jueves, 28 de julio de 2016

LA MALDICIÓN DE SANTOS CHOCANO: LA EXTRAÑA VIDA Y LA EXTRAÑA MUERTE DE UN INSIGNE POETA

Pocos hombres cultos y con formación literaria seria, pueden haber sido tan supersticiosos y crédulos como lo fue José Santos Chocano Gastañodi... Al mismo tiempo, pocos hombres supersticiosos y crédulos pueden haber sido tan desgraciados como para arruinarse con el autocumplimiento de sus mismos temores y fantasías sobre el número 13 y los tesoros enterrados en lugares perdidos.
Chocano era un hombre complejo, de personalidad un tanto dispersa y explosiva, además de un egocéntrico absoluto. Joaquín Edwards Bello lo definió como "sobrio, de higiénicas costumbres, animado de un viejo espíritu de familia, amante y tierno dentro de su hogar". Jamás evitó las fiestas, la vida social ni las adulaciones, pero era extremadamente sensible a la crítica, además de ambicioso, sin que la fortuna lograra sonreírle a todos sus esfuerzos.
Su poesía épica y americanista era grandilocuente y muy floreada, hasta la exageración estridente según sus críticos, ganándose el apodo del "Cantor de América", por su poema "Blasón", quizás el más importante de su carrera. Sólo se le comparó con los más grandes del oficio literario en Perú, como Ricardo Palma y César Vallejo.
El poeta, sin embargo, tenía un talón de Aquiles: veía señales de atracción a la mala suerte en todo. Se hacía rociar con agua bendita cada cierto tiempo y no soportaba que un cuadro estuviese colgado ladeado, porque traía desdicha o malos augurios. Para peor, padecía de una severa triscaidecafobia: manifestaba un terror enfermizo al número 13 en todas las formas que pudiese manifestarse. Cosa curiosa, pues las letras de su nombre público, Santos Chocano, sumaban precisamente 13.
Quiso el destino que todos sus terrores al "número peligroso" se vieran confirmados en el día de su extraño asesinato, en Santiago de Chile.
NACIDO PARA AVENTURAS
Chocano nació en Lima, Perú, el 14 de mayo de 1875, en el seno del matrimonio compuesto por José Félix Chocano de Zela y María Aurora Gastañodi de la Vega. Su bisabuelo había sido Francisco de Zela y Arizaga, uno de los precursores de la Independencia de Perú.
Pasada la Guerra del Pacífico, Santos estudió en el Instituto de Lima y en el Colegio de Lima, donde fue discípulo del literato Clemente Palma. En 1891, como sólo 16 años, se matriculó en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, aunque no concluyó sus estudios de leyes en esta casa.
Trabajó desde muy joven como periodista y redactor de notas líricas, a partir de 1894. Su casa laboral era el diario "La Tunda", de fuerte discurso opositor al Gobierno de Andrés Avelino Cáceres, por lo que acabó siendo víctima de la represión, acusado de acciones subversivas y encerrado en los oscuros aljibes del Fuerte del Real Felipe del Callao, a los 20 años. Afortunadamente para él, durante la Guerra Civil de 1894-1895 con la victoria del bando pierolista, pudo ser fue liberado luego de seis meses de presidio, en los que había compartido cautiverio, entre otros, con el futuro mariscal y presidente Óscar Benavides.
El nuevo gobierno tenía simpatías por Chocano. Contaba sólo 20 años cuando fue elegido secretado del Presidente de la Junta, don Manuel Candamo, y del Ministro de Hacienda don Elías Malpartida. Casi simultáneamente, se le entregó en régimen de concesión la Imprenta del Estado, publicando en ella algunos trabajos propios y periódicos además de sus dos primeros poemarios: "Iras santas" y "En la aldea". También asumió por períodos, la dirección editorial de periódicos como "La Neblina", "La Gran Revista" y "El Siglo XX", además de dirigir brevemente "El Perú Ilustrado".
