viernes, 31 de marzo de 2017

PEPITA TURINA: LA GENIALIDAD HECHA MUJER EN LAS LETRAS CHILENAS

Pepita Turina (1907-1986). Fuente imagen: gentileza de su hija Karen Müller.
A principios de este mes que ya termina, se cumplieron 110 años del natalicio y 31 desde la muerte de una insigne y valiosísima escritora chilena: Josefa Alvina Turina Turina, más conocida como Pepita Turina. Curiosamente, en el mismo día doblemente conmemorativo para ella, 1° de marzo pasado, falleció otra escritora chilena y dignísima joya representante de las grandes mujeres en este oficio: Alicia Morel.
Patricia Pinto, en "Escritoras chilenas", comentó de Pepita que "al igual que sus coetáneas, la narrativa de Turina se centra en la problemática existencial femenina bajo el patriarcado de la primera mitad del siglo", abordando temas como la dependencia femenina del varón, la falta de libertades, la soledad y las consecuencias de las rupturas con las normas sociales. Desde muchos aspectos, la vida de la escritora fue desafiar estas limitaciones y abrirse espacio en círculos cerrados de intelectualidad, a pesar de su tendencia más bien retraída y poco dada al lucimiento.
Pepita nació en Punta Arenas el 1° de marzo de 1907. La fecha y lugar del natalicio han sido reproducidos con errores muchas veces por reseñas biográficas, como parte del mal conocimiento que se tiene de esta gran mujer y por la falta de información que existía sobre este dato específico.
Nació de la unión de dos inmigrantes yugoslavos establecidos en Magallanes: Joanne Turina Baretic y Elizabeta Turina Gudac, que habían castellanizado sus nombres a Juan e Isabel. El apellido croata de ambos se relaciona con Turinovo selo, que significa pueblo de los Turina, y fueron los primeros Turina que llegaron a la ciudad austral a bordo del vapor "Potosí", el 23 de marzo de 1892. No se sabe si eran primos lejanos o si es coincidencia que tuviesen el mismo apellido.
La familia se mudó a Valdivia en 1912, a sus cinco años, donde estudió en el Liceo Fiscal hasta 5° año de humanidades, en 1922. Allí había iniciado sus actividades literarias, de acuerdo a lo que informa el "Diccionario Biográfico" de Chile", de la Empresa Periodística Chile. También entró a estudiar piano en el Conservatorio de Música de la misma ciudad, hasta 1927.
Su primer trabajo literario publicado, apareció en el diario "El Correo de Valdivia" del 1° de marzo de 1931, justo en su cumpleaños 24, en una sección llamada "El cuento del domingo". Tres años después, veía la luz su primer libro: la novela corta "Un drama de almas", difícil de encontrar en nuestros días. En ella, escribe aludiendo al sentimiento de indefensión y la congoja de la protagonista, dando ya una muestra de la delicadeza y belleza que fluiría por sus obras literarias, incluso al describir la perturbación:
"Una tristeza infinita la invadió al encontrarse de pronto desamparada, sola en su inmensa renunciación. Nadie podía apreciársela; sería eternamente ignorada. Sentía flaquear su fuerza física por el esfuerzo moral. Ya no era la Beatriz capaz de vencer obstinaciones rebeldes. Si alguien le hubiera dicho, en ese momento, una palabra suave de piedad, o cogido tan sólo un poco de compasión su cabeza cansada, no pudiendo reprimir su desolación, habría estallado en sollozos".
Pepita en su juventud, disfrazada para la Fiesta de la Primavera de Valdivia, en 1935. Fuente imagen: gentileza de su hija Karen Müller.
Mujer inmensa cultura, con una particular visión social crítica de todo y cargada de una intelectualidad avasallante, la joven comenzaba a abrirse paso ya hacia el merecido reconocimiento a su persona y a su expresivo trabajo.
Pepita recibe el primer premio del Concurso Floral de las Fiestas Primaverales con su "Prólogo a la primavera", en 1935. Ese mismo año, será una de las fundadoras del Círculo de Difusión Cultural de Valdivia, gracias a su obra "Un drama de almas" que, curiosamente, ella no estimaba mucho, según recuerdan sus biógrafos. Primera mujer de la institución y única entre todos sus integrantes fundadores, para 1936 ya era secretaria de la misma, siendo a la sazón su presidente don Álvaro Bombal Murúa. Allí participa en conferencias, sesiones de piano, crea La Semana del Arte y el Primer Salón de Bellas Artes de ese mismo año, al que concurren artistas de la talla de Julio Ortiz de Zárate, Samuel Román, José Caracci, Arturo Valenzuela, Marco Bontá y Lorenzo Domínguez.
