lunes, 4 de enero de 2016

ELOGIO DE LAS FONTANELLAS Y LAS PILETAS SURTIDORAS DE AGUA ROMANAS

Pileta de tipo "nasone". Fuente: trastevereapp.blogspot.com
No sé qué abunda más en Roma: si las fontanas o acaso los templos. Y así como es posible encontrar entre basílicas majestuosas a pequeñas capillas y parroquias con encanto propio, entre las grandes fuentes de aguas que atraen a miles de turistas al día aparecen también las pequeñas piletas y surtidores de aguas, permitiéndoles llenar sus cantimploras o refrescar sus frentes en las calurosas temporadas estivales de Italia. A decir verdad, están por todos lados, dispersas y con su agua en permanente y musical caída. Siempre sabe uno que se encontrará con alguna en el camino.
Aunque a veces están maltratadas y vandalizadas, los romanos valoran estas fuentes de aguas. Recuerdo haber visto personas que llegaban en vehículos con cantidades de botellas plásticas a cargarlas en alguna de ellas en Monte Mario, según supe después porque su agua es tan potable y de buen gusto que la prefieren incluso a la que llega a casa por las tuberías de suministro. También recuerdo a una turista estadounidense indecisa de beber agua en una de estas piletas, ubicada en el extremo de la Piazza Navona: al verme haciéndolo sin problemas me consultó si era agua bebestible, pues temía que también fuera la favorita "de los perros"; como pude, le respondí explicando que en todo el tiempo que llevaba en Italia, jamás había visto un perro suelto en la calle.
Hay famosísimas piletas de estas, tan características que hasta se han vuelto parte de la iconografía turística ofertada en barrios específicos, como una fuente en forma de barril del Barrio Trastevere y la del piñón de pino de la Piazza Venezzia, que evoca al hallazgo de una antigua piña de bronce en este sector de la ciudad, y que hoy está en el Vaticano. También está la fuente del Acqua Acetosa que brota de una cámara en el sector de Parioli, célebre por sus aguas de sabor "avinagrado".
Vieja fuente mural decorativa de mascarón, tina-artesa y abrevadero inferior, junto a la Piazza Pietro d'Illiria y la antigua Iglesia de Santa Sabina.
Pileta de la Piña, en Piazza Venezzia. Una típica fontanelle rionali romana.
Según mi impresión, existen tres modelos principales de estos abastecedores públicos de aguas o fontanellas en las calles de Roma:
  1. Unas son las fuentes murales, donde el agua brota desde algún león, lobo, dragón o grutesco tallado en mármol, granito u otra roca, y cayendo directamente a una resumidero o bien a un receptáculo o artesa a modo de pila de agua, que la apoza por un rato siguiendo una antigua tradición romana para abastecer del preciado elemento a la sociedad o disponer de bebederos para las bestias. Algunos fueron hechos con sarcófagos viejos como tinas o imitaciones de tales. De una a tres aberturas de agua, por lo general algunas son muy artísticas y de inspiración románica, pero otras son más sencillas y neutras en sus detalles.
  2. Las otras son los grifos o pilones que, por ser usados por los ciudadanos para envasar agua para ser transportada o recolectada en cubos, ésta no brota en un chorro vertical como las hechas sólo para beber directamente de ellas, sino que cae hacia el suelo, desde una especie de tubo o boquilla lateral que siempre está abierta y con el líquido brotando de ella. El modelo nasone (narigón, así llamado por su aspecto) es el más popular de la ciudad, tanto así que su apodo se ha convertido en sinónimo de pileta pública en el lenguaje coloquial de los italianos.
  3. Una tercera categoría podría ser la de las fontanas menores, llamada fontanelle rionali y correspondiente a un híbrido entre la fontana mural y la pileta surtidora, generalmente con más de una boquilla pero destacando, por sobre todo, por características artísticas y casi monumentales, que la ponen cerca del carácter escultórico de las grandes fontanas pero en identidad "barrial", conservando su función de abastecedor público de agua. Son escasas y su principal época de construcción parece remontarse a fines de los años veinte, gracias a la influencia del artista Pietro Lombardi.