Aún influido por la estela histórica del movimiento romántico, en 1896 publica su libro de poemas "Azahares". Mucha de esta obra parece estar inspiradas en la que iba a ser su mujer a partir del año siguiente: Consuelo Bermúdez y Velázquez, con la que tuvo a sus hijos Eduardo Adolfo, José Alberto y José Santos.
Ese mismo año de 1897 había participado en una expedición a la selva de Chanchamayo, para explorar las posibilidades de un negocio de cultivo y explotación de café. La aventura fue un fracaso que sólo consumió recursos y esfuerzos, regresando a Lima convencido de que lo suyo debía ser la escritura y no otro negocio. De todos modos, de esta experiencia encontró inspiración para su obra siguiente "La selva virgen".
En 1899, publica el poema "La Epopeya del Morro", revisando con pasión nacionalista la Batalla del Morro de Arica y evidenciando cierto aroma revanchista alojando entre las rimas:
¡Coge una vez tu lira; la que yace
empolvada tal vez, pero no rota:
en sus cuerdas de ayer duerme el sonido.
Desata el broche a la primera nota
y verás cómo en las notas se deshace...
Olvidada en la fiesta en que has vivido,
serás hoy como un Fénix, que renace
de las cenizas de su propio olvido.
El poema le hizo merecedor de un premio otorgado en un concurso del Ateneo de Lima. Ese mismo año publicó  "El derrumbamiento" (originalmente llamado "El derrumbe") y, en 1901, "El canto del siglo".
DIPLOMACIA Y POLÍTICA
A pesar de sus reacciones impulsivas y apasionadas metiéndolo siempre en problemas, Chocano fue reclutado en en servicios diplomáticos de su país, saliendo a recorrer América Central y luego España en estas actividades.
La invitación a formar parte de una misión peruana en Centroamérica se la extendió el gobierno de Eduardo López de Romaña, en 1901. Su logro en ella fue haber asegurado tres de los cinco votos para la causa del arbitraje obligatorio que Perú propuso en el Congreso Panamericano de México, en medio de sus cuestiones limítrofes con Chile, Bolivia, Brasil, Ecuador y Colombia, recibiendo como premio el cargo de cónsul general de Centroamérica con sede en Guatemala, donde hizo amistad con el dictador Manuel Estrada Cabrera, lealtad que le traería grandes dolores de cabeza. En estos servicios, actuó como mediador en un conflicto fronterizo entre Guatemala y El Salvador.
En 1904 fue nombrado Encargado de Negocios en Bogotá, por el gobierno de Manuel Candamo. Eran momentos complicados para la diplomacia limeña, pues, además de los diferendos con todos sus vecinos, acababa de proclamarse la independencia de Panamá con gran molestia de Colombia hacia los países que la apoyaron, entre ellos Perú. Pese a todo, Chocano logró calmar los ímpetus y hacer que Colombia se allanara a una solución arbitral de los conflictos limítrofes que mantenía con su patria, encargándolos a la Corona Española.
Sin embargo, su carácter complicado y conflictivo lo estaban poniendo en permanentes entuertos, incluyendo roces con el cuerpo de la legación peruana en Bogotá, por lo que debió renunciar luego de una ruptura con el equipo, regresando a Centroamérica y después a Perú.
Aunque su prédica era por la quimera de la "América una sola", quizás en ese ambiente de embajadas y legaciones se contagió del clima conflictivo que existía entonces entre Chile y Perú por la cuestión de Tacna y Arica (las "provincias cautivas"), haciendo públicas agraviantes e imprudentes arengas que causaron escozor en Chile, mismo país en el que, paradójicamente, iría a viajar buscando refugio, años más tarde.
