miércoles, 29 de junio de 2016

LAS RUIDOSAS Y COLORIDAS LORERAS DE TRICAHUES DE LA REGIÓN DE COQUIMBO

"¡Son tricahues!", repetía mi amigo y camarada de viajes con la cabeza en alto, aquel día feriado de Semana Santa, mientras veíamos la numerosa y colorida lorera estacionada en los árboles de la Feria Rural Campesina del Parque Los Pimientos, a espaldas de la planta pisquera de Vicuña en el Valle de Elqui. El ruido de una agitada masa de plumas verdes, amarillas y rojas parecía apoderarse del encuentro, haciéndonos creer que estábamos cerca de una especie de criadero hasta que los vimos alegres y felices conquistando las ramas de las altas copas.
Eran tricahues, pues: llamados también tricagües y loros barranqueros, por su tendencia a vivir en barrancos y anidar en agujeros de laderas, aunque ahora parecen haberse aproximado como nunca antes a zonas urbanas de Vicuña, Ovalle y Monte Patria. Sorprende ver una concentración tan grande de una especie que se halló alguna vez casi al borde de la extinción, principalmente a causa de la intervención humana. Volvemos a encontrar decenas de ellos saliendo ya de Vicuña, por los postes y árboles en la entrada del estrecho puente viejo sobre el río Elqui. Quizás no sea un fenómeno tan transitorio o excepcional como podría parecer.
Una de las primeras descripciones del loro en la literatura fue la del Abate Juan Ignacio Molina, quien lo cataloga como Psittacus cyanolyseos. En el siglo XIX, el británico Philip Sclater lo definió como el Cyanoliseus patagonus byroni, nombre científico con el que permaneció hasta hace no mucho tiempo, cuando a fines del siglo pasado se le definió como la subespecie Cyanoliseus patagonus bloxami por el estadounidense Storrs L. Olson, dado que el nombre propuesto por Sclater era confuso y se había asociado antes a otra especie de loro chileno, el choroy (Enicognathus leptorhynchus).
Es un animalito de vida marcadamente gregaria, formando esas colonias que nunca parecen estar calladas: meten bullicio estacionados en ramas o volando, por lo que nunca, nunca pasan inadvertidos. Suelen estar acicalándose entre las parejas, pues tienen una marcada tendencia a la monogamia; o bien se entretienen peleando por una rama, cuando están detenidos en las copas. Con una expectativa de vida cercana a los 50 años como máximo, estas aves anidan de preferencia en pequeños túneles de laderas y quebradas, por lo general durante la segunda mitad de cada año hasta inicios del siguiente, colocando de 2 a 5 huevos de color blanco que eclosionan en menos de un mes. Ambos padres se dedican al cuidado de las crías, como devotas parejas.
Los tricahues adultos miden entre 43 y 46 centímetros, con un peso promedio entre los 300 y 400 gramos. Las plumas de su cabeza, lomo y cola son de color verde oscuro oliváceo, con algunos tintes turquesas hacia las puntas de las alas. Tiene el pico de tamaño medio comparado con otros loros silvestres, de color blanquecino al igual que el contorno de sus ojos siempre atentos y curiosos al entorno. Su pecho es de color gris marrón con un tenue collar blanco de plumas, mientras que su abdomen es de un hermoso color amarillo con centro rojo, colores cálidos contrastantes con el resto de las tonalidades del ave. Sus patas son rosadas y de cuatro dedos dispuestos en pares opuestos.
Distribución del loro tricahue en el Cono Sur. Fuente imagen: diario "El Día".
Pareja de tricahues. Se observa una tendencia monogámica en el ave.
Se alimenta de semillas y frutos silvestres como peumo, espino, algarrobo, copao, chañar, maitén o boldo, pero a veces también de cultivos agrícolas de maíz o trigo, además de higos, paltos, duraznos, damascos, granados y nogales, por lo que algunos productores no le tienen mucha estima. El ave traga pequeñas piedrecillas, arenas o maicillos de las zonas que habita para poder facilitar su digestión, como puede verificarse observando sus heces, que no son pocas a los pies de cada lugar donde se posan en masa. Se sabe que pueden desplazarse unos 100 kilómetros diarios busca de estos alimentos.
