sábado, 25 de marzo de 2017

FOLKLORE Y NUMISMÁTICA DE CHILE (PARTE III): OTROS NOMBRES Y APODOS QUE HAN DADO EN CHILE A MONEDAS Y BILLETES

Continúo aquí con estos artículos sobre folklore y numismática de Chile, serie iniciada con los nombres populares que se dan acá a monedas y billetes en actual circulación, seguida de un capítulo propio para la etimología e historia de la chaucha, que revisamos en la parte anterior.
Pasamos ahora a echar un vistazo por la gran cantidad de apodos con se han motejado piezas monetarias de nuestro país a lo largo de su historia, además de ciertas terminologías informales que se asocian a definiciones o acciones relacionadas con el dinero, algunas de ellas tomadas de coa carcelario.
Advierto que este tema en específico relativo a la numismática (y a diferencia de los que ya abordé y otros que faltan), no son exactamente de mi dominio, así que agradecería cualquier comentario con observaciones o aportes para mejorar este contenido, agradeciéndolos desde ya.
MOTES DE MONEDAS ANTIGUAS
  • El Reyuno o la Reyuna: Nombre que recibían en tiempos coloniales las monedas con cuño retratando a los monarcas españoles, y de ahí el apodo alusivo al Rey. Hay otros casos coloniales de monedas con nombres curiosos, pero éste me pareció de rasgos más localistas.
  • La Chunimpa o Chuninpana: Una de las primeras monedas del Chile independiente que recibirá un nombre popular propio, fue la chuninpana, producida en la zona de Valdivia hacia 1822 y en un taller del Fundo Chunimpa, cruzando el río Cruces, frente al castillo San Luis de Alba y en la comuna de San José de la Mariquina. De ahí el nombre. Hablaremos más de esta moneda en una próxima parte de esta serie de artículos, referida a las monedas obsidionales.
  • El Peso Paloma: A partir de 1853, circuló una moneda de $1 surgida del cambio del sistema monetario. En su cara llevaba la figura de un cóndor pero, según se cuenta, el ojo popular lo interpretó como más parecido a una paloma y así lo llamó mientras fue acuñada, más o menos hasta 1865.
    LAS MONEDAS MACUQUINAS
    En tiempos coloniales, circulaba por la América Hispánica un modelo de monedas de plata y oro denominadas popularmente como las macuquinas, acuñadas originalmente en Potosí, Alto Perú. Eran piezas toscas y rudimentarias, acuñadas a martillazos sobre las láminas de metal precioso. Se hicieron entre fines del siglo XVI y la mitad del XVIII, cuando comenzaron a dejar de producirse partiendo por la  Casa de Moneda de México, por el 1730, dada la facilidad con la que podían ser falsificadas (hubo un bullado escándalo de macuquinas adulteradas con plata de menor ley en la Audiencia de Charcas, durante la centuria anterior). Las últimas macuquinas de América fueron producidas en 1767, por la Real Casa de Moneda de Potosí. De todos modos, continuaban vigentes hacia inicios del siglo XIX. Se cree que el nombre puede venir del árabe machuch, que significa algo así como aprobado o cursado; o bien marcus, que en latín se refiere a martillo; mientras tanto, otras teorías proponen que su denominación deriva del quechua makkai-kuna, término relacionado también con su fabricación a golpe de martillo. Fuente de la imagen: Enciclopedia "Banco de Chile. Patrimonio de todos los chilenos", de Patricia Arancibia Clavel.
  • El Peso Pechugón: En 1867, se acuñó un peso que reemplazó a la paloma, con diseño que el siempre observador pueblo denominó pechugones, pues se dice que la cara mostraba un gallardo cóndor con el pecho henchido y muy sobresaliente. Una leyenda dice incluso que molestaba para formar pilas de monedas.
  • El Peso Águila: Fue otro nombre popular que se dio a la siguiente generación de monedas con cóndores, esta vez por su supuesta semejanza a la otra ave. Circuló hasta algunos años después de los años de la Guerra del Pacífico, según me parece.
  • La Mitad: Moneda de cobre de 1 1/2 centavos, que José Toribio Medina declara ya en desuso en los años 30.
  • El Medio: Nombre que se daba a la moneda de plata de 6 centavos, mencionada también por Medina, quien señala que estaba en desuso en su época.