Estaba ya de regreso en Lima en 1905, cuando gobierno del Presidente José Pardo lo designó para el cargo de secretario de una misión especial en España, dirigida por Mariano Cornejo, para que lograse comprometer un arbitraje del Rey de España en la cuestión limítrofe Perú-Ecuador. Durante este viaje, visitó Santiago de Chile y Buenos Aires, conociendo al ya anciano ex presidente Bartolomé Mitre, y luego partió a Montevideo, desde donde salió en un vapor a España.
Caricatura chilena contra Chocano. Revista "Zig Zag", 1905.
DE UN PROBLEMA EN OTRO
Chocano fue recibido en la Península por destacados hombres de letras, como Benito Pérez Galdós, Miguel de Unamuno y Manuel Machado, entre otros. No le costó entrar a los círculos literarios e intelectuales españoles.
En Madrid conoció el movimiento modernista del que participaba el editor Gregorio Pueyo y el nicaragüense Rubén Darío, publicando "Alma América" en 1906, donde está el famoso poema titulado "Blasón":
Soy el cantor de América autóctono y salvaje;
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con un vaivén pausado de hamaca tropical...
Cuando me siento Inca, le rindo un vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el coloniaje,
parecen mis estrofas trompetas de cristal.
Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el León de Oro;
y las dos castas fundo con épico fragor.
La sangre es española e incaico es el latido;
¡Y de no ser poeta, quizás yo hubiese sido
un blanco aventurero o un indio emperador!
Darío, que curiosamente había vivido ya en Chile tal como iba a hacerlo después Chocano, le prologó este libro muy cargado de conceptos del imaginario de la unidad americana, como continente únicamente mestizo y de origen e identidad comunes. Ese mismo, año vivió un romance con la madrileña Dolores González, de la cual nació su hija María Esperanza. También salió de imprentas su obra dramática titulada "Los Conquistadores":
En 1908, Chocano publicó el libro de poemas "Fiat Lux". Sin embargo, sucedió que fue bajado del servicio diplomático al verse involucrado en una escandalosa estafa del Banco de España, al igual que su paisano Felipe Sassone. Fue retirado ese mismo año y, por su cuenta regresó a América viajando ahora a Cuba, Santo Domingo y Estados Unidos. Había escrito, en esos días:
Hace ya diez años
que recorro el mundo.
¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!
Quien vive de prisa no vive de veras:
quien no hecha raíces no puede dar fruto.
A México llegó en 1912, incorporándose a la causa del presidente Francisco Madero, hasta que fue depuesto y ejecutado. El flamante gobierno de Victoriano Huerta lo expulsó, mudándose entonces a Cuba y a Puerto Rico y Estados Unidos. Invitado secretamente por el servicio del gobierno de Venustiano Carranza, viajó a Nueva York desempeñando misiones confidenciales allá. De regreso en México, llegó a ser secretario de Pancho Villa y participar de algunas de sus acciones.
Las divisiones internas de los revolucionarios mexicanos lo cansaron, regresando a Guatemala. Allí fue donde conoció a la aristocrática dama Margot Batres Jáuregui, con quien se casó en Nueva York durante ese mismo año, naciendo de esta relación sus hijos Antonio José y Alma América. A partir de 1915, apoyaría encendidamente en favor de su amigo el dictador local Estrada Cabrera, alentado en parte por su amigo también escritor Máximo Soto Hall. Mientras tanto, colaboraba con poemas para el semanario peruano "Sudamérica", propietado y capitaneado por su amigo el periodista Carlos Pérez Canepa, ex Cónsul General del Perú en Cádiz y en Guatemala.
Ya antes Chocano había expresado públicamente su simpatía por Estrada Cabrera, dedicándole parte de su "Alma América", pero esta vez su apuesta era peligrosa. Cuando el dictador guatemalteco fue derrocado luego de la fundación del Partido Unionista y la asonada contra su gobierno, en abril de 1920, Chocano fue detenido y estuvo al borde de ser ejecutado, salvándose de morir por intervención de muchas autoridades. Entre otros, intercedieron a su favor El Vaticano, el Rey Alfonso XIII de España, los presidentes de Perú y Argentina, y algunos escritores internacionales. Uno de ellos, curiosamente, fue su enemigo el escritor colombiano José María Vargas Vila, según declaró porque "ese hombre, que ha deshonrado a la patria y a la América, deshonraría también al patíbulo".
