lunes, 4 de abril de 2016

JUANITO, EL RECORDADO ERMITAÑO DE LA CUESTA LAS CHILCAS

Fotografía de Juanito colgada en el complejo de restaurantes "Los Hornitos". Según la información con la que cuento, habría sido tomada por su amigo del sector Llay-Llay el investigador y artista popular R. Olmos, al igual que varias otras imágenes que quedaron del personaje.
Coordenadas: 32°51'28.24"S 70°51'26.57"W (sector donde vivía)
No tiene monumento recordándolo allí en el paso Las Chilcas de la Ruta 5 Norte, cerca de Llay-Llay, pero es seguro que tampoco lo necesita: casi no hay viajero, camionero, ni residente de la zona que no sepa y recuerde de la leyenda de Juanito, el ermitaño que por tantos años fue la única forma de vida avanzada habitando permanentemente este curioso y a veces extraño lugar de nuestra geografía central chilena, con su cuesta de peñascos gigantes colgando sobre la propia autopista y anunciándole a los conductores que acaban de pasar desde la Región Metropolitana a la de Valparaíso, en las puertas de la Provincia de San Felipe de Aconcagua.
De cabellera apelmazada y enmarañadas barbas canas, Juanito se encontraba en el sector del kilómetro 76 de la ruta, llamado El Puente de El Tabón. Usaba por habitación una especie de inmunda ruca de material ligero con una colcha en el suelo, situada entre los grandes cajones que suspenden la autopista abajo y por un costado de la misma, a las que se llega saltando sus barreras. Allí comía, dormía, meditaba en sus tiempos de ocio y contemplaba la inmensa noche estrellada de la región, con la que fuera su perdida conciencia de hombre cuerdo ahora fundida con el paisaje de la naturaleza auténtica y ruda.
El anciano sólo salía a contemplar en silencio ceremonial el paso de los automóviles, o a recibir los regalos que le llevaban generosamente quienes lo conocían, especialmente los camioneros y vecinos de Llay-Llay: comida, galletas, sándwiches rápidos, bebidas, café, queso de cabra comprado en puestos de la misma ruta, dulces de La Ligua, etc. Funcionarios municipales o de Carabineros de Chile también se detenían para saber de su estado. Uno de los pocos residentes de la zona con los que reaccionaba en forma familiar y amistosa, sin embargo, era el señor Rolando Olmos, historiador independiente y artista folklórico de la zona, que ha rescatado gran parte de su recuerdo e imágenes.
A veces, los choferes de paso por la cuesta le llevaban también ollas o loncheras con alimento, y artículos de aseo o ropa, que él recibía siempre con su singular y meditabundo silencio. Si no estaba a la vista, los bocinazos lo hacían salir de su escondrijo, como si fuese un tímido y curioso animalito de uñas sucias, cargado del hedor de lo viejo e indómito y de la desconfianza de un puma montaraz. En caso contrario, sólo le dejaban las cosas a un costado de la carretera para que pasara a recogerlas, generalmente bajo un solitario árbol junto al camino hacia los años ochenta, el que posteriormente fue cortado para aumentar el ancho de la calzada y la berma.
Juanito parecía uno de esos maestros eremitas que cortaron toda ligazón con la sociedad y sus reglas; seres cerriles y hasta bravíos, cuando se sintieran provocados. Era casi un desafío de cada viaje verlo por las ventanas del bus o del camión allí, en su gran morada de piedras, hallándoselo a veces en la cima de algunas de las descomunales rocas de este tramo de carretera. Bastaba esa poca interacción con los hombres corrientes, sin embargo, para que todos lo quisieran, volviéndose un personaje misterioso, enigmático y símbolo viviente del paso de Las Chilcas y casi un peaje obligado para los generosos que le llevaban obsequios para subsistir.
Aunque se cree que habría llegado allí en 1969, aproximadamente, fue durante la década siguiente que comenzó a hacerse muy popular en el resto del país, perdonándosele incluso sus ocasionales arranques de agresividad con quienes llegaban a fotografiarlo o filmarlo, pues detestaba las cámaras y solía arrojarle piedras o palos a los intrusos que le hicieran sentir invadido. Otras veces, sin embargo, se veía de mejor ánimo saludando a quienes pasaban por allí, a un lado de la pista.
Al no haber entonces datos biográficos conocidos sobre él, las leyendas sobre su identidad y las razones de su presencia en tan inhóspita cuesta fueron cundiendo. Sus dificultades para comunicarse con otros y su silencio escasamente roto con su voz ronca y anciana, fomentaron fantasías sobre el personaje. La más extendida creencia aseguraba que era un próspero padre de familia, un prestigioso médico o un empresario de Santiago o Valparaíso, que había sufrido un accidente en la misma cuesta perdiendo a toda su familia durante un viaje de verano, tragedia tras la cual perdió también el juicio y nunca se marchó del lugar. Su culpa habría sido por el descuido de conducción que provocó el accidente o bien porque se bajó del vehículo sin engancharlo ni poner freno de mano (a orinar o a tomar una fotografía, según las versiones), tras lo cual éste se fue retrocediendo por la pendiente con sus pasajeros adentro, hasta desbarrancar. En cualquiera de los casos, se suponía quedó viviendo allí como un mendigo, con sus cabellos revueltos, sus ropas harapientas y pies descalzos acumulando décadas de piñén y callos. Un aliciente a esta versión de su historia fue, quizás, la presencia por varios años de los restos de un automóvil accidentado y quemado cerca de su lugar de hábitat, que algunos interpretaban como aquel vehículo en el que se habrían despeñado sus seres queridos.
