martes, 12 de abril de 2016

EL PEQUEÑO PARAÍSO POPULAR DE LA PLAYA CHIGUALOCO

Coordenadas: 31°45'13.38"S 71°30'47.94"W
La playa y la caleta de Chigualoco se ubican en el Kilómetro 245 de la Panamericana, en la rada de Chigualoco entre las llamadas Punta Muía Muerta y Punta Rinconada, en la Provincia del Choapa. Corresponde a una amplio terreno litoral situado justo bajo la desembocadura de un estero también llamado Chigualoco, donde se forma un precioso humedal de flora y fauna que pasa bajo la carretera, en el sector del puente del mismo nombre que está junto al promontorio con el pequeño bosque costero de este tramo en de la autopista.
Pasando esta desembocadura y siguiendo un camino de tierra que bordea el promontorio, también está la caleta de pescadores de Chigualoco, destacando no sólo por sus botes y campamento, sino también por el molo de rocas y un pequeño faro desafiando las ventiscas. El lugar concentra buena parte de la actividad de pesca artesanal del sector y algunas leyendas románticas que han pasado a veces por la literatura. Ambienta allí el relato de "El tesoro de Chigualoco", de  Saúl Schkolnik, y el autor Ignacio Balcells mencionó a la localidad en su libro de recuerdos "La Mar".
Pasé por Chigualoco por primera vez en los noventa, volviendo a ver su desordenada acumulación de carpas y tiendas más bien pobres en varios veranos más, desde entonces, con esos campamentos ya desaparecidos pero que, en su momento, llamaban la atención tanto o más que el nombre del mismo sitio. Llega a ser dramático el cambio que sufrió este lugar de tanto valor histórico y natural en épocas más recientes, quedando con su actual aspecto un tanto triste para quien la recuerda bien.
HISTORIA DE UNA RADA Y SU PLAYA
El estero y el camino interior conectan Chigualoco con las localidades de Los Azules, el Gauchal y Casuto, al Norte del Santuario de la Naturaleza de la Laguna Conchalí. Esta zona, donde se han hecho interesantes hallazgos arqueológicos, comenzó a ser ocupada establemente hacia el siglo XVI por trabajadores relacionados con cierta actividad de extracción de oro en la región, según se entiende de los estudios de Mónica A. Barrera Calderón publicados en "La ocupación histórica del Valle de Chigualoco-Casuto. 1579-1936 d. C." (III Congreso Chileno de Antropología - Colegio de Antropólogos de Chile A. G, Temuco, 1998).
Fue específicamente en 1579 que se establece una colonia indígena de mineros de la Zona Central en Chigualoco, pertenecientes a la encomienda de don Juan de Cuevas, de Santiago. Tras fallecer en 1591, su actividad de lavaderos fue decayendo en rentabilidad hasta desaparecer a inicios del siglo XVII, según parece, pues su hijo y sucesor Luis de Cuevas trasladó a estos habitantes hasta Melipilla y Pomaire, quedando así abandonado Chigualoco.
Después de esta primera época, el lugar fue variando a concesiones de tierras y ganadería, extendiéndose hacia el interior del mismo territorio. La minería permaneció con cierta presencia en la provincia, sin embargo. Una de las primeras ocupaciones de terrenos le había sido concedida en 1579 a don Pedro Bustamante por el Gobernador Rodrigo de Quiroga, hacia el sector del Estero Conchalí en Los Vilos, posesión que el Gobernador García Ramón traspasará al maestre de campo Francisco Fernández Ortiz a inicios del siglo siguiente, quien los traslada a su vez a don Juan de Ahumada. Tras un pleito judicial, Bustamante logró recuperar parte de los mismos.
La actividad aurífera del Choapa se extendió hasta el siglo XVIII, apareciendo varios de los poblados interiores que hoy enseñorean la Región de Coquimbo. Empero, a partir de este período hay un vacío sobre las propiedades y posesiones de tierra en todo este sector entre el Estero Conchalí y la localidad de Mincha, incluyendo la costa de Chigualoco. Para el 1800, la estancia con este nombre aparece como propiedad de don Santiago Iñiguez y su esposa María del Carmen Landa, unida a la de Huentelauquén y bajo la jurisdicción administrativa de Illapel.