REGRESO A LIMA Y ASESINATO DE ELMORE
Luego de salvarse raspando la muerte, emigró a Costa Rica, viviendo un momentáneo retiro. Allí conoció a Margarita Aguilar Machado, la joven prima de su esposa Margot. Aunque la muchacha tenía sólo 19 años a la sazón, se produjo una ardiente aventura entre ambos devenida en relación estable, naciendo de ésta su hijo Jorge Santos, último de los retoños del poeta.
Chocano regresó con los suyos a Perú a fines de 1921. Aunque habían pasado 17 años desde la última vez que estuvo en su patria, fue recibido por una delegación de intelectuales dirigidos por amigos como César Vallejo y Luis Alberto Sánchez, con una ceremonia de recepción en el Palacio de la Exposición. Fue declarado "hijo predilecto" de la ciudad y, el 5 de  noviembre de 1922, recibió el premio de Poeta Laureado de la Municipalidad de Lima, correspondiente a una corona de laurel de oro.. Pudo sentir otra vez las caricias protectoras de la autoridad, y agradeció el reconocimiento declarando:
"¡Bienaventurados los pueblos que aman a sus poetas porque de ellos es el reino de la inmortalidad!
...Cinco millones de almas se han confundido en una sola que al glorificar mi arte representativo, glorifica también lo que representa mi arte. Mi arte está hecho de historia y de naturaleza; pero conste que en todas las manifestaciones de mi arte y de mi vida he cuidado de no desmentir el concepto emersoniano del poeta que debe, épico como Dante o lírico como Byron, armonizar, sinceramente, su vida con su arte, hasta llegar a ser el protagonista de su mejor poema.
...El Perú debe ufanar-se de la corona de laureles que ciñe a su poeta tanto como se engríe de la de espinas que ajustara las sienes de su Santa, pudiendo reposar sobre la seguridad de que la de espinas y la de laureles, la de Cristo y la de Apolo, según la sabia observación, son las dos únicas que no han caído ni caerán jamás al empuje de las revoluciones".
Publicaría revistas y poemarios en la Imprenta del Estado, como su trabajo "Ayacucho y los Andes", que fue un hito en las celebraciones del aniversario de 1924 del Centenario de la Batalla de Ayacucho, ocasión en la que llegaron varias delegaciones internacionales y autoridades intelectuales de toda América hasta Perú. Incapaz de escarmentar, sin embargo, Chocano hizo apología de prácticamente todas las dictaduras del continente en aquellos días, adulando sus virtudes como gobiernos de orden y de progreso. Y, como había forjado una grande y nada disimulada amistad con el Presidente Augusto B. Leguía del Perú y con el dictador venezolano Juan Vicente Gómez, recibió duras críticas del mexicano José Vasconcelos, con el que intercambió descalificaciones y críticas a través de diversas publicaciones durante unos meses.
Su carácter incorregible y arrogante volvería a ponerlo en gravísimos problemas en 1925.
Tras las respuestas de Chocano a Vasconcelos por el diario "La Crónica", miembros de la Federación de Estudiantes del Perú apoyaron al escritor mexicano, como José Carlos Mariátegui, Manuel Beltroy, Luis Alberto Sánchez y Carlos Manuel Cox, desatándose una fuerte controversia intelectual. Fue entonces que Edwin Elmore Letts, periodista limeño miembro de la misma Federación y fervoroso opositor a Leguía, hizo por radio una fuerte crítica a Chocano y luego redactó un extenso artículo contra él y contra el gobierno, para ser publicado en el mismo periódico. Sin embargo, en lugar de aceptarlo, uno de los editores lo mostró a Chocano, que montó en cólera al ver su ego ofendido de semejante forma: entre otros piropos, Elmore lo trataba allí de "vulgar impostor".
