lunes, 5 de junio de 2017

EL PUENTE DE LADRILLO: PRIMERO EN LA HISTORIA DEL RÍO MAPOCHO

Coordenadas:  33°25'58.92"S 70°38'55.04"W (ex ubicación del puente)
Acabo de ver una vieja fotografía publicada por el gran buscador de imágenes históricas Alberto Sironvalle, con el hermoso Puente de Palo del río Mapocho, probablemente de 1880. Me sentí tentado a publicar algo sobre ese puente, por lo mismo, pero descubrí en el intento que nada he colgado acá, en 11 años de existencia de este blog, sobre el Puente de Ladrillo, su antecesor... Cronología manda, entonces.
Sucedía que ante la ausencia de cualquier paso seguro en el río Mapocho, en tiempos tempranos de la Colonia, se debía cruzar sus aguas años a lomo de mula o tiros de cuerda y, cuando estuviera más bajo su caudal, por precarias rampas de ramas y piedras acumuladas por los propios vecinos con material de los pedregales de la vega del río, ubicados hacia el lado de la Recoleta.
Esta curiosa separación material entre la ciudad de Santiago y el sector de La Chimba, tenía efectos sociales e identitarios interesantes: incrementaba las sensaciones segregacionistas y los resquemores de los chimberos, como si se tratara de dos reinos diferenciados, al punto de que eran registrados en sus partes de nacimiento como "naturales de La Chimba", cuando el único limite urbano era sólo el río.
Fue entonces y como complemento de las obras del tajamar que ya entonces esbozaba sus paseos, que se habilitó también un primer puente en el río, hecho de arcos con cal, ladrillo y piedra, según autores como René León Echaíz en su volumen de la "Historia de Santiago" referido a la Colonia. Este paso constituyó el primer puente estable que se haya construido sobre el río Mapocho, entonces, anterior incluso a la generación representada por el Puente de Palo y el Puente de Cal y Canto, seguidos del primer Puente de los Carros y del Puente de Ovalle, todos desaparecidos con la canalización del río de 1888.
Una fecha informada por Diego Barros Arana en el quinto tomo de su "Historia General de Chile", sobre la supuesta construcción de dicho primer puente, es la de 1672, coincidente -según él- con la instalación de la fuente de bronce que hizo colocar el Gobernador Juan Henríquez de Villalobos para abastecer de agua fresca a la ciudad. Se refiere con ello a la misma pileta que estuvo en la Plaza de Armas entre 1771 y 1836, y que ha peregrinado desde entonces por varias otras partes, pasando por la Plaza de la Recoleta y, actualmente, en el Palacio de la Moneda, donde al fin encontró casa estable.
Más próximo a nuestra época, sin embargo, León Echaíz aclara -aparentemente con mejor documentación y mayor precisión- que la fecha correcta en que fuera inaugurado el puente es 1681, lo que parece más verosímil, pues su construcción correspondió a una parte de las obras de los mismos tajamares que hemos mencionado, y que fueron levantados por Henríquez y hacia el final de su administración en Chile, secundado por el Corregidor de Santiago don Pedro de Amasa.
El flamante paso sólido absorbió de inmediato el tráfico desde el Camino del Salto, hoy Recoleta, y el Camino de La Cañadilla, hoy Independencia, hacia el lado Sur de la ciudad de Santiago. Y cuando el Gobernador José de Garro, sucesor de Henríquez, trató de levantar tajamares en 1683 para contrarrestar los embates del río en cada una de sus salidas de madre, lo planeó precisamente desde el lugar donde ya estaba este puente, hasta la parte en donde la ribera tocaba con la calle de San Pablo más al poniente, dato refrendado por el mismo León Echaíz y otros autores como Manuel Acuña Peña.
Popularmente, fue conocido como el Puente de Ladrillo por el material dominante de su fabricación, y como se encontraba a la altura de la actual Avenida Recoleta en donde los sacerdotes de la Orden de San Francisco habían instalado su claustro, satisfizo la alta demanda de un paso seguro sobre el río en este punto de la aún joven ciudad. No tengo claro qué lugar ocupa este puente en la historia del uso del ladrillo en Chile, pero debe estar entre las experiencias pioneras con el mismo material.
Justo Abel Rosales da un dato un tanto intrigante en su obra "Historia y tradiciones del Puente de Cal y Canto", sin embargo, que podría guardar alguna relación con los de Barros Arana: comenta que un puente anterior al de nuestra atención habría sido hecho primero de madera y, más tarde, "de piedra, a lo menos en su base" en este mismo sitio. Sin embargo, es claro que de haber existido este intento de pasarela previa y con material más ligero (cosa bastante discutible, en cierto punto), su carácter tan provisorio o precario inspira más bien a no contabilizarlo como primer puente estable levantado en el Mapocho, sino hasta la aparición del Puente de Ladrillo propiamente tal.
Plano de Santiago de Amadée Frezier, en 1712. Se observa un fragmento del Puente de Ladrillo, señalado como un puente en ruinas por el autor. Posteriormente fue rehabilitado, pero volvió a caer en decadencia.
Detalle del plano de Santiago de Tomás López, claramente basado en el de Frezier, con el "puente ruinado" del río Mapocho, confeccionado y publicado en 1758.
El Puente de Palo, levantado sobre los bloques de las bases-arranques de los que habían sido los arcos del Puente de Ladrillo, que alcanzan a distinguirse en esta imagen de 1880, aproximadamente.