A la sazón, sin embargo, el valle de Chigualoco desde la playa homónima hasta Casuto, parece haber quedado prácticamente abandonado por el agotamiento de las fuentes locales de oro y el desplazamiento de los habitantes, aunque se vieron lavaderos en esta última localidad todavía en el siglo XIX, por viajeros como el naturalista Lorenzo Sundt, pues hubo un redescubrimiento del material hacia 1830, que duró por cerca de una década. Al volver a acabarse, el lavado de oro quedó reducido sólo a una pequeña actividad artesanal, que perduró hasta más o menos 1940 ó 1950.
Con relación a los pescadores, hay registros de la existencia de la caleta ya a inicios del siglo XX cuanto menos, pudiendo tener antecedentes anteriores aún. A pesar de su importancia en el lugar, sin embargo, recién en septiembre de 1990 se constituyó el Sindicato de Pescadores Artesanales y Buzos Mariscadores Extractores de Productos del Mar de Caleta Chigualoco, que los agrupa y representa.
BELLEZAS Y ATRACTIVOS DEL SECTOR
Chigualoco es una playa de aproximadamente un kilómetro y medio, con forma medialuna estrecha, de arenas claras y barreras de rocas bajas a su espalda. Más atrás, pequeñas dunas se mezclan con el paisaje de suculentas docas y matorrales pequeños, donde descansan o planean parvadas de gaviotas y jotes de cabeza negra. Es uno de los pocos lugares costeros con estas características por este sector, y su ubicación en la rada permite que se formen trenes de olas que son aprovechados por jóvenes practicantes del surf y del bodyboard, que llegan periódicamente a este lugar.
El estero Chigualoco cruza cerca de una planicie ripiosa y suele tener sus aguas bajas en el período de mayor afluencia de visitantes, sin llegar a tocar el mar hasta la próxima crecida. Su humedal abarca unas 6 hectáreas. Varias aves anidan o pescan pequeños pejerreyes por allí, como patos silvestres, pitotois grandes y chicos, patos yecos, garzas blancas, taguas, gaviotines elegantes, gaviotas Franklin, rayadores, queltehues y zarapitos. Se las puede ver con frecuencia a todas juntas y casi revueltas en algunos tramos de la orilla, como si fuesen un muestrario ornitológico vivo. A veces, aparecen coipos también en el sector, poniendo una presencia mamífera más reputada que la de ratones o perros vagabundos.
Cruzando el estero por sus partes secas en la desembocadura y caminando hacia la punta, se llega a la pintoresca caleta de pescadores. Las principales especies marinas de extracción para estos hombres son peces como la corvina, la cabinza, el lenguado, el congrio colorado, pejerrey y sierra. Los buzos y mariscadores, en cambio, recolectan locos, lapas, chitones y erizos rojos. Muchas conchas de moluscos están por los bordes de la playa, como prueba de esta diversidad biológica.
Se encuentran allí los botes para la pesca, la sede del sindicato local, la explanada donde están las pocas residencias y los secados de huiros, actividad frecuente de hallar en el territorio costero de la región. Un conocido recolector de estas algas allí es un señor llamado Tito. Un altar a San Pedro, clásicamente conocido como el Santo Patrono de los pescadores y hombres de mar en general, custodia las naves y es escenario de fiestas devocionales y bailes religiosos para el Apóstol en su día, cada año.
El sector del molo y del muelle en la caleta es habitado también por algunos chungungos, que de vez en cuando asoman sus nerviosas pero tiernas figuras entre la marea. Penosamente, algunos de estos animalitos han sido atacados alguna vez por los perros abandonados que merodean el sector, según nos informan los propios pescadores. En nuestra última visita, además, encontramos también el cadáver de un lobo marino que llegó varado en su orilla.
