miércoles, 19 de abril de 2017

EL OBELISCO DEL TAJAMAR DE PROVIDENCIA: NO TAN AUTÉNTICO, PERO TAMPOCO TAN POSTIZO

La "Pirámide" recién restaurada, en 1917, en imagen publicada en la obra "Los nichos de Providencia en los antiguos tajamares".
Coordenadas:  33°26'5.63"S 70°37'43.35"W
El Escudo de Armas de la Comuna de Providencia, en Santiago de Chile, muestra al centro del blasón un gallardo y soberbio obelisco o "pirámide", como se le llamaba antaño, entre la estilización de unos tajamares junto al río Mapocho, todo rodeado por las ocho conchas veneras del antiguo Escudo de Santiago y con el año de fundación de la comuna. No es una representación del Obelisco de Balmaceda en la entrada del parque del mismo nombre, como a veces se interpreta popularmente, sino el obelisco que nos interesa acá y cuya copia está un poco más al Oriente de esta área verde, en la ribera del Mapocho.
Conocido como el Obelisco de Providencia, de los Tajamares o del Tajamar, está en avenida Providencia cerca del acceso la Pasarela Racamalac, la versión chilena del famoso Puente de los Candados. Esto es casi en la explanada misma del Café Literario del Parque Balmaceda (ex Parque Japonés), enfrente del empalme de la calle Condell sobre avenida Providencia. Aclaro con desaliento -desde ya y para frenar otro mito urbano- que no es el original y nunca lo ha sido, pues se trata de solo una reproducción del que alguna vez existió allí conmemorando la construcción de los últimos tajamares que se le dieron al Mapocho durante la Colonia. Sin embargo, es un símbolo antiguo e importante de la comuna, que conmemora precisamente los orígenes de estos barrios.
Los restos de este mismo tajamar fueron redescubiertos durante los trabajos de construcción del Metro de Santiago, en los años 70, planificándose incluso ponerle el nombre de Estación Tajamar a la parada que iba a existir allí, idea que nunca se concretó. Tal como sucede con el Parque Forestal, todavía hay algunos restos de estos tajamares en el Parque Balmaceda, en donde se habilitó también un museo especial para ellos, en 1980, aunque fue cerrado en 2003, tratando de implementarse varios planes de reapertura en años posteriores, frustrados con la inundación del recinto en  junio de 2016. Actualmente, se están realizando grandes obras este lugar, con la intención de volver a poner el museo a disposición del público.
Vista del actual obelisco de calle Providencia.
Piedra conmemorativa del obelisco o "pirámide" original, siglo XVIII, actualmente en el Museo Histórico Nacional de Santiago.
El obelisco original un par de décadas antes de su destrucción, junto a la vieja avenida Providencia. Imagen publicada por el Flickr de Pedro Encina, "Santiago Nostálgico".
ORIGEN DEL TAJAMAR DE PROVIDENCIA
El obelisco original de Providencia era el remate de la historia del tajamar colonial, esas especies de murallones formando malecones y diques riberanos para contener las crecidas del río Mapocho y que no desbordasen así hacia la ciudad, convirtiéndose en alamedas con largo paseo de gran atracción para la sociedad de entonces. 
La necesidad de reparar y reconstruir los tajamares fue una constante de la colonia santiaguina durante toda su existencia, prácticamente. Unas décadas antes de que se hiciera esta última gran obra de contenciones del río, ya en sesión del 29 de octubre de 1771, los integrantes del Cabildo de Santiago discutían también sobre el destino de los ranchos y viviendas que representaban un obstáculo para la construcción del paseo junto a los tajamares.
La historia de este tajamar comienza en 1788, cuando asumió el gobierno de la colonia el Marqués don Ambrosio O'Higgins. El irlandés al servicio de la Corona Española y progenitor del Libertador, tomó el alto cargo en Chile después de expirar el año anterior su tocayo Ambrosio Benavides, quien poco antes había encargado al Ingeniero Militar don Leandro Badarán, la confección de los planos para renovar los tajamares del Mapocho con los mejores que éste hubiese tenido hasta entonces, entre la actual calle Miguel Claro y Puente, y aún más al Poniente, según los hallazgos arqueológicos.