En los años 90, con excursionistas y escaladores que entrenaban en este sitio (como en la gran piedra de la Pata del Diablo, hacia el lado de la salida Norte), la popularidad y la asistencia caritativa para el misterioso ermitaño se hicieron mayores, expandiéndose más todavía la leyenda de su supuesta tragedia en el lugar. Como el sector donde vivía en la cuesta era identificado por su presencia, el primer tramo de uno de los trazados de escalamientos en el paso fue bautizado como la Furia del Ermitaño. También apareció en este período un viejo y desgarrado sillón allí en sus dominios, probablemente arrojado como basura, que Juanito usaba casi como su trono para observar el mundo.
Una de las más antiguas fotografías que se conservan de Juanito, en abril de 1980, según información (no confirmada) tomada también por su amigo R. Olmos, de Llay-Llay. Fuente imagen: RocanBolt.com.
Juanito reposando en su "cueva". Fuente imagen: TamboExperiences.com.
Se cuenta también que muchas manos desprendidas intentaron ayudarle para sacarlo del abandono en que se hallaba, pero el ermitaño jamás aceptó retirarse de allí. Hacia el final de sus días, además, se había vuelto más arisco y casi no aceptaba el acercamiento humano, ni siquiera de quienes intentaran ganarse su aprecio con los permanentes obsequios, reaccionando en forma esquiva si alguien penetraba en su espacio de vida abajo de la autopista. Reporteros de un programa de televisión experimentaron en carne propia parte de esta reacción, al final de una entrevista al famoso mendigo.
Un día de aquellos, los camioneros notaron que se habían acumulado demasiados regalos caritativos para él a un costado de la autopista, sin ser retirados. Había períodos en que el ermitaño se hacía menos visible, pero esta señal era inequívoca de que algo malo sucedía, y así fue que alguien tomó la iniciativa de bajar al costado de para verificar su estado. Tras unos 30 ó 40 años morando en el enigma de Las Chilcas, Juanito fue encontrado fallecido en junio de 1997, bajo la curva donde vivía. Los informes tanatológicos precisaban que había perecido víctima de una noche muy fría, muriendo por congelamiento.
Su muerte que causó conmoción en la comunidad de residentes y viajeros que lo conocían. Durante varios días, los camioneros que pasaron por el lugar hacían sonar ruidosamente sus sirenas y bocinas en ambos sentidos, justo por el tramo preciso donde solía vérselo allí en la cuesta. Alguien colocó junto al camino un cartel escrito a mano instando a tocar la bocina como saludo de despedida, y el rito se extendió así quizás por años, inclusive, pues la señal perduró allí mucho tiempo. Sus funerales fueron un evento masivo en el cementerio de Llay-Llay: pocos compatriotas anónimos han tenido despedidas tan significativas, cargadas de coronas de flores y deudos.
Una investigación posterior, basada en sus huellas digitales, permitió determinar póstumamente la verdadera identidad de Juanito: había sido un señor supuestamente llamado Luis González (su nombre se mantuvo en reserva, así que no tenemos total seguridad de este dato), jornal y obrero aparentemente oriundo de Los Andes que trabajó muchos años antes en las obras de la misma Ruta 5 Norte.
Mas, estas revelaciones no pudieron cambiar la extensión y el romanticismo de su mito. De alguna manera, la comunidad de la provincia se resiste a acatar su partida, compensando con el recuerdo la ausencia de su persona e insistiendo en la fábula del médico que habría perdido a su familia allí mismo. Incluso hay fotografías suyas en locales de Llay-Llay y alrededores, como en la popular "picada" de viajeros del restaurante "Los Hornitos", en la salida Norte de Las Chilcas.
Como no podía ser de otra forma, la leyenda de Juanito ha seguido creciendo y nutriéndose con el tiempo, aunque adquiriendo infaltables matices más oscuros. Nos hemos enterado, por ejemplo, de historias sobre accidentes ocurridos en su presencia, o de cierta fama de gafe o pájaro de mal agüero tomada por gente que ni siquiera alcanzó a conocerlo. También especularon algunos que asesinaba perros vagabundos para comerlos y otras fantasías difíciles de creer, dado que nunca le faltaron provisiones que le regalaban los viajeros. Hasta que era un millonario excéntrico y avaro resguardando cada peso de su fortuna, se ha llegado a decir... Todos estos, chismes considerados patrañas por camioneros y choferes habituales de la zona, además de todos quienes lo conocieron en vida, hay que decir.
Han existido proyectos cinematográficos y de nunca instalados monumentos en su recuerdo, y habría por ahí hasta una pieza musical en homenaje al inmortal Ermitaño de Las Chilcas. Su recuerdo en el lugar es tan poderoso y determinante, sin embargo, incluso después de tantos años ya desde su fallecimiento, que no sería de extrañar alguna otra consecuencia de su pasada presencia en la cuesta sobre la toponimia local.

1 comentario:

Por un cambio real dijo...

Gracias por esta interesante información toda mi vida quise saber más de este interesante personaje! Saludos

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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