  • Las Estrellas o Estrellitas: Desde la jerga de los delincuentes y hampones estudiada por Julio Vicuña Cifuentes, más o menos hacia inicios del siglo XX, apareció el chilenismo estrellas para referirse a monedas, se supone que así llamadas por su brillo. Generalmente, las revisadas chauchas eran las principales señaladas con dicho apodo. Se hablaba por eso, también, de "mirar las estrellas" para referirse a contar dinero de un botín o una plata que es necesario mantener lejos de la vista de otros, por seguridad.
  • La Ficha: Es sabido que se denominaba fichas a las monedas de las salitreras que se usaban en las pulperías, pero hacia el cambio de siglo o un poco antes, se hizo una moneda de 2 y 1/2 centavos que también recibió este nombre. Aparece mencionada en un viejo poema de Bernardino Guajardo dedicado al "San Lunes": "Después de beber un trago / pidieron con una ficha / arroba y media de chicha / y una cazuela de pavo". En un pasado más reciente, se llamó también ficha a la moneda grande de $100 que todavía circula pero que fue reemplazada por la nueva, con una mujer indígena acuñada en la cara.
  • El Ojo de Buey: Circuló desde 1895 la moneda de plata de $1 conocida popularmente como el ojo de buey, por sus proporciones. Al parecer, el nombre provendría de un uso oral en el argot de los bajos fondos, pero se extendió en el uso coloquial más inofensivo. Correspondía a una de las monedas con el símbolo de la  hoz y el martillo que se produjeron por entonces y que, curiosamente, se anticiparon a la identificación internacional de este emblema con el comunismo. El apodo se usaba principalmente al Sur de Chile.
  • La Chapa o Chapita: Fueron las monedas de cobre de 1, 2 y 2 1/2 centavos que circularon hasta los años 20, aproximadamente. Los primeros centavos de este material datan del año 1850, más o menos, en unidades de 1 y en 1/2 centavos. Creemos que pudo haber impulsado la expresión popular "no tener ni cobre", además.
  • El Chico: La moneda de 1 centavo era llamada también chico, habiendo existido la frase popular "no tener ni un chico", análoga a "no tener ni cobre" o "no tener ni un cinco".
  • El Décimo o Diez: Nombre popular que recibía la moneda de plata de 10 centavos, de acuerdo a lo que informa Medina. Después pasó a ser moneda de níquel y, según una editorial de la revista de sátira política "Topaze", era la que más servía "para hacer la caridad".
  • La Calandria: Aníbal Echeverría y Reyes observa que este nombre se le daba en el coa nortino para definir la moneda de veinte centavos que circulaba en los años 30 y que era la misma llamada chaucha, todavía por entonces. Suponemos que la comparación con el ave se debe a un asunto de colores y proporciones.
  • El Pito: Moneda de los años 30 aproximadamente, con valor de $1. Era de las mismas conocidas como "monedas comunistas" por una sátira que acabó siendo tomada en serio. Se las identificaba como las monedas para comprar cigarros.
  • La Chilindra: En el Norte de Chile también se le denominaba chilindra a los 20 centavos, palabra derivada de chilindrina y que generó frases ya en desuso pero por el mismo significado, como "no valer una chilindra", cuando se señala el escaso o nulo valor de algo. El concepto de chilindrina aplica a algo de poca importancia, valor o significado.
  • La Chirola: Usada en alguna época clásica, se la hizo sinónimo de la chaucha en algún momento y todavía se usaba el nombre hacia el cambio de siglo, pero que Medina ya la detecta en desuso en los años 20. Quizás provenga del lunfardo argentino, pues se han escuchado expresiones parecidas por tierra platense.
  • El Cobre: Monedas de 1 y 2 centavos de cobre hacia 1910. Su nombre quedó traspasado a la chaucha y otras monedas de baja cifra, dando origen también a la locución "no tener ni un cobre", para referirse a andar corto de dinero.
  • Veinte: Aludiendo obviamente al valor en centavos, la moneda fue conocida como el veinte, y quedó inmortalizada en la expresión "no tener ni un veinte", que significa lo mismo que "no tener ni cobre" o "no tener ni una chaucha". Era, por excelencia, la moneda de pago del tranvía.
  • El Cinco o Quinto: Se llamaba así a la moneda de 5 centavos de las mismas series a las que perteneció la chaucha. Circulaba todavía en la misma época de la calandria. Relacionada con la expresión "no tener ni un cinco", su nombre pasó a ser usado también en las monedas de $5 actualmente en circulación.
