lunes, 5 de septiembre de 2016

LA EX CÁRCEL DE VALPARAÍSO QUE GANÓ SU LIBERTAD COMO EL PARQUE CULTURAL

La Cárcel de Valparaíso en 1863, construida alrededor del viejo polvorín de fines de la época colonial. Fuente imagen: Flickr de SantiagoNostálgico (Pedro Encina).
Coordenadas: 33° 2'46.34"S 71°37'39.45"W
El Cerro Cárcel de Valparaíso se eleva en uno de los sectores históricos más visitados del puerto, junto a los cementerios del Cerro Panteón y encima de un barrio de fuerte acervo bohemio y nocherniego, crecido sobre la Plaza Aníbal Pinto. Su nombre deriva de la presencia de la antigua Cárcel de Valparaíso en su cima, por el sector de la subida de Cumming, Milton, Cárcel y Aquiles Reed, con su inconfundible fachada, pabellones y murallones de sillares convertidos hoy en un amplio Parque Cultural.
Hace pocos días, este lugar hizo noticia por una curiosa razón: un llamado a realizar un masivo picnic-topless como forma de conmemorar el Día Internacional de la Mujer y de la Igualdad de Género, aunque la verdad es que el parque constantemente es escenario de toda clase de encuentros, presentaciones y exhibiciones varias.
La historia de la vieja cárcel comienza con la construcción del almacén de pólvora de la Quebrada Elías, por entonces en la periferia del puerto. Aún existe esa obra en medio de sus patios del parque: un edificio de los últimos días de la Colonia, probablemente entre 1807 y 1809, dispuesto como reacción a las necesidades de defensa ante las Guerras Napoleónicas, representando también uno de los casos de techo de mojinete más australes que conozcamos.
El polvorín tenía por objeto abastecer cuatro fuertes de la Villa Puerto de Valparaíso, de acuerdo al plan de defensa elaborado por sus autoridades, aunque hubo ciertas controversias entre ellas sobre los costos de construcción del edificio, pues el Capitán de Ingenieros don José Miguel María de Ateros, exigió que fuera lo suficientemente sólido y seguro como para soportar bombas y artillería enemiga. Con capacidad para guardar hasta 800 quintales de pólvora bajo su techo encañonado con arco medio punto y enladrillado, también se convirtió en arsenal militar, guardándose allí las armas de Valparaíso.
Sucedía paralelamente que, hasta entonces, el principal recinto penitenciario de Valparaíso era el fuerte del Castillo San José del Cerro Cordillera. Sin embargo, pasados los peligros de ataques al puerto y requiriéndose de un mejor lugar para la reclusión de los delincuentes, las autoridades destinaron al ex polvorín como presidio de la ciudad a partir de 1846, además de algunos inmuebles menores que se encontraban alrededor.
El asesino serial Emile Dubois, en una de sus últimas fotografías antes de la ejecución. Se lo observa paseando por el interior de la Cárcel de Valparaíso en 1907. Fotografía de la revista "Sucesos".
Muchedumbre asistiendo a la ejecución de Dubois, en revista "Sucesos" de 1907.
Asistentes al fusilamiento en 1907, sector del acceso a la cárcel. Revista "Sucesos".
Pabellones y talleres del complejo penitenciario, en la revista "Sucesos", 1903.
Su presencia allí fue determinante en la toponimia, pues los habitantes del clásico Valparaíso identificaron esta colina como el Cerro de la Cárcel, siendo conocido hasta ahora como Cerro Cárcel. El complejo era, pues, lo único realmente importante en el cerro, en aquellos años.