El origen de todas estas piletas para abastecimiento acuífero urbano y gratuito, deriva de un concepto heredado de los tiempos imperiales de la Roma en donde abundaban los pozos, las vertientes artificiales, los acanalados, los acueductos y los complejos termales. El agua no faltaba en la antigua ciudad, por lo mismo, procurándose mantenerla cantando en sus innumerables fontanas y siendo la urbe más abundante del mundo en ellas con más de 2.000 funcionando, de las que destacan la Fontana di Trevi, el Acqua Felice y las de Piazza Navona, entre muchas otras.
Las fontanellas murales con pilas o urnas, de las que dijimos brota el agua a través de la boca de rostros escultóricos o mascarones, comienzan a hacerse populares en Roma cuando se las construía derivando aguas por el borde de los acueductos y de los muros que rodeaban la urbe, razón por la que son llamadas a veces "fuentes de extramuros". La gente solía sacar el agua del chorro que salía desde el muro con cubas o botijas, mientras que los animales la bebían del apozado que se hacía bajo la misma, por lo que habían una eficiente mezcla de funcionalidad con higiene público.
Triple fuente de aguas junto al altar de la Virgen del Guadalupe, en Monte Mario.
Antigua urna romana usada como artesa de abrevadero para fuente de aguas, en el interior del ex Manicomio de Nuestra Señora de la Piedad.
Con el tiempo, fueron incorporándose esta clase de fuentes murales en edificios públicos, privados y paseos, algunas conectadas a la red de agua potable, matrices subterráneas y napas propias, lo que les proporciona ciertas características propias y especiales a varias de ellas (sabor, aroma, color, etc.). Importancia en su diversificación parece haber tenido la modernización del principal acueducto urbano en el siglo XV, el Aqua Virgo, por orden del Papa Nicolás V, pero mucho influyó la creciente población de la ciudad entre los siglos XVI y XVII. Como se reutilizaron muchas urnas artísticas romanas y tinas de antiguos baños para hacer el abrevadero de cada una, se hizo corriente en esos años que tuvieran este cajón rectangular o artesa en su base con relieves escultóricos o diseños de grecas. Posteriormente, comenzaron a aparecer otras más simples, de abrevadero redondo y más compactas. Las fuentes de este aspecto pero que son estrictamente ornamentales, suelen llevar la indicación de que su agua no es potable, aunque son pocas comparadas con la gran cantidad de piletas donde brota fresca y cristalina.
Varias de ellas quedan alrededor de parques urbanos, por Via Flaminia, Trastevere, los patios de antiguas iglesias, palacios y conventos, y otros sitios. No era raro que las vecinas de antaño se encontraran diariamente en las mismas, cargando cubetas para llevar agua a la cocina o lavar ropa, volviéndose así verdaderos lugares de reunión e importantes en la vida de los viejos barrios romanos. Encuentro ejemplos de construcción de estos abastecedores públicos de agua en obras públicas todavía en el siglo XX.
Sin embargo, con el tiempo iba quedando manifiesto que las caras fuentes de este tipo no bastaban para la creciente demanda. La ciudad había aumentado su población y los ritmos migratorios seguían en progresión, por lo que se hizo necesario comenzar a instalar surtidores más seguros hacia la segunda mitad del siglo XIX, que ocuparan menos espacio, fuesen más prácticos y optimizaran el uso del recurso. Surgen así los pilones de agua que abundan en Roma, generalmente de piedra, hierro o de acero, con diseño claramente localista, propio de estilos románicos. La mayoría son de forma cilíndrica, aunque hay algunos también con caras rectangulares o prismas, de piedra travertino o de concreto, y otros que conservan la posición semi-adosada o empotrada contra un muro, rasgo que proviene de las fontanellas anteriores.
El origen de estos pilones surtidores o grifos continuos se remonta a un programa de abastecimiento sanitario del asesor municipal de Roma y luego primer Alcalde de la capital unificada, el ilustre hombre público Luigi Pianciani, iniciado hacia los años 1872-1873. Tras presentarse el diseño de los nuevos pilones, se mandaron a construir los primeros de este tipo especialmente para los barrios que aparecían en torno al casco histórico. De acuerdo a información difundida por Associazione Amici del Vecchio Quadraro, los primeros se instalaron en 1872 y fueron sólo 20 ejemplares, colocados en Piazza San Giovanni della Malva, Piscinula en Trastevere y alrededores, donde aún habría algunos de los originales funcionando. Por mi parte, me enteré de que a menos uno de estas primeras generaciones todavía funciona por el sector de la Piazza della Rotonda, frente al Panteón. Para 1874, se instaló el grueso de los surtidores que tenía Roma hacia fines del mismo siglo, modernizando y actualizando el suministro público de agua como nunca antes en la ciudad.
