lunes, 23 de noviembre de 2015

LA TUMBA CATACUMBAL DE SANTA CECILIA Y SU PATRONATO SOBRE LAS ARTES MUSICALES

Réplica de la escultura de Santa Cecilia hecha por Stefano Maderno, donada por una benefactora neoyorkina y colocada en la que fuera su tumba en las Catacumbas de San Calixto. Fuente imagen: "Las Catacumbas" de Antonio Baruffa.
Coordenadas: 41°51'31.64"N 12°30'39.95"E (Catacumbas de San Calixto)
Ayer fue el Día de Santa Cecilia y de los Músicos, por ser esta mártir su santa patrona y la tradicional protectora de la música. Tuve la suerte de conocer, hace muy poco, la cripta que se supone fue suya en el complejo subterráneo de las Catacumbas de San Calixto en la Via Appia Antica de Roma, prácticamente en las afueras de la ciudad. Hace no muchos días, además, subí un artículo con un caso martirial muy parecido al de Santa Cecilia, correspondiente al de San Dionisio de París o, más popularmente llamado, el Santo sin Cabeza.
Santa Cecilia, Cecilia Mártir o Cecilia de Roma fue un personaje interesante de la historia de los primeros cristianos, aunque persisten grandes dudas sobre su identidad y su época precisas. Aparece mencionada en el catálogo taxativo del "Martyrologium hieronymianum", donde se sugiere que el culto provendría del siglo IV.
Cecilia habría sido una dama romana que, tras convertirse al cristianismo, terminó sus días terrenales martirizada, pero también dando manifestaciones asombrosas de santidad que originaron su culto en Roma, según la leyenda. Aunque su existencia es aceptada por la mayoría de los investigadores religiosos, dadas las tempranas indicaciones de su devoción y la existencia de restos, no aparece mencionada en las odas martiriales de Dámaso y Pudencio, existiendo grandes discrepancias sobre los criterios para individualizarla y colocarla en un período, desconociéndose datos concretos elementales como cuándo murió. Incluso su propio patronato sobre el gremio de los músicos parece ser resultado de una equivocación.
Santa Cecilia en estampa religiosa.
LO QUE SE SABE DE SANTA CECILIA
La historia de la mártir aparece descrita en las "Actas de Santa Cecilia", del año 480 aproximadamente.  Corresponde a pautas manuscritas en latín de los prefacios usados en la misa del Sacramentarium leonianum. Muchos creen que debió existir documentación anterior sobre la santa inspirando esta obra, pero se habría perdido en la destrucción de archivos de la Iglesia ordenada por el Emperador Diocleciano a inicios del siglo IV.
Cecilia o Caecilia había sido una joven virgen de noble familia romana, que fue dada como esposa para un pagano de nombre Valerio o Valeriano. Tras el matrimonio, ella se resistió a entregarle su castidad argumentando que la había ofrecido al Dios de los cristianos, y que un ángel resguardaba el cumplimiento de este sacrificio, pudiendo ser peligroso para él violar esta restricción. Intrigado, el marido exigió ver al ángel prometiendo que respetaría su petición. Ella accedió pero advirtiéndole que sólo podría suceder si tomaba primero el bautismo y aceptaba al Dios cristiano, y así concertó un encuentro con el Papa Urbano I (222 a 230 después de Cristo). El pontífice bautizó a Valeriano y a su hermano Tiburcio, quien lo acompañaba decidiendo entregarse espontáneamente a la fe de Cristo. La reunión habría tenido lugar en la tercera piedra miliarium de la Via Appia.