El 2 de agosto de 1936, se publicará en el diario "El Sur" de Concepción, un hermoso cuento suyo titulado "La mañana", donde podemos leer más de esos bellos pasajes reflexivos:
"¡Oh el dolor de su descontento! ¡Oh el terror al vacío! ¿Oh el ansia de un disfrute de verdadero amor, cerca de una juventud, sana y violenta, en que cada roce hubiera sido de una electricidad magnífica que hubiera proyectado al paisaje toda una fantasmagoría de luz y de pasión".
También en 1936, ya cerca de los 29 años, Pepita contrajo matrimonio con el poeta, periodista y escritor Miguel Gómez Herrera, oriundo de Santa Cruz de Colchagua y diez años mayor que ella. La pareja duró poco y no tuvieron hijos, sin embargo, pues él falleció en Santiago en 1939, hasta donde se habían trasladado, dejando viuda a la escritora.
En 1938, Pepita había dado otro golpe al ser aceptada como socia de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), siendo la única mujer del grupo compuesto por personalidades literarias como Manuel Astica Fuentes, Alberto Baeza Flores, Antonio Bombal Murúa, Rafael Cabrera Méndez, Orlando Cabrera Leyva, César Bunster, Rafael Fernández Rodríguez, Nicomedes Guzmán, Arturo Gardequi Bilbao, Francisco Galano, Reinaldo Lomboy, Samuel Pantoja Cerda, Julio Ortiz de Zárate, Gerardo Seguel, Efraín Szmulewicz, Fortunato Santibáñez, Pepita Turina, Juan Uribe Echevarría, Victoriano Vicario y Miguel Ángel Vega Morales. Para entonces, el presidente de la SECH era don Alberto Romero.
A partir de 1940, comenzará a trabajar para la Universidad de Chile, partiendo como Catalogadora de la Biblioteca Central y siendo su jefe don Héctor Fuenzalida, para seguir como secretaria de la Escuela de Educadoras de Párvulos de la misma casa desde sus inicios, donde inició sus actividades el 22 de noviembre de 1944. Era su directora la maestra, abogada y pedagoga española Matilde Huici Navaz (1890-1965). En tanto, habrá de publicar nuevas obras como la novela "Zona íntima: la soltería", en 1941 y el prólogo biográfico "Walt Whitman, cotidiano y eterno" en 1943. En este último trabajo, basado en una conferencia dictada por la escritora en el Salón de Honor de la Universidad de Chile el 26 de marzo del año anterior, escribió la autora sobre el insigne poeta estadounidense:
"Materialista a su modo, nunca se le conoció ambición de riquezas, ni atracción por las mujeres o por los placeres comunes y corrientes. Absorbido por su gran idea, se saturaba de una serie de materias diversa. Se interesaba por las antiguas y por las nuevas civilizaciones. Asistía a las conferencias, frecuentaba gabinetes científicos. Hizo incursiones por la política, perteneció al partido Democrático y al Republicano, apareció en los estrados como orador, represento pequeños roles en un círculo de aficionados al teatro. Entraba a esta serie de cosas como aprendiz de la vida".
Pepita Turina en 1939, a los 32 años.
En estas actividades en Santiago, la viuda inicia una relación con el escritor, folklorólogo e investigador infatigable César Octavio Müller Leiva, más conocido como Oreste Plath, en una feliz unión formalizada con el matrimonio de los dos altos intelectuales, el 2 de febrero de 1945. La familia quedó completa el 28 de marzo de 1946, con el nacimiento de mellizos Karen Müller Turina (nuestra gran guía para este texto dedicado a su madre) y su hermano Carol Müller Turina. Curiosamente, ambos tenían por segundo nombre Plath, el famoso seudónimo del padre, tomado de una marca de cuchillería alemana.
Pepita fue una de las fundadoras del Teatro Experimental y de la Agrupación Amigos del Libro. En 1945, ya es directora del PEN Club de Chile, compuesto por literatos de la talla de Ricardo Latcham en la presidencia, Augusto D'Halmar como vicepresidente y Chela Reyes como secretaria-tesorera, siendo sus directores Domingo Melfi, Mariano Latorre, Januario Espinoza, Lautaro Yankas, Francesc Trabal, Hernán del Solar, Santiago del Campo, Leoncio Guerrero, Eugenio Pereira Salas y la propia Pepita Turina con Oreste Plath. Permanecerá como miembro de este organismo, además de la Asociación Folklórica Chilena y de la Mesa Redonda Panamericana.