Denominados nasoni (narigones, como dijimos) por el pueblo, los más antiguos tenían hasta tres boquillas de agua y llevaban decoración con cabezas de dragones que, ya en el siglo XX, fueron reemplazadas por sencillos tubos curvos parecidos a "narices", que le valieron el apodo que hasta ahora tienen. Estas cabezas introdujeron un ingenioso sistema acompañado de un truco para usar la pileta: un pequeño agujero que permitía al usuario sacar por presión un chorro de agua directo a su cara, facilitando beberla, cuando se colocaba un dedo tapando la boquilla principal que apuntaba hacia abajo, por la boca del monstruo.
Fuente mural derivada del Aqua Virgo, de los trabajos ordenados por el pontífice Clemente XIII en el siglo XVIII. Se ubica en la Piazza Augusto Imperatore entre el portal de paso hacia el mausoleo.
Una típica "nasone" metálica, de Roma, sector Via Flaminia con Via Masaccio.
Los nasoni son de hierro fundido y miden entre 1,1o y 1,20 metros de altura, pensando alrededor de 100 kilos. En lo fundamental, su diseño ha sido siempre el mismo. Su chorrito de agua continuo cae en un pequeño desagüe conectado a los sistemas de alcantarillado y, aunque insisto en que casi no vi perros callejeros en Roma, algunos llevan incorporado una especie de pocillo adosado a la estructura por un cinturón metálico, donde se acumula una cantidad de agua que sirve a los canes sedientos, supongo que pensado principalmente para los que son paseados por sus amos y que suelen ser de razas pequeñas.
Durante el Régimen Fascista y hasta la Segunda Guerra Mundial, también se instalaron muchas nasoni de travertino o concreto con detalles metálicos parecidos al estilo iniciado por la fontanelle rionali, cerca de muros (no necesariamente adosados a ellos) y con un plato receptor inferior o a media altura. El surtidor de este nasone solía llevar la cabeza de un lobo (la Lupa) u ocasionalmente de león, de cuya boca brotaba el agua imitando las viejas fuentes murales de las que ya hablamos y, en varios casos, también con el agujero superior para dirigir el chorro de agua hacia la boca. Siendo posible encontrarlos aún en algunos parques y en el sector del Villaggio Olimpico, sin embargo sucede que los pilones de este estilo en la ciudad son hoy escasos y a veces están secos, destruidos por vándalos o con sus cabezas animales robadas y los platos inutilizados por daños.
ACEA, la principal empresa de obras municipales históricamente encargada de las nasoni, publicó una completa guía para turistas con la ubicación de estos surtidores en el casco histórico de Roma durante el año 2009, en el centenario de la firma. Se habla de unos 2.000 a 2.500 en Roma, distribuidos por calles, parques y plazas, con sus hilos de agua escurriendo en forma nunca interrumpida. Unos 280 de ellos se hallan dentro de la Roma amurallada, y son muy buscados por los turistas que suelen están inclinados sobre los mismos bebiendo de su boquilla o llenando otra vez sus botellas y caramayolas vaciadas por la sed. Llegan a ser tan simbólicos en la identidad urbana de la ciudad, como los peperoncinos lo son de su gastronomía o los muñecos de Pinocchio en sus tiendas de recuerdos. Casi todos ellos llevan el sello SPQR (Senātus Populusque Rōmānus, es decir, Senado y Pueblo Romano), y guardan cierta semejanza con el diseño también dispuesto para los abundantes basureros metálicos romanos, en ambos casos parecidos a los antiguos buzones cilíndricos de correos.
A principios de los años ochenta, se intentó cambiar el sistema de fluido continuo por un canilla manual, botón o perilla para el empleo de estos surtidores, evitando el desperdicio del agua. Pero la poca estética de las fontanellas secas con este mecanismo agregado y la destrucción vandálica de algunos de los mismos dispositivos, desalentó a quienes pretendían continuar con tales intenciones. Actualmente, sin embargo, existe un incipiente movimiento italiano que propone terminar con la característica del agua corriendo día y noche en cada nasone, pidiéndose en cambio ofrecer con mayor responsabilidad eco-social el recurso y adicionar llaves o palancas para sacarlo cuando sea requerido por los usuarios.

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