La revista satírica "La Lira Chilena" se burlaba de la crisis en 1899. El mendigo le pide una chirola al señor adinerado, moneda de baja denominación de aquella época.
De arriba a abajo: la chunimpana el peso paloma, el peso pechugón, la ficha y la chaucha.
MOTES DE BILLETES ANTIGUOS
  • El Papelote: Correspondía a papeles-monedas emitidos entre 1823 y 1829 por la Caja de Amortización, ganándose este nombre por su gran tamaño. No eran exactamente billetes como los entendemos en nuestros días, sino más bien bien bonos "al portador y a la vista" que devengaban intereses trimestralmente. Los papelotes llevaban la advertencia impresa en ellos, de que los falsificadores se exponían a la pena de muerte.
  • El Americano y la Hoja Seca: Eran los nombres dados al billete de banco de $2 que circulaba hacia 1910-1920 aproximadamente, no pudiendo hallar una explicación convincente del porqué del motete geográfico. Usado más bien al Norte del país, se ha sugerido que quizás sea una alusión a las dos Américas (del Norte y del Sur) comparadas con el valor del mismo. En algún momento, también hacia el lado más nortino del país, se llamó al billete de $2 como el hoja seca, debido al color pardo de su cara principal.
  • El Gringo o Congrio: En los años del Primer Centenario de la República, circulaba en Chile un billete fiscal de $5, cuyo reverso era de fondo blanquecino con diseños en rojo algo intenso. Por esta característica, el billete era llamado el gringo, pues semejaba mucho al aspecto de viajeros de países del Hemisferio Norte, principalmente los ingleses, cuya blanca piel se enrojecía con el clima de nuestras regiones. De hecho, a la gente pálida pero con tendencia a volverse coloradota, se le apodaba también gringo o gringa. Coincidía, además, que la lira o "moneda gringa" equivalía justo a $5 chilenos, en esos años. Por la misma razón, el billete fue llamado en la jerga popular chilena como el congrio, aludiendo al conocido pez que se caracteriza, entre otros detalles, por tener el vientre colorado.
  • El Equis: También es un billete de $10 de la primera década del siglo XX, que recibía este nombre por la X con el 10 romano alusivo a su valor. Es otro de los que aparecen mencionados en el diccionario de coa de Vicuña Cifuentes.
  • La Media Suela: Nombre que se daba a un antiguo billete de $50, por ser la mitad de los $100.
  • La Vaca: Era el billete de $20, llamado así inicialmente en el Sur y por delincuentes, pero después pasó al lenguaje coloquial chileno. Al parecer, se hizo sinónimo de un monto útil para alguna compra o instancia recreativa. No sabemos si guarda alguna relación con el origen a la expresión "hacer una vaca", referida a reunir entre varios y de manera expedita, un fondo para algún objetivo de interés común, pues ésta se ha empleado en otros países de habla hispana como México, donde se estima que su origen estaría en los sacrificios y consumos de vacas que antiguos peones de los campos hacían de cuando en cuando, debiendo después "hacer la vaca" con colectas entre todos los que participaron de la comilona, para reponerle el animal al rebaño de sus jefes.
  • El Científico: Se llamaba así al billete de $100 vigente hacia la misma época y todavía algunos años más, haciendo un juego derivativo de la palabra "cien" o "ciento" referida al valor del mismo, trasladada a científico.
  • La Media Luz: Nombre que se daba en los bajos fondos a un billete de $500, que circulaba en los años 30 a 40. Quizás haya sido una deformación de "media luca", y se podría tener su origen en el coa delincuencial del Norte de Chile.
  • El Pedrito: Fue un nombre de relativa popularidad dado hacia fines de los años 70 al billete de $500 pesos, por llevar el retrato del conquistador Pedro de Valdivia, aunque a la larga acabó imponiéndose el mote quina, especialmente cuando pasó a ser moneda acuñada. Circuló hasta los años de regreso de la democracia.
De arriba hacia abajo: el científico, la vaca, la hoja seca y el Pedrito.
OTRAS CURIOSIDADES NOMINALES Y ETIMOLÓGICAS
  • La costumbre de llamar plata al dinero: Proviene de la época en que eran acuñadas las monedas en este metal. De hecho, la propia palabra dinero proviene del denarius, moneda romana que se fabricaba en plata. En la América colonial era muy corriente la circulación de cuños de plata, por lo que el término ha permanecido con fuerza en el habla hispana.