Furioso, el poeta llamó telefónicamente a Elmore acusándolo de ser "el traidor de Arica", a lo que éste contestó desafiándolo a decírselo a la cara. La alusión despectiva era para el padre del periodista, el ingeniero Teodoro Elmore, quien había participado de la colocación de minas explosivas ("polvorazos") previamente a la Batalla del Morro de Arica de 1880, siendo capturado por los chilenos y, en una injusticia de la historiografía peruana, acusado de "traidor" y de "informante" del enemigo.
Chocano no recogió el guante, en principio, pero Elmore hizo llegar a "La Crónica" una carta suya donde le continuaba respondiendo en duros términos. Incapaces de contenerse, el día 31 de octubre de ese año, ambos duelistas se encontraron casualmente en la sede del diario: justo iban a dejar sus respectivas cartas a la oficina del editor atacándose entre sí. De los insultos pasaron a las manos: Elmore lo abofeteó y Chocano, en respuesta, sacó del bolsillo de su abrigo un revólver, que disparó a quemarropa contra su contrincante. Todo sucedió ante el director del diario, don Antonio Miró Quesada de la Guerra, quien presenció la sangrienta escena.
Tras dos días de agónico sufrir, Elmore falleció el 2 de enero de 1925, dejando a su joven esposa italiana viuda, luego de menos de un año de casados, y más encima encinta. El escritor tenía sólo 25 años.
Chocano fue tomado detenido y llevado a las autoridades por su alevoso crimen. Permaneció cómodamente recluido en el Hospital Militar y, lejos de arrepentirse, siguió publicando ataques contra Elmore y sus amigos como Mariátegui y los miembros del grupo literario de la revista "Amauta", justificando su acción. Se sabía protegido de las autoridades: su defensor fue Ricardo Dulanto, que trabajaba también como secretario del Presidente Leguía.
Terminando el polémico juicio, en que se consideró más la fama del poeta que la gravedad de su crimen, el Tribunal Correccional sentenció en junio de 1926, que debía pagar con sólo tres años de prisión y un pago de 2.000 libras peruanas. Luego de largo debate, en abril de 1927, el Congreso de Perú, mayoritariamente favorable al gobierno, decidió intervenir cortando el desarrollo del juicio antes de la confirmación de sentencia en el tribunal, por lo que Chocano quedó libre del homicidio. Poco después escribió su versión de lo sucedido y sus consecuencias, bajo el título "El libro de mi proceso".
Santos Chocano, ya en la madurez.
AUTOEXILIO EN CHILE
Refugiándose del reproche, el escarnio y las consecuencias sociales de su inexcusable exabrupto armado, Chocano viajó a Santiago de Chile en octubre de 1928, en medio de grandes incertidumbres sobre su futuro y pasando por enormes penurias económicas que intentó sortear con algunas colaboraciones el periódicos y sesiones de recitación. Tan afligido estuvo en algún momento, que llegó a empeñar la corona de laureles que se le había obsequiado por Lima en 1922, aunque recuperándola posteriormente.
Sin embargo, poco a poco se abrió paso en las editoras. Tras lograr publicar el inicio de sus "Memorias", varios periódicos y revistas latinoamericanas comenzaron incluir sus colaboraciones. Como no podía dejar de pensar en grande, planificó también una serie de poemarios que iba a titular "Oro de Indias" y que terminaría siendo completado de forma póstuma, pero alcanzando a producir su trabajo de antología poética "Primicias de Oro de Indias", que iba a ser primer paso en la secuencia. Éste fue, quizás, su gran acercamiento al delirio por la búsqueda de tesoros, como veremos.