Tomando rápidas providencias para la seguridad de la ciudad, el 3 de septiembre O'Higgins (o Higgins, como solía firmar también) hizo una serie de gestiones para poder reunir los 150.000 pesos necesarios para el proyecto de construcción de tajamar pendiente en el río Mapocho, pues los anteriores estaban parcialmente destruidos y muy deteriorados, especialmente tras la funesta "Gran Avenida" de sus aguas en 1873. Parte de la recaudación la logró modificando el sistema de impuestos para yerbas, azúcar y el denominado derecho de balanza, además de cobrar 121.000 pesos vacantes del tesoro del Rey que originalmente estaban orientados a la llamada Casa de las Recogidas, curiosa institución con sede en el sector de la actual Plaza Vicuña Mackenna, donde se daba acogida a mujeres de vivir "reprochable" y poco asistido.
Sin embargo, a la sazón los impuestos de yerba mate y azúcar resultaban muy impopulares en la colonia santiaguina. Una razón, era el que sociedad chilena ya debía cargar con impuestos hasta en el tabaco para ayudar a mantener la holgura del Virreinato de Perú, cuya esplendorosa situación de riqueza venía en decadencia, especialmente por la pérdida del monopolio de las flotas en 1778. En el año siguiente, además,  la autoridad había querido establecer un impuesto especial a la hierba mate, de un peso por zurrón, para financiar los servicios del Puente de Cal y Canto y su mantención, pero los santiaguinos se levantaron contra la medida y contrataron al abogado Miguel de la Huerta para dejar sin efecto la exigencia de contribución, ya que este producto era otro de los de mayor consumo en la sociedad de entonces. Hay teorías suponiendo, incluso, que esta clase de encarecimientos en la yerba mate, en 1779, comenzaron a hacer tan popular el té entre los chilenos, pasando con el tiempo de alternativa a prioridad.
Ante las protestas de la ciudadanía y los reclamos de Huerta, recargas como las del mate y la azúcar se vieron revocadas por una real cédula de Carlos IV del 7 de diciembre de 1790, luego de la larga disputa de parte de los vecinos, que ahora se llenaban de júbilo. Esto incluyó los impuestos alzados por O'Higgins. En su "Historia crítica y social de la ciudad de Santiago desde su fundación hasta nuestros días. 1541-1868", don Benjamín Vicuña Mackenna comentará con sorna: "Los santiaguinos consentían en ahogarse con tal de tomar mate a poco precio".
A pesar de este inconveniente, la fortuna saludó a don Ambrosio: para cuando llegó a Chile la noticia de la abolición del impuesto, el 12 de abril del año 1791, las arcas habían acumulado durante su vigencia unos 50.000 pesos, a los que se sumaban otros 12.000 por el ramo de la balanza, suficiente para poner en marcha los trabajos necesarios.
Cuadro al óleo de Giovatto Molinelli, hacia 1855, con vista de los Tajamares del Mapocho y la "pirámide" de Toesca junto a la actual avenida Providencia. Se observan las alamedas y sauzales del inicio del paseo del tajamar.
"Vista de tajamar con una de las bajadas al lecho del río Mapocho", de Carlos Wood. Muestra el inicio del Paseo del Tajamar por el oriente del mismo, con el obelisco conmemorativo.
"Pirámide" de don Ambrosio O'Higgins y Joaquín Toesca, en lo que hoy es Providencia. Imagen publicada por Jorge Walton en el “Álbum de Santiago y vistas de Chile”, en 1915.
El obelisco y el lecho del río Mapocho en un día con Santiago nevado. Imagen publicada por el Flickr de Pedro Encina, "Santiago Nostálgico".
LAS OBRAS DE CONSTRUCCIÓN
Con el dinero ya en las manos, O'Higgins encargó los trabajos al arquitecto italiano Joaquín Toesca, el mismo que tanta importancia tendría para las obras civiles y religiosas chilenas, partiendo por el propio Palacio de la Moneda.
Toesca asumió como arquitecto principal y a don Manuel de Salas como superintendente de obras, aceptando este último trabajar de manera ad-honorem, uniendo así "el amor a la erudición con la práctica del servicio público", en atinadas palabras de Amanda Abarca para su "Historia de la enseñanza en Chile". Toesca se basó en el plan de Badarán y del ingeniero Pedro Rico, aunque introduciendo algunas modificaciones: además de la adición de los soportes de piedra, hizo muros curvos en algunos tramos, facilitando con ello la resistencia del tajamar a las aguas.
