lunes, 30 de mayo de 2016

EL CANNOLO: DULZURA DE SICILIA PARA EL MUNDO ENTERO

Cannoli en afiche de clásica pastelería de Piazza Palermo.
El cannolo ya llegó a Chile, felizmente. Dicen algunos que entre los mejores están los del "Café Turri" de Valparaíso y el "Da Carla" de Vitacura en Santiago. Sin embargo, en algunas cartas y recetarios han comenzado a aparecer también algunas versiones que podrían corresponder a variedades nuevas o adaptaciones gourmet, muy diferentes a las originales italianas, así que acá repasaré un poco lo que aprendí del pastelillo tal cual pude conocerlo en Roma, como los cafés "Volpini" y "Ciuri-Ciuri" o la pastelerías "Ciardi" y "Lory", entre muchos otros establecimientos que me volvieron casi un adicto durante aquel viaje.
El cannolo original es un tubo de masa frita que puede variar entre los 8 y 20 centímetros, aunque a veces se presentan ciertas versiones "gigantes" para celebraciones especiales o fiestas. Los más pequeños son llamados cannulicchi. Su masa es de hojaldre, cortada de forma cuadrada o rectangular y enrolladas dos de sus puntas opuestas alrededor de un tubo metálico, aunque originalmente esta forma se le daba con un segmento de caña de río (canne) que también debía ir al aceite caliente y retirada sólo después del endurecimiento de la masa. De ahí su nombre, que traducido al español equivale a tubito.
Suele ser llenado con una dulce pasta de requesón que puede llevar chocolate, fruta, marsala, pistacho o cuanta maravilla de repostería haya disponible a gusto del cliente, cuando lo preparan tras el propio mostrador. Este relleno de preferencia es el tradicional de queso de ricota o requesón con azúcar, aunque con el tiempo y las variaciones se ha ido haciendo más flexible la receta, incluyendo algunas con crema de leche, crema pastelera, pastas de chocolate o incluso helado, dependiendo del lugar donde se lo ofrezca. Suele estar decorado con marrasquinos, cortes de fruta confitada o bien salpicaduras de chipas de caramelo o de frutos secos molidos, como almendra, nuez o pistacho. Las variedades son tantas que cuesta precisar cuál es la norma general y cuál es la particularidad de cada pasticceria italiana.
El pastelillo solía ser preparado masivamente para encuentros de fiestas religiosas y celebraciones públicas, especialmente en los carnavales de espera de la Cuaresma en localidades como Palermo y Messina. Parecen haber sido los árabes quienes introdujeron el cannolo durante su permanencia en la isla siciliana, desde donde fue adoptado por hogares y comerciantes.
Aparece mencionado por el duque Alberto Denti di Pirajno en el libro "Siciliani a tavola", quien atribuye a Cicerón la primera mención del producto, cuando éste se refiere a un "tubus farinarius, dulcissimo, edulio ex factus lacte" ("Tubo relleno, dulcísimo, alimento hecho de leche") hacia el año 75 antes de Cristo. Otras versiones señalan que aparece por primera vez -más directamente señalado- en el "Diccionario de Sicilia-Italia-América" de Michele del Bono, de 1751, donde se lo llama cannola.
De acuerdo a una leyenda, el pastel habría sido inventado por las hermanas del convento de claustro  de Caltanissetta, o bien mucho antes, por mujeres del harem de este mismo lugar para agasajar a los emires sarracenos. Algunas interpretaciones etimológicas asocian su nombre al árabe qanawat, de hecho, expresión que también se traduce como tubo pequeño, pero es posible que si el cannolo fue un invento de las monjas, ellas hayan usado alguna vieja receta romana para la creación del dulce, como la atribuida a Cicerón.
Algunos interpretan el cannolo como la versión dulce de los populares canelones de la comida italiana. También se sabe que, desde aproximadamente los años treinta, ha sido popular el consumo casero de cannolo hecho con galletas pizelle enrollada en lugar de la masa frita, naciendo así otra de las tantas variedades del pastel. Se le han atribuido características tales como cierto simbolismo de fertilidad o usos como instrumento para broma en los carnavales al soplar su relleno de crema.
Los muchos inmigrantes sicilianos llegados a los Estados Unidos y Argentina trajeron estas recetas de pasteles a América, especialmente al ir fundando sus propios cafés, restaurantes y pastelerías. Así, el cannolo parece mencionado en el filme "El Padrino" de 1972, siendo identificado por ello como el bocado dulce favorito de don Vito Corleone, pudiendo ser ésta una de sus primeras alusiones importantes en el cine con relación a la cultura italiana introducida en los Estados Unidos, donde el cannolo ocupa un lugar destacado. Hoy, son célebres entre los turistas internacionales los cannoli del barrio de la Little Italy de New York, como los del famoso "Café Palermo".
El cannolo figura en la lista oficial de Productos Tradicionales de la Comida Italiana (PAT) del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Bosques de Italia. Quizás se trate del pastel más popular e infaltable de sus confiterías y pastelerías de ese país y de todas sus áreas de influencia en el mundo.

miércoles, 25 de mayo de 2016

LA CURIOSA COMPAÑÍA DE QUILTROS CHILENOS DEL PROFESOR TENOF

Antigua postal de un circo de perros. Fuente imagen: thegraphicsfairy.com
Aunque ya me he referido a la condición de historicidad de muchos perros chilenos, quise reservar esta historia como una entrada especial, dedicada a un insólito pero desconocido caso de quiltros chilenos que hicieron carrera internacional. Este texto pertenece a un proyecto personal de crónicas perrunas titulado “Cronicanes: Huellas de perros en el pavimento de la chilenidad”, que me permitió ganar una mención como Obra Inédita en el Concurso Literario Escrituras de la Memoria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en octubre del año pasado.
Pasadas las tragedias de las guerras del siglo XIX y sus historias más conmovedoras involucrando perros, con la convivencia tan estrecha entre ellos y el pueblo chileno también habría de ocurrir que el can saltara al escenario de las candilejas populares, como un actor más del teatro criollo y, cuando no, directamente a las muestras de shows de mejor pelaje. Generalmente, estos perros eran finos, de preferencia los de razas como poodles correspondientemente pasados por el peluquero y otros perros falderos, en el caso de los proscenios más reputados. Sin embargo, de cuando en cuando se sabía de presentaciones más populares, con perros quiltros y en algunas ocasiones hasta gatos amaestrados.
Podríamos rastrear perros adiestrados para la comedia y el espectáculo acrobático en nuestra historia desde los orígenes del circo chileno, o incluso antes. Sin embargo, como el avance de los medios de comunicación ha ido enterando a las masas de la existencia de animales exóticos mucho más interesantes y curiosos que el humilde y astuto perro en todas sus presentaciones raciales posibles, al público se le han ido ofreciendo nuevas criaturas de la fauna, desde monos hasta elefantes, para el divertimento en los escenarios circenses, práctica que va poniendo a estas compañías cada vez más de punta con grupos animalistas y movimientos contrarios a tal clase de explotación.
En la época en que aún podía construirse un show interesante sólo con perros obedientes, tuvo lugar un poco recordado acontecimiento que internacionalizó a un grupo de quiltros chilenos y que es comentado por el eximio hombre de artes escritas Daniel de la Vega. La historia contada en “Luz de candilejas: el teatro y sus miserias”, de 1930, es tan curiosa que no nos permitiríamos pasarla de largo en este trabajo, de ninguna manera.
De la Vega recuerda allí las exitosas presentaciones de una singular comedia de vodevil intitulada “Las bodas de Currito”, que era realizada en Linares con una troupe de hábiles y sagaces perros actores internacionales de buen pedigrí, puestos en escena bajo la dirección del regente del equipo, el Profesor Tenof. El concurrido espectáculo tenía lugar en el entonces novedoso Teatro Victoria:
“No caían en esas bárbaras exageraciones de algunos actores de bataclán, ni tampoco al salir del teatro, después de la función, repartían monedas entre los chicos curiosos que se agolpaban en la puerta. Nunca ladraban a los periodistas que solían indicarles un yerro escénico, ni abrigaban ambiciones de primeras figuras”.
Sin embargo, a pesar del exitazo alcanzado allí en Linares, la elogiada compañía canina del Profesor Tenof fue deshaciéndose por la deserción de los actores, muerte de los canes más ancianos y retiro de algunas de sus estrellas de cuatro patas. Además, otros de sus perros olvidaban por la senilidad los trucos y las rutinas, debiendo ser jubilados honrosamente mientras conservaban su dignidad profesional. Por todo esto, hubo un momento en que ya no le quedaba ni un solo perro al maestro adiestrador como para continuar con “Las bodas de Currito” y extender el calendario de presentaciones en Chile. Ya envejeciendo el director y dejando atrás los años de intensa bohemia andante, además, la compañía de los perros comediantes establecidos ahora en Linares y haciendo larga pausa a una historia de itinerancia, parecía estar llegando a su inminente crepúsculo; el final de los finales en su telón de cierre.
Aviso anunciando las presentaciones del Profesor Tenof y su compañía de perros artistas en Madrid, en 1910.
Desesperado por la situación y decidido a no perder una carrera al mando de perros comediantes, el Profesor Tenof tuvo la idea de contratar perros chilenos de la misma provincia para rescatar del ocaso su aplaudido show. Pero esta vez sus actores no iban a ser distinguidos expositores de la alcurnia entre las razas perrunas, sino quiltros comunes y corrientes, a los que se propuso conseguir, educar e iniciar en esas mismas artes escénicas en que había brillado la fina y elegante generación anterior de la compañía.
Así cuenta de De la Vega, entonces, cómo se formó desde la nada este nuevo elenco de perros comediantes, resucitando las presentaciones del show:
“Y cogió a nuestro perro callejero, a ese que se sienta filosóficamente en las puertas de las carnicerías, al otro que duerme anudado en un umbral, y a aquel que sale del conventillo a ladrarnos agresivamente.
Y esos perros domésticos y cerriles han saltado graciosamente desde su vida de atorrantes al tinglado de la farsa, y ahora emprenden la aturdida romería del arte”.
De este modo, echando mano al curioso y creativo recurso, el Profesor Tenof rearmó con un mínimo de costos su equipo de estrellas caninas. Y los serviles quiltros chilenos, de tal manera, internacionalizaron su carrera: se marcharon con su adiestrador a continuar por otras latitudes las experiencias de las tablas, paseando por México, España y casi todo el mundo su compañía.
Aunque hemos dicho que los perros de Chile eran solicitados y llevados al Perú ya en los tiempos coloniales, quizás, la camarilla amaestrada de cuadrúpedos de la región maulina constituya nuestra primera exportación de quiltros para el mercado artístico.
He ahí, entonces, la posibilidad de que entre los pioneros actores y comediantes caninos internacionales para el espectáculo moderno de las luces de teatros, hayan estado estos quiltros comediantes chilenos, por los mismos años en que recién comenzaba a brillar el astro de Rin Tin Tin y mucho antes que lo hiciera también Lassie.