La autora colaboraba en la revista semanal "La semana literaria", órgano del PEN Club de Chile, participando también en la Radio Sociedad Nacional de Agricultura (CB-59). Sus participaciones en medios radiales incluirán también programas como "La hora de los grandes maestros de la música", "La hora yugoslava", "La Semana Literaria" y "La Hora de Brasil", entre otras. A partir de 1946, asume como secretaria del Boletín del Centro de Estudios "Federico Fröebel", que es lanzando en diciembre de 1946 bajo dirección de Matilde Huici Navaz, revista donde escribirá varios artículos como "Observemos a nuestros hijos" (Año 1, N° 2 primer trimestre de 1947), "El juguete de lujo y su calidad superflua" (Año 1, N°4 tercer trimestre de 1947) y "Apuntes tomados de la observación directa de mis hijos mellizos" (Año III, 4° trimestre 1948, 1° y 2° 1949, Números 9, 10, 11, p. 14).
Para 1946, se ha hecho alumna del Curso de Biblioteconomía de la Universidad de Chile, gracias al aporte de la Fundación Rockefeller y que permite que se dicten en Chile los primeros Cursos de Bibliotecarios a funcionarios de las Bibliotecas de la Universidad de Chile. El profesor encargado del programa es el norteamericano Edward Martin Heiliger, quien vino a Chile acompañado por su esposa. Las materias del mismo profesor eran Bibliografía, Referencia, Catalogación, Clasificación Dewey y Administración de Bibliotecas.
La escritora sigue colaborando en una gran cantidad de medios que se suman a su ya extenso currículum: periódicos de Santiago como "El Mercurio", "El Diario Ilustrado", "Las Últimas Noticias", "El Heraldo de Ñuñoa", "La Prensa", "Frente Popular", "La Nación", "La Opinión", "El Siglo", "La Hora", "El Imparcial", "El Cronista"; revistas santiaguinas como "Hoy", "Occidente", "Margarita", "En Viaje", "INBA", "Saber comer… y vivir mejor", "Carabineros de Chile", "El Volantín", "Remolino", "Mampato", "Mapocho", "Portal", "NuevAurora", "Selecta", "Toma y Lee", "Peregrino"; en periódicos de provincia como "El Correo de Valdivia", "El Sur" de Concepción, "La Prensa de Osorno", "La Prensa Austral" de Punta Arenas, "El Magallanes" también de Punta Arenas y la revista "Atenea" de Concepción; periódicos extranjeros como "El Nacional de México" y "El Argentino" de Argentina; y revistas extranjeras como "Histonium" de Buenos Aires, "BookBird" de Viena y el Cuaderno Literario "Azor" de Barcelona.
Como hacía desde muy joven y siguió haciendo durante toda su vida activa, Pepita Turina participó en una gran cantidad charlas y exposiciones por todo Chile,  para la Universidad de Concepción y la Universidad de Chile. Sus temáticas, en estas charlas, estaban relacionadas con temas musicales, literarios y muchas veces sobre los niños, algo que siempre fue de particular interés para ella. Dictó también conferencias en casas de estudios de Uruguay y Argentina.
Invitación de Plath y Turina a una fiesta ("mitote") con motivo de la Primera Semana Folklórica Americana, en su casa de calle Los Diamelos, en el verano de 1953. Fuente imagen: Memoria Chilena.
En 1952, deja su trabajo en la Universidad de Chile tras 12 años en la institución. Problemas de tiempo y ánimo la tienen decaída, mientras vive con Oreste y sus hijos en calle Los Diamelos, Providencia, cerca de Bilbao. Ambos se potencian, sin embargo, y publican juntos a través de Ediciones PlaTur, nombre creado por la unión de Plath y Turina. Ha salido de imprentas, para entonces, su ensayo sobre siete poetas chilenos (Humberto Díaz Casanueva, Rosamel del Valle, Antonio de Undurraga, Juvencio Valle, Jacobo Danke, Chela Reyes y María Silva Ossa). Titulado "Sombras y entre sombras de la poesía chilena actual", en 1952, en la introducción, Pepita reflexiona con su siempre exquisita prosa:
"Yo digo: les conozco, les he visto, los he leído, los he estudiado, ¿El todo? Un resultado, pero no matemático. No creo en las verdades absolutas. No somos ni verdaderos ni absolutos. Siendo indivisos, formamos parte ineludible de la palabra multitud, Y nuestra indivisibilidad es eternamente multiplicativa. Por lo mismo, a nadie impongo la seguridad de una convicción. Un verso no es explicable; tampoco un ser, en las medidas exactas e indudables que quisieran exigirse.