Los amigos chilenos de Santos Chocano le ofrecieron una comida a su honor hacia noviembre de 1928, en el restaurante del Cerro Santa Lucía (donde está la Terraza Caupolicán) que es comentada por Oreste Plath. En aquella ocasión, asistieron su secretario y escritor peruano Luis Bernisoni, el poeta Miguel "Miguelón" Fernández Solar y Alfredo Ríos Gallardo, este último gestor y organizador del encuentro.
Coincidió que la tensión entre Chile y Perú se había distendido enormemente tras el Tratado de 1929; además, Chocano se había distanciado ya del Presidente Leguía, que acabó siendo derrocado al año siguiente. Su relación con Chile fue mucho más grata y parecía estar empinándose a mejores prospectos económicos, entonces. De hecho, sintió en esta época una gran decepción sobre el camino que estaba tomando su patria con los gobiernos de Luis Sánchez Cerro y Óscar Benavides. Como defensor del Tratado Salomón-Lozano para solución de las cuestiones de Perú y Colombia, además, se declaró acérrimo opositor a la Guerra de 1933, publicando una crítica titulada "El escándalo de Leticia ante las conferencias de Río de Janeiro".
Entre sus grandes amigos en Chile, estaba también Oscar Lanas Barrios, seguramente compañero también de sus correrías bohemias. Cuando el chileno le mostró algunos de sus poemas inspirados en las mismas evocaciones reflejadas en su obra "Poemas del océano para gente de mar", Chocano lo elogió dedicándole los siguientes versos:
La América os saluda
porque hay en tu cantar,
de vigoroso atlante
la fuerza singular
Oscar:
Si mi voz es de los Andes
tuya es la voz del mar.
Chocano no lograba salir de sus necesidades financieras, sin embargo. Su estilo de vida y su tendencia a despilfarrar lo tenían en una permanente precariedad económica que intentó resolver apostando en la Bolsa de Valores. Inexperto y desconociendo las leyes de hierro del mercado, acabó arruinado otra vez y su situación se hizo peor, lapidando sin disfrute alguno sus escasos ahorros.
EL TESORO PERDIDO
Incapaz de lograr el éxito en el mundo real, Chocano comenzó a delirar con fábulas y fantasías de riqueza fácil, que acabarían echándole encima una curiosa maldición de muerte. No fue tanto para subsistir que se entregó a estos delirios, sino más bien para procurarse los lujos que siempre creyó merecer.
Adicto a visitar clarividentes y adivinos de todo tipo, Chocano fue informado por uno de ellos sobre la supuesta existencia de un tesoro guardado por los jesuitas en un subterráneo cerca del río Mapocho. Luis Alberto Sánchez detalla que sus codicias "le llevaron a consultar viejos infolios en busca de tesoros ocultos bien por los indios, para librarlos de los españoles, o bien por los jesuitas, cuando fueron expulsados en 1767, para librarlos de funcionarios reales". Coincidió que una ley autorizaba trabajos de excavaciones con los debidos permisos, en lugares que se presumiera la existencia de oro, plata o tesoros, siendo aparentemente esa la razón por la que también se realizaron algunas excavaciones en el Cerro Santa Lucía, según sabemos.
A todo esto, en Santiago Chocano había conocido a la bailarina sevillana de origen catalán Carmen Tórtola Valencia, que había venido a Chile por primera vez en 1917, con cerca de 35 años, y luego en 1929, cuando la edad ya no le permitía el lucimiento y espectacularidad de antes para sus presentaciones. Compartió con la bailarina los gustos obsesivos de ésta por las artes de adivinación: cartomancia, quiromancia, sortilegios, invocaciones. De hecho, ella misma era comparada con una zíngara por su puesta en escena profesional, sus creencias  y su propia personalidad; "gitana" y "reina pagana", en un verso que Carlos Casassus le dedicara tras su debut en Valparaíso.