Aunque ciertas versiones dicen que esto sucedió en la Plaza Victoria, quizás el primer ejecutado importante del complejo carcelario haya sido el sanguinario e indomable Teniente Miguel José Cambiaso, tras su violenta sublevación en la colonia de Punta Arenas contra el Gobierno de Manuel Montt y en posible complicidad con Francisco Bilbao, terminando fusilado en el puerto el 4 de abril de 1852. Detallando esta ejecución hacia el final de "Cambiazo, el último pirata del Estrecho", Armando Braun Menéndez aporta una descripción de cómo lucía el acceso a la cárcel donde fueran ejecutados el famoso amotinado de Magallanes y sus cómplices:
"El camino de acceso a la Cárcel partía de la calle larga que contorneaba la bahía  subía orillando una profunda quebrada. Par hacerlo más ancho, y por ende más transitable, se había picado y tajado la ladera del cerro dejando de esta suerte una pared de tierra en uno de sus costados, corte que se acentuaba formando una especie de explanada al llegar a corta distancia -un centenar de metros- del portón de entrada de la Cárcel. Este paredón iba a servir de colchón protector para las balas. A su vera se enclavaron los postes, se afirmaron los ocho banquillos y se armó la plataforma del patíbulo, todo ello así dispuesto para que se cumpliera la sentencia de muerte, que sería pública como ejemplo aleccionador".
Dice Recaredo Santos Tornero en su "Chile Ilustrado", de 1872, que a pesar de las limitaciones de espacio, la actividad de la Cárcel de Valparaíso excedía incluso a la de Santiago, entrando a ella 3.034 personas en 1868, equivalente a 1 prisionero por cada 41,9 habitantes. Al año siguiente, entraron al presidio 1.947 personas, siendo 1.404 de ellas hombres y 543 mujeres, pues además del presidio principal se encontraban en el recinto las secciones de la casa de corrección de mujeres y la casa de detención de procesados.
Vista del ex polvorín al centro del patio, mirado desde la terraza del Edificio de Difusión. Fuente imagen: Pcdv.cl.
Arcos y acceso del polvorín colonial, usado como calabozos en el siglo XIX.
Interior del mismo edificio, con vigas, pasarelas y refuerzos estructurales.
Tornero, sin embargo, es categórico en señalar que se trata de un edificio demasiado estrecho para tantas funciones y que las secciones adolecían de varios defectos, aunque aclara que estaban próximas a ser mejoradas en aquel momento. Y continúa el autor:
"El crimen que figura en primera línea entre los detenidos, es el hurto, y en segundo los delitos por pendencia, ebriedad y desórdenes. Por el primero entraron en el año citado 747, y por los segundos 612.
Los extranjeros figuran en proporción de 1 por 6,21.
No debe extrañarse el gran movimiento de la cárcel y presidio de Valparaíso, si se toma en cuenta que este puerto, por si riqueza mercantil y su importancia marítima, es el punto de reunión de la gente aventurera y ambulante que afluye a él de toda la República y del extranjero".
Hacia la década del 1880, el terreno había sido cedido por la Municipalidad de Valparaíso y así comenzaron a habilitarse y ampliarse dependencias al rededor de este primitivo pabellón del ex polvorín y de los edificios surgidos en su adaptación como penitenciaría, con fondos gubernamentales. Entre otras cosas, de esta intervención surgió la plazoleta arbolada de acceso al recinto, conocida como la Plazuela de la Cárcel, sobre el sector del antiguo estaque de aguas y la Quebrada de Elías.
Fachada y ventanillas abarrotadas de las celdas del edificio de la Galería de Reos, reconvertido en el Edificio de Transmisión.
Presentación de música y recreación histórica escocesa en el Parque Cultural de Valparaíso, con el exedificio de la Galería de Reos de fondo.
Vista del parque con sus tres edificios históricos: a la izquierda, el polvorín colonial, al centro atrás el edificio de acceso con su característico pórtico, y a la derecha el de las galerías de reos.
En el "Álbum de planos de las principales ciudades y puertos de Chile", de Nicanor Boloña, de 1898, puede verse que la "Cárcel y Presidio" ocupaba a la sazón una manzana solitaria más o menos cuadrada y aún bastante aislada del resto de la ciudad. También se oberva en su plano de la ciudad, que hacia el lugar donde se emplazarían después los largos pabellones del lado oriental del terreno, se encontraba en esos días una amplia franja con caballerizas.
Tras el gran terremoto de 1906, se inició la construcción de la nueva y moderna Cárcel Pública en el mismo lugar, demoliéndose casi todos los precarios inmuebles viejos del terreno, excepto el histórico polvorín. El más grande de los edificios que formó parte del antiguo conjunto fue el que comenzó a construirse aquel año de 1907, correspondiente a la gran Galería de Reos, que abarca todo el costado oriente del recinto.