Empero, no hay claridad total sobre el aspecto de este viejo puente, pues las distintas crónicas estudiadas por don Benjamín Vicuña Mackenna para su "Historia crítica y social de la ciudad de Santiago desde su fundación hasta nuestros días. 1541-1868", ofrecen números diferentes en la cuenta de sus arcos y ojos: según algunos cronistas posteriores como Rosales, era de seis ojos. Por su lado, los oidores Portales y De la Peña, que fueron contemporáneos al puente, decían que tenía ocho arcos. Pero Vicente Carvallo y Goyeneche declara 13, lo que puede tratarse de un ensanche:
"Tomó arbitrio de subastar la obra de tajamares, y logró verla concluida. Propendió a la construcción de un puente de cal y ladrillo con trece arcos para transitar el río Mapocho en todo tiempo, y permaneció sirviendo cerca de ochenta años. A esfuerzo de su cuidado se concluyeron las casas del Ayuntamiento, sin que para obras tan útiles como indispensables gravase al público en lo más mínimo. Todos sus costos salieron de propios de ciudad y derecho de balanza, sin más arbitrio que cuidar de su exacta recaudación y justa inversión. Con este caudal puso en la ciudad de las aguas de Ramón, Apoquindo y Tabolada repartida por tercias partes en la fuente de la plaza mayor en el monasterio de Clarisas y Franciscanos".
Para peor, Pedro de Córdova y Figueroa vio 17 arcos, acentuando la confusión sobre las características exactas del puente:
"Tres cuadras de ella (Plaza de Armas) comienza el curso de su río superficial y espacioso, y tanto que en derechura de la recoleta franciscana tiene un puente de diez y siete arcos, obra costosa".
Lo que sí se sabe con seguridad es que recibió ampliaciones y mejoramientos con el tiempo, especialmente en sus accesos, pasando incluso por un período en ruinas antes de su recuperación. Lo más seguro es que provengan desde allí las diferencias en la cuenta de sus arcos, de acuerdo a cada etapa de ampliaciones.
En 1721, se ordenó desocupar un terreno con el que este puente empalmaba en la bajada para permitir el tránsito de caballos, carros, carretas, coches y demás bagaje, haciéndose para ello, después, una placilla especial de descanso sobre la llamada Calle de las Ramadas, coincidente en la actualidad con la plazoleta de la Posada del Corregidor de la rebautizada calle Esmeralda.
Pero el caso es que ninguna de estas medidas y mejoramientos impidió que el puente cayera en decrepitud, tras ser golpeado por las continuas crecidas del Mapocho, así que no resistió mucho ofreciendo sus servicios. Permaneció largo tiempo de este modo, destruido y desnudado, acaso convertido en su propio fantasma. León Echaíz dice que fue la gran inundación del 30 de abril de 1748 la que lo destruiría definitivamente.
Cabe indicar, sin embargo, que el viajero francés Amadeo Frezier observó y dibujó al Puente de Ladrillo en su famoso primer mapa "científico" de la ciudad de Santiago de Chile en 1712, registrando en el mismo plano el detalle de la parcial existencia de su estructura sobre el río Mapocho, conectada a La Chimba, y con la única anotación de que ya era entonces un puente en ruinas, que se observa cortado poco más allá de la mitad de su longitud. Este detalle es comentado, entre otros, por Gonzalo Piwonka Figueroa en "Las Aguas de Santiago de Chile. 1541-1999".
La información de Frezier nos indica que el puente se habría destruido y luego reparado, antes de volver a decaer, pues aparece activo y útil otra vez en testimonios de períodos posteriores a la confección de su mapa y antes de la señalada destrucción final de 1748. Por alguna razón, este interesante detalle fue omitido en la reproducción que se hace de este plano en las placas-relieves de bronce que se instalaron hacia el último cambio de milenio en la Plaza de Armas de Santiago, enfrente del edificio del Museo Histórico Nacional. Es una lástima, pues los guías turísticos tendrían un dato muy interesante que agregar sobre esta pieza a los muchos visitantes que asoman por allí diariamente.
Es de estimar como hecho, entonces, que el Puente de Ladrillo debió haber sido reconstruido en un plazo que Vicuña Mackenna calcula entre 1712, cuando lo observa destruido Frezier, y 1717, cuando el cronista Córdova y Figueroa lo ve otra vez funcional y con todos sus arcos en pie, o más precisamente como "un puente de diez y siete arcos", según vimos que lo describe.
Ya destruido definitivamente, entonces, sobre las bases en ruinas de la pasadera del Puente de Ladrillo, desde donde antes salían los arranques de los arcos, se construyó otro paso conectando la Recoleta con la Plaza de las Ramadas como hacía el anterior, conocido como el Puente de Palo, por haber sido madera el principal material utilizado en esta obra, reemplazando al desaparecido puente de arquería.
El Puente de Palo se construyó por petición de los sacerdotes recoletos al Cabildo, a partir de 1762, a través del Padre Guardián de la Recoleta Franciscana. La construcción comenzó en este mismo período o un poco después, existiendo fotografías que permiten ver los arranques del puente anterior, sobre los cuales quedó instalada la nueva estructura que funcionó allí por más de un siglo.

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