LA ÉPOCA DE SUS CAMPINGS POPULARES
Lo que más se recuerda de este curioso balneario cuyos habitantes estables no deben superar las 20 ó 30 almas, es la cantidad abismante de campamentos informales de veraneantes que se instalaban en el sector Sur, especialmente dentro del triángulo formado por la orilla de playa, la línea de la Ruta 5 Norte y las huellas del estero y del camino hacia la caleta de pescadores. Era un colorido y denso caos de toda clase de carpas, tendales, cobertizos improvisados con frazadas o mallas, tipis de plásticos, chozas y pequeñas tiendas que llenaban cada metro cuadrado de este lugar, a veces hasta desbordando el área del triángulo mencionado en las épocas de vacaciones, con una enorme aglomeración de gente de estratos populares que sólo he visto también en el sector de las playas cerca de Coronel y Lota, en el Bío Bío.
La mayoría de los llegados cada temporada a este sitio eran residentes de los alrededores, como Los Vilos, Illapel, Punitaqui, Combarbalá u Ovalle, pero era frecuente que arribaran allí también vacacionistas de Santiago, Valparaíso, Talagante, La Serena y ciudades aún más distantes. Tampoco faltaban los andariegos, sin localidad conocida y dedicados a ir estableciéndose temporalmente en cada lugar de su perpetua vida viajera sin raíces.
El auge de estos campamentos populares de Chigualoco estuvo entre los años ochenta y noventa, aunque sería más antiguo para la atracción de campistas informales, según nos cuentan en la zona: quizás desde la segunda mitad de los años setenta, cuando estuvieron de moda en Chile las comunidades hippies y juveniles tomándose provisoriamente algunas playas con esta misma característica informal. Hacia fines del pasado siglo, no había mochilero del Norte Chico que no hubiese conocido este lugar aunque fuese durante una jornada de estadía o un asado a la parrilla, por lo mismo.
La declaración de playa no apta para baño, por su situación de marejadas y resacas que han enlutado ya a algunas familias con el sino de la tragedia, no siempre es respetada: ni por bañistas, ni deportistas, ni por pescadores de caña que llegan hasta el lugar. Menos se respetaba la restricción al camping que imperó por muchos años, no pudiendo obligarse a acatarla ni con partes, ni con amenazas.
El aspecto negativo de todo esto, sumado a la falta de buenos servicios higiénicos e implementación básica para un camping de tales proporciones, era sin duda la cantidad de basura que dejaban los visitantes, algo que alcanzó matices de cuasi pesadilla para las ofuscadas autoridades municipales de Los Vilos que veían con cada vez menos encanto la llegada permanente de turistas económicos a Chigualoco.
Recién hacia el año 2010 se instalaron buenos contenedores de basuras y abastecimientos de agua potable, por petición e insistencia de los mismos campistas. Hasta entonces sólo había agua de noria disponible allí. A la larga, sin embargo, la acumulación de estas y otras necesidades serían una de las razones o excusas para correrlos de allí, como veremos.
MITOS Y TEORÍAS SOBRE SU NOMBRE
Por largo tiempo, el nombre de Chigualoco ha sido objeto mofas y risas entre los chilenos que van o vienen por el sector al Norte de Los Vilos. Ya es casi un cliché fotografiarse junto al cartel que anuncia su lugar en la autopista, haciendo un gesto "flaite" con los dedos en la boca o en una pose desafiante típica de los representantes del mundo del hampa.
La creencia popular dice, pues, que el nombre de la caleta y de la playa se deben precisamente a la presencia masiva en el pasado de esos visitantes de sector sociocultural más modesto de preferencia, donde existe la alguna vez conocida expresión multiuso "¡Chi-huá, loco!", traducible a algo como "¡Qué pasa, loco!", y que según la entonación e inflexión de voz sirve desde para saludo hasta como desafío a duelo. Proviene quizás de una deformación en el habla carcelaria de la pregunta o exclamación "¡Qué hueá!" ("¡Qué huevada!", "¡Qué cosa!") convertida en "¡Qui  guá!" y "¡Chi guá!", expresión que aparece también en la letra de la llamada "Cueca pulenta" del grupo folklórico Altamar, cuya letra fue hecha precisamente tras una investigación del leguaje coa de los presidiarios por parte de sus autores.