Tórtola Valencia realizaba sesiones en su propia habitación del hotel, invitando amigos de confianza a estas reuniones. Cuenta Plath que, en estos encuentros, parecen haberse profundizado las obsesiones de Chocano con la existencia de un tesoro perdido en algún lugar de Santiago, además de hacerle un pronóstico escalofriante, anunciándole al poeta que iba a tener una muerte violenta... Y lamentablemente, sólo la peor de estas dos visiones se cumpliría.
Sucedió, así, que tras mucho perseguir pistas de aquellos secretos subterráneos, un señor llamado Carlos Martínez proporcionó a Chocano el plano con el derrotero señalando la ubicación del supuesto tesoro. Según la biografía de sus últimos años escrita por la propia Margarita Aguilar, Martínez había recibido el mapa de un tal Nicolás González, quien los había obtenido, a su vez, a través de un tío que trabajaba en la Municipalidad de Santiago. Convencido de que había dado por fin con un gran entierro de riquezas ocultas cerca de la orilla del río, Chocano comenzó a excavar ayudado de unos pocos asistentes. Años buscando derroteros y mapas de ilusorios tesoros parecían por fin llegar a un buen resultado. Se hizo de socios y comenzó esta nueva aventura ya en años de madurez de la vida, excavando en un sector ubicado al final de calle Miraflores o de 21 de Mayo, según las fuentes, junto al río.
El poeta había incorporado a un oscuro sujeto llamado Martín Bruce Padilla a su sociedad para buscar los tesoros sepultados. Las consecuencias de esta elección serían fatales para Chocano.
Al final de los trabajos, sin embargo, lo único que encontró en aquel intento fue una multa municipal por prolongar las excavaciones sin autorización... Además de la razón que lo llevaría a su muerte.
Traslado y funeral de Chocano en Lima, 1965. Fuente: diario "El Comercio".
LA EXTRAÑA MUERTE
El pánico de Chocano al número 13 vino a verse confirmado trágicamente, cuando la segunda predicción de Tórtola se cumplió.
La tarde del jueves 13 de diciembre de 1934, Chocano debía salir de casa y tomar el tranvía. Había pasado casi un mes después de recibir otro homenaje en el comedor del Cerro Santa Lucía, el 18 de noviembre, a la que asistieron diplomáticos, el Ministro de Educación, representantes de la Sociedad de Escritores de Chile y varias personas dispuestas en mesas de a diez asientos. Para más asombro, tres días antes de morir, había visitado a una tal madame Eriz, adivina que le advirtió, según Edwards Bello: "Veo que la muerte le ronda, o pasa cerca de usted".
Aquella noche, Chocano y Margarita se habían trasnochado de fiesta en casa de su amiga Lupita Martínez Serrano. En la mañana había escrito y despachado algunas cartas a amigos en el Uruguay; sin embargo, no se atrevió a anotar el 13 en la fecha, aterrado como siempre con su supersticioso temor, prefiriendo ponerles el día 14. Margarita recordaría que después almorzaron juntos, tras lo cual se tiró un rato en su cama, rodeado de distintos periódicos del mundo, mientras ella leía.
Chocano salió de su casa en barrio Ñuñoa hacia las 16:30 horas, pues tenía agendada una entrevista con el diplomático extraordinario de Colombia, señor Vargas Nariño, que venía en una misión especial para recompensar al peruano por sus servicios diplomáticos de paz. Chocano había pedido unas esmeraldas, para adosarlas a su corona de laureles de oro. Tomó, cerca de avenida Irarrázabal, el tranvía que, según la leyenda -y en otra ironía del destino- autores como Plath aseguran fue en uno de la Línea N° 13 del servicio de ferrocarril urbano: "Alameda-Plaza Ñuñoa", un servicio que partía desde la Plaza Argentina en Estación Central para seguir por Alameda, Vicuña Mackenna, Irarrázaval hasta Brown, con recorrido a la inversa de vuelta... Aunque ciertas fuentes dicen que habría sido en realidad el tranvía de la Línea N° 34 o un N° 23, la leyenda del carro con el "número peligroso" se cristalizó como aquel en que iba a ser tocado por el dedo de la muerte.