Éste es el mismo período en que caerá detenido el célebre asesino serial francés Emile Dubois, primero de esta clase de criminales en la historia policial chilena, a quien la tradición y el folklore han tratado de convertir en una suerte de héroe o mártir popular. Dubois pasó el terremoto en una de las celdas del complejo, siendo fusilado en el sector de una desaparecida herrería de la cárcel, el 26 de marzo de 1907, evento que convocó a muchos curiosos que subieron para presenciar los hechos, aunque sea escuchando la descarga.
Fotografías del fusilamiento publicadas en la prensa y revistas de entonces, muestran cómo era el vetusto aspecto de las edificaciones en la cárcel, antes de la inauguración de los grandes pabellones. Y, como había sucedido décadas antes con el caso de los conspiradores del Estrecho de Magallanes, la gran multitud se había apostado alrededor de la cárcel o en los techos de las viviendas de alrededor, decididos a ser testigos de la ejecución.
Edificio del pórtico de entrada, visto desde la explanada y arboleda frente al mismo.
Restos de antiguos murallones y estructuras, rescatados en los trabajos de remodelación del recinto. Dispuestos frente al edificio de acceso.
El pórtico observado ya desde el interior de la ex cárcel.
Pasillos y senderos interiores del parque, junto al pórtico.
Sin embargo, para el Primer Centenario, Juan de Dios Ugarte Yávar llegará a las mismas conclusiones vertidas por Tornero tantos años antes, en su caso en "Valparaíso 1536-1910. Recopilación histórica, comercial y social", como si el estado de incomodidad y hacinamiento de la Cárcel Pública de Valparaíso haya sido una constante en toda su historia:
"Establecimientos carcelarios sólo existe uno que es a la vez Cárcel y Presidio y está situado en la cima del cerro de su nombre. El edificio es vetusto, incómodo y estrecho.
Además hay una sección especial para los procesados y detenidos por faltas que funciona en un edificio determinado, situado en la calle de Buenos Aires, construido con sujeción a todos los adelantos modernos.
La Casa Correccional de mujeres se haya a cargo de la Comunidad de Monjas del Buen Pastor".
Pese a todo, la Sección de Detenidos del recinto mantuvo gran relevancia e importancia durante los años que siguieron, asignándose un cargo de Preceptor para esta área. Famosos representantes del mundo del hampa nacional pasaron por esta sección, perpetuando la tradición del "choro de puerto" (delincuente ladrón), que con el pasar del tiempo terminó convirtiéndose en sinónimo de personaje valiente y osado del estrato más popular, para señalar a los que, en la jerga, "no retoban" ni temen a la confrontación, recogiendo el guante o arrojándolo a la cara según lo consideren necesario.
Uno de los "choros" que pisaron esta cárcel fue el futuro y trágico escritor Alfredo Gómez Morel, según lo confiesa en su novela autobiográfica "El Río", viviendo allí la última de sus condenas por hurto. El alguna vez cabro pelusa del río Mapocho, con esta obra se consagró como autor de una de las novelas más estremecedoras del relato social chileno, publicada en 1962, y que escribió por consejo de un orientador médico de la misma Cárcel de Valparaíso, hacia sus últimos meses detenido en ella y los primeros tras recuperar la libertad.
Por el permanente hacinamiento que reinó en los pabellones, la Cárcel de Valparaíso fue escenario de varias riñas con resultados de muerte y motines de presidiarios que pueden rastrearse por la prensa. Incluso fue objeto de un violento intento de incendiarla por parte de lo reclusos amotinados, en 1994, que afortunadamente pudo ser controlado.
La cárcel se mantuvo en funciones hasta 1999, cuando el servicio penitenciario fue trasladado hasta nuevas dependencias en el puerto, en el sector más alto de la ciudad, quedando el lugar abandonado y en algunos sectores muy deteriorados, habitado por terroríficos fantasmas según contaban algunos asustados curiosos que se internaron en tales espacios.
Vista de parte del nuevo Edificio de Difusión y la entrada por Cumming.
Murallones antiguos reutilizados en el Edificio de Difusión.