La noticia de la conversión de ambos hermanos y de sus obras cristianas llegó a oídos del Prefecto Turcio Almaquio, condenándolos a muerte y encargando la ejecución a su funcionario de confianza llamado Máximo. Él partió a cumplir el castigo contra ambos hombres pero, contra todo lo esperable, quedó tan sorprendido por la fe de los conversos que decidió también tomar el bautismo y entregarse a Cristo. Esto enfureció al Prefecto y envió a ejecutar tanto a su funcionario como a los hermanos, siendo martirizados los tres en el Pago Triopius. Según las "Actas de Santa Cecilia", la joven viuda sepultó en una tumba cristiana a los ejecutados, identificándola con una efigie del ave fénix (símbolo del renacimiento, vida eterna), antes de comenzar a ser acechada por las mismas autoridades romanas.
Finalmente, la propia Cecilia fue capturada, poco después, para ser ejecutada. Es aquí donde comienzan a aparecer los prodigios sobrenaturales de la muchacha.
Se intentó darle muerte ahogándola con vapores y humo en el baño de su propia casa, pero no surtió efectos: en lugar de toser y desmayar, Cecilia comenzó a recitar los Salmos. A continuación, fue metida en agua hirviente, pero nuevamente sobrevivió frustrando a sus verdugos. Ya sin más ideas para asesinarla, el Prefecto ordenó que fuera decapitada con una espada, pero luego de tres intentos el ejecutor no logró arrancarle la cabeza y, por el contrario, Cecilia sobrevivió con la herida sangrante en su cuello, causando el pavor de sus ejecutores que escaparon al ver la impresionante escena.
Urbano I llegó poco después a la casa a confirmar la tragedia y, según la leyenda, Santa Cecilia permaneció agónica por otros tres días a pesar de su mortal herida, haciendo dar asistencia y limosnas a los necesitados durante sus últimos alientos de vida y solicitando al pontífice que, cuando muriese por fin, su casa fuera convertida en un templo.
Cuando falleció, ya sin poder hablar y haciendo la señal de la Trinidad en sus manos, habría sido el propio Urbano I quien hizo enterrarla en las Catacumbas de Calixto I, donde eran sepultados papas, obispos y confesores del cristianismo.
Vieja postal de recuerdo de las Catacumbas de San Calixto, con imagen de la tumba de Santa Cecilia y la réplica escultórica. Imagen c. 1930-1940.
CULTO POR LA SANTA
Se tienen antecedentes del culto a Cecilia ya en los siglos IV y V, aunque no se cuenta con datos duros como de cuál de todas las persecuciones fue víctima. Provienen de aquellas centurias las mencionadas "Actas de Santa Cecilia", principal fuente sobre su historia, como vimos. Hasta entonces no existen alusiones a la santa en textos religiosos, pero poco después, en el Concilio de Roma del año 499 dirigido por el Papa Simmaco, aparece entre los firmantes del encuentro un templo con el nombre de la mártir y referenciado como Titulus Sanctae Caeciliae, correspondiendo a la primitiva iglesia que fue reemplazada por la actual Basílica de Santa Cecilia de Trastevere.
Su día en el santoral ha sido tradicionalmente el 22 de noviembre, según se cree por ser la fecha que eligió y extendió la basílica. Esta iglesia fue levantada en el lugar donde existía una residencia particular en el siglo V, presumiéndose que podría haber sido la casa de Cecilia en Roma. Mas, no ha pasado inadvertida la cercanía de este templo con uno romano dedicado a Buona Dea, la diosa romana de la Restituta (recuperación de la salud) a la que se adjudicaba en el pasado la capacidad de curar la ceguera, limitación que se conocía en latín como caecitas, cuyo parecido al nombre original de Cecilia, es decir Caecilia, no parece coincidencia según algunos investigadores.
El 22 de noviembre es el mismo día que reportó Ado de Viena en el catálogo "Martirologio" del año 858, señalando que su martirio y su muerte debió suceder en el período entre los reinados de Marco Aurelio y de Cómodo, por el año 177. Otras fechas que se han indicado como la de su posible martirio son las de los años 180, 230, 250, 350 y hasta 362, pero ninguna ha podido ser definitiva y categórica.