Nuevamente, invocamos al libro de Vicuña Mackenna para armarnos un bosquejo mental de este enorme trabajo:
"Entre tanto, inmediatamente que el superintendente recibió su nombramiento y la orden de girar contra el tesoro, ajustó sus contratas de piedra, de cal y de ladrillo, y sus enganches de cuadrillas de albañiles. Sólo del último material pidió 683.000 piezas con las dimensiones de media vara de largo, de una cuarta de ancho y tres pulgadas de espesor, a razón de 12 pesos 50 centavos el mil, y ocurrió la singularidad de que se presentaron 23, algunos por sumas verdaderamente ínfimas, de dos o tres mi ladrillos. El más considerable de todos aquellos industriales al menudeo fue un José María Jáuregui por 80.000 ladrillos. A todos, como por vía de óleo, repartíase con fianzas 3.710 pesos. Porque así como en la primera quincena de septiembre no hay en Santiago que no sea blanqueador y por abril albañil de tejado, así parece que no quedó gente en el reino que no ocurrió a la recogida del dinero destinado a los tajamares. En cuanto a la cal, empleose de preferencia la de Polpaico, que era la que se usaba en la Moneda, y cuyo propietario, don José Antonio Rojas, la suministraba a razón de 8 ó 9 reales la fanega".
Fue tal la demanda de trabajo para estas obras, que el propio Toesca debió meterse varias veces en las faenas y echar mano a la colocación de ladrillos y otras labores de albañilería, como hace notar René León Echaíz en su "Historia de Santiago". De hecho, en sus solicitudes elevadas a las autoridades, expresaba el arquitecto:
"Me contraté como director de la obra y añadiendo la obligación de examinar los materiales e intervenir en su compra, distribución y consumo, y a más de emplantillar por mi mano y hacer las veces de aparejador".
El material que prefirió Toesca para estos nuevos tajamares -aconsejado por su experiencia y su certera intuición profesional- fue el ladillo y la piedra canteada, a diferencia de los anteriores que eran de piedra y sillería más bien bruta. Suponemos, por lo tanto, que varios de los restos de tajamares que aparecen después en distintas partes de Santiago (Plaza Oscar Castro, Parque Forestal, Parque Balmaceda, jardines del ex claustro de la calle Portugal, Municipalidad de Providencia, Parque Los Reyes, etc.) podrían pertenecer principalmente a esta última generación de tales estructuras. Meros "trozos informes", al decir de Fidel Araneda Bravo en sus "Crónicas de Providencia".
Al fin, en 1792, la formidable obra se concluyó en todo el trayecto del río que iba desde la desaparecida chacra de Quinta Alegre o del Alcalde, por allí en los inicios de la actual avenida Providencia, hasta el barrio del Puente de Cal y Canto, pleno vecindario del actual Barrio Mapocho. El largo y bello Paseo de los Tajamares iba ahora más o menos desde la Plaza de San Pablo hasta la altura de las futuras propiedades del Seminario Conciliar y la Casa Central de la Providencia.
Vista del entonces recién restaurado monolito original, junto a los pretiles del río Mapocho y el antiguo Camino de la Providencia, en "Los nichos de Providencia en los antiguos tajamares", 1917.
Vista del Parque Japonés, donde ahora está el Parque Balmaceda. Diseñado y construido entre 1927 y 1931, trabajos en los que acabó demolido el obelisco original. Imagen de la Casa Foto Mora, publicada en el Flickr de Santiago Nostálgico.
Postal fotográfica del obelisco, por Casa León. Fuente imagen: Flickr de Pedro Encina, "Santiago Nostálgico".
EL OBELISCO CONMEMORATIVO
Todavía hasta el primer siglo republicano, era costumbre inmortalizar grandes obras urbanísticas con algún monumento, de preferencia un obelisco, como la "pirámide" que se instaló en avenida San Pablo con Brasil también por Ambrosio O'Higgins, en 1895, para conmemorar la inauguración de la ruta Santiago-Valparaíso o Camino de las Carretas, que había hecho construir. En "Recuerdos de treinta años", don José Zapiola comenta también que había, hasta su tiempo, otra de estas "pirámides", más pequeña, junto al lugar donde hoy está el Puente Purísima, también al oriente del actual Barrio Mapocho, pero creemos que podría corresponder a los tajamares anteriores, de Ortiz de Rozas. Y en la administración del Cerro Santa Lucía se atesora también una pirámide de mármol, conmemorativa de alguna obra o etapa correspondiente al paseo allí construido por Vicuña Mackenna.