lunes, 23 de mayo de 2016

BAÚL DE RECUERDOS DEL CUARTEL BORGOÑO (PARTE II): DE LA "CASA DE LA RISA" A LA POLICÍA DE INVESTIGACIONES

La célebre manifestación de opositores en 1983, en el cuartel de Borgoño 1470. El desaparecido edificio había nacido como el Pabellón de Seroterapia del complejo de salud que allí existió.
Coordenadas: 33°25'51.47"S 70°39'16.95"W
Ya comentamos en el capítulo anterior de esta doble entrada, el pasado del Cuartel Borgoño en la calle del mismo nombre de Santiago, como complejo de cinco edificios levantados originalmente para servir a la salud pública chilena (primero al Instituto de Higiene y después al Servicio Nacional de Salud). Sin embargo, ante la necesidad de detener la destrucción de este histórico recinto, actualmente se ha esgrimido como memoria del lugar principalmente el período que abordaremos a continuación, por quienes esperan ponerlo en valor y rescatarlo como sitio de conservación patrimonial.
Ya dijimos que el asunto es menos sencillo de lo que se quisiera, especialmente cuando se trata de defender ciertas apreciaciones de valoración histórica por encima de lo que algunos criterios entienden como progreso y modernización. La apropiación del discurso de la memoria por parte del oportunismo de algunos cultores de las artes políticas, ha sido otro factor de banalidad para el tema cuando se lo propone como fórmula de puesta en valor de inmuebles históricos como éste o de creación de memoriales. Tanto es así que fue un ministro de obras públicas de militancia socialista y futuro Presidente de la República quien autorizó, en su momento, la destrucción de la dirección del Cuartel Borgoño más simbólica en este aspecto concreto de su historia: la de Borgoño 1470, como veremos. Es la misma filiación política del alcalde que se había comprometido a preservar lo que quedaba del cuartel, reaccionando tardíamente y quizás por presión popular a la destrucción que en él se ha estado ejecutando, denunciada inicialmente vía medios de internet.
Sin embargo, hay un doble respaldo al interés en la conservación del complejo que estaba siendo demolido y que ahora se halla en suspenso: por un lado, el mencionado compromiso que debía estar vigente y que se había contraído con la Municipalidad de Independencia mediante; y por otro, el hecho de que la memoria histórica que busca preservarse es el final de una larga semblanza que da al Cuartel Borgoño una gran importancia cultural y patrimonial para la historia de la propia ciudad, como ya vimos en la primera parte de estas entradas. Méritos no le faltan, por lo mismo.
Mas, la decisión de demoler pasó rauda por encima de ambos argumentos, por razones y responsabilidades que aún no están del todo claras al momento de escribir estas líneas. Sólo se sabe que la demolición estaba contemplada en el plan de modernización de las dependencias de la Policía de Investigaciones de Chile y que están actualmente detenidas.
Vista del complejo del Cuartel Borgoño desde la ribera Sur del río Mapocho. Se observa el edificio principal de Independencia y el ex Pabellón de Química. La torre de chapitel neogótico a la derecha es de la Iglesia del Niño Jesús de Praga en avenida Independencia con Borgoño.
Vista de los mismos dos edificios desde el sector de calle Borgoño. Si acaso fuera demolido el que quedaba en Borgoño 1154, estos dos inmuebles de la imagen serían todo lo que quedará del antiguo complejo del Instituto de Higiene, ocupados actualmente por la PDI.
Inmueble de la dirección Borgoño 1154, al costado poniente del grupo de la imagen anterior. Éste es el doble edificio (uno al frente y otro atrás) que se está demoliendo en la actualidad, visto desde calle Borgoño.
LA "CASA DE LA RISA"
Después del alzamiento con golpe militar del 11 de septiembre de 1973, tarde o temprano las cosas iban a tener que cambiar radicalmente para el Barrio Mapocho y para este complejo sanitario que sería el futuro Cuartel Borgoño, como reflejo que lo que sucedería en Chile.
Durante el período de últimas operaciones de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), en mayo de 1977, las dependencias que habían ocupado hasta entonces los organismos del Servicio Nacional de Salud que ya revisamos en la primera parte, aparecen entregadas a dicho organismo, siendo hasta hoy un caso nebuloso el momento exacto del traspaso y las condiciones en que esta trasferencia se dio. Por otro lado, la disposición de las instalaciones no fue directamente a la Central Nacional de Informaciones (CNI) como aseguran con poco rigurosidad algunas fuentes, pues ésta aún no era fundada.
Hay actividades de la DINA que se habrían ejecutado en este sitio hacia la señalada fecha. Pero fue pocos meses después, al crearse la CNI en agosto de ese mismo año de 1977, que el recinto pasó a sus manos. El complejo mantenía entradas por el lado de Borgoño como en sus tiempos de funciones para la salud pública, pero sus principales accesos posteriores quedaron desde entonces en el portón de la dirección Santa María 1453, misma que conservó después el cuartel y por la que se producía el principal flujo de vehículos motorizados que entraban o salían desde allí.
El lugar antes consagrado al servicio sanitario, entonces, ahora había pasado a ser un centro de detención y de interrogatorios para activistas de grupos subversivos y de acción revolucionaria, muy especialmente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR). Según los testimonios, los reclusorios principales estaban en el sótano, habiéndose habilitado un área de pequeñas celdas-cuartos donde varios de ellos permanecían aislados. La información ha permitido reconstruir detalles de la estructura interior del cuartel, como la existencia de una recepción, una sala médica y de un estudio de filmaciones con aislamiento mural.
Cabe señalar que este cuartel aparece consignado por su lado de la dirección Santa María 1453 como lugar de detenciones de los organismos de seguridad, en un decreto del Ministerio de Interior del 14 de junio de 1984, aunque en la práctica ya llevaba tiempo en estas funciones. Otro detalle importante es que la dirección por la calle opuesta y que se ha estado recordando especialmente en estos días, es la de Borgoño 1470, correspondiente al edificio que ya señalamos demolido y que, originalmente, había sido el Pabellón de Seroterapia del Instituto de Higiene.
Por alguna extraña razón, este lugar fue llamado "Casa de la Risa" por los agentes que la ocuparon, según se cree aludiendo a un jardín parvulario que existía cerca, nombre con el que ha quedado en el recuerdo. Los testimonios de quienes pasaron por este recinto señalan sometimientos a vejámenes y torturas como prácticas corrientes en el mismo habiendo una sala especialmente dispuesta a tales efectos, con varios de los detenidos que pasaron por este lugar.
Para algunos de ellos, de hecho, la "Casa de la Risa" fue el último lugar conocido por donde transcurrieron sus vidas.
Entrada del número 1154, en el Cuartel Borgoño. Este edificio está en demolición.
Vista lateral del mismo inmueble. El monolito en primer plano es del detenido desaparecido Vicente García Ramírez, que pasó por este sitio antes de perdérsele el rastro.
Acercamiento al monolito recordatorio de García Ramírez.
CASOS RELACIONADOS CON EL LUGAR
Un caso particularmente conocido y relacionado directamente con este recinto, fue el del detenido desaparecido Vicente Israel García Ramírez, joven militante socialista, casado y de 19 años. García había sido detenido el 30 de abril de 1977 por la DINA y trasladado al cuartel de Borgoño 1470, desde donde se le perdió para siempre el rastro.
Un monolito instalado en abril de 2001, recuerda afuera a García Ramírez, en la plazuela ubicada al frente de la dirección 1154 de Borgoño, donde está lo que era originalmente el Pabellón de Microscopía y Bacteriología, que se encuentra en el área de la actual demolición. Sin embargo, debe recordarse que esta dirección no es la del edificio principal de las detenciones en el 1470 como hemos dicho, la que ya no existe. Enfatizamos este punto para corregir cierta información errada que circula al respecto, confundiendo ambos edificios y sus respectivas direcciones.
También se ha establecido que pasaron por este cuartel y ya estando en manos de la CNI, el desaparecido Sergio Fernando Ruiz Lazo, militante del MIR, detenido día 20 de diciembre de 1984, y los miembros del FPMR  José Julián Peña Maltés, Alejandro Alberto Pinochet Arenas, Gonzalo Iván Fuenzalida Navarrete, Julio Orlando Muñoz Otárola y Manuel Jesús Sepúlveda Sánchez, todos ellos detenidos durante septiembre de 1987; según se interpreta, como represalia al secuestro del Teniente Coronel Carlos Carreño Barrera. Con mejor suerte, políticos como el futuro parlamentario socialista Sergio Aguiló también estuvieron detenidos en este lugar conociendo algunos de los detalles más oscuros de la "Casa de la Risa".
Este clima de odios y de enfrentamientos políticos también cobró sangre del lado de las fuerzas del propio cuartel: la del Teniente del Ejército Luis Francisco Carevic Cubillos, de sólo 26 años, fallecido por el lado de la avenida Santa María al ser destrozado por una bomba colocada dentro de un paquete y destinada a cometer un atentado explosivo. Se le pidió desarmar la bomba a Carevic por pertenecer a la Unidad Antiexplosivos de la CNI, pero su plan de llevarla hasta el río para que allí detonara sin causar daños ni grandes alborotos, no funcionó y le estalló trágicamente en las manos, el 23 de abril de 1979. Su caso fue tomado también por Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación de 1990, que lo calificó como "víctima de un acto terrorista".
Se sospecha que la mayor cantidad de detenidos pasaron por el cuartel a partir de 1984, después del mencionado decreto del Ministerio de Interior. Durante el año anterior, un grupo de manifestantes fundadores del Movimiento Sebastián Acevedo se había reunido frente a la dirección de Borgoño con un gran lienzo proclamando ante cámaras y filmadoras: "AQUÍ SE TORTURA". Las imágenes que resultaron de este episodio fueron muy simbólicas de aquellos años, perteneciendo a la iconografía histórica de aquel período de nuestra historia.