Sentado en un puesto lateral mirando por la ventanilla, había avanzado sólo unas cuadras en los tres o cuatro minutos que pasaron entre el momento en que lo había abordado y aquel en que se le arrebató la vida: fue allí, en el transporte, que un sujeto lo identificó y lo atacó fatalmente a puñaladas, por la espalda y en el corazón, arrebatándole la vida casi instantáneamente cerca de sus 60 años aquel día 13, y en un supuesto tranvía 13. Apenas pudo oponer una pequeña resistencia a su carnicero.... Y para más ironía del destino, habría llevado en el viaje un libro para esa misteriosa madame Eriz, la misma que había previsto su tragedia y con la que tenía otra cita para más tarde, según Edwards Bello.
Margarita, en tanto, había salido acompañada por su hijo, por la esposa del maestro Martínez Serrano y su hija Lupe, rumbo al Teatro Municipal. Chocano les había dado unas entradas para una obra. Sin embargo, antes de llegar a Pedro de Valdivia, fueron interceptados por carabineros a caballo para avisarle de la tragedia.
Pero no terminaban allí los símbolos fatídicos del poeta: su asesino era el mismísimo Martín Bruce Padilla, quien no escapó de la escena del crimen luego de que Chocano fuese llevado inútilmente a la Posta de Ñuñoa, quedándose entre el grupo de curiosos. Tras ser conducido a la 14ª Comisaría de Santiago en avenida Providencia, lo llevan al Juzgado del Crimen, frente al magistrado Rodolfo González. El asesino asegura allí, en su defensa, saber que Chocano escondía el secreto de un tesoro perdido y lo había traicionado tras pedirle su ayuda para buscarlo. Según Zora Carvajal, declaró a la prensa, en esa ocasión: "Ha ocurrido lo que tenía que pasar. Yo no soy un loco. Si hay justicia tendrán que absolverme". Sospechando que Chocano lo había apartado de las pretendidas ganancias cuando pudo hallar el tesoro o cuando se sintió más cerca de hacerlo, sintió palpitar su derecho a venganza y coincidió, por desgracia, que se encontraron en el tranvía.
El asesino fue juzgado como un esquizofrénico y paranoico, siendo recluido en un centro de atención psiquiátrica, donde falleció años más tarde, a inicios de los cincuenta. Y aunque era difícil imaginar que Chocano hubiese encontrado ese tesoro que sólo ayudó a aumentar su ruina económica, la trágica muerte aún es tomada por algunos como ejemplo de la maldición del mítico Subterráneo de los Jesuitas, con el que se presume vinculada la perdida fortuna que le quitó el sueño y, de manera indirecta, también la vida.
El cuerpo de Chocano fue  embalsamado por un Doctor Vidal, mientras que su colega Bon sacó un molde a su rostro. Fue sepultado en el Cementerio General con un multitudinario funeral. Su laurel de oro y la máscara hecha del molde de su rostro, quedarían en manos de la desconsolada Margarita.
Sólo en 1965 sus restos pudieron ser trasladados a Perú, recibiendo un gran funeral el 15 de mayo. Su tumba se encuentra en el Cementerio Presbítero Maestro de Lima. Está sepultado en posición vertical y en un foso de metro cuadrado, de acuerdo a instrucciones que había dado en uno de sus poemas titulado "Vida Náufraga", con sus versos finales inscritos en la misma lápida:
Este metro cuadrado que en la tierra he buscado,
vendrá tarde a ser mío. Muerto, al fin, lo tendré...
Yo no espero ya ahora más que un metro cuadrado
donde tengan un día que enterrarme de pie.
Luis Alberto Sánchez, escribió sobre las aventuras, andanzas y desgracias del Cantor de América en su obra "Aladino o vida y obra de José Santos Chocano", mientas que Fortunato Zora Carvajal hizo lo propio en "José Santos Chocano, poeta de América".

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