Fue por apelación a este mismo símbolo que, al ser inaugurado el grueso de los trabajos de los tajamares en 1792, O'Higgins también hizo instalar en su punto inicial junto a la bajada hacia el lecho del río, allá porenfrente de la Quinta Alegre, un obelisco de ladrillo que los viajeros llamaron también "pirámide", precisamente en lo que ahora es la avenida Providencia, antaño llamada Camino de Las Condes, de Apoquindo o de Providencia según cada época. Estaba de frente a lo que sería después el Callejón de Lo Pozo, actual Condell, llamada entonces así en recuerdo a la residencia que había tenido en la esquina de esta vía con calle Rancagua el Obispo de Santiago don Alonso del Pozo y Silva, hacia 1725, futuro Arzobispo de la Audiencia de Charcas en el Alto Perú.
En su sólido segmento basal, este obelisco  de Toesca tenía una roca canteada empotrada en su tarja, tallada con las siguientes inscripciones que ordenó hacer el gobernador:
D.O.M.
REINANDO CARLOS IV
Y
GOBERNANDO ESTE REINO
DON
AMBROSIO ’HIGGINS DE
VALLENAR
MANDÓ HACER
ESTOS TAJAMARES
AÑO DE MDCCXCII
Este singular monumento fue retratado en el Paseo de los Tajamares por algunos pintores, acuarelistas e ilustradores, entre ellos Carlos Wood Taylor, Giovatto Molinelli, Ernest Charton y Enrique Swinburn Kirk. Cuando el explorador británico miembro de la Real Armada, oficial George Vancouver, pasa por Chile a poco de inaugurarse la "pirámide", comenta en sus memorias "Voyage of discovery to the North Pacific Ocean, and round the world in the years 1791-95" que su diseño parece estar basado en el famoso obelisco de Bernini, de la Plaza de San Pedro en Roma, aunque la comparación de ambos inspira razonables dudas.
Además de constituirse en el primer monumento público de Santiago, el obelisco de ladrillo parece haber sido uno de los primeros de este tipo en Chile, de mucha influencia francesa y simbología asociada a antiguas logias europeas. Dijimos que su figura era usada todavía en tiempos republicanos, como  por ejemplo en la inauguración del Obelisco de la Primera Junta de Gobierno, levantado en la Alameda de las Delicias, y los dos obeliscos señalando el término de los trabajos de canalización del río en el barrio de los mercados mapochinos.
Muy relacionados con el revolucionarismo francés, existe cierta teoría comentada por Liisa Flora Voionmaa en "Escultura Pública. Del Monumento Conmemorativo a la Escultura Urbana. Santiago 1792-2004", según la cual el obelisco podría provenir de una idea propuesta de Toesca, y que, entre líneas, anunciaba la inminencia de la Independencia de Chile, de la misma manera que lo haría después la artística Pirámide de Mayo en Buenos Aires, levantada en 1811 y con ciertas semejanzas geométricas generales al más sencillo del río Mapocho. Se recordará que la columna u obelisco de la Independencia también fue un símbolo de mucho uso en el período de las guerras patriotas y los primeros años de las nuevas repúblicas.
Sin embargo, y como solía suceder con las obras de esta envergadura, los trabajos del último sistema de tajamares no estaban del todo concluidos con su inauguración en 1792, pues se extendieron todavía en obras menores por varios años más, hasta 1808 más precisamente, hacia el final de la presidencia de Luis Muñoz de Guzmán.
El actual obelisco de Parque Balmaceda frente a Condell, reconstruido en base al original y cerca de la ubicación que tenía, visto desde la avenida Providencia.
Visto desde la acera de enfrente, en avenida Providencia.
Acercamiento a su estructura enladrillada.
Restos del tajamar de Providencia, en Parque Balmaceda, sobre lo que antes fuera el Parque Japonés. Ubicado cerca del actual obelisco, el fragmento lleva una placa con la siguiente leyenda: "Este trozo de mampostería perteneció a los antiguos tajamares del río Mapocho, que ordenó construir el Gobernador del Reino de Chile don Ambrosio O'Higgins en el 1791, basado en los planos de Leandro de Baradán, modificado por el arquitecto Joaquín Toesca".