Aunque las principales detenciones en el cuartel disminuirían en 1986, el lugar cesó funciones como centro de la CNI hacia el año siguiente, iniciándose otra etapa en la historia del recinto.
Inmuebles del doble edificio con entrada por Borgoño 1154, vistos por el lado de avenida Santa María. Se observa el grado de avance de las demoliciones al momento de producidas las denuncias y llamarse a detenerlas.
Lo que queda de la fachada del mismo edificio hacia avenida Santa María, inmueble que era originalmente el Pabellón de Microscopía y Bacteriología cuando todo este complejo se dispuso para el Instituto de Higiene.
TRASPASO A PDI Y DEMOLICIÓN DEL EDIFICIO
Las dependencias fueron transferidas por el organismo a la Jefatura de la Policía de Investigaciones de Chile en 1988, al igual que había sucedido con el edificio de calle Independencia en el mismo complejo histórico. Las instalaciones que había ocupado el servicio de salud, comenzaron a ser de la Brigada Antinarcóticos de la PDI, luego del traspaso.
Una nueva época había comenzado, dándose una situación curiosa que hemos constatado con testimonios de algunos de los vendedores de las pérgolas de las flores situadas del lado de calle Artesanos: a sus puestos llegaban a comprar coronas fúnebres desde funcionarios de la PDI de la calle Borgoño hasta conocidos narcotraficantes de la zona Sur de Santiago, todos para despedir a sus propios caídos, unos en manos de los otros.
A la sazón, la importante dirección de Borgoño 1470 con el principal edificio del ex centro de detención, mantenía esta numeración y la conservaba todavía hacia inicios de los años noventa. Sin embargo, sus días estaban contados: hubo una feroz demolición en 1997 de lo que quedaba de las dependencias del ex Pabellón de Seroterapia y del Instituto Bacteriológico, hacia el extremo poniente del complejo y la manzana, precisamente donde se aseguraban ocurridas las torturas de la "Casa de la Risa". Esta demolición se ejecutó para construir el actual edificio moderno de la Policía de Investigaciones en 1998 que alberga a la Brigada Antinarcóticos y el centro de detención.
Tal como sucedió con los terremotos de 1906 y 1985, el cataclismo de febrero de 2010 causó algunos daños, fracturas y quiebres de cornisas en los edificios antiguos del complejo, debiendo ser sometidos a reparaciones. Nada hacía prever entonces, sin embargo, que los arreglos serían para prolongar su buen aspecto sólo por unos años más, antes de comenzar a ser demolidos en el marco de las modernizaciones de los establecimientos policiales.
Desaparecido ya el viejo edificio del 1470, la última función que tuvo para la Policía de Investigaciones el vecino ex edificio sanitario de Borgoño 1154, fue servir de sede al Departamento de Protección de Personas Importantes (DPPI). Aún se mantiene la placa de madera con el nombre de este departamento junto al cerrado acceso, y por entre cuyas junturas puede observarse el grado de avance en que van las demoliciones de las dependencias interiores. Alguien lo ha confundido con la verdadera dirección de Borgoño 1470 y la anotó a mano bajo la actual, pero ya vimos que no son exactamente las mismas.
Vista del inmueble actualmente en demolición, desde calle Borgoño.
Éste es el edificio que ocupa desde 1998 el lugar en que estaba originalmente la dirección de Borgoño 1470 de la "Casa de la Risa", demolida durante el año anterior. Está al costado poniente de los que actualmente también están siendo destruidos.
LA CONFUSIÓN SOBRE EL NÚMERO
El antiguo edificio del ex Pabellón de Seroterapia, es aquel donde estuvo el principal centro represivo de la CNI al que tanto nos hemos referido. Este edificio acabó siendo asimilado con el del servicio del vecino Desinfectorio Público en otra época, cuando las dependencias de este último desaparecieron en la primera demolición que se ejecutó en alguna de las cinco unidades que conformaban el ex complejo sanitario. Como dijimos en la primera parte, la dirección de Borgoño 1470 que tanto se recuerda para señalar el pasado del cuartel, originalmente no era otra que la de aquel Pabellón de Seroterapia, demolido en 1997.
Sin embargo, se debe ser enfático en aclara que, además de la construcción del nuevo edificio levantado en su lugar, la numeración de la cuadra cambió y fue modificada, llevándose la dirección completa. En otras palabras, no fue cambiado sólo el número, sino el edificio completo... El inmueble mismo es un detenido desaparecido, de alguna manera, reemplazado por el nuevo y amplio edificio numerado como el 1204, para el ajuste correlativo de la calle, ya que la altura de las numeraciones por Santa María y Borgoño no coinciden a pesar de ser vías paralelas.
En tanto, el complejo por el lado de Borgoño que da acceso a la parte del cuartel que en sus orígenes había sido el Pabellón de Microscopía y Bacteriología, mantiene la dirección del 1154. Allí estaba la Jefatura de Bienestar y luego el señalado Departamento de Protección de Personas Importantes. Estas dependencias sobrevivieron a los señalados cambios en los que se perdió el edificio del número 1470, pero actualmente su destino está en duda.
Por otro lado, creemos que se trata de un error suponer que el cambio de numeración del 1470 al 1204 se debió sólo a alguna clase de intención de "esconder" el pasado oscuro de este sitio. El cargo quizás sea factible en el caso de la demolición del edificio, pero parece ser que muy poco tiempo antes de tal transformación, el ajuste de las numeraciones ya se había ejecutado cambiando el 1470 por otro que también se perdió con la demolición. Sobre este punto, hay evidencia interesante: una placa de madera con el número 1290 de la calle Borgoño, se conserva actualmente en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos gracias a una donación particular de la periodista Patricia Parga, residente en Bélgica, y sería precisamente la que se colocó en el ex Cuartel Borgoño 1470 durante estas modificaciones de los números de la cuadra, antes de ser demolido y reemplazado por el actual edificio con el número 1204.
Además de la instalación del señalado monolito del detenido desaparecido García Ramírez, en 2001, un monumento oficial y de buen tamaño fue inaugurado en la mañana del 7 de septiembre de 2013 por el alcalde de independencia Gonzalo Durán Baronti, ocasión en la que como homenaje a quienes pasaron por el cuartel, manifestó su compromiso de resguardar y preservar el inmueble. Este monumento, fabricado en metal y con estilo modernista, respeta la ubicación exacta del inmueble central de la "Casa de la Risa": está enfrente del cuartel cruzando calle Borgoño, en la pequeña plazoleta formada por la conjunción de esta vía con Maruri y General Prieto. Según se puede interpretar, la obra representa la juntura de las puertas metálicas que tenía el cuartel, y una pequeña mirilla que era todo lo que permitía observar hacia su interior, apuntando justo hacia donde estaba el demolido edificio.
Vista del monumento conmemorativo de las víctimas del Cuartel Borgoño. Se observa que está alineado con el edificio más nuevo, donde estuvo realmente la dirección de Borgoño 1470.
Acercamiento al mismo monumento.
LA DEMOLICIÓN EN SUSPENSO
A pesar de las promesas de la Municipalidad de Independencia sobre preservar lo que queda del antiguo Cuartel Borgoño, las noticias sobre su demolición inminente corrieron entre fines de abril y principios de marzo de 2016, cuando se hizo visible el estado en que estaba especialmente el edificio que da hacia el lado de avenida Santa María, interiormente desmantelado, sin techo y sólo esperando ser botado.
Ya se han realizado manifestaciones contra esta decisión en los días transcurridos desde entonces, motivadas en gran medida por la Asociación Chilena de Barrios y Zonas Patrimoniales y organizaciones de familiares de víctimas de casos relacionados con derechos humanos. El Consejo de Monumentos Nacionales manifestó también su rechazo a la situación, solicitando a la dirección general de la PDI la paralización de los trabajos, cosa que en este momento se está cumpliendo.
Ya explicado que el actual inmueble en demolición no corresponde al de Borgoño 1470, destruido en los noventa y que correspondía al edificio del Desinfectorio-Seroterapia en los tiempos en que pertenecía al Instituto de Higiene, cabe señalar que el doble edificio actualmente en demolición corresponden a lo que esa misma época original fueron el Pabellón de Microscopía y Bacteriología. Ya vimos con más abundamiento la historia de este pabellón en la primera parte de esta entrada. La destrucción puede observarse especialmente desde el lado de avenida Santa María, más despejado y abierto.
La intención de estos cambios en proceso es la de construir el Cuartel Independencia II, como parte del plan de modernización de esta institución policial. Sin embargo, no ha habido una explicación esclarecedora de las responsabilidades, hasta ahora, pues la Municipalidad asegura no haber conocido de la ejecución de este proyecto, emplazando a la PDI a dar explicaciones sobre el asunto. La institución se limitó a recordar que es parte del plan de modernizaciones, agregando que se mantendrá el memorial que instaló la Municipalidad en 2013 como testimonio de aquella época que acá hemos revisado.
Los trabajos parecen detenidos, por ahora. Algunos siguen pregonando equivocados que se trata de la desaparecida dirección de Borgoño 1470 lo que intenta salvarse, sin saber que la situación es mucho peor, pues se procura el rescate de lo que queda del antiguo cuartel y sus dependencias nacidas para el progreso y el desarrollo de la salud pública nacional, hace más de un siglo. De concretarse la demolición del edificio doble, entonces, lo único que quedaría del antiguo Instituto de Higiene y sus cinco unidades arquitectónicas originales sería su edificio palaciego del lado de Independencia, declarado Monumento Histórico Nacional, y el que está a su espalda or el lado de Borgoño, ambos de la PDI.
Todas las cargas históricas de este complejo están en el tablero, entonces, mientras algunos claman su pronta declaratoria de Monumento Histórico Nacional o, acaso, la extensión de esta categoría en el inmueble de calle Independencia hacia los demás edificios del ex complejo de salud.
Sólo queda esperar a ver cuál será la jugada final de las autoridades, para decidir sobre este sensible asunto.