  • Apodos relativos al material del dinero: Informalmente, se ha hablado del dinero definiéndolo de acuerdo a su material. Es el caso de la expresión tapla para la moneda de plata (con sus sílabas al revés, todavía utilizada en algunos círculos), Juan Dorado a las de oro y hojas a los billetes (hoja de palqui, hoja de álamo, hoja seca, según el color). Otras monedas han recibido su nombre sin mucha creatividad aludiendo al tipo de metal que soporta al cuño, como cobres o níqueles.
  • Los Oreros: Se denominaba así a quienes defendían la moneda tradicional de oro en contraposición a los billetes o papel-moneda, cuando estos últimos comenzaron a aparecer. Los oreros continuaron existiendo por largo tiempo, pues ya instalado el billete en el sistema, exigían oro como preferencia de pago, suponemos que hasta la desaparición de estas monedas de metal precioso.
  • Ablandar la plata: Según Medina, era "cambiar una moneda o billete de banco o fiscal de valor subido, por otros equivalentes al que representa".
  • El Cuero: Billeteras y monederos antiguos eran todos de cuero, por lo que el nombre de este material era el que se daba a todos los artículos que sirvieran para llevar dinero y que los delincuentes intentaran arrebatarle a sus víctimas, ya sea en forma discreta o violenta. Con el tiempo, se amplió el uso y se denominó cuero también al monto de $ 1, en moneda o en billete, quizás porque era el valor que más encontraban en billeteras, monederos o copuchas robadas.
  • El Óleo: se hablaba del óleo para el acto de repartir monedas en los bautizos (ver en nuestra próxima parte de esta serie, la tradición del "padrino cacho"), que más tarde se extendió al rito de repartir propinas entre un conjunto de personas, como recompensa o retribución por algún trabajo colectivo o favor.
  • Una moneda imaginaria del Chipe: Desde el siglo XIX y durante la primera mitad del siguiente, se hablaba entre los apostadores de una moneda imaginaria llamada chipe, nombre proveniente del inglés cheap (barato). Medina lo comenta en sus "Chilenismos: apuntes lexicográficos", señalando que el chipe se suponía de ínfimo valor y servía simbólicamente como base de una jugada de naipes, diciéndose, por ejemplo, "abrir con dos chipes". Aparece mencionada en la obra "Casa Grande", de Luis Orrego Luco, de 1908: "...Abro con dos chipes -dijo uno-. Hasta peso... que sean dos... me retiro... ¿Cartas?".
  • El peligro de Empapelarse: El empapelarse era cometer el pecado de la emisión excesiva de billetes o provocar la superabundancia de títulos, según se lo conocía en el mercado de valores (otro dato de Medina).
  • Moneda y billetes del Escudo: Cabe hacer notar que ciertas monedas y billetes han recibido su nombre asociado a las imágenes que dominan en su diseño, como el Escudo (con el blasón patrio), equivalente a 100 centésimos. La aparición del concepto del escudo en la numismática es muy temprana en la República: 1818, ni bien se logró la Independencia de Chile. Sin embargo, no fue hasta 1960 cuando apareció como moneda oficial en reemplazo del peso, en una medida para paliar los estragos de la inflación, manteniéndose vigente hasta 1975.
  • El vuelo del Cóndor en el sistema monetario: Su nombre deriva de esta ave en el cuño de las monedas de oro de $10 producidas a mediados de los 20. Sin embargo, cabe hacer notar que el ave de marras aparecía ya en las acuñaciones chilenas en las series de 1836. La moneda cóndor del siglo XX, particularmente la de aluminio de los años 50 y cuando estaba en la transición desde el peso (10 de ellos valían un cóndor), era de tamaño un poco grande aunque su proporción ya antes había sido utilizada en otras monedas (unos 3 centímetros de diámetro), por lo que a veces molestaba para su almacenamiento y transporte, comparado con su ligereza.
  • Las "Lucas": Aunque la alusión de las lucas es al billete de sólo $1.000, expresiones como "tener lucas" o "faltar lucas" se relaciona la disponibilidad particular de dinero, a tener un buen o mal respaldo financiero, respectivamente. Así, las lucas pasan a ser también sinónimo del dinero mismo, equivalente a la guita del lunfardo argentino.