DECADENCIA DEL PASEO Y CREACIÓN DE LA COMUNA
El viejo Paseo de los Tajamares soportó activo unos 30 años más, pero cayó en decadencia luego de la construcción de la Alameda de las Delicias por don Bernardo O'Higgins, que ahora da su nombre a esta avenida. Este segundo paseo de Santiago se ejecutó a partir de un proyecto de despeje de la entonces llamada Cañada de Santiago o de San Francisco, durante el Gobierno de don José Miguel Carrera, en la Patria Vieja. La remodelación fue concluida hacia 1820, atrayendo al comercio y los paseantes que antes se veían por el borde del río Mapocho.
Las piletas del paseo ribereño se secaron, muchos árboles murieron, los propios tajamares se deterioraron y la pirámide comenzó a ver cada vez menos gente paseando en su entorno. Unas décadas después, el Intendente Vicuña Mackenna quiso canalizar el río, hacia 1874, pero sólo en los días del Gobierno de José Manuel Balmaceda pudo iniciarse esta formidable obra, a partir de 1888, esfuerzo que dejó muy atrás la época de los tajamares coloniales.
Como consecuencia de esto, los basurales que antes se acumulaban en la vieja Cañada de Santiago y las vegas del actual Barrio Mapocho, se trasladaron en gran medida a los sitios ya eriazos del sector del río donde estaba la pirámide, cada ves más vetusta y erosionada por el tiempo. Pasaron varios años más en que el ancho lecho del río siguió sin ser encajonado por este sector de la ciudad.
Posteriormente, durante el Gobierno del Presidente Federico Errázuriz Echaurren, fue creada la Comuna de Providencia, separándola de Ñuñoa y con sólo 5.000 habitantes a la sazón. El nombre provenía de la existencia del comentado Callejón o Camino de La Providencia, la actual avenida del mismo nombre, así llamada por la presencia del Convento de las Hermanas de la Providencia y que se halla parcialmente siniestrado en estos momentos. Esto fue por Decreto Supremo N° 519 del 25 de febrero de 1897, que considera para la nueva comuna las subdelegaciones 1ª de Las Condes, 2ª de San Carlos, 5ª de La Providencia (que le daba el nombre) y 26ª del Mineral de Las Condes.
El obelisco colonial pasó a ser considerado un indicador de los límites de la nueva comuna con respecto a Santiago Centro, pero no era un deslinde propiamente tal, a modo de hito o mojón fronterizo, pues no estaba exactamente en la frontera: ya seis años antes, cuando se había señalado a la Subdelegación 5ª llamada Providencia pero como parte de Ñuñoa, se indicaba textualmente su límite Sur en el Camino de Cintura, correspondiente a la actual avenida Vicuña Mackenna.
Pasado ya el Primer Centenario de la Independencia, la "pirámide" de Providencia fue restaurada, en 1917. Se le instaló una placa adicional recordando esta reparación y así, en las imágenes de aquellos años, no se ve ya el gastado y deterioro que sí aparecía en las fotografías que Jorge Walton publicó sólo dos años antes, en su "Álbum de Santiago. Vistas de Chile". Usando el pseudónimo Pedro Recio, don Desiderio Lizana Droguett tira en su folleto poético "Los nichos de Providencia en los antiguos tajamares", también en 1917, con los siguientes versos:
La pirámide ha sido restaurada,
así como la placa que recuerda
la utilísima obra ejecutada
por la administración tal vez más cuerda,
que tuvo la Colonia, y más honrada.
En tal sitio una tumba se le acuerda
por justa cortesía, sin palique
al de Santiago, regidor Manrique.
Cabe comentar -para mejor inteligencia de este texto- que por palique, el autor se refiere palabras engañosas. Y para contextualizar urbanísticamente la situación, el obelisco se encontraba, a la sazón, a sólo un lado del grueso pretil que bordeaba el río con los restos del tajamar, por un lado, y los rieles del tranvía pasaban a escasos metros del mismo, por el otro.
Vista del obelisco actual desde la explanada del Café Literario, en la bajada del Puente Racamalac, en Parque Balmaceda.