En listas de mártires como la de San Jerónimo se le asignaban más fechas confusas a su día. Una de ellas es el 14 de abril, curiosamente en el día de San Tiburcio, a raíz  de un presunto error nominal que llevó a confundir los restos de este mártir, sepultados en la Via Labicana, con los del cuñado de Cecilia que también se llamaba Tiburcio, como dijimos
Otra fecha señalada en el "Martyrologium Hieronymianum" es el 16 de septiembre, con una indicación que dice: "Appia via in eadem urbe Roma natale et passio sanctae Ceciliae virginia", traducible como "Via Apia en la misma ciudad Roma fue nacimiento y pasión (muerte) de santa Cecilia virgen", presumiéndose que podría ser el día de su sepultura en las catacumbas de la misma Via Appia, donde su cuerpo se señalaba sepultado ya en tiempos de la Edad Media cuanto menos, al lado de la Cripta de los Papas o de los Obispos Romanos del siglo III. La ubicación  no es extraña: se sabe que muchos de los primeros cristianos aspiraban a ser sepultados junto a las tumbas de los mártires.
En cuanto al sustento histórico de las "Actas de Santa Cecilia", hay serias dudas. La colección de la "Enciclopedia Católica" confirma la existencia de los tres mártires varones mencionados en la crónica; es decir, Valerio o Valeriano, Tiburcio y Máximo. Agrega que fueron sepultados en las Catacumbas de San Pretextato en Vía Appia, y sus tumbas son mencionadas en antiguas rutas de peregrinación por las criptas de los mártires. El "Martyrologium Hieronymianum" indica la celebración de una fiesta para Cecilia el 14 de abril, con la siguiente localización: "Romae Via Appia in Cimiterio Praetextati", traducible como "Vía Appia de Roma en Cementerio de Pretextato". También señala la celebración de la Octava el día 21 de abril en "Roma in cimiterio Calesti via Appia", que se traduce como "Roma en Cementerio Calixto de Via Appia". La realización de tal ceremonia en las Catacumbas de San Calixto se explicaría, entonces, porque allí también estaba sepultada la santa mártir Cecilia.
A pesar de reconocer su existencia, la misma "Enciclopedia Católica" no da respaldo histórico a la historia de las "Actas de Santa Cecilia", considerándola sólo una transcripción latina de tradiciones orales y romanceros santos, por lo que la autenticidad de la descripción del martirio queda en entredicho. La opinión actual de la Iglesia, es la ya comentada: que los documentos originales sobre la santa se perdieron con la quema y destrucción de archivos ejecutada por Diocleciano.
La cripta actual de la santa con la escultura original de Maderno, donde reposan sus restos retirados desde las catacumbas, en la Basílica de Santa Cecilia de Trastevere.
LA CRIPTA EN LAS CATACUMBAS
Para evitar que pudiese ser destruido o robado durante la amenaza de las invasiones bárbaras, el cuerpo de la mártir fue retirado del nicho de las Catacumbas de San Calixto, en el año 821, cuando el Papa Pascual I ordenó que fuera trasladado hasta una cripta propia en la flamante primera Iglesia de Santa Cecilia, que vimos se supone construida sobre la que fuera la casa de la santa en Trastevere. Eran los días de una gran remodelación urbanística en este sector de Roma.
La leyenda dice que, durante la exhumación, se advirtió que los restos de Cecilia estaban inmunes a la putrefacción y con su sangre aún líquida, estado en el que se supone que aún estaría mantenido el cuerpo confirmando una característica de santidad atribuida a varios canonizados y beatos venerables.
Aunque la historia de este templo pertenece a otro capítulo, se debe señalar que hacia el 1600, se colocó sobre dicha cripta en la iglesia una hermosa escultura de Stefano Maderno titulada "El martirio de Santa Cecilia", que es considerada todo un símbolo de los inicios del arte barroco post Renacimiento. Encargada al artista por el Cardenal Pablo Sfondrati, muestra a la mártir en posición decúbito lateral, con la cara vendada, el cuello cortado y sus manos tendidas con sus tres dedos extendidos (dos en la derecha y uno a la izquierda) simbolizando la Trinidad.