viernes, 20 de mayo de 2016

JUAN BRAVO: EL JOVEN HÉROE MAPUCHE DE LA "COVADONGA" EN PUNTA GRUESA

Ilustración de Juan Bravo en la cofa de mesana, disparando con su legendaria puntería. Ilustración del dibujante Luis F. Rojas para "Episodios Nacionales".
Iquique, 21 de mayo de 1879... Mientras en la corbeta "Esmeralda" del Capitán Arturo Prat y sus valientes resisten y responden  estoicamente las embestidas del monitor "Huáscar" en la rada, hacia el Sur marcha en angustiante fuga la goleta "Covadonga" al mando del Comandante Carlos Condell de la Haza, para intentar la jugada crucial y en extremo riesgosa, que cortaría los laureles del triunfo para Chile en Punta Gruesa.
La frenética persecución había comenzado cerca de las 9 de la mañana. La lenta goleta chilena bordeaba la costa de Cavancha, Playa Brava y Bahía de Cheurañete, mientras la "Independencia" capitaneada por Juan Guillermo Moore se le aproxima peligrosamente, convencido su comandante de estar a sólo un pelo de darle a Perú su primera gran victoria naval en la Guerra del Pacífico. La loca carrera de ambas naves apostando a los destinos de sus respectivos países, fue una prueba de fuego para los nervios y la sangre fría de aquellos hombres de mar.
Por su viejo diseño y distribución de la artillería, la "Covadonga" sólo podía dar enfrentamiento de costado, exponiéndose al poderoso fuego del enemigo. En esta situación de escape reducía la posibilidad de alcance, pero no había cómo contestar desde popa el ataque peruano, pues carecía de cañones en este punto y el haber intentado un giro para ataque sería una suicidio en tal circunstancia. Ya cayéndole encima, además, la "Independencia" logró meter certeros disparos a la goleta chilena, atravesando el palo de trinquete y rompiendo las jarcias del palo mayor. Un mortífero tiro que  antes había atravesado de banda a banda al navío, mutiló las piernas del Cirujano Pedro Videla, convirtiendo sus últimos momentos de vida en una horrible agonía. Los nuevos cañonazos de la nave peruana hicieron fuego en estribor, mientras que en caleta El Molle los chilenos eran emboscados por la fusilería del Zepita y del Dos de Mayo.
Hacia las 11 de la mañana, las descargas peruanas habían volado ya las jarcias de trinquete, los botones y las carboneras, seguida de intentos del hastiado Moore por usar el espolón de la "Independencia" para terminar la ordalía. Y mientras esto sucede, Condell sabe que se juega el todo por el todo: su prestigio, la vida de sus hombres y el destino de Chile. Decidido a no entregar el buque, anima a sus hombres desde la toldilla para continuar resistiendo la persecución. Cerca del mediodía, poco antes del hundimiento de "La Esmeralda", una granada destruía también los pescantes del buque.
Imágenes del grumete  Juan Bravo, en sesión fotográfica de la época. La primera es del "Álbum Gráfico y Militar de Chile" de Antonio Bisama Cuevas. Me parece que pertenecen a la Casa Fotográfica Díaz & Spencer, de Santiago, aunque otras copias están con rótulo de Foto Zorrilla.
Es la hora de la apuesta final: Condell, que ya sabe algo estas aguas peligrosas, ordena la aproximación hacia la orilla donde está el fondo rocoso, a la espera de hacer caer a la "Independencia" en una trampa natural. Pero debe procurar que la fragata blindada lo persiga y trate de acercarse tanto como sea posible para seguir en su obsesiva cacería y agresiones. En tal posición, con la nave peruana persiguiendo la estela de la suya, sólo el cañón de proa peruano representaba el verdadero peligro para los chilenos... Algo debía que hacer al respecto.
Había en la tripulación de la "Covadonga" un muchachín de piel morena y bajo tamaño llamado Juan Bravo, grumete conocido por poseer un talento formidablemente útil para esas circunstancias, al decir del propio Condell: "donde ponía el ojo, ponía la bala". Apodado cariñosamente el Negro por el color de su tez, su infalible puntería con el fusil le había hecho famoso entre sus compañeros, no habiendo mejor tirador que él a mano.
De acuerdo a la poca información que existe de Juan Bravo, éste habría nacido en 1865 en la localidad de Llico, caleta vecina a la ciudad de Arauco en la provincia del mismo nombre, aunque  en compilados como "Episodios marítimos. Las dos Esmeraldas" se lo define como "hijo de la parroquia de la Estampa en Santiago". Su apellido original era Millacura (Piedra de Oro, en mapudungún), pues su cuna fue en una familia mapuche, origen étnico que siempre acompañó sus rasgos, como puede verse en las fotografías que quedaron de él. Sin embargo, Juan escapó de su hogar a los 12 años y cambió su apellido a Bravo (el materno), quizás para facilitar su ingreso a la Escuela de Grumetes de la Armada de Chile, en 1877. Fue en esta situación que lo sorprendió el estallido de la Guerra del Pacífico, dos años después, siendo destinado a la dotación de la goleta "Covadonga" donde sería compañero de Arturo Olid, autor de las "Crónicas de guerra".
Conociendo sus virtudes con la mira del fusil, Condell llamó a Bravo y le ordenó trepar con su arma a a cofa del palo de mesana, desde donde debía darle fuego a los artilleros de la proa de la "Independencia", para impedirles utilizar el dañino cañón de la punta. Mientras, Manuel Joaquín Orella intentaba aprovechar los ángulos con sus cañones cada vez que se aproximaba el buque de Moore.
El muchacho, que a la sazón tenía sólo 14 años, trepó veloz por la red de cuerdas venciendo el vértigo y el balanceo aterrador de la nave en fuga, y desde su lugar comenzó a abrir fuego a los operadores de artillería.
Los disparos del grumete fueron precisos, sin perder un solo tiro según la leyenda. El personal peruano fue cambiado al caer heridos o muertos los primeros, pero Bravo siguió haciéndoles blanco con su impresionante puntería. Ante este desfavorable escenario, los artilleros de proa debieron dejar el cañón detenido al no poder aproximarse a él, concientes de que las balas disparadas desde la "Covadonga" también los alcanzaría en cada nuevo intento por tomar el control. Fueron tantos los tiros que disparó el chiquillo, que sus compañeros debieron cargar hasta la cofa otra caja llena de balas, para que continuara su acoso a la proa enemiga.
Hacia las 11:35 horas de aquel día, pudieron ver encima la desesperada carga final de la "Independencia" sobre la "Covadonga". La precisión de Bravo para inutilizar el cañón de proa, combinada con la de Orella para responder con la artillería de la "Covadonga", contribuirían así que el plan de Condell se cumpliera al llegar a los "bajos fondos" de Punta Gruesa.
Una poco conocida fotografía del mismo muchacho héroe, al parecer la única donde aparece con su fusil. Esta imagen actualmente está en la Biblioteca Municipal de Guayaquil, Ecuador (agradecimientos a mi buen amigo Gabriel Leiva).
Litografía publicada en la revista "La Guerra Ilustrada", de la imprenta de El Mercurio (Valparaíso) en 1879. Claramente basada en la fotografía anterior, es un testimonio y retrato de Juan Bravo en su momento de fresca y mayor fama. Imagen gentileza de Marcelo Villalba y su Museo de la Guerra del Pacífico "Domingo de Toro Herrera".
La nave chilena siguió por su escalofriante derrotero orillado, apenas pasando sobre ese fondo rocoso del arrecife y produciendo un tronido desde la quilla que erizó los pelos y cortó el aire a toda la tripulación. Viéndose que habían superado el obstáculo, Condell gritó alegre: "¡Aquí se fregaron!", y todos sus hombres voltearon expectantes a observar el desenlace de la intensa batalla. La veloz y hambrienta "Independencia" que pareció en un momento titubar pero de todos modos había seguido con su ya tercer intento de cargarle el espolón, golpeó así violentamente el fondo y varó: el mayor peso y calado la condenaron, quedando montada sobre las rocas y caída hacia un costado, haciendo aguas, víctima de su propia obstinación.
Entonces, la "Covadonga" giró para abrirle fuego y destruir así una de las unidades más importantes de la Marina de Guerra de Perú, hacia las 12:35 horas. Al ver en la proximidad del "Huáscar" y entendiendo que la "Esmeralda" ya se había perdido, Condell puso proa hacia el Sur otra vez, pero celebrando el haber decidido el destino bélico de los aliados en los mares del Pacífico y escribir con ello uno de los episodios más insólitos y asombrosos de la marina mundial.
La puntería de joyero de Juan Bravo lo volvió instantáneamente una celebridad en el ambiente de los marineros de esos años y a nivel popular, al llegar noticias sobre los detalles de lo ocurrido en Iquique. Al arribar la heroica tripulación en la "Covadonga" en Valparaíso, el 23 de junio de 1879, encontrándose con la ciudad hermoseada para recibirlos, entre la muchedumbre que esperaba en el acto organizado frente a la Intendencia, una delegación de estudiantes de liceo liderada por Ricardo Lennes, esperaba a Bravo con la corona de laureles más hermosa de todas las presentes. Al hacerle el obsequio y previo a colocarlo en sus sienes, Lennes se refirió al grumete con el siguiente discurso encendido del patriotismo que ardía en el contexto de la guerra:
"En el menor de los héroes de la Covadonga queremos saludar a los marinos del 21 de mayo, que han dado a la patria un día imperecedero. Digno eres, valiente grumete, de la corona de laurel que con regocijo te presentamos, porque tú has probado que en Chile hasta los niños son leones cuando se trata de la honra nacional.
Recibe lo que mereces y permite que un fraternal abrazo estreche tu corazón valiente a nombre de mis compañeros de liceo.
¡Gloria a los valientes!
¡Salud al porvenir!"
Por la semejanza de su nombre y fama, se decía en la ocasión que, a futuro, Juan Bravo iba a ser algo así como el corsario francés Jean Bart de Chile, según se interpreta de comentarios reproducidos en el "Boletín de la Guerra del Pacífico. 1879-1881".
Cuando Condell llegó a Santiago a recibir honores de las autoridades por su hazaña, hizo que el muchacho lo acompañase a su lado en los actos oficiales y recepciones. El propio Contraalmirante declararía tiempo más tarde, recordando al aguerrido grumete: "Nunca se ha usado un rifle sin perder menos balas que con este negro".
Hubo muchos héroes de origen mapuche en la Guerra del Pacífico, algunos muy desconocidos e injustamente olvidados. Juan Bravo puede ser, quizás, el símbolo más importante y trascendente de todos ellos, por su notable participación en la Batalla de Punta Gruesa y, por extensión, en la doble epopeya del 21 de mayo de 1879 en Iquique.