El tricahue es un loro muy inteligente y diestro, de excelente organización comunitaria y vida social. Aunque su incesante griterío no parecería ofrecer muchos matices al observador inexperto, la verdad es que tiene una interesante estructura de comunicación vocal-auditiva dentro de cada grupo, la que se mantiene prácticamente todo el día. Hay loros llamados vigías que, cumpliendo labores de seguridad general, dan gritos de alerta a todo el grupo en caso de advertir alguna clase de peligro o amenaza, acción ante la cual la bandada despega y huye ya sea al unísono (reacción conjunta) o bien de forma individual (escape de cada ejemplar según el grado de amenaza que percibe). Un vigía puede hacer también funciones de centinela de avanzada, al adelantarse 1.5 horas a la parvada antes del resto de la bandada; el vigía de la lorera, por su parte, se aproxima 1.8 kilómetros a cualquier visitante o extraño antes que éste llegue a la colonia.
Entre los depredadores del tricahue (además del hombre, por la caza y la captura par mascotería ilegal), están otras aves como el halcón, el águila chilena, el aguilucho y el peuco. Para evitarlos, el loro suele volar muy apegado a bordes de cerros, quebradas y a la propia vegetación cuando se trata de campos de cultivos. Si llega a enfrentar espacios abiertos, suele hacerlo a gran altura y muy vigilante. Su vuelo alcanza la velocidad de 60 kilómetros por hora.
Es casi un milagro que este hermoso lorito siga tan presente al interior de la Región de Coquimbo, siendo una de las 11 especies endémicas de la misma. El  Comité Operativo Regional de Biodiversidad lo designó como una de las cuatro especies emblemáticas de la región, de hecho. Originalmente, se los hallaba desde el Valle de Copiapó en Atacama hasta el sector de Valdivia, pero la caza, la destrucción de su medio y la captura de polluelos para tráfico ilegal fue reduciendo las colonias hacia mediados del siglo XX, haciéndola desaparecer paulatinamente de algunas áreas geográficas.
Si bien la especie ha logrado recuperarse en parte y superar algo del riesgo de extinción en que se halla, sus comunidades hoy están distribuidas en hábitats dispersos entre Chile y también Argentina. Aunque existe incluso una Laguna Tricahue en San Felipe, el loro ha ido despareciendo especialmente en la Zona Central, para desgracia nacional. Hacia el año 1985, por ejemplo, se extinguió la última colonia de hábitat costero que quedaba en el sector Llolleo-Rocas de Santo Domingo, en la desembocadura del río Maipo. Aún hay algunas observaciones reportadas en las regiones de la Araucanía y los Ríos, pero claramente su población ha descendido peligrosamente en el Sur del país, por lo que colonias como la de Coquimbo son parte de las valiosas reservas del tricahue, más que un recuerdo o residuo.
El artículo "Censo y algunos antecedentes del loro tricahue Cyanoliseus patagonus en la precordillera de la Sexta Región", de P. Manríquez ("Boletín Técnico" Nº 11 de 1984 de la Corporación Nacional Forestal, CONAF), informaba que la mayor cantidad de la población de tricahues en Chile estaba en las Regiones del Maule y del Libertador General Bernardo O'Higgins, donde existe incluso una localidad llamada Los Tricahues, en Colchagua. Sumaban 1.700 ejemplares la primera y 850 la segunda, equivalentes al 85% del total, distribuido a la sazón en escasas 12 loreras por todo el país medidas por la propia CONAF como parte de su Proyecto de Conservación del Loro Tricahue, puesto en marcha en 1982. Cada lorera tenía un promedio de 1.555 ejemplares, pero también se pudo establecer que 9 de las 12 colonias contabilizadas estaban en inactividad.