La ex cárcel comenzó a ser recuperada en el cambio de siglo, siendo abierta en cada Día del Patrimonio Cultural. Pronto empezaría a planearse construir allí un gran recinto: el Parque Cultural de Valparaíso (PCdV). Esto salvó a la ex cárcel de ser depredada por un proyecto inmobiliario anunciado en 2002 y trazado desde Santiago, que iba a quedarse con una de sus dos hectáreas para financiar un centro cultural que se levantaría en el terreno que quedase, con gran resistencia de la comunidad porteña.
Un segundo proyecto se anunció en octubre de 2007 por la alcaldía, correspondiente a una propuesta que el famoso y elogiado arquitecto brasileño Óscar Niemeyer había donado a Valparaíso, como prenda de su amistad con el Presidente Salvador Allende y el poeta Pablo Neruda. En principio, la propuesta sonaba seductora; sin embargo, la controversia y el rechazo porteño crecieron por el hecho de que el arquitecto nunca había visitado Valparaíso y porque su proyecto no era más que una adaptación del correspondiente al Centro Cultural Internacional que lleva su nombre en Avilés, España, que además involucraba la destrucción de la totalidad de lo que quedaba construido en el recinto.
A todo esto, la ex cárcel había sido ocupada por colectivos culturales y de teatro, además de carpas de circo, pero la situación se complicó al reportase incendios en el lugar, por causas no aclaradas, que motivaron a la Intendencia a ordenar un desalojo en febrero de 2009.
Sin más remedio que ceder a las demandas ciudadanas manifestadas a través de la Corporación Parque Cultural Ex Cárcel, el Ministerio de Cultura llamaría a concurso de propuestas para el Parque Cultural de Valparaíso contemplando en las bases la conservación del polvorín colonial, la galería de reos, el pórtico de acceso y parte del muro perimetral. De entre 118 propuestas, resultó ganadora la formulada por HLPS Arquitectos (Jonathan Holmes, Martín Labbé, Carolina Portugueis y Osvaldo Spichiger), ese mismo año.
En cumplimiento del proyecto, entre 2010 y 2011 se creó la gran área verde, se agregaron dependencias nuevas al Sur-poniente, se recuperaron los edificios ya existentes, se construyó el paseo interior y se niveló el muro perimetral de tal manera que mantuviese una altura regular de 4.5 metros por dentro, mientras que por afuera varía según las características del terreno y sus niveles en pendientes, algo notorio especialmente en el contorno de calle Cumming.
Murallones del sector de la subida de Cumming con Aquiles Reed. Se observa atrás, a la izquierda, el panteón del cementerio.
Dobles niveles de muro exterior (piedra canteada y ladrillo) y caseta vigilancia, en la curva de Cumming por el sector Sur-oriente del recinto.
Altura del murallón en la subida de Cumming.
Así, el recinto del centro cultural completo está dividido actualmente en las siguientes secciones e inmuebles:
  • El ex polvorín colonial, el inmueble más antiguo del conjunto como ya vimos, aunque su acceso al interior está restringido. Se ubica al centro del gran terreno de dos hectáreas del parque.
  • El edificio principal de la fachada, con gran pórtico, posterior a la galería. Frente a este edificio, por el exterior y sus jardines, se han colocado algunos antiguos restos de construcciones coloniales de ladrillo y calicanto que fueron rescatadas en la última remodelación del lugar.
  • La ex Galería de Reos, reconvertida en el Edificio de Transmisión con dos salas interiores, aunque se conservan sus pabellones y muros, algunos con anotaciones e imágenes pegoteadas por los propios presidiarios cuando las habitaron.
  • El Edificio de Difusión, correspondiente a una unidad nueva y la más grande de todas las que forman el complejo de parque. Consta de salas de teatro, bibliotecas y salas de experimentación artística, entre otras dependencias, además de una gran explanada superior a nivel de calle.
La magnífica obra fue inaugurada con actos públicos y su dirección quedó confiada al crítico de arte y muy activo gestor cultural Justo Pastor Mellado, quien se mantuvo en el cargo hasta el año 2014, dándole un gran impulso de inicio de actividades al flamante parque de la cultura.
Quizás a futuro dedique acá algún texto más extendido y detallado para esta valiosa nueva vida del ex recinto carcelario, ya consagrado enteramente a la actividad cultural y recreativa del puerto, dejando sólo en páginas de memorias su pasado como lugar de castigos y de punición que revisamos en esta entrada.

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