jueves, 19 de mayo de 2016

CERVEZAS DEL VALLE DE ELQUI: EL REGRESO DE UNA HISTÓRICA INDUSTRIA

Don Adolfo Bauer, impulsor de la industria cervecera en el Valle de Elqui, una botella y etiquetas de su cerveza. Estas imágenes están publicadas en el excelente blog sobre cultura cervecera beerchela.blogspot.cl, seguramente el mejor sobre esta temática en Chile.
Coordenadas: 29°59'3.05"S 70°59'12.55"W (planta "Cactus")
Visitas frecuentes al Valle de Elqui distribuidas en cuarto de siglo de viajes, me habían convencido de que el pisco iba a ser el producto definitivo para la zona en cuanto a néctares de Baco se refiere. El vino pajarete y la coctelería con los tragos Serena libre o copao sour son líneas derivadas desde esta histórica industria pisquera; el resto de los productos típicos lo hacen las papayas, los manjares o los frutos secos, ya en reinos de sabrosuras inocentes.
Pero sucedió que, en mi última aventura por la región durante este año, mi encanto por el valle se ha visto reforzado gracias a un pequeño templo cervecero en el camino: "Cactus", ubicado en la carretera por el sector de La Calera.
Para ser más exacto, el santuario se nos aparece en la Ruta D-41 del Valle de Elqui. Se pueden ver las instalaciones de la pulcra planta, en la que trabajan unas 15 personas y se producen unos 25 mil litros mensuales, según pude averiguar. A un costado, está la sala de ventas de troncos y característico techo pajizo, antecedida por estacionamientos y un jardín igual de rústico que, por lo que también supimos, es regado con los residuos de la producción de la cerveza, en un saludable ejercicio de políticas sustentables. Son los lotes 27-28-29 en el kilómetro 30, y hasta hace no mucho en este lugar estaba un local de venta de los viveros de "Cactus Valencia", conocido entre los coleccionistas de esta popular familia de plantas. Y antes de 2006 aproximadamente, el terreno sólo habían sido un campo de viñas.
Varios viajeros se han detenido allí antes que nosotros, y beben a un costado esas tentadoras botellas doradas, de diseño abombado parecido a una ampolleta. La salita de ventas cuenta con algunos packs de botellas a la vista y, por un pasillo hacia el fondo, hay oficinas y salas de reunión. Mi camarada de esta travesía me insiste en que probemos y, bueno, le pega al gordo con la sugerencia: una cerveza lager, suave pero de muy buen gusto, realmente buena, en botella de 330 c.c. y de 700 c.c. Fue imposible irse sin prometer una vuelta a los jóvenes empleados que nos atienden, y así lo hicimos ya de regreso desde el valle, para llevarnos algunos packs a Santiago. Ambos nos atienden amablemente y hasta nos permiten conocer algunas partes de las instalaciones, buscando complacer la curiosidad capitalina.
Planta y sala de ventas de "Cactus", en el camino del Valle de Elqui.
Vista de la planta de la misma fábrica.
La historia de la cerveza en el Elqui es antigua, sin embargo. Hacia 1870, aproximadamente, las comunidades de trabajadores y residentes eran abastecidas por productores regionales como la fábrica Geisse Hermanos, de Illapel, con sus variedades sencilla, doble y triple. Y aunque la ciudad de La Serena tenía grandes compañías cerveceras para aportar al consumo, como la del empresario Adolfo Floto (cuyos motores generadores en la fábrica dieron nombre a un legendario lupanar serenense), también aparecieron algunas industrias cerveceras en el  propio Elqui, para proveer la demanda de la región y participar del negocio.
La primera empresa elquina importante en el rubro fue la marca "Adolfo Bauer" de Vicuña, producida en la Cervecería de Elqui de la calle Condell en la misma ciudad, hacia fines del siglo XIX aproximadamente. Don Adolfo fue el mismo que, siendo alcalde, hizo colocar la famosa torre roja con su apellido en la Municipalidad en 1905, símbolo de la ciudad. Había fundado la firma A. Bauer y Cía. en 1889, produciendo en ella también hielo y bebidas gaseosas. Alcanzó tal grado de crecimiento que, en 1908, debió partir a la Alemania de sus orígenes para traer maquinaria moderna acorde a los estándares, falleciendo en este mismo período de ampliaciones, en 1911. Así pues, su empresa pasó a la sucesión familiar, quedando encargada a sus hijos Elena, Matilde y Adolfo Bauer Arqueros.
La compañía Bauer siguió produciendo cerveza hasta 1925, año en que cambió el giro a la generación eléctrica tal como la industria serenense de Floto lo hizo también en algún período, pues se usaba para ello la misma tecnología empleada en la elaboración del producto, el enfriado y la producción de hielo. La compañía terminó así con la cerveza después de 35 años, para dedicarse por entero a la planta de energía que abasteció de electricidad a localidades como Vicuña, Diaguitas y San Isidro.
Hasta cerca de la mitad del siglo XX, había una gran cantidad de otros talleres cerveceros elquinos, aunque más artesanales y menores. Sumando cerca de 80, se hallaban dispersos por casi toda la zona produciendo sus propias versiones de la chispeante bebida. Uno de los principales productores de cebada para esta actividad era el español Gabriel Coll, propietario de más de siete fundos. Empero, la caída de la industria y cambios en los mercados favoreciendo la oportunidad para los monopolios de grandes compañías, fueron apagando esta interesante actividad del Valle de Elqui, dejando así un vacío que se prolongó por largo tiempo y que llegó a parecer irreversible.
Sin embargo, como ha sucedido en otras localidades del país, al aumentar la demanda y el gusto exigente de los consumidores chilenos por la cerveza, una nueva y reciente generación de marcas ha podido abrirse paso por allá, felizmente, resucitando la industria.
La cerveza nativa ha ido retornando así a las márgenes del río Elqui, recuperándose con ello una histórica actividad con productos de gran calidad para los amantes de esta bebida... ¡Qué distinto era todo con la cerveza por acá hace años atrás, cuando en el verano de 1993 nos la sirvieron tibia y vuelta casi pura espuma, en una destartalada cantina llamada "21 de Mayo", camino a Hierro Viejo! Ahora, pues, no me extrañaría que esta nueva propuesta de creciente popularidad y calidad en el Elqui llegue a quedar asimilada a la identidad del propio valle y su carta cultural.