Yo he tenido de estos poetas un conocimiento progresivo premeditado e impremeditado, La impremeditación venía desde que, sin pensar cogerlos para estudiarlos, ni menos para hablar de ellos; cuando todavía no estaban elegidos como tema, los conocía ya; sus aspectos físicos y espirituales me habían rozado. La premeditación vino cuando hubo una transición en mis observaciones y traté de captar más; cuando seguí el proceso directriz de iniciar la búsqueda de lo conocido para superconocerlo.
Perteneciendo a la generación actuante, son seres alcanzables por todas las tenazas sensibles que actúan frente a quienes pertenecen a nuestro tiempo y están, como se dice corrientemente, al alcance de nuestra mano".
En 1960, en la obra "6 cuentos de escritores chilenos yugoeslavos" de Ediciones PlaTur, figura su relato "La mujer que no quiso ver el sol", en uno de cuyos párrafos medita también sobre la muerte y el luto, de la siguiente manera:
"Es difícil saber por qué en los duelos las casas se llenan de gente. Se acercan conocidos y desconocidos. Se saturan de tragedia y quieren ayudar a evaporaría con su presencia, o simplemente por curiosidad y entretenimiento de la tragedia. Las lágrimas como las risas son espectáculo. Toda reunión de gente, aunque sea la de un duelo, es espectáculo. Hay trajes, gestos, movimientos. ¿La comprensión? Eso es lo de menos".
Aunque ha comenzado a apartarse de la intensidad con la que antes trabajaba en las letras y la cultura, en enero de 1964 actuará como cofundadora de la Sección Chilena de la Organización Internacional para el Libro Infantil-Juvenil (IBBY: Internacional Board on Books for Young People), por invitación especial de su colega Ester Hunneus Salas de Claro, más conocida como Marcela Paz, la autora de "Papelucho". Fue secretaria del organismo hasta 1970, entre cuyas integrantes estuvieron otras tremendas escritoras como Alicia Morel, Maité Allamand, María Silva Ossa, Chela Reyes, Gabriela Yáñez de Figueroa y Mónica Echeverría. Más tarde, Turina asume como directora y sirve como corresponsal del "BOOKBIRD", órgano oficial de la misma Organización, que se publica en Viena.
En sus última década de vida, presentará un nuevo trabajo autobiográfico titulado "¿Quién Soy?", de la serie "¿Quién es quién en las letras chilenas?", de 1978. En marzo de 1982, recibe en Buenos Aires la Mención de Honor del Concurso Atlántida, en categoría novela y cuento, para escritores de habla hispana. El premio es por su relato "El refugio de las campanas", que había sido publicado originalmente en la revista "Mampato" Nº 213 del 12 de diciembre de 1973. En este singular cuento ( de temática navideña, al igual que otros de su autoría), podemos leer un fragmento casi onírico, con cierto parecido a los viajes meditabundos de María Luisa Bombal:
"Las campanas sin campanario: campanas de barcos naufragados y encontradas después, otras que se descubrieron en escondites donde se las había llevado por miedo a los enemigos, en las guerras, o de los ladrones que las querían robar por su valor metálico y no ritual. Había campanas que se reflotaron desde ríos y lagos, donde estuvieron sumergidas, producto de leyendas, porque a veces sonaron bajo las aguas por el reflujo de las corrientes y se creía que manos misteriosas las hacían sonar. No faltaban campanas de barco que fueron utilizadas para llamar a comer; campanas de colegio que avisaron la entrada y las salidas al recreo. Pero allí no estaban para responder a las tareas para las que fueron hechas. Eran libres, tocaban solas, por la brisa, por los movimientos, porque alguien las movía en cualquier momento, sin rutina, sin horario, sin deberes que cumplir".
Pepita Turina con su esposo Oreste Plah y sus hijos mellizos Karen y Carol Müller, en 1966. Fuente imagen: gentileza de su hija Karen Müller.