Sin embargo, toda esta asociación del nombre de la localidad con la presencia de campistas y veraneantes de origen muy humilde y formas de hablar donde se usaría más esta misma expresión, es sólo un mito sostenido de tan extraña coincidencia fonética: se puede observar en planos antiguos de Chile, como los de Luis Risopatrón hechos en 1910 para la Oficina de Mesuras de Tierras, y en guías turísticas de los años sesenta que la playa y el estero ya eran llamados perfectamente como Caleta Chigualoco en aquellos años, por lo que el origen toponímico es otro. La rada o bahía aparece llamada así también en documentos del siglo XVIII cuanto menos. Una restinga roqueña del sector, además, es denominada desde antaño como los Bajos de Chigualoco, por los navegantes y marinos.
Es factible que el nombre de Chigualoco provenga en realidad del mapudungún Chiway-Lafko o Chiway-Lafken, que se traducen como Espuma Marina o Neblina de Mar. Suele ser la teoría más defendida en las fuentes, diríamos, aunque el Dr. Juan Grau sostenía en "Voces indígenas de uso común en Chile" que provenía del quechua Ch'iuwa Lonq'o, que se traduce como Jaula Redonda, o alternativamente del mapudungún Chiwa Loko, que se traduciría como Neblina Marisco o Locos de la Neblina, aludiendo al cotizado molusco llamado loco o caracol de mar. Otras interpretaciones sugieren incluso una combinación o hibridismo en el origen del nombre, como Herman Carvajal Lazo en su artículo "Los topónimos indígenas de la Provincia del Choapa", donde señala que puede provenir del quechua Chigua y mapudungún Loco, traduciéndose juntos como Cesto de Locos en alusión al mismo molusco.
No obstante, en los archivos coloniales Chigualoco aparece tempranamente llamado Chúaloco, partiendo por el propio río o estero donde estaba la colonia indígena de don Juan de Cuevas. Este nombre se mantiene intacto hasta parte del siglo XVII, apareciendo en 1675 el registro de una Hacienda Chigualoco propietada por el tesorero Pedro Pizarro, perteneciente administrativamente al Corregimiento de Quillota. Por esto, Mónica Barrera deduce que el nombre original era el de Chúaloco y que tendría alguna relación con la palabra chúa, usada entonces para referirse a un tipo de batea pequeña que se empleaba en los lavaderos de oro como el que tenía precisamente la mencionada encomienda del siglo XVI.
LA ANIMITA DE CHIGUALOCO
Dicen que ha ocurrido más de una tragedia en estas aguas de engañosa y tramposa ensoñación, pero una sucedida en el verano de 1999 está particularmente bien recordada allí, gracias a una animita de concreto y baldosas con techo a dos aguas y una cruz, ubicada hacia el sector Sur del camping actual, cerca del acceso lateral para los vehículos. Es el homenaje póstumo a un ahogado y desaparecido entre estas mismas marejadas.
La animita corresponde al fallecido llamado Fernando Rodrigo Salas González. Según hemos averiguado, era un santiaguino de 28 años tragado por el mar junto a otros dos bañistas entre las olas de esta playa, el 14 de febrero de aquel año. Fue un caso con cierta repercusión en la prensa, aunque sólo uno más de los ahogamientos que hubo en Chile durante aquel período.
La intensa búsqueda de efectivos de la Armada de Chile y de voluntarios del Cuerpo de Rescate Marítimo, apoyados por la Torpedera Guacolda y un helicóptero naval, permitió encontrar después los cadáveres de Carlos Patricio Piña Campos, de 25 años residente en Santiago, y de Freddy Morales Viera, de 26 años residente Combarbalá. Sin embargo, el tercer cuerpo, el de Salas González, jamás apareció, quedando sólo su animita allí junto a las arenas, como su simbólica tumba con una placa de mármol en su interior recordándolo:
"FERNANDO RODRIGO SALAS GONZÁLEZ
+ 14 . 2. 1999
EL MAR ES TU TUMBA, EL CIELO TU CASA Y MI CORAZÓN TU REFUGIO.
