martes, 23 de mayo de 2017

SELECCIONES DE RAÚL MORALES ÁLVAREZ (PARTE IV): "GENIO Y FIGURA DE LA ESMERALDA"

 
Buque Escuela "Esmeralda", zarpando desde Ancud en 1959.
Continúo aquí con la selección de artículos del periodista chileno Raúl Morales Álvarez (ver el anterior acá: "Cuando el Diablo asoma"). Este texto pertenece al proyecto editorial "Temporal en Cartagena: antología de Raúl Morales Álvarez", de la Agrupación Cultural El Funye (ir al Facebook del grupo), exclusivamente dispuesta para los lectores de este blog.
Acaba de largar anclas en su querencia porteña, en Valparaíso, el buque escuela de la Armada de Chile, la Esmeralda, dando término al viaje de instrucción anual, realizado con los noveles oficiales recién egresados de la Escuela Naval, a la par con los grumetes que también entrega su propia escuela respectiva, a la siga, unos y otros, de verse capacitados como auténticos marinos.
Esta Esmeralda es la sexta que luce su nombre en nuestra nómina naval. Una hermosa historia marinera navega en estas quillas. La primera Esmeralda, la que Cochrane capturaba para Chile por su señoría en la Rada del Callao, al filo del bravo abordaje nocturno ocurrido el 5 de noviembre de 1828, fue fragata. La segunda, la de Prat llamada "mancarrona" por sus tripulantes querendones, fue la corbeta que alcanzó gloria inmortal en el combate del 21 de mayo de 1879, en las aguas de Iquique, muriendo con su bandera al tope junto a los hombres que la defendieron. La tercera Esmeralda lució en sus días como el crucero más rápido del mundo. La cuarta fue acorazado. La quinta, fragata antisubmarina. La sexta es el bergantín goleta que hunde en las olas el gallardo mascarón de proa, desde donde vuela el cóndor que sostiene el escudo.

Las seis resumen la expresión nacional más tangible del culto de Chile por el lema que ha inspirado a nuestra Armada desde que O'Higgins, en el alto del Puerto, en Valparaíso, vio zarpar a sus primeras naves rumbo hacia la libertad del Perú: "Más vale honra sin barcos, que barcos sin honra". Los buques de la marina de Chile siempre han sido celosos custodios de su honra.
Combate Naval de Iquique, por Thomas Sommerscales.
El pequeño Raúl Morales Álvarez junto a su padre y su hermano Jorge R. Morales Álvarez, marino que también tuvo inclinaciones hacia las letras (fue autor de obras como "Cuentos del extremo austral").
La actual Esmeralda estaba construida por España, que la ambicionaba como buque escuela, cuando la adquirió Chile, en 1954, pagándola con los excedentes en las cuotas del salitre. Es un hermoso velero de cuatro palos, con aparejos de bergantín goleta, dotado con motores diesel capaces de una fuerza de 1.500 caballos, gemelo del Don Juan de Austria, la nave que sirve a España. Nuestra Esmeralda entrega al viento 25 velas cuando va marinando. Los motores sólo se utilizan en tiempos de mar boba o calma chicha, su casco es de acero y desplaza 3.500 toneladas. La voz del pueblo la ha rebautizado como la Dama Blanca. Realmente parece una linda novia de todos los que la admiran cuando llega a puerto o se hace a la mar. En cada uno de sus viajes, como el realizado ahora, la Esmeralda ha demostrado ser la más eficaz embajada de Chile y de su gente, señalando que en este cometido el país le debe más de una hazaña.
Fui testigo de la lograda el 17 de abril de 1957 en San Francisco de California, donde me encontraba en esa época. Se llega a San Francisco entrando por su Puerta de Oro -Golden Gate, en inglés-, un angosto canalizo que pasa bajo el centro exacto del puente colgante que le da fama a San Francisco. No se puede entrar a la bahía sin ayuda de prácticos y mucho menos a la vela. Pero la Esmeralda lo hizo, desplegando todo su velamen, ante la admiración del público, apiñado en el fachoso puente.
El hecho fue saludado como un "Increíble pero Cierto" por la prensa que fotografió su logro y los reporteros se precipitaron a bordo de la Esmeralda para conocer al autor de la proeza. Pero el comandante, Roberto de Bonaffós, rechazó los elogios. "Sólo hice lo que cualquier otro oficial de la Marina de Chile habría hecho en mi lugar".
"A todo señor, todo honor", dice el refrán caballeresco.

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