Una de sus obras más conocidas será "MultiDiálogos" (concepto creado por ella misma), de 1978, donde se hace una combinación de citas con comentarios formando un diálogo imaginario de la autora con sus personalidades convocadas. En el capítulo titulado "Es 'letra' de mujer", vuelve  deleitar al lector con esta perfecta prosa y su manifiesto que, si bien no llega a ser feminista como conocemos este movimiento hoy, quizás, ciertamente es un elogio a la rebeldía de la mujer que abrigaba en su pecho y drenaba por su pluma:
"No nos parecemos física ni psicológicamente a los dueños de la guerra, la política, las finanzas y las máquinas. No sentimos, actuamos ni pensamos como los hombres. En nuestro respirar consumimos menos oxígeno, nuestras cuerdas vocales son más cortas, nuestra piel es más suave, nuestra fuerza muscular más débil. Mal soportamos las intemperies, eludimos las marchas forzadas y los pesos excesivos, los riesgos de los campos de batalla no son para nosotras. Los hombres constructivos y destructores, viven apremiados por tener un puesto en los asuntos mundiales. No pertenecemos a la legión de inventores y sabios atómicos, a los aventureros terrestres y espaciales. Para iluminar sus noches la mujer enciende lámparas incandescentes -uno de los 1093 inventos que patentó Edison-. En la enciclopedia las mujeres sobresalientes son fáciles de contar, mientras que los hombres, ¡oh! para qué descorazonarse.  Nuestras condiciones no son para enciclopedias".
Intentando hacer justicia a la grandeza de la escritora, Juan Antonio Massone publica en 1980, el homenaje y selección titulado "Pepita Turina, o, La vida que nos duele", donde se rescatan algunos de los primeros cuentos de la autora. Ella, poco después, concluye "MultiDiálogo sobre el matrimonio, la familia y sus prismas" de 1985, una suerte de desarrollo del mismo concepto del trabajo homónimo anterior. En el capítulo titulado "La mujer como esposa y como madre", ya se ha vuelto más directa y sin rodeos en su elocuencia:
"No pensemos ni por un momento que esto es irrefutable. El laboratorio químico que es nuestro cuerpo no genera las mismas emociones, ansias, ni comportamientos, en un ser que tiene ovarios, matriz, mamas, que en quien no los tiene. Las sustancias que frenan o aumentan los circuitos nerviosos responsables de ser lo que se es, determinan los límites de la virilidad y la femineidad. El día que la mujer produzca semen y el hombre menstrúe será posible ratificar que la mujer no nace, sino que se hace".
En tanto, Pepita ha sido premiada por su cuento navideño "El refugio de las campanas", con mención honrosa en el Concurso Atlántida de Buenos Aires en marzo de 1982, y por el relato "Tres tiempos en la vida de Sergia", que gana un premio honorífico en el concurso Esperante de la Northeastern Illinois University de Chicago, en 1985.
Pepita Turina, la escritora, poeta e investigadora que fluía de genialidad y de audacia derramándola sobre las letras nacionales, murió trágicamente en el mismo día de su cumpleaños de 1986, en Santiago. Cansada de los padecimientos que le provoca un tumor en el oído, que había causado una parálisis en su cara y le había quitado la audición, pone fin a su vida por decisión propia, provocándose la asfixia en momentos en que su esposo debía participar de la Feria del Libro de La Serena. Quizás su descontento con el mundo y su actitud en extremo crítica del mismo, influyeron también en la desazón que desencadenó el dramático final, como una represa que ya no puede soportar sus grietas y fracturas.
Sus cenizas fueron esparcidas en una íntima ceremonia en el Estrecho de Magallanes, el 21 de noviembre de 1990, en cumplimiento de la que había sido su voluntad (declaración jurada el 7 de septiembre de 1967). Los restos de Pepita se fueron con los mismos vientos australes y fríos que la acariciaron al nacer, entonces.
Siendo Pepita un personaje de extraordinaria importancia para la presencia femenina en las letras nacionales, sin embargo, la memoria cultural chilena ha sido poco generosa con su recuerdo, desidia que ha alcanzado incluso a grupos que han tomado para sí la bandera de la mujer y la visibilización de sus aportes históricos. Diferente ha sido, por ejemplo, para los casos del legado de María Luisa Bombal, Marcela Paz o Chela Reyes, musas de la misma generación de Turina. El reflejo de su grandeza puede constatarse en el sitio web que su hija Karen Müller mantiene sobre su vida y obra: Pepitaturina.cl... Pero, por sobre todo, se verifica en su extraordinaria obra.

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