A mediados de la pasada década, el ingeniero agrónomo y enólogo Cristóbal Holmgren comenzó a producir cerveza casera exitosamente, lo que le llevó a pensar en grande trasladándose durante el año siguiente hasta el Elqui y asociándose con dos amigos más para crear en Vicuña la Cervecera Guayacán, oficialmente fundada el 18 de septiembre de 2009 en la dirección de camino Diaguitas 33.
Sus cervezas llevan los rótulos Rubia, Ámbar, Negra, Uno, Chañar (del fruto típico de la zona), Indian Pale Ale (IPA) y Diaguitas 33 (guiño la dirección de la planta), con extraordinaria buena acogida del mercado, llegando así algunos de sus 15 mil litros mensuales a varios restaurantes de la región, supermercados y también en Santiago. Recuerdo que fue la primera cerveza elquina que conocí acá en Santiago, fuera de su valle cuna.
La Cervecera Guayacán usa como concepto de venta y de identidad de sus productos el énfasis en el empleo de las aguas puras del río Elqui para la elaboración de sus variedades, y destaca el uso de energía fotovoltaica que aprovecha la fuerte radiación solar del valle. Sus instalaciones también son un atractivo para turistas, realizándose visitas guiadas similares a las que pueden conocerse en las plantas pisqueras, donde les espera también el restaurante "Beergarden" de comidas regionales,  pizzas y hamburguesas artesanales. En 2010, de hecho, iniciaron los llamados "tours de la cerveza", primeros en su tipo dentro de la zona tan cargada a la identificación con la industria del pisco. Su gráfica de marca es de alusión diaguita, pueblo de la zona y nombre de la localidad en que se halla, y su slogan de presentación es "La cerveza del Valle de Elqui".
Las cervezas del Valle de Elqui.
Sala de ventas de cerveza "Cactus".
Cuenta también el valle con la presencia de la cerveza "Ánima", así llamada aludiendo a la localidad y perdida cultura de este nombre. Sus rasgos corporativos gráficos  tienen mucho que ver con la antropología del valle, además.
El proyecto "Ánima" lo iniciaron hace pocos años en el poblado de Algarrobito, hasta entonces célebre por sus ventas de productos papayeros, como la "Yáñez" y la ya desaparecida "Duncan". Fue creación de la enóloga Claudia Cobo y del agrónomo Pablo Martínez, produciendo unos 15 mil botellas mensuales, envasando y etiquetando de forma manual en su planta Cervecera Elqui Ltda., ubicada en calle Matta 3019. Su producto corresponde a una cerveza artesanal de muy merecida cotización, ofertada en las variedades Pale Ale, Stout y Golden Ale. Sus ventas son en la región y en Santiago, en packs de 12 y 24 unidades de 330 c.c. Con orgullo, "Ánima" se ufana de un importante triunfo para la historia de la cerveza nacional: la medalla de plata recibida por su variedad Stout en el certamen Copa Cervezas de América, de 2012.
La más reciente cerveza que se ha integrado a esta naciente generación de productores es "Cactus", y quisiera detenerme un poco en ella -pidiendo excusas a los demás fabricantes- para recordar mi encuentro con esta interesante nueva oferta en el valle.
Esta cerveza es fabricada por la compañía Cervecera del Norte S. A., fundada en 2012 en la misma región. La marca "Cactus", cuyo gerente general es don Claudio Daud, constituye su principal producto y se ofrece como "cerveza natural", haciendo ostentación de sus procedimientos limpios y apartados de intervenciones artificiosas en la fórmula y en la elaboración, en especial al no intervenir el proceso de las levaduras. También se jacta de no utilizar saborizantes y de la pureza de las aguas del Elqui usadas para la elaboración del producto, extraídas de napas subterráneas del río. Hay, pues, un interés en reforzar la relación de la cerveza con el lugar específico en que se la produce, como en todos los demás casos.
Constato en el mismo sitio de su sala de ventas junto a la carretera, que el estilo de publicidad es un tanto juvenil y dinámico, con frases pegajosas como "Junta sed" o "y ahora... sed feliz". Sin embargo, por su principal distribución geográfica, su propuesta publicitaria es principalmente conocida a nivel local de esta zona, donde incluso dispone de un servicio de entrega a domicilio. De hecho, un lema corporativo que leo en las instalaciones concluye con la sentencia: "Para la gente del Norte y los que aman el Norte". En Santiago y Valparaíso sólo se vende en algunos puntos y supermercados, por ahora, aunque también hay posibilidades de pedidos.
No se puede concluir este artículo sin mencionar también a la Cervecera Atrapaniebla, ubicada en el kilómetro 7,3 del camino al Valle de Elqui. Es una interesante propuesta en pleno crecimiento: las cervezas "Atrapaniebla" y "Camanchaca", producidas con agua atrapada por sistemas artesanales y ancestrales de captación de las neblinas del sector costero del Limarí, en la Comunidad Agrícola de Peña Blanca de la reserva ecológica de Cerro Grande, donde mantienen otro taller de producción. Es la primera cerveza del mundo en ocupar este procedimiento. Las compras se pueden hacer a pedido, en packs de 4, 12 y 24 unidades.
No suelo promover marcas ni compañías en este blog, pero mi experiencia con estas cervezas me obliga a admitir que algo nuevo y maravilloso sucede en el Valle de Elqui, con la recuperación de un producto zonal que tiene todos los potenciales para agregarle otra identidad a la región, de la misma manera que otras propuestas para amantes de la cerveza se identifican con ciudades o provincias de Chile y de otros países. Hemos sido felices testigos de cómo esta tendencia en la industria ha ido creciendo conforme aumenta también la calidad de las cervezas nacionales y los gustos del consumidor, con muchas propuestas localistas para el alegre suero de la cebada.
Chile debe saberlo, entonces: Valle de Elqui otra vez tiene cerveza para alegrar al mundo.