Dice en la misma cripta-altar de Trastevere que Maderno le dio este aspecto a la escultura luego de observarse el cuerpo incorrupto de la santa dentro de esa cripta, cuando fue abierta en 1599. Sería también la descripción que hizo del mismo Pascual I, en su momento. Sin embargo, la idea de que así luce el cuerpo de Cecilia ha sido puesta en duda por algunos investigadores, como los sacerdotes Don Henri Quentin e Hippolyte Delehaye, quienes revisaron testimonios de la exhumación de final del siglo XVI advirtiendo serias contradicciones y cuestionándose incluso que se hayan encontrado allí todos los restos de Cecilia.
Siguiendo todas las referencias disponibles, en 1854 el arqueólogo y escritor Giovanni Battista de Rossi, autor del conocido trabajo titulado "La Roma subterránea cristiana descrita e ilustrada" y gran investigador de las Catacumbas de San Calixto en la Vía Appia, logró dar con la Cripta de los Papas en este mismo complejo y luego identificar la que sería la cripta de Santa Cecilia.
Efectivamente, el nicho de la sepultura se encuentra a ras de piso a un costado de la salida de la Cripta de los Papas, a mano izquierda, aunque ya no existía el sarcófago. Sí se conservaba la decoración de la sepultura, con frescos mostrando a una mujer de aspecto noble y un retrato del Papa Urbano I, muy cercano en vida a Cecilia mártir, como vimos.
A juicio de De Rossi, el 14 de abril era en realidad el día del nacimiento de la mártir y la fecha de muerte reportada por la colección "Carmina miscellanea" del año 600, del obispo Venancio Fortunato, le resulta la más histórica como fuente, señalando su muerte entre los años 176 y 180, no obstante que el sacerdote indicó alguna vez que el lugar de muerte de una Cecilia que podría corresponder a la mártir, fue la isla de Sicilia.
Por la edad de la catacumba, además, el período en que pudo haber sido sepultada allí Santa Cecilia ronda en un amplio rango de años entre 180 y 350. Varias veces fue restaurada y mejorada con frescos, mosaicos, mármoles y otras adiciones, que incluyen la representación de un Cristo Pantocrátor de estilo bizantino y la del mártir Urbano I, además de la propia Santa Cecilia vestida como princesa. En la cavidad del lucernario está la cruz entre dos ovejitas, e imágenes de los mártires Polícamo, Sebastián y Quirino, obra que había ordenado colocar en la sala el Papa Dámaso, según creen algunos.
Cuenta Antonio Baruffa en el folleto "Las Catacumbas. El encanto de un mundo desconocido", que el redescubrimiento de la catacumba y la ex sepultura de Santa Cecilia, atrajo a cantidades de peregrinos ahasta el cementerio subterráneo, debiendo hacerse ampliaciones en la sala correspondiente y un anexo cripto-pórtico, para facilitar la circulación de personas.
Una réplica exacta de la escultura de "El Martirio de Santa Cecilia" de Maderno, fue donada por doña Edith Cecilia McBride de New York hacia 1920, y permanece colocada en el lugar del nicho de la santa en las Catacumbas de San Calixto, siendo una de las principales atracciones de este lugar. Sobre la cara frontal de su base se lee la siguiente inscripción en la escultura: "IN MEMORY OF EDITH CECILIA McBRIDE OF NEW YORK, U.S.A.". Existen varias otras imágenes imitando la obra de Maderno en el mundo, pues se ha vuelto frecuente para las representaciones de la santa.
Vista de la sala adyacente a la Cripta de los Papas en las Catacumbas de San Calixto, con el nicho de Santa Cecilia, su estatua mortuoria (reproducción) y los frescos religiosos que la decoran.