TU MAMÁ E HIJITA"
Sin embargo, una placa de mármol colocada en el exterior de la misma animita tiene un doloroso y desconsolado mensaje un poco desconcertante para quien no esté al tanto de los detalles de esta historia, pues se dirige a una mujer llamada Gladys (¿otra fallecida en estas aguas?), acompañada de un grabado con el rostro sufriente de Cristo:
"Gladys. Esposa, el amor que siento por ti es tan grande que nadie llenará el vacío que has dejado en mi corazón.
Gladys. Te quiero.
Sin ti ya no puedo vivir, sólo vivo con la esperanza que nos dejó nuestro bendito Jesús.
Gladys, mi amor, te quiero".
La animita está decorada con muchas figuras de loza y cerámica en su interior, como ángeles, cruces y santitos. Afuera, le han colocado algunas conchas marinas y caracolas, como reafirmando la relación de este homenaje con la infinidad del océano que revienta y arroja espumas a pocos metros de ella. Mar hipnótico, seductor y traicionero, a perpetuidad en todos los casos.
Lamentablemente, la triste animita tampoco ha servido de advertencia para los bañistas imprudentes, produciéndose varias nuevas situaciones peligrosas posteriores, como una que obligó al rescate de dos niños que se ahogaban en estas mismas aguas a fines de enero de 2013, con arriesgadas maniobras de un helicóptero de la Armada.
EL RADICAL CAMBIO DEL LUGAR
Nunca hubo una solución inteligente al problema de la cantidad de visitantes que colmaban las capacidades de espacio y hasta los contenedores de basura en Chigualoco, a pesar de las propuestas de los usuarios por mejorar la situación. En honor a la verdad, a veces los restos de fogatas para asado, desperdicios, huesos de pollos, cáscaras y envases quedaban como reporte visible de las correrías familiares o recreativas en los tiempos de mayor acogida de personas. La Municipalidad de Los Vilos se esforzaba por mantenerla limpia, sin embargo, pero jamás dispuso de los baños químicos por tanto tiempo pedidos para esta playa.
Pasado el cambio de siglo, la situación de Chigualoco comenzó a cambiar drásticamente y la propiedad de los terrenos centrales fueron siendo reconvertidos en un camping formal, perteneciente a la sociedad Los Quebrachos Ltda., que construyó un amplio campo cercado, con sectores subdivididos y servicios básicos para establecerse allí por una suma de dinero diaria. La resistencia a estos y otros cambios la trató de llevar adelante la llamada Agrupación Social, Cultural y Recreativa Chigualoco Sur, que reunía a muchos de los usuarios que por más de tres décadas habían acampado en este sitio. Empero, la cruzada resultó de corta duración y con magros resultados.
Con los mejoramientos de la autopista cambió también el acceso vehicular al sector de la playa, con un desvío especial y más seguro que la salida de costado de otras épocas. Su fama ha crecido notoriamente entre los surfistas desde entonces, con algunos eventos importantes. También se ejecutaron recientes programas para mejorar la infraestructura y la administración de los pescadores del sector de la caleta, y Chigualoco hasta ha sido sede de competencias de caza y pesca submarina.
Con estas y otras modificaciones introducidas allí, una nueva etapa de vida más pensada para el turismo establecido había llegado a estas playas de brumas y oleajes constantes... Etapa no exenta de polémicas, sin embargo, como sucedió con las acusaciones de la mencionada Agrupación y algunos parlamentarios sobre el cierre de accesos a la playa del sector Sur en 2011, en la propiedad del clan familiar Matte Larraín, dueños del antiguo Fundo Agua Amarilla.
Así, aunque el evangelio y el orden se suponen llegados a la popular Chigualoco, desapareció de ella la pintoresca época de los tendales colorinches con rucos, toldos y carpas en ordenamiento caótico, salvo por uno que otro temerario nostálgico de aquellos días, que insista en colocar su tiendita en algún sitio entre estas arenas y conchuelas, alrededor del recuerdo... Recuerdos arrumbados en el pasado de las aventuras de los sectores más modestos del pueblo buscando playas, descanso y diversiones.

1 comentario:

  1. pregunta, si voy a la parte sur de la playa solo por el dia y con familia, se puede encender fuego?

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Gracias por dejar su opinión en nuestro blog de URBATORIVM. La parte final de todas estas historias las completan personas como Ud.

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