La Región de Coquimbo tenía por entonces muy pocas comunidades de tricahues en su paisaje, además de la Región de Atacama que sólo mantenía población hacia el sector de Vallenar. Sin embargo, las cosas han cambiado con el correr de los años.
En 2002, se puso en marcha el Plan de Conservación del Tricahue en la Reserva Nacional Río Clarillo de la localidad de Pirque. Participaban en este proyecto el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), la Universidad de Chile, la Unión de Ornitólogos de Chile (UNORCH) y el Comité Pro Defensa de la Fauna y Flora (CODEFF), que puso a disposición de los animales rescatados su Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre. El esfuerzo se ha dirigido a intentar impedir que la especie siga disminuyendo a causa de la captura de crías para domesticación y también por el envenenamiento de los loros por parte de agricultores, que los consideran nocivos para sus cultivos. También hay caza y captura de animales adultos para venta y contrabando, a pesar de que está protegida por normas de 1972 y 1996 que prohíben incluso su tenencia. Normas estrictas, pero a veces de difícil ejecución, se entiende. En marzo de 2007, además, el Decreto Supremo N° 151 del Ministerio Secretaría General de Gobierno declaró al tricahue "en peligro" para las regiones de Atacama y Coquimbo, y "vulnerable" para el resto de su distribución dentro del país.
Poco tiempo después, en 2008, la estadística de población de toda la Región de Coquimbo habían experimentado un giro: señalaban que ésta equivalía al 50% del total de tricahues silvestres del país, hallándoselos distribuidos en zonas específicas del sector de La Higuera, La Serena, Río Hurtado, Monte Patria, Vicuña y, desde poco después del año 2010, también en Ovalle, de acuerdo al informe titulado "Estudio de la integración entre las poblaciones de loro tricahue y la actividad agrícola en las comunas de Vicuña y Monte Patria" del SAG de Coquimbo.
La Higuera era considerada históricamente como la zona principal donde estaban los tricahues en Coquimbo, quizás la única en algún período. Ubicada a 1.675 metros sobre el nivel del mar, hoy se sabe que existen colonias en la misma localidad por el sector de Los Morros y la Quebrada de Choros o de la Higuera, específicamente en Los Pajaritos y Bramadero.
Contrastando con la altura, la lorera de la Quebrada de Santa Gracia en La Serena está a sólo 386 metros sobre el nivel del mar, con un centenar de ejemplares que motivaron un trabajo de educación y difusión de la Municipalidad para realizar visitas al lugar con escolares, a modo de clases en terreno. Lamentablemente, discrepancias con los propietarios de aquellas propiedades ha impedido que se pueda declarar área protegida o reserva, pero de todos modos se han encontrado otras loreras en La Serena como la del sector San Antonio, cerca de Almirante Latorre.
La lorera que observamos y fotografiamos en Vicuña corresponde a la comunidad de tricahues habitantes de la zona y que estaba dividida en dos grupos: una colonia reproductiva principal que habita al interior de la Quebrada San Carlos, en las faldas del célebre Cerro Tololo, y otra lorera satélite habitante de la Quebrada de Tambo Real. Desconozco si habrá tenido en el pasado alguna influencia la presencia de estos animales en el nombre de la cercana Quebrada de los Loros, pero sí puedo dar fe de nunca haberla visto antes en varias visitas hechas incluso por muchos años seguidos y períodos largos a Vicuña, durante los años noventa y la primera década del presente siglo.
Me significó cierto esfuerzo poder dar con información relativa estas loreras de Vicuña, pero encontré valiosos datos en publicaciones de internet hechas por don Manuel E. Rojas Martínez, de la Red de Observación y Conservación de las Aves Silvestres. Siguiendo al dedo la información compartida en la red por él, se entiende también que las loreras de Río Hurtado están en El Chacay y Serón.