LA PATRONA DE LOS MÚSICOS
Santa Cecilia es evocada en la plegaria eucarística I del catolicismo. También es reconocida y venerada por la Iglesia Ortodoxa. Se la considera patrona de poetas y alternativamente de los ciegos, si bien su patronazgo principal es el de Santa Lucía de Siracusa. Esta vinculación con la ceguera podría derivar la revisada relación entre el culto a Santa Cecilia y el de la Buona Dea Restituta de los romanos, diosa que devolvía la vista a los no videntes.
Sin embargo, por sobre todo, Santa Cecilia es por excelencia la patrona de los músicos, instrumentistas, liristas, trovadores y hasta poetas, razón por la que suele ser representada en la iconografía cristiana y artística con un laúd, un clavecín, un arpa, una lira o un órgano pequeño, además de flores donde predominan las rosas. Cantantes, compositores, arreglistas, directores e incluso practicantes de otras disciplinas de las bellas artes también la toman por protectora, por extensión.
No hay claridad de la razón de estas relaciones de la mártir con la música, aunque se sabe que la asociación comenzó en Roma. Se conoce también que ya aparecía mostrada con un arpa en representaciones pictóricas de Franfurt, que datan del año 1420. Antes, hasta quizás el año 1400 o cerca, había sido San Juan Bautista el santo patrono de este gremio.
El vínculo musical de Santa Cecilia podría deberse, según ciertas versiones, a un error en la traducción de las líneas de las "Actas de Santa Cecilia" referidas a su matrimonio con Valeriano y al momento en que se señala "et cantantibus organis", frase traducible como "y sonaban los instrumentos" o, en otras versiones, "y sonaban los órganos", mientras ella rogaba a Dios. Así, la información fue interpretada equivocadamente como que ella hacía sonar un instrumento musical o un órgano mientras pedía al Cielo protección a su castidad. Incluso hay teorías de que el texto se refiere con "organis" por anticipado a los instrumentos de tortura por los que iba a ser sometida durante su tormento.
Otra explicación más sencilla dice que todo se debió a una omisión en la misma frase sobre la espera de sus nupcias: "Cantantibus organis, illa in corde suo Domino decantabat dicens: fiat cor meum et corpus meum inmaculatum ut non confundar", se traduce como "Mientras sonaban los instrumentos musicales Cecilia elevaba en su corazón un canto de alabanza a su Señor diciendo: que mi corazón y mi cuerpo sean inmaculados, para no quedar confundida". Sin embargo, se simplificó el texto omitiendo la parte que dice "in corde suo" o "en su corazón", con lo cual quedó la falsa sensación de que ella producía la música.
La interpretación romántica del pasaje se extendió especialmente por la tradición y la iconografía religiosa del siglo XV, haciendo que el Papa Gregorio XIII la canonizara en 1594 reconociéndole el patronato sobre la música. A la sazón, se la representaba ya con un pequeño órgano, que después varió a otros instrumentos musicales. De esta manera, Cecilia quedó cristalizada como la santa patrona de los músicos y el 22 de noviembre convenido como el día de su martirio y muerte, pasó a ser oficialmente el Día de los Músicos o Día de la Música en varios países, en especial después de las grandes fiestas que se celebraron en Alemania, Francia e Italia a partir del siglo XVII.
Su venerado manto de protección sobre músicos y artistas relacionados con los instrumentos, explica que la Academia de Música de Roma la adoptara como patrona en 1584, haciendo lo propio la Academia de Florencia en 1607 y la Sociedad Musical de Londres al establecer el anual Festival de Santa Cecilia en 1683. Más aún, el movimiento de reformismo musical católico de fines del siglo XIX que buscó superar el conservadurismo operístico y excesivamente hímnico de la Iglesia, fue denominado sugerentemente como Cecilianismo, término derivado del nombre de la santa mártir.
Altar funerario para Santa Cecilia en el Cementerio "Nuevo" de La Tirana, en Tarapacá, dedicado a músicos fallecidos de la fiesta local de la Virgen del Carmen. Santa Cecilia es la patrona de los músicos, y muy venerada especialmente entre aquellos que forman parte de las bandas de fiestas religiosas.

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