  • El "Billullo": Se le denomina "billullo" a los billetes y, por extensión, a todo el dinero, funcionando de manera parecida a hablar de "lucas". Se cree que podría ser una combinación fonética entre billete y el nombre del alga conocida como cochayuyo, pero la denominación parece más un juego coloquial con la palabra. El modismo, sin embargo, ya parece estar rodando por la pendiente del retiro.
Impresión litográfica de monedas chilenas de la colección particular de don Francisco Javier Young. Publicado en el "Libro Internacional Sud Americano" de Alberto Márquez B., 1914.
DINERO Y LENGUAJE COA
Comentamos ya que el lenguaje coa o cova puede haber hecho sus "aportes" a este tema de nuestro interés. Corresponde a la jerga que utilizan los delincuentes chilenos, donde el dinero tiene también sus códigos importantes para el ambiente. Mezcla de español, mapudungún, inglés e influencias cruzadas con el lunfardo argentino y, más recientemente, con terminología de bajos fondos de Perú y Colombia, el coa puede haber tenido cierta influencia en el origen de motetes como chaucha, para la moneda que ya vimos en la parte anterior, así como conserva términos carcelarios muy antiguos tales como decirle "tapla" al dinero (plata, a la inversa). Dejo aquí un pequeño repaso de esos términos relativos al tema:
  • En el Coa antiguo: Vicuña Cifuentes estudió con profundidad el lenguaje delincuencial del coa en Chile, hacia 1910, y detectó muchas expresiones relacionadas con el dinero. Música, por ejemplo, se usaba para señalar una cartera con dinero. Ya se usaba acá el lunfardo guita, por cierto, para señalar dinero. "Andar grande" era tener dinero, mientras que "andar maduro" era llevarlo con uno. Chupón era el sujeto capaz de sacar plata con astucia o discreción, y granado el que la portaba; el copuchero era el que robaba sólo monederos (copuchas), mientras que el cuñero falsificaba monedas. "Matar los restos" era robarle dinero a un rico, pues en la mentalidad del delincuente robarle a un adinerado no es falta, ya que sólo "se le quita lo que le sobra". El peral cargado era el tipo que traía dinero y potencial presa, mientras que la veta era la caja fuerte o de caudales donde se guardaba dinero. Recortar ya era asociado entonces a quedarse ilegítimamente con parte de un dinero, especialmente entre los cobradores del tranvía. Por su lado, Echeverría y Reyes en sus estudios del coa nortino, detectó en 1934 palabras que aún se usan, como la luca del billete de $ 1.000 y molido, para referirse a montos de dinero fragmentados en monedas. Otros se perdieron, como filos, para identificar fardos o paquetes de billetes falsos; o se transformaron, como maletero usado para identificar ladrones de billetera, mientras que hoy se usa para los agresores a mansalva o con falta de códigos de honor en el enfrentamiento.
  • En el Coa actual: Los delincuentes actuales y exponentes de la subcultura "canera" tienen términos como tellebi para referirse al billete (al revés). Se habla del "turro de monedas" para referirse al pene, también (por la forma). De este ambiente provendrían términos relativos al dinero como ponerse (colocar un aporte de plata para algo), sablear (andar pidiendo dinero prestado o regalado, fingiendo interés en retribuirlo), machetear (pedir plata en calle o sitios de comercio, moneda a moneda) y cooperar (ser estafado con dinero o con una deuda, que se extendió a ser víctima de cualquier clase de pérdida material). Carterear y "trabajar a mano" es robar desde bolsillos, bolsos o carteras de sus víctimas; timbrar es tocar discretamente la ropa de la misma, sin que ésta lo advierta, para saber en qué parte lleva su monedero o billetera. Chantar se asocia al acto de "chantar la mano", es decir, despojar a alguien de su dinero, una vez que ha sido ubicado por el carterista. Saltar se ha hecho sinónimo de sacar dinero para alguna causa o compra, porque los asaltantes usaban la orden "salta con la plata", dada  sus víctimas. También hablan del dinero como el money, tomando el anglicismo que se ha ido traspasando también al lenguaje popular y corriente. El botín de un delito, usualmente se llama torta, pastel, tesoro o queso.
En la próxima parte de estos artículos, me daré el tiempo de revisar algunas creencias o tradiciones populares, supersticiones y mitos urbanos relativos a monedas, billetes y dinero chileno en general.

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