Los loros del Elqui suelen aparecen con estos volúmenes a partir de noviembre o diciembre de cada año hasta febrero, olfateando las frutas de la estación veraniega. Hacia el año 2010 y causando gran asombro en la comunidad elquina, sin embargo, los tricahues de Cerro Tololo y Río Hurtado comenzaron a emigrar casi encima de la propia ciudad de Vicuña; y para el año 2014 ya estaban en sectores interiores del valle, como Pisco Elqui, el sector Las Tinajas, la Medialuna y el Parque Municipal Los Pimientos, donde los encontramos y fotografiamos en nuestro último viaje por allá.
Hacia fines de ese año la Oficina de Turismo Municipal de la misma ciudad organizó también visitas guiadas de observación de las aves, hasta que éstas se marcharon al final de la temporada en 2015. Sin embargo, sucedió que los residentes del valle comenzaron a verlos con mayor y prematura presencia hacia el mes de junio o julio, agrupándose otra vez con su característico ruido en bosques, cerros y huertos de Vicuña. Habrían contribuido a su temprano regreso las lluvias inusuales ocurridas en marzo de ese año y tras un período de sequía, que permitieron el crecimiento vegetal antes de las fechas esperables, además de la aparición adelantada de insectos y otras aves durante los mismos meses.
Las loreras de Monte Patria en la Provincia del Limarí, por su parte, constituyen un caso especial. Siendo la más austral de las comunas de la Región de Coquimbo donde habitan tricahues, la población visible ha aumentado asombrosamente: de acuerdo a censos realizados en diciembre de 2006, cada noche la población llegaba a más de 1.200 ejemplares, siendo el único lugar de Chile donde los tricahues habían decidido utilizar el ambiente urbano como su dormitorio y morada gran parte del día. De acuerdo a lo publicado por Rojas Martínez, corresponden a las loreras de Chirrinchi, 3 kilómetros al Sur-oriente del centro de Monte Patria, y la de Campanario a 15 kilómetros al interior de la Quebrada de Río Ponio.
Mediciones de 2008 confirmaban que ya había 1.227 ejemplares en Monte Patria, lo que la convertía en la zona de más grande concentración de estos loros en Chile. Fuera del peso que depositan al posarse sobre los tendidos eléctricos, se volvieron un atractivo para los turistas y pesadilla para quienes verían su mañana de sueño cortada con estrepitoso bullicio. Bastante sobre estos pros y contras se puede leer en el cuerpo de reportajes dominicales del diario "El Ovallino" de la ciudad de Ovalle, del 7 de febrero de 2010, titulado "Loros tricahues: ¿plaga o atractivo turístico?". Los habitantes de Monte Patria estaban divididos por la masiva presencia de las aves en su ciudad, generándose incluso algunas discusiones en la radioemisora local "Valentina". Y es que por mucha molestia que provocaran, especialmente con el ruido y sus defecamientos, es un hecho que comenzaron a llegar personas al lugar atraídos por la noticia de la presencia de estos animales y tentados con fotografiar su colorida concentración numérica, surgiendo un atractivo nuevo para esta localidad conocida por sus artesanías en piedra lapislázuli. Más aún, el propio logotipo turístico de la Comuna de Monte Patria incluye un loro en vuelo, que se presume un tricahue.
Estudios del SAG hacen sospechar que los tricahues de Coquimbo pueden estar en esperanzadora recuperación, aunque también es posible que el fenómeno sea más de desplazamiento que de aumento sustancial en las colonias. Como sea, la cara negativa es que parte de este regreso de la especie a la región se está dando con un cambio sustancial en el comportamiento del ave, al comenzar a habitar ahora más cerca de las área urbanas o directamente en ellas. La pérdida de arbustos y la reducción del ecosistema habrían influido en esto. También se han observado comportamientos más agresivos de parte de los loros, por lo que claramente se está frente a un cambio de conducta en las colonias de la región.
Lo anterior no representa el mejor escenario para el tricahue, sin duda, pues deja a las aves más expuestas a ataques humanos y vulnerables a accidentes. Pero, al menos, con ellas a la vista tendremos la tranquilidad de seguir vigilando la ruidosa y alegre postal de plumas verdes, amarillas y rojas dando vida y atractivo a estas zonas de la Región de Coquimbo.

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