Acercamiento a la espalda del obelisco actual. Atrás, al fondo, se observan los edificios el empalme de calle Condell con avenida Providencia.
Placa del obelisco actual, reproducción de la que estaba en el original.
Piedra original con las inscripciones que hizo poner en ellas el Gobernador Ambrosio O'Higgins, en el patio del Museo Histórico Nacional de Santiago.
Escudo de Armas de la Comuna de Providencia, creada en 1897, con su obelisco.
DESTRUCCIÓN Y RECONSTRUCCIÓN
El urbanismo de este sector de la ciudad experimentó cambios significativos, totalmente necesarios para el progreso. Por lo mismo, sin embargo, estas modificaciones y avances tuvieron sus costos; irreparables en algunos casos.
Al canalizarse la parte que faltaba del río hacia el Oriente, el entonces Alcalde de Providencia, don Almanzor Ureta, no bien asumió el cargo en 1927, se empeñó en concretar el plan para erradicar los ruinosos peladeros del borde del Mapocho, además del precario callejón costanero que existía junto al río, y los basurales que ocupaban en aquellos días el lugar del desaparecido paseo colonial de don Ambrosio. Este largo proyecto permitiría, además, dar ocupación a una gran cantidad trabajadores afectados por la crisis post-Caída de la Bolsa del 29, en la construcción del Parque Japonés diseñado por del paisajista austriaco Óscar Praguer, en donde está ahora el Parque Balmaceda.
Los señalados terrenos intervenidos eran los adyacentes al río Mapocho, casi desde encima de la ex-Plaza Italia, donde se había instalado hacía poco el conjunto monumental del General Baquedano, hasta la proximidad del Puente del Arzobispo, cuya actual versión art decó se instaló como parte de estas remodelaciones.
El obelisco fue destruido entre ese mismo año de 1927 o un poco después, pues ya no estaba cuando quedó abierto y limpio el espacio para el magnífico nuevo parque inaugurado en 1930 y que se convertiría de inmediato en uno de los lugares de esparcimiento favoritos de la sociedad chilena, pues funcionaba también como una continuación del Parque Forestal hacia el Este de la zona más céntrica de Santiago. Durante la década siguiente, además, se inició el loteo y venta de terrenos del antiguo Seminario de la Providencia, cruzando la avenida hasta un poco más al Sur, con lo que desaparecieron los vestigios más antiguos de Santiago en estas cuadras de la ciudad, casi en los deslindes de la comuna con Santiago Centro, y de las que sólo sobreviven algunos recuerdos como la Parroquia de los Ángeles Custodios y los topónimos de las calles del barrio, aludiendo al Seminario Conciliar y sus miembros.
El material del que estaba hecho el antiguo monumento, mismo enladrillado con cal y canto de los tajamares de Toesca, se perdió para siempre. No obstante, la principal placa original de piedra con las inscripciones conmemorativas, se encuentra actualmente en el patio central del Museo Histórico Nacional, donde puede ser admirada.
Extrañando el antiguo monumento y el símbolo que representaba para la comuna hasta en su propio Escudo de Armas, se levantó la actual réplica que existe en la avenida, por el año 1950, cerca de donde estaba el original. Muestra una placa cuyo texto es el mismo que tenía aquélla, además de otra con la siguiente inscripción:
EN EL MES DE DICIEMBRE DE
MCML
LA MUNICIPALIDAD DE
PROVIDENCIA
MANDÓ RECONSTRUIR ESTE
OBELISCO
CERCA DEL SITIO EN DONDE
ESTUVO EL ORIGINAL
Y PARA SEÑALAR EL EXTREMO
NOR PONIENTE DE LA COMUNA
Hecho de ladrillo y hormigón, el monolito ha vuelto a constituirse un vistoso e inconfundible símbolo de identidad comunal, aunque generando creencias erradas sobre su antigüedad al tomárselo a veces por el original de los tajamares, a pesar del mensaje casi con características de advertencia que tiene a su espalda, para comprender su sentido y verdadera época.

2 comentarios:

Nd Serd dijo...

Muchas gracias! Excelente crónica. Nuevamente una dosis de cultura para esta tarde . Siempre tuve inquietud de este obelisco.

Juan Carlos de Chile dijo...

¡Gracias por compartir asi tu maravilloso trabajo!

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