miércoles, 18 de mayo de 2016

EL "RANCHO MARINERO" DEL DÍA JUEVES Y OTRAS TRADICIONES RELACIONADAS CON LA EPOPEYA NAVAL DEL 21 DE MAYO

Un auténtico "rancho marinero" de jueves: colación de de cazuela, empanadas y atrás los pocillos con huesillos, servidos a bordo del buque LDSH-91 "Sargento Aldea" de la Armada de Chile. Imagen del día 31 de octubre de 2013 (Operativo ACRUX Norte).
Hubo un tiempo en que era común comer cazuela y/o empanadas los días jueves entre algunas familias modestas de puertos o en hogares de hombres de mar. Esta costumbre se conserva intacta en la Armada de Chile, de donde es originaria: proviene de una política de hacer el "rancho marinero" de los jueves, adoptada por la institución en la primera mitad del pasado siglo, según se calcula. De acuerdo a la leyenda institucional, tendría relación con cierto episodio que se nos viene aproximando por el calendario: la epopeya naval del 21 de mayo de 1879 en Iquique.
Existen muchas otras tradiciones civiles, militares, navales y republicanas que -de una forma y otra; en la realidad o en la leyenda- se asocian al símbolo de la doble hazaña del 21 de mayo, con los combates navales de Iquique y Punta Gruesa que, de alguna manera, sellaron el triunfo de Chile en la Guerra del Pacífico al hacer perder a Perú uno de los elementos más poderosos de su flota de guerra y crear un referente heroico radical, que alteró por completo la percepción aliada sobre la debilidad del elemento humano de las fuerzas chilenas.
He aquí, entonces, un pequeño repaso a algunos de estos alcances pintorescos, tradicionales y folklóricos asociados a la trascendente gesta de Iquique.
Marinos en "La Piojera", después del acto oficial del 21 de mayo en Santiago.
LA TRADICIÓN DEL "RANCHO" DEL JUEVES
El "rancho" del jueves está sumamente incorporado a la cultura naval, alcanzando algunas instancias de vida de hombres de mar fuera de la institución, inclusive, como pescadores, portuarios y marinos mercantes. Consiste en un menú específico para la mesa del almuerzo de todos los casinos relacionados con la rama de la marina de guerra, compuesto de:
  1. Empanadas, por lo corriente de pino y al horno.
  2. Cazuela, de pollo preferentemente (aunque esto no parece ser tan estricto).
  3. Mote con huesillos de durazno, ocasionalmente huesillos solos y/o de ciruela o de damasco.
A veces se agrega una cena de cazuela y huesillos ya en la noche, pero el menú es estricto y se sirve tanto al personal de mar como el de tierra que está relacionado de alguna forma con la Armada de Chile: navíos, patrullas, puertos, faros, edificios administrativos, bases navales, clubes de ex marinos, museos, centros de extensión, departamentos culturales, etc.
Otro aspecto interesante es que, como se trata de tres comidas muy recurrentes en la cocina chilena las que van en el "rancho" del jueves, adquieren cierto valor especial para los marinos cuando están en misiones, haciéndoles sentir que aún mantienen el vínculo con su país por sobre las distancias. Esto lo pueden experimentar especialmente los estudiantes del Buque Escuela "Esmeralda" en sus salidas internacionales.
Esta costumbre provendría de una disposición en 1940, que propuso tal menú encargándoselo a los cocineros de la institución, apodados cukis en la jerga de marinos. De acuerdo a una creencia, el Presidente Pedro Aguirre Cerda tomó esta decisión después de visitar el  acorazado "Almirante Latorre" en un día jueves de ese año, siendo invitado al comedor donde justo se servía tal carta. Según información reunida por un gran recopilador de la historia de la institución, el Suboficial (R) de la Armada don Manuel Chamorro Moreno, la tradición de los jueves se pudo iniciar entonces por su sugerencia y ya estaba perfectamente instalada en las cocinas de la Escuela de Grumetes en 1944.
Según la leyenda de los propios marinos, sin embargo, el "rancho" del jueves corresponde a los platos que estaban en el programa de la cocina para los hombres de la corbeta "Esmeralda" para el día siguiente a la epopeya de aquel miércoles 21 de mayo de 1879. Según esta creencia, el menú del jueves aquel que no llegó a conocer la Mancarrona, era un almuerzo de empanadas, cazuela y huesillos. Otras versiones de la historia, sin embargo, suponen que era para el mismo día del Combate Naval de Iquique, aunque también quedó sin alcanzar a ser servido.
La interpretación romántica que se da, entonces, es que esta supuesta última cena que no pudo ser servida en la "Esmeralda" y que nadie de su tripulación probó, quedaría servida para el Más Allá, para la memoria heroica y para el símbolo imperecedero, sentando así una fuerte e irrenunciable tradición en un día de la semana para todos los casinos, cocinas y comedores de la Armada y de sus estamentos relacionados.
OTRAS TRADICIONES DEL 21 DE MAYO
  • LOS RETRATOS DE PRAT, SERRANO, RIQUELME Y ALDEA: En las dependencias y unidades de la Armada de Chile, en tierra o en mar, existen retratos de los héroes Arturo Prat, Ignacio Serrano, Ernesto Riquelme y Juan de Dios Aldea. Esto se debe a una antigua ordenanza interna de la institución, emitida conmemorando de forma permanente el 21 de mayo. En el caso de los buques, el retrato de Prat suele estar en la oficina del jefe de repartición-unidad o en la cámara del comandante; el de Serrano en la cámara de oficiales; el de Riquelme en la de los guardiamarinas; y el de Aldea en las cámaras de suboficiales y sargentos.
  • ANTIGUAS MANIFESTACIONES POPULARES DE CELEBRACIÓN: En las calles de pueblos y de grandes ciudades, antaño era usual que el 21 de mayo fuera un día de actividades para los chinchineros, organilleros y músicos populares, como forma de manifestar su homenaje a los héroes haciendo sus presentaciones públicas aquel día, de formas similares a las de la temporada de Fiestas Patrias. Otra tradición ciudadana no formal eran la de izar la bandera chilena en las casas, comercio y recintos públicos, costumbre que aún se mantiene tibia. Era corriente también que las firmas comerciales y compañías publicaran en esta época su publicidad en los medios de prensa aludiendo y saludando a los valientes de Iquique con ilustraciones, escudos patrios y eslóganes épicos. También se conservan en muchos poblados del país las tradiciones casi sagradas de depositar ofrendas florales en algún monumento de plaza o parque alusivo a la gesta o a alguno de sus actores, con participación de la municipalidad y de la ciudadanía.
  • LA IMPORTANCIA DEL TE DEUM EN EL SUR DE CHILE: Por el problema de las distancias y del centralismo, hacia el territorio Sur de Chile cobró gran importancia conmemorativa la misa del Te Deum de Acción de Gracias del 21 de mayo, especialmente en ciudades como Puerto Varas, Puerto Montt y Punta Arenas. Además de los agradecimientos a los héroes en el contexto litúrgico y con participación laica, se realizan presentaciones de coros y de músicos en vivo.
  • EL LEMA "VENCER O MORIR" EN LAS RUEDAS DE GOBIERNO: La rueda de gobierno en la caña de mando, popular e impropiamente llamada "timón", en los buques de la Armada de Chile lleva de manera invariable la inscripción "VENCER O MORIR", pues recuerda así la orden implícita es jamás rendirse imitando precisamente el sacrificio de Prat y la tripulación de "La Esmeralda". Esta norma en las ruedas de gobierno proviene de una disposición emitida por el Gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda, el 3 de abril de 1889.
