién mató a Patricia”, el principal misterio de todo su argumento. El escritor inició esta indagación con entusiasmo, pero antes de cumplido el primer mes de trabajo, quedaría inconclusa.
Tras una brillante carrera que apenas aparece hoy retratada en los textos de la historia contemporánea de Chile, don René Vergara fallece el 24 de agosto de 1981. Murió rondando los 65 años, tan prematuros para la fecundidad de su trabajo narrativo, pero dejando al menos su leyenda de policía-escritor en el éter del conocimiento de las masas.
Afortunadamente, Sylvia Vergara y Ernesto Carmona han publicado una selección de relatos del autor titulada “Crímenes Inolvidables (1923-1954)” por Editores Wordtheque (logoslibrary.eu), todos ellos fundados sobre casos horrendos y de gran impacto social.
Tengo la fortuna de contar con la segunda edición, de septiembre 2000. Aparecen todos los relatos que hemos descrito aquí formando parte de los volúmenes de cada edición y les garantizo a los interesados en adquirir la obra, varios días de entretención y de almuerzos atrasados, mientras exploran el escenario de un Santiago de mediado siglo y la sangre de sus pecados.

14 comentarios:

  1. OTRA VEZ GRATAMENTE SORPRENDIDO POR TAN EXCELENTE RECORDATORIO DE UN HOMBRE OLVIDADO PARA UNOS DESCONOCIDOS POR OTROS, DUEÑO DE GRANDES LOGROS EN LA INVESTIGACIÓN POLICIAL

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  2. Muchas gracias por la información sobre Mapocho, don Benja... Era precisamente lo que necesitaba saber. Muchas gracias.

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  3. Hola, gracias por traer a la memoria tan gran personaje de nuestra institución, la PDI... Qué lástima que los libros sean tan escasos, como la memoria de quienes lo recordamos. Hay alguna posibilidad de que puedas escanear el libro que tienes tú? Aunque sea de forma privada? O sabes si lo puedo encontrar en la biblioteca nacional?

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  4. Hola Puali: el libro debiese estar en la Biblioteca Nacional, pero en caso de que tuviese problemas para encontrarlo, escríbame al e-mail que aparece en la columna izquierda de este blog y le puedo facilitar el mío para fotocopiarlo. Aprovecho su consulta para recalcar que hay una gran cantidad de miembros de la PDI que se han convertido en potentes referentes históricos, como Vergara, Schmied, Lillo, Zuloaga o Vallejos, pero que necesitan de un rescate a su obra y su legado para que trasciendan al conocimiento estrictamente institucional. Muchos saludos.

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    1. hola, Criss, millones de años... necesito pedirte un favor, busco la posibilidad de un proyecto con el primer relato de Vergara y quería saber si tú sabes dónde o cómo encontrar a Sylvia Vergara o sus familiares? Te agradecería enormemente la gestión

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    2. Paulina... He buscado afanosamente esa información pero no he podido hallar algo. Si mal no recuerdo, doña Sylvia escribió una vez desde FB en esta misma entrada, pero hace cerca de un año falló el facebox para comentarios perdiéndose todos ellos, y tuve que retirarlo por lo mismo. Quizás si la buscas por la red social puedas encontrarla. Lamento no poder ayudar más, en este caso, pero mucha suerte con tu proyecto.

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  5. Leí con dedicación y admiración todos los libros de RENE VERGARA en la década de los años 70, en ese tiempo yo era Inspector de la PDI. Creo que VERGARA fue uno de los mejores Detectives, sino el mejor, que han pasado por la PDI. Lo que no entiendo es por qué , la actual PDI, no le rinde el merecido homenaje a este egregio POLICIA y da conocer su labor a los futuros Detectives. VERGARA estuvo en el FBI, en SCOTLAND YARD y en varias Policías extranjeras como invitado especial y en otras resolviendo crímenes de connotación mundial.
    Sergio A. Nicloux

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  6. Manuel Benitez Vergara27 de marzo de 2012, 05:46

    Los libros de Rene Vergara los pueden conseguir en la pagina:

    www.logos.net

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  7. Hoy 12 de junio de 2012 en Caracas Venezuela, tuve el grato placer de conversar con un colega, Comisario General Jubilado de la Policía Técnica Judicial, y me refirio el orguyo y honor de haber sido alumno de este excepcional profesional de la criminalística. Me decía que sabían cuando comenzaban las clases, pero no cuando terminaban pues era un verdadero placer, que arrobaba a los alumnos.

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  8. 32 años, ayer, hoy, mañana y pendiente.
    Gracias por hacerme saber donde están las dos perlas y la amatista. Claro que me importan, pero me diste mucho más que eso.

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  9. Hay un pequeño error: el asesino mencionado se llamaba Tucho Caldera (sin erre) y no "Trucho"

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  10. Muchas gracias. Me costó encontrarlo pero es un error de autocorrección. Efectivamente, es "Tucho" (alguien cercano a mí conoció a este tipo, de hecho). Saludos.

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  11. Hola. Muy interesante tu artículo. Una pregunta: ¿sabrás dónde conseguir el libro Crímenes inolvidables? Lo he buscado por todos lados, pero nada. Saludos!

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  12. Hola,

    Muy interesante el artículo. Una pregunta: ¿sabrás cómo conseguir el libro Crímenes inolvidables? He buscado por todos lados, pero nada. Saludos!

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