  • FUNDACIÓN DE LOS BOY SCOUTS EN CHILE: Los niños exploradores chilenos tienen un sentimiento especial por esta fecha, pues la Asociación de Boy Scouts de Chile se inauguró con una actividad realizada el 21 de mayo de 1909, tras una visita de Robert Baden-Powell al país. Consistió en un acto oficial en el Puente Los Morros del río Maipo, en el que participaron cerca de 300 miembros de la naciente organización. Se eligió la fecha precisamente como homenaje a la epopeya de Iquique y Punta Gruesa por decisión de los precursores, don Alcibíades Vicencio y don Joaquín Cabezas. En la ocasión, el sobreviviente de la "Esmeralda", doctor Cornelio Guzmán, dio una charla a los asistentes sobre el Combate Naval de Iquique.
  • EL DISCURSO PRESIDENCIAL DEL 21 DE MAYO: La Cuenta Pública del Ejecutivo o Mensaje Presidencial era realizado ante el Congreso Nacional el día 1° de junio (fecha de inicio del período de sesiones ordinarias) durante el siglo XIX y parte del XX. El Presidente Emiliano Figueroa inició la costumbre de hacerlo en el día de las Glorias Navales con su discurso del año 1926, volviéndose una tradición de que aludía de alguna forma a la emulación del sacrificio de los héroes de Iquique, dignificando su responsabilidad y arrojo desde el cargo presidencial con transparencia y honor ante la ciudadanía. Carlos Ibáñez del Campo cambió el procedimiento durante su primer gobierno, enviando un informe para ser leído por el Secretario del Senado. Después de 1973, la Junta Militar cambió la cuenta pública al día 11 de marzo, pero al retornar la democracia se reestableció en el 21 de mayo, en 1990, siendo dispuesto constitucionalmente así por la reforma de 2005. Actualmente, la situación no da la altura para esta práctica: además de haberse desperfilado y convertido hace tiempo ya a la Cuenta Pública en otra instancia para seguir haciendo promesas políticas más que rendiciones político-administrativas, a consecuencia de las revueltas que año a año opacan las celebraciones muchas voces han propuesto por estos días devolver la cuenta pública al 1° de junio o cambiarla a Santiago, para separarla de las conmemoraciones de la esta de Iquique. Así pues, el símbolo profundo de una de las más significativas tradiciones republicanas chilenas podría estar próximo a desaparecer.
  • LA GRAN FIESTA DE IQUIQUE: Las más importantes celebraciones oficiales del gobierno conmemorando el 21 de mayo se ejecutaron en Iquique hasta 1888, año en que se trasladan a Valparaíso los restos de los héroes, especificamente hasta el monumento de la Plaza Sotomayor. A consecuencia de aquellos festejos en Tarapacá, durante más de un siglo siguió siendo tradición en Iquique engalanar toda la ciudad y recordar a los héroes de la gesta con una estética prácticamente similar a la que puede verse en las Fiestas Patrias, además de disfraces de marinos, decoración de los escaparates (con premios a la "mejor vitrina"), actos de los pescadores en la boya "Esmeralda", desfiles escolares y salidas de las bandas de bronce de la Armada, el Ejército y Carabineros. Bosques de banderas chilenas se alzaban sobre los techos, y los iquiqueños consideraban esta fiesta incluso más importante que la del 18 de septiembre, abarcando el fin de semana que estuviese más próximo a cada 21 de mayo. Según algunos de los propios habitantes, parte de la caída de estos festejos se ha debido a la actitud un tanto pacata de las administraciones municipales, que han ido minimizando la fiesta para no tocar sensibilidades de comunidades extranjeras llegadas a la ciudad, aunque las tradiciones no han pasado del todo y siguen teniendo categórico arraigo e identidad en suelo iquiqueño.
  • EL BRINDIS DEL 21 DE MAYO: Fue por muchos años una tradición civil y marina la de hacer un brindis por Prat y sus hombres en clubes sociales o centros de reunión, especialmente en Valparaíso y Santiago, para lo cual se organizaban cenas y encuentros especiales en el día de la efeméride, algunos más públicos o abiertos que otros. Todavía existen algunos actos de este tipo en protocolos en reuniones de conmemoración, museos y centros de difusión cultural relacionados con la Guerra del Pacífico.
  • ORIGEN DE LA GRAN FIESTA EN VALPARAÍSO: Curiosamente, las principales celebraciones del 21 de mayo no se hacen hoy en Iquique, sino en Valparaíso. Esto, no porque coincida con la actual ubicación del Congreso Nacional y el lugar de rendición de la Cuenta Pública Presidencial, como podría creerse, sino como consecuencia de la inauguración del gran Monumento de las Glorias Navales de la Plaza Sotomayor, donde están las criptas y las estatuas de los héroes de Iquique. Presentado en sociedad el conjunto conmemorativo con un formidable acto público del 21 de mayo de 1886, la ciudad de Valparaíso fue decorada completamente con guirnaldas, arcos y pendones para aquella fiesta dirigida por el Presidente Domingo Santa María. Por muchos años, los afiches-certificados que se entregaron a las familias y colaboradores particulares de la erogación popular para este monumento, eran exhibidos con orgullo en las casas de quienes participaron de tal campaña. Las celebraciones heroicas se repitieron con el funeral del héroe Carlos Condell en 1887, sepultado en el mismo mausoleo, y en 1888 son trasladados hasta allí los restos de Prat y los otros héroes, también entre grandes actos públicos. Así quedó instituida en el puerto la principal fiesta del 21 de mayo en el país.
  • EL TRAGO DE CHICHA Y "LA PIOJERA": No bien terminaron los actos inaugurales del Faro del Monumento a las Glorias Navales de Mapocho en Santiago el 28 de mayo de 1962, estratégicamente ubicado al final de calle 21 de Mayo junto al Mercado Central, los marinos que desfilaron y parte de las comitivas presentes comenzaron a preguntarse dónde ir a festejar la feliz entrega a la ciudad del complejo conmemorativo, que permitiría celebrar cada año la epopeya con grandes actos públicos. Cuenta la leyenda que, por tal motivo, alguien sugirió seguir el dedo índice de la estatua de Prat, que se observa apuntando hacia el horizonte. Siguiendo esta dirección, caminando hacia el poniente con inclinación al Sur, llegaron a la célebre cantina "La Piojera" de calle Aillavilú, donde improvisaron de inmediato una gran celebración que se repitió por todos los actos del 21 de mayo realizados allí en el monumento, desde entonces. También se instituyó la tradición de compartir un brindis de chicha entre las máximas autoridades municipales y marinas presentes, partiendo por el alcalde y el jefe zonal de la Armada, costumbre que inicialmente se hacía en cacho y que fue recuperada hace no muchos años. Hay ciertas licencias y excepciones al rigor institucional de los marinos que acuden a "La Piojera" durante ese día en particular, especialmente en la ingesta de bebidas de alegría (parece haber cierta preferencia por los "terremotos", en nuestro días), aunque en tiempos recientes esto ha generado algunas incomodidades y reproches al comportamiento de algunos uniformados